Crónicas de saciedad

Todo el cielo sobre la tierra (El síndrome de Wendy)solo dura 140 minutos de un tirón y, teniendo en cuenta la trayectoria de la autora, comienza bien aunque se echa de menos un ratito en el ambigú tras la primera hora.

Comparto las valientes apreciaciones y la recomendación de Liz Perales sobre este espectáculo: Más Teatro y menos mitin.

Es hora de evidenciar a los epatadores subvencionados como la señora González o Lidell, a los padrinos de sus gracias por considerarlas lubricantes para el sistema, “somos la vanguardia de la avant-garde” y esta niña es mejor que Buero y Valle juntos y viva el rey Juan y, en fin, al público pasmado y acomplejado.

Al principio, inocente de mí, creí que con su actuación, Angélica Liddell nos trataba de trasmitir el caos mental de sicópatas como Anders Behring Breivik, pero nada de eso, su discurso repetitivo epatante, compaginado con compases y cantos de “The House of the Rising Sun”, en la versión de The Animals, es una admonición sobre el sufrimiento de una neurasténica narcisista. Al final, termina de cachondeo con all you need is love. Y, mientras tanto, no pocas zaheridas mamas y humillados caballeros asentados en las butacas de la Sala Roja de los Teatros del Canal, reían bajito las ocurrencias y luego aplaudían con fervor a una Angélica Liddell que saludaba como una diva del Folies Bergère.

Los enemigos del comercio – Una historia moral de la propiedad – Antonio Escohotado

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Poco importa como Antonio Escohotado se defina o lo encasillen, incluso confieso algún repelús respecto a sus declaraciones epatantes de antaño y ogaño, sin embargo, lo fundamental son sus sólidos argumentos, sin duda, dignos de admiración en estos tiempos de tribulación.

Es historia pero tambíen bálsamo contra el pensamiento débil y los  pajilleros mentales dogmáticos y demagogos.