¿CATALUÑA PODRÁ SER RESCATADA POR ESPAÑA?

Continuación de: El corporativismo, médula del nacionalismo catalán

22 de diciembre de 2012. Pablo Rojo Barreno.

Decíamos ayer que «todavía no se han disipado las caras desencajadas de la mayoría de dirigentes políticos, politólogos y asesores de todo pelaje, instalados en las administraciones y observatorios de esta España de las Autonomías». Hoy, tras la aplicación blanda del artículo 155 de la Constitución vigente por los estrategas del tortuguismo y los tácticos de los paños calientes, encabezados por el dúo beatífico; Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría y el estratega lindo de las federaciones sin fronteras llamado; Pedro Sánchez Pérez-Castejón, parece evidente que los resultados de las elecciones acaecidas ayer en Cataluña les ha dejado cariacontecidos. Sobre todo, porque al precipitar las elecciones, no intervenir los medios de agitación y propaganda de la Generalidad pagados por todos y no destapar los pufos de los nacionalistas, pretendieron dar la enésima oportunidad a los separatistas pancatalanistas para que retornaran al redil de la partidocracia. Lo de las cuentas con la justicia podría luego arreglarse, al fin y al cabo, ya existe el bochornoso antecedente de Banca Catalana. Desgraciadamente, para la mayoría de españoles y para los mencionados en cabeza propia, una vez más, esta vez de forma rotunda, se ha demostrado la determinación fanática de los cabecillas del nacionalismo supremacista pancatalanista y de los dos millones largos de ciudadanos que les han secundado con su voto.

Lo cierto es que, en esta ocasión, no ha habido ni trampa ni cartón. Los partidos separatistas supremacistas propusieron a sus votantes república, unilateralidad e independencia. Sus votantes han desdeñado las consecuencias y parecen dispuestos a soportar la eminente ruina; de los demás. Con comprobar el mapa de cómo han votado los catalanes de pro de las comarcas de la Cataluña profunda y algunos distritos de Barcelona, podemos aprender psicopolítica o si prefieren la lucha de clases; el papel de las fuerzas improductivas y las relaciones sociales del clientelismo del siglo XXI. Pero quizá es más esclarecedor recordar brevemente lo que el Marianismo y el Sanchismo han minusvalorado o ignorado en este envite.

Vamos a ver; ¿En qué cabeza cabe que un “Procés” iniciado en 1982 por quien se reivindicó como el centésimo vigésimo séptimo Molt Honorable Senyor y genuino sucesor de Berenguer de Crüilles; Jordi Pujol i Soley, se podría detener o suavizar con un tratamiento homeopático a base de estramonio y consejos paternales? La empresa de «Fer Pais» inventándolo, empezó construyendo el espíritu del pueblo catalán; “Un poble, un país, un anhel; un president”, ¡ visca Catalunya lliure i sobirana! que, al fin y al cabo no es tan diferente a: “Ein Volk, ein Reich, ein Führer” ¡Sieg Heil! (“Un pueblo, un imperio, un caudillo” ¡Hasta la victoria!). Planificado en secreto, “El Programa 2000” (Plan Nacional 2000 Catalunya) iniciado en 1982, sumariado en 1988 pero solo publicado tras su filtración en octubre de 1990, tenía como fin «la infiltración nacionalista en todos los ámbitos sociales» con una clara visión pancatalanista que incluía la Comunidad Valenciana, las Islas Baleares, el Rosellón y la Alta Cerdaña. Pero ni clase política del resto de España ni muchos politólogos y pensadores, se dieron por enterados al primar la complacencia y el colaboracionismo para repartirse el poder.

El país a l’escola o la inmersión en la lengua catalana por bemoles, acompañado por la revisión histórica de parte, fue un asunto relegado por los poderes que tenían la obligación de supervisar lo que ocurría. La inmersión en la consecución del poble catalán fue el principio del proceso desarrollado con la promoción de los maestros y catedráticos, con los artistas y deportistas, con el reparto de subvenciones directas o indirectas a medios de comunicación, fundaciones, asociaciones, organizaciones patronales, económicas y sindicales que se mostraron adeptos o serviles al sentimiento nacional pancatalanista. Enseguida se estableció la superestructura comunicativa de televisión y radio y administrativa que fueran capaces de materializar la Transició Nacional. A velocidad inusitada, la Generalidad de Cataluña erigió una función pública formidable camuflada con estadísticas de empleo público tolerables que, sin embargo, con sus más de 500 entidades, organismos y empresas públicas, suman más de seiscientos mil asalariados que dependen de los presupuestos de la Generalidad, es decir; el primer sector empleador de Cataluña por encima del sector turístico e industrial. Sin dilación, los gobiernos nacionalistas promotores del proceso de independencia propagaron el renacimiento de la nueva Cataluña y los Països Catalans en todo el mundo, especialmente en Europa. Han sido tres décadas dedicadas a instituir y consolidar el poder del futuro estado catalán en forma de república, con el objetivo de proclamarlo cuando el estado español estuviera más débil.

Si uno fuera tan necio y empecinado como cualquier nacionalista supremacista, desearía que más pronto que tarde lograran su objetivo y se cocieran en su salsa. Pero como no lo soy y siento una enorme simpatía y solidaridad por los millones de compatriotas españoles que resisten en Cataluña, espero que entre todos los ciudadanos forcemos a nuestros representantes políticos a dejarse de piruetas buenistas, instales a recoger las velas identitarias caciquiles y a tomar las decisiones justas pero implacables contra quienes se salten la ley a la torera y manipulen a los ciudadanos. No obstante, ante lo ocurrido, me pregunto inquieto si Cataluña podrá ser rescatada por España.