Porqué 78.000 del PSOE repudian al bisabuelo krausista

23/05/2017 – actualizado en julio de 2017.

EN BREVE PUBLICARÉ LAS SECUELAS DEL FELIPATO

Como continuación de “AL DESVÁN DE LA HISTORIA”

Digresión del 9 Messidor

27/06/2017

Balada del que no debió nacer en Granada

Infamia por el Darro, por el Genil infamia.

Estaba cantado, degenerando, degenerando se pasa de la estulticia a la canallada, del oportunismo sin principios a la traición, del miedo de mentar a España diciendo estepaís a la tontilandia plurinacional. En menos que canta un gallo dos dirigentes y alcaldes de eso que se llama Partido Socialista de Catalunya, montaron la alcaldada. La primera en la frente la dio la alcaldesa de Santa Coloma y nueva secretaria de cohesión social nombrada por Sanchez; Núria Parlon: … si el Gobierno de Mariano Rajoy interviene la autonomía catalana, en aplicación del artículo 155 de la Constitución, por la convocatoria del referéndum de independencia, los socialistas apelarán “a la comunidad internacional”». El segundo, un tal Miquel Lupiáñez Zapata, alcalde de Blanes gracias a los votos de CiU y ERC, nacido en 1961 en Narila, en la Alpujarra granadina llegó a Cataluña a los 8 años.

¿Quién hoy sus jardines aprisiona y pone
cadenas al habla de sus surtidores?
Nunca vi Granada.

Recuerdo de “Balada del que nunca fue a Granada” de Rafael Alberti

Algunos afirman que, tras la elección de Pedro Sánchez como General Secretario del PSOE, este partido “imprescindible para nuestra democracia” se ha metido en una encrucijada más incierta que antes del Congreso de Suresnes allá por octubre de 1974. Quizá, aunque me parece más bien un retorno a las arcaicas veleidades de un partido que los días pares se levantaba krausista y los impares afectado de ideología paranoide. Ahora estamos ante la representación teatral de la revancha de los biznietos de los “segundistas” (a favor de seguir en la segunda internacional) de 1921, justificada en mitologías nostálgicas irredentas del pasado reconstruido por ley, cuyos comediantes pretenden que pensemos que entrarán de hoz y coz en el nuevo KOMINTERN de la quinta internacional del siglo XXI.

Por supuesto, como toda segunda, quizá tercera recaída si contamos el desdichado largocaballerismo, la actual tiene sus propios ingredientes. El izquierdismo gestual abrazado por el actual PSOE, se nutre de las consignas anticapitalistas inauguradas en el Foro de Porto Alegre en 2001, donde el socialismo es adjetivado para cada ocasión: Socialismo Bolivariano, Socialismo del siglo XXI, Socialismo Cristiano, Socialismo Humanista, Socialismo Revolucionario, Socialismo Democrático, Socialismo Indoamericano, Socialismo Anticapitalista y que viva el pleonasmo. Eso sí, manteniendo viejos tabúes y escasas meditaciones, al tiempo que acapara neologismos para cubrir las vergüenzas originadas por la trivialidad analítica. Con estos bagajes, el PSOE tras el zapatazo vive el magma ideológico del llamado movimiento altermundista, donde la expansión del miedo y la frustración inducida tenía por fuerza que producir respuestas profundamente reaccionarias como la desglobalización populista.

La desglobalización es la bandera que blanden con igual fanatismo el izquierdismo irredento con sus cuadrigas sindicales corporativas y funcionariales y el populismo nacionalista de tendencia autárquico-xenófoba. Los llamados “militantes de base” del PSOE, como buenos funcionarios o aspirantes a serlo, han repudiado al bisabuelo krausista y liberal por fobia al riesgo de vivir la aventura de la libertad. La imagen del bien limitado, el pánico adolescente al mundo real sin el padre estado, el entendimiento de que el Partido Popular, al ser tan estatista como el PSOE, es la competencia que les impide la monopolización del aparato burocrático del estado bulímico y elefantiásico, induce a esa militancia a encumbrar al caudillo protector. La inconsistencia importa menos que la iconoclastia chulesca que anima lo suyo al proclamar la guerra sin cuartel al odiado competidor por las dádivas. También es buena agarradera blandir estandartes y blasones impregnados de neopopulismo vulgar, pasados idílicos republicanos, exacerbación de demandas siempre insatisfechas por exotéricamente demagógicas siempre adornadas de proteccionismo primario. Los embelecos revisionistas de Laclau, Dieterich y Harnecker son alegorías para citas culteranas. Todo por el puesto vitalicio que no se parará en ciernes y será capaz de aliarse con los nacionalistas xenófobos, aunque se lleve por delante un buen trozo del pastel. Y el que venga atrás que arree, aunque sean los hijos.

LA ENÉSIMA BATALLA PERDIDA

17/03/2017

Pablo Rojo Barreno

Tras la escandalera desencadenada durante la presentación en rueda de prensa del renombrado como Centro Internacional de Artes Vivas de Madrid −por cierto, una curiosa traducción del francés que en español se evidencia aún más la tautología: “Le Centre des Arts Vivants” de Paris Bastille− por su flamante responsable Mateo Feijoo y la, hasta entonces, concejala del área de cultura Celia Mayer, la alcaldesa Manuela Carmena decidió anteayer destituir a Mayer y asumir dicha área.

Feijoo-Mayer

Que el nombramiento de Feijoo no sería recibido por muchos con alharacas era obvio. No solo por la personalidad y trayectoria del elegido, también por las heridas sin cicatrizar tras el despótico despido de Juan Carlos Pérez de la Fuente y por la composición y fórmula ultrarrápida con que la comisión del concurso público decidió su sustituto. Fue en pocas horas de deliberación que la comisión de valoración «integrada por profesionales y expertos del tejido cultural local, nacional e internacional, de reconocido prestigio y trayectoria» formada por: Aurora de Andrés, periodista; Elena Ros, productora de compañías de circo; Juan Pablo Soler, gestor de los teatros Romea y Circo de Murcia; Chema Blanco, gestor del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla; las coreógrafas Claudia Faci y Àngels Margarit (recién nombrada directora del Mercat de les Flors de Barcelona) y Ruiz Ligero del sindicato Unión de Actores y Actrices, decidió el ganador del concurso sobre 32 candidaturas. Como puede deducirse, para los paladines de la “nueva política” los conflictos de intereses y la endogamia retroalimentada no están en su lista regeneracionista.

El pasado 6 de marzo, Mateo Feijoo presentó su proyecto ganador con el talante y la visión que demostró como director del Teatro de la Laboral, en la Ciudad de la Cultura de Gijón. Así, el renombrado como Centro Internacional de Artes Vivas será: «gran laboratorio de creación actual interdisciplinar». El problema es que la neolengua derivada del idioma español relativiza algunos conceptos tanto como absolutiza otros, en función de quién, cómo, para qué y porqué. Así, hay géneros escénicos que Feijoo no considera relevantes para su laboratorio, por lo que para demostrar preventivamente quién es el que manda, retiró los nombres de Max Aub y a Fernando Arrabal de las naves 10 y 11 del matadero. Sin dilación, presentó su programa ideológico a través de la programación. Por supuesto Feijoo prefiere a los creadores inconformistas, radicales y transgresores. Como fuente justificante de sus predilecciones, el flamante director apela a la autoridad de los marxistas freudianos de la Escuela de Frankfurt: Theodor Adorno y Max Horkheimer, reconocidos censuradores de la masificación e industrialización de la cultura. Me imagino que no se atrevió a mencionar a Gramsci o Laclau por resultar tan obvio como inoportuno. Por consiguiente, no hay trampa ni cartón, Feijoo declara que desdeña la cultura y el teatro de masas por considerarlos alienantes. Como suele ocurrir cuando alguien es señalado con bronca y repercusión mediática, Feijoo ha recibido el apoyo de sus camaradas y amigos abajo-firmantes de un manifiesto encabezado por personalidades como: Angels Margarit (Directora del Mercat de les Flors y coreógrafa, Premio Nacional de Danza), Carmen Werner (Coreógrafa y Premio Nacional de Danza), La Ribot (Artista, Premio Nacional de Danza y Medalla de oro de las Bellas Artes), Marcos Morau (Premio Nacional de Danza), María Muñoz y Pep Ramis (Premio Nacional de Danza y Premi Nacional de Catalunya), Mónica Runde (Coreógrafa y Premio Nacional de Danza), Mónica Valenciano (Coreógrafa, Premio nacional de Danza) etcétera. Los abajo-firmantes justifican su apoyo al proyecto de Mateo Feijoo por considerar que permite la continuidad y la convivencia de otras formas de creación en el contexto escénico madrileño. Además, subrayan la “pluralidad” y la “oportunidad” de incluir: «nuevos artistas, nuevas obras, nuevos mundos, nuevos espectadores».

Sin embargo, los artistas que no son tan nuevos, tan vanguardistas, tan rompedores, tan epatadores de burgueses, tan outsiders, tan experimentales, tan eclécticos, tan postmodernos y todo lo demás, se sienten ninguneados y protestan.

Para enfatizar su protesta y la difícil situación del sector, los artífices de la danza en España en general y en Madrid en particular, se suelen reunir en jornadas y mesas para manifestar el lento declive de oferta de espectáculos y el consiguiente descenso de trabajo e ingresos. Señalan, con razón, a los responsables políticos de sus desdichas al ser las administraciones del estado las principales contratantes de las artes escénicas. También se duelen de la merma constante de las escasas ayudas del estado y de la ineficiencia de los gestores culturales. Pero a pesar de estar cargados de razones para quejarse y pedir mejoras, insisten en denunciar los fallos administrativos y, sobre todo; la falta de una «auténtica política cultural». Creo necesario señalar que el adjetivo auténtico precisa una referencia de autoridad, bien sea en la tradición o en la experiencia. En ambos casos para la práctica de nuestras artes escénicas y sobre todo para la danza, ambos referentes son ilocalizables desde que el relativismo moral y conceptual se ha impuesto en España.

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Distinto es asegurar que no existe una política cultural por parte del estado español. Existe y está a punto de cumplir 40 años. El artículo 44.1 de la Constitución Española declara: «los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho». Por otro lado, el 9.2 establece; «corresponde a los poderes públicos facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social». En consecuencia, el primer gobierno de Felipe González legisló la tutela del “Sistema Teatral Español” en 1985 desde el Ministerio de Cultura, mediante la fundación del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). Si bien en 1985 el INAEM apenas era una superestructura, enseguida aparecieron y se multiplicaron por todas las administraciones del estado superestructuras similares que, generaron cuantiosas estructuras teatrales. Incalculables son el número de funcionarios, servidores públicos y empleados al servicio de estas instituciones. Así, España es campeona del mundo de teatros de titularidad pública que; por falta de programación o por una oferta de espectáculos exquisitos, suelen estar vacíos o derruyéndose como ocurre con el Teatro Madrid de La Vaguada.

Como sabemos bien, el estado español no es dirigido por ángeles, arcángeles y querubines, sino por políticos y funcionarios instalados en cuatro niveles administrativos que, entre otras funciones, tienen la potestad de dirigir la cultura. También es archisabido, pero no publicitado, que a pesar de la crisis fiscal que sufre y sufrirá nuestro endeudado estado, la suma de lo dedicado por las cuatro administraciones, no está en la cola de gasto en cultura por habitante de Europa sino de las primeras. Por el contrario, cuando se llega a las artes escénicas, el número de funciones y espectadores de teatro y sobre todo de danza, está en la cola y en constante descenso desde 2010. De estos datos y de la penuria que padecen la inmensa mayoría de los artistas y técnicos del sector, se debería deducir que el Sistema Teatral Español es ineficiente por despilfarrador y arbitrario. Mejor dicho, que el dinero del contribuyente se esfuma en gastos varios antes de llegar al acto teatral. Empero, la inmensa mayoría del sector profesional de las artes escénicas, incluido el de la danza, no admite esta evidencia.

Estoy convencido que el Centro de Artes Vivas de las Naves del Matadero de Mateo Feijoo será todo un éxito. Lo será seguramente por motivos loables y meritorios en lo artístico, pero, sobre todo, porque su experimento de laboratorio no precisa la ratificación del espectador. Que los espectadores sean muchos o pocos, las entradas se vendan o regalen no tiene importancia alguna porque la administración municipal que nos tutela, se ha encargado de no incentivar ordinarieces como que los contribuyentes que suministran los fondos de estos centros, acudan en masa al Centro de Artes Vivas de las Naves del Matadero, por mucho que en masa estén obligados a pagar los impuestos que permiten la existencia de este centro.

Como el sector de la danza que me ocupa y preocupa ni siquiera considera alternativas al sistema paternalista miserable actual, ni entiende que la crisis fiscal se agudizará aún más, ni tiene confianza alguna en la sociedad civil y hablar de mercado es mencionarles la bicha ideológica, el callejón sin salida de la tutela en la miseria está servido.

Hoy, en Madrid o en cualquier otro lugar de España, pintan oros para unos unos pocos y bastos para la mayoría, mientras dicen que volverán los liberales cuan torna la cigüeña al campanario. Contemplemos pues la enésima batalla perdida como antecedente de la cantada derrota de la dignidad de los libres, si es que para entonces queda alguno.

Memoria de Marcos Ana

P. R. Barreno. Madrid, 25 de noviembre de 2016.

Hay temporadas luctuosas. Me acabo de enterar del fallecimiento a los 96 años el poeta Marcos Ana (seudónimo de poeta y militante del PCE de Sebastián Fernando Macarro del Castillo) a quien conocí a finales de los sesenta y con quien mantuve relación orgánica en el seno del PCE hasta finales de 1971. Aunque nos volvimos a ver en los ochenta por IU, la última vez que hablamos, mejor dicho, debatimos con notable vehemencia, fue al final de la conferencia: “Canadian Conference for Amnesty in Spain” que se celebró durante los días; 22, 23 y 24 de octubre de 1971 en Toronto, Canadá.

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En aquella conferencia conocí a Julio Álvarez del Vayo y Olloqui, a la sazón, entonces presidente del Comité pro-FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). La divergencia ideológica y estratégica entre aquel PCE que pretendía la reconciliación nacional entre españoles y aquel PCE (ml)-FRAP que en su primer punto establecía: «Derrocar la dictadura fascista y expulsar al imperialismo estadounidense de España mediante la lucha revolucionaria» era tan clara que el decantarse por una u otra significaba no solo un paradigma diferente, también por un modo de vida.

Opté por abandonar aquel PCE reconciliador y abrazarme a la lucha revolucionaria despreciando la experiencia de quienes, como Marcos Ana o Carlos Elvira, habían sacrificado su juventud en defender sus ideales. Trascurridos tantos años y tantas vicisitudes, algunas espantosas, hoy pienso que tanto Marcos Ana como yo, nos equivocamos al abrazar el materialismo dialéctico como verdad científica, cuando solo era una doctrina totalitaria.

Descanse en paz.

En la foto de 1962, Marcos Ana, con el embajador chino y los que dos años más tarde se convertirían en los dirigentes del PCE (ml)-FRAP Benigna Benita Ganuza Muñoz; camarada: «Elena Odena» y Julio Manuel Fernández López: camarada «Raúl Marco» y probablemente, Marcelino Fernandez Movillano: camarada: «Suré».

AL DESVÁN DE LA HISTORIA

    Marzo de 2016.

Enlace a la nota redactada tras la candidatura a las primarias por la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Para actualizar la cuestión y verificar los argumentos que escribí hace unos cuantos meses, les proporciono el enlace al vídeo del Debate entre los candidatos a la Secretaría General del PSOE.

   Una de las frases, luego muy utilizada como metáfora por la izquierda acodada en la doctrina marxista, es la escrita por Karl Marx al principio de “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” (1852) al completar la aseveración de Hegel sobre la repetición de los grandes hechos y personajes en la historia universal, indicando que el filósofo: «se olvidó de agregar: la primera, como tragedia, y la segunda, como farsa». Sin embargo, pese a las apariencias de repetición de algunos hechos históricos, la historia realmente no se repite aunque constatemos a diario que sus lecciones, apenas son consideradas por quienes; por su vocación o posición política, deberían prestar mayor atención.

   La refriega acaecida en el seno del Comité Federal del PSOE el pasado primero de octubre de 2016, si la amnesia selectiva de tantos fuera menos descarada, podría rememorarnos la división acaecida durante el tercer Congreso Extraordinario del PSOE celebrado en 1921, entre los “segundistas” (a favor de seguir en la segunda internacional) y los “terceristas” (los que estaban a favor del ingreso en la tercera internacional comunista KOMINTERN fundada en 1919 por Lenin). Ganaron los “segundistas” pero el PSOE sufrió su primera gran escisión de quienes fundaron el Partido Comunista Obrero Español. Y las tensiones siguieron entre quienes defendían el modelo democrático burgués, que tras la segunda guerra mundial se definió como socialdemocracia, frente a los “revolucionarios” tentados por la dictadura más o menos proletaria. El PSOE se fracturó pero resistió el envite hasta la siguiente encrucijada entre lealtad democrática o asalto revolucionario al poder.

   El dilema surgió cuando el PSOE perdió el poder tras las primeras elecciones democráticas del 19 de noviembre de 1933, en las que votaron las mujeres en España por primera vez. Ante la evidencia del retorno al poder de la derecha, los dirigentes del PSOE UGT y las Juventudes Socialistas se lanzaron a la insurrección contra la República que habían patrocinado. El editorial de “El Socialista” del 27 de septiembre de 1934, indicaba el itinerario de la inmediata insurrección: «Las nubes van cargadas camino de octubre. El mes próximo puede ser nuestro octubre. Nos aguardan días de pruebas, jornadas duras…Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado…». El 3 de octubre, El Socialista arengó a sus lectores de esta manera: «Camaradas en guardia. En guardia… Nuestra apelación a los trabajadores de España es concreta e imperiosa: en guardia». PSOE, UGT y las Juventudes Socialistas encabezadas por Largo Caballero, Indalecio Prieto, Ramón González Peña y Santiago Carrillo, prepararon con apoyo del Komintern y tras sellar la alianza con la anarquista CNT y el Partido Comunista de España que incluía el aprovisionamiento de armas, la convocatoria de una huelga general revolucionaria el 5 de octubre de 1934. La huelga revolucionaria solo triunfó en la cuenca minera asturiano-leonesa donde se declaró una República Socialista con capital en Mieres, con el conocido trágico final coronado con la proclamación oportunista por Lluys Companys del Estat Catalá de la República Federal Espanyola.

   Con la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, tras viajar a la URSS, el delfín de Largo Caballero; Santiago Carrillo Solares, integró a la profusa organización juvenil del PSOE que encabezaba como secretario general en la exigua del PCE, en una maniobra que recuerda a la reciente de Pablo Iglesias con Izquierda Unida. Solo cuatro meses después de la unificación de las dos organizaciones juveniles, en noviembre de 1936 mientras que Franco rodeaba la Ciudad Universitaria madrileña, Carrillo y sus Juventudes Unificadas se pasaron al Partido Comunista en bloque.

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   Desmantelado de jóvenes y en plena guerra civil, las grandes grescas en el PSOE siguieron la misma dinámica. Y así continuaron durante el exilio, siempre identificadas con el nombre de sus caudillos: “caballeristas”, “prietistas”, “negrinistas” y “besteiristas”. En octubre de 1974 los “llopistas” fueron sobrepasados en Suresnes por los “renovadores” luego “felipistas” y el PSOE se partió en dos una vez más. Enseguida apareció la consigna recurrente e inocua; “Por el cambio” y el joven Felipe Gonzalez Márquez con su escudero Alfonso Guerra, apoyados por la por entonces potentísima y opulenta Internacional Socialista de los Willy Brandt, Helmut Schmidt, Pietro Nenni, Michael Foot, Androsch Hans, François Mitterrand y Olof Palme, se hicieron con los mandos del desvencijado PSOE, haciéndolo resurgir de las cenizas cuan Ave Fénix tras cuarenta años de ausencia, gracias a los suculentos fondos aportados por la fundación alemana Friedrich Ebert. Todo parecía estar atado y bien atado tras el Congreso Extraordinario de septiembre de 1979 por Felipe, pero tras los terribles atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, el por entonces flamante secretario general del PSOE; José Luis Rodríguez Zapatero, logró la presidencia del gobierno español.

   El filósofo Gustavo Bueno calificó como “pensamiento Alicia” la ensoñación ideológica del PSOE encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero y sus rasputines menores; Alfredo Pérez Rubalcaba y María Teresa Fernández de la Vega. El pensamiento Alicia es resumido por Bueno como: «capaz de llamar personas humanas a los simios; progenitores A y B a los miembros de las parejas homosexuales a los que se les ha concedido un niño en adopción; o fascistas a quienes vencieron en la Guerra Civil española; de equivocar el alcance del término solidaridad –que puede aplicarse también al comportamiento de una banda de ladrones o terroristas–; y de plantear una Alianza de Civilizaciones sin delimitar antes lo que son éstas, encubriendo así los problemas reales de la gente bajo una nebulosa fantasiosa y carente de contenido».

   Lógicamente, el pensamiento Alicia fue degenerando en maniqueísmo simple con la oficialización de la memoria histórica, al tiempo que asumía la desmemoria reciente que incluía la tabla rasa a las referencias éticas históricas respecto a la deontología del político profesional y los límites en la obtención y el ejercicio del poder. El “spoil system” quedaba consagrado durante las vacas gordas de la especulación inmobiliaria, mediante el reclutamiento de diletantes plutocráticos en el partido y el reparto de canonjías a través de la redes clientelares.

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Con el reventón de la negada crisis y la caída estrepitosa de los palos del sombrajo del bienestar impostado, llegó la desastrosa gestión del zapaterismo o zapaterazo y los cantos de sirena de Hessel con coros de Sampedro. Resultó entonces que la indignación ciudadana fue desviada hacia los males provenientes de una transición sin ruptura catártica con el franquismo, principio y fin de todos los males habidos y por haber. Así, ZP y su Alicia quedaron desbordados por los antifranquistas sobrevenidos cuatro décadas después de enterrado Franco en Cuelgamuros. Eran los jóvenes campeadores anticasta abducidos por la pareja Ernesto Laclau – Chantal Mouffe, dúo mucho más «posh» que post, pues la mercadotecnia ha demostrado que rebelarse vende y si la bicha es el neoliberalismo y su medicina el NO LOGO, las superventas están garantizadas.

   Al verse señalados como casta, la nomenclatura del PSOE procuró disimular su primer desconcierto hasta que, al llegar la derechona al poder central, resucitó el Pacto del Tinell para abrazarse al poder autonómico y local con los nuevos del cambio y el gobierno de progreso y demás consignas celestiales. Total, no suena tan mal, incluso parece hasta heroica la confrontación de una lucha de clases invertebrada; “Nosotros frente a un Ellos” o “casta contra gente” donde el sujeto histórico ya no es el proletariado sino “la gente”; un trampantojo del populismo de izquierda neoperonista marca: Laclau-Mouffe, donde los descamisados son ahora todos los desheredados por la globalización, cuya cuantía es incontable por inabarcablemente etérea. Llegados a este punto, Alicia parecía encontrar su país maravilloso con esta atrayente doctrina, donde solo la globalización capitalista es el impedimento para la proliferación de los estados paternales y naturalmente hegemónicos que representa el socialismo del siglo XXI. Así, sin solución de continuidad y gracias al inconsciente lacaniano del posh-post se encuentran en el significante viaje a la ultratumba; Antonio Gramsci, Benito Mussolini, Juan Domingo Perón y Hugo Chávez, pasando por la reciente de Fidel de los Castro de toda la vida.

   Si la competencia posh-post populista lograba tal éxito mediático y electoral, el adanismo ideológico del PSOE post-Alicia se lanzó a apropiarse de los nuevos discursos y sobre todo de la estética de la nueva política. No quedaba más remedio que sustituir al viejo conspirador Pérez Rubalcaba por un joven lindo que despertara emociones amorosas en la “gente”, camisa blanca de mi esperanza sin corbata, soñada encarnación del carisma del líder mediático atonal posmoderno. Bella figura para representar los arco iris y unicornios que trascendieran la mala leche de los millones frustrados por la inclemencia de la crisis, con objeto de convertir esa emoción producida por el discurso embaucador del joven y apuesto líder en votos y poder. Sin embargo, los platós ya estaban ocupados por vendedores de emociones mucho más duchos y efébicos.

   ¿Que hemos hecho para merecer tanta desestima de la gente a pesar de lo mucho que la consentimos? Al fin y al cabo el PSOE puede ser rojo aquí, verde acá y amarillo allá. Jacobino en el Bernabéu, nacionalista en el Camp Nou y confederal en el Mestalla.

   En realidad, el travestismo muestra la desnudez ideológica y estratégica de un oportunismo sin principios, balbuceante cuando señala los paradigmas escandinavos, al ocultar que fue el innombrable Gerhard Schröder quien hizo las reformas neoliberales en Alemania que inspiraron las reformas idem en Suecia y Dinamarca. Por tanto, la historia no se repite en el PSOE puesto que no hay encrucijada reforma o revolución entre el susanismo y el pedrismo, tan solo regates tácticos para intentar sobrevivir en un mundo interdependiente que destroza los mecanismos de un poder basado en la expansión insostenible de la funcionariocracia.

   Tras años de demonización de la derecha y la globalización y conchabeo con las tesis nacionalistas y populistas, al PSOE no le queda un ápice de socialdemocracia. El desesperado intento de salvar los viejos muebles apolillados, repintado sus blasones y hablando de las tradiciones de la casa, ciertamente provocan conmiseración hasta que se comprueba la complicidad con que acogieron y acogen como aliados a los asesores de Chávez y Maduro. Retozar con el transversalismo, la autogestión, la contracultura, el colectivismo de birras y canutos, comprender la “okupación” de la casa del vecino y la crianza en tribu es querer abarcar demasiado, rebuscar con contumacia las zahúrdas antisistema. Cuando la vieja guardia del PSOE ha tocado a rebato ante la deriva, los antisistema ya son sistema. Su referente griego Syriza con su amado líder Alexis Tsipras, tras cargarse el PASOK, ha iniciado los escarceos para entrar en el redil de la Internacional Socialista y los pensionistas y parados griegos que van atrás, que arreen.

  A los propensos a rasgarse las vestiduras por un quítame allá esos partidos políticos históricos, según ellos imprescindibles para la democracia española, partidos a los que tanto debemos por habernos arruinado y endeudado, habrá que recordarles que un partido trocado en lastre «acabe arrumbado en el desván de los trastos viejos, junto al hacha de piedra y al telar de pedal», puede ser un proceso natural y benéfico para la vida en general y la de los españoles en particular.

     Nota posterior 21/12/2016.

   En uno de los actos de escaqueo típicos de Rajoy, en la anterior legislatura el Partido Popular perpetró una reforma exprés ampliando las competencias del Tribunal Constitucional para que pudiese suspender en sus funciones, a las autoridades o funcionarios, que incumplan sus resoluciones. Así, colocaba al tribunal como colchón que le evitara tomar las decisiones políticas desagradables como, por ejemplo, la aplicación del artículo 155 de la constitución española. Pero el desnortado PSOE ha entrado en pánico ante el intento del duunvirato Rajoy-Santamaría de mantenerle a flote, sin entender que más que una táctica perversa, es un acto reflejo de supervivencia de régimen poco meditado, dignos de los añejos tecnócratas demócrata-cristianos que son. En un intento de diferenciarse en algo, la dirección colegiada y sus adláteres se colocan en el bando del PNV para derogar las competencias sancionadoras del Tribunal Constitucional. Ya son incapaces de conjeturar un mañana donde ellos se verían en el brete de aplicar el 155.

   Es duro ir al basurero de la historia, pero el agotamiento del régimen (de los regímenes democráticos aparentemente consolidados tras la II guerra mundial) son consecuencia de la elefantiasis estatal hoy insostenible sin dieta de adelgazamiento, dieta que los burócratas y sus aspirantes no están dispuestos a asumir. Si aguantamos todavía es gracias a los malos ejemplos de Grecia y ahora Italia. ¿Por cuánto tiempo?

Nota del 31/01/2017.

   El pasado 28 de enero de 2016, D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón anunció en un mitin en Dos Hermanas (Sevilla, 120.000 habitantes) su candidatura a las primarias para la secretaría general del PSOE. Aunque anunciada, la mayoría de los medios y generadores de opinión profesionales, que en algún caso son periodistas, han vuelto al lamento sobre el peligro de escisión en el PSOE y la consiguiente hecatombe, ante las intrépidas frases pronunciadas por el exsecretario y ahora candidato: “La nuestra (se refiere a su candidatura pero pluraliza para que la arrobada militancia que le escucha la haga suya) representa un partido autónomo y de izquierda donde la militancia decide, frente a la que se abstuvo ante Rajoy y dejó al PSOE en tierra de nadie. Lo que hoy emprendemos es unir al PSOE para después unir a la izquierda y derrotar al PP”. Más claro; agua. No es no, manque pierda. La dicotomía es presentada por Sánchez como enfrentamiento ideológico que deberán resolver los militantes del PSOE. Sin embargo, es un planteamiento que esconde unas cuantas imposturas.

   La principal impostura de Sánchez es presentarse como campeador del desiderátum «unidad de la izquierda» encabezado por un PSOE dinástico y sistema hasta el tuétano, pero cuyo líder no solo sería capaz de unir a las banderías internas sino que embelesaría a los ya antiguos antisistema con su carisma. Nada más, ni una gota de reflexión o compromiso sobre los graves y urgentes problemas políticos y sociales de los españoles. En cualquier caso, conviene recordar que la gestora del PSOE no ha cambiado un ápice las alianzas con populistas y separatistas (perdón por el pleonasmo) en ayuntamientos y autonomías en puro toma y daca de poder.

   No menor superchería es exhibirse como paladín de un socialismo “de izquierda”. Sobre todo porque primero tendría que explicar esa demasía a través de una elaboración teórica e ideológica. Pero ni quiere ni puede.

   En realidad, la confrontación y el guirigay actual se concentra en nombres propios: Susana Díaz, Pedro Sánchez, Francisco Javier López Álvarez alias; Patxi López, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, etcétera. Nada de bolcheviques frente a mencheviques ni de segundistas contra terceristas. Es el queso, el cómo llegar al poder y luego veremos para qué. Los históricos enfrentamientos entre caballeristas, prietistas, negrinistas, besteiristas, llopistas y felipistas son tristes por inútiles y cruentos. Empero, hay una diferencia notable entre la trayectoria vital de Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto Tuero, Julián Besteiro Fernández, Rodolfo Llopis Ferrándiz e incluso Felipe González Márquez pues; todos sin excepción, antes de llegar a políticos profesionales, ejercieron por cuenta ajena o propia los honorables oficios de albañil, taquígrafo, profesores de instituto por oposición, periodista y abogado laboralista. Por el contrario, ninguno de los «amados líderes» actuales resucitadores del guerracivilismo lo han hecho. Todos estos jóvenes y «jóvenas», sin excepción, han crecido amantados en la guardería apparatchik del PSOE o en la endogámica mediterraneidad universitaria, donde el reclutamiento funcionarial se inspira en La Cosa Nostra. Así se entiende mejor su vade retro a la competitividad y la meritocracia, pues son valores incompatibles con el redentorismo populista y con sus experiencias vitales. Por tanto, las actuales trifulcas entre “susanistas”, “sanchistas”, “pablistas”, “errejonistas” “patxistas”, etcétera, serían risibles, una de galgos o podencos, si no percibiéramos los inquietantes seísmos previos a la erupción vulcaniana en el nordeste de España.

La Funcionariocracia paradigma quimérico del estado clientelar

Luis Ventoso se permitió hace unos días el lujo de ser incorrecto para algunos o facha sin salvación para otros, abordando el problema de la marginalización militante y okupa, cogiendo las hojas del rábano por do más duele titulándolo: La sopa boba. Por otro lado, no ha mucho, en uno de los lapsus motivados por encabronamiento de la paciencia ante la estulticia de algunos de sus incondicionales, el dirigente lindo y coletudo salió por peteneras afirmando que su partido no estaba para salvar al lumpen. ¡Ah, el lumpen!, ese excedente o subproducto de la lucha de clases, ese insostenible ejército de reserva que está ralentizando la historia hasta el punto de chafar todo el constructo conocido como materialismo histórico. ¿Qué hacer con él?

Se equivocó el dirigente lindo y coletudo, se equivocaba. Por ir al norte de su fin, fue al sur de su táctica. Se equivocaba. Creyó que el cliente era dócil. Se equivocaba. Creyó que la fucionariocracia era el cielo; que el maná, tranquilizaba. Se equivocaba. Que la subvención; rocío, que el trabajo; la nevada. Se equivocaba.

El estado clientelar posmoderno más comprensible como funcionariocracia, necesita del lumpen como el trigo el agua de mayo, para autojustificarse. El problema que empieza a surgir es que el lumpen está tomando conciencia, no de clase sino de fuerza chantajista cada día más asentada, gracias al jabón de la clase política emergente y funcionarial que piensa que el pan y el circo será suficiente para controlar y obtener la adhesión de los lumpen. Pero como todos los demás de la casta se han dado cuenta, siguen bombeando el buen sentimiento de la solidaridad con ese dinero que la ministra de Zapatero decía que no era de nadie, y el globo de la cultura okupa y sopa boba sigue inflándose hasta que, en vez de explotar, la falta de recursos lo deje chupao. ¿Y luego? ¿Quién se pone a currelar si es que queda algún currelo?

La chispa y la pradera. El FRAP: Una revolución imposible

La chispa que iba a incendiar la pradera

Un documental reconstruye la historia del FRAP a través de testimonios de sus antiguos militantes

Avance – Trailer

‘Una sola chispa puede incendiar la pradera’, es la frase de Mao Tse tung que inspiraba a aquellos revolucionarios que fundaron el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota) e inspira el título de este documental que quiere retratarlos en toda su humanidad contradictoria antes de que su recuerdo se extinga para siempre. En los años 70 del pasado siglo, el FRAP pretendió acabar por la fuerza con el régimen franquista, y se lanzó a la lucha armada cuando toda la oposición se preparaba para un cambio pacífico. Gran parte de sus militantes fueron detenidos, muchos terminaron en prisión, y tres de ellos murieron fusilados junto a otros dos de ETA poco antes de morir Franco, cumpliéndose este 27 de septiembre 38 años de aquellos terribles hechos. Sus protagonistas cuentan por vez primera ante las cámaras aquella historia hoy olvidada. Es la crónica de una utopía sangrienta, de un proyecto imposible repleto de sacrificios, audacias y errores.

No tiene tesis. No es una apología del terrorismo como algunas autoridades cinematográficas se han apresurado a sentenciar cerrando puertas a su difusión, ni tampoco una condena póstuma. Sólo es un retrato colectivo de un grupo de personas que hace más de medio siglo emprendió una aventura que vista desde hoy puede parecer demencial, pero que vista entonces parecía heroica.

El documental comienza con la célebre frase de Mao Tse tung: ‘Una sola chispa puede incendiar la pradera’ que se hizo lema de los prochinos de entonces. ‘En otras palabras -escribía Mao- nuestras fuerzas, aunque muy pequeñas ahora, se desarrollarán con gran rapidez. El proverbio es una descripción apropiada de cómo se desarrollará la situación actual. Basta echar una mirada a las huelgas obreras, las insurrecciones campesinas, los motines de soldados y las huelgas estudiantiles, que están desarrollándose en muchos lugares, para darse cuenta de que esa “sola chispa”, sin duda alguna, no tardará en “incendiar la pradera”.

A mediados de los años 60 había rebrotado la lucha contra el régimen de Franco, a pesar de que el desarrollo económico y social contentaba ya a muchos. En este combate desigual, destacaron fugazmente unas siglas: FRAP. El Frente Revolucionario Antifascista y Patriota pretendía acabar con la Dictadura por la fuerza. Partidario de una república popular y federativa, el FRAP se lanzó a la lucha armada cuando toda la oposición se preparaba para un cambio pacífico. Su radicalismo casi suicida fue un fracaso. Gran parte de sus militantes fueron detenidos, muchos sufrieron malos tratos y terminaron en prisión, y tres de ellos murieron fusilados dos meses antes de morir Franco. A pesar de todo, el gesto del FRAP no fue inútil, y el fuerte rechazo a las ejecuciones contribuyó a aislar al Régimen y evitar que se prolongara un franquismo sin Franco, propiciando una transición pactada.

Después de tanto tiempo, algunos de sus protagonistas cuentan aquella historia por vez primera ante las cámaras. Es un capítulo casi desconocido de nuestra época; la crónica de una causa idealista, repleta de sacrificios, audacias y errores. Una experiencia que merece ser recordada.

27 AÑOS DE HISTORIA

En 1964, cuatro grupos disidentes del partido comunista histórico fundaron en París y Bruselas una escisión marxista-leninista. Son los prochinos, partidarios de la línea maoísta frente a la soviética. Con la llegada de otro grupo, ‘La Unión’, se afianza una red de células clandestinas en Madrid y otras ciudades.

A finales de los años sesenta, estos ‘eme-ele’ como también se les llamaba, ganan seguidores y se lanzan a una actividad frenética de agitación y propaganda en barrios, centros de enseñanza y zonas industriales. La represión es dura: no sólo arriesgan años de cárcel, también se juegan la vida.

Para impulsar la lucha crean el FRAP a principios de los años 70 junto a veteranos republicanos del exilio, y nombran presidente a uno de ellos, Julio Álvarez del Vayo. Están convencidos de que ha llegado el momento de acabar con Franco.

Pronto el FRAP sufre duros golpes represivos. Aun así, sigue adelante en su idea de derribar el franquismo por la fuerza. A comienzos de 1975 sus dirigentes toman la decisión de iniciar acciones armadas.

En el plazo de unos meses se producen decenas de acciones violentas, ataques, tiroteos. Dos policías y un teniente de la guardia civil sufren atentados mortales, otros son heridos.

La acción policial acaba con el intento de revolución armada. El gobierno endurece las leyes antiterroristas. Ocho militantes del FRAP son condenados a muerte. Cinco de ellos son indultados en el último momento, pero los otros tres son fusilados el 27 de septiembre de 1975 junto a dos miembros de ETA.

La condena internacional empuja al sector aperturista del Régimen a pactar con la oposición moderada. Con la Transición en marcha, el FRAP entra en crisis y será disuelto a finales de los años 70. La Convención Republicana de los Pueblos de España ocupa su lugar durante un tiempo.

En 1985 fallece Benita Fernández Ganuza ‘Elena Ódena’, máxima dirigente del grupo durante dos décadas junto a su marido Julio Fernández López ‘Raúl Marco’. Este será destituido por dos de los supervivientes de los procesos militares de 1975, que a continuación convocarán un congreso que decide disolver el grupo en 1991.

TESTIMONIOS PERSONALES

El documental consiste básicamente en los recuerdos ante la cámara de dos decenas de entrevistados, de máximos dirigentes a militantes de base, de entusiastas a disidentes. Sus testimonios van pasando revista a la evolución y momentos claves de la historia del grupo clandestino, que llegó a tener miles de militantes abnegados y muchos simpatizantes en todo el país. Explican cómo funcionaba la actividad clandestina, qué pretendían, cuáles fueron errores y aciertos. Y añaden su reflexión personal al cabo del tiempo. Tienen ahora la edad de la jubilación, entonces eran muy jóvenes. Vidas que han transcurrido ya en gran parte y que aún se agitan con estos recuerdos.

Es un conjunto variado de testimonios contradictorios. No hay un texto previo que marque el terreno de juego. Únicamente breves intervenciones de una voz femenina marcan la evolución histórica de los hechos. ‘La chispa y la pradera. El FRAP, una revolución imposible’, dirigido por José Catalán Deus y producido por Pop Producciones, será presentado el próximo 2 de octubre a las 20’00 horas en la Cineteca, Plaza de Legazpi, 8, 28045-Madrid, tel 91 517 98 17. La proyección tiene una duración de 78 minutos y será seguida de un coloquio abierto a los asistentes.

El documental ya puede descargarse por internet en Filmin

MERCADOTECNIA CONSUMISTA PARA UN PROYECTO TOTALITARIO

P. Rojo Barreno

12/06/2016.

Parece que en España unos cuantos jóvenes identificados con la llamada “nueva política” han descubierto la pólvora del marketing político. Quizás, para adaptarme a la situación, debería haber titulado este mensaje con la jerga al uso, algo así como: «online marketing creative ideas for a totalitarian project». He preferido, sin embargo, empezar refiriéndome a unos pocos detalles conocidos e incluso familiares, con objeto de apuntar los, desde mi punto de vista, “significantes más significativos”, sin enredarme en la semiótica esparcida por Jean Baudrillard en su intento de interpretar a su maestro Guy Debord.

Si menciono a los dos mandarines gabachos del posmodernismo de izquierdas, desdeñados o incluso repudiados de boquilla por buena parte de la “Nueva Izquierda” de nuestra nueva política actual, -digo bien actual ya que la etiqueta de nueva izquierda se está reiteradamente utilizando en el mundo desde 1964 cuando Herbert Marcuse publicó los argumentos generadores de la llamada: “New Left” norteamericana- es por considerar que sus conjeturas, sobre todo las del precursor Debord con su famosa teoría del espectáculo, siguen inspirando de forma vergonzante sus tácticas propagandísticas.

El argumento fundamental de la mencionada teoría de Debord son los cambios de paradigmas revolucionarios tras la transformación del proletario –el sujeto que lo único que podía perder eran sus cadenas- en consumidor de una emergente clase media dentro del estado de bienestar, consolidado en la Europa capitalista tras la segunda guerra mundial . De esta forma, el sistema capitalista dispuso que al nuevo consumidor trabajador de clase media, había que tutelarle para que durante su extenso tiempo de ocio, tras lograr la jornada de ocho horas dentro de la semana laboral de 40 horas, se dedicara a consumir irreflexivamente mercancía averiada de fetichismo producida por las flamantes industrias del entretenimiento. De este modo se conseguía una extraordinaria fuente de realimentación del sistema capitalista, además de la reificación (cosificación) del manipulado consumidor trabajador.

rebelarsevende

Esta revisión del materialismo histórico implicaba la correspondiente sobre la “Agitprop” de raíz marxista-leninista. Sin alharacas teóricas, la mencionada New Left norteamericana la puso en marcha construyendo un zaparrastroso edificio teórico pero un fenomenal negocio. Quienes mejor explican el rentable filón de la contracultura son los profesores canadienses Joseph Heath y Andrew Potter en su ensayo: “Rebelarse vende. El negocio de la contracultura”. En este notable ensayo Heath y Potter nos detallan cómo los orates y negociantes contraculturales han desarrollado lucrativos negocios basados en la jerga de lo alternativo al repugnante consumismo de masas capitalista, registrando y vendiendo marcas «transgresoras» como las zapatillas de deporte “Black Spot” y demás sellos de la transfiguración de hippies a yuppies como: Diesel, Bershka, Pull and Bear, Von Dutch, Vans y, por supuesto, la coolest minivan que sustituyó al Volkswagen escarabajo de los sesenta y la música alternativa repetitiva y ejemplo axiomático del consumo competitivo. Un consumo competitivo elevado a la desfachatez, no porque los abuelos hippies y los papás punks, beatniks, ecologistas y demás tribus se vendieran al sistema convirtiéndose en yuppies, ni por la cacareada asimilación de su disensión, sino porque ese «Matrix» metafórico teorizado por Debord, parece que gusta a quien lo prueba, hasta el punto de que procura trasmitírselo a sus hijos, incluyendo a los engendrados y criados en el anonimato paterno del matriarcado tribal. Así lo hicimos con nuestros hijos pródigos de la nueva política que, como buenos herederos del disimulo, prefieren que les identifiquemos como alumnos de Antonio Gramsci, aquel impoluto héroe del comunismo aniquilado en las cárceles del fascio que teorizó sobre la necesidad de crear una nueva cultura de los trabajadores, frente a la burguesa, como condición imprescindible para la emancipación de la clase obrera.

Pero el supuesto éxito de la mercadotecnia de nuestra nueva izquierda, anteayer marxista-leninista, ayer bolivariana y antisistema, hoy socialdemócrata y mañana amados líderes de la funcionariocracia de taifas, en el fondo desdeña el pensamiento gramsciano y adora el marketing con causa. Ese artificio que funde la verborrea antiglobalizadora yupi y trasgresora, sobre todo trasgresora al modo de Naomi Klein, con el «Zigzag Principle» de Rich Christiansen pasando por la “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman.

Y sobrenadando entre semejante olla podrida están los inventores del artilugio que todo lo puede: los Vannevar Bush, Gerard Salton, Ted Nelson y los últimos desarrolladores de algoritmos, donde los meta tags son consecuencia del marketing transnacional y su jerga se basa en el espíritu emprendedor representado por el santificado Steve Jobs. De esta guisa, la contrarevolución digital representada por Google aterrizó en La Habana hace unos días instalando un cibercafé con conexión gratuita. Ah la rebeldía como valor de consumo: «Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras».

Si señoras y señores, chicas y chicos, etcétera, etcétera. Nuestros nuevos líderes nos atiborran de eslóganes, teologías y palabras clave meta tags procedentes del marketing transnacional más aguerrido. Si quieres puedes, luego Podemos, eso sí, guiados por jóvenes con dotes de liderazgo y destrezas empáticas capaces de cambiar el paradigma, hacer el cambio, el cambio otra vez, instaurar el progreso, lo nuevo frente a lo viejo. No lo duden, la clave del éxito del metafísico cambio está en una combinación de audacia, innovación y liderazgo. Nuestros nuevos jóvenes y jóvenas líderes no son lumbreras del pensamiento social y político, tampoco originales, pero listos, lo que se entiende por el individuo o individua capaz de vender una burra tuerta, coja y sin dientes, sin duda lo son.

Una mentira goebbeliana sobre el trabajo en España

Si los políticos son demagogos y los votantes ingenuos, algo que hoy en España es evidentísimo, los políticos que hacen las mayores promesas, aunque sean inviables, ganan las elecciones, y aquellos que proponen sacrificios, aunque sean indispensables, las pierden. El resultado son deudas inmanejables que pagarán las próximas generaciones, que son los que ahora no votan.

La gravosa carga que la élite burocrática que controla el estado de las 17 taifas está perpetrando para nuestros hijos y nietos, además de ser una canallada, es una bomba de relojería de alta densidad y poco retardo. Uno de los componentes de la bomba es la mentira instalada sobre el trabajo, mentira goebbeliana que esconde intereses espurios. Lo conté en 2013 y lo mantengo.

“Del FRAP a Podemos: Crónica de medio siglo

Tras leer los tres tomos publicados de “Del FRAP a Podemos: Crónica de medio siglo. Un viaje con Ricardo Acero y sus compañeros” de José Catalán Deus, enlazo con este grupo. “Recordando al FRAP”.

¿Recordando para qué? Imagino que cada cual tendrá sus motivos pero los míos, tras muchos años de borrón y cuenta nueva, no son catárticos ni nostálgicos y mucho menos reivindicativos. Responden a la preocupación del viejo y retirado camarada de base Oliva ante la situación social, económica y política actual en España.

Aunque la obra emprendida por José Catalán Deus no es la primera que leo sobre la historia del PCE (ml)-FRAP, -las más recientes “Frap: una temporada en España” de Riccardo Gualino y “Mañana cuando me maten” de Carlos Fonseca- considero evidente que los objetivos y alcances expresados en la primera parte del título: Del FRAP a Podemos: Crónica de medio siglo, indican un propósito de racionalización ciertamente historicista, frente al determinismo del materialismo histórico al uso. Tras la lectura de los tres primeros tomos, entiendo que José Catalán Deus pretende estimular nuestra reflexión sobre el proceso histórico que inicia en 1964 con la escisión del PCE que funda el PCE (ml), el tardofranquismo, la transición y el periodo democrático vigente   cuya degeneración en régimen desmembrado, corrupto y clientelar, nos devuelve a una encrucijada esperemos que compleja y no trágica. Digo degeneración porque por muchos pecados originales que tenga el régimen actual, las tres grandes lacras señaladas tienen padres y madres reconocidas e incluso cumpleaños en el BOE.

Hoy como ayer, nos enfrentamos a problemas complejos. La diferencia es que hoy tenemos más experiencia y, espero, menos doctrina. ¿Podremos aún aportar algo más que batallitas para que nuestros hijos y nietos no cometan nuestros errores?

Happiness

“Those only are happy (I thought) who have their minds fixed on some object other than their own happiness; on the happiness of others, on the improvement of mankind, even on some art or pursuit, followed not as a means, but as itself an ideal end. Aiming thus at something else, they find happiness by the way. The enjoyments of life (such was now my theory) are sufficient to make it a pleasant thing, when they are taken en passant, without being made a principal object. Once make them so, and they are immediately felt to be insufficient. They will not bear a scrutinizing examination. Ask yourself whether you are happy, and you cease to be so. The only chance is to treat, not happiness, but some end external to it, as the purpose of life. Let your self-consciousness, your scrutiny, your self-interrogation, exhaust themselves on that; and if otherwise fortunately circumstanced you will inhale happiness with the air you breathe, without dwelling on it or thinking about it, without either forestalling it in imagination, or putting it to flight by fatal questioning.”

― John Stuart Mill, Autobiography