El Olé Corral

NO SOY DE UN PUEBLO DE BUEYES

10 de octubre de 2017.

Pablo Rojo Barreno.

Esta mañana del 10 de octubre de 2017 en que me encuentro consternado por los malos augurios sobre nuestro futuro como españoles, no sé muy bien porqué, se me amontonan y entrecruzan las evocaciones de los amigos que hice en Cataluña a través de muchas jornadas vividas y trabajadas, tantas que sumadas pueden resultar varios años, con versos de tres poetas que admiro: Miguel Hernández, Gabriel Celaya y Bernardo López García.

Recuerdo con indescriptible cariño a Luis Blasco de Tortosa, a Toni Lozano de Amposta, a Antonio Couceiro de Guissona, a Salvador Daurella de Granollers, a Miguel Ángel Costa de Bañolas, a Miquel Dorca de Olot, a Enrique Barón de Lérida, en fin, a tantos amigos con los que compartí esfuerzos e ilusiones en aquella Cataluña emprendedora y liberal que conocí y que, poco a poco, ha sido oscurecida, achicada y atenazada por el nacionalismo mesocrático y tribal. El acre dolor que me produce el contraste entre la evidente decadencia actual y la evocación de aquellos momentos de colaboración sin resquemores ni suspicacias, en empresas comunes para mejorar la vida y el trabajo de los catalanes y españoles me impulsan a preguntar: ¿Con qué derecho gentes de la hierba mala me quieren, nos quieren, arrebatar el pasado y el futuro?

No Miguel, como los catalanes de firmeza; no soy de un pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embarga yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Y con Gabriel repito que no reniego de mi origen, pero digo que seremos mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo. Al tiempo que con Bernardo; oigo, patria, tu aflicción. Amigos, compatriotas; yugos nos quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que debemos dejar rotos sobre sus espaldas.

EL CORPORATIVISMO, MÉDULA DEL NACIONALISMO CATALÁN

Y DEL POPULISMO DE PODEMOS Y SUS MAREAS SUCURSALES

6 de octubre de 2017.

Pablo Rojo Barreno.

   … parece imprescindible denunciar una de las tretas más importantes perpetradas por los nacionalistas etnicistas catalanes para lograr adhesiones y lealtades que, por mor de la descarada manipulación y adoctrinamiento de niños y jóvenes a través de la educación, ha pasado desapercibida. Me refiero a la enorme diferencia salarial a favor de los funcionarios de la Generalidad de Cataluña, con respecto a los funcionarios del gobierno central y de las demás Comunidades Autónomas, excepto Las Vascongadas últimamente llamada País Vasco o Euskadi.

   Todavía no se han disipado las caras desencajadas de la mayoría de dirigentes políticos, politólogos y asesores de todo pelaje, instalados en las administraciones y observatorios de esta España de las Autonomías, ante las peculiaridades sociales de los activistas visibles y ocultos integrantes de las “masas” que, con notable arrogancia y vigor, han protagonizado las algaradas y escraches consiguientes a la puesta en escena de un referéndum ilegalizado y la primera huelga general de la historia organizada por el poder legal constituido en la Generalidad de Cataluña. Pero al menos, ya todos sabemos, o deberíamos saber, en qué consiste el “derecho a decidir”.

   La sorpresa ante la constatación de la mayoritaria procedencia del estamento funcionarial entre los independentistas más acérrimos y el apoyo de empresarios agradecidos a los dirigentes de la Generalidad de Cataluña por sus medidas favorecedoras del “consum responsable i compra selectiva de productes de la terra” o a los contratos por obras y servicios, solo muestra el despiste autista posmoderno de las raleas instaladas en el poder político español repartidas en gobierno central, autonomías, diputaciones, alcaldías, observatorios, organizaciones si gubernamentales y demás negociados e instituciones del elefantiásico estado español. Bien es cierto que la deriva independentista perpetrada en Cataluña nos proporciona un escaparate notablemente esperpéntico, por estruendosamente paradójico, cuando se analiza desde el marco sociopolítico e histórico del tiempo que vivimos marcado por la globalización. Incluso puede resultar delirante cuando se analiza desde las perspectivas de las mutaciones del “materialismo científico” llegadas al relativismo epistemológico y social que la gramscimanía andante apenas puede disimular.

   Trataré de ir al grano fijándome en el desarrollo de la “Vaga General” perpetrada el 3 de octubre pasado por los gobernantes de la Generalidad y apoyada por la mayoría de los alcaldes de Cataluña, incluyendo en el paquete a la Alcaldesa Colau: «Queremos que las calles se desborden», los sindicatos CC OO y UGT en la equidistancia falsaria, pero sobre todo los minoritarios pastoreados por los grupos que conforman la Candidatura de Unidad Popular: CGT, Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC), Intersindical-CSC Coordinadora Obrera Sindical-COS (agárrense, estos dicen ser un sindicato independentista y de clase) la Unió de Pagesos y el Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes (SEPC). También exigían la colaboración activa en el desborde de las calles a las patronales que apoyan “El proces” al albur de favores y contratos de la Generalitat y ayuntamientos gobernados por grupos independentistas declarados o colaboracionistas por mor de sinecurias y oportunismos. En consecuencia, estuvieron firmes y en posición de saludo. No solo pararon y alborotaron los estudiantes, profesores y enfermeras de escuelas, universidades y hospitales públicos, también cerraron sus chiringos y paradetes los cofrades botiguers de Pimec, Cecot, FemCat, las joyitas de la corona: Agrolimen, Mediapro, Grifols, Parlem Telecom y, por supuesto, las entidades bien engrasadas con subvenciones de la Generalidad con ánimo de lucro y dedicadas a la Agitprop del golpismo independentista: el periódico Ara, Òmnium Cultural y Asamblea Nacional Catalana.

   A pesar de la inmensa sopa de letras que aparenta una sociedad consolidada en el objetivo de lograr la Republica de Cataluña, a pesar de los escraches a los comercios y los comandos cortando carreteras para impedir el paso de los transportistas y trabajadores, a pesar de las manifestaciones masivas y demás representaciones goebbelianas al grito proferido por maestras aflequilladas enardeciendo a sus alumnos al grito acusador de “fills de botifler” para los alumnos que no le seguían, estudiantes de universidades públicas y colegios de jesuitas enarbolando esteladas tuneadas de rojinegras cenetistas y sans-culottes barrigudos y calvorotas apellidados Fernàndez protegidos por Mozos de Escuadra que impedían la circulación a quienes querían ir al trabajo, esta huelga no fue secundada por la mayoría de los trabajadores. La huelga general promovida por las autoridades de la Generalidad de Cataluña fue secundada fundamentalmente por el sector público, sobre todo en las comarcas de la Cataluña profunda y caciquil donde gobiernan en comandita IRC y las CUP. De esta realidad, no se puede deducir que; “els treballadors catalans passen olímpicament de la vaga nacionalista” pero si comprobar el cómo se arrea el árbol y quienes recogen o pretenden recoger las nueces.

   Aquella Cataluña que había recuperado su Generalidad apenas padeció el “desencanto” de finales de los setenta y primeros ochenta que buena parte de la sociedad española sintió. Nada más lograr la presidencia de la Generalitat en 1980, Jordi Pujol i Soley se reivindicó como el centésimo vigésimo séptimo Molt Honorable Senyor y genuino sucesor de Berenguer de Crüilles, reinaugurando, con ello, los tópicos del viejo nacionalismo historicista al tiempo que, envuelto en la Senyera, lograba ocultar las sustracciones de la Famiglia Pujol-Ferrusola en la Banca Catalana. Pronto, muy pronto, la máquina de fem país se puso a la máxima potencia; sinecuras y comisiones, agitación y propaganda más tirones a cada gobierno central. Los primeros regalos sustanciosos fueron otorgados por Felipe González Márquez. Además de unas cuantas transferencias de poderes, los Juegos Olímpicos del 92 procuraron sustanciosos contratos públicos y que el franquista Samaranch dejase de llamarse Juan Antonio para convertirse en Joan Antoni y tener una avenida en Barcelona. De famiglia a famiglia, de los Pujol a los Sumarroca, la vaca burocrática fue engordando hasta llegar a la obesidad. Cuando parecía que explotaba, cuando la industria textil moría consumida por los incendios de las fábricas y el rebote de las aseguradoras, al tiempo que surgía en la retirada Galicia Inditex, cuando el clientelismo parecía agotarse al tiempo que la tasa de paro se situaba en cifras tercermundistas en comarcas como la Berguedà, el Ripollés y la Ribera d´Ebre antaño industriales, cuando se evidenciaba que la liberalización económica por la entrada de España en la CEE se le atragantaba a la industria catalana tradicional, al estar acostumbrada a los mercados cautivos otorgados por el Estado español, el 3 de marzo de 1996 ganó las elecciones nacionales, por la mínima, el Partido Popular.

   Pujol socorrió al antipático bigotudo castellano viejo mezclado con linaje vasco navarro Aznar que, de pronto, comenzó a hablar catalán en la intimidad. Y en las elegantes suites del Hotel Majestic del Paseo de Gracia de Barcelona, el 28 de abril de 1996 Aznar concedió a la Generalidad de Cataluña el incremento del 15% al 33% de la recaudación por IRPF, el 35% del IVA (antes cero) y el 40% de los impuestos especiales. Asimismo, le transfirió las competencias de tráfico, justicia, agricultura, cultura, farmacia, sanidad, empleo, puertos, medio ambiente, seguros, vivienda y, por supuesto, educación con el tácito acuerdo de permitir la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística que desterró el castellano de las escuelas públicas catalanas e impidió que se recurriera al Tribunal Constitucional y que se aplicara la ley que obligaba a la enseñanza conjunta.

   En 2003 llegó el Tripartito al gobierno de la Generalidad perpetrando, como medida profiláctica contra cualquier atisbo de liberalismo, el acuerdo autocrático repugnante en el Salón del Tinell que hubiera sonrojado a Pedro el Ceremonioso (para leer el texto íntegro enlazar aquí). Como remate, llegó luego al gobierno de España el leonés fantasioso; José Luis Rodríguez Zapatero quien, con su bonhomía impostada, prometió aprobar el estatuto que perpetrara el Tripartito, aunque luego se desdijo sonriente para pactarlo con Arturo Mas.

   Doy fe de que Zapatero gozó de una popularidad y prestigio sin precedentes, para un presidente de consejo de ministros del gobierno central español, entre los independentistas catalanes hasta el final de las vacas gordas. Todo parecía ir mejor que nunca en el País de las Maravillas, pero de pronto, no había un euro en la caja y las Caixas y Cajas entraron en barrena con la crisis financiera y el desmadre hipotecario. Las Caixa d’Estalvis, Unió de Caixes de Manlleu, Sabadell i Terrassa intentaron salvarse integrándose en Unnim Banc que inmediatamente quebró. La antes todopoderosa Caixa Laietana quebrada fue integrada en Bankia. La historia de Caixa Penedès es digna de la casa de la Troya. La de Catalunya Caixa es la de los cleptócratas enmascarados como socialdemócratas nacionalistas. Ni Pedro Solbes Mira ni su homólogo catalán Antoni Castells i Oliveres vieron venir a las subprime ni a Lehman Brothers, o no las quisieron ver.

   Pero la quiebra de la Generalidad de Cataluña, como consecuencia del incremento del gasto contante y la disminución de ingresos, estaba cantada incluso sin crisis financiera global. Porque sobre la cantinela del Estado del Bienestar se esconde la bulimia burocrática y la corrupción clientelar de unos estamentos que se han apropiado del derecho a decidir sobre quién entra en el castillo seguro de la administración pública y quien paga la cuenta. Si en la España actual hay un hecho diferencial no es el de la buena administración pública y desde luego, los gobiernos siempre nacionalistas de Cataluña son ejemplos genuinos de despilfarro y la corrupción con el dinero de todos. Pero como la bulimia burocrática es irrefrenable por constituir la dinámica de retroalimentación del estado clientelar, a las excusas de Castells i Oliveres de no disposición por culpa de la balanza fiscal desfavorable para Cataluña, su sucesor, azuzado por las exigencias de las famiglias que auparon a Arturo Mas, se adhirió al España nos roba.

Llegado aquí, me parece imprescindible denunciar una de las tretas más importantes perpetradas por los nacionalistas etnicistas catalanes para lograr adhesiones y lealtades que, por mor de la descarada manipulación y adoctrinamiento de niños y jóvenes a través de la educación, ha pasado desapercibida. Me refiero a la enorme diferencia salarial a favor de los funcionarios de la Generalidad de Cataluña, con respecto a los funcionarios del gobierno central y de las demás Comunidades Autónomas, excepto Las Vascongadas últimamente llamada País Vasco o Euskadi. Qué casualidad.

   El nacionalista catedrático de economía en la Universidad Pompeu Fabra e influyente miembro del Cercle d’Economia; Andrés Mas-Colell, se encontró en diciembre de 2010 la caja de la Generalidad vacía. Pero en lugar de emprender la austeridad que la crisis exigía, se dejó llevar por los cantos de sirena y la inercia de decenios. Al intentar varias piruetas seudo-keynesianas intervencionistas se pegó un trastazo de mayor cuantía que explican, en gran medida, las vicisitudes económicas posteriores y el doble salto mortal actual. Malgastó Mas-Colell en mantener a Spanair con ingentes cantidades de dinero público. La trama del caso BCN World es más cómica que la de “Un día en la ópera” de los hermanos Marx. Como no había un euro disponible y no se atrevió a desengrasar la administración, intentó vender a empresas privadas unas cuantas empresas de titularidad pública de la Generalidad. Aigües Ter-Llobregat fue adjudica a Acciona por 1.000 millones de euros, sin embargo, las Famiglias alrededor de Sociedad General de Aguas de Barcelona protestaron por el regalo a Acciona y se armó la consiguiente marimorena política y judicial que aún colea. En fin, Mas-Colell había heredado “los bonos patrióticos”, como Spanair, del tripartito, pero como no le quedaba más remedio que lograr liquidez, en 2011 lanzó dos emisiones de 3.200 y 4.223 millones respectivamente. Ya sin crédito y bajo la manta del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) del gobierno central, Mas-Colell lanzó una cuarta emisión de 2.307 millones en 2012. De este modo, la Generalidad de Cataluña quedó dependiendo financieramente del Estado español, al ser clasificada su deuda como bono basura por todas las agencias internacionales de calificación crediticia.

   La reacción ante la cruda realidad por parte de los estamentos asistidos por las arcas públicas fue pasar a una fase de radicalización que obligara al estado español a conceder bula en el gasto. Pero por mucho que Rajoy sea el arquetipo del alto burócrata que pretende gustar a todos sin conseguirlo; de donde no hay no se puede sacar.

Para las aldeas funcionariales que conforman las administraciones públicas y sus ramas y tramas adyacentes, las perspectivas de mantenimiento de su estatus y la conservación o logro de una plaza de trabajo en propiedad, (también es luminoso recordar que la Generalidad de Cataluña es generosísima con relación a los salarios en sus puestos directivos designados por el político de turno) en un mundo globalizado cada día más arriesgado al tiempo que abierto, es un objetivo prioritario que desprecia cualquier atisbo de respeto a los principios de mérito y capacidad.

   Entonces, la tentación de instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, sobre la base de la sumisión de la razón a la voluntad y la acción de conseguir la homogenización de la nación soñada, aplicando un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas y revanchistas, es fortísima. Tanto que desprecia el raciocinio y la realidad económica hasta el punto de imaginar una autarquía basada en una hispanofobia y una germanofilia muy escondida pero evidente en cuanto se rasca un poco el relato xenófobo del separatismo catalán. Recordemos, por mucho que sea recurrente, que así se erigió el fascismo y el nacionalsindicalismo.

   Y si acordamos que la psicología posmoderna se adhiere a la frase adjudicada a Oscar Wilde que la única manera de liberarse de la tentación es ceder ante ella, parece evidente que la masa funcionarial y los empresarios que obtienen su condumio del erario de la Generalidad de Cataluña, nada menos que el primer sector económico por encima del sector turístico e industrial, con más de seiscientos mil asalariados (muchos son alistados en servicios y cultura para disimular) están subsumidos en la ideología nacional-corporativista.

   Que la caída en la tentación corporativista del nacionalismo separatista catalán responda a las condiciones implantadas con el tiempo por sus élites políticas extractivas, no puede hacernos olvidar que el Estado de las Autonomías ha producido las condiciones objetivas y subjetivas que han activado las tentaciones corporativas. No me parece casual que Podemos y sus mareas sucursales nacieran en las zahurdas de las universidades públicas españolas arrasadas por la arbitrariedad más descarnada, producida por la endogamia y la “omertá”. Los Comités de Defensa de la Revolución (bandas de chivatos al servicio de la dictadura Castrista de Cuba que en Cataluña han sido rebautizados como Comités de Defensa de la Nación) también pululan impunemente por esos lares.

   Aunque el reto independentista hoy no permita despistes ni juegos florales, no debemos olvidar sus causas y ponernos a reflexionar cómo renovar la España de las autonomías. De lo contrario, más pronto que tarde gimotearemos en su entierro.

EL “BARCENASGATE”

P. R. Barreno. 18/07/2013.

He realizado un experimento a escala personal. He comprobado que cuando me ausento de la patria mía durante unos cuantos días y resisto la tentación de comprar el único diario español que circula por el resto de Europa, o entrar en blogs o sitios de información sobre España, cuando retorno y tomo un taxi, como el taxista suele llevar la radio encendida a buen volumen, compruebo que las noticias y comentarios de los tertulianos de cualquiera que sea la emisora sintonizada, son variaciones sobre los mismos temas del día en que partí.

La sensación de prórroga continua de los problemas es más perceptible con la distancia. No es solo consecuencia del tortuguismo de las administraciones, notablemente la de justicia, también incide el escabechado interesado de los problemas para prolongarlos y aderezarlos con nuestro peculiar vinagre. Sin embargo, la acidez no puede evitar una putrefacción previa y, por lo tanto, el componente suele presentar el aspecto cutre de una rediviva Valleinclanesca Corte de los Milagros.

Los escándalos de corrupción en España son una constante histórica que se desenfrena con la conquista de América. Un maestro en el tráfico de influencias, corrupción y venta de cargos públicos fue Francisco de Sandoval Duque de Lerma quien, a pesar de robar a mansalva, se fue de rositas. Desde entonces, su ejemplo ha tenido tantos seguidores que se puede hablar de una tradición profundamente arraigada.

Si seguimos la moda referencial histórica recordaremos que nada más comenzar la segunda república, los nuevos dirigentes se aplicaron en tirar con la vieja pólvora del rey y pasar en unos meses de 58 coches oficiales a 741. Luego siguieron las escandaleras del Estraperlo, Nombela, el oro del Banco de España y el yate Vita. El franquismo lo tuvo claro desde el principio; “Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos”. Francisco Franco, 21 de agosto de 1942. En consecuencia, las “familias” de régimen prosperaron sin trabas y los escándalos como Barna Traction, Sofico, Matesa o el del aceite de Redondela consolidaron la tradición fundada en el poder despótico y oligárquico.

Con la democracia representativa llego la libertad informativa pero no la transparencia ni limitación del poder político. El rápido establecimiento del régimen de partidos consistió en evitar que los centros de poder estuvieran sometidos a estrictos mecanismos de control externo (checks and balances: frenos y contrapesos).

WatergateLPDesnaturalizada la democracia, las corrupciones y corruptelas proliferan en el abonado terreno caciquil y clientelar hasta constituirse en el corazón del régimen. Los escándalos suelen airearse con las crisis por falta de engrase tapabocas aunque el rosario de “funny names” sobrepasa con creces las 59 cuentas. Avivo la memoria con los más famosos: “ni Flick, ni flock” seguido por Filesa, el AVE de los convolutos, Expo 92 y los centenares de “casos” y “casitos” que abarcan a todos los niveles de las administraciones del estado. Al primer desmadre de los casos Roldan, Palomino, Naseiro, GAL, Villalonga, Forcem, le han seguido un segundo lote con el advenimiento de crisis económica actual: Marbella, Matas, Pretoria, Millet-Palau de la Música, Campeón, Nóos-Urdangarín, Gürtel, ERES falsos, EMARSA y, el penúltimo pero no menos importante; Bárcenas.

La tremolina político-mediatica generada por el caso Bárcenas me parece más agrandada que la trágica de los GAL. Como derivada de la llamada trama Gürtel contiene el morbo extra de un burócrata con síndrome de Warhol pillao con las manos en la masa, unos medios de comunicación obsesionados con las exclusivas estentóreas y varios dirigentes del Partido Popular en entredicho, entre otros, el Presidente del Consejo de Ministros de la nación Sr. Rajoy.

Si bien las informaciones y contrainformaciones del caso están provocando todo tipo de especulaciones y negocios, tengo la impresión de que el palpable disgusto de la gente obedece a la evidencia de que en España, al igual que según el Sr. Zapatero cualquiera puede ser presidente del gobierno, también cualquiera puede ser gerente y tesorero del partido político más extenso de la nación y llegar por ello a Senador y multimillonario en euros.

La publicación de parte de los llamados “papeles de Barcenas” me ha producido un enorme sentimiento de vergüenza ajena. Que semejante chapuza sea obra de un tesorero licenciado en Ciencias Empresariales por el ICADE-Universidad de Comillas demuestra que los vacíos formativos del país se remontan unas cuantas décadas.

Conocedor del funcionamiento de la justicia española y consciente del maniqueísmo amarillento de demasiados medios de información, ni se me ocurre pronosticar las consecuencias políticas de este escándalo, no obstante, teniendo en cuenta como terminaron otros casos tan graves o más que este, auguro mucho ruido y pocas nueces.

El “Barcenasgate” es una muestra más de la gangrena de la corrupción institucionalizada por el régimen de partidos. Como sabemos, las gangrenas no se atajan con explicaciones, piruetas dialécticas, ni siquiera con inmolaciones del aparente mandamás, sino con la amputación de las zonas necrosadas. No es una broma, la infección afecta a todas las instituciones, amenaza la existencia de la nación y la libertad y derechos de los ciudadanos que aspiramos, con todo derecho, a una democracia plena y moderna. Desgraciadamente, la casta no parece estar dispuesta a limpiar la pocilga donde hoza.


¿Para qué cambiar algo si todo va fenomenal?

P. R. Barreno 07/07/2013.

Desde hace unas semanas el gobierno de la nación española está virando su discurso. Ahora toca relajar los objetivos de déficit, bajar el diapasón reformista trompeteando luces al final del túnel, esperando que las cifras macro y las coyunturales del paro, cuyo aliño apenas esconde una tasa de actividad inferior al 60%, junto con los chutes en prestado de Draghi, les permitan seguir trampeando y trampeándonos para, entre tanto, vengan días y caigan ollas electorales.

Para rematarnos la faena, los que toman el nombre de Keynes en vano siguen mareando la perdiz de un modelo maravilloso que solo ellos y los puros de sangre pueden percibir. Quizá sea esa privilegiada percepción de triste memoria, lo que les permite sostener que las luces del túnel son luciérnagas y que lo que las administraciones tienen que hacer es gastar más y luego quien sea, you and me, proveerá.

Entre pitos, disgustos y el millar largo de eternos sumarios por corrupción, se trajinan sin prisas y con sigilo, los proyectos legislativos que proclaman el aumento de la transparencia, la mejora de la justicia o la educación con los acostumbrados tejemanejes del “Tinglado de la Antigua Farsa”.

Encantador de serpientes

Aunque el oficio de farsante todos estados abarca, es evidente que la vida buscona ha cambiado mucho desde los tiempos de los cómicos de la legua. Hoy abundan en Celtiberia los espurios farsantes cortadores de cintas, a quienes les gusta fotografiarse con los comediantes, juglares y bailarines auténticos, por aquello de las ventajas de la empatía simulada. Parecer un estupendo preocupado por el arte y sus artífices parece un buen anzuelo publicitario y un placebo eficaz a la hora de aplicar la austeridad creativa, eso que antes se conocía como la ley del embudo.

En honor a la verdad, el actual Secretario de Estado de Cultura Sr. Lassalle, no es muy aficionado a protagonizar eventos ni vedetismos mediáticos. Por el contrario y como excepción de la regla, Lassalle prefiere el perfil bajo de intelectual liberal tecnocrático, en contraposición a su jefe el Ministro Wert. Así, sus intervenciones se circunscriben en las esporádicas y obligatorias en la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados y en coloquios, cursos y conferencias donde se suele mostrar menos comedido que en el Congreso.

Me parece bien que los gobernantes se expresen con libertad, pero parece un tanto impúdico que lo hagan como si no tuvieran responsabilidades de gobierno. Es lo que ha hecho esta semana el Sr. Lassalle en el curso “Museos y Mecenazgo, hoy”, organizado por la Universidad Complutense. El problema es que esa ¿autocrítica? tiene freno y marcha atrás. Por un lado Lassalle reclama una nueva Ley de Mecenazgo con urgencia y luego matiza con aquello que la crisis condiciona mucho, que la cultura española es demasiado dependiente de las Comunidades autónomas y los Ayuntamientos, y demás argumentos disolventes hasta que, en un acto reflejo evasivo, el Secretario de Cultura del Gobierno de la Nación indujo a los escuchantes hacia «una reflexión crítica sobre las relaciones que han mantenido históricamente la cultura y el poder, unas relaciones constantes e intensas».

House of Commons XIX CMe figuro que cuando el Sr. Lassalle nos incita a la crítica histórica es porque él lo ha hecho con anterioridad, que se ha empapado sobre el curso histórico de esas relaciones desde el renacimiento hasta nuestros días, incluyendo el paternalismo del antiguo régimen, las revoluciones europeas más o menos liberales, el romanticismo, el nacionalismo, la utópica República de las Letras, la destrucción del “Système des Beaux Arts”, la crítica a la industria cultural de la Escuela de Frankfurt, el intervencionismo del poder político mediante el agobiante dirigismo del “État culturel”, el modelo noreuropeo basado en las industrias creativas, el modelo alemán, en fin, el modelo Keynesiano basado en el principio del “arm’s-length”.

Leí “Liberales, compromiso cívico con la virtud” cuando su autor, el Sr. Lassalle, no era todavía Secretario de Estado de Cultura. Escrito con cierto hermetismo, el ensayo reivindica el pensamiento de tradición liberal republicana iniciada por los whig británicos que luego conformaron John Locke, Adam Smith y Edmund Burke. Sin embargo, tras una densa trascripción histórica del desarrollo del liberalismo británico de los siglos XVII y XVIII, Lassalle pega un considerable salto para criticar la corriente actual tachada como neoliberalismo por economicista y menospreciadora de la virtud cívica de raíz cristiana. Para ello, Lassalle ignora el posterior desarrollo práctico inspirado en ese liberalismo en las naciones donde prosperó, para aplaudir las tesis de John Rawls y el “nuevo pacto social” de un republicanismo que justifica la intervención del estado como redistribuidor y guardián de la virtud cívica de la nación.

Cada vez que leo o escucho que la libertad individual debe subordinarse a los fines sociales me estremezco, sobre todo por haberlo escuchado con mil perversos retruécanos y, sobre todo, haberlo sufrido. Por supuesto, ningún gobernante quiere pasar por insensible a las penalidades que sufren los ciudadanos, pues sabemos que todos tienen «gran conciencia social». Por lo tanto, entiendo que el «compromiso cívico con la virtud» que asume el Sr. Lassalle, no contiene exageraciones robesperianas sino que se inspira en el modelo neorepublicano de Philip Pettit y John Rawls, basado en la santa interferencia, por supuesto no arbitraria, del poder del estado que, por nuestro bien, tiene facultades superiores, más por constituir un ente virtuoso que por estar contrapesado por otros poderes.

Con estas premisas y sabedor de la predica de Lassalle en el núcleo que dirige el Consejo de Ministros del gobierno, es posible entender sus decisiones pero mucho mejor su inmovilismo. Si lo importante es que la virtuosa república nos guie por el recto camino es evidente que para el Secretario de Estado de Cultura “État culturel” es más virtuoso que el “arm’s-length” de países tan sospechosos como Reino Unido o Dinamarca.

El problema, por tanto, no es que el gobierno no tenga una estrategia sobre la cultura y el arte, la tiene y no es muy diferente de la del gobierno anterior, pero como para llevarla adelante necesita unos recursos de los que carece, se encuentra paralizado. Para disimular y evitar el surgimiento de alternativas más eficaces y menos onerosas, Lassalle sigue en la oposición: «El modelo del gobierno anterior era inflacionado por inversiones planteadas -y lo digo así- a golpes electorales, sin contenidos sostenibles en el futuro, opaco en su financiación pública, deudor de clientelismos basados en subvenciones nominativas otorgadas sin ningún tipo de control ni transparencia, desasistido de redes de circulación, debido a la compartimentación competencial, y gravado por costes de gestión inflados por tutelas inaceptables de patrocinio político». Tiene razón y por ello no lo toca ni en una coma.

La prueba es el llamado “Plan Estratégico General 2012-2015” ENLACE AL PLAN. Como pueden comprobar, se trata de un compendio de buenas intenciones y proclamas voluntaristas con muchas “estrategias” e incontables proyectos que al carecer de compromisos de calendario ni presupuesto, se queda en agua de borrajas. Incluso las propuestas que desde mi punto de vista merecen el calificativo de estratégicas como son la 4.1:«Fomentar la participación de la sociedad civil en la creación y programación cultural» y la .4.4: «Establecer un plan de captación de recursos que promocionen el apoyo económico de la sociedad civil a las artes escénicas y musicales en términos de prestigio, desgravación fiscal y cultura del mecenazgo» siguen en el limbo del dolce far niente del Secretario.

Mientras tanto, hasta las joyas de la corona o de la república coronada se desmoronan. El Liceu creado el 1847 y expropiado en 1986 está pasando, descontando incendios y catástrofes naturales, por uno de los momentos más tristes de su historia. Parecida situación se aprecia observando los déficits del Teatro Real. Son la punta del iceberg de la catastrófica gestión de la cultura de los políticos y la demostración de la urgente necesidad de una reforma integral del sistema cultural español.


Un cambio axiológico civilizador ha comenzado

P. R. Barreno 27/05/2013

Por fortuna, la “Estetocracia” parece tener los días contados.

Ayer, por casualidad, escuché y contemple los asertos de uno de los jueces más famosos del país al que no le gusta que le que le titulen como estrella. ¡Quién lo diría!

Me refiero, nada menos, que a su Señoría D. Javier Gómez Bermúdez, titular del Juzgado Central de Instrucción Número 3 de la misma Audiencia Nacional, quien contestó en la tele a varias preguntas sobre cómo entiende que se debe impartir justicia en este país. Sin duda, la prestancia y rotundidad con que se expresa este juez, predispone a quien le escucha a darle la razón. Sin embargo, si me abstraigo de esa estampa de juez implacable y me atengo a lo que dijo, descubro que la lógica y justeza de sus argumentos dejan mucho que desear.

Dejo a un de lado, que es mucho dejar, su aseveración respecto a que «pese a todo ello, la Audiencia Nacional funciona» para centrarme sobre una de sus contundentes declaraciones. Me refiero a la que asegura «que la financiación ilegal no es delito, es una infracción administrativa». ¿Cómo? Perdone su señoría pero aún sin poner en duda que nuestro voluminoso código criminal no tipifique ese delito explícitamente, es evidente que tenemos jurisprudencia suficiente, por ejemplo, el caso Filesa, que demuestra que para que se produzca la financiación ilegal de un partido político, es imprescindible que financiador y financiado falseen documentos mercantiles, y eso es un delito.

Divina Proporción

Lo curioso es que tras la exhibición de rigidez leguleya, el ínclito juez respondió a la siguiente pregunta del entrevistador con el siguiente oxímoron: «No entiendo el no-indulto a Garzón… Yo lo hubiera indultado al día siguiente, y eso que creo que la condena es justa». Perdone Sr. Juez, si la condena es justa lo justo es que el condenado la cumpla.

Descartado el síndrome de Hybris, me parece que si a las declaraciones de este tenor se añaden sentencias enloquecidas, instrucciones eternas, tortuguismo procesal y las trifulcas sectarias cotidianas, la lamentable percepción de los ciudadanos sobre la Administración de justicia en España está justificadísima. De hecho, el ciudadano lo que espera de la justicia es igualdad, eficacia, seguridad, tutela y amparo. Como sabemos por padecerlo, el estado español es incapaz de cumplir con esos cometidos aunque siga cacareado que tenemos un estado de derecho. Vamos, que la maldición calé; “pleitos tengas y los ganes” está vigente, nadie lo duda.

Ha sido al cavilar sobre estos asuntos cuando me ha venido a la memoria el opúsculo de Felix de Azúa titulado “Ovejas Negras”. Se trata de un borrón y cuenta nueva donde el poeta y Catedrático de Estética repudia los mitos de juventud con los que construyó su carrera profesional e intelectual. Así, Azúa se pregunta cómo es posible que admirara a embaucadores irresponsables de la catadura de Barthes, Althusser, Deluze, Kristeva, Sollers, Pleynet, Sarduy y «¡tantos otros ya desaparecidos!».

Lo impresionante es que la caída del caballo de Azúa y otros paisanos arrastrados por la vorágine sesentaochista y posmodernista, no ha sido como consecuencia del debate entre dómines de eso que llaman ciencias sociales, sino gracias a la denuncia de los físicos Alan Sokal y Jean Bricmont quienes desenmascararon en 1997 mediante el ensayo; «Las imposturas Intelectuales» a los mencionados por Azúa y otros santones del posmodernismo como Baudrillard, Chomsky, Derrida, Foucault, Lacan, Lyotard y Virilo. La demolición del galimatías de los santones posmodernistas, constructivistas sociales y relativistas cognitivos, amén de antiguos estructuralistas, sigue siendo una tarea ardua ya que su discurso, habría que decir “relato” en su metalenguaje, constituye la base del eurocentrismo cultural dominante desde hace cuatro décadas largas. Para comprobarlo, basta repasar la diarrea de retruécanos neopopulistas que pringa a nuestras leyes, a nuestros libros de texto, a los delirios etnicistas y lingüísticos, o al relativismo cultural cuyo primer mandamiento asegura que nada es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que el relatador relata.

Pero si todo es relativo, si todas las ideas son igual de válidas en su contexto, si todas las culturas son respetables, si en el arte todo vale y la belleza una circunstancia que se valora dependiendo su contexto, si la verdad es forma, la mentira es contenido y cuando damos forma al contenido lo llamamos arte, etc. etc. ¿cómo se puede mantener que el racismo es una aberración humana, denunciar la misoginia, la ablación del clítoris, el maltrato animal o la antropofagia, si todas estas perversidades son aceptadas por otras culturas?.

Este cúmulo de despropósitos, por muy implantados que parezcan, son insoportables y, por tanto, insostenibles. Estoy convencido de que la justicia a la carta, la cultura etnocentrista por la mañana e inconmensurable por la tarde y el arte incrédulo y pamplinero, conceptualmente onanista y extasiado en sus naderías y seudoprovocaciones, en fin, esta estetocracia imperante, tiene los días contados. Los indicios del final de la intolerancia y la censura al mérito del artífice, la recuperación del sentido de la belleza, el apreciar la grandeza de lo sublime, el volver a conseguir que la emoción forme parte de la vida real de los seres humanos me parecen signos y reivindicaciones que se están abriendo paso en nuestra sociedad. Así sea.

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