Sobre la renta básica universal incondicional

Cita de: “EVOCACIONES DE UN CAMBIO DE RUMBO”
O
“MANUAL DEL PERFECTO ZASCANDIL”

09/06/2017

Recordad, se educaron en valores, es decir, en el conductismo pedagógico constructivista vigente, implantado por los primeros gobiernos de Felipe González Márquez.

Tal y como corresponde al buen ciudadano rousseauniano, aquel pedagogo que mandó uno tras otro a la inclusa a los cinco hijos que tuvo con una pobre lavandera, nuestros aspirantes a liderar y transformar lo que quede del país donde nacieron, asimilaron con denuedo las tradicionales metodologías más o menos marxistas de la lucha de clases. Así, fundan sus estrategias en el intento de construir un bloque social y político hegemónico. Para la consecución del objetivo, una de las tácticas principales, utilizada además como recurso moral, es lograr la justicia histórica. Semejante aporía no tendría sustancia sin referencias el correspondiente coctel de promesas de futura prosperidad dirigidas al estamento formado por quienes ganan su sustento en la industria y el comercio privado. No obstante, hay una promesa clave dirigida a los estamentos sociales excluidos por el adulterado mercado laboral vigente en España, antes conocidos como pobres o proletarios, pero ahora bautizados por la desquiciada jerga retruécana de moda como “precariados”.

La madre de todas las promesas es la publicitada renta básica universal incondicional sin control de recursos ni exigencia de contrapartida. Se trata de un ingreso o salario proporcionado por el estado a −todos y todas− por el mero hecho de residir en el reino, capaz de cubrir las necesidades vitales de cada cual y cada cuala, con perdón. Aunque presentada como novísimo bálsamo de Fierabras social, esta propuesta tiene poco de nueva. El primer apóstol de la renta básica universal conocido, muy anterior a la muy publicitada como la vía capitalista al comunismo de Philippe van Parijs de 1995, fue el activista norteamericano por la consecución de los derechos civiles para los negros; James Charles Evers quien, en 1968 propuso un “Workfare” o paga suplementaria a quienes sus ingresos fueran insuficientes para proporcionarles una vida digna. Si no es una novedad, tampoco es revolucionaria, al menos que consideremos como tales a personajes como Richard Nixon y Milton Friedman quienes la promovieron a principios de la década de los setenta del pasado siglo. Tampoco le gustaría el calificativo al tory John Major quien estableció el primer “Workfare” en el Reino Unido en 1993, enseguida adoptado por Australia y Canadá. Poco después, el gobierno federal de EEUU instauró el Personal Responsibility and Work Opportunity Reconciliation Act (PRWORA) en 1996, impulsado por el congresista republicano Eugene Clay Shaw Jr. y ratificado por el presidente demócrata; Bill Clinton. Otros estados como Wisconsin, Washington y Vermont instauraron sistemas Workfare complementarios al federal.

Pero el primer gobierno que estableció un ingreso indiscriminado para todos sus ciudadanos fue el de Alaska bajo la presidencia del republicano Jay Hammond. Los primeros pasos se dieron en 1977 cuando, mediante una enmienda constitucional aprobada en referéndum y la consiguiente aprobación legislativa, estipuló que al menos el 25% de los recursos que el estado obtenía de la explotación de sus minerales y petróleo, irían a un fondo estatal; el Alaska Permanent Fund Corporation (APFC). De esta manera se estableció que los beneficios financieros obtenidos por APFC (funciona como los seguros de vida o de pensiones) se dedicaran a programas de ayudas sociales exclusivamente enfocadas a los individuos. Desde entonces, la APFC se ha convertido en la empresa que genera los mayores recursos de Alaska, superando desde 1999 a los procedentes del petróleo y la extracción de minerales. Mientras que desde su fundación la APFC reparte todo tipo de prestaciones a los ciudadanos, el que nos atañe es el “Alaska Dividend” instaurado en 1982 por el propio Jay Hammond, aunque su nombre oficial es: Permanent Fund Dividend (PFD). Como puede deducirse, se trata de un dividendo de los beneficios obtenidos por la APFC, que se reparte a partes iguales cada año a cada adulto y niño residente legal en Alaska. Naturalmente el monto asignado a los niños es administrado por sus padres o tutores. El PFD varia un poco cada año, si bien, en los últimos años sobrepasa los 2.000 dólares por persona.

Tampoco Lee Kuan Yew, el que fuera longevo y carismático líder de la próspera ciudad estado Singapur y declarado admirador de Francisco Franco Bahamonde parece merecer el título de izquierdista, más bien el opuesto. Pero bajo su prolongada presidencia, se implantó una ética del trabajo basada en exaltar el trabajo duro y la responsabilidad personal como valores fundamentales de la sociedad. Sobre estas premisas, el estado de Singapur estableció, entre otros programas sociales, un modélico sistema para la vivienda en propiedad −el 90% de las casas y apartamentos son de propiedad privada− y, desde 2008 la renta suplementaria general llamada: “Workfare Income Supplement (WIS) Scheme”. Su filosofía es estimular el trabajo y el estudio mediante suplementos en efectivo a los trabajadores cuyos ingresos están por debajo de cierto umbral, pero que pueden probar que han trabajado por un tiempo mínimo durante un período determinado. Al mismo tiempo, para reducir la expulsión del mundo laboral de los mayores, Singapur reduce hasta el 100% las cotizaciones a la seguridad social de los empresarios, cuando contratan trabajadores mayores de 50 años con niveles profesionales bajos, incentivando con ello la contratación de trabajadores mayores vulnerables. Además, una parte del suplemento estatal es ingresado en el fondo de pensiones y al fondo de ahorro sanitario, con el loable objetivo de mejorar la vida de los mayores. Los suplementos del Workfare de Singapur incentivan el esfuerzo individual por mejorar conocimientos y, en el caso de los estudiantes, obtener buenas notas, trabajar durante las vacaciones, etcétera. Este breve repaso, más el imprescindible histórico que revela que fue el canciller con el casco con pincho Otto von Bismarck quien instauró el primer sistema de seguridad social en la Alemania de 1889, seguido bastante más tarde, en 1911, por el liberal británico David Lloyd George, parece indicar que la sensibilidad social no es exclusiva de las ideologías que así lo pretenden. Por lo tanto, cualquier propuesta que proyecte mejoras sociales como la renta básica o la alternativa conocida como trabajo garantizado, debe estudiarse y debatirse sin anteojeras sectarias e ideológicas que tanto enturbian la reflexión. Es decir, con argumentos en pro y en contra y sobre cálculos acreditados, evitando los prejuicios neoludistas y demás enredos apocalípticos.

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Sobre la renta básica universal incondicional

Por Pablo Rojo Pablo time to read: 4 min
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