LA ENÉSIMA BATALLA PERDIDA

17/03/2017

Pablo Rojo Barreno

Tras la escandalera desencadenada durante la presentación en rueda de prensa del renombrado como Centro Internacional de Artes Vivas de Madrid −por cierto, una curiosa traducción del francés que en español se evidencia aún más la tautología: “Le Centre des Arts Vivants” de Paris Bastille− por su flamante responsable Mateo Feijoo y la, hasta entonces, concejala del área de cultura Celia Mayer, la alcaldesa Manuela Carmena decidió anteayer destituir a Mayer y asumir dicha área.

Feijoo-Mayer

Que el nombramiento de Feijoo no sería recibido por muchos con alharacas era obvio. No solo por la personalidad y trayectoria del elegido, también por las heridas sin cicatrizar tras el despótico despido de Juan Carlos Pérez de la Fuente y por la composición y fórmula ultrarrápida con que la comisión del concurso público decidió su sustituto. Fue en pocas horas de deliberación que la comisión de valoración «integrada por profesionales y expertos del tejido cultural local, nacional e internacional, de reconocido prestigio y trayectoria» formada por: Aurora de Andrés, periodista; Elena Ros, productora de compañías de circo; Juan Pablo Soler, gestor de los teatros Romea y Circo de Murcia; Chema Blanco, gestor del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla; las coreógrafas Claudia Faci y Àngels Margarit (recién nombrada directora del Mercat de les Flors de Barcelona) y Ruiz Ligero del sindicato Unión de Actores y Actrices, decidió el ganador del concurso sobre 32 candidaturas. Como puede deducirse, para los paladines de la “nueva política” los conflictos de intereses y la endogamia retroalimentada no están en su lista regeneracionista.

El pasado 6 de marzo, Mateo Feijoo presentó su proyecto ganador con el talante y la visión que demostró como director del Teatro de la Laboral, en la Ciudad de la Cultura de Gijón. Así, el renombrado como Centro Internacional de Artes Vivas será: «gran laboratorio de creación actual interdisciplinar». El problema es que la neolengua derivada del idioma español relativiza algunos conceptos tanto como absolutiza otros, en función de quién, cómo, para qué y porqué. Así, hay géneros escénicos que Feijoo no considera relevantes para su laboratorio, por lo que para demostrar preventivamente quién es el que manda, retiró los nombres de Max Aub y a Fernando Arrabal de las naves 10 y 11 del matadero. Sin dilación, presentó su programa ideológico a través de la programación. Por supuesto Feijoo prefiere a los creadores inconformistas, radicales y transgresores. Como fuente justificante de sus predilecciones, el flamante director apela a la autoridad de los marxistas freudianos de la Escuela de Frankfurt: Theodor Adorno y Max Horkheimer, reconocidos censuradores de la masificación e industrialización de la cultura. Me imagino que no se atrevió a mencionar a Gramsci o Laclau por resultar tan obvio como inoportuno. Por consiguiente, no hay trampa ni cartón, Feijoo declara que desdeña la cultura y el teatro de masas por considerarlos alienantes. Como suele ocurrir cuando alguien es señalado con bronca y repercusión mediática, Feijoo ha recibido el apoyo de sus camaradas y amigos abajo-firmantes de un manifiesto encabezado por personalidades como: Angels Margarit (Directora del Mercat de les Flors y coreógrafa, Premio Nacional de Danza), Carmen Werner (Coreógrafa y Premio Nacional de Danza), La Ribot (Artista, Premio Nacional de Danza y Medalla de oro de las Bellas Artes), Marcos Morau (Premio Nacional de Danza), María Muñoz y Pep Ramis (Premio Nacional de Danza y Premi Nacional de Catalunya), Mónica Runde (Coreógrafa y Premio Nacional de Danza), Mónica Valenciano (Coreógrafa, Premio nacional de Danza) etcétera. Los abajo-firmantes justifican su apoyo al proyecto de Mateo Feijoo por considerar que permite la continuidad y la convivencia de otras formas de creación en el contexto escénico madrileño. Además, subrayan la “pluralidad” y la “oportunidad” de incluir: «nuevos artistas, nuevas obras, nuevos mundos, nuevos espectadores».

Sin embargo, los artistas que no son tan nuevos, tan vanguardistas, tan rompedores, tan epatadores de burgueses, tan outsiders, tan experimentales, tan eclécticos, tan postmodernos y todo lo demás, se sienten ninguneados y protestan.

Para enfatizar su protesta y la difícil situación del sector, los artífices de la danza en España en general y en Madrid en particular, se suelen reunir en jornadas y mesas para manifestar el lento declive de oferta de espectáculos y el consiguiente descenso de trabajo e ingresos. Señalan, con razón, a los responsables políticos de sus desdichas al ser las administraciones del estado las principales contratantes de las artes escénicas. También se duelen de la merma constante de las escasas ayudas del estado y de la ineficiencia de los gestores culturales. Pero a pesar de estar cargados de razones para quejarse y pedir mejoras, insisten en denunciar los fallos administrativos y, sobre todo; la falta de una «auténtica política cultural». Creo necesario señalar que el adjetivo auténtico precisa una referencia de autoridad, bien sea en la tradición o en la experiencia. En ambos casos para la práctica de nuestras artes escénicas y sobre todo para la danza, ambos referentes son ilocalizables desde que el relativismo moral y conceptual se ha impuesto en España.

Teatro-madrid-2

Distinto es asegurar que no existe una política cultural por parte del estado español. Existe y está a punto de cumplir 40 años. El artículo 44.1 de la Constitución Española declara: «los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho». Por otro lado, el 9.2 establece; «corresponde a los poderes públicos facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social». En consecuencia, el primer gobierno de Felipe González legisló la tutela del “Sistema Teatral Español” en 1985 desde el Ministerio de Cultura, mediante la fundación del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). Si bien en 1985 el INAEM apenas era una superestructura, enseguida aparecieron y se multiplicaron por todas las administraciones del estado superestructuras similares que, generaron cuantiosas estructuras teatrales. Incalculables son el número de funcionarios, servidores públicos y empleados al servicio de estas instituciones. Así, España es campeona del mundo de teatros de titularidad pública que; por falta de programación o por una oferta de espectáculos exquisitos, suelen estar vacíos o derruyéndose como ocurre con el Teatro Madrid de La Vaguada.

Como sabemos bien, el estado español no es dirigido por ángeles, arcángeles y querubines, sino por políticos y funcionarios instalados en cuatro niveles administrativos que, entre otras funciones, tienen la potestad de dirigir la cultura. También es archisabido, pero no publicitado, que a pesar de la crisis fiscal que sufre y sufrirá nuestro endeudado estado, la suma de lo dedicado por las cuatro administraciones, no está en la cola de gasto en cultura por habitante de Europa sino de las primeras. Por el contrario, cuando se llega a las artes escénicas, el número de funciones y espectadores de teatro y sobre todo de danza, está en la cola y en constante descenso desde 2010. De estos datos y de la penuria que padecen la inmensa mayoría de los artistas y técnicos del sector, se debería deducir que el Sistema Teatral Español es ineficiente por despilfarrador y arbitrario. Mejor dicho, que el dinero del contribuyente se esfuma en gastos varios antes de llegar al acto teatral. Empero, la inmensa mayoría del sector profesional de las artes escénicas, incluido el de la danza, no admite esta evidencia.

Estoy convencido que el Centro de Artes Vivas de las Naves del Matadero de Mateo Feijoo será todo un éxito. Lo será seguramente por motivos loables y meritorios en lo artístico, pero, sobre todo, porque su experimento de laboratorio no precisa la ratificación del espectador. Que los espectadores sean muchos o pocos, las entradas se vendan o regalen no tiene importancia alguna porque la administración municipal que nos tutela, se ha encargado de no incentivar ordinarieces como que los contribuyentes que suministran los fondos de estos centros, acudan en masa al Centro de Artes Vivas de las Naves del Matadero, por mucho que en masa estén obligados a pagar los impuestos que permiten la existencia de este centro.

Como el sector de la danza que me ocupa y preocupa ni siquiera considera alternativas al sistema paternalista miserable actual, ni entiende que la crisis fiscal se agudizará aún más, ni tiene confianza alguna en la sociedad civil y hablar de mercado es mencionarles la bicha ideológica, el callejón sin salida de la tutela en la miseria está servido.

Hoy, en Madrid o en cualquier otro lugar de España, pintan oros para unos unos pocos y bastos para la mayoría, mientras dicen que volverán los liberales cuan torna la cigüeña al campanario. Contemplemos pues la enésima batalla perdida como antecedente de la cantada derrota de la dignidad de los libres, si es que para entonces queda alguno.