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Publicado «Caminos sobre la mar»


Caminos sobre la mar integra una crónica sobre los principales acontecimientos políticos, económicos y sociales ocurridos en España y el resto del mundo durante buena parte del siglo XX y en las dos primeras décadas del siglo XXI. Con este relato histórico «con trazos autobiográficos», Pablo Rojo nos convoca a la reflexión sobre los acuciantes problemas que atañen a los españoles, ofreciendo al lector una visión auténtica, sin filtros, alejada de verdades edulcoradas o manipuladas, de dogmatismos, doctrinas y trincheras ideológicas y basada en el estudio, la experiencia propia, el análisis crítico y el aprendizaje de los aciertos y errores. Un punto de vista que busca abrir los ojos del lector y hacerlo reflexionar libremente sobre las razones que han desembocado en un presente que lejos parece del paraíso de derechos y libertades que se nos vende y sobre el incierto futuro que, oculto tras cortinas de humo hábilmente manejadas y dispuestas, parece cernirse sobre la sociedad si no se produce un profundo cambio de rumbo.

Pablo Rojo Barreno

ENTREVISTA EN TREGOLAM SOBRE CAMINOS SOBRE LA MAR

ENLACES Y OTROS RESTOS


MASCOTAS Y ANIMALISMO


SECUELAS DE LA INDUSTRIA POLÍTICA

LOS FRACASOS DE BIDEN

LOS CUENTOS DE ECHENIQUE Y RIBERA


HACIENDO AMIGOS. SOBRE MASCOTAS Y CAMBIO CLIMÁTICO</p>
 


LOS PROGRAMAS ELECTORALES</p>

LA AGENDA DEL PSOE CAMINO DE SERVIDUMBRE

Plan España

EL HETEROPATRIARCADO POSCOMUNISTA

ENSEÑANZAS DE UNA NEVADA «HISTÓRICA»

LA EUTANASIA Y POR AHÍ TE PUDRAS

EL VODEVIL DE LOS «EXPERTOS

LA VENGANZA COMO MOTOR DE LA HISTORIA

EL HIJO DEL SIGLO. UNA NOVELA HISTÓRICA

EL PROCÉS CONTINUA Y SUS EJECUTORES YA VEN LA META

DE LOS NIÑOS ROBADOS POR EL FRANQUISMO

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL MITO DE LAS HURDES

LA VICTORIA LÚGUBRE DE LA IZQUIERDA REACCIONARIA

CONCISA HISTORIA DEL PSOE

TIEMPO DE SILENCIO EN DÍAS DE RUIDO

DECÁLOGO PARA LA SOLUCIÓN FINAL DE UNA VEZ POR TODAS

NO SOY DE UN PUEBLO DE BUEYES

EL CORPORATIVISMO, MÉDULA DEL NACIONALISMO CATALÁN

SOBRE LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL INCONDICIONAL

LA CHISPA Y LA PRADERA. EL FRAP: UNA REVOLUCIÓN IMPOSIBLE

VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE LA ÚLTIMA VACA SAGRADA DE ESPAÑA

BAILANDO CON LOBOS Y EL BOLERO DE CASPE

ENROCARSE O MADURAR, ESA ES LA CUESTIÓN

ALGO MÁS QUE POPULISMO O LA GUERRA COMO ACTO POLÍTICO

INCÓLUMES PERO ACARTONADOS

LA IMPOSTURA:¿NARCISISMO O PLAGA DE LA ÉPOCA?

LOS INTERESADOS Y AMNÉSICOS CANTOS A LA JUVENTUD

ENTRE REFORMAS Y CONTRAREFORMAS

EL LEÓN CON SU EJÉRCITO

DE LOS INTERESES CREADOS EMANA LA MALA EDUCACIÓN

ANTONIO ESCOHOTADO: EL ADMIRADO SABIO AUDAZ

CATARSIS VIAJERA

CRÍTICA DE ARTES ESCÉNICAS Y REBELIÓN

LAS MÁS QUE MEMORIAS DE RAMÓN TAMAMES

¿A QUIEN BENEFICIA LA DESIGUALDAD LABORAL? 

NO SOY DE UN PUEBLO DE BUEYES

10 de octubre de 2017.

Pablo Rojo Barreno.

Esta mañana del 10 de octubre de 2017 en que me encuentro consternado por los malos augurios sobre nuestro futuro como españoles, no sé muy bien porqué, se me amontonan y entrecruzan las evocaciones de los amigos que hice en Cataluña a través de muchas jornadas vividas y trabajadas, tantas que sumadas pueden resultar varios años, con versos de tres poetas que admiro: Miguel Hernández, Gabriel Celaya y Bernardo López García.

Recuerdo con indescriptible cariño a Luis Blasco de Tortosa, a Toni Lozano de Amposta, a Antonio Couceiro de Guissona, a Salvador Daurella de Granollers, a Miguel Ángel Costa de Bañolas, a Miquel Dorca de Olot, a Enrique Barón de Lérida, en fin, a tantos amigos con los que compartí esfuerzos e ilusiones en aquella Cataluña emprendedora y liberal que conocí y que, poco a poco, ha sido oscurecida, achicada y atenazada por el nacionalismo mesocrático y tribal. El acre dolor que me produce el contraste entre la evidente decadencia actual y la evocación de aquellos momentos de colaboración sin resquemores ni suspicacias, en empresas comunes para mejorar la vida y el trabajo de los catalanes y españoles me impulsan a preguntar: ¿Con qué derecho gentes de la hierba mala me quieren, nos quieren, arrebatar el pasado y el futuro?

No Miguel, como los catalanes de firmeza; no soy de un pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embarga yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Y con Gabriel repito que no reniego de mi origen, pero digo que seremos mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo. Al tiempo que con Bernardo; oigo, patria, tu aflicción. Amigos, compatriotas; yugos nos quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que debemos dejar rotos sobre sus espaldas.

LA RAUXA DOMINA AL SENY

09/06/2017

Desgraciadamente, vivimos la enésima bravata que padecieron nuestros antepasados. La historia, al menos desde el siglo XIX, demuestra que el llamado «seny catalán» es un mito, aunque ya Quevedo definió a Cataluña como «ese laberinto de privilegios, este caos de fueros».

Ha sido el privilegio en la concesión de mercados cautivos, desde el tráfico de esclavos en Cuba y Puerto Rico hasta el textil, el principal resorte de la prosperidad de la región peninsular. Y es que, aunque los bandoleros actuales no lo digan, los motivos de la «rauxa» actual, proviene de la percepción de la burguesía decadente que, con la entrada de España en la UE, sus privilegios comerciales se esfumaban, «España nos roba» al entrar en la UE y tener que competir.

La banda de politicastros catalana sabe bien que si logra la independencia está en el Catexit en consecuencia; sueñan con monopolizar la aldea. Recuerdo que el entonces historiador recuperado por el franquismo Jaime Vicens Vives, definió la rauxa como la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del «todo o nada». Hoy, Josep Fontana (antes marxista-leninista internacionalista y ahora separatista posmoderno) convierte al muerto Jaume Vicens Vives en mito útil nacionalista por arte de birlibirloque.

El caso es que para el próximo octubre se está ensayando la repetición en forma de farsa, de la tragicomedia encabezada por Lluis Companys al declarar el 6 de octubre de 1934 el Estado catalán de la República federal española. La rauxa domina al seny.

ENLACE AL DESVÁN DE LA HISTORIA

LA IMPOSTURA: ¿NARCISISMO O PLAGA DE LA ÉPOCA?

    P.R. Barreno. 08/12/2014.

Acabo de terminar la lectura del relato, que no novela, de Javier Cercas titulado: El Impostor.

En un mar de dudas sobre su derecho a indagar en la vida de una persona, con objeto de encontrar la verdad verdadera –con perdón por el ahínco pleonástico- Cercas nos va introduciendo en la vida y milagros de Enric Marco Batlle; un nonagenario ciudadano que saltó a la fama cuando se descubrió, en junio de 2005, —justo cuando iba a intervenir en una celebración en el campo de Mauthausen, como representante español de las víctimas, en presencia del presidente Rodríguez Zapatero— que su reivindicación como superviviente del campo de concentración alemán de Flossenbürg era una impostura.

La rocambolesca patraña que se inventó Enric Marco tenía todos los ingredientes necesarios para que un irrefrenable curioso del alma humana como Javier Cercas, se transfigurada en epítome de Sherlock Holmes y Sanders Peirce, para descifrar las claves del enredo de la vida de un impostor y sus circunstancias. La última hazaña de Marco y por lo que ha pasado a la historia fue convencer, incluso a los verdaderos supervivientes del campo de concentración de Flossenbürg que por entonces subsistían, de ser un heroico damnificado de dicho campo, hasta el punto de disfrutar de la prestigiosa presidencia de la Asociación Amical de Flossenbürg durante tres años, lograr con ello reconocimiento y prestigio internacional, a tal grado de dar un conmovedor discurso en nombre de los 10.000 republicanos españoles deportados por el Tercer Reich; en el pleno del Congreso de los Diputados, recibir de la Generalidad de Cataluña la Creu de Sant Jordi y un sinfín más de reconocimientos y canonjías.

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El problema es que la última impostura de Enric Marco por la que logró la mayor fama, es el culmen de la vida de un bigardo de nuestra época, cuyo espectro social abarca a todo el firmamento ideológico y económico de nuestra sociedad, pasto de burlas y amarillas portadas, cuyo penúltimo capítulo lo protagoniza un tal Pequeño Nicolás.

Las reflexiones de Javier Cercas sobre las motivaciones narcisistas de los impostores, desde mi punto de vista y, sobre todo, desde mi experiencia, no contempla suficientemente la falta de empatía, mejor dicho, el grado de psicopatía de los individuos como Marco, capaces de marcharse a por tabaco dejando a dos de sus mujeres y a sus hijos en la miseria, mentir como un bellaco haciéndose pasar por activo combatiente en la Guerra Civil, resistente que se exilió, cautivo en un campo nazi, militante antifranquista, cuando en realidad fue un integrante del contingente de trabajadores voluntarios que Franco envió a Hitler, putero, delincuente que, curiosamente no sufrió persecución por parte de la policía franquista, propietario de un taller mecánico, secretario de la CNT una vez que Franco fue bien enterrado en Cuelgamuros y, en fin, receptor de una pensión suculenta como oficial excombatiente del ejercito republicano que nunca fue.

La lectura de «El Impostor” ha tenido la amarga consecuencia de reactivarme la memoria de aquella angustiosa época en que la soledad y el miedo tentaban a la responsabilidad y el compromiso de los pocos, poquísimos opositores al régimen de Franco. Luego aparecieron cientos de miles, ¡millones! y la angustia de unos pocos se transformó primero en alegría y, poco a poco, en aquello que se llamó el «desencanto» porque, efectivamente, aquella exuberancia de conscientes ciudadanos demócratas fue un encantamiento.

No es la primera vez que escribo sobre imposturas, ya sean referentes a los predicadores del bálsamo de Fierabrás contra todos los males de nuestra sociedad, cuyos púlpitos se asientan en albañales endogámicos que antaño fueron prestigiosos templos del saber y del mérito pero que, desde hace décadas, el vaticano de los Borgias parece el Monasterio de la Trapa de Orne comparado con estas “doctas” instituciones.

El escritor Román Piña se pregunta y responde en “La mala puta” «¿Puede un jazzman ser un amateur y salirse con la suya? Lo dudo. Es triste que un jazzman o un escritor, si son artistas de culto y de buen nivel, no se puedan ganar la vida con lo suyo. Pero es más triste aún que impostores o artistas mediocres si se la ganen, o utilicen estas disciplinas como medios para obtener ingresos extra, como quien coge un sobre de dinero negro».

La reflexión de Román Piña no solo se aplica a la literatura, ni siquiera a los llenadores de enormes vitrinas con tiburones tigre y formol, se trata de una realidad tan abrumadoramente destructora del mérito que me pregunto si la impostura es la verdadera plaga de la época.


ENTRE REFORMAS Y CONTRAREFORMAS

Desde Nebrija hasta las Leyes Sinde-Wert y Lassalle

P. R. Barreno – 23 de febrero de 2014

Ministro y Secretario de Cultura

Quizá la paradoja por excelencia de este tiempo y lugar, se nos empañe por cotidiana porque, convivir con el eslogan divulgado del uno al otro confín del espectro: «sanidad y educación pública y gratuita» junto con: «hay que convencer a la gente de que la cultura no es gratis» puede producir más de un cortocircuito neuronal. Resulta bastante chusco acusar a la “gente” de simple, por creer que la cultura y el arte pueden ser gratis mientras que, al mismo tiempo y con los mismos medios, se reclaman derechos igualitarios de acceso a la cultura o se denuncian por abusivas las patentes industriales, farmacéuticas o agroalimentarias de la multinacionales. ¡Formidable monumento a la antinomia cínica!

Un sucinto repaso sobre la propiedad intelectual

Sabemos que durante el Renacimiento, las repúblicas italianas (sobre todo Venecia) y algunos monarcas inteligentes, concedieron “patentes” (cartas abiertas o literae patentes) para explotar de forma exclusiva y por un periodo de tiempo, obras y descubrimientos de sus artistas, sabios y artesanos. Con el comienzo de la revolución industrial germina en Gran Bretaña la primera ley antimonopolios, primer hito legislativo que inaugura la transición de la economía feudal a la capitalista.

Antonio de Nebrija

Sin embargo, ya durante el renacimiento, los adalides del llamado derecho natural, que en España lo personaliza el humanista Antonio de Nebrija, entendían que la autoría es intemporal e intransferible, mientras que los utilitaristas propugnaban un derecho temporal como estrategia para incentivar la creación artística y científica. El caso es que el litigio entre ambos argumentos sigue tan vivo como el resto de los derechos de propiedad, aunque las urgencias producidas por el desarrollo de la conocida como sociedad de la información, ha sobrepasado el mero debate ontológico. En cualquier caso, lo que parece evidente es que el principio de que «las ideas y los hechos nunca podían ser propiedad de nadie» ha sido ampliamente alterado

Con el Estatuto de la Reina Ana de 1710 vence el pragmatismo del “common law”, consagrando unos derechos temporales como instrumento de incentivación del aprendizaje y la creatividad. Al registrar su obra «Six Pence shall be Paid, and no more», el estado británico reconoce, premia y protege contra el plagio al autor, al tiempo que estimula su genio individual, otorgándole un periodo exclusivo de obtención de beneficios derivados de su obra de 14 años, prorrogable por otros 14 años si el autor aún se encontraba con vida. Con la conclusión de este periodo, la obra pasaba al dominio público como bien de la sociedad.

Las sucesivas leyes y convenios internacionales aprobados en los últimos tres siglos, máxime el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas de 1886, cuya última revisión data de 1979, junto con el Tratado de la OMPI de 1996 y siguientes, han ido incrementado el tiempo de protección exclusiva de la obra exponencialmente. Así, la Directiva 2006/116/EC para la protección del derecho de autor y de determinados derechos afines, estipula que los derechos de autor sobre obras literarias y artísticas a que se refiere el artículo 2 del Convenio de Berna, se extenderán durante la vida del autor y setenta años después de su muerte, independientemente de la fecha en la que la obra haya sido lícitamente hecha accesible al público.

Entre los requisitos exigidos a España para ingresar en la CEE, se incluyó la adaptación de su legislación a las normas europeas sobre la propiedad intelectual, entre otros, la eliminación del monopolio sobre la gestión colectiva de los derechos de remuneración que la SGAE disfrutaba desde 1941. A la Ley de propiedad intelectual de 1987 que reduce el periodo hereditario pero amplia los derechos morales del autor, le siguieron, entre otras, la Ley 22/1987 del canon por copia privada (última modificación RD-ley 20/2011) al que le siguen detrás de cada salto tecnológico su correspondiente disposición: Ley 20/1992 programas de ordenador 16/1993, 43/1994, Ley 27/1995 de incorporación al Derecho español de la Directiva 93/98/CEE, RD 1228/2005 regula la Comisión intersectorial contra actividades vulneradoras de los derechos de propiedad intelectual, Ley 23/2006, que modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual 1/1996 y Ley 1450/2011 que modifica el protocolo de actos y contratos de trasferencia total o parcial de derechos de autor y conexos, modificación de la compensación equitativa por copia privada 1/2012.

La Ley vigente de la Propiedad Intelectual en España (LPI 1/1996 y 23/2006) afín a las vigentes en la mayoría de los países europeos, especifica que «los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento». Por otro lado, los derechos de explotación reconocidos a los artistas intérpretes o ejecutantes, por la fijación de sus obras, tiene una duración de cincuenta años. Asimismo, la ley reconoce amplios derechos morales a los autores, mientras que a los intérpretes y ejecutantes se les reconoce el derecho de autorizar la comunicación pública de su actuación, el reconocimiento de su nombre y la posibilidad de «oponerse a toda deformación, modificación, mutilación o cualquier atentado sobre su actuación que lesione su prestigio o reputación».

Por otro lado, el presidente norteamericano B. Clinton firmó en 1998, The Copyright Term Extension Act, más conocido como “Sonny Bono Copyright Term Extension Act” y mucho más con el expresivo título “Mickey Mouse Protection Act”. Con esta ley se extendieron, con carácter retroactivo, los derechos patrimoniales de autor durante la vida del autor más 70 años y para obras pertenecientes a corporaciones “corporate authorship” durante 120 años tras la creación o 95 años tras la publicación, independientemente de la anterioridad del punto final creativo. De esta suerte, los derechos de obras que ya pertenecían al dominio público como «Lo que el viento se llevó» o «Rhapsody in Blue,» recuperaron derechos por un periodo de 20 años. El mismo resultado lo obtuvo la Disney por sus “adaptaciones” cinematográficas de una parte del acervo cultural europeo de cuentos populares, o de obras literarias que, al ser de dominio público, no pagaron un céntimo por ellas: Peter Pan, La Bella Durmiente, Cenicienta, Alicia, Blancanieves, etc.

Blancanieves Disney

Si el argumento primigenio se basa en que la duración limitada del derecho de autor permite el equilibrio entre el interés que la sociedad tiene en promover la creación intelectual y el derecho del autor a explotar su obra durante un periodo de tiempo, es evidente que la extensión del periodo de explotación desequilibra el “pacto social”, en consecuencia, a más tiempo de restricción más coste social. Así, casi sin querer, surge la pregunta: ¿Con estas extensiones de derechos se incentiva a los creadores muertos o a las personas o empresas que heredaron o adquirieron esos derechos? Algunos datos pueden darnos la clave:
ENLACE A: Why does Amazon have more books from the 1880s than the 1980s?

Siguiendo el hilo desde las Américas, se puede entender la beligerancia de unos y la incesante actividad legislativa de los últimos años de otros, respecto a “los derechos de autor en la sociedad de la información”. Les propongo echar un vistazo a los informes anuales de la IIPA Special 301 (Alianza Internacional de la Propiedad Intelectual) el potente lobby norteamericano de sus “industrias culturales” que junto a los nacionales integrados en Ibercrea pesan lo suyo. Así, desde la “disposición final segunda” de la Ley de Economía Sostenible conocida como Ley Sinde, hasta las siguientes reformas sobre el mismo tema conocidas como Wert y Lassalle, es evidente que sus reprimendas y recomendaciones son tenidas en cuenta por nuestros legisladores.

Enlace a la lista IIPA 2013

Enlace al estudio sobre España de la lista IIPA 2013

      No solo de pan vive el autor ni el artista ni el arte

Con la extensión de derechos patrimoniales se cuelan de rondón todo tipo de restauraciones y las llamadas “obras derivadas” que engloba traducciones, adaptaciones, revisiones, actualizaciones, anotaciones, compendios, resúmenes, extractos, arreglos musicales y cualesquier transformación de obras literarias, artísticas o científicas. El coladero es un todo vale esperpéntico que alguna vez repercute en los medios cuando algún ingenuo aficionado de la lírica se le ocurre hacer una representación de “La Bohème” con sus amigos y se entera que tendrá que pagar derechos de autor a la editora de la partitura, a pesar de que Giacomo Puccini falleció en 1924. Parecida sensación tendría el Alcalde de Zalamea de la Serena cuando le exigieron el pago de los derechos de autor por la representación de un grupo de aficionados del pueblo de la obra “El Alcalde de Zalamea” a pesar de que Calderón de la Barca falleció en 1681. No son situaciones excepcionales, se trata de una pauta que siguen la mayoría de las ediciones de partituras operísticas centenarias, “ediciones críticas”, versiones escénicas y coreográficas que conocemos como obras clásicas. Esta realidad es sentida por amplios sectores de la sociedad como una usurpación de obras de dominio público, constituyendo perjuicio a terceros.

Otro perjuicio solapado provocado por la cultura maximalista de derechos para unos, se evidencia notablemente en las artes escénicas. Su peculiaridad efímera y la necesaria implicación en la representación teatral de diversas artes y artesanías muestra que, de hecho, todas las obras de las artes escénicas se realizan gracias a la colaboración y aportaciones de escenógrafos, figurinistas, iluminadores, tramoyistas, directores de escena, actores, bailarines, etc. Sin embargo, aunque las legislaciones de PI vigentes contemplan la autoría en colaboración, tanto las costumbres como las matizaciones de los sujetos y condicionantes como los derechos de los asalariados, los contratos de edición, los de representación teatral y ejecución musical junto con el acotamiento y definición de los artistas intérpretes o ejecutantes, impiden en la práctica que las aportaciones al proceso creativo de estos artistas sean reconocidas.

Colaboración

Aunque algunos dramaturgos, libretistas y coreógrafos reconocen las aportaciones de actores, cantantes y bailarines a sus obras, rara vez estos son reconocidos como coautores. Lo preocupante de esta realidad, no es tanto la pérdida de unos derechos patrimoniales sino la preponderancia de unos derechos del “autor” sobre los derechos patrimoniales y morales de otros. Al fin y al cabo, las artes escénicas existen solo cuando los intérpretes y artífices las representan en la escena.

Sin el desdén de muchos no es posible el arraigo de la discriminación, pero cuando al desaire se suma el privilegio, la realidad suele resultar obscena. Es lo que sucede a menudo con obras artísticas producidas con recursos públicos o empresas que reciben subvenciones. Si la mayoría de los países limitan los derechos de autor de los subalternos y funcionarios del estado, parecería lógico que también se limitaran una parte de esos derechos a favor del dominio público de las obras producidas y financiadas por el erario. Esta lógica que se aplica para unos no se hace para otros. Un ejemplo bochornoso al respecto fue la prohibición del coreógrafo Juan Ignacio Duato de bailar sus obras a la Compañía Nacional de Danza, a pesar de que fue dicha Compañía pública (financiada con los Presupuestos Generales del Estado español) quien produjo sus coreografías. Para mayor befa, Juan Ignacio Duato cedió sus derechos a la compañía privada rusa propietaria del Teatro Mijáilovski.

El estado español se tragó el sapo sabedor de que, aunque ganara el pleito respecto a los derechos de explotación de la mayoría de las coreografías de Duato, le sería materialmente imposible ponerlas en escena por la reclamación de los derechos morales del coreógrafo que le permiten impedir su representación cuando considere que su obra ha sido alterada. Un paso algo diferente, la expresión facial, o el fraseo de los pasos puede ser esgrimido como deformación, alteración y atentado que menoscaba la reputación del autor y, en consecuencia, motivo para desautorizar su representación.

La hegemonía de unos derechos sobre otros que impregna hasta la sintaxis de las legislaciones sobre propiedad intelectual, con la jerga de derechos afines, conexos o vecinos y diluyendo las autorías mixtas, no solo han generado estamentos profesionales y artísticos, también, en el caso concreto de las artes escénicas y musicales, el exagerado purito de muchos autores respecto a la integridad milimétrica de sus obras, está impidiendo la evolución natural de esas obras, como ha sucedido durante siglos con las que llamamos clásicas, a través de las aportaciones de los intérpretes y ejecutantes.

Los derechos instrumentalizados como privilegios, mezclados con la exageración egocéntrica o incluso el fraude de los que presumen de escupir en el altar del arte, pero protegen sus faltriqueras detrás de las fauces de la Bestia, chocan inevitablemente con la realidad del mundo globalizado por medios interactivos audiovisuales y textuales de comunicación en red. El bunkerizado establishment contempla horrorizado la proliferación de “obras derivadas” junto con las apropiaciones mediante “samplings”, “covers”, “remakes” y demás triquiñuelas y técnicas que fagocitan obras y patrimonios con la soltura de los que tienen poco que perder y algo que ganar.

La confusión y el desbarajuste que vivimos no lo origina Internet. Lo que hace la Red y sus diversos instrumentos es mostrar, a la brava, vergüenzas o triunfos. Así podemos distinguir el grano de la paja sin tener que pasar por el arbitrio de los sacerdotes del establishment. Verificar con un clic que la aportación del pianista ejecutante de la “Symphony Silent” de Cage ENLACE AL VÍDEO se limitará a cronometrar el tiempo o medir la altura y el ángulo de su mano respecto al teclado del piano.

Tampoco será fácil “samplear o “remakear” o hacer un “cover” a la coreografía “Duet” de Paul Taylor ENLACE AL VÍDEO Como verán, ejemplos notables del triunfo contra la plagio y la piratería.

Atareados en instalar válvulas de escape a cada lobby, es improbable que a los impulsores de la enésima reforma sobre la propiedad intelectual bautizada como Lassalle, tengan la tentación de elevar, mejor dicho, introducir normas deontológicas y equilibradoras en sus proyectos de reforma. Por lo divulgado por el Ministro, ahora le toca el turno a evitar que se rompa la llamada cadena de valor de algunos editores muy organizados pero inadaptados -‘Tasa Google’- y sortear los revolcones jurídicos mientras se espera la correspondiente directiva armonizadora de Bruselas.

Continuará.

Entre Los enemigos del comercio y El dilema de España

P. R. Barreno – 23 de enero de 2014.

En algún momento he comentado que el enciclopédico estudio emprendido por Antonio Escohotado en sus dos volúmenes titulados: “LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO Una Historia Moral de la Propiedad” suponen una inapreciable aportación para comprender el pasado y un formidable profiláctico contra las enfermedades infantiles del izquierdismo y sus derivadas populistas.

Hoy llamo la atención sobre un libro menos holista pero no menos didáctico. Se trata de “El dilema de España” escrito por el profesor de la London School of Economics Luis Garicano quien nos plantea dos posibles derivadas de la economía y la sociedad española: en una, nuestra economía se parece a la de Venezuela; en la otra con Dinamarca.

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Para llegar al régimen venezolano, según Garicano, solo necesitamos sostenella y no enmendalla, persistir el nuestro “capitalismo castizo” el régimen clientelar y en la corruptela.

Para dirigirse hacia Dinamarca Garicano receta emprendimiento y esfuerzo, pero sobre todo reformas estructurales y políticas que garanticen la seguridad jurídica y la transparencia. Entre las reformas que propone Luis Garicano aparece como imprescindible para reducir el pertinaz paro, la adopción del contrato laboral único al estilo danés.

En Dinamarca todos los sectores, incluidos los sindicatos, están de acuerdo en que «LA FLEXISEGURIDAD» es un buen sistema para generar empleo. «No hay ningún caso de un país en el que se haya reducido el paro de forma rápida y significativa si no es a través de la flexibilidad en el mercado de trabajo», asegura Per Callesen, del Banco Nacional Danés.

Este es el gran dilema, enfrentarse a la realidad con entereza o esperar que una Viceministra para la Suprema Felicidad Social nos facilite el soma de cada día.

«EL LEÓN CON SU EJÉRCITO”

Fábula de Félix María Samaniego en versión posmoderna deconstruida

P. R. Barreno. 05/12/2013

Comicos_de_la_leguaMientras que las naciones civilizadas hoy, superponen la cultura y la ciencia a la espada, y sus ilustres ciudadanos engrandecen su fama, gracias a la justicia y equidad de su sociedad, Tú Ministro/a, Secretario/a, Alcalde/sa o Concejal/a de culturas y contraculturas varias, te encargas de ayuntarnos al unzo neoestamental, pergeñando superestructuras piramidales rectoras del cardumen. Así, mediante el erario impones amistades, gustos, prebendas, panes y circenses con tal fervor que, en cinco minutos, tus Torquemadillas conceden o deniegan licencias a los juglares, danzantes y músicos, por aquello de proteger los sensibles sentidos de los ciudadanos, tan maltratados por el canonizado gusto oficial, implantado por los plagiarios del sobrino de Plinio que te festejan.

Al igual que la hormiga codiciosa trabaja en sociedad fructuosamente, y la abeja oficiosa labra siempre ayudada de su gente, los sabios patricios que nos rigen, uno más quince y unos cuantos anteriores, amén de asesores, ministros, primos, camaradas y cofrades, por nuestro bien nos sangran. De este modo del erario sacan sisan y controlan, desatinando asaz en lo que tocan. Ahí es nada; justicia, plata, usuras, finanzas, orden, educación, energía, agricultura, industrias, medio ambiente, urbanismo, comercio, transportes, comunicaciones, cultura, arte, ciencia, investigación, tecnología, material de oficina, moda, deporte, juego, bebida, comida, juerga, y todestamento-medievalo lo demás.

Cuando al aurea mediocritas se le añade el despotismo endogámico, florecen tarambanas, al Spanish style, en los más altos feudos. ¡A tapar la calle que no pase nadie, que pase mí y mí y mí! Y el último que apague la luz del aeropuerto y se una a los desposeídos de sus méritos que huyeron a las naciones cultas; cuál cultiva los campos, cuál las ciencias; cuál las artes y de diversos modos, juntando estudios, viajes y experiencias, resulta el bien en que trabajan todos.

Mientras tanto, la afligida patria se va consumiendo como semillero hirviente de un corazón podrido. Son las corrupciones vivas de sedicentes divinos creadores, de cuyas obras nadie tuvo ni tiene noticia, que envueltos en banderas gremiales se aposentan en despachos oficiales, mientras proclaman; ¡qué gran artista morirá conmigo!

LacucaQuizá azuce la agudeza, deconstruyendo, con perdón, la metempsícosis de la fábula: El León, rey de los bosques poderoso, quiso armar un ejército famoso. Juntó sus animales al instante: Como había cazado a los elefantes, cargó a los hombros de la mesnada contribuyente, un castillo repleto de paniaguados y lobos rabiosos que daban grima. Pues que había abatido también a los osos, encargó de los asaltos al banquero; al sindicalista con sus gestos y sus saltos mandó que al enemigo entretuviese; al economista que diese ingeniosos ardides al intento. Uno gritó: «la liebre y el jumento. éste por tardo, aquélla por medrosa, de estorbo servirán, no de otra cosa.» «¿De estorbo? dijo el Rey; yo no lo creo. En la liebre tendremos un correo, y en el asno mis tropas un asesor y estratega.» Así quedó la armada bien completa.

Aquí no hay moraleja ni conseja, si vislumbran personajes o se sienten retratados, no lo achaquen a un desenfoque ideológico de mi lente. No me invento el marasmo que vivimos, la nomenklatura fagocita al mérito y el ascensor social, si alguna vez lo hubo, en España hace mucho tiempo que está averiado.


DE LOS INTERESES CREADOS EMANA LA MALA EDUCACIÓN

P. R. Barreno. 27/10/2013

Estrenada en 1907, “Los intereses creados” fue considerada obra “progresista” hasta que el Benavente de 81 años acudió a una manifestación en la Plaza de Oriente, con el único objetivo de que el régimen le reconociera sus derechos de autor. Desde entonces, se le adjudicaron las etiquetas de autor burgués y convencional. Sin embargo, el teatro de fantoches es tan clásico como la tragedia o las danzas dionísiacas. Su itinerario pasa por el Cervantes de “El Retablo de las Maravillas” y “El Coloquio de los perros”, la Comedia del Arte, el esperpento Valleinclanesco y Els Joglars de Boadella. El impulso catártico que engrana este modelo de representación teatral, es la farsa ridiculizadora de los fantoches del poder.

Hoy gozan de popularidad las trapisondas conspiparanóicas, esas ficciones sobre omnipotentes asociados en el Club de Bilderberg, las teorías de Zeitgeist y demás elucubraciones sobre poderes ocultos que controlan el mundo. Semejantes sandeces generan a quienes las creen la impresión de vivir dentro del gran teatro del mundo cuan marionetas manipuladas. Nada nuevo bajo el sol, hace no tanto, los conspiradores eran los judíos o los masones. Sin embargo, creer, porque se trata de creencias místicas, que la partida está echada ya que estamos en manos de poderes ocultos que determinan nuestra vida, produce esterilización crítica y analítica.

Algo parecido ocurre con el llamado “estado del bienestar”. Con tan complaciente denominación se formula una Arcadia que sobrepasa, siempre y en cualquier lugar, las capacidades de los presupuestos estatales para redistribuir, ayudar y procurar la salud, la educación y la justicia de todos los ciudadanos de la nación. La experiencia, aquí y allá, evidencia infinitas contradicciones e ineficiencias entre el discurso paternalista y los choques de intereses entre burocracias, corporaciones y partidas. Mientras la coherencia y la justicia indican que la función social del estado moderno, en una sociedad abierta, es cubrir los riesgos de exclusión, la demagogia rampante proclama garantizar el acceso a la vivienda, salud pública, educación, seguridad jurídica y empleo. ¡Ahí es nada! Y sin embargo, a pesar del notorio incumplimiento, la tabarra continua abanderada en el “principio de subsidiariedad”, interviniendo en todo menos en lo sustancial. Así se logra “el bienestar del estado” cuyo ejemplo de apoteosis falsaria es el delirante y cursi “Viceministerio para la Suprema Felicidad Social” de Venezuela.

Els Joglars Ubu President

Aunque los gobernantes de estos lares no se atreven todavía a prometernos la suprema felicidad –rectifico, en algunas autonosuyas afirman que llegará a todos con la independencia- hace tiempo que los intereses creados alrededor del bienestar del estado se han enrocado en su bunker burocrático, mientras vocean que el que se mueva no sale en la foto. No hay más verdad ni realidad que sus intereses que se sintetizan en la famosa frase de John D. Rockefeller: “Yo no quiero ser dueño de nada sino tener el control de todo”.

La educación es una inversión en capital humano cuyo plazo de amortización está determinado en cada generación, por lo tanto, cada persona instruida gracias a la aportación pecuniaria de los ciudadanos al erario, tiene la obligación de devolver a sus compatriotas el capital que le anticiparon. Solo con el atracón de dopamina que otorga el discurso de los viceministerios de la suprema felicidad social, se pueden admitir consignas como Sanidad, Educación y Cultura gratuitas. El gratis total es el culmen de la mentira y su proclamación subliminal o descarada debería constituir crimen de lesa ciudadanía, sobre todo para quienes, tras proclamarlo y abanderarlo, llevan a sus retoños a colegios y universidades privadas y les operan sus averías en clínicas privadas.

Igual trato deberían sufrir los promotores de la mediocridad que hacen verosímil la diatriba de Bill Keller: Those who can, do. Those who can’t, teach. And those who can’t teach, teach teaching. «Los que saben, hacen. Los que no saben, enseñan. Y los que no saben enseñar, enseñan a enseñar».

Por mucho que nos indigne la brutalidad de quienes imponen a sus alumnos ser analfabetos en la lengua franca o inglés. Por mucho que las acémilas demagogas ignoren los estudios de Michael Young sobre la meritocracia y escupan igualdad cuando quieren decir que hay de lo mío. Por mucho que comprobemos cada día esa necia pretensión de modificar la realidad sin tener en cuenta la realidad, creo que no es sensato generalizar ni caer en la trampa de abanderarnos en esta lucha entre hienas, donde los Tirios renuncian al espacio español de educación obligatoria y a unas enseñanzas artísticas rigurosas y dignificadoras, mientras los Troyanos solo inciden en conservar las vetustas regalías del lobby pedagógico-sindical.

Son los intereses creados los principales causantes de nuestras crisis y del negro panorama para nuestra manipulada juventud. Por ello me alegran las iniciativas derivadas del análisis de la realidad y la razón, por ejemplo la de los alumnos del Conservatorio Superior de Danza de Málaga, constituyéndose como Asociación para pedir la adscripción de estas enseñanzas a la Universidad de Málaga. De esta forma, se unen a las acciones ya emprendidas por el Claustro de profesores y, el Consejo Escolar de dicho centro. ¡Que su ejemplo cunda!.


Antonio Escohotado: el admirado sabio audaz

01/10/2013.

La publicación del segundo tomo de “Los enemigos del comercio – Una historia moral de la propiedad” de Antonio Escohotado Espinosa, además de activarme la lógica curiosidad que supone empaparse con la erudición del pensador y, perdón por el oxímoron, filósofo de mayor espectro temático de nuestro país, presupone un sibilino retorno a la tremenda encrucijada en la que debatimos demasiado tiempo buena parte de la llamada generación de la posguerra; emancipación colectiva frente al libre albedrío individual.

Escohotado_2013_Rememorar vivencias compartidas durante la pubertad, aunque sea desde diferentes escalones, tiene la ventaja de facilitar la comprensión de las trayectorias personales y quién sabe si algo más. El joven Escohotado fue uno de los «chicos bien» pioneros del rock español en los albores de los sesenta en Madrid. Enseguida, a Los Estudiantes los emularon conjuntos juveniles en los barrios más populares como Delicias o Usera y, como ellos, nos dedicábamos a imitar a los Shadows y al melifluo Cliff Richard, o a los más durillos Comets. Mientras los más afortunados enseguida blandieron sus Fenders, los menos apañábamos nuestras acústicas con “pastillas” enchufadas a amplificadores del tocadiscos. Algunos lograron entrar en la rueda discográfica mientras que la mayoría teloneraba algún domingo en el Price o en el Consulado.

LosestudiantesMientras el rock se convertía en la música juvenil en la España de los sesenta, consolidándose hasta hoy, fui de los raritos que se fueron desentendiendo del rock, al compás de la “concienciación” que me fueron proporcionando las lecturas caóticas de los teorías de la Escuela de Frankfurt, del Estructuralismo, los semióticos y demás, junto con la sumisa militancia y el atracón de panfletos y arengas sobre los procesos de formación de superestructuras de alienación de las masas. Conclusión; Adorno y Horkheimer están en lo cierto, la industria discográfica basada en el aumento de la capacidad adquisitiva de las expansivas clases medias, era una parte fundamental de la industria del ocio, mera «pseudocultura» Prêt-à-porter.

Lo increíble, cuando lo vemos con la perspectiva del tiempo y lo acontecido, es el empecinamiento de muchos de nosotros en buscar liberaciones colectivas mientras que, al mismo tiempo, asumíamos que ante el aumento de la capacidad de consumo de los empleados y la aristocracia obrera en occidente que estaban conformando la nueva clase media mayoritaria del “El hombre unidimensional”, ese consumidor de bienes y servicios en forma de soma alienante. Entonces, si la lucha de clases como motor del cambio histórico era una entelequia, ¿de dónde sacaríamos la energía liberadora?

Aunque Escohotado reconoce sus devaneos juveniles con el PCE, no parece que le durara mucho el impulso colectivista. Por el contrario, fue de los pocos que rompió amarras y seguridades convirtiéndose en hippy chic en Ibiza. Reconozco que no simpaticé nunca con las evasiones causadas por el ácido ni la martingala musical de Pink Floyd, pues a la consideración de nihilismo burgués se sumaba mi vivencia personal en Norteamérica. Conocía de primera mano la decadencia física y moral de aquellos huidos de la Recruiting Station o desertores del boot camp, chavales que acogíamos como héroes de la causa antiimperialista, ejemplos vivos de la justeza de nuestro alineamiento incondicional con el Viet Cong. Que aquellos rebeldes abrazaran el movimiento psicodélico para evadirse de su difícil situación personal, con la misma fruición que los marines aliviaban su angustia en el contrataque a la ofensiva del Tet, cuestionaba demasiados tópicos sobre el comportamiento que un revolucionario debería tener.

Pero llego la transición, las libertades formales, la permanencia del terrorismo etarra, la crisis de la industria pesada, la “única política posible” para adaptarnos a la división internacional del trabajo, “el salto adelante a modo de rana” que conllevó a la instauración definitiva de las tres clases de trabajadores. A la crisis económica y social había que amaestrarla con la conocida receta contracultural que también había funcionado en otros países. Los angélicos izquierdistas nos negábamos a reconocer que nuestra gente ponía fecha de caducidad a la rive gauche de los Brassens, Brel, Ferré y Moustaki y a los conciertos de nuestros cantautores, incluidos los tediosos de la Nova Cançó. De las noches de estío de cantos corales adornados con eflúvicas humaredas herbóreas y mecheros encendidos, pasamos a los conciertos de primavera de 8 horas de duración, con la repetida consigna: «Sexo, drogas y rock & roll en todas partes. La movida ya está aquí». Es el triunfo del posmodernismo olé y la instauración de la nomenclatura cultural del nuevo régimen.

La doblez del discurso del poder incluía las poses frikis del Alcalde con traje cruzado y corbata, autor de “El miedo a la razón”, junto con la prohibición legal del consumo y tráfico de estupefacientes y el apoyo y subvención a los valores de la contracultura nihilista. Y todo ello a pesar de que el caballo adulterado se llevara por delante a una parte considerable de una generación que, por lo demás, se valoraba demográficamente excedentaria.

Desde la ley para «vagos y maleantes» de la segunda república, la ley de estupefacientes y la de peligrosidad social franquistas, la flamante democracia adoptó la estrategia cínica del inmovilismo táctico que combinaba la prohibición o la represión circunstancial, a pesar de los estragos sociales e individuales causados por esta política. La culminación de esta astucia es la conocida y vigente Ley Corcuera.

En medio del bochinche inducido y el consumo competitivo, aparece en 1983 “Historia general de las drogas” un extenso estudio histórico científico escrito con clara profundidad por el outsider Antonio Escohotado que, además de deshacer muchos prejuicios y vaciar el discurso de la toxicomanía como enfermedad, evidenció la doble moral del régimen. El desconcierto y posterior enfado del poder visible y oculto fue la inteligente propuesta de derogación de la prohibición de las drogas que no su legalización.

Curiosamente, los anatemas, amenazas y represalias sufridas por Antonio Escohotado tras la publicación de esta obra, no procedieron de los Pablos Escobares sino de los poderes del estado, las nomenclaturas académicas y los arcos iris de la opulencia exclusivista de la distinción de Saint-Germain-des-Prés, Saint-Paul-de-Vence, Calviá y Sotogrande.

La parodia legal para amedrentar a Escohotado y hacerle pagar su osadía; «Los inquisidores están siempre vestidos con sotana o con bata blanca» incluyó detenciones intempestivas, el correspondiente proceso kafkiano y unos meses en chirona.los-enemigos-del-comercio-una-historia-moral-de-la-propiedad-ii-9788467037982

Es cierto, «nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». Cayeron muros físicos y doctrinales. A muchos fulleros les llegó su San Martín gracias a las denuncias solventes como “Imposturas intelectuales” de A. Sokal y J. Bricmont o las desmitificaciones de las doctrinas “antisistema” “alternativas” y demás consignas contraculturales denunciada en “Rebelarse vende” de Joseph Heath y Andrew Potter.

Con la publicación del segundo volumen de “Los enemigos del comercio” Antonio Escohotado sigue aportándonos la sabiduría de su pensamiento científico en las ramas donde la especulación ha reinado durante demasiado tiempo y el populismo sigue manipulando. Ver declaraciones de Escohotado

Creo que lo importante no es como Antonio Escohotado se defina o lo encasillen, incluso confieso algún repelús respecto a sus declaraciones epatantes de antaño y ogaño, sin embargo, lo fundamental son sus sólidos argumentos, sin duda, dignos de admiración en estos tiempos de tribulación. Disfruten pues leyendo “Los enemigos del comercio” de Antonio Escohotado.

CATARSIS VIAJERA

04/09/2013.

Los sentimientos y reflexiones recogidos durante mis recientes viajes en pleno ferragosto del 2013 han sido tan imponentes que, para enfriar posibles excesos por acaloramiento, he esperado unos días antes de divulgar mis impresiones.

Hace ya muchos años que la posibilidad de hacer viajes exploratorios y románticos por parajes y culturas desconocidas son improbables, sin embargo, si el viajero mantiene los sentidos alertas y puede combinar ocio y faena, las percepciones sobre la realidad suelen ser más abundantes y sustanciales. Por ello, siempre que puedo, organizo mis viajes bajo las mejores circunstancias que me puedan permitir la visita descubridora y compartir la cotidianidad con las gentes del lugar.

Sin grandes planificaciones pero sin dejar demasiado espacio al azar, este verano me ha regalado vivir unas pocas semanas en lugares distantes y distintos en apariencia y naturaleza, pero cercanos en no pocas coyunturas. Desde esa aridez sustanciosa de las Garrigas, La Segarra y El Segriá Ilerdenses que matiza la vega del Segre, hasta la isla que Nicolás Guillén describe en su extraordinario poema metafórico como «un largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua» hay tantas disparidades como notables vínculos.

Derrumbe-LleidaEn la Cataluña profunda, todavía muy rural, que presume de preservar la esencia del país, la identidad y las tradiciones, he observado que hay muchos lugareños que escuchan con pavor los sucesos que cuentan los medios sobre La Mina y San Roque, o de San Cosme y Salt, al relacionarlos con una emigración variopinta reciente, que no termina de integrarse. Tengo la impresión de que se trata de una inquietud basada en la acumulación de hechos objetivos paradójicos como el envejecimiento de la población “genuinamente autóctona”, la propaganda patriótica enaltecedora de riquezas y virtudes de los auténticos catalanes, frente a la percepción de una degradación arquitectónica y cívica, cuya muestra evidente es el casco antiguo de Lérida habitada por emigrantes extracomunitarios.

Hospital-ruinaClaro que en la suma de parón demográfico y degradación arquitectónica, Cuba se lleva la palma. Si solo fuera La Habana vieja quizá el enésimo plan de “revitalización” oficial podría parchearla, sin embargo, el deterioro urbano e inmobiliario, mejor dicho, la devastación, se extiende por doquier por todo el país. Al pasear al anochecer por los distritos habaneros de Centro, o incluso por, el años ha, esplendoroso barrio del Vedado, se puede tener la sensación de ser abducido por Robert Krasker, para que entendamos sus claroscuros inestables en las ruinas de los edificios art decó, esta vez enfocados por los agotados faros de un Chevrolet Impala del 58, fabricado en Clark Street Detroit Assembly, mientras que en vez de escuchar la cítara tonante de Anton Karas, desde una cuartería ruinosa se escapa el sonido del reggaetón “Tú no eres buena” canturreado por unos cuantos jóvenes albergados.

el-tercer-hombre-juan-carlos-boveriNo muy lejos de Clark Street se ubica la sede primigenia de La Casa de La Habana, un viejo bar expendedor de cigarros en pleno centro de la quebrada capital del automóvil del siglo XX, cuyo patrimonio de viejos autos fabricados en la ciudad, es escaso en comparación con los que ruedan cada día en La Habana. Las relaciones circunstanciales entre ciudades y países tienen la cualidad de tentar un abordaje comparativo que, en el caso de Detroit y La Habana, puede conducir al tópico de los dos polos que se juntan o a la dialéctica de la lucha de los contrarios. No caigo en semejante tentación porque presiento un riesgo de cortocircuito racional.

Descartada la especulación teórica, me apetece compartir algunos detalles curiosos descubiertos durante estos viajes que, aunque bien conocidos y comunes en la panoplia de causas que explican el fulgor y decadencia de polis, megalópolis, naciones e imperios, cuando son contextualizados, pueden ayudar a comprender que sucedió, que sucede y que puede suceder.

Fue la visita a uno de los museos de historia guiada de La Habana, el causante de mi súbito refresco de memoria respecto a una parte de la historia, que mi padre contaba que lo contó el suyo, a la sazón veterano de las guerras de Cuba y de la batalla del Ebro junto a mi padre.

El parque público por excelencia de Barcelona lleva el nombre de su impulsor Eusebi Güell i Bacigalupi, Conde de Güell y uno de los genuinos representantes de la gran burguesía catalana impulsora de la industria, el mecenazgo cultural y artístico y la protección de los intereses económicos privados mediante la intervención política.

El primer Conde de Güell era hijo de Joan Güell quien, con apenas 30 años, instauró un monopolio comercial en Cuba que incluía el tráfico de esclavos y con el que hizo una gran fortuna. Al regresar a España invirtió su ingente capital en la creación de industrias textil y siderúrgica y en las finanzas. Conocedor de las ventajas de los monopolios económicos y el intervencionismo político, consiguió el proteccionismo comercial para la naciente industria en Cataluña y procuró obtener ventajas comerciales por influencia política (cohecho) tal que el privilegio real para la fabricación exclusiva de la pana. Así, fundó el Instituto Industrial de Cataluña, precursor del actual Foment del Treball Nacional, fue elegido diputado a Cortes por Unión Liberal, alcalde de la Ciudad Condal y senador por designación real de Isabel II.

Monument_a_Joan_Güell_i_Ferrer,_Gran_ViaVarias pulcras estatuas y monumentos dedicados a aristocráticos próceres adornan calles y plazas de Barcelona, entre otras, las de Joan Güell y Antonio López y López, primer marqués de Comillas, ambos precursores indianos de la nueva y pujante burguesía catalana decimonónica, cuyas grandes inversiones industriales e inmobiliarias en el ensanche de Barcelona, procedieron de las fortunas conseguidas en sus primeros negocios monopolistas y esclavistas en Cuba.

El “Grito de Yara” de 1868 fue la expresión de hartazgo de una burguesía emergente constituida por los criollos cubanos, ante la injusta forma con que la metrópoli les trataba. Una de las causas fundamentales de la rebelión fue el monopolio reservado para las manufacturas españolas producidas en Cataluña, que impedía el desarrollo económico de la burguesía cubana emergente.

La preserva de intereses y el monopolio proteccionista para las mercancías producidas en Cataluña en el resto de España, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, impulsó a la nueva oligarquía industrial y financiera catalana hacia posiciones belicistas en defensa del estatus quo en las colonias. En consecuencia, organizaron y financiaron a “los voluntarios de Cataluña”, un cuerpo mercenario formado por jóvenes payeses, para combatir a los insurrectos cubanos. Uniformados con barretina y bendecidos por el entonces presidente del gobierno español, el reusense general Prim, los nuevos almogávares, constituidos por varios batallones, combatieron en las tres fases de la guerra de Cuba.

Los últimos estertores del imperio español tuvieron un enorme coste para los ciudadanos españoles, cubanos y filipinos pero, como de costumbre, el sacrificio no fue igual para todos. Así, las grandes fortunas catalanas lograron mantener hasta el final el proteccionismo y desarrollaron empresas neocoloniales como El Banco Hispano Colonial, La Trasatlántica y la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

La intervención de EEUU y los consiguientes desastres de Cavite y Santiago de Cuba provocaron la crisis del 98, con la ulterior reducción del comercio protegido para la industria catalana, el encarecimiento de las materias primas y la aniquilación de la mayoría de las empresas de ultramar. Al mismo tiempo, se produce la radicalización del movimiento obrero revolucionario en la Barcelona industrial, cuya composición emigrante era mayoritaria. En este contexto de incertidumbre y violencia, aparecen las primeras alianzas interclasistas para organizar partidos nacionalistas en las Vascongadas y Cataluña. El peligro de derrumbe del cacicato estable explica cuban-flag-oldla conversión al nacionalismo de la alta burguesía catalana. El arquetipo de la mutación ideológica es Eusebi Güell i Bacigalupi, Conde de Güell. Tras la derrota de Santiago de Cuba, el marino español Vicenç Albert Ballester, natural de Barcelona, retorna de Cuba. En 1918 crea la bandera independentista catalana del triángulo azul y la estrella blanca conocida como L’estelada, a imagen y semejanza de la bandera de la República de Cuba.

Estos repasos me han ayudado a entender mejor algunas vivencias de los viajes del verano que acaba. Pero sucede que en el campo amplio de las creencias, cada cual se manifiesta por dentro y por fuera como le viene bien, pero por motivos que se me escapan, tendemos a valorar de forma diferente al adulto que nos dice convencido que Papa Noel existe, del otro que confiesa su seguridad en la existencia de salvadores de patrias desinteresados.

Y es esa diferencia la que explica la insistencia propagandística de algunos regímenes políticos en recordarnos glorias y héroes patrios que, aunque cansina, parece que todavía les funciona. Por supuesto, la eficacia de esa propaganda es proporcional a la sagacidad del mensaje, su adaptación dinámica y su constancia. No es lo mismo escuchar una voz plana citar una solemnidad de José Martí cada diez minutos por la calle habanera de Aguacate, al tiempo que tratas de inventar algo para sobrevivir, que escuchar, sentado en la barcelonesa terraza Arola, aquesta gent tan ufana i tan superba! en comparación con los cejijuntos vagos del sur, bebiéndote una copa de Vall Llach 2005, para acompañar el lomo de buey de Nebraska marinado al vinagre de Jerez y cítricos con hortalizas y germinados.

La famosa frase de Pio Baroja asegurando que “el nacionalismo se cura viajando” no es un axioma pero si un buen consejo. Los “Todo por la patria” “Patria o muerte” y demás eslóganes del sacrificio total, resultan estrambóticos frente a la dinámica de la globalización tecnológica y la posibilidad creciente de constatar in situ las enormes disparidades entre discursos y hechos.

cadena-de-montajeEn los tiempos más masificados de la historia, los nuevos medios de producción están individualizando el trabajo a marchas forzadas. Ya vivimos en el artesanismo tecnológico que está superando al neo-taylorismo. La generalización del individuo que ejecuta su obra como parte o todo de un producto que se comercializará por todo el mundo como cachivache u obra de arte es evidente. Malas noticias para conspiradores y conspirativos y otra prueba de que no se debe menospreciar la ley de Coase.

El saco homogéneo de las viejas patrias es incompatible con la saludable diversidad.

¿A quién beneficia la desigualdad laboral?

P. R. Barreno. 25 de mayo de 2013.

Se supone, al menos eso dicen y proclaman, que los sedicentes sindicatos “de clase” en España tienen como fin la defensa de los intereses de los trabajadores «en pié de igualdad, sin distinción de sexo, edad, cultura o situación legal administrativa». Es más, algunos afirman que «luchamos por la transformación de la sociedad sobre la base de la igualdad, la justicia, la solidaridad, la cohesión social y el respeto al medio ambiente». ¡BRAVÍÍÍSIMO!

Bocadillo en la bigaSe supone, al menos eso dicen y proclaman, que La Confederación de Organizaciones Empresariales tiene «el fin primordial es la defensa y representación de los intereses empresariales ante los poderes públicos y la sociedad en general». ¡CLARÍÍÍSIMO!

Se supone, al menos eso dicen y proclaman, que el gobierno actual de la nación española se basa «en el progreso y la cohesión social, la modernización, la solidaridad y la tolerancia así como la igualdad de oportunidades entre las personas. Defiende también la unidad nacional de España y se considera abiertamente a favor del proyecto europeo». ¡NO ME LO PUEDO CREEEER!

Resulta que desde tiempo inmemorial, en España el porcentaje de población en edad de trabajar que efectivamente trabaja (tasa de actividad) es bajísima. Ni en el mejor momento (año 2006) que se situó en el 64,8% nos hemos acercado a las tasas superiores al 70% que tienen países como Alemania, Austria, Dinamarca, Holanda, Reino Unido, etc. En este momento, según el INE, nuestra tasa de actividad es del 59,68%. Y fíjense bien y no se llamen a engaño: la tasa de actividad de los españoles es del 57,65% mientras que la de los extranjeros que viven en España es el 75,19%. Para sostener los servicios sociales actuales, seguridad social y pensiones necesitamos una tasa de actividad de, como mínimo, el 70%.

Resulta que la crisis ha destruido en España 669.845 empleos indefinidos y 1.966.803 temporales. El 73,6% de esa destrucción de puestos de trabajo se ha producido en la población menor de 30 años. Es evidente que en España hay clases, clases de trabajadores:

Clase A: Funcionarios del estado con plazas de trabajo en propiedad: 16,1%.

Clase B: Trabajadores por cuenta ajena con contratos indefinidos: 28,2%.

Clase C: Trabajadores autónomos y microempresas de trabajador único que pagan impuestos antes de cobrar sus facturas: 22,4%.

Clase D: Trabajadores por cuenta ajena con contratos temporales: 33,3%.

Resulta que en países tras atrasados social y económicamente como Austria o Dinamarca, hace años que sus gobiernos, sindicatos y patronales acordaron la implantación de un contrato único de trabajo, al considerarlo el más solidario y eficaz contra el paro. La tasa de paro en Austria es el 4,5% y en Dinamarca el 7,20% sus tasas de actividad superan el 75%. En España la tasa de paro es del 26,70%. ¡CAMPEONES CAMPEONES OHE, OHE, OHE, OHE….!

Resulta que en España, los sindicatos “de clase” la patronal, la PSOE y la IU, el Presidente del Consejo de Ministros y la Ministra disque; de trabajo, rechazan el contrato único indefinido con argumentos de este jaez: «el empresario tendría total libertad para despedir», «es muy atrevido», «Sería dar un paso más en la precarización de las relaciones laborales» «Ese contrato no existe en Europa», «ni para un lado ni para otro se van a hacer modificaciones en este momento», «no tiene encaje constitucional». Una vez más podemos comprobar cómo se cumple el axioma de Zapatero que dice: “cualquiera puede llegar a ser ministro en España”. Mejor aún, incluso llegar y ser primer ministro sin levantarse de la cama, o incluso ser capaz de vivir del precario sistema laboral imperante mediante sociedades de gestión de seguros, despachos de asesoramiento jurídico, EREs falsos y ciertos, cursos de formación para millones de parados y demás chollos y seguir proclamando, impasible el ademán, que te dedicas a la defensa de los intereses de los trabajadores en pie de igualdad, sin distinción de sexo, edad, cultura o situación legal administrativa.

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