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Caminos sobre la mar integra una crónica sobre los principales acontecimientos políticos, económicos y sociales ocurridos en España y el resto del mundo durante buena parte del siglo XX y en las dos primeras décadas del siglo XXI.

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En Caminos sobre la mar pretendo integrar una crónica sobre los principales acontecimientos políticos, económicos y sociales ocurridos en España y el resto del mundo durante buena parte del siglo XX y en las dos primeras décadas del siglo XXI. Con este relato histórico «con trazos autobiográficos»,  convoco a los españoles a  la reflexión sobre los acuciantes problemas que nos atañen.

Es el explayo de un veterano algo nostálgico de la añeja paideía que fija que a las buenas proporciones del alma les corresponde la justicia y la templanza. Vamos que estoy convencido de que el cambiar de opinión por el influjo de argumentos y datos, es más saludable que hacer footing. Ni desdeño la búsqueda de la verdad ni me incluyo en condición posmoderna alguna, más bien huyo del hedor nauseabundo del establo sectario.

Pablo Rojo Barreno

ENTREVISTA EN TREGOLAM

ENLACES Y OTROS RESTOS

EL HETEROPATRIARCADO POSCOMUNISTA

ENSEÑANZAS DE UNA NEVADA «HISTÓRICA»

LA EUTANASIA Y POR AHÍ TE PUDRAS

EL VODEVIL DE LOS «EXPERTOS

LA VENGANZA COMO MOTOR DE LA HISTORIA

EL HIJO DEL SIGLO. UNA NOVELA HISTÓRICA

EL PROCÉS CONTINUA Y SUS EJECUTORES YA VEN LA META

DE LOS NIÑOS ROBADOS POR EL FRANQUISMO

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL MITO DE LAS HURDES

LA VICTORIA LÚGUBRE DE LA IZQUIERDA REACCIONARIA

CONCISA HISTORIA DEL PSOE

TIEMPO DE SILENCIO EN DÍAS DE RUIDO

DECÁLOGO PARA LA SOLUCIÓN FINAL DE UNA VEZ POR TODAS

NO SOY DE UN PUEBLO DE BUEYES

EL CORPORATIVISMO, MÉDULA DEL NACIONALISMO CATALÁN

SOBRE LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL INCONDICIONAL

LA CHISPA Y LA PRADERA. EL FRAP: UNA REVOLUCIÓN IMPOSIBLE

VIDA, PASIÓN Y MUERTE DE LA ÚLTIMA VACA SAGRADA DE ESPAÑA

BAILANDO CON LOBOS Y EL BOLERO DE CASPE

ENROCARSE O MADURAR, ESA ES LA CUESTIÓN

ALGO MÁS QUE POPULISMO O LA GUERRA COMO ACTO POLÍTICO

INCÓLUMES PERO ACARTONADOS

LA IMPOSTURA:¿NARCISISMO O PLAGA DE LA ÉPOCA?

LOS INTERESADOS Y AMNÉSICOS CANTOS A LA JUVENTUD

ENTRE REFORMAS Y CONTRAREFORMAS

EL LEÓN CON SU EJÉRCITO

DE LOS INTERESES CREADOS EMANA LA MALA EDUCACIÓN

ANTONIO ESCOHOTADO: EL ADMIRADO SABIO AUDAZ

CATARSIS VIAJERA

CRÍTICA DE ARTES ESCÉNICAS Y REBELIÓN

LAS MÁS QUE MEMORIAS DE RAMÓN TAMAMES

¿A QUIEN BENEFICIA LA DESIGUALDAD LABORAL?

TIEMPO DE SILENCIO EN DÍAS DE RUIDO

30/04/2018

Leí la apabullante novela del siquiatra Luis Martín-Santos Ribera “Tiempo de silencio” 1962) hacia 1964, es decir; con 18 0 19 años y poco después del accidente que costó la vida a su autor. Por entonces, esta novela y su autor estaban envueltos en la aureola del antifranquismo y lo semi-prohibido. Incluso se decía que Seix Barral había hecho una edición de la novela sin censurar que, tras las debidas contraseñas, podrían conseguirse en la Librería Argentina de Andrés Mellado (cerró hace dos años) en Fuentetaja de San Bernardo 34 y alguna de la Cuesta Moyano y de la calle de los Libreros. Recuerdo bien el impacto que me produjo su lectura solo parecido a “La Familia de Pascual Duarte” de Cela.

La trama hoy me parece un poco rebuscada y claramente perfilada hacia el objetivo de «modificar la realidad española» que su autor y otros de la misma generación e ideología revelaban en privado. No es casual sino causal que Martín-Santos ubique la trama en el Madrid menesteroso de posguerra, donde el provinciano recién titulado en medicina Pedro, consigue una beca para un trabajo de investigación sobre el cáncer en el centro más importante del país (obviamente el Consejo Superior de Investigaciones Científicas CSIC). La ubicación del becario Pedro en una pensión regentada por una viuda de militar que intenta salir de la pobreza casando a su hija es consustancial al realismo social de la época. El enredo surge inopinadamente de la corruptela que impide la llegada de los ratones imprescindibles para que Pedro haga su investigación. En su intento desesperado por conseguir los ratones, Pedro se mete en el laberinto de una sociedad marginal, del mundo hampón que malvive en las chabolas de las afueras de Madrid. El ambiente sórdido de la moral católica de la época que convive con las casas de putas legales, se amplifica con la suma de miserias reales y morales, donde la sexualidad reprimida y la necesidad azuza desdichas, crímenes y estafas.

Debo reconocer que el tremendismo conceptual que Martín-Santos utiliza para describir la situación sociocultural española de la época de posguerra, el Nacional Catolicismo franquista, fue un recurso exitoso para excitar la conciencia social de aquellos jóvenes que pretendíamos entusiasmados lograr un mundo más libre.

Los motivos por los que José Luis Gómez ha encargado a Rafael Sánchez adaptar Tiempo de silencio al teatro, probablemente tengan que ver con la sobada memoria histórica. El caso es que la versión cinematográfica de Vicente Aranda de 1986, a pesar de contar con el elenco estelar compuesto por Imanol Arias, Victoria Abril, Charo López, Francisco Rabal y Juan Echanove, cayó en parecidos defectos escatológicos y de bufonada siniestra que esta versión teatral, a pesar del esfuerzo del magnífico reparto compuesto por: Sergio Adillo, Lola Casamayor, Julio Cortázar, Roberto Mori, Lidia Otón, Fernando Soto y Carmen Valverde. Solo los últimos veinte minutos logran una intensidad dramática apreciable.

Reconozco que fui al Teatro de la Abadía con la imprudente expectativa de ver una adaptación de Tiempo de silencio a nuestros días. Tenía la esperanza que esta adaptación aprovechara el fondo de una obra que tiene la gran virtud, la extraordinaria honradez de no ser maniquea, para abordar la actual censura camuflada por el ruido mediático que solemos sintetizar como corrección política. Ese cúmulo de doctrinas mayoritariamente amorales, seudocientíficas y maniqueas donde el Leviatán postmodernizado llamado estado del bienestar, pastorea unas sociedades, ricas en cachivaches y pobres en valores, que presienten impotentes su decadencia. En fin, cabe preguntarse cómo Luis Martín-Santos, Vicente Aranda y Rafael Sánchez nos podrían explicar cómo es posible que desaparecido el Nacional Catolicismo y vigente la democracia agnóstica en los países prósperos de Europa, América, Asia y Oceanía, los traumas, aberraciones y violencias que se narra en Tiempos de Silencio hoy estén desbocadas.

DECÁLOGO PARA LA SOLUCIÓN FINAL DE UNA VEZ POR TODAS

Pablo Rojo. 16/03/2018

El pasado 15 de febrero la revista digital Te de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras de la enseñanza, publicó un artículo firmado por Yera Moreno (dice ser artista, investigadora y educadora) y Melani Penna (Profesora de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense de Madrid) titulado: “Breve decálogo de ideas para una escuela feminista” ENLACE AL ARTÍCULO.

Como podrán apreciar, en la introducción las autoras eligen la terminología de Michel Foucault que, como saben, primero continuó el constructivismo de Simone de Beauvoir que; allá en 1949 en su famosa obra: “El segundo sexo” declaraba que la mujer no nace, sino que se hace. Tras años militando en el mencionado constructivismo marxista à la française, Foucault publica en 1975 “Vigilar y castigar” y un año más tarde inicia los tres volúmenes de la “Historia de la sexualidad” considerada como su obra más relevante. Con estas obras y varios artículos y conferencias, Foucault se adhiere a la lista de los nouveaux philosophes que adjuran un poquito del marxismo soviético y el estructuralismo, para abrazar con denuedo a Nietzsche y a ratos a Freud. Así, estos filósofos se inspiran del escepticismo sistemático del alemán e inician la época de incredulidad hacia los metarrelatos históricos y culturales occidentales. A la sazón, Foucault asume la doctrina del filósofo alemán fijada por el relativismo perspectivista que determina que las interpretaciones y concepciones de la verdad, dependen de la perspectiva de quien observa; es decir: que no existe verdad absoluta fuera de nuestra propia perspectiva, conformando con ello la base ontológica del posmodernismo.

Si se asume la teoría Foucault-Nietzscheana del perspectivismo y la verdad en función del cristal con que se mira, parece algo más que contradictorio arrogarse posturas radicales basadas en convicciones totales, puesto que todas las normas, valores y nociones de verdad absoluta son subproductos del marco particular del que se derivaron y se originaron. Sin embargo, es evidente que las señoras que firman el decálogo que justifica estas líneas, se consideran poseedoras del conocimiento revelador necesario para justificar sus acciones, puesto que solo aquellos que se creen imbuidos en verdades evidentes que justifican sus acciones y su decisión de recurrir a los medios necesarios para lograr sus objetivos, pueden reivindicar la revolución social como solución, por supuesto; total y definitiva. Es lo que resume el latiguillo incrustado en cada conversación actual por el marasmo ideológico de nuestra sedicente izquierda: «solucionarlo de una vez por todas».

La “Solución Final” no solo fue practicada por los nazis. La eugenesia concebida por Francis Galton para los dementes, débiles mentales, criminales e indigentes, pronto se expandió hacia otros indeseables. Además de como higiene social y racial en muchos países escandinavos y anglosajones, la eugenesia y sus derivadas ideológicas sirvieron y sirven a los regímenes dictatoriales para eliminar disidentes. Indeseables y molestos fueron todos aquellos que perturbaban la creación del “hombre nuevo”, ese Homo sapientisimus soviéticus que Rafael Alberti quería crear cantando en “Baladas y canciones del Paraná” en 1954, o aquel que «por brazo, un fusil» modelaba Daniel Viglietti en 1967, luego reimaginado por Rosa Vermelha en 1974, en fin, versado a lo Rubén Darío por el miembro del GRAPO Francisco Cela Seoane hace unos pocos años. ¿Y quienes pueden molestar más para poder crear al hombre nuevo que los enemigos de clase y de la revolución, enseguida tildados como “enemigos del pueblo”? Pues los mencheviques, eseristas, rusos blancos, kulaks, obreros de Izhevsk y marineros de Kronstadt que merecieron, según los jefes bolcheviques, sus respectivos pogromos. Mientras tanto, Alexander Serebrovsky utilizaba la inseminación artificial para crear un hombre nuevo soviético más guapo e inteligente.

Los experimentos con humanos perpetrados por otros menos humanos desde principios del siglo XX, siguen animando a los actuales doctores Moreau, Jekyll y Hyde que ahora son denominados, con notable imprecisión, ingenieros sociales, cuando lo que abunda es la insolvencia.

Una de las mutaciones “transformadoras de la sociedad” además del mencionado hombre nuevo, fue propuesta y puesta en marcha por la sindicalista feminista bolchevique Alejandra Kollontai en “El comunismo y la familia” (1921) remachado luego en 1923 a través del panfleto: “¡Abran paso al Eros alado! (Una carta a la juventud obrera)”. Con estas obras Kollontai justifica su programa de liberación sexual, como palanca impulsora de la familia universal de trabajadores. En consecuencia, escribe que realizar el acto sexual debe ser tan natural como “tomar un vaso de agua”. Pronto el programa del vaso de agua fue impuesto y permaneció vigente durante casi dos décadas en la URSS. Enseguida se estableció a las jóvenes militantes del komsomol (organización juvenil del Partido Comunista de la Unión Soviética) que no podían negarse a satisfacer las necesidades sexuales del camarada so pena de ser expulsadas de la organización por aferrarse a “las supersticiones burguesas”.

Propaganda y realidad

En sus proclamas, Kollantai reivindicó sus órdenes como instrumentos para la liberalización de la mujer asalariada que, junto con la asistencia de los servicios del estado soviético en la crianza de los hijos, iniciarían un tiempo nuevo de vinos y rosas; «No temáis por el futuro de vuestro hijo; vuestro hijo no conocerá el hambre ni el frío. No será desgraciado ni quedará abandonado a su suerte como ocurría en la sociedad capitalista». Así, «…en vez de la familia de tipo individual y egoísta, se levantará una familia universal de trabajadores». Sin embargo, los progenitores de aquel estado soviético tuvieron muchos motivos para temer presente y futuro. Entre guerras y matanzas depurativas de indeseables enemigos del pueblo, fueron creciendo millones de niños deambulando por metros, trenes y cobertizos buscando refugio y comida. Eran los “besprizorniki”, aún más abandonados y desatendidos que los millones de infantes zozobrados en los infectos orfanatos e inclusas soviéticas que ni el mismo Dickens podría imaginar. La infamia social ocultada perduró durante todo el régimen soviético y todavía perdura en Rusia, Bielorusia, y otras exrepúblicas soviéticas. ¿Cómo se puede explicar que la opinión pública mundial ignorara estos datos hasta que en 2011 se publicaran varios escándalos en EEUU (ver Magnitsky Act 2012) que expusieron con toda crudeza la corrupción sistémica de decenas de miles de adopciones internacionales de niños “huérfanos sociales rusos” (no necesariamente huérfanos, también rechazados o abandonados) desde 1991 hasta nuestros días? Putin reaccionó a la ley norteamericana como suele; prohibiendo las adopciones de niños rusos a los ciudadanos norteamericanos.

Los testimonios de Anatoli Pristavkin, los trabajos de Lev Semiónovich Vygotski y las recopilaciones de Svetlana Alexievich, nos proporcionan información contrastada sobre los vaivenes pedagógicos y experimentales de aquellas escuelas, inclusas y colonias educativas soviéticas que fueron probando sistemas pedagógicos como quien se inventa platos deconstruidos. Desde el método complejo ideologizado de N. K. Krupskaya (esposa de Lenin) la militarización estalinista de las colonias infantiles de Anton S. Makarenko que otorgó al Komsomol sus años de apogeo, para terminar con el qué hacer con este desastre de las condiciones objetivas que siempre me adelantan a lo que planifico; del polaco Bogdan Suchodolski.

La arrogancia de quienes desdeñan y ocultan los datos históricos o, peor aún, los ignoran, para imponer su visión de la vida social como simbólica y materialmente dividida en dos géneros que deconstruyen y entremezclan, hasta poner en entredicho la supuesta diferencia natural entre los sexos, es proverbial. Resulta que la salvación que nos liberará del “orden socio–político capitalista” que reproduce las relaciones de sometimiento del sexo femenino al masculino, con el objetivo de preservar el sistema de dominación está, agárrense, en la dialéctica materialista e histórica que, como un adhesivo anaeróbico, pega la explotación de clase con la opresión de género. El problema es que el motor de la historia de la lucha de clases no termina de carburar, en realidad nunca carburó, por lo que la soñada revolución social (no se atreven a escribirlo y eso que son atrevidas) para la transformación y la subversión, tiene que ser dirigida por las Alejandras Kollontai posmodernas, desde sus aulas y despachos mantenidos por el erario.

La pulsión inquisitorial, las ganas de hacer hogueras con libros o señoras y señores enemigos del pueblo, podría considerarse una enfermedad producida por el sectarismo carpetovetónico mezclado con virus decimonónicos emancipadores totales. El problema es que se trata de una tendencia abrazada por la mayoría de la izquierda española. ¿Acaso el irrefrenable instinto totalitario del PSOE al proponer la reforma de la Ley 52/2007, con una Comisión de la Verdad, un Consejo de la Memoria Histórica y un régimen sancionador que incluye penas de cárcel para quienes, entre otros muchos motivos, «enaltezcan o justifiquen por cualquier medio de expresión pública o de difusión el franquismo, o los delitos que hubieran sido cometidos contra las víctimas de la Guerra Civil Española o del franquismo por su condición como tales, o a quienes hayan participado en su ejecución» difiere en talante inquisitorial del “Breve decálogo de ideas para una escuela feminista”?

El repelús que me produce el espíritu inquisitorial determinista de las mencionadas dos señoras artistas, profesoras y demás, es poco comparado con el mal café que me causa la posibilidad de que a los niños y adolescentes españoles se les pueda prohibir leer o escuchar las dos estrofas maravillosas con que arranca uno de los más bellos poemas de nuestra lengua: «Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

NO SOY DE UN PUEBLO DE BUEYES

10 de octubre de 2017.

Pablo Rojo Barreno.

Esta mañana del 10 de octubre de 2017 en que me encuentro consternado por los malos augurios sobre nuestro futuro como españoles, no sé muy bien porqué, se me amontonan y entrecruzan las evocaciones de los amigos que hice en Cataluña a través de muchas jornadas vividas y trabajadas, tantas que sumadas pueden resultar varios años, con versos de tres poetas que admiro: Miguel Hernández, Gabriel Celaya y Bernardo López García.

Recuerdo con indescriptible cariño a Luis Blasco de Tortosa, a Toni Lozano de Amposta, a Antonio Couceiro de Guissona, a Salvador Daurella de Granollers, a Miguel Ángel Costa de Bañolas, a Miquel Dorca de Olot, a Enrique Barón de Lérida, en fin, a tantos amigos con los que compartí esfuerzos e ilusiones en aquella Cataluña emprendedora y liberal que conocí y que, poco a poco, ha sido oscurecida, achicada y atenazada por el nacionalismo mesocrático y tribal. El acre dolor que me produce el contraste entre la evidente decadencia actual y la evocación de aquellos momentos de colaboración sin resquemores ni suspicacias, en empresas comunes para mejorar la vida y el trabajo de los catalanes y españoles me impulsan a preguntar: ¿Con qué derecho gentes de la hierba mala me quieren, nos quieren, arrebatar el pasado y el futuro?

No Miguel, como los catalanes de firmeza; no soy de un pueblo de bueyes, que soy de un pueblo que embarga yacimientos de leones, desfiladeros de águilas y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. Y con Gabriel repito que no reniego de mi origen, pero digo que seremos mucho más que lo sabido, los factores de un comienzo. Al tiempo que con Bernardo; oigo, patria, tu aflicción. Amigos, compatriotas; yugos nos quieren poner gentes de la hierba mala, yugos que debemos dejar rotos sobre sus espaldas.

LA RAUXA DOMINA AL SENY

09/06/2017

Desgraciadamente, vivimos la enésima bravata que padecieron nuestros antepasados. La historia, al menos desde el siglo XIX, demuestra que el llamado “seny catalán” es un mito, aunque ya Quevedo definió a Cataluña como “ese laberinto de privilegios, este caos de fueros”.

Ha sido el privilegio en la concesión de mercados cautivos, desde el tráfico de esclavos en Cuba y Puerto Rico hasta el textil, el principal resorte de la prosperidad de la región peninsular. Y es que, aunque los bandoleros actuales no lo digan, los motivos de la “rauxa” actual, proviene de la percepción de la burguesía decadente que, con la entrada de España en la UE, sus privilegios comerciales se esfumaban, “España nos roba” al entrar en la UE y tener que competir.

La banda de politicastros catalana sabe bien que si logra la independencia está en el Catexit en consecuencia; sueñan con monopolizar la aldea. Recuerdo que el entonces historiador recuperado por el franquismo Jaime Vicens Vives, definió la rauxa como la base psicológica de las acciones subversivas catalanas, la justificación histórica del “todo o nada”. Hoy, Josep Fontana (antes marxista-leninista internacionalista y ahora separatista posmoderno) convierte al muerto Jaume Vicens Vives en mito útil nacionalista por arte de birlibirloque.

El caso es que para el próximo octubre se está ensayando la repetición en forma de farsa, de la tragicomedia encabezada por Lluis Companys al declarar el 6 de octubre de 1934 el Estado catalán de la República federal española. La rauxa domina al seny.

ENLACE AL DESVÁN DE LA HISTORIA

ENLAZAR A: LA ENÉSIMA BATALLA PERDIDA

Vida, pasión y muerte de la última vaca sagrada de España

Enero de 2016.

Hasta hace apenas unos pocos años la vaca presentaba un aspecto estupendo. Es cierto que nunca dio mucha leche pero al ser mestiza de las diez mil leches autóctonas, durante algún tiempo parecía integrar la prestancia sobria de la negra avileña, la rusticidad de la morucha, la carnosidad de la pirenaica y la tudanca, en fin, la melosidad tentadora de la rubia gallega. Pero de un tiempo a esta parte la vaca sagrada de España; cuanto más pienso come menos leche da y más escurrida parece.

Al principio, los albéitares y demás expertos de la cosa apuntaron a la tuberculosis financiera provocada por la especulación inmobiliaria y el desfalco a las cajas de ahorro, por lo que recetaron al animalote forraje recortado y una dieta de adelgazamiento para eliminar la grasa burocrática, junto con estreptomicina administrada vía aumento de tributos a los pocos impositores de manduca de la res.

Sin embargo, nuestra peculiar vaca lejos de reducir el tejido adiposo-burocrático, durante estos últimos años se le ha inflado la barriga y achicado la ubre, a pesar de que nuestro sagrado rumiante tiene un formidable pezón central, 17 glándulas mamarias no menos enormes con infinitas ramificaciones. Ya ni en el pico de la lactación en diciembre de 2015, la vaca sagrada de España era capaz de amantar a tanto mamón, por lo que aparecieron nuevos ordeñadores prometiendo ríos de leche y miel, mediante la conocida técnica de matar a la gallina de los huevos de oro, utilizada con obstinación en varios países tal que Venezuela, Grecia, y demás.

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Pero como nuestro sagrado animal es una vaca adiposa pero exangüe, el método que se proponen utilizar los cachorros de los tenaces vetustos, para lograr lo prometido, es despiezándola. Estos neo-intransigentes aclaran que hay piezas para todos, incluso si volvemos a los 30 cantones, pues como Cartagena se adheriría a EEUU solo quedarían 29. El problema principal es quien se queda con el solomillo, el lomo y el chuletón. Los llamados cantones históricos reclaman su derechos, incluidos los de pernada, y quieren dejar el pescuezo, la falda y el costillar a los del sur y los cuernos para Madrid. La Alcaldesa de la capital confederal provisional, aunque no le gustan los toros, hace el D. Tancredo mientras ella y sus concejales implantan la estética politics de la Complu de Somosaguas, incluyendo hedores, dedazos y porrazos. «El sol es una estufa de butano, las estrellas se olvidan de salir, pongamos que hablo de Madrid».

¡Hasta aquí hemos llegao! denuncia el rechazado gallego, nosotros cuidamos a la vaca con mimo, ni siquiera la quitamos la merienda de las diputaciones y somos las más votados. ¡La vaca no se despieza así como así! Por favor Mariano, deja de dar la vara, sigue leyendo El Marca mientras vamos preparando las herramientas de desguace y consignamos el reparto.

Así, la vaca sagrada de España barrunta que habrá tortas hasta para repartirse el rabo, en consecuencia, se ha polvoreado entera de blanco e intenta cruzar el Pirineo, declararse de raza pura charolesa y pedir asilo en la Galia.

Como mi menda está hasta el gorro de ser uno de los pocos que pagan la ronda de pienso a la vaca sagrada de España, estoy preparando la maleta para seguir su ejemplo y declararme sans-culotte.

ALGO MÁS QUE POPULISMO O LA GUERRA COMO ACTO POLÍTICO

O DE CÓMO LLEGARÁN DÍAS DE VINO Y ROSAS

Marzo de 2015

Tachado como socialista utópico por el leninismo, puesto que Marx aceptó su visión del progreso industrial no sin endosarle su dosis de sarcasmos, Saint-Simon confiaba en la ciencia y la colaboración entre individuos afanosos y desprendidos como motor generador de mejoras morales y materiales de la sociedad. Un santo este Saint-Simon que señalaba al resentimiento como la plaga moral que atenazaba la mente de quien la sufría.

Tras Saint-Simon, la teoría de la plusvalía o plusvalor se fue asentando como verdad rebelada sustentadora de la ley del valor trabajo y de su derivada ley del rendimiento decreciente, cuyas aportaciones teóricas y prácticas más recientes pertenecen al catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid; José Antonio Moral Santín quien, como buen profesante del materialismo dialéctico, primero teorizó en un opúsculo titulado: “La acumulación del capital y sus crisis” y luego puso en práctica ambas conjeturas como vicepresidente de Caja Madrid entre 1999 a 2011 y consejero de BFA-Bankia entre 2011 y 2012. Así, gracias a la percepción de suculentas retribuciones nuestro insigne catedrático experimentó como vivían los altísimos agentes del capital financiero, al tiempo que apreciaba las exquisiteces del hedonismo burgués, despilfarrando el dinero que los aburguesados y confiados ahorradores depositaron en Caja Madrid que él y sus cófrades mangoneaban, mediante el uso a troche y moche de una tarjeta black platino to pal pueblo. Para agradecer los servicios prestados al pueblo español, el rector de la Universidad Complutense de Madrid José Carrillo, designó a Moral Santín, casi al tiempo de ser imputado por un juez de la Audiencia Nacional por delito de apropiación indebida, director del Euro-mediterranean University Institute, por aquello de la solidaridad debida entre camaradas.

A estas alturas evocar a los garbanzos negros como excepciones de un cocido institucional que amarga es, en el mejor caso, una prueba de estulticia y en el peor una canallada. Pero con la que está cayendo y la que se avecina, por aquello de no descuidar que la consecución de derechos ciudadanos y humanos ha sido y sigue siendo tarea compleja y sacrificada, prefiero alejarme del monotema referencial de nuestra guerra incivil que tantos demonios despierta, para remontarme hasta la socorrida masacre comenzada con el asalto a las Tullerías y acabada, momentáneamente, con la Reacción de Termidor tras la caída de la cabeza de Robespierre en el cesto.

Prise_du_Château_d'eau,_en_1848Pero si es evidente que defender los derechos humanos cuesta sangre sudor y lágrimas, la historia registra las enormes dificultades encontradas en equilibrar igualdad y fraternidad. Así se constata desde comienzos del siglo XIX con los catastróficos resultados de los primeros experimentos comunales, perpetrados por gentes de buena voluntad como Owen, Cabet y Considerant. Las debacles de las comunas “Nueva Armonía” de Owen, “Icaria” de Cabet y “La Réunion” de Considerant, inspiradas en el roussoniano concepto del hombre bueno por naturaleza, fueron tan descomunales y trágicas que deberían haber incitado a los promotores decimonónicos del igualitarismo a la prudencia en las arengas y al rigor en las tesis.

Ocurrió todo lo contrario. El precepto de Carl von Clausewitz indicando que: «la guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de la actividad política, una realización de la misma por otros medios» resumida en la trilogía: odio, cálculo e inteligencia, fue adoptada mayoritariamente como estrategia de emancipación por los burgueses revolucionarios decimonónicos, mientras que los reformistas como el hijo del tonelero de Besancon llamado Proudhon o luego Kautsky fueron vilipendiados por los violentos. Proudhon fue denostado miserablemente por un filósofo que vivió de las rentas de su mujer y de las ayudas de su amigo Engels, a Kautsky la ofensa más amable propinada por el intrépido psicópata apodado Lenin fue la de renegado.

Nada de reformas ni libertades individuales burguesas. En nombre del proletariado, las elites intelectuales se deben constituir en Deus ex machina del estado controlador y planificador, sustituyendo a la democracia burguesa encarnada por banqueros y capitalistas burgueses incultos ladrones de plusvalías.

350px-Bolcheviques1917Dicho y hecho, la violencia como partera de la historia se convierte en la estrategia ofensiva para la toma del poder de los Blanqui, Weitling y Marx. Sin embargo, sus propósitos tienen que esperar una generación hasta que el tercer hijo del burgués ennoblecido Ulianov; el abogado Vladimir apodado Lenin, encabeza un golpe de estado que junto a sus secuaces bolcheviques instauran la primera dictadura del proletariado para reemplazar a la autocracia zarista que había sido atenuada por la Duma representativa.

El nuevo régimen bolchevique encabezado por Lenin y Trotski aniquila a la aristocracia y a la burguesía primero, anula la libertad de prensa y reunión con diversas excusas (enemigos internos y externos) instaura la censura, depura e inmediatamente extermina a los empleados y funcionarios sospechosos de hostilidad al nuevo orden en bancos, tesoro público, ferrocarriles, correos y telégrafos, etc. crea la policía política sin control judicial y al servicio del poder ejecutivo revolucionario CHECA: «Comisión extraordinaria de lucha contra el sabotaje y la contrarrevolución», requisa fábricas, tiendas, viviendas y automóviles privados, disuelve por la fuerza, tras el descalabro sufrido en las urnas por los bolcheviques al obtener únicamente el 24% de los votos, a la Asamblea Constituyente, detienen y encierran en la Fortaleza de San Pedro y San Pablo de Petrogrado a los diputados disconformes que, junto a los obreros y sindicalistas opositores, van desapareciendo o enviados a campos de concentración en Siberia.

En realidad, la terrorífica “revolución cultural proletaria” emprendida por Mao Zedong y su neurótica esposa, acompañados por su banda de psicópatas, entre de 1966 a 1976, fue una copia a escala China de la emprendida anteriormente por Lenin para el advenimiento del “hombre nuevo soviético”. El suplicio comenzó con la instauración de la “instrucción cívica” conducida por los politruk, omnipotentes comisarios políticos de instrucción pública de la URSS para controlar y, en su caso, aniquilar, a maestros y catedráticos que no se aplicaran con el debido entusiasmo al adoctrinamiento oficial. Enseguida, el protocolo de control se extendió a todos los ámbitos instrumentalizado por la delación anónima e interesada y la consecuente aplicación del Artículo 58 del Código Penal de la URSS que, como reo de actividad contrarrevolucionaria, en el mejor de los casos establecía la deportación a Siberia por tiempo aleatorio y confiscación de las propiedades y, en el peor, la pena de muerte del reo con confiscación de la propiedad propia y de los de parientes que, además, serán condenados de 5 a 10 años de prisión con confiscación de bienes, o 5 años de exilio en Siberia con confiscación de bienes.

che-guevara-and-fidel¿Libertad para qué? preguntó cínicamente el camarada supremo y Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo Lenin a Fernando de los Ríos, cuando este le preguntó ingenuamente; «cuándo permitiría su gobierno la libertad de los ciudadanos». Tras décadas de dominio dictatorial de la oligárquica patológica soviética capaz de todo con tal de mantenerse en el poder, y sus metástasis representadas por la saga de psicópatas inaugurada por Lenin y seguida por Stalin, Mao Zedong, Hitler, Kim Il-sung, Castro, Ceacescu, Pol Pot … sabemos la respuesta. La libertad, el libre albedrío, la igualdad de oportunidades, la meritocracia y la libertad de pensamiento, palabra y obras son los derechos y valores que pueden evitarnos el espanto de regímenes ejecutores de los mayores holocaustos registrados en la historia de la humanidad, implantados por élites minoritarias azuzadoras de resentimientos y prometedoras de paraísos imposibles. Todos estos nefastos regímenes en nombre del pueblo masacraron al pueblo.

Pero a pesar de las evidencias históricas, la propensión de algunos sujetos a adueñarse de las riendas de la sociedad, les lleva a manipular la historia y la ciencia y a perseverar en las tácticas envolventes de la guerra, como acto político basado en el odio, cálculo e inteligencia. La combinación del resentimiento, la envidia y la demagogia siguen siendo herramientas eficaces en sociedades desnortadas cívicamente como la española. Así, es perceptible el malsano y amnésico sueño de buena parte de ciudadanos españoles, confiados en que con el advenimiento de un estado paternal dirigido por una élite magnánima que les regocija con sus denuncias contra los banqueros, capitalistas y ricachos, vendrán días de vino y rosas.

La pega es comprobar que la benefactora elite es heredera no solo de la testarudez ideológica de sus antepasados, también de la saga endogámica burocrática amantada en las ubres del estado que, cuan genuinos sobrinillos de Moral Santín, se organizan en sectas políticas con el propósito mandar y bien vivir, aunque para ello tengan que imponer su trágala conceptual al resto de la gente.

Claro que visto lo mal que se vende el socialismo del siglo XXI de cartillas de racionamiento sin raciones que echarse a la boca, además de las perspectivas de revivir el desastre del Peloponeso infringido por la Esparta Germánica, no me extrañaría que el discurso cambiara en dirección a Eurabia y las élites endogámicas y demás mandarines abracen el islamo-gauchisme. No es nada improbable, hace tiempo que el discurso ambivalente y las alianzas de civilizaciones lo van perfilando. Se comienza con que si hay que devolver la Catedral de Córdoba al islam y se termina en el colaboracionismo grotesco descrito por Michel Houellebecq en “Sumisión”.

Si no fuera patético resulta muchas veces divertido comprobar como el justo anhelo de regeneración democrática, surgido tras las evidencias de corrupción y despilfarro de los partidos políticos y sus adláteres durante los tres últimos decenios, está siendo adulterado con cambiazos y tocomochos envueltos en viejas trampas y burdas manipulaciones prometedoras de suculentos haberes que, como demuestra la terca realidad, suelen terminar en el silencio de los corderos.


LA IMPOSTURA: ¿NARCISISMO O PLAGA DE LA ÉPOCA?

    P.R. Barreno. 08/12/2014.

Acabo de terminar la lectura del relato, que no novela, de Javier Cercas titulado: El Impostor.

En un mar de dudas sobre su derecho a indagar en la vida de una persona, con objeto de encontrar la verdad verdadera –con perdón por el ahínco pleonástico- Cercas nos va introduciendo en la vida y milagros de Enric Marco Batlle; un nonagenario ciudadano que saltó a la fama cuando se descubrió, en junio de 2005, —justo cuando iba a intervenir en una celebración en el campo de Mauthausen, como representante español de las víctimas, en presencia del presidente Rodríguez Zapatero— que su reivindicación como superviviente del campo de concentración alemán de Flossenbürg era una impostura.

La rocambolesca patraña que se inventó Enric Marco tenía todos los ingredientes necesarios para que un irrefrenable curioso del alma humana como Javier Cercas, se transfigurada en epítome de Sherlock Holmes y Sanders Peirce, para descifrar las claves del enredo de la vida de un impostor y sus circunstancias. La última hazaña de Marco y por lo que ha pasado a la historia fue convencer, incluso a los verdaderos supervivientes del campo de concentración de Flossenbürg que por entonces subsistían, de ser un heroico damnificado de dicho campo, hasta el punto de disfrutar de la prestigiosa presidencia de la Asociación Amical de Flossenbürg durante tres años, lograr con ello reconocimiento y prestigio internacional, a tal grado de dar un conmovedor discurso en nombre de los 10.000 republicanos españoles deportados por el Tercer Reich; en el pleno del Congreso de los Diputados, recibir de la Generalidad de Cataluña la Creu de Sant Jordi y un sinfín más de reconocimientos y canonjías.

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El problema es que la última impostura de Enric Marco por la que logró la mayor fama, es el culmen de la vida de un bigardo de nuestra época, cuyo espectro social abarca a todo el firmamento ideológico y económico de nuestra sociedad, pasto de burlas y amarillas portadas, cuyo penúltimo capítulo lo protagoniza un tal Pequeño Nicolás.

Las reflexiones de Javier Cercas sobre las motivaciones narcisistas de los impostores, desde mi punto de vista y, sobre todo, desde mi experiencia, no contempla suficientemente la falta de empatía, mejor dicho, el grado de psicopatía de los individuos como Marco, capaces de marcharse a por tabaco dejando a dos de sus mujeres y a sus hijos en la miseria, mentir como un bellaco haciéndose pasar por activo combatiente en la Guerra Civil, resistente que se exilió, cautivo en un campo nazi, militante antifranquista, cuando en realidad fue un integrante del contingente de trabajadores voluntarios que Franco envió a Hitler, putero, delincuente que, curiosamente no sufrió persecución por parte de la policía franquista, propietario de un taller mecánico, secretario de la CNT una vez que Franco fue bien enterrado en Cuelgamuros y, en fin, receptor de una pensión suculenta como oficial excombatiente del ejercito republicano que nunca fue.

La lectura de “El Impostor” ha tenido la amarga consecuencia de reactivarme la memoria de aquella angustiosa época en que la soledad y el miedo tentaban a la responsabilidad y el compromiso de los pocos, poquísimos opositores al régimen de Franco. Luego aparecieron cientos de miles, ¡millones! y la angustia de unos pocos se transformó primero en alegría y, poco a poco, en aquello que se llamó el «desencanto» porque, efectivamente, aquella exuberancia de conscientes ciudadanos demócratas fue un encantamiento.

No es la primera vez que escribo sobre imposturas, ya sean referentes a los predicadores del bálsamo de Fierabrás contra todos los males de nuestra sociedad, cuyos púlpitos se asientan en albañales endogámicos que antaño fueron prestigiosos templos del saber y del mérito pero que, desde hace décadas, el vaticano de los Borgias parece el Monasterio de la Trapa de Orne comparado con estas “doctas” instituciones.

El escritor Román Piña se pregunta y responde en “La mala puta” «¿Puede un jazzman ser un amateur y salirse con la suya? Lo dudo. Es triste que un jazzman o un escritor, si son artistas de culto y de buen nivel, no se puedan ganar la vida con lo suyo. Pero es más triste aún que impostores o artistas mediocres si se la ganen, o utilicen estas disciplinas como medios para obtener ingresos extra, como quien coge un sobre de dinero negro».

La reflexión de Román Piña no solo se aplica a la literatura, ni siquiera a los llenadores de enormes vitrinas con tiburones tigre y formol, se trata de una realidad tan abrumadoramente destructora del mérito que me pregunto si la impostura es la verdadera plaga de la época.


LOS INTERESADOS Y AMNÉSICOS CANTOS A LA JUVENTUD

P. R. Barreno 03/06/2014

Aunque algo saturado por tanta opinión y dicterio sobre la abdicación del rey, aviso a los lectores que el propósito de este suelto también tiene que ver con los valores intrínsecos de la cultura, en concreto la definición de nuestra identidad personal y nacional y, por supuesto, los bienes sociales y educativos que nos preocupan. En consecuencia, creo que las particularidades de la sucesión monárquica que estamos viviendo, ya está condicionando nuestro futuro.

Al principio creí que era una maniobra de aparcamiento, luego pensé en problemas de la caja de cambios o, vaya Usted a saber, con el embrague. Tras el discurso y las diversas valoraciones de los medios y posteriores manifestaciones, deduje que si consideramos la evidencia de que cada cambio de Monarca ha condicionado nuestra historia, sería lógico pensar que el tras-juancarlismo puede suponer una oportunidad de mejora generalizada, no tanto por la personalidad del nuevo Monarca, sino por la racionalidad de las decisiones de los ciudadanos que en democracia representativa, por imperfecta que esta sea, influye en la gobernanza.

Sin embargo, tengo la impresión de que esta oportunidad de mejora, comienza viciada por la nada casual coincidencia entre el discurso oficial y el, llamémosle “alternativo”. Me refiero a que con la arenga que proclama: «otorgar el protagonismo a las nuevas generaciones en las futuras reformas que estos tiempos requieren» se cumple con el primer mandamiento del marketing posmoderno que incluyen las abracadabras de rigor: nuevo, protagonismo, generaciones, jóvenes y demás referencias del calculado culto a la juventud. El caso es que, como estipula el manual Marketing para Dummies, los guiños a los jóvenes y púberes no fallan, tanto para vender cachivaches como humos doctrinales. Obviamente, tras ese canto interesado al divino tesoro que se va para no volver, suelen disfrazarse intereses, ideologías y formas de ver el mundo.

Además de constatar que esta táctica lisonjera multiuso es utilizada por tirios y troyanos, evidencio que, en el caso que nos ocupa, su utilización responde al logro de diferentes objetivos. Así, tengo la impresión de que el establishment lo usa como tinta de calamar de la táctica de Lampedusa mientras que, los sedicentes alternativos del «rebelarse vende» lo emplean como cebo de pesca de outsiders, undergrounds y demás tribus contraculturales, incluyendo, por el momento, a los llamados ahora marginales que K. Marx y muchos de sus seguidores llaman, con repulsa, lumpeproletariat.

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Ya lo advirtió Gracián en El Criticón cuando señaló como «portentoso es el estar el engaño en la entrada del mundo y el desengaño a la salida» pero aun resistiéndome a caer en el escepticismo cínico del que presume estar de vuelta, creo que a estas alturas es necesario denunciar el funambulismo político electoralista que prefiere recetar analgésicos contra la gangrena gaseosa que coger el serrucho y extirpar el tejido muerto. Por supuesto, es mucho más expuesto y ni genera buena conciencia ni otorga votos, estudiar y debatir con profundidad, sosiego y rigor, con objeto de hallar soluciones racionales y justas, los problemas laborales, educativos, demográficos, migratorios, energéticos, ambientales, distributivos, burocráticos, éticos y culturales de nuestra sociedad.

Si preocupante es el cortoplacismo de los que dirigen, no lo es menos la endeblez ontológica de quienes se presentan como alternativa. El dar respuestas simples a problemas complejos resume la empanada de neoludistas, plutócratas proteccionistas, cantonalistas mezclados con milenaristas secularizados en salmuera y salsa blanquista reducida con una pizca de erario.

Así las cosas, entre el inmovilismo del virgencita que me quede como estoy y las soluciones mágicas a todos los problemas, mediante el retorno de una imaginada arcadia republicana o la escisión y montaje del soñado nuevo estado que incluya la reencarnación simbiótica de Boquica con Roque Barcia, creo que es imprescindible recordar algunos detalles.

Recordar, por ejemplo; que la historia demuestra que adjetivar o etiquetar una república es el requisito previo para enterrarla.

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Recordar, por ejemplo; que las repúblicas o las monarquías parlamentarias solo son democráticas cuando se asientan en el acuerdo y participación de la inmensa mayoría de los ciudadanos. Recordemos también que, en este país siempre de otoño, los “trágala perro”, las imposiciones sectarias y la falta de democracia y respeto a las leyes, fueron las causas fundamentales que hicieron fracasar a los liberales y a las dos repúblicas españolas. Convencer en vez de imponer, esa es la cuestión.

Recordar, por ejemplo; que hace 100 años comenzó la sanguinaria hecatombe de grandes guerras entre estados y pueblos que abarcó más de la mitad del siglo XX donde, enarbolando todo tipo de banderas e ideologías, en Verdún, Guernica, El Ebro, Stalingrado, Auschwitz, Hiroshima y Nagasaki, Corea, Dien Bien Phu, Hue, etc. en los bombardeos masivos a las poblaciones, en los cientos de campos de exterminio y por hambrunas, se calcula que murieron más de doscientos, si 200, millones de personas.

Recordar, en fin, al gran ciudadano del mundo y extraordinario poeta Lawrence Durrell y su memorable frase contra las tablas rasas amnésicas: «Porque los vivos tienen que recordar siempre lo que los muertos no pueden olvidar nunca».


ENTRE REFORMAS Y CONTRAREFORMAS

Desde Nebrija hasta las Leyes Sinde-Wert y Lassalle

P. R. Barreno – 23 de febrero de 2014

Ministro y Secretario de Cultura

Quizá la paradoja por excelencia de este tiempo y lugar, se nos empañe por cotidiana porque, convivir con el eslogan divulgado del uno al otro confín del espectro: «sanidad y educación pública y gratuita» junto con: «hay que convencer a la gente de que la cultura no es gratis» puede producir más de un cortocircuito neuronal. Resulta bastante chusco acusar a la “gente” de simple, por creer que la cultura y el arte pueden ser gratis mientras que, al mismo tiempo y con los mismos medios, se reclaman derechos igualitarios de acceso a la cultura o se denuncian por abusivas las patentes industriales, farmacéuticas o agroalimentarias de la multinacionales. ¡Formidable monumento a la antinomia cínica!

Un sucinto repaso sobre la propiedad intelectual

Sabemos que durante el Renacimiento, las repúblicas italianas (sobre todo Venecia) y algunos monarcas inteligentes, concedieron “patentes” (cartas abiertas o literae patentes) para explotar de forma exclusiva y por un periodo de tiempo, obras y descubrimientos de sus artistas, sabios y artesanos. Con el comienzo de la revolución industrial germina en Gran Bretaña la primera ley antimonopolios, primer hito legislativo que inaugura la transición de la economía feudal a la capitalista.

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Sin embargo, ya durante el renacimiento, los adalides del llamado derecho natural, que en España lo personaliza el humanista Antonio de Nebrija, entendían que la autoría es intemporal e intransferible, mientras que los utilitaristas propugnaban un derecho temporal como estrategia para incentivar la creación artística y científica. El caso es que el litigio entre ambos argumentos sigue tan vivo como el resto de los derechos de propiedad, aunque las urgencias producidas por el desarrollo de la conocida como sociedad de la información, ha sobrepasado el mero debate ontológico. En cualquier caso, lo que parece evidente es que el principio de que «las ideas y los hechos nunca podían ser propiedad de nadie» ha sido ampliamente alterado

Con el Estatuto de la Reina Ana de 1710 vence el pragmatismo del “common law”, consagrando unos derechos temporales como instrumento de incentivación del aprendizaje y la creatividad. Al registrar su obra «Six Pence shall be Paid, and no more», el estado británico reconoce, premia y protege contra el plagio al autor, al tiempo que estimula su genio individual, otorgándole un periodo exclusivo de obtención de beneficios derivados de su obra de 14 años, prorrogable por otros 14 años si el autor aún se encontraba con vida. Con la conclusión de este periodo, la obra pasaba al dominio público como bien de la sociedad.

Las sucesivas leyes y convenios internacionales aprobados en los últimos tres siglos, máxime el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas de 1886, cuya última revisión data de 1979, junto con el Tratado de la OMPI de 1996 y siguientes, han ido incrementado el tiempo de protección exclusiva de la obra exponencialmente. Así, la Directiva 2006/116/EC para la protección del derecho de autor y de determinados derechos afines, estipula que los derechos de autor sobre obras literarias y artísticas a que se refiere el artículo 2 del Convenio de Berna, se extenderán durante la vida del autor y setenta años después de su muerte, independientemente de la fecha en la que la obra haya sido lícitamente hecha accesible al público.

Entre los requisitos exigidos a España para ingresar en la CEE, se incluyó la adaptación de su legislación a las normas europeas sobre la propiedad intelectual, entre otros, la eliminación del monopolio sobre la gestión colectiva de los derechos de remuneración que la SGAE disfrutaba desde 1941. A la Ley de propiedad intelectual de 1987 que reduce el periodo hereditario pero amplia los derechos morales del autor, le siguieron, entre otras, la Ley 22/1987 del canon por copia privada (última modificación RD-ley 20/2011) al que le siguen detrás de cada salto tecnológico su correspondiente disposición: Ley 20/1992 programas de ordenador 16/1993, 43/1994, Ley 27/1995 de incorporación al Derecho español de la Directiva 93/98/CEE, RD 1228/2005 regula la Comisión intersectorial contra actividades vulneradoras de los derechos de propiedad intelectual, Ley 23/2006, que modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual 1/1996 y Ley 1450/2011 que modifica el protocolo de actos y contratos de trasferencia total o parcial de derechos de autor y conexos, modificación de la compensación equitativa por copia privada 1/2012.

La Ley vigente de la Propiedad Intelectual en España (LPI 1/1996 y 23/2006) afín a las vigentes en la mayoría de los países europeos, especifica que «los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento». Por otro lado, los derechos de explotación reconocidos a los artistas intérpretes o ejecutantes, por la fijación de sus obras, tiene una duración de cincuenta años. Asimismo, la ley reconoce amplios derechos morales a los autores, mientras que a los intérpretes y ejecutantes se les reconoce el derecho de autorizar la comunicación pública de su actuación, el reconocimiento de su nombre y la posibilidad de «oponerse a toda deformación, modificación, mutilación o cualquier atentado sobre su actuación que lesione su prestigio o reputación».

Por otro lado, el presidente norteamericano B. Clinton firmó en 1998, The Copyright Term Extension Act, más conocido como “Sonny Bono Copyright Term Extension Act” y mucho más con el expresivo título “Mickey Mouse Protection Act”. Con esta ley se extendieron, con carácter retroactivo, los derechos patrimoniales de autor durante la vida del autor más 70 años y para obras pertenecientes a corporaciones “corporate authorship” durante 120 años tras la creación o 95 años tras la publicación, independientemente de la anterioridad del punto final creativo. De esta suerte, los derechos de obras que ya pertenecían al dominio público como “Lo que el viento se llevó” o “Rhapsody in Blue,” recuperaron derechos por un periodo de 20 años. El mismo resultado lo obtuvo la Disney por sus “adaptaciones” cinematográficas de una parte del acervo cultural europeo de cuentos populares, o de obras literarias que, al ser de dominio público, no pagaron un céntimo por ellas: Peter Pan, La Bella Durmiente, Cenicienta, Alicia, Blancanieves, etc.

Blancanieves Disney

Si el argumento primigenio se basa en que la duración limitada del derecho de autor permite el equilibrio entre el interés que la sociedad tiene en promover la creación intelectual y el derecho del autor a explotar su obra durante un periodo de tiempo, es evidente que la extensión del periodo de explotación desequilibra el “pacto social”, en consecuencia, a más tiempo de restricción más coste social. Así, casi sin querer, surge la pregunta: ¿Con estas extensiones de derechos se incentiva a los creadores muertos o a las personas o empresas que heredaron o adquirieron esos derechos? Algunos datos pueden darnos la clave:
ENLACE A: Why does Amazon have more books from the 1880s than the 1980s?

Siguiendo el hilo desde las Américas, se puede entender la beligerancia de unos y la incesante actividad legislativa de los últimos años de otros, respecto a “los derechos de autor en la sociedad de la información”. Les propongo echar un vistazo a los informes anuales de la IIPA Special 301 (Alianza Internacional de la Propiedad Intelectual) el potente lobby norteamericano de sus “industrias culturales” que junto a los nacionales integrados en Ibercrea pesan lo suyo. Así, desde la “disposición final segunda” de la Ley de Economía Sostenible conocida como Ley Sinde, hasta las siguientes reformas sobre el mismo tema conocidas como Wert y Lassalle, es evidente que sus reprimendas y recomendaciones son tenidas en cuenta por nuestros legisladores.

Enlace a la lista IIPA 2013

Enlace al estudio sobre España de la lista IIPA 2013

      No solo de pan vive el autor ni el artista ni el arte

Con la extensión de derechos patrimoniales se cuelan de rondón todo tipo de restauraciones y las llamadas “obras derivadas” que engloba traducciones, adaptaciones, revisiones, actualizaciones, anotaciones, compendios, resúmenes, extractos, arreglos musicales y cualesquier transformación de obras literarias, artísticas o científicas. El coladero es un todo vale esperpéntico que alguna vez repercute en los medios cuando algún ingenuo aficionado de la lírica se le ocurre hacer una representación de “La Bohème” con sus amigos y se entera que tendrá que pagar derechos de autor a la editora de la partitura, a pesar de que Giacomo Puccini falleció en 1924. Parecida sensación tendría el Alcalde de Zalamea de la Serena cuando le exigieron el pago de los derechos de autor por la representación de un grupo de aficionados del pueblo de la obra “El Alcalde de Zalamea” a pesar de que Calderón de la Barca falleció en 1681. No son situaciones excepcionales, se trata de una pauta que siguen la mayoría de las ediciones de partituras operísticas centenarias, “ediciones críticas”, versiones escénicas y coreográficas que conocemos como obras clásicas. Esta realidad es sentida por amplios sectores de la sociedad como una usurpación de obras de dominio público, constituyendo perjuicio a terceros.

Otro perjuicio solapado provocado por la cultura maximalista de derechos para unos, se evidencia notablemente en las artes escénicas. Su peculiaridad efímera y la necesaria implicación en la representación teatral de diversas artes y artesanías muestra que, de hecho, todas las obras de las artes escénicas se realizan gracias a la colaboración y aportaciones de escenógrafos, figurinistas, iluminadores, tramoyistas, directores de escena, actores, bailarines, etc. Sin embargo, aunque las legislaciones de PI vigentes contemplan la autoría en colaboración, tanto las costumbres como las matizaciones de los sujetos y condicionantes como los derechos de los asalariados, los contratos de edición, los de representación teatral y ejecución musical junto con el acotamiento y definición de los artistas intérpretes o ejecutantes, impiden en la práctica que las aportaciones al proceso creativo de estos artistas sean reconocidas.

Colaboración

Aunque algunos dramaturgos, libretistas y coreógrafos reconocen las aportaciones de actores, cantantes y bailarines a sus obras, rara vez estos son reconocidos como coautores. Lo preocupante de esta realidad, no es tanto la pérdida de unos derechos patrimoniales sino la preponderancia de unos derechos del “autor” sobre los derechos patrimoniales y morales de otros. Al fin y al cabo, las artes escénicas existen solo cuando los intérpretes y artífices las representan en la escena.

Sin el desdén de muchos no es posible el arraigo de la discriminación, pero cuando al desaire se suma el privilegio, la realidad suele resultar obscena. Es lo que sucede a menudo con obras artísticas producidas con recursos públicos o empresas que reciben subvenciones. Si la mayoría de los países limitan los derechos de autor de los subalternos y funcionarios del estado, parecería lógico que también se limitaran una parte de esos derechos a favor del dominio público de las obras producidas y financiadas por el erario. Esta lógica que se aplica para unos no se hace para otros. Un ejemplo bochornoso al respecto fue la prohibición del coreógrafo Juan Ignacio Duato de bailar sus obras a la Compañía Nacional de Danza, a pesar de que fue dicha Compañía pública (financiada con los Presupuestos Generales del Estado español) quien produjo sus coreografías. Para mayor befa, Juan Ignacio Duato cedió sus derechos a la compañía privada rusa propietaria del Teatro Mijáilovski.

El estado español se tragó el sapo sabedor de que, aunque ganara el pleito respecto a los derechos de explotación de la mayoría de las coreografías de Duato, le sería materialmente imposible ponerlas en escena por la reclamación de los derechos morales del coreógrafo que le permiten impedir su representación cuando considere que su obra ha sido alterada. Un paso algo diferente, la expresión facial, o el fraseo de los pasos puede ser esgrimido como deformación, alteración y atentado que menoscaba la reputación del autor y, en consecuencia, motivo para desautorizar su representación.

La hegemonía de unos derechos sobre otros que impregna hasta la sintaxis de las legislaciones sobre propiedad intelectual, con la jerga de derechos afines, conexos o vecinos y diluyendo las autorías mixtas, no solo han generado estamentos profesionales y artísticos, también, en el caso concreto de las artes escénicas y musicales, el exagerado purito de muchos autores respecto a la integridad milimétrica de sus obras, está impidiendo la evolución natural de esas obras, como ha sucedido durante siglos con las que llamamos clásicas, a través de las aportaciones de los intérpretes y ejecutantes.

Los derechos instrumentalizados como privilegios, mezclados con la exageración egocéntrica o incluso el fraude de los que presumen de escupir en el altar del arte, pero protegen sus faltriqueras detrás de las fauces de la Bestia, chocan inevitablemente con la realidad del mundo globalizado por medios interactivos audiovisuales y textuales de comunicación en red. El bunkerizado establishment contempla horrorizado la proliferación de “obras derivadas” junto con las apropiaciones mediante “samplings”, “covers”, “remakes” y demás triquiñuelas y técnicas que fagocitan obras y patrimonios con la soltura de los que tienen poco que perder y algo que ganar.

La confusión y el desbarajuste que vivimos no lo origina Internet. Lo que hace la Red y sus diversos instrumentos es mostrar, a la brava, vergüenzas o triunfos. Así podemos distinguir el grano de la paja sin tener que pasar por el arbitrio de los sacerdotes del establishment. Verificar con un clic que la aportación del pianista ejecutante de la “Symphony Silent” de Cage ENLACE AL VÍDEO se limitará a cronometrar el tiempo o medir la altura y el ángulo de su mano respecto al teclado del piano.

Tampoco será fácil “samplear o “remakear” o hacer un “cover” a la coreografía “Duet” de Paul Taylor ENLACE AL VÍDEO Como verán, ejemplos notables del triunfo contra la plagio y la piratería.

Atareados en instalar válvulas de escape a cada lobby, es improbable que a los impulsores de la enésima reforma sobre la propiedad intelectual bautizada como Lassalle, tengan la tentación de elevar, mejor dicho, introducir normas deontológicas y equilibradoras en sus proyectos de reforma. Por lo divulgado por el Ministro, ahora le toca el turno a evitar que se rompa la llamada cadena de valor de algunos editores muy organizados pero inadaptados -‘Tasa Google’- y sortear los revolcones jurídicos mientras se espera la correspondiente directiva armonizadora de Bruselas.

Continuará.

Entre Los enemigos del comercio y El dilema de España

P. R. Barreno – 23 de enero de 2014.

En algún momento he comentado que el enciclopédico estudio emprendido por Antonio Escohotado en sus dos volúmenes titulados: “LOS ENEMIGOS DEL COMERCIO Una Historia Moral de la Propiedad” suponen una inapreciable aportación para comprender el pasado y un formidable profiláctico contra las enfermedades infantiles del izquierdismo y sus derivadas populistas.

Hoy llamo la atención sobre un libro menos holista pero no menos didáctico. Se trata de “El dilema de España” escrito por el profesor de la London School of Economics Luis Garicano quien nos plantea dos posibles derivadas de la economía y la sociedad española: en una, nuestra economía se parece a la de Venezuela; en la otra con Dinamarca.

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Para llegar al régimen venezolano, según Garicano, solo necesitamos sostenella y no enmendalla, persistir el nuestro “capitalismo castizo” el régimen clientelar y en la corruptela.

Para dirigirse hacia Dinamarca Garicano receta emprendimiento y esfuerzo, pero sobre todo reformas estructurales y políticas que garanticen la seguridad jurídica y la transparencia. Entre las reformas que propone Luis Garicano aparece como imprescindible para reducir el pertinaz paro, la adopción del contrato laboral único al estilo danés.

En Dinamarca todos los sectores, incluidos los sindicatos, están de acuerdo en que «LA FLEXISEGURIDAD» es un buen sistema para generar empleo. «No hay ningún caso de un país en el que se haya reducido el paro de forma rápida y significativa si no es a través de la flexibilidad en el mercado de trabajo», asegura Per Callesen, del Banco Nacional Danés.

Este es el gran dilema, enfrentarse a la realidad con entereza o esperar que una Viceministra para la Suprema Felicidad Social nos facilite el soma de cada día.

“EL LEÓN CON SU EJÉRCITO”

Fábula de Félix María Samaniego en versión posmoderna deconstruida

P. R. Barreno. 05/12/2013

Comicos_de_la_leguaMientras que las naciones civilizadas hoy, superponen la cultura y la ciencia a la espada, y sus ilustres ciudadanos engrandecen su fama, gracias a la justicia y equidad de su sociedad, Tú Ministro/a, Secretario/a, Alcalde/sa o Concejal/a de culturas y contraculturas varias, te encargas de ayuntarnos al unzo neoestamental, pergeñando superestructuras piramidales rectoras del cardumen. Así, mediante el erario impones amistades, gustos, prebendas, panes y circenses con tal fervor que, en cinco minutos, tus Torquemadillas conceden o deniegan licencias a los juglares, danzantes y músicos, por aquello de proteger los sensibles sentidos de los ciudadanos, tan maltratados por el canonizado gusto oficial, implantado por los plagiarios del sobrino de Plinio que te festejan.

Al igual que la hormiga codiciosa trabaja en sociedad fructuosamente, y la abeja oficiosa labra siempre ayudada de su gente, los sabios patricios que nos rigen, uno más quince y unos cuantos anteriores, amén de asesores, ministros, primos, camaradas y cofrades, por nuestro bien nos sangran. De este modo del erario sacan sisan y controlan, desatinando asaz en lo que tocan. Ahí es nada; justicia, plata, usuras, finanzas, orden, educación, energía, agricultura, industrias, medio ambiente, urbanismo, comercio, transportes, comunicaciones, cultura, arte, ciencia, investigación, tecnología, material de oficina, moda, deporte, juego, bebida, comida, juerga, y todestamento-medievalo lo demás.

Cuando al aurea mediocritas se le añade el despotismo endogámico, florecen tarambanas, al Spanish style, en los más altos feudos. ¡A tapar la calle que no pase nadie, que pase mí y mí y mí! Y el último que apague la luz del aeropuerto y se una a los desposeídos de sus méritos que huyeron a las naciones cultas; cuál cultiva los campos, cuál las ciencias; cuál las artes y de diversos modos, juntando estudios, viajes y experiencias, resulta el bien en que trabajan todos.

Mientras tanto, la afligida patria se va consumiendo como semillero hirviente de un corazón podrido. Son las corrupciones vivas de sedicentes divinos creadores, de cuyas obras nadie tuvo ni tiene noticia, que envueltos en banderas gremiales se aposentan en despachos oficiales, mientras proclaman; ¡qué gran artista morirá conmigo!

LacucaQuizá azuce la agudeza, deconstruyendo, con perdón, la metempsícosis de la fábula: El León, rey de los bosques poderoso, quiso armar un ejército famoso. Juntó sus animales al instante: Como había cazado a los elefantes, cargó a los hombros de la mesnada contribuyente, un castillo repleto de paniaguados y lobos rabiosos que daban grima. Pues que había abatido también a los osos, encargó de los asaltos al banquero; al sindicalista con sus gestos y sus saltos mandó que al enemigo entretuviese; al economista que diese ingeniosos ardides al intento. Uno gritó: «la liebre y el jumento. éste por tardo, aquélla por medrosa, de estorbo servirán, no de otra cosa.» «¿De estorbo? dijo el Rey; yo no lo creo. En la liebre tendremos un correo, y en el asno mis tropas un asesor y estratega.» Así quedó la armada bien completa.

Aquí no hay moraleja ni conseja, si vislumbran personajes o se sienten retratados, no lo achaquen a un desenfoque ideológico de mi lente. No me invento el marasmo que vivimos, la nomenklatura fagocita al mérito y el ascensor social, si alguna vez lo hubo, en España hace mucho tiempo que está averiado.


DE LOS INTERESES CREADOS EMANA LA MALA EDUCACIÓN

P. R. Barreno. 27/10/2013

Estrenada en 1907, “Los intereses creados” fue considerada obra “progresista” hasta que el Benavente de 81 años acudió a una manifestación en la Plaza de Oriente, con el único objetivo de que el régimen le reconociera sus derechos de autor. Desde entonces, se le adjudicaron las etiquetas de autor burgués y convencional. Sin embargo, el teatro de fantoches es tan clásico como la tragedia o las danzas dionísiacas. Su itinerario pasa por el Cervantes de “El Retablo de las Maravillas” y “El Coloquio de los perros”, la Comedia del Arte, el esperpento Valleinclanesco y Els Joglars de Boadella. El impulso catártico que engrana este modelo de representación teatral, es la farsa ridiculizadora de los fantoches del poder.

Hoy gozan de popularidad las trapisondas conspiparanóicas, esas ficciones sobre omnipotentes asociados en el Club de Bilderberg, las teorías de Zeitgeist y demás elucubraciones sobre poderes ocultos que controlan el mundo. Semejantes sandeces generan a quienes las creen la impresión de vivir dentro del gran teatro del mundo cuan marionetas manipuladas. Nada nuevo bajo el sol, hace no tanto, los conspiradores eran los judíos o los masones. Sin embargo, creer, porque se trata de creencias místicas, que la partida está echada ya que estamos en manos de poderes ocultos que determinan nuestra vida, produce esterilización crítica y analítica.

Algo parecido ocurre con el llamado “estado del bienestar”. Con tan complaciente denominación se formula una Arcadia que sobrepasa, siempre y en cualquier lugar, las capacidades de los presupuestos estatales para redistribuir, ayudar y procurar la salud, la educación y la justicia de todos los ciudadanos de la nación. La experiencia, aquí y allá, evidencia infinitas contradicciones e ineficiencias entre el discurso paternalista y los choques de intereses entre burocracias, corporaciones y partidas. Mientras la coherencia y la justicia indican que la función social del estado moderno, en una sociedad abierta, es cubrir los riesgos de exclusión, la demagogia rampante proclama garantizar el acceso a la vivienda, salud pública, educación, seguridad jurídica y empleo. ¡Ahí es nada! Y sin embargo, a pesar del notorio incumplimiento, la tabarra continua abanderada en el “principio de subsidiariedad”, interviniendo en todo menos en lo sustancial. Así se logra “el bienestar del estado” cuyo ejemplo de apoteosis falsaria es el delirante y cursi “Viceministerio para la Suprema Felicidad Social” de Venezuela.

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Aunque los gobernantes de estos lares no se atreven todavía a prometernos la suprema felicidad –rectifico, en algunas autonosuyas afirman que llegará a todos con la independencia- hace tiempo que los intereses creados alrededor del bienestar del estado se han enrocado en su bunker burocrático, mientras vocean que el que se mueva no sale en la foto. No hay más verdad ni realidad que sus intereses que se sintetizan en la famosa frase de John D. Rockefeller: “Yo no quiero ser dueño de nada sino tener el control de todo”.

La educación es una inversión en capital humano cuyo plazo de amortización está determinado en cada generación, por lo tanto, cada persona instruida gracias a la aportación pecuniaria de los ciudadanos al erario, tiene la obligación de devolver a sus compatriotas el capital que le anticiparon. Solo con el atracón de dopamina que otorga el discurso de los viceministerios de la suprema felicidad social, se pueden admitir consignas como Sanidad, Educación y Cultura gratuitas. El gratis total es el culmen de la mentira y su proclamación subliminal o descarada debería constituir crimen de lesa ciudadanía, sobre todo para quienes, tras proclamarlo y abanderarlo, llevan a sus retoños a colegios y universidades privadas y les operan sus averías en clínicas privadas.

Igual trato deberían sufrir los promotores de la mediocridad que hacen verosímil la diatriba de Bill Keller: Those who can, do. Those who can’t, teach. And those who can’t teach, teach teaching. «Los que saben, hacen. Los que no saben, enseñan. Y los que no saben enseñar, enseñan a enseñar».

Por mucho que nos indigne la brutalidad de quienes imponen a sus alumnos ser analfabetos en la lengua franca o inglés. Por mucho que las acémilas demagogas ignoren los estudios de Michael Young sobre la meritocracia y escupan igualdad cuando quieren decir que hay de lo mío. Por mucho que comprobemos cada día esa necia pretensión de modificar la realidad sin tener en cuenta la realidad, creo que no es sensato generalizar ni caer en la trampa de abanderarnos en esta lucha entre hienas, donde los Tirios renuncian al espacio español de educación obligatoria y a unas enseñanzas artísticas rigurosas y dignificadoras, mientras los Troyanos solo inciden en conservar las vetustas regalías del lobby pedagógico-sindical.

Son los intereses creados los principales causantes de nuestras crisis y del negro panorama para nuestra manipulada juventud. Por ello me alegran las iniciativas derivadas del análisis de la realidad y la razón, por ejemplo la de los alumnos del Conservatorio Superior de Danza de Málaga, constituyéndose como Asociación para pedir la adscripción de estas enseñanzas a la Universidad de Málaga. De esta forma, se unen a las acciones ya emprendidas por el Claustro de profesores y, el Consejo Escolar de dicho centro. ¡Que su ejemplo cunda!.


Antonio Escohotado: el admirado sabio audaz

01/10/2013.

La publicación del segundo tomo de “Los enemigos del comercio – Una historia moral de la propiedad” de Antonio Escohotado Espinosa, además de activarme la lógica curiosidad que supone empaparse con la erudición del pensador y, perdón por el oxímoron, filósofo de mayor espectro temático de nuestro país, presupone un sibilino retorno a la tremenda encrucijada en la que debatimos demasiado tiempo buena parte de la llamada generación de la posguerra; emancipación colectiva frente al libre albedrío individual.

Escohotado_2013_Rememorar vivencias compartidas durante la pubertad, aunque sea desde diferentes escalones, tiene la ventaja de facilitar la comprensión de las trayectorias personales y quién sabe si algo más. El joven Escohotado fue uno de los “chicos bien” pioneros del rock español en los albores de los sesenta en Madrid. Enseguida, a Los Estudiantes los emularon conjuntos juveniles en los barrios más populares como Delicias o Usera y, como ellos, nos dedicábamos a imitar a los Shadows y al melifluo Cliff Richard, o a los más durillos Comets. Mientras los más afortunados enseguida blandieron sus Fenders, los menos apañábamos nuestras acústicas con “pastillas” enchufadas a amplificadores del tocadiscos. Algunos lograron entrar en la rueda discográfica mientras que la mayoría teloneraba algún domingo en el Price o en el Consulado.

LosestudiantesMientras el rock se convertía en la música juvenil en la España de los sesenta, consolidándose hasta hoy, fui de los raritos que se fueron desentendiendo del rock, al compás de la “concienciación” que me fueron proporcionando las lecturas caóticas de los teorías de la Escuela de Frankfurt, del Estructuralismo, los semióticos y demás, junto con la sumisa militancia y el atracón de panfletos y arengas sobre los procesos de formación de superestructuras de alienación de las masas. Conclusión; Adorno y Horkheimer están en lo cierto, la industria discográfica basada en el aumento de la capacidad adquisitiva de las expansivas clases medias, era una parte fundamental de la industria del ocio, mera “pseudocultura” Prêt-à-porter.

Lo increíble, cuando lo vemos con la perspectiva del tiempo y lo acontecido, es el empecinamiento de muchos de nosotros en buscar liberaciones colectivas mientras que, al mismo tiempo, asumíamos que ante el aumento de la capacidad de consumo de los empleados y la aristocracia obrera en occidente que estaban conformando la nueva clase media mayoritaria del “El hombre unidimensional”, ese consumidor de bienes y servicios en forma de soma alienante. Entonces, si la lucha de clases como motor del cambio histórico era una entelequia, ¿de dónde sacaríamos la energía liberadora?

Aunque Escohotado reconoce sus devaneos juveniles con el PCE, no parece que le durara mucho el impulso colectivista. Por el contrario, fue de los pocos que rompió amarras y seguridades convirtiéndose en hippy chic en Ibiza. Reconozco que no simpaticé nunca con las evasiones causadas por el ácido ni la martingala musical de Pink Floyd, pues a la consideración de nihilismo burgués se sumaba mi vivencia personal en Norteamérica. Conocía de primera mano la decadencia física y moral de aquellos huidos de la Recruiting Station o desertores del boot camp, chavales que acogíamos como héroes de la causa antiimperialista, ejemplos vivos de la justeza de nuestro alineamiento incondicional con el Viet Cong. Que aquellos rebeldes abrazaran el movimiento psicodélico para evadirse de su difícil situación personal, con la misma fruición que los marines aliviaban su angustia en el contrataque a la ofensiva del Tet, cuestionaba demasiados tópicos sobre el comportamiento que un revolucionario debería tener.

Pero llego la transición, las libertades formales, la permanencia del terrorismo etarra, la crisis de la industria pesada, la “única política posible” para adaptarnos a la división internacional del trabajo, “el salto adelante a modo de rana” que conllevó a la instauración definitiva de las tres clases de trabajadores. A la crisis económica y social había que amaestrarla con la conocida receta contracultural que también había funcionado en otros países. Los angélicos izquierdistas nos negábamos a reconocer que nuestra gente ponía fecha de caducidad a la rive gauche de los Brassens, Brel, Ferré y Moustaki y a los conciertos de nuestros cantautores, incluidos los tediosos de la Nova Cançó. De las noches de estío de cantos corales adornados con eflúvicas humaredas herbóreas y mecheros encendidos, pasamos a los conciertos de primavera de 8 horas de duración, con la repetida consigna: «Sexo, drogas y rock & roll en todas partes. La movida ya está aquí». Es el triunfo del posmodernismo olé y la instauración de la nomenclatura cultural del nuevo régimen.

La doblez del discurso del poder incluía las poses frikis del Alcalde con traje cruzado y corbata, autor de “El miedo a la razón”, junto con la prohibición legal del consumo y tráfico de estupefacientes y el apoyo y subvención a los valores de la contracultura nihilista. Y todo ello a pesar de que el caballo adulterado se llevara por delante a una parte considerable de una generación que, por lo demás, se valoraba demográficamente excedentaria.

Desde la ley para «vagos y maleantes» de la segunda república, la ley de estupefacientes y la de peligrosidad social franquistas, la flamante democracia adoptó la estrategia cínica del inmovilismo táctico que combinaba la prohibición o la represión circunstancial, a pesar de los estragos sociales e individuales causados por esta política. La culminación de esta astucia es la conocida y vigente Ley Corcuera.

En medio del bochinche inducido y el consumo competitivo, aparece en 1983 “Historia general de las drogas” un extenso estudio histórico científico escrito con clara profundidad por el outsider Antonio Escohotado que, además de deshacer muchos prejuicios y vaciar el discurso de la toxicomanía como enfermedad, evidenció la doble moral del régimen. El desconcierto y posterior enfado del poder visible y oculto fue la inteligente propuesta de derogación de la prohibición de las drogas que no su legalización.

Curiosamente, los anatemas, amenazas y represalias sufridas por Antonio Escohotado tras la publicación de esta obra, no procedieron de los Pablos Escobares sino de los poderes del estado, las nomenclaturas académicas y los arcos iris de la opulencia exclusivista de la distinción de Saint-Germain-des-Prés, Saint-Paul-de-Vence, Calviá y Sotogrande.

La parodia legal para amedrentar a Escohotado y hacerle pagar su osadía; «Los inquisidores están siempre vestidos con sotana o con bata blanca» incluyó detenciones intempestivas, el correspondiente proceso kafkiano y unos meses en chirona.los-enemigos-del-comercio-una-historia-moral-de-la-propiedad-ii-9788467037982

Es cierto, «nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos». Cayeron muros físicos y doctrinales. A muchos fulleros les llegó su San Martín gracias a las denuncias solventes como “Imposturas intelectuales” de A. Sokal y J. Bricmont o las desmitificaciones de las doctrinas “antisistema” “alternativas” y demás consignas contraculturales denunciada en “Rebelarse vende” de Joseph Heath y Andrew Potter.

Con la publicación del segundo volumen de “Los enemigos del comercio” Antonio Escohotado sigue aportándonos la sabiduría de su pensamiento científico en las ramas donde la especulación ha reinado durante demasiado tiempo y el populismo sigue manipulando. Ver declaraciones de Escohotado

Creo que lo importante no es como Antonio Escohotado se defina o lo encasillen, incluso confieso algún repelús respecto a sus declaraciones epatantes de antaño y ogaño, sin embargo, lo fundamental son sus sólidos argumentos, sin duda, dignos de admiración en estos tiempos de tribulación. Disfruten pues leyendo “Los enemigos del comercio” de Antonio Escohotado.

CATARSIS VIAJERA

04/09/2013.

Los sentimientos y reflexiones recogidos durante mis recientes viajes en pleno ferragosto del 2013 han sido tan imponentes que, para enfriar posibles excesos por acaloramiento, he esperado unos días antes de divulgar mis impresiones.

Hace ya muchos años que la posibilidad de hacer viajes exploratorios y románticos por parajes y culturas desconocidas son improbables, sin embargo, si el viajero mantiene los sentidos alertas y puede combinar ocio y faena, las percepciones sobre la realidad suelen ser más abundantes y sustanciales. Por ello, siempre que puedo, organizo mis viajes bajo las mejores circunstancias que me puedan permitir la visita descubridora y compartir la cotidianidad con las gentes del lugar.

Sin grandes planificaciones pero sin dejar demasiado espacio al azar, este verano me ha regalado vivir unas pocas semanas en lugares distantes y distintos en apariencia y naturaleza, pero cercanos en no pocas coyunturas. Desde esa aridez sustanciosa de las Garrigas, La Segarra y El Segriá Ilerdenses que matiza la vega del Segre, hasta la isla que Nicolás Guillén describe en su extraordinario poema metafórico como «un largo lagarto verde, con ojos de piedra y agua» hay tantas disparidades como notables vínculos.

Derrumbe-LleidaEn la Cataluña profunda, todavía muy rural, que presume de preservar la esencia del país, la identidad y las tradiciones, he observado que hay muchos lugareños que escuchan con pavor los sucesos que cuentan los medios sobre La Mina y San Roque, o de San Cosme y Salt, al relacionarlos con una emigración variopinta reciente, que no termina de integrarse. Tengo la impresión de que se trata de una inquietud basada en la acumulación de hechos objetivos paradójicos como el envejecimiento de la población “genuinamente autóctona”, la propaganda patriótica enaltecedora de riquezas y virtudes de los auténticos catalanes, frente a la percepción de una degradación arquitectónica y cívica, cuya muestra evidente es el casco antiguo de Lérida habitada por emigrantes extracomunitarios.

Hospital-ruinaClaro que en la suma de parón demográfico y degradación arquitectónica, Cuba se lleva la palma. Si solo fuera La Habana vieja quizá el enésimo plan de “revitalización” oficial podría parchearla, sin embargo, el deterioro urbano e inmobiliario, mejor dicho, la devastación, se extiende por doquier por todo el país. Al pasear al anochecer por los distritos habaneros de Centro, o incluso por, el años ha, esplendoroso barrio del Vedado, se puede tener la sensación de ser abducido por Robert Krasker, para que entendamos sus claroscuros inestables en las ruinas de los edificios art decó, esta vez enfocados por los agotados faros de un Chevrolet Impala del 58, fabricado en Clark Street Detroit Assembly, mientras que en vez de escuchar la cítara tonante de Anton Karas, desde una cuartería ruinosa se escapa el sonido del reggaetón “Tú no eres buena” canturreado por unos cuantos jóvenes albergados.

el-tercer-hombre-juan-carlos-boveriNo muy lejos de Clark Street se ubica la sede primigenia de La Casa de La Habana, un viejo bar expendedor de cigarros en pleno centro de la quebrada capital del automóvil del siglo XX, cuyo patrimonio de viejos autos fabricados en la ciudad, es escaso en comparación con los que ruedan cada día en La Habana. Las relaciones circunstanciales entre ciudades y países tienen la cualidad de tentar un abordaje comparativo que, en el caso de Detroit y La Habana, puede conducir al tópico de los dos polos que se juntan o a la dialéctica de la lucha de los contrarios. No caigo en semejante tentación porque presiento un riesgo de cortocircuito racional.

Descartada la especulación teórica, me apetece compartir algunos detalles curiosos descubiertos durante estos viajes que, aunque bien conocidos y comunes en la panoplia de causas que explican el fulgor y decadencia de polis, megalópolis, naciones e imperios, cuando son contextualizados, pueden ayudar a comprender que sucedió, que sucede y que puede suceder.

Fue la visita a uno de los museos de historia guiada de La Habana, el causante de mi súbito refresco de memoria respecto a una parte de la historia, que mi padre contaba que lo contó el suyo, a la sazón veterano de las guerras de Cuba y de la batalla del Ebro junto a mi padre.

El parque público por excelencia de Barcelona lleva el nombre de su impulsor Eusebi Güell i Bacigalupi, Conde de Güell y uno de los genuinos representantes de la gran burguesía catalana impulsora de la industria, el mecenazgo cultural y artístico y la protección de los intereses económicos privados mediante la intervención política.

El primer Conde de Güell era hijo de Joan Güell quien, con apenas 30 años, instauró un monopolio comercial en Cuba que incluía el tráfico de esclavos y con el que hizo una gran fortuna. Al regresar a España invirtió su ingente capital en la creación de industrias textil y siderúrgica y en las finanzas. Conocedor de las ventajas de los monopolios económicos y el intervencionismo político, consiguió el proteccionismo comercial para la naciente industria en Cataluña y procuró obtener ventajas comerciales por influencia política (cohecho) tal que el privilegio real para la fabricación exclusiva de la pana. Así, fundó el Instituto Industrial de Cataluña, precursor del actual Foment del Treball Nacional, fue elegido diputado a Cortes por Unión Liberal, alcalde de la Ciudad Condal y senador por designación real de Isabel II.

Monument_a_Joan_Güell_i_Ferrer,_Gran_ViaVarias pulcras estatuas y monumentos dedicados a aristocráticos próceres adornan calles y plazas de Barcelona, entre otras, las de Joan Güell y Antonio López y López, primer marqués de Comillas, ambos precursores indianos de la nueva y pujante burguesía catalana decimonónica, cuyas grandes inversiones industriales e inmobiliarias en el ensanche de Barcelona, procedieron de las fortunas conseguidas en sus primeros negocios monopolistas y esclavistas en Cuba.

El “Grito de Yara” de 1868 fue la expresión de hartazgo de una burguesía emergente constituida por los criollos cubanos, ante la injusta forma con que la metrópoli les trataba. Una de las causas fundamentales de la rebelión fue el monopolio reservado para las manufacturas españolas producidas en Cataluña, que impedía el desarrollo económico de la burguesía cubana emergente.

La preserva de intereses y el monopolio proteccionista para las mercancías producidas en Cataluña en el resto de España, Cuba, Puerto Rico y Filipinas, impulsó a la nueva oligarquía industrial y financiera catalana hacia posiciones belicistas en defensa del estatus quo en las colonias. En consecuencia, organizaron y financiaron a “los voluntarios de Cataluña”, un cuerpo mercenario formado por jóvenes payeses, para combatir a los insurrectos cubanos. Uniformados con barretina y bendecidos por el entonces presidente del gobierno español, el reusense general Prim, los nuevos almogávares, constituidos por varios batallones, combatieron en las tres fases de la guerra de Cuba.

Los últimos estertores del imperio español tuvieron un enorme coste para los ciudadanos españoles, cubanos y filipinos pero, como de costumbre, el sacrificio no fue igual para todos. Así, las grandes fortunas catalanas lograron mantener hasta el final el proteccionismo y desarrollaron empresas neocoloniales como El Banco Hispano Colonial, La Trasatlántica y la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

La intervención de EEUU y los consiguientes desastres de Cavite y Santiago de Cuba provocaron la crisis del 98, con la ulterior reducción del comercio protegido para la industria catalana, el encarecimiento de las materias primas y la aniquilación de la mayoría de las empresas de ultramar. Al mismo tiempo, se produce la radicalización del movimiento obrero revolucionario en la Barcelona industrial, cuya composición emigrante era mayoritaria. En este contexto de incertidumbre y violencia, aparecen las primeras alianzas interclasistas para organizar partidos nacionalistas en las Vascongadas y Cataluña. El peligro de derrumbe del cacicato estable explica cuban-flag-oldla conversión al nacionalismo de la alta burguesía catalana. El arquetipo de la mutación ideológica es Eusebi Güell i Bacigalupi, Conde de Güell. Tras la derrota de Santiago de Cuba, el marino español Vicenç Albert Ballester, natural de Barcelona, retorna de Cuba. En 1918 crea la bandera independentista catalana del triángulo azul y la estrella blanca conocida como L’estelada, a imagen y semejanza de la bandera de la República de Cuba.

Estos repasos me han ayudado a entender mejor algunas vivencias de los viajes del verano que acaba. Pero sucede que en el campo amplio de las creencias, cada cual se manifiesta por dentro y por fuera como le viene bien, pero por motivos que se me escapan, tendemos a valorar de forma diferente al adulto que nos dice convencido que Papa Noel existe, del otro que confiesa su seguridad en la existencia de salvadores de patrias desinteresados.

Y es esa diferencia la que explica la insistencia propagandística de algunos regímenes políticos en recordarnos glorias y héroes patrios que, aunque cansina, parece que todavía les funciona. Por supuesto, la eficacia de esa propaganda es proporcional a la sagacidad del mensaje, su adaptación dinámica y su constancia. No es lo mismo escuchar una voz plana citar una solemnidad de José Martí cada diez minutos por la calle habanera de Aguacate, al tiempo que tratas de inventar algo para sobrevivir, que escuchar, sentado en la barcelonesa terraza Arola, aquesta gent tan ufana i tan superba! en comparación con los cejijuntos vagos del sur, bebiéndote una copa de Vall Llach 2005, para acompañar el lomo de buey de Nebraska marinado al vinagre de Jerez y cítricos con hortalizas y germinados.

La famosa frase de Pio Baroja asegurando que “el nacionalismo se cura viajando” no es un axioma pero si un buen consejo. Los “Todo por la patria” “Patria o muerte” y demás eslóganes del sacrificio total, resultan estrambóticos frente a la dinámica de la globalización tecnológica y la posibilidad creciente de constatar in situ las enormes disparidades entre discursos y hechos.

cadena-de-montajeEn los tiempos más masificados de la historia, los nuevos medios de producción están individualizando el trabajo a marchas forzadas. Ya vivimos en el artesanismo tecnológico que está superando al neo-taylorismo. La generalización del individuo que ejecuta su obra como parte o todo de un producto que se comercializará por todo el mundo como cachivache u obra de arte es evidente. Malas noticias para conspiradores y conspirativos y otra prueba de que no se debe menospreciar la ley de Coase.

El saco homogéneo de las viejas patrias es incompatible con la saludable diversidad.

El incierto futuro de la crítica profesional de artes escénicas o la rebelión de las masas

P.R. Barreno. 04/08/2013

Influida por la supresión de la crítica de arte del dominical londinense; The Independent on Sunday, la crítica y cofundadora de The Arts Desk; Ismene Brown, ha publicado un artículo en The Guardian titulado “Sólo los artistas pueden salvar a los críticos de arte”, donde defiende el papel de la crítica profesional y demanda a los artistas, como último clavo ardiendo para la supervivencia de la profesión, su apoyo.

Los argumentos de Ismene Brown son precedidos por preguntas: «¿Cuál es el precio de una opinión? ¿Cómo se puede incluso valorar el precio del pensamiento en que se formó la opinión? ¿Cómo se hace esto en una cultura – creo que es la palabra correcta – donde gente se ha acostumbrado a obtener una opinión gratis que, además de esperar que sea gratis debe ser acreditada?».

calaverahirst2Aun comprendiendo las dificultades para valorar el trabajo intelectual en nuestros días, creo que la crítica británica se excede en un ejercicio retórico que, en vez de ayudar a comprender uno de los dilemas del arte actual; su accesibilidad plena como consumible de masas en el marco de una red universal de comunicación horizontal, global, libre y, por el momento, no fácilmente controlable, opta por deslegitimar la crítica amateur por insolvente. Sin embargo, aunque la realidad está superado las controversias sobre la cultura de masas y las industrias culturales, creo que conviene recordar que la trayectoria de la crítica profesional de arte durante demasiado tiempo, sobre todo la de artes visuales, no ha sido ciertamente ejemplar.

Lejos de cualquier autocrítica histórica o intento de análisis sobre los múltiples retos que plantea el expansivo contexto de internet, Ismene Brown opta por señalar la miopía de los periódicos de hoy, mediante el recuerdo de las preferencias de los lectores de la década de los 80 del siglo pasado, es decir, cuando internet estaba en la incubadora de IBM y Microsoft. Pero si el argumento de Brown me parece oxidado, su imputación a las empresas artísticas en contribuir a la demolición de la crítica profesional del arte, por dar mayor importancia a los “feedsbacks” de las redes sociales que a la crítica profesional, me parece, además de un exceso, un desahogo irreflexivo de alguien que vive en red y por la red y participa con denuedo en Twitter; @ismeneb.

Esta incongruencia puede explicarse por varias razones, entre otras, por una sobrevaloración de la propia profesión y su trascendencia para el arte que, por ende, desvaloriza la opinión amateur que se expande inexorablemente por las redes de internet.

Es esta descompensada valoración de la realidad la que impide entender a la crítica británica el rápido cambio de paradigma que se está produciendo en las artes escénicas entre la producción artística y el público. Esta vertiginosa metamorfosis está cuestionando muchas prácticas asentadas de comercialización y publicidad en las empresas artísticas, entre otras, la depreciación del valor de la crítica profesional en el desarrollo de las artes escénicas.

Pero si el cuestionamiento del crítico profesional como divulgador por parte de las empresas artísticas de AAEE es palpable, la consideración de la crítica de arte como prescindible por parte de periódicos serios con problemas económicos, es posible que sea equivocada y miope, pero no creo que sean caprichos de directores ignaros. A este respecto, más de una vez he oído a periodistas que ejercen como críticos de arte, confesar que están persuadidos de que sus escritos solos los leen los profesionales de la cosa.

Es evidente que la avalancha de opiniones individuales sobre lo divino y humano en la red de redes es imparable y, aunque las opiniones de aficionados y espectadores se expresaron al principio con comedimiento, hoy lo hacen con desparpajo y sin ningún complejo. Esta realidad aplicada a las AAEE no solo está reduciendo el espacio del crítico profesional, también es probable que se traduzca, más pronto que tarde, en un cambio de la actitud del público teatral al sentirse liberado del sentimiento de inferioridad fomentado por los sacerdotes del arte mistérico.

Sabido es que desde el surgimiento de las primeras vanguardias y sus consecutivas tablas rasas que lo convirtieron en arte oficial del siglo XX, los principios erigidos por el ilustrado Diderot para el crítico profesional como comentador, informador y educador del público, se fueron trastocando para justificar la enorme paradoja del discurso nihilista capaz de convertir lamentos en mercancía subastable, cuyo valor de uso es una manifestación suprema de distinción y status del adquiriente. Así, en el balance entre la valoración personal subjetiva de una obra y la lógica universal objetiva razonada por Kant, venció la subjetividad y, tras la segunda guerra mundial, el relativismo y sus diversos constructos culturales estancos.

Muchos tenemos la impresión de que el patio de Monipodio era un paraíso moral en comparación con el mercado del arte del siglo XX. ¿Cuántas veces el metalenguaje del crítico-curador-publicista ha escondido la trivialidad de la obra recreándola en alianza con el “artista maldito” mediante todo tipo de tretas epatantes y maquinaciones en las subastas para disparar el precio del bodrio? No se entienden los fenómenos Warhol o Hirst, por mencionar un par representativo, sin la intervención de mercachifles disfrazados de honorables críticos de arte que encandilan a nuevos y viejos ricos que pagan lo que haga falta para convertirse en coleccionistas connaiseurs. Por supuesto, un estado moderno como Dios manda, también puja en las subastas con dinero del erario por aquello del prestigio de las políticas culturales.

Así, del crítico sabio y ecléctico se pasó al especialista y al comisario. Poco a poco, el didacta se fue transfigurando en propagandista o censor (Adorno) que justifica sus alabanzas y dicterios en su intocable subjetividad. No hay deontología que valga, ni siquiera justificación técnica ni mucho menos barreras morales. Así llegamos a «una situación caricaturesca que ha devenido en un galimatías absurdo donde la carencia de todo criterio coherente es la regla» (Jean-Marie Schaeffer, L’Art de l’áge Moderne: l’es-tétique et la philosophie de l’art du XVIIIe siècle à nous jours, Paris, 1992).

instintodelarteAunque la crítica de AAEE profesionalizada no ha tenido los comportamientos picarescos descritos para las artes visuales, si asumió la subjetividad a ultranza y desarrolló y mantiene mantras y metalenguajes, manieras que han entronizado altares baldíos, modas necias y estigmatizaciones de demasiados artistas honrados.

Nada, por tanto, de manual de instrucciones para moverse en el mundo del arte moderno. En su lugar, centrémonos en el arte de masas, el arte que gusta a la mayoría. Como nos indica Denis Dutton en su magistral obra “El instinto del arte” los criterios centrales de la experiencia artística, aquellos que califican el valor de una obra que se pretende artística, son la emoción y el contenido, la habilidad técnica y el virtuosismo.

Respetando estos criterios quizá se pueda deducir que no todo lo que la gente llama arte es arte ni que cualquier opinión es válida, en consecuencia, la labor de la crítica profesional de las AAEE, puede justificarse hoy y quizá mañana, si se centra en labores divulgativas basadas en los mencionados criterios. Los artistas ya tienen suficientes tareas como para convertirse en salvadores.

¿A quién beneficia la desigualdad laboral?

P. R. Barreno. 25 de mayo de 2013.

Se supone, al menos eso dicen y proclaman, que los sedicentes sindicatos “de clase” en España tienen como fin la defensa de los intereses de los trabajadores «en pié de igualdad, sin distinción de sexo, edad, cultura o situación legal administrativa». Es más, algunos afirman que «luchamos por la transformación de la sociedad sobre la base de la igualdad, la justicia, la solidaridad, la cohesión social y el respeto al medio ambiente». ¡BRAVÍÍÍSIMO!

Bocadillo en la bigaSe supone, al menos eso dicen y proclaman, que La Confederación de Organizaciones Empresariales tiene «el fin primordial es la defensa y representación de los intereses empresariales ante los poderes públicos y la sociedad en general». ¡CLARÍÍÍSIMO!

Se supone, al menos eso dicen y proclaman, que el gobierno actual de la nación española se basa «en el progreso y la cohesión social, la modernización, la solidaridad y la tolerancia así como la igualdad de oportunidades entre las personas. Defiende también la unidad nacional de España y se considera abiertamente a favor del proyecto europeo». ¡NO ME LO PUEDO CREEEER!

Resulta que desde tiempo inmemorial, en España el porcentaje de población en edad de trabajar que efectivamente trabaja (tasa de actividad) es bajísima. Ni en el mejor momento (año 2006) que se situó en el 64,8% nos hemos acercado a las tasas superiores al 70% que tienen países como Alemania, Austria, Dinamarca, Holanda, Reino Unido, etc. En este momento, según el INE, nuestra tasa de actividad es del 59,68%. Y fíjense bien y no se llamen a engaño: la tasa de actividad de los españoles es del 57,65% mientras que la de los extranjeros que viven en España es el 75,19%. Para sostener los servicios sociales actuales, seguridad social y pensiones necesitamos una tasa de actividad de, como mínimo, el 70%.

Resulta que la crisis ha destruido en España 669.845 empleos indefinidos y 1.966.803 temporales. El 73,6% de esa destrucción de puestos de trabajo se ha producido en la población menor de 30 años. Es evidente que en España hay clases, clases de trabajadores:

Clase A: Funcionarios del estado con plazas de trabajo en propiedad: 16,1%.

Clase B: Trabajadores por cuenta ajena con contratos indefinidos: 28,2%.

Clase C: Trabajadores autónomos y microempresas de trabajador único que pagan impuestos antes de cobrar sus facturas: 22,4%.

Clase D: Trabajadores por cuenta ajena con contratos temporales: 33,3%.

Resulta que en países tras atrasados social y económicamente como Austria o Dinamarca, hace años que sus gobiernos, sindicatos y patronales acordaron la implantación de un contrato único de trabajo, al considerarlo el más solidario y eficaz contra el paro. La tasa de paro en Austria es el 4,5% y en Dinamarca el 7,20% sus tasas de actividad superan el 75%. En España la tasa de paro es del 26,70%. ¡CAMPEONES CAMPEONES OHE, OHE, OHE, OHE….!

Resulta que en España, los sindicatos “de clase” la patronal, la PSOE y la IU, el Presidente del Consejo de Ministros y la Ministra disque; de trabajo, rechazan el contrato único indefinido con argumentos de este jaez: «el empresario tendría total libertad para despedir», «es muy atrevido», «Sería dar un paso más en la precarización de las relaciones laborales» «Ese contrato no existe en Europa», «ni para un lado ni para otro se van a hacer modificaciones en este momento», «no tiene encaje constitucional». Una vez más podemos comprobar cómo se cumple el axioma de Zapatero que dice: “cualquiera puede llegar a ser ministro en España”. Mejor aún, incluso llegar y ser primer ministro sin levantarse de la cama, o incluso ser capaz de vivir del precario sistema laboral imperante mediante sociedades de gestión de seguros, despachos de asesoramiento jurídico, EREs falsos y ciertos, cursos de formación para millones de parados y demás chollos y seguir proclamando, impasible el ademán, que te dedicas a la defensa de los intereses de los trabajadores en pie de igualdad, sin distinción de sexo, edad, cultura o situación legal administrativa.

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