EL PROCÉS CONTINUA Y SUS EJECUTANTES YA VEN LA META

Y PRONTO LA ALCANZARÁN SI SEGUIMOS UNCIDOS A LA MISMA NORIA

Pablo Rojo Barreno

24/10/2012

Las coacciones, actos vandálicos y agresiones terroristas perpetradas en Barcelona y otras ciudades de Cataluña por las bandas de los CDR y demás tsunamis de fanáticos escamots que emulan a los borrokas de Arnaldo Otegi, abrigadas por el gobierno de la Generalidad de Cataluña y los partidos políticos separatistas que lo integran o apoyan, tras la sentencia de la sala penal del Tribunal Supremo el pasado 14 de octubre, han evidenciado, una vez más, una verdad de Perogrullo: Que para destruir un Estado es imprescindible recurrir a la violencia. Siempre. También es una constante que los golpistas, por raciones obvias, esconden o disimulan sus arteras estrategias y tácticas de uso de la violencia, del terror como arma ideológica e instrumento para imponer su credo, que va desde el “escrache” al disidente a la guillotina jacobina, en función de las necesidades del golpe de Estado y su consolidación.

A los guardianes de las historias oficiales “de los pueblos de España” ayer y hoy de la “nación de naciones” no les gusta que se recuerden algunos detalles de nuestra reciente historia, pero a veces conviene hacerlo. Así, después de la experiencia de tres intentos de disgregar España por la brava por parte de los secesionistas catalanes (1873, 1931 y 1934) y el colaboracionismo de tantos patriotas catalanes con la dictadura franquista, el poco honorable Jordi Pujol Soley ideó una estrategia pseudo-gandhiana diciendo paz donde quería decir guerra. Me refiero, claro está, al plan diseñado con premeditación y alevosía titulado Programa 2000. Dicho programa fue planeado en 1989 sobre la iniciativa de Pujol y redactado por el maestro de escuela Ramon Juncosa Ferret, a la sazón director general de Evaluación y Estudios del departamento de Presidencia de la Generalidad y luego Director general de Ordenación e Innovación Educativa de la Generalidad de Cataluña. Concebido como plan estratégico secreto, una parte sustancial de este programa fue publicado por el Periódico de Cataluña y El País el 28 de octubre de 1990, y años más tarde su contenido completo por El Triangle en internet.

Como pueden comprobar, el Programa 2000 es un detallado proyecto para someter a la población de Cataluña a un proceso de adoctrinamiento, con el fin de conseguir una identidad catalana inequívoca, acorde con el plan de construir una nación y seguidamente un Estado. Su calendario establece la secuencia ascendente de inmersión de toda la población a la lengua catalana, imponer un relato histórico y antropológico que justifique “Un sol poble, una sola nació: ¡Catalunya!” hasta la consecución del Estado Catalán. La fabricación de relatos, superestructuras y estructuras que faciliten el objetivo final, precisa el uso de un poder considerable en todos los ámbitos de la sociedad, pero especialmente en aquellos que pueden configurar el planificado “bloque histórico” teorizado por Antonio Gramsci, compuesto fundamentalmente por los intelectuales orgánicos, las cofradías integradas en una función pública en constante expansión, sobre todo en la educación, dirigentes y beneficiarios de los organismos e instituciones culturales, de los oligopolios mediáticos que incluyen los dispendiosos medios públicos, los dueños de los sindicatos, en fin todos los restantes chiringuitos dependientes del clientelismo institucionalizado. El bloque histórico hegemónico ideado por los nacionalistas supremacistas catalanes, es dirigido y controlado por la burguesía oligárquica catalana (inequívocas son las patronales Foment, la Cambra, Cecot y Pimec) a través de sus elites políticas constituidas en punta de lanza del Procés.

La monopolización del uso de la lengua catalana en la administración y la enseñanza es la herramienta principal del Programa 2000, pues permite trasmitir dichos mensajes y blindar a la oligarquía de catalanes puros, al tiempo que van integrando, generación tras generación, a la mesocracia y a una clase trabajadora un tanto reticente y contaminada de españolismo. También se recupera, adaptado a las circunstancias y disimulando un poco el inequívoco supremacismo, pero acentuando mucho el victimismo, el discurso catalanista basado en la alianza entre alta burguesía, clero y élites culturales que establecieron los: Valentín Almirall Llozer, Mossèn Jaume Collell Bancells, Pompeyo Gener Babot y Doméne Martí Juliá, que establece el principio indiscutible de que Cataluña es una nación y España un Estado fallido poblado de gentes inferiores que roban al industrioso e inteligente pueblo catalán. Las frases contundentes de los líderes supremacistas lo corroboran: «La nación catalana, su lengua y su cultura tienen mil años de historia» suele combinarse con el “Espanya ens roba”. Pero lo que pienso que debemos de tener claro ya a estas alturas, es que el Programa 2000 ha sido exitoso, gracias a los formidables poderes de la Generalidad de Cataluña cosechados año a año del pródigo sembrado de oportunismo cortoplacista de todos los gobiernos de España desde 1982.

Repasar el Estatuto vigente que instituye la Generalidad de Cataluña es un acto rayano con lo heroico pues enseguida percibes que estás ante un texto parecido a un artefacto explosivo con detonador temporizado. Sin embargo, creo que junto con el mencionado Programa 2000, el ojearlo es instructivo para entender mejor la situación que vivimos.

La Generalidad catalana es un entramado institucional pantagruélico con potestades legislativas, reglamentarias y ejecutivas exclusivas dignas de un Estado intervencionista modelo francés. Sin pretender ser exhaustivo, quiero reseñar que son de potestad exclusiva de la Generalidad de Cataluña el catalán como lengua oficial de Cataluña con uso preferente (realmente exclusivo) en las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, además de lengua vehicular en la enseñanza. Le siguen como potestades exclusivas: educación, cultura, sanidad, salud pública, ordenación farmacéutica y productos farmacéuticos, vivienda, turismo, deporte, juventud y tiempo libre, derecho civil, organización de la prestación del servicio público de comunicación audiovisual de la Generalitat y de los servicios públicos de comunicación audiovisual de ámbito local, radio-televisión pública de la Generalidad y medios de comunicación dependientes, transportes terrestres de viajeros y mercancías por carretera, ferrocarril y cable que transcurran íntegramente dentro del territorio de Cataluña con independencia de la titularidad de la infraestructura, cuerpos de policía formado por Mozos de Escuadra y Agentes Rurales, organización territorial, distribución de subvenciones propias, estatales y comunitarias europeas, servicios sociales, agricultura, ganadería y aprovechamientos forestales, agua y obras hidráulicas, caza, pesca, actividades marítimas y ordenación del sector pesquero, régimen jurídico de asociaciones, fundaciones y ONGs, cajas de ahorros, planificación, ordenación y promoción de la actividad económica, comercio, ferias, consumo, regulación de la actividad publicitaria, cooperativas y economía social, promoción y defensa de la competencia, corporaciones de derecho público y profesiones tituladas, colegios profesionales, academias, cámaras agrarias, cámaras de comercio, de industria, de navegación, protección civil, notariado y registros públicos, obras públicas que se ejecutan en el territorio de Cataluña, competencia ejecutiva en materia de propiedad intelectual, protección de datos, juego, apuestas y casinos, ordenación del territorio y del paisaje, del litoral, urbanismo espacios naturales, servicio meteorológico propio, consultas populares, acogida de las personas inmigradas, puertos, aeropuertos, helipuertos y demás infraestructuras de transporte en el territorio de Cataluña que no tengan la calificación legal de interés general o estatal. Además, ejerce innumerables competencias compartidas con el Estado destacando, entre otras, la competencia ejecutiva de la legislación del Estado en materia penitenciaria que incluye la totalidad de la gestión de la actividad penitenciaria, especialmente la dirección, la organización, el régimen, el funcionamiento, la planificación y la inspección de las instituciones penitenciarias de cualquier tipo situadas en Cataluña, acciones con proyección exterior de carácter internacional, políticas de género, energía, minas, mercados de valores y centros de contratación situados en Cataluña, seguridad social, competencia ejecutiva en materia de trabajo y relaciones laborales, etcétera, etcétera.

Un Estado dentro del Estado con extraordinaria capacidad lisonjera y coercitiva. Con un programa estructurado para convertirse en Estado soberano, los gobernantes de la Generalidad de Cataluña y sus aliados han construido el mencionado bloque hegemónico, donde la elite burguesa dominante catalana cuenta con aliados subordinados para ejercer su hegemonía, imponer su ideología nacionalista supremacista y sus intereses. Así, los intelectuales orgánicos, partidos y sindicatos han establecido como dogma que primero es la nación y luego todo lo demás. La punta del iceberg del bloque que controla y dirige la sociedad catalana son la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural y medios dependientes de las subvenciones, artistas, deportistas, patronales y sobre todo la enseñanza. «En Enseñanza no necesitamos construir estructuras de Estado. Las tenemos listas” declaró la ex consejera de enseñanza del Gobierno de la Generalidad de Cataluña entre 2016 y 2017, Clara Ponsatí Obiols, huida a Bruselas con el ex presidente Puigdemont y ahora refugiada en Escocia.

Con semejantes mimbres, el proceso soberanista de Cataluña productor de la declaración unilateral de independencia solo era una cuestión de oportunidad, es decir, esperar un momento de debilidad y crisis en España como antes hicieron en marzo de 1873 proclamado el Estado Catalán el anarquista malagueño José García Viñas y el médico socialista francés Paul Brousse, en abril de 1931 el teniente coronel del ejército español de temprana ideología carlista Francesc Macià Llussà proclamado unilateralmente la República Catalana al tiempo que proclamaba; «de aquí no nos sacarán sino muertos», en fin, ya con el primer estatuto de autonomía en plena vigencia el 6 de octubre de 1934 el presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys Jover, aprovechando la huelga general revolucionaria organizada por PSOE-UGT y PCE, a la que en Cataluña se sumó Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), proclamó el Estado Catalán dentro de una inexistente República Federal Española, proclamación derrotada manu militari por el gobierno legítimo de la Republica que costó unas cuantas vidas.

Algunos pensamos ingenuamente que la aplicación del artículo 155 de la Constitución española vigente, más las condenas a los sediciosos, llevarían a los separatistas a la reflexión sobre si su ideología y sus estrategias políticas eran adecuadas para estos tiempos y circunstancias. Nos equivocamos. Sus propósitos secesionistas son firmes porque su ideología así lo impone. La amenaza de Joaquín «Quim» Torra Pla y sus adláteres: «ho tornarem a fer» es mucho más que el desahogo altanero de un Presidente imbuido de mesianismo. Es, ni más ni menos, una disimulada manera de decir, lo seguimos haciendo pues sabed que Cataluña es una unidad de destino en lo universal. Porque mientras que la Generalidad de Cataluña sea un Estado dentro del Estado y esté controlada por el bloque separatista, gobiernen coaliciones de partidos claramente secesionistas o coaliciones con el PSC, Comú-Podem y demás entreverados, el golpe continuará.

Constatar la realidad es muchas veces desagradable, incluso espantoso. Quizá por ello persisten las llamadas al dialogo hasta nuestra extinción nacional, las propuestas extravagantes de dividir Cataluña en Tabarnias varias o las propuestas más rotundas que piden la aplicación en Cataluña del artículo 155 de la Constitución, la Ley de Seguridad, el estado de excepción y tipificar como delito la convocatoria ilegal de referendos. Pero aun estas medidas más contundentes, en el fondo no son otra cosa que analgésicos de urgencia ante un proceso metastásico, cuyo tratamiento no puede continuar siendo las cataplasmas en forma de más madera para los incendiarios. Quizás un 155 para todos y para siempre nos pueda desatar de la noria suicida en que nos encontramos.