LOS FRACASOS DE BIDEN

29/08/2021.

Por entender que el artículo escrito por Victor Davis Hanson, publicado el 22 de agosto de 2021 en la página del The Independent Institute (Oakland, California) y en AG American Greatness, resume con notable agudeza los primeros meses de la Presidencia de Joe Biden, he considerado interesante traducirlo al español y compartirlo.

OCHO MESES DESPUÉS, LA CASCADA DE FRACASOS DE BIDEN.

Enlace al artículo original en inglés.

Un Biden con problemas cognitivos es empujado en todas direcciones, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio a todo lo relacionado con Trump.

Casi todo lo que Joe Biden ha tocado desde que asumió el cargo, se ha convertido en basura. Ninguno de sus juegos de culpas, ninguna de sus distorsiones, ninguna de sus fantasías e irrealidad pueden enmascarar esa verdad.

LA CATÁSTROFE AFGANA

Hace siete meses, Afganistán estaba relativamente tranquilo, con alrededor de 10,000 soldados vestigiales de la OTAN, incluidos 2,500 estadounidenses, anclados en el aeródromo de Bagram. Pudieron proporcionar superioridad aérea a la coalición y al ejército nacional afgano. Con el poder aéreo, las fuerzas de la OTAN, si así lo hubieran deseado, podrían haber retirado muy lenta y gradualmente todas sus tropas remanentes, pero solo después de una partida previa de todos los civiles estadounidenses y europeos, los contratistas de la coalición y los afganos aliados.

La calma transitoria implosionó abruptamente tan pronto como Joe Biden retiró imprudentemente a todas las tropas estadounidenses en cuestión de días. Muchos se fueron en la oscuridad de la noche, sin dejar a nadie para proteger a los contratistas, dependientes, diplomáticos y aliados afganos. En el mundo de Biden, los civiles protegen el último enclave occidental mientras los soldados huyen.

Hace tres semanas, Joe Biden y un Pentágono despistado y politizado nos aseguraban que Afganistán era «estable». Ahora el país está volviendo a su acostumbrado caos premoderno, teocrático y medieval. Es probable que pronto vuelva a abrir como el refugio terrorista del mundo al estilo anterior al 11 de septiembre: un mercado de armas de más de $ 50 mil millones en equipo militar estadounidense abandonado. Gracias al presidente de los Estados Unidos, los terroristas y los enemigos del Estado-nación ahora pueden comprar armas y entrenar allí sin obstáculos.

El “arquitecto” de la coalición de la OTAN, Biden, también se burló de sus aliados europeos, cuyos soldados superaban en número a los nuestros. El humanitario «buenazo Joe de Scranton» despreció a los miles de militares afganos muertos que habían ayudado a los estadounidenses. Biden les dijo a las familias de los estadounidenses caídos y heridos durante dos décadas, que la catástrofe en Kabul era inevitable, sin otra salida que el caos y el deshonor. ¿Por qué no nos dijo eso antes, cuando era vicepresidente, con tantos muertos y heridos previos?

«Supéralo», era el subtexto del mensaje de Biden. Si los estadounidenses quieren escuchar el juego de la culpa, nos dijo que convirtiéramos en chivo expiatorio a Barack Obama, o a todos los presidentes anteriores, o especialmente a Donald Trump, o a los servicios de inteligencia y al ejército, o al ejército afgano, o nosotros los ingenuos que de alguna manera pensamos que las cosas son un desastre ahora en Kabul- o cualquier cosa y todos cada uno menos Joe Biden.

¿Fue idea de Biden simplemente sacar a Estados Unidos «oficialmente» de Afganistán y dejar que los más de 10.000 estadounidenses abandonados se las arreglaran como pudieran?

¿Estaba Biden irritado por nuestra presencia de 20 años y pensando que los afganos merecerían lo que siguió? ¿Estaba tan delirante que realmente creía que las fuerzas de la OTAN podrían disuadir fácilmente a los talibanes con sermones santurrones del Asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan, el Secretario de Estado Antony Blinken y la Subsecretaria de Estado Wendy R. Sherman? Esta última es una ex directora de la Lista de EMILY y una arquitecta del Acuerdo con Irán, entonces, ¿ella y otros fueron especialmente aterrorizantes para los teócratas traviesos cuando advirtieron que podrían perder su lugar en el «orden mundial basado en reglas»? ¿O creía Biden que los talibanes se verían disuadidos por las exclamaciones de Sherman, como su ominosa advertencia: «¡Esto es personal para mí!»

EL FIASCO INFLACIONARIO

En enero, Biden heredó una economía en recuperación impulsada por mil millones de dólares en tinta roja federal estimulante. Dada la demanda reprimida natural de los consumidores, ¿por qué Biden necesitaba imprimir otros mil millones de dólares más, buscar dar luz verde a otros dos mil millones de dólares más para «infraestructura» y aumentar aún más la compensación por desempleo hasta el punto de disuadir a los empleados de regresar al trabajo?

Al mismo tiempo, ha sobresaltado a los empresarios con amenazas fanfarronas, señalando que aumentaría los impuestos en las ganancias de capital, beneficios, nóminas altas e impuestos sobre la herencia. Al mismo tiempo, el aumento de trabas erosionó aún más a las pequeñas empresas. El resultado fue la inflación de precios de todas las cosas de la vida: casas, madera, gasolina, alimentos, electrodomésticos, así como una escasez histórica de todo, desde automóviles y casas hasta el trabajo de contratistas y electricistas. Cualquier aumento en los salarios debido a la escasez de mano de obra, pronto fue borrado por las espirales en el índice de precios al consumo.

Entonces, ¿qué estaba pensando Biden o, mejor dicho, qué no estaba pensando? ¿Pagando a los trabajadores para que no trabajen, estaría saldando viejas cuentas con los empresarios? ¿Necesitaban los trabajadores unas vacaciones tras la cuarentena? Imprimir dinero era una forma de distribuir la riqueza y disminuir lo que poseían los ricos. ¿Fue un déficit de dos mil millones de dólares y de treinta mil millones en deuda agregada una forma de presumir ante Trump al duplicar la tinta roja de Trump en menos de un año? ¿Acumulará más deuda pública que Barack Obama y George W. Bush en la mitad de tiempo?

EL DESASTRE FRONTERIZO

Biden tomó una frontera segura, junto con una inmigración cada vez más legal y, enseguida, destruyó ambas. Detuvo la construcción del muro fronterizo, alentó la entrada de 2 millones de ilegales durante el año fiscal en curso, prometió amnistías y reanudó la «captura y liberación». Hizo todo eso en un momento de pandemia, eximiendo a los extranjeros ilegales de todos los requisitos de las pruebas COVID y las vacunas masivas que había alentado inyectarse a sus propios ciudadanos. Con amnistías masivas planificadas y millones más invitados a cruzar ilegalmente en los próximos tres años, ¿estaba Biden buscando fundar una nueva nación dentro de la ahora pasada de moda nación estadounidense?

¿Creía que los estadounidenses no merecían su ciudadanía y que los recién llegados del sur de la frontera eran de alguna manera más dignos? ¿Vio a los 2 millones de nuevos residentes como votantes instantáneos bajo nuevas reglas relajadas de votación? ¿Pensaba que en una economía privada de mano de obra proporcionarían niñeras, jardineros y cocineros a las élites de la costa? Nos esforzamos por imaginar alguna explicación porque no hay lógica en ninguna.

INSUFICIENCIA ENERGÉTICA

Biden hizo todo lo posible en solo siete meses para hacer explotar la idea de la autosuficiencia estadounidense en gas natural y petróleo. Canceló el oleoducto Keystone, congeló nuevos arrendamientos de energía federal, puso el campo petrolero de Anwar fuera de los límites y advirtió a los frackers que sus días finales estaban cerca.

Entonces, ¿qué impulsó a Biden a tomar semejantes medidas? ¿Acaso objetó que los automovilistas estaban ahorrando demasiados miles de millones de dólares al año en menores costos de transporte? ¿O fue el problema que habíamos recortado demasiadas importaciones de petróleo del volátil Medio Oriente y ya no lanzaríamos guerras preventivas? ¿O quizás la transición al gas natural limpio en lugar del carbón como combustible para la generación de energía había reducido de manera demasiado radical las emisiones de carbono? ¿Sintió Biden que los productores de Oriente Medio, los rusos o los venezolanos podrían proteger mejor el planeta mientras extraían más petróleo y gas que los perforadores estadounidenses?

LA CALAMIDAD RACIAL

Biden hizo estallar las relaciones raciales al dar luz verde a la nueva caza del mítico monstruo de la «blancura». ¿Fueron unos pocos alborotadores blancos bufones que asaltaron el Capitolio la punta de la lanza de un movimiento masivo de supremacía blanca previamente desconocido, el más peligroso, juró, desde la Guerra Civil?

Biden tomó la acción afirmativa y las ideas de “impacto dispar” y “representación proporcional” de la era de los derechos civiles y las convirtió en representación desproporcionada y reparaciones a bajo precio. Biden hizo aceptable condenar la «blancura», como si los 230 millones de estadounidenses blancos fueran culpables de una cosa u otra de una manera que los otros 100 millones «no blancos» no lo son.

Entonces, ¿por qué Biden pateó al perro dormido de la polarización racial? ¿Para agitar su base de izquierdas? Para aliviar su propia culpa por la larga historia de insultos racistas de la familia Biden, desde el «limpio» Barack Obama hasta «encadenarlos todos», las sagas «Corn Pop», «no eres negro» y «adicto» a ¿La palabra N de Hunter (cazador) y el racismo asiático? ¿Biden entrevió a países como Irak, Líbano, Ruanda y la ex Yugoslavia como modelos positivos para la emulación de la diversidad?

LA EXPLOSIÓN DEL CRIMEN

Después de que Biden asumió el cargo, los crímenes violentos se encendieron desde las brasas de los 120 días de saqueos, incendios provocados y violencia organizada, en su mayoría impunes, en las calles de las principales ciudades de Estados Unidos durante el verano de 2021. Bajo Biden, las cárceles se vaciaron. Los abogados federales y los fiscales locales emuladores eximieron a los infractores. La policía fue difamada y desfinanciada. Castigar el crimen se consideraba una construcción racista.

El resultado es que los estadounidenses ahora evitan los centros de Dodge City de la mayoría de las ciudades azules (gobernadas por los demócratas) azotadas por el crimen en Estados Unidos. Aceptan que cualquier peatón urbano, cualquier conductor fuera del horario de atención, cualquier pasajero en un autobús o metro puede ser asaltado, robado, golpeado, violado o baleado, sin ninguna garantía de que los medios informarán justamente el crimen o que el sistema de justicia penal castigará a los perpetradores. En la América de Biden, los saqueadores entran en las farmacias y salen con bolsas de la compra repleta, bajo la mirada aterrorizada de los guardias de seguridad que estiman que al menos no robaron más de 950 doláres de botín.

¿El plan de Biden era permitir que la gente redistribuyera las ganancias mal habidas? ¿O estaba convencido de que la actividad criminal desproporcionada era una retribución kármica o una penitencia por la muerte de George Floyd? ¿De verdad creía que éramos demasiado vigilantes? ¿Creía que el público en general debería experimentar, por fin, el crimen del centro de la ciudad para garantizar la equidad y la inclusión?

Entonces, ¿por qué Biden ejerce tan deliberadamente este empujón destructivo que hace explotar todo lo que toca?

HAY VARIAS TEORÍAS POSIBLES

1) Biden es non compos mentis. No tiene idea de lo que está haciendo. Pero en la medida en que está alerta, Biden escucha, en cierto modo, solo a la última persona con la que habla. Y luego se toma una siesta. Cuando Afganistán explota o la inflación ruge o la frontera se convierte en una puerta de entrada, sus ojos se abren y se vuelve desconcertado y gruñón, como un Bruce Dern irritable y enérgico que se despierta en «Once Upon a Time in Hollywood».

Biden no tiene ni idea de la implementación destructiva real de sus políticas tóxicas, y no le preocupa sobre quién recaen estas agendas destructivas. Vagamente asume que un perrito faldero de los medios de comunicación de izquierda volverá a empaquetar cada incoherencia de Biden como Periclean (gran estrategia de Pericles), y cada «tapadera» diaria como el escape de Biden para la investigación presidencial, la lectura profunda y la deliberación intensiva. Biden parece estar cerca de donde estaba Woodrow Wilson en noviembre de 1919.

2) ¿O es Biden un oportunista de rango y piensa que cabalgará el izquierdismo despertado como la nueva trayectoria del país? Él se resiente por su subordinación previa a Obama, y ahora siente que puede vencer a las administraciones izquierdistas del pasado como el único y verdadero socialista evolucionista. No es tanto el manipulado como el manipulador.

Biden se imagina a sí mismo como un líder dinámico práctico que muerde a los reporteros, sale del podio y emite sus habituales interjecciones. Por lo tanto, está «al mando» durante cuatro o cinco horas al día. Le gusta actuar de manera más radical que Elizabeth Warren, Kamala Harris, Bernie Sanders o «el escuadrón», y especialmente ser mucho más izquierdista que su antiguo y ahora pasado jefe Barack Obama. Joe tiene el control y eso explica el toque de escoria. Por primera vez en su vida, un incompetente tiene total libertad para ser poderosamente incompetente. Entonces, Biden no está tan demente sino que delira manejando asuntos.

3) Biden es, desafortunadamente, lo que siempre fue: un plagiario, mentiroso y nihilista bastante mezquino, desde su infamia por el asesinato del personaje de Clarence Thomas y Tara Reade tanteando, hasta su sucio discurso racista y su monumental burla habitual. Sus desastres son los mismos viejos, la misma vieja marca registrada de Biden, las meteduras de pata del arte escénico.

A Biden le gusta la idea de la indignación conservadora, del caos, de ladrar a todo el mundo todo el tiempo. Biden acepta que no se pueden hacer tortillas sin huevos rotos, y disfruta arruinando las cosas, como advirtieron Robert Gates y Barack Obama. «Despertar» al Estado Mayor Conjunto, alentar a cientos de miles a cruzar la frontera y abandonar a nuestros aliados de la OTAN en Afganistán, ¿a quién le importa cuando el tipo duro, el descarado Joe en movimiento, revuelve las cosas? ¿Los desastres en la economía, la política exterior, el crimen, la energía y las relaciones raciales? Biden simplemente está sacudiendo las cosas, revolviendo la olla, provocando que la gente vea al Sr. «Vamos, hombre» en acción, mientras fanfarronea y se pavonea y deja un rastro de destrucción a su paso.

4) Biden no es nada en absoluto. Él es solo un recorte de cartón, un truco del Partido Demócrata, que está en contra de cualquier cosa por la que estén los conservadores. Asume que deshará todo lo que hizo Trump, según la teoría, es simple y fácil para él en sus momentos perezosos y de alto nivel. Y de todos modos está cansado de pensar mucho más allá de ese rechazo pavloviano. Una frontera cerrada es mala; presto, las fronteras abiertas son buenas. Mejorar las relaciones raciales es malo; el deterioro de las relaciones debe ser bueno. Mala independencia energética; buena dependencia. Biden trabaja en piloto automático en su trabajo diario minimalista: simplemente cancele todo lo que hizo Trump y no se preocupe por los efectos en el pueblo estadounidense.

5) Biden es un rehén tanto de la Izquierda como de Hunter Biden. Su tarea es apresurar una agenda de izquierda dura, en la forma de un torpedo que explota cuando golpea el objetivo. La izquierda se aseguró de que la base no saliera disparada en 2020. Entonces, les debe. Biden, más o menos, entregó su presidencia al equipo, Nancy Pelosi, Bernie Sanders y los remanentes de Obama. Le entregan un guión; intenta leerlo; y dan seguimiento a los detalles. Es el viejo y tambaleante John Gill de Star Trek.

La izquierda puede esperar que su propia agenda nihilista funcione. Cuando inevitablemente no es así, se culpa a Joe, el repartidor: mucho más rápido, entonces, será la salida necesaria de Biden. Mantuvieron su parte del trato al hacer que eligieran al habitante del sótano. Ahora mantiene el trato al entregar la presidencia. La utilidad de Biden tenía una vida útil de aproximadamente seis meses.

Ahora, muy lentamente, las filtraciones, las puñaladas por la espalda del ala oeste, las cejas fruncidas y las fuentes anónimas lo aliviarán suavemente con las preocupaciones de la 25a Enmienda (por ejemplo, «Quizás el presidente Biden podría encontrar que tomar la Evaluación Cognitiva de Montreal de algún valor después de todo, para su propio beneficio, por supuesto. ”) Kamala Harris no es tan inerte como se nos hace creer.

Hunter Biden, manchado y arruinado por escándalos de toda sordidez imaginable, ahora se embarca en su obra maestra: vender su arte de jardín de infantes a medio millón de dólares por pintura a estafadores extranjeros ricos en quid pro quo “anónimos”. ¿Por qué Hunter representa un peligro tan descarado e innecesario para su padre, el presidente? ¿Porque el ex adicto puede, y sólo por el gusto de joder?

El comportamiento malicioso de Hunter es una amenaza implícita de que si el personal de Joe golpea la mano de Hunter, él amenaza con derramar los «frijoles» sobre «Big Guy» y «Mr. 10 por ciento”, dado que interpreta al cervatillo herido como el chico malo subestimado. Hunter era el hombre del dinero de la familia mala, semilla sin cuya aflicción ninguno de ellos hubiera vivido jamás en el mórbido esplendor de la mordida.

Un Biden cognitivamente desafiado luego es empujado en todas direcciones, por su propia senilidad, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio neandertal por todo lo que Trump fue e hizo.

El problema para Estados Unidos es que las teorías de la una a las cinco no siempre son mutuamente excluyentes, sino que es más probable que sean multiplicadores de fuerza de la locura actual. En algún momento, algún valiente representante del Congreso o del Senado finalmente tendrá que decirle a Biden, en el espíritu de Oliver Cromwell y Leo Amery: “Te has sentado demasiado tiempo aquí por cualquier bien que hayas estado haciendo. Vete, te digo, y acabemos contigo. ¡En el nombre de Dios, vete!».

VICTOR DAVIS HANSON es miembro sénior de Martin and Illie Anderson en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford y miembro de la Junta de Asesores tanto del Instituto Independiente como de su revista trimestral, The Independent Review: A Journal of Political Economy.

LOS CUENTOS DE ECHENIQUE Y RIBERA

Resumen sobre los motivos del desorbitante incremento de la energía eléctrica.

14/08/2021.

ANTECEDENTES:

En noviembre de 2019, en plena campaña electoral, Unidas Podemos afirmó: «Bajaremos la factura de la luz y pondremos firmes a las grandes eléctricas». El PSOE por su parte, prometía con orgullo un plan Superecologicoespialidoso por parte del orwelliano Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dirigido por la jurista, profesora universitaria y alta funcionaria Teresa Ribera Rodríguez, afirmando que se trataba de una revolución energética y ambiental, producida por una extensión vertiginosa de las energías renovables y la consiguiente eliminación de centrales nucleares y de ciclo combinado. Esta salvadora descarbonización de España, afirmaba el PSOE, permitiría rebajar inmediatamente el precio de la factura de la energía eléctrica de, al menos, un 12% entre 2019 a 2030. Ni que decir tiene que esta reducción no se justificaba mediante cálculo objetivo alguno.

El gobierno de coalición PSOE-Podemos estableció el 1 de junio de 2021 un nuevo modelo de facturación general basado en tres tramos horarios, con el fin de que «los usuarios puedan ahorrar en función de su eficiencia y a que ajusten mejor la potencia contratada a sus horarios de consumo». De esta suerte, según el gobierno, la nueva factura eléctrica «fomentará el ahorro energético, el autoconsumo y el despliegue del vehículo eléctrico». En román paladino; el gobierno estableció con el desparpajo que le caracteriza que, por el bien del planeta y de unos cuantos de sus habitantes, españolito que vienes al mundo te guarde Dios porque te aumentamos el precio de la energía eléctrica.

RESULTADO:

En el último año y a pesar de una reducción del IVA del 21% al 10% desde el 26 de junio de 2021 al 31 de diciembre de 2021, el precio de la energía eléctrica se ha incrementado en España un 180%.

DEL SUSTO A LA DEMAGOGIA:

Ante semejante inflación que aflige a la mayoría de los ciudadanos, la protesta y la indignación se han generalizado. El recibo de la luz de julio para hogares, comercios e industrias ha sido escalofriante y la subida continua imparable en agosto, por ejemplo, ayer 13 de agosto subió hasta 117,29 euros megavatio hora (MWh) de media, otro récord histórico.

A pesar de la acostumbrada pose arrogante respecto a las indignadas protestas por semejante quebranto, la coalición gubernamental no le ha quedado otro remedio que darse por enterada, No tanto como para que el Presidente del gobierno cancele por un rato sus vacaciones, pero lo suficiente para que los cientos de asesores y expertos asentados en La Moncloa y aledaños, se lancen a la tormenta de ideas geniales.

Raudos, los expertos gubernamentales nos han ofrecido los habituales brochazos y ocurrencias para solventar «DE UNA VEZ POR TODAS» problemas complejos. Fue Pablo Echenique, quien llevaba unos meses un tanto mustio por la fuga de su protector Pablo Iglesias, el primero en blandir la espada flamígera desfacedora de entuertos, declarando la enésima solución, de una vez por todas, que todo marxista-peronista presenta cada día: «tener al menos una gran empresa pública de energía que pueda competir con el oligopolio que nos sube la luz». Como de costumbre, la camarilla del PSOE en el gobierno pegó un respingo y envió a la jefa del ramo ecológico y reto demográfico, Teresa Ribera, a desmentir, con la contundencia que solo es capaz de superar María Jesús Montero Cuadrado, que el gobierno tuviera en mente crear una empresa pública de energía eléctrica. Aprovechando el ratito, se dedicó a echar la culpa de las subidas de la luz a Aznar y a Rajoy, olvidando los 7 años de Zapatero y sus desorbitadas subvenciones a las renovables. Pero como la andanada a morito muerto no coló, al día siguiente culpó a la Unión Europea y al presidente de Rusia, Vladímir Putin por la subida del precio del gas natural. Como nadie se tragó estos cuentos y sus socios podemitas seguían con la tabarra nacionalizadora para tratar de salvarse de la quema, Doña Teresa anunció el 12 de agosto de 2021 la fundación de una empresa pública de generación de electricidad, a través de la absorción de las concesiones hidroeléctricas, una vez expire su plazo de concesión.

¡EXPRÓPIENSE LOS PANTANOS DE FRANCO!

Como el cuento de la buena pipa, la llamada recuperación de las concesiones de las centrales hidroeléctricas, gira como el asno de Buridán en la noria de un pozo sin agua. En realidad, se trata de un ensueño ideológico de redención contra una obra franquista exitosa. De hecho, excepto algunas concesiones de antes de la guerra civil, la mayor parte de las concesiones se renovaron a finales del siglo pasado y algunas otras se prorrogaron, con lo que las principales centrales podrían llegar al final de su concesión hacia 2070. Por otro lado, entre los cientos de centrales y minicentrales que funcionan en España, suman una capacidad instalada de 17.792 MW, apenas el 20% del mix eléctrico español. Además, el panal de rica miel que se adivina con el retorno de las concesiones al Estado, ha sido rodeado por un enjambre de municipios, sindicatos, asociaciones ecologetas y comunidades autónomas.

Por supuesto ni una palabra, ni un resquicio de crítica a uno de los principales factores que han disparado los precios energéticos. Esos derechos de emisión de CO2 que la política ambientalista de la UE dirigida por Alemania ha encarecido hasta superar en este arranque de agosto los 54 euros por tonelada, cuando a principios de año cotizaban en torno a los 33 euros.

LA SUBASTA DEL PRECIO DE GENERACIÓN ELÉCTRICA

España, con José María Aznar de presidente del gobierno y con el apoyo de CiU y el PNV, se incorporó al sistema eléctrico europeo en 1997.

La UE ha establecido un marco regulatorio para el sector eléctrico europeo hasta 2030, basado en mercados transfronterizos de energía. Cada mercado establece un precio diario marginal para el día anterior a aquel en el que la energía es producida y consumida. Es el llamado electric pool o piscina eléctrica. El volumen económico de las compras mayoristas en 2020 en España sumó 3.307 millones de euros, un 30% menos que 2019 debido a la pandemia de la COVID-19. El mercado eléctrico español está interconectado con Portugal, Francia y Marruecos. Francia y Marruecos exportan mucho más que importan del mercado ibérico.

El sistema actual de pool eléctrico o piscina eléctrica establecido en 2013, fue pensado para lograr equilibrar un precio final cada día, determinado por el costo de producir la «última» unidad de potencia más cara (el costo marginal). El volumen medio negociado al contado en España durante el primer semestre de 2021 es de unos 480 GWh (80% de demanda). En principio esta fórmula de subasta asegura que se utilicen los recursos energéticos más baratos, de modo que la demanda de electricidad se satisfaga al menor costo posible para la sociedad. Esta es la teoría, pero la práctica no es tan evidente, puesto que la información sobre los costes de producción no es tan exacta como debiera, lo que implica distorsiones agravadas por el mercado de derechos de emisión de CO2.

Cada día, las empresas generadoras indican a qué precio están dispuestas a vender electricidad para cada una de las horas del día siguiente, mientras que las comercializadoras señalan a qué precio están dispuestas a comprar, según la demanda que estiman que sus clientes harán, en cada una de esas horas. A continuación, se procede a ordenar, para cada hora, todas las propuestas de venta de electricidad de menor a mayor precio y todas las propuestas de compra en sentido contrario, lo que configura, respectivamente, las curvas de oferta y de demanda. Así, van entrando a la piscina de la oferta cada central de generación eléctrica.

Las primeras en zambullirse en la piscina son las centrales nucleares (con una media del 22% del total) por constituir el costo más barato ya que no pueden dejar de funcionar salvo mantenimiento o avería, lo que significa que muchas veces ofrecen sus megavatios a coste cero. No obstante, las compañías propietarias de estas centrales se resarcen con el llamado dividendo del carbono, un porcentaje de la tasa por emisiones de CO2 destinado a incentivar el uso de las energías que no emiten carbono también es conocido por el peyorativo nombre: “windfall profits” (beneficios caídos del cielo), beneficios que el gobierno PSOE-PODEMOS arrebatará en unas semanas cuando se apruebe una Ley que establece una fórmula de minoración de los ingresos caídos del cielo (nunca mejor dicho respecto a las hidroeléctricas) que «puede oscilar entre los 199 millones de euros anuales con la tonelada de CO2 a 30 euros y los 1.691 millones con la tonelada a 100 euros. Con los actuales precios del ETS, el importe de la minoración sería de unos 625 millones, alrededor del 16% de la facturación media de las instalaciones». Consecuencia previsible: remoloneo en la entrada en la subasta de las centrales limpias de CO2 para incrementar su precio.

Volviendo a la secuencia de la subasta, tras las nucleares se van incorporando a la piscina las generadoras más económicas en orden ascendente: la “hulla blanca” de las centrales hidroeléctricas que, debido a sus particularidades suponen una media del 10,5% del total, aunque su producción en verano puede reducirse hasta el 3% y convertirse en energía cara y sobrepasar en algún tramo horario el precio de las centrales de ciclo combinado. Seguidamente las renovables, cuya rentabilidad está regulada por ley a través de sustanciosas subvenciones que paga el consumidor, empezando por los generadores eólicos con el 24,8% que tienen el gran inconveniente de su irregularidad, sobre todo en verano. Otras renovables que, sin embargo emiten CO2, por tanto caras, son las centrales de biomasa, biogás, bioetanol y biodiesel estimadas en un 17% del total. La muy subvencionada solar fotovoltaica y térmica solo genera durante el día un 8% del total. Las últimas en entrar a la piscina son las centrales de ciclo combinado de gas o carbón (de carbón en 2021 solo funcionan seis, tres cerrarán a finales de este año y otras dos el próximo) que suponen una media del 16,3% del mix. El precio del costo de la última central de ciclo combinado que entra en la piscina suele establecer el precio marginal del día.

Las subastas diarias e intradiarias son organizadas por OMIE-OMIP, empresa privada que ejerce de operador de mercado eléctrico designado NEMO (según la terminología europea), para la gestión del mercado de electricidad en la Península Ibérica, es decir: de España y Portugal. Así, OMIE/P participa en el acoplamiento de los mercados mayoristas de electricidad en la UE, conjuntamente con todos los NEMOs designados en cada Estado miembro. La península Ibérica tiene un grado de interconexión con el sistema europeo muy inferior al del resto de países de la Unión, por debajo del 5 %, lo que le impide acceder en igualdad de condiciones a los beneficios de las interconexiones eléctricas.

PAGAR IMPUESTOS COMO SI FUERA ENERGÍA

El régimen de comercio de derechos de emisión (RCDE UE) que limita el volumen de los gases de efecto invernadero (ETS) CO2, que pueden emitir las industrias con gran consumo de energía, los productores de energía y las compañías aéreas, fue establecido por la UE en 2005. En España es el Plan Nacional de asignación quien establece el volumen de CO2 que las empresas están obligadas a entregar a las arcas del Estado. Se trata de comprar los derechos suficientes para cubrir todas sus emisiones si no quieren que se les impongan fuertes multas. Con este sistema se penaliza la energía generada con combustibles fósiles y se pretende impulsar las energías renovables. Se trata de un mercado que funciona según el principio de limitación y comercio. Es decir, se pone un límite máximo a la cantidad total de emisiones que pueden hacer las centrales obligadas a comprar los derechos en subastas semanales o en el mercado secundario. Al final de cada año, las centrales eléctricas deben entregar suficientes derechos para cubrir sus emisiones. En caso contrario, son sancionadas con la morrocotuda cifra de 95 euros por cada g/km de CO2 excedido.

Pero, como el precio del CO₂ estaba muy bajo y no producía el efecto disuasorio que se buscaba y el recaudatorio que se suele omitir en el discurso ecologeta, la UE decidió reducir derechos de emisión creando un mecanismo de reserva para que subiera el precio. Y ya lo creo que lo subió, al subir los precios del CO₂ el coste final de la electricidad se ha incrementado exponencialmente. Fue el gobierno español presidido por Sánchez quien redujo de 60 millones de toneladas asignadas a 10 millones. Con ello perseguía dos objetivos; forzar la producción eléctrica con renovables y aumentar la recaudación en, al menos, 1.000 millones de euros. Pero como la fiabilidad de las energías renovables a través del tiempo es incierta, las inversiones se paralizaron, sobre todo con la pandemia, por lo que quedaron a expensas del futuro maná de la UE. Como al gobierno los ingresos aún le parecían poco, redujo un 14% los derechos de emisión de CO2 asignados gratuitamente. En consecuencia, se produjo la especulación y el consiguiente aumento del precio desde los 6 euros por tonelada en 2013 hasta sobrepasar los 52,8 euros por tonelada cuando la generación por ciclo combinado de gas ha tenido que incrementarse al iniciarse el verano. Al mismo tiempo, las empresas de generación intentan cargar al precio de su oferta el impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica, que grava con un 7% el valor de la generación de todas las centrales.

Es innegable que el encarecimiento del gas natural ha sido un factor determinante del aumento del costo de generación de la energía eléctrica de las centrales de ciclo combinado cuyo costo fue 28,7 €/MWh en junio de 2021. Si a este aumento se suma la especulación de los derechos de emisión impulsada con denuedo por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dirigido por la jurista Teresa Ribera, más el aumento real de los impuestos basados en el porcentaje sobre los costos, el resultado no puede ser otro que el calculado por el Banco de España en el informe emitido hace tres días: “EL PAPEL DEL COSTE DE LOS DERECHOS DE EMISIÓN DE CO2 Y DEL ENCARECIMIENTO DEL GAS EN LA EVOLUCIÓN RECIENTE DE LOS PRECIOS MINORISTAS DE LA ELECTRICIDAD EN ESPAÑA: Un 20% de la subida se debe al mayor coste de los permisos de emisión de Co2. Un 50% del alza es consecuencia del encarecimiento del gas en el mercado. El resto se debe a la mayor base imponible de impuestos y el traspaso a minoristas.

LOS PROGRAMAS ELECTORALES

Entendidos como contratos vinculantes con el ciudadano

08/08/2021.

Leyendo el riguroso ensayo histórico “1917 EL ESTADO CATALÁN Y EL SOVIET ESPAÑOL” de Roberto Villa García, estoy descubriendo que sobre estos acontecimientos históricos me informaron poco y mal. Todos aquellos venerables historiadores que estudié o leí, tanto los claramente marxistas y su deriva de Annales, como los menos doctrinarios positivistas, se ciñen a los tópicos de corrupción, fraude electoral y decadencia del régimen de la Restauración. Una pena porque el intento insurgente de 1917 condicionó nuestra historia durante el siglo XX, por cuanto aquellos “revolucionarios” encuadrados en PSOE, UGT, CNT, FAI, con sus aliados republicanos y en comandita oportunista con la Liga Regionalista encabezada por el simulador separatista Francisco Cambó, ese turbio mercader multimillonario que acabó recaudando dinero de la burguesía catalana para Franco, más las corporativistas Juntas de Defensa del sedicioso Benito Márquez, formaron un frente común para acabar con el régimen constitucional e implantar cada uno su sueño; unos el comunismo libertario, otros la dictadura del proletariado, aquellos la república confederal de los pueblos ibéricos dirigida desde Barcelona. Todos, revolucionarios y nacionalistas, despreciaban la democracia liberal y pretendieron derrocarla con todos los medios de que disponían. Pero la meticulosa contextualización que Villa García elabora, permite comprender que, aunque básica y necesitada de profundas reformas, aquella monarquía parlamentaria era, en aquel tiempo, tan democráticamente avanzada o más que las democracias escandinavas y mucho más que los convulsos regímenes de Francia, Italia y Portugal.

Como ha sido pintada con brochazos romanticoides debido a su rotundo fracaso, conviene aclarar que, aquella intentona golpista del verano de 1917, no se anduvo por las ramas. Sus principales impulsores; CNT Y UGT-PSOE, utilizaron la violencia y la coacción que costó decenas de víctimas. Y fue esta insurrección, con el único paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera, la que inició un periodo de violencia político-sindical que perduró hasta 1939.

La relación de unos sucesos poco divulgados o simplemente escondidos que expone Roberto Villa García en su magnífico ensayo, abunda en los aspectos sociológicos que permitieron la manipulación de la sociedad española, por parte de unas minorías organizadas en partidos y sindicatos. Aquella España en proceso de escolarización general que aún tenía tasas alfabetización que apenas superaba el 50% de la población, solo recibía información sobre los asuntos públicos a través de la prensa y de los partidos políticos y sindicatos. La obviedad del sesgo ideológico está en las hemerotecas, pero lo reseñable es que en España por entonces, el anarcosindicalismo y el socialismo iniciaron la agitación y propaganda masiva, esa “Agitprop” inventada por Plejánov y Lenin como estrategia política para influir en la opinión pública a través de la prensa, el arte, la cultura y cualquier otro medio.

Salvando todas las distancias, no hace falta mucha agudeza para verificar que el Agitprop de principios del siglo XXI ha cambiado de maquillaje, pero no de piel ni de sustancia. En la era regida por la posverdad, revistas como El Jueves, Mongolia o incluso Charlie Hebdo, apenas son antiguallas decimonónicas reminiscentes de La Traca y No veas. En realidad, aunque la prensa (grupos de comunicación) mantiene formalmente tendencias ideológicas, el retroceso del formato de papel y la competencia digital con sus redes tecnológicas controladas desde el Silicón Valley o Pekín, han supuesto caídas importantes en sus ventas de ejemplares y de publicidad privada, lo que ha aumentado su dependencia de la publicidad y las subvenciones públicas.

Por el lado digital, las características de su público y formato determinan la apabullante preponderancia de infografías y vídeos sobre el texto. Más que lectura rápida, el teléfono móvil y la tableta inducen el repaso del trending topic. Lo sustancial, empero, es que Google colecciona noticias, fideliza a sus usuarios con ellas, controla sus gustos y preferencias en cualquier lugar del mundo y se lleva la mayor parte del pastel publicitario que tenían los medios tradicionales. Y a Google le siguen las redes sociales, Facebook, Twitter, YouTube …, que basan su negocio en seguir nuestras cuitas y guardarlas a buen recaudo, para luego ofrecernos aquello que anhelamos y vender a otros, incluidos partidos, empresas privadas y lobbies, información sobre nuestras necesidades, ideologías y flaquezas. En paralelo, el duopolio formado por Mediaset y Atresmedia, gracias a las leyes y torpezas cometidas al respecto por el gobierno presidido por Mariano Rajoy, impide el pluralismo audiovisual socavando la democracia, al limitar la información proveniente de fuentes plurales, al tiempo que restringe el derecho de acceso de los grupos sociales con características, preferencias o intereses que no resultan rentables, ideológica, política o comercialmente al duopolio. La banalización y el amarillismo de la programación de ambos grupos mediáticos, rubrican su estrategia para sustentar una cuota de pantalla superior al 50% que les permite acaparar el 88% de la tarta publicitaria.

La extraordinaria innovación tecnológica de las autopistas de la comunicación, como antes sucedió con las revoluciones industriales, conlleva contradicciones, victimarios y víctimas. Por un lado, las nuevas herramientas tecnológicas favorecen la interactividad, lo que algunos exageradamente llaman “periodismo ciudadano”, donde el antiguo receptor se convierte ahora en emisor. Pero este aparentemente democrático avance, significa que cualquiera, sin competencia alguna, puede expresar su opinión o, peor aún, lanzar una noticia falsa. Ello ha supuesto un notable descalabro de la profesión periodística, se ha precarizado y, con la mengua recursos, se ha producido el descenso de la deontológica profesional y la credibilidad del periodista. Semejante tótum revolútum ha facilitado que la posverdad (mentira) se expanda e institucionalice y que la opinión infundada y la manipulación a través del bulo sea el pan nuestro de cada día. Que la acusación victimista se convierta automáticamente en juicio mediático y condena del telediario. Que el organizado laberinto conformado por acusaciones, censuras, agitaciones y propagandas, soportado por leyes ideológicas, dificulte la búsqueda de la verdad científica e histórica.

Han trascurrido unos cuantos años desde la incorporación a las redes sociales y demás herramientas de internet de ciudadanos españoles identificados con la libertad sin adjetivos, la igualdad de oportunidades, la propiedad privada, la seguridad jurídica y la separación de poderes. Su denominador común es la inquietud por las consecuencias del retorno del PSOE a su querencia histórica, consistente en imponer por la puerta trasera de la añagaza, un régimen confederal estatalista y despótico, en comandita con sus hermanos comunistas y los nacionalistas supremacistas dedicados a atentar contra la soberanía nacional y la igualdad de todos los españoles. Fruto de la oposición a esta deriva, hoy podemos constatar un vuelco impensable hace un lustro. Así, no solo han proliferado diarios online y blogs de análisis y opinión críticos con las practicas del Sanchismo y el proyecto de hegemonía cultural sintetizado en la corrección política, también se ha producido un crecimiento exponencial de participación individual en blogs y redes sociales, de ciudadanos españoles que defienden con entusiasmo los principios de libertad, democracia y ciudadanía, a pesar de los riesgos derivados de las denuncias y condenas sin juicio del Gran Hermano del siglo XXI.

De esta suerte, desde hace alrededor de un lustro, la agenda del debate político en internet ha cambiado paulatinamente desde el monopolio de las izquierdas y el separatismo, a la preponderancia de la crítica liberal desinhibida, tanto frente a trapacerías y robos impositivos, como contra el denodado intento de imponer el catecismo gramsciano. Este indudable avance está empujando a los partidos que se definen, cuando les conviene, como liberales, a enfrentarse al feudalismo mental derivado de los fragmentos ideológicos de la posmodernidad, sin tantos complejos como antaño. A la sazón, hoy podemos apreciar críticas contundentes y bien argumentadas en torno al escepticismo científico, la rapiña estatalista, el seudofeminismo queer con su solipsismo sexual del somos lo que nos apetece, el esencialismo identitario, el aval “progresista” condicionado a la utilización de la Neolengua inclusiva colmada de palabras–trampa, el integrismo ecologeta y sus derivadas animalistas, alimentarias y climáticas recalentadas, además del sumun esencialista que significa la connivencia con el nacionalismo supremacista. Estupendo, sin embargo, no somos pocos los que observamos el peligro de autocomplacencia y los primeros signos de frustración ante el cúmulo de promesas incumplidas por los gobernantes autoetiquetados liberales que, a pesar ser denunciadas en mensajes y artículos, pronto se diluyen en la vorágine de instantaneidad internáutica, mentiras flagrantes, noticias falsas, bulos, campañas de desinformación orquestadas por intereses espurios, etcétera. ¿Cómo contrarrestar este hándicap democrático e impulsar el crédito de las medidas liberalizadoras que España necesita?

Que la ley electoral vigente imponga en las elecciones generales, autonómicas y municipales la votación por lista cerrada y bloqueada de cada partido político, ha significado un alejamiento abismal, una total incomunicación entre el elector y su representante elegido. De hecho, excepto algunos concejales de poblaciones pequeñas, ningún representante político en España rinde cuentas a los electores de la circunscripción que lo eligió. Así, una vez emitido su voto, al ciudadano español no afiliado a un partido político (las declaraciones tributarias de 2020 señalan que el número de beneficiarios de la deducción por cuotas y aportaciones a partidos políticos fueron 251.480 ciudadanos, es decir, el 0,78% de la población adulta) solo le queda el recurso al pataleo, pues al tiempo que se le trata como súbdito imponiéndole una memoria histórica con retrovisor acotado entre 1936 y 1975, tiene que soportar impotente como las promesas electorales se las lleva el viento, ese olvido como inmejorable aliado del incumplimiento y de la manipulación. En algún momento de claro incumplimiento del programa electoral, como sucedió cuando en julio de 2012 el gobierno de Rajoy subió el IVA del 18% al 21%, desde algunos medios se instó a que cada partido protocolizara notarialmente su programa electoral a través de un acta de manifestaciones. Con ello, argumentaron, se incrementaría el compromiso formal. El problema es que, al final, la trascendencia mediática por incumplimiento, dependería, como ahora, de la atención de los medios y particulares que, naturalmente, suele responder a circunstancias y hechos puntuales.

Por si a alguien se le ocurre recurrir a la justicia, les recuerdo que la Audiencia Provincial de Madrid, confirmando la decisión adoptada anteriormente por el Juzgado de Primera Instancia nº 77 de Madrid, acordó no admitir a trámite la demanda de la plataforma: “Leyes Animales Ya”, al entender que por el incumplimiento de las promesas electorales de un partido no cabe exigir responsabilidad civil alguna pues: «No estando en consecuencia, sujetos ni al Derecho civil, ni al Derecho administrativo, los actos consistentes en promesas electorales. Dichas promesas electorales y su cumplimiento, forman parte esencial de la acción política, enmarcada en principios de libertad de hacer o no hacer (y también de responsabilidad aunque de naturaleza igualmente política) que escapan al control jurisdiccional, de manera que, del acierto o desacierto en la llevanza y ejecución de las mismas, no cabe derivar responsabilidad civil concreta en términos jurídicos».

Si tenemos en cuenta el desdén al elector por parte del elegido, la imposibilidad legal de hacer cumplir los contratos sociales derivados de los programas electorales, junto con la dispersión de la vigilancia de las promesas que, para el caso, creo imprescindible circunscribir para partidos e individuos que pregonan su compromiso con la libertad, la democracia y los principios y valores contenidos en la Constitución Española, entiendo que la necesaria y constante vigilancia con respuesta inmediata, podría organizarse a través de una notaría civil y mediática, sobre la fórmula asociativa independiente. En la asociación, se depositarían como actas de manifestaciones, cada programa electoral o promesa fehaciente de cada partido político que se postule como defensor de los principios y valores mencionados. La labor principal de la, por ejemplo: ASOCIACIÓN ESPAÑOLA PARA LA VIGILANCIA DEMOCRÁTICA sería vigilar el cumplimiento estricto de lo prometido y, en caso de incumplimiento, denunciarlo con todos los medios legales y mediáticos a su alcance. ¿Voluntarista? Seguramente, tanto como necesaria.