Del apocalipsis climático

Si existe algo parecido a un consenso entre científicos y filósofos de la ciencia, son en los pasos o fases en que puede dividirse el método científico.

1) Se parte de un cuerpo previo de conocimientos.

2) Se plantea un problema.

3) Se formulan hipótesis.

4) Se deducen consecuencias contrastables.

5) Se ponen a prueba experimentalmente estas consecuencias.

6) Se valora el resultado.

7) Se integran las hipótesis contrastadas y verificadas en la práctica en leyes, teorías y modelos.

Obviamente, la hipótesis del Cambio Climático Antropogénico basada en la alteración que experimentan los diversos climas terrestres por el sobrecalentamiento causado al acumularse en la atmósfera los llamados gases de efecto invernadero emitidos cuando quemamos combustibles fósiles o pastan rumiantes, sobre todo el dióxido de carbono (CO2), en 2024 se encuentra entre las 3 y 4. Por consiguiente, establecer, mejor dicho, imponer una serie de medidas radicales, costosísimas y de consecuencias socio-políticas trascendentales, con el propósito de reducir radicalmente las emisiones de CO2, sobre la base de una hipótesis sin probar, o lo que es lo mismo, exponer a la humanidad a un experimento cuyas consecuencias desconocemos por nunca haberse llevado a cabo, NO ES NEGACIONISMO científico sino coherencia con el método científico, lo contrario al CIENTIFICISMO que proclama un “consenso científico” sobre la mencionada hipótesis.

¿Por qué el “consenso científico” sobre los informes del IPCC que aseguran que el calentamiento del clima de la tierra está causado exclusivamente por las emisiones antropogénicas es una falacia? Porque la ciencia es autocorrectiva. Porque es epistemológicamente contradictorio. Porque NO existe una ciencia establecida. Porque las verdades absolutas e inerrantes están dentro del dominio de la religión, no de la ciencia.

DEL APOCALIPSIS CLIMÁTICO

«Estamos aumentando tanto la capacidad de atrapar calor que hoy atrapamos tanto calor extra como el que liberarían 750.000 bombas atómicas del tipo Hiroshima que explotaran en la Tierra, cada 24 horas… Ese calor extra está elevando las temperaturas, amenazando con hacer que áreas mucho más grandes de la Tierra sean fisiológicamente inhabitables, generando un flujo masivo de refugiados climáticos que migran a través de las fronteras nacionales, hasta mil millones en este siglo según la comisión Lancet, derritiendo el hielo… 300 millones de toneladas por hora, quiero decir esto. Es una locura lo que estamos haciendo. Y el hielo derretido eleva el nivel del mar… ya ha frenado la corriente del Golfo… y algunos temen que se detenga, lo que sería completamente catastrófico, amenazando con descongelar el permafrost congelado que constituye un tercio de la masa terrestre en el hemisferio norte, lo que podría desencadenar una especie de situación descontrolada…». Al Gore COP28 Dubai WSJ News.

«La gente está muriendo, ecosistemas enteros están colapsando, estamos en el comienzo de una extinción masiva y a ustedes solo hablan de dinero y cuentos de hadas de crecimiento económico eterno ¿Cómo se atreven?» Final del discurso de la entonces adolescente Greta Thunberg ante los líderes mundiales en la cumbre del clima de la ONU en septiembre de 2019.

ÍNDICE

PREÁMBULO: EL CLIMA DE LA TIERRA CAMBIA DESDE SU FORMACIÓN

ORIGEN DEL CLIMATISMO HEGEMÓNICO ACTUAL

EL ECOLOGISMO POLÍTICO

MALTHUS RESUCITADO POR EL CLUB DE ROMA

FORO DE DAVOS

LA CRISIS ECONÓMICA COMO DETONADOR DEL GLOBALISMO CORPORATIVISTA

EL DESVERGONZADO GREENWASHING

LA LARGA MARCHA DE LA SUPERESTRUCTURA DEL CORPORATIVISMO GLOBAL DEL CAMBIO CLIMÁTICO

¿QUÉ DIOSES CONTROLAN EL PLANETA TIERRA?

REPASO RESUMIDO DE AUGURIOS CATASTROFISTAS

LA CRIOSFERA A PUNTO DE AHOGARNOS

HOGUERA MEDIÁTICA Y ECONÓMICA PARA QUIEN DUDE DEL CONSENSO CIENTÍFICO

LA GÉLIDA REALIDAD: NO HAY EMERGENCIA CLIMÁTICA

REFERENCIAS DE AUTORES CONSULTADOS

PREÁMBULO: EL CLIMA DE LA TIERRA CAMBIA DESDE SU FORMACIÓN

A pesar de ser un tema de conversación recurrente, prácticamente cotidiano debido a la vorágine mediática de la llamada la “crisis climática”, encontrar estudios cronológicos de la historia del clima terráqueo no lo es tanto. Ergo, he plasmado una síntesis acopiando datos procedentes de diversas publicaciones. Ver también REFERENCIAS DE AUTORES CONSULTADOS.

Para empezar, creo necesario recordar que hasta 1953 en que James Patterson publicara un estudio sobre degradación de uranio en meteoritos, ni siquiera conocíamos la edad de nuestro propio planeta. Enseguida, el geoquímico estadounidense, Clair Cameron Patterson estableció en 1955, con notable exactitud, la edad del planeta Tierra en 4.550 millones de años (Ma), con un margen de error de unos 70 Ma. Desde entonces, los estudios de ingeniería geológica se han multiplicado y profundizado hasta permitirnos establecer periodos geoclimáticos precisos. Así, hasta hace unos 3.800 Ma, la superficie terrestre bullía de calor y de energía.

El Precámbrico (3800-540 Ma) es el periodo de tiempo que abarca los eones Hádico, Arcaico y Proterozoico, y que supone un 88 % de la edad total de la Tierra cuando poco a poco se enfrió y luego sufrió diferentes periodos climáticos radicales durante la era primaria; Paleozoico, Mesozoico y Cenozoico. La primera glaciación o Huroniana tuvo lugar hace entre 2500 y 2100 Ma. La cantidad de oxígeno alcanzó las proporciones actuales, alrededor de un 20 %. Durante millones de años gran parte de la superficie terrestre se cubrió de hielo. Tras el precámbrico, comienza la era paleozoica o era primaria (540-250 Ma) con diferentes oscilaciones del clima. A finales del periodo Ordovícico y principios del Silúrico, hace 450/430 Ma, tuvo lugar una glaciación que supuso la primera gran extinción biológica.

Después del episodio glacial del Ordovícico, las temperaturas se elevaron de nuevo y se mantuvieron cálidas durante el Silúrico, el Devónico y casi todo el Carbonífero, hasta hace unos 300 Ma. El calor, la humedad y una atmósfera rica en CO2 facilitaron el desarrollo evolutivo y la colonización de los continentes por parte de la vegetación. Este clima cálido y húmedo facilitó la aparición de bosques de árboles grandes y de ciclo rápido, que al caer y ser arrastrados por el agua aportaban suelos marismáticos a los fondos pantanosos con grandes cantidades del carbono orgánico contenido en la lignina. No había suficiente oxígeno disuelto en el agua para oxidarlo todo, ni bacterias aeróbicas suficientes para llevar a cabo esa labor de descomposición. En marjales y marismas costeras, y en extensos humedales del interior, el enterramiento de materia orgánica fue un proceso continuo y con el paso del tiempo, acabó convertido en el filón más característico del Carbonífero: los combustibles fósiles; carbón, petróleo y gas natural.

Durante la transición del Paleozoico al Mesozoico (245 Ma), sucedió la extinción masiva del Pérmico-Triásico (PT), llamada también de manera informal la Gran Mortandad, uno de los desastres ecológicos más duros que ha sufrido el planeta. Desaparecieron en unos pocos miles de años el 85 % de las especies marinas y el 70 % de los vertebrados terrestres. Hasta los insectos se extinguieron casi por completo. En el reino vegetal, el colapso de la productividad biológica en los mares ocurrió en paralelo con el desastre ecológico en los continentes. Las teorías sobre las causas de la catástrofe son variadas, pero las más tenidas en cuenta son dos: el choque de un asteroide y las erupciones volcánicas masivas (la misma controversia existe para la catástrofe posterior K/T, en la transición del Mesozoico al Cenozoico, hace 65 Ma).

Durante el Triásico se dio el clima más árido y seco que la Tierra ha conocido. A finales del Jurásico (200-145 Ma) sucedió la sexta glaciación registrada. Durante el Cretácico (145-65 Ma) ocurrió el sexto calentamiento global registrado. Hace 65 Ma, durante el Cenozoico o “Edad del Hielo” sucedió la Séptima Glaciación que produjo la extinción de los dinosaurios y muchas otras especies.

Con el Paleoceno (65-56 Ma) se desarrolló un clima cálido pero la separación de Australia de la Antártida abrió paso a una corriente que enfrió el océano Atlántico, cayendo las temperaturas de forma brusca y duradera.

Durante el Oligoceno (34-23 Ma) los polos se encontraban cubiertos de hielo. En el Mioceno se produjo un ligero calentamiento por la liberación de hidratos que desprendieron dióxido de carbono (CO2), lo que permitió el desarrollo de los mamíferos.

En el Plioceno (5-2,5 Ma) se formó el istmo de Panamá, que produce un cambio de corrientes que enfría el Ártico, y se asocia a un enfriamiento general.

En el Pleistoceno (2,5 Ma – 10.000 a.C.) se dio una alternancia de ciclos fríos o glaciaciones y ciclos cálidos o interglaciares, que se han reproducido cada vez con mayor regularidad.

En el último millón de años, se sucedieron cuatro grandes glaciaciones: la glaciación de Günz (hace 1,1 Ma), la glaciación de Mindel (hace 580.000 años), la glaciación de Riss (hace 200.000 años) y la glaciación de Würm (la más reciente, hace 80.000 años).

El ser humano, desde el australopiteco, apareció en el planeta hace unos cuatro millones de años, es decir en el Plioceno. Esto significa que el hombre ha sobrevivido a glaciaciones y periodos cálidos del Pleistoceno. El cromañón, nuestra especie, aparece en plena glaciación Würm.

Desde el final de la glaciación Würm las temperaturas se han ido calentando progresivamente, aunque con ciertos períodos algo más fríos. Hace unos 13.000 años sucedió una etapa cálida, con temperatura de hasta 10ºC más altas que en la actualidad. Luego le sucedió un período frío hace unos 12.000 años. A un periodo más cálido llamado Boreal hace 10.000 años le sucedió uno frio llamado Atlántico que comenzó hace unos 8.000 años que es considerado el final definitivo de la glaciación Würm. Coincide con el Mesolítico y el descubrimiento de la agricultura. Hacia el 1000 aC las pulsaciones climáticas empiezan a documentarse históricamente, a través de los escritos clásicos que hablan de crecimientos y decrecimientos de los glaciares alpinos con periodos fríos hasta 250 a.C.

Ya con el Imperio Romano se produce un periodo más cálido que el actual llamado pequeño óptimo climático por coincidir con la expansión y mejora de la productividad de la agricultura. El clima más cálido registrado en Europa sucedió durante la edad media entre los siglos VIII y XIV donde hubo cosechas abundantes, crecimiento demográfico, vitalidad urbana y la explosión de construcciones catedralicias. Entre el 1000 y 1347, antes de que la Peste Negra atacase Europa, la población humana pasó de 35 a 80 millones. Durante el siglo XIV se inicia la Pequeña Glaciación o Pequeña Edad de Hielo (PEH) que incluye el mínimo de Maunder con tres mínimos: 1650, 1770 y 1850. El astrónomo solar E.W. Maunder descubrió entre 1645 a 1715 las manchas solares prácticamente desaparecieron de la superficie del Sol. Otros astrónomos de la época observaron durante un período de 30 años solo 50 manchas solares, mientras que lo típico sería observar entre unas 40.000 y 50.000 manchas.

Este enfriamiento tuvo consecuencias catastróficas, ya que la agricultura del viñedo y el trigo se extendían más al norte que en la actualidad, y hubo de abandonarse, provocando hambrunas y la aparición de la peste negra.

Desde 1840 hasta la actualidad el clima comienza a calentarse, coincidiendo con el inicio de la industrialización. No está clara relación causa efecto, aunque sí hay coincidencia, debido a que el calentamiento no es lineal. Entre 1880 y 1950 se da un claro calentamiento, pero entre 1950 y 1970 se observa un notable enfriamiento.

«Durante la mayor parte de los últimos 500 millones de años, el clima de la Tierra ha sido demasiado cálido y persistente. El más reciente de 50 millones de años son una excepción, de hecho, en comparación con la mayor parte de la historia de la Tierra, el clima hoy es inusualmente frío; Ahora vivimos en lo que los geólogos llaman un periodo interglaciar frio». Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) agencia científica del Departamento de Comercio de los Estados Unidos.

Entre todo el enorme ruido mediático provocado por el alarmista discurso del cataclismo que se avecina por el calentamiento global antropogénico, ha pasado desapercibida una conclusión importante: que el término antropoceno, utilizado como una nueva “época geológica” por los climatistas que aseguran que el ser humano es el principal agente del calentamiento del planeta, utilizado en innumerables titulares, documentales, pódcast y revistas de investigación, tanto de ciencias naturales como de humanidades y ciencias sociales, ha sido rechazada el pasado 4 de marzo de 2024 por doce de los dieciocho miembros de la Subcomisión de Estratigrafía del Cuaternario, comité encargado de aceptar modificaciones en el ordenamiento del periodo más reciente de la Tierra. Su conclusión ha sido clara: con los estándares utilizados para definir unidades de tiempo geológico no se puede dar por terminado el Holoceno y considerar estar viviendo una época diferente.

ORIGEN DEL CLIMATISMO HEGEMÓNICO ACTUAL

Desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial la globalización cultural ha marchado en paralelo o incluso por delante, de la económica. De esta suerte, el enfoque occidental del mundo natural moldeado por Atenas y Jerusalén es hegemónico. Fueron los antiguos griegos quienes iniciaron una observación filosófica sistemática de la flora y la fauna. Sus meditaciones llevaron al estudio de la historia natural al tiempo que su mitología, exponía el desafío a la naturaleza con el robo del fuego de los dioses por el titán Prometeo, para dárselo a la humanidad. Igualmente, las enseñanzas judeocristianas sobre el mundo natural comienzan con el principio: hay un solo Dios, lo que significa que hay un orden cognoscible en la naturaleza; creó al hombre a Su imagen, lo que le da al hombre un lugar elevado en ese orden; y le dio al hombre dominio sobre el mundo natural.

Es obvio que el cristianismo es la religión más antropocéntrica conocida, en marcado contraste con el animismo pagano. Desde el principio, el cristianismo postuló “un dualismo entre el hombre y la naturaleza e insistió en que es la voluntad de Dios que el hombre explote la naturaleza para sus propios fines. Mientras que los credos paganos más antiguos daban una explicación cíclica del tiempo, el cristianismo suponía una dirección teleológica de la historia y, con ella, la posibilidad de progreso. Esta creencia en el progreso es inherente a la ciencia moderna que, unida a la tecnología, hizo posible la Revolución Industrial. Semejante logro alcanzado por la civilización occidental cristina, fue mayoritariamente interpretada como la consecución del dominio de la naturaleza por ser la humanidad (cristiana) mandataria de una licencia de explotación de los BIENES de la naturaleza. En noviembre de 1979, el Papa Juan Pablo II designó formalmente a Francisco de Asís santo patrón de los ecologistas.

Fue a finales del siglo XIX, con el romanticismo aún diligente y cuando debido a la contaminación del aire producido por la expansiva utilización del carbón, junto con los desechos producidos por la revolución industrial se dispararon, surgen los primeros movimientos preocupados por el estado de la naturaleza. Así, en EEUU se inauguró en 1872 el Parque nacional de Yellowstone, mientras que el escritor norteamericano Yack London, autor de “Colmillo Blanco o La llamada de lo salvaje”, divulga la necesidad de proteger la naturaleza. Poco después, el naturalista y columnista, John Muir fundó en 1892 la primera organización conservacionista del mundo con el nombre de Sierra Club. Simultáneamente, el naturalista, filósofo y zoólogo alemán Ernst Haeckel acuñó el término “ecología” para describir el estudio de «todas esas complejas relaciones mutuas” en la naturaleza que Darwin ha demostrado que son las condiciones de la lucha por la existencia».

En Europa, las iniciativas conservacionistas del medio y la fauna comenzaron a desarrollarse por entonces en Inglaterra y Suiza, aunque fue en Alemania donde proliferó un misticismo naturalista sostenido por intelectuales, poetas y artistas como Ernst Moritz Arndt, Wilhelm Heinrich Riehl y Rudolf von Laban con evidentes señas de nacionalismo xenófobo. Tras la primera guerra mundial, fue el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nazi) dirigido por Adolfo Hitler quien enarboló en su programa la agricultura orgánica, el vegetarianismo y el culto a la naturaleza. «La unidad de la sangre y la tierra debe ser restaurada» fue la consigna lanzada por Richard Walther Darré, ministro del Reich de Agricultura y Abastecimientos entre 1933 y 1942.

Está bien documentado que el nazi Darré fue quien convenció a Hitler de la necesidad de exterminar a judíos y eslavos, como consecuencia lógica de una doctrina, el nacional socialismo, basada en el darwinismo social y en las teorías malthusianas que afirmaban que había una sobreabundancia de personas para la subsistencia de un entorno natural sostenible, Por supuesto, para los nazis quienes sobraban eran los judíos, los gitanos, los lisiados, en fin, todos los que no fueran arios bellos y sanos.

Tras la Segunda Guerra Mundial renace la preocupación por la buena conservación de la naturaleza y el inicio de su institucionalización como superestructura internacional. En 1948, dieciocho países fundan la Unión Internacional por la Protección de la Naturaleza (UIPN) si bien ahora cuenta con la adhesión y financiación de gobiernos y ONGs ecologistas e indigenistas de más de 160 países. Quince años más tarde se funda como asociación sin ánimo de lucro el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). Sin embargo, desde la década de los 60 del pasado siglo, la idea de la conservación del entorno natural y de la vida salvaje cambia su discurso radicalmente, para señalar otro paradigma; la función de la humanidad y su “supervivencia” introduciendo con ello el sentimiento de crisis, urgencia y sentido del ser humano en la biosfera.

EL ECOLOGISMO POLÍTICO

En 1967 del superpetrolero Torrey Canyon naufragó frente a las costas de Irlanda, provocando la primera «marea negra» de la historia. De las movilizaciones contra las consecuencias de la marea negra fueron agrupándose activistas ambientalistas, con el fin de oponerse a este tipo de acontecimientos y a la contaminación ascendente. En este contexto, en 1971 surge Amigos de la Tierra, United Tasmania Group en Australia y Values Party en Nueva Zelanda. En 1973 se funda Greenpeace. Desde estas organizaciones y otros grupos menos proyectados, se empiezan a enunciar programas políticos para la protección del medio ambiente y la fauna bajo el rótulo opción verde, al tiempo rechazan el sistema político vigente en los países occidentales democráticos.

Mientras que la lucha contra la caza de ballenas y las imágenes de heroicos activistas de Greenpeace, obstaculizando con sus pequeños barcos la trayectoria de los cañones arponeros japoneses y noruegos llenaron los telediarios y sus imágenes recorrieron el mundo sembrando una aureola romántica y épica, el ecologismo político iniciaba su radicalización “antisistema”. «Llegará el día en que la Tierra se enferme y, entonces, se formará una tribu integrada por todas las culturas del mundo que creen en la acción y no en las palabras. Trabajarán para sanar la Tierra y se conocerán como “Guerreros del Arcoíris».

La historiadora Anna Bramwell en su famoso ensayo “Blood and soil: Walther Darré and Hitler’s Green Party” (1985 “Sangre y tierra: Walther Darré y el Partido Verde de Hitler”) examina la trayectoria política del ya mencionado argentino bonaerense devenido Reichsminister (ministro) de Alimentación y Agricultura de la Alemania nazi entre 1933 y 1942, Ricardo Walther Óscar Darré quien, tras trasladarse a Alemania muy joven, se afilió al grupo juvenil Artamans völkisch (étnico alemán). Tras sucesivos estudios y experiencia, Darré se convirtió en un experto en agricultura y ganadería que hoy se llamaría sin duda ecológica y sostenible, al tiempo que principal ideólogo nacionalsocialista del Blut und Boden (“Sangre y Suelo”’). Tras su exhaustivo examen, Bramwell concluye afirmando que, al menos un tercio del núcleo del poder nazi eran antropósofos y el ecologismo de las verdes praderas y montañas nevadas era una parte esencial de su ideología.

Con el eslogan: “Die Zukunft ist grün” (“el futuro es verde”) en 1979 se fundó el partido verde alemán (Die Grünen). Un camuflado exnazi, August Haussleiter, fue elegido en el primer congreso del partido de los Verdes alemanes el 13 de enero de 1980 como miembro del triunviro de la presidencia. Durante la conferencia del partido en Offenbach en 1979, Haussleiter, junto con los nazis recalcitrantes, Baldur Springmann y Werner Vogel, elaboraron las tesis operativas de los verdes políticamente significativas (ecología, social, democracia de base, no violencia), tesis que los Verdes de toda Europa copiaron en sus propios programas, al igual que luego otros partidos verdes en todo el mundo. Su fundamento ideológico, expresado en su manifiesto, fue marcado por los lemas: «socialismo, ecologismo, democracia de base, no-violencia».

En 1984, tras la constitución de los partidos “verdes” de Alemania, Bélgica, Francia, Holanda, Luxemburgo, Reino-Unido, Suecia y Suiza, se pone en marcha la Coordinación de los partidos verdes europeos que se transformará en 1993 en la Federación de los Partidos Verdes europeos. De la misma manera, se crea en 1988 la Federación de los Jóvenes Verdes europeos, hoy integrada por más de 30 organizaciones juveniles u ONGs ecologistas.

El hundimiento en 1985 por los servicios secretos franceses del barco de Greenpeace, Rainbow Warrior, con el fin de desactivar las protestas en contra de las pruebas nucleares de Francia en el Atolón de Mururoa (Pacífico), fue un detonante que consolido el discurso contra los modelos de estado democráticos occidentales y, sobre todo, contra la energía nuclear tanto civil como militar.

Apenas un año más tarde, en abril de 1986, sucede la catástrofe de la central nuclear de Chernobyl en la URSS, accidente derivado del descuido y mal diseño pero que, debido a la extensión de la contaminación que produjo, evidenció la ausencia de fronteras para los problemas ambientales y sus repercusiones sociales. En consecuencia, el foco principal de los partidos y ONGs verdes se dirigió a la lucha contra la energía nuclear en todo el mundo.

Al tratarse de una visión distópica, el ecologismo militante sucumbe a la lógica binaria antagonista de la lucha de clases: conciencia ecológica o catástrofe; crecimiento demográfico cero o sobrepoblación; agroecología o extractivismo; protección o megaminería; conservación o contaminación; sustentabilidad o ecocidio, etc.

MALTHUS RESUCITADO POR EL CLUB DE ROMA

En 1968, cuando la población mundial sumaba unos tres mil quinientos millones, el profesor de ciencias biológicas de la Universidad de Stanford (California), Paul Ehrlich publicó “The Population Bomb” (La bomba de población) que se convirtió en Bestseller. En su ensayo, Ehrlich consideraba que el principal problema del momento era la expansión demográfica como cadena causal del deterioro ambiental que a través del consumo genera; demasiados coches, fábricas, detergentes, plaguicidas, gases tóxicos, plantas de tratamiento de aguas residuales inadecuadas, poca agua y demasiado dióxido de carbono. Su conclusión era que en la base de todos los problemas ambientales y de escasez está en el hecho de que la Tierra está atiborrada de humanos. Aunque obvio, pocos se dieron cuenta entonces que Ehrlich había copiado casi literalmente la teoría del decimonónico pastor anglicano, Thomas Malthus en “Un ensayo sobre los principios de población” (1798) donde concluía que cuando la población crece más que los recursos se produce una catástrofe. Y lo hizo a pesar que ya en 1968 era obvio que la realidad se había encargado en desmentir radicalmente a Malthus quien con más escusa que Ehrlich, no previó la eficacia de la ciencia y la técnica para innovar y generar con ello incrementos productivos notables, capaces de superar los ascensos demográficos.

Tras la lectura de “La bomba de población” el empresario italiano izquierdista, propietario de Italconsult, Aurelio Peccei, patrocinado por la Fundación Rockefeller, en abril de 1968 reunió en Roma a un grupo de empresarios, economistas, científicos y políticos provenientes de varios países, con el fin de debatir la posibilidad de fundar un lobby centrado en desarrollar iniciativas capaces de corregir los graves problemas de la humanidad: (deterioro ambiental, pobreza, mala salud endémica, deterioro urbano, criminalidad, etc.) desde una estrategia global, debido a que dichos problemas estaban interrelacionados. Al punto de que esa interrelación se convertía en metaproblema generalizado (o metasistema de problemas) al que llamó “problemática”. Entre los asistentes destacaba el químico escocés, por entonces dirigente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Alexander King.

Aunque aquella primera reunión no llevó a puerto alguno, algunos participantes continuaron reuniéndose hasta que en 1970, el Club de Roma fue oficialmente fundado con sede en Suiza. Entretanto, la visión de Peccei quedó plasmada en un documento escrito por Hasan Özbekhan, Erich Jantsch y Alexander Christakis, titulado: “La situación de la humanidad; Búsqueda de respuestas estructuradas a las crecientes complejidades e incertidumbres mundiales: UNA PROPUESTA” Inmediatamente, el ingeniero del MIT y descubridor de simulaciones computacionales para analizar sistemas sociales y predecir las implicaciones de diferentes modelos denominado “dinámica de sistemas”, Jay W. Forrester, presentó un modelo informático en la conferencia que organizó el incipiente Club de Roma en Cambridge, Massachusetts. Entusiasmados, los promotores del Club acordaron que Forrester se encargara de realizar un estudio de dinámica de sistemas en el Instituto Tecnológico de Massachusetts donde investigaba, sobre las implicaciones del crecimiento exponencial desenfrenado sobre cinco factores básicos que consideraron determinan y, en sus interacciones, en última instancia limitan el crecimiento en un planeta limitado: población, producción agrícola, agotamiento de recursos no renovables, producción industrial y contaminación.

Los resultados del estudio realizado por la biofísica y científica ambiental, Donella Meadows, su marido Dennis Meadows y otros quince teóricos del Instituto Tecnológico de Massachusetts, fueron publicados en 1972, con el título “The limits to growth” (Los límites del crecimiento). Partiendo de la perogrullada de que el mundo es finito, los autores del informe aseguraban que «la insuficiencia de las materias primas impedirá que el sector industrial y la agricultura puedan seguir el ritmo [de las necesidades] de una población [mundial] en aumento». De hecho, en “Los límites del crecimiento” desde el título hasta las conclusiones solo hay negros augurios: «…antes del año 2012, el mundo se quedará sin aluminio, cobre, oro, plomo, mercurio, molibdeno, gas natural, petróleo, plata, estaño, tungsteno y cinc», 12 de los 19 minerales que analizaron. Hacia el año 2000, «se produciría una grave crisis en la producción industrial y alimentaria que invertirían el sentido de su evolución», mientras que el resumen de Meadows en 1972 remata el catastrofismo del informe: «Si se mantienen las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial: industrialización, contaminación ambiental, producción de alimentos y agotamiento de los recursos, este planeta alcanzará los límites de su crecimiento en el curso de los próximos cien años. El resultado más probable sería un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial».

Trascurridos 51 años desde la publicación de “Los límites del crecimiento”, la realidad revela que desde 1972 a 2023 la población mundial se ha más que doblado, creciendo en 4.327 millones de personas: de 3.718 a 8.045 millones. No solo no hubo las grades hambrunas por doquier pronosticadas que debían ocasionar decenas de millones de muertes anticipadas cada año, ni la desaparición masiva de muchos metales, ni la disminución crítica de hidrocarburos, es que nunca antes estuvo mejor alimentada la población del mundo y las cosechas mundiales de los principales alimentos no dejan de crecer. Además, las perspectivas de producción de alimentos y bienes son optimistas por mucho que medios, ONGs e instituciones neomalthusianas ecolocatastrofistas traten de ocultarlo.

Tras la publicación del pesimista informe y la primera crisis del petróleo de octubre de 1973, se desató el inicio de un movimiento que sería conocido como ecología política y otras corrientes político-filosóficas derivadas tales como el ecofeminismo.

FORO DE DAVOS

En enero de 1971 el economista, profesor y empresario suizo, Klaus Schwab fundó en Ginebra lo que originariamente se llamó el Foro Europeo de Gestión, una fundación sin ánimo de lucro que congregaba a líderes empresariales de todo el continente en una reunión anual en enero. Estas primeras conferencias pretendían ayudar a las corporaciones europeas a ponerse al día con las prácticas de gestión de Estados Unidos, así como desarrollar y promover el enfoque de gestión basado en la teoría de los grupos de interés. Poco después, Schwab fundó formalmente el Foro Económico Mundial (FEM) como organización no gubernamental internacional con sede en Cologny, Cantón de Ginebra, Suiza.

En 1973, debido al colapso del sistema de cambio de Bretton Woods y a la guerra árabe-israelí, el Foro expandió su enfoque a los temas sociales y, en 1974 en Davos se invitó por primera vez a los representantes políticos. Dos años más tarde, se introdujo un sistema de membresía que permitía el ingreso a las 1.000 empresas transnacionales líderes del mundo. Por entonces, Klaus Schwab empezó a trabajar con China para estimular las políticas de reforma económica y, en 1979, tras la publicación del Informe de Competitividad Global, convirtió el FEM en centro de investigación económico-social.

Tras varios éxitos diplomáticos capitalizados siempre por Schwab y aparentando una ontología liberal del mercado como motor del progreso humano, el Foro de Davos se posiciona como un catalizador de la innovación y la colaboración. Sin embargo, año tras año Schwab se fue acercando a China hasta el punto de establecer una estrecha colaboración con Xi Jinping.

En 2018, el periodista del New York Times, Ross Douthat introdujo el concepto «capital woke». Esencialmente, Douthat sugirió que el capitalismo woke funciona sustituyendo el valor económico por el valor simbólico. Bajo el capitalismo woke, las corporaciones ofrecen a los trabajadores placebos retóricos en lugar de concesiones económicas más costosas, como salarios más altos y mejores beneficios. Los mismos gestos wokes también apaciguan a la élite política liberal, promoviendo sus agendas de política de identidad, pluralismo de género, derechos de los transexuales, normas de inmigración laxas, mitigación del cambio climático, etc. A cambio, las empresas woke esperan no tener que pagar más impuestos, ni aumentar las regulaciones, ni la legislación antimonopolio contra los monopolios que quieren imponernos.

La trayectoria del “stakeholder capitalism/woke capitalism” no solo puede explicarse como oportunismo o placebo para las masas, pues en poco tiempo se ha convertido en un juego de monopolio. Al igual que los individuos que no comulgan con la doctrina woke son cancelados de la vida cívica a través de denuncias y censuras (cultura de la cancelación), también las empresas que no se pliegan al sistema woke son perseguidas y canceladas de la economía, dejando el botín a las woke. Las cancelaciones de empresas se ha institucionalizando y llevando a cabo a través del mercado de valores. Además, existen los baremos de buena gobernanza en función de la aplicación en cada empresa o institución del índice medioambiental, social y de gobernanza (ESG), una puntuación de crédito social al estilo chino implantado por Xi Jinping para calificar a individuos y empresas.

En su «Carta de 2021 a los consejeros», el consejero delegado de BlackRock (BlackRock, Inc. es el mayor inversor financiero del mundo. En 2023 administraba activos por 9.420 billones de dólares. En España, BlackRock es el mayor accionista de la Bolsa española con títulos en 71 empresas) el politólogo, Larry Fink, dejó clara su posición sobre las decisiones de inversión declarando que: «el riesgo climático es un riesgo de inversión» y que: «la creación de inversiones en índices sostenibles ha permitido una aceleración masiva de capital hacia empresas mejor preparadas para afrontar el riesgo climático». Fink prometió un «cambio tectónico» en el comportamiento de las inversiones, una aceleración creciente de las inversiones que se dirigen a empresas «centradas en la sostenibilidad». Asimismo, advirtió a los directores ejecutivos: «Y como esto tendrá un impacto tan dramático en la forma de asignar el capital, cada equipo de gestión y consejo de administración tendrá que considerar cómo esto afectará a las acciones de su empresa». De esta manera, Fink se hizo eco de las amenazantes palabras del fundador y presidente del Foro Económico Mundial (FEM), Klaus Schwab, que escribió en junio de 2020: «Todos los países, desde Estados Unidos hasta China, deben participar, y todas las industrias, desde el petróleo y el gas hasta la tecnología, deben transformarse. En resumen, necesitamos un «Gran Reset» (Gran Reinicio) del capitalismo».

Ese “gran reset” que proclama Schwab atufa por todos los lados a corporativismo al estilo Xi Jinping, un fascismo económico que impone la producción coordinada y la gestión de la sociedad por un consorcio de grupos de interés dominantes. En todo caso, el capitalismo de grupos de interés o woke, es una forma de corporativismo. Además, a pesar de que Fink afirme lo contrario, el corporativismo que promueve ejerce el poder corporativo y se apoya en las sanciones del Estado para lograr una agenda ideológica y política particular. Esa agenda es el wokismo. Por lo tanto, el capitalismo woke es más apropiado llamarlo corporativismo woke. Eric Heymann, alto ejecutivo del Deutsche Bank, sugiere que para alcanzar los objetivos climáticos de Davos, las corporaciones tendrán que adoptar “un cierto grado de ecodictadura”. Las corporaciones deben abrazar explícitamente el autoritarismo vertical.

Para comprender la trayectoria del Foro de Davos durante más de 50 años, es imprescindible saber que Klaus Schwab ha logrado una holgada hacienda y que, sin haber ocupado un cargo electo, ha sido capaz de marcar la agenda global de países y empresas desde su fundación familiar en la que trabajan su mujer e hijos. Este indudable éxito, no exento de mérito, muestra una personalidad con principios “fluidos” o más llanamente un oportunista sin principios muy listo.

Pero lo sustancial que se desprende de los anteriores resúmenes acerca del Club de Roma, el Foro Económico Mundial (Foro de Davos), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el régimen de comercio de emisiones de gases de efecto invernadero (CEGEI), el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, etc. con sus agendas y programas a corto, medio y largo plazo, es que evidencia un contubernio mundial bien organizado, estructurado y engrasado con billones de dólares, con el objetivo de implantar un capitalismo corporativo (corporate stakeholder capitalism/woke capitalism) similar al que rige actualmente en la China de Xi Jinping y su sistema de crédito social por puntos, que, como avanzadilla y comprobar reacciones, el gobierno municipal de Bolonia pretendió instaurar en 2022 con el abominable rótulo “cartera ciudadana inteligente” que vigilaría el comportamiento de cada boloñés para premiarlo si era virtuoso o castigarlo si era rebelde.

LA CRISIS ECONÓMICA COMO DETONADOR DEL GLOBALISMO CORPORATIVISTA

Los medios sistémicos, las películas y relatos seudohistóricos varios desmemoriados o manipulados suelen describir las décadas 1970 y 1980 como una era feliz y hedonista, prolífica en arte y contracultura (en España la aureola de la llamada Movida Madrileña como movimiento contracultural) música, disco, drogas, hippes y rock and roll. Sin embargo, lo cierto es que por entonces se desmantelaron las bases del desarrollo erigidas en occidente tras la Segunda Guerra Mundial.

Fue en 1970 cuando Estados Unidos y enseguida Europa occidental y Japón, entraron en crisis económica. En 1971, el presidente de EEUU de entonces, Richard Nixon, retiró bruscamente el dólar del patrón oro con el beneplácito de la Reserva Federal. En octubre de 1973 los países árabes petroleros decidieron bloquear sus exportaciones de crudo a aquellos países que habían apoyado a Israel en la llamada guerra del Yom Kipur, elevando el precio del barril de 1,65 dólares a más de 9 dólares. Estos sucesos significaron el final abrupto del auge económico occidental de la posguerra. De hecho, el aumento de los tipos de interés mundiales, el incremento de la carga de la deuda de los países en vías de desarrollo y la desaceleración del crecimiento en el mundo industrial, generaron una estanflación mundial que duró más de una década.

Ante la evidencia de que la fragilidad energética conllevaba una carga enorme para el desarrollo, se organizaron diversos grupos de estudios en todo el mundo para dilucidar una estrategia a largo plazo que redujera dicha fragilidad. Con la desintegración de la Unión Soviética en 1991. Los grupos de estudios se convirtieron el lobbies con el objetivo de confeccionar una agenda global que llevara a un «Nuevo Orden Mundial» más estable y predecible.

Sus objetivos eran/son explícitos:

I. Una justificación para el control gubernamental de la población mundial.
II. El poder de limitar la industria.
III. El poder de controlar la producción de energía y dictar las fuentes de energía.
IV. La facultad de controlar o limitar la producción de alimentos y la agricultura.
V. La capacidad de microgestionar a los individuos en nombre de algún “bien mayor” definido posteriormente.
VI. Una sociedad socializada en la que se abandona el derecho individual a la propiedad.
VII. Un sistema económico mundial que ellos gestionarían.
VIII. Un sistema monetario mundial.
IX. Un gobierno mundial que gestiona un puñado de regiones separadas (naciones).

Una de las citas más reveladoras de la agenda globalista diseñada por los incipientes lobbies de entonces proviene del subsecretario de Estado de la administración Clinton, Strobe Talbot, quien afirmó en la revista Time: “En el próximo siglo, las naciones tal como las conocemos quedarán obsoletas; todos los estados reconocerán una autoridad única y global… Después de todo, la soberanía nacional no fue una gran idea”.

Para comprender la estrategia de los lobbies globalistas, es conveniente citar a uno de sus precursores, el embajador de EEUU en España en la era del Felipato y miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de EEUU, Richard N. Gardner, quien en “The Hard Road to World Order” (1974 “El duro camino hacia el orden mundial”) establece: «En resumen, la “casa del orden mundial” tendrá que construirse desde abajo hacia arriba y no desde arriba hacia abajo. Parecerá una gran “confusión en auge y zumbido”, para usar la famosa descripción de la realidad de William James, pero poner fin a la soberanía nacional, erosionándola pieza por pieza, logrará mucho más que el anticuado asalto frontal».

Parece evidente que ya los primeros lobbies globalistas de los 70 tenían claro que el “incrementalismo”, era una “larga marcha” aunque la mejor o única manera de lograr una estructura de poder mundial corporativa, soportada por emotivos eslóganes que combinaran hermosos futuros objetivos, con admoniciones sobre las grandes catástrofes que podrían suceder si no se lograban sus anhelados objetivos. Nada de organizaciones clandestinas elitistas de tipo masónico que manejaran políticos títeres. Ellos serían los conductores de un imperio mundial corporativo, los ungidos “Reyes Filósofos” descritos en La República de Platón.

También parece claro que aquellas vanguardias del corporativismo global, habían aprendido las lecciones de los fracasos de los regímenes dictatoriales conductistas como la Unión Soviética, por lo que para imponer y conservar el imperio corporativo global que exigía la paulatina eliminación de las libertades individuales, era imprescindible que los ciudadanos aceptasen gustosamente su degradación a siervos, como si fuera una necesidad, un deber solemne de supervivencia. De esa manera, si alguien se rebela, la colmena lo verá como un monstruo ya que estaría poniendo en peligro a toda la humanidad al desafiar la estructura de poder.

EL DESVERGONZADO GREENWASHING

Hoy, la alianza entre las corporaciones transnacionales y los lobbies globalistas conformados por una burocracia política dispuesta a implantar un sistema capitalista corporativista mundial, ha adquirido un inmenso poder mediante la creación de una superestructura transnacional, cuyas funciones se orientan a la reorganización y control del sistema de producción y consumo en el mundo. Entre los instrumentos desplegados por la superestructura transnacional para imponer el nuevo sistema de producción y consumo corporativo mundial es el clima, mejor dicho; el CLIMATISMO como lucrativo negocio y herramienta de vasallaje y privación.

En el momento que escribo, 5 de abril de 2024, BlackRock, State Street, Vanguard, las 170 empresas y bancos transnacionales reunidos en Climate Action 100+ (conglomerado de empresas con el fin de lograr compromisos claros para reducir las emisiones de CO2, mejorar la gobernanza y fortalecer tanto las divulgaciones financieras relacionadas con el clima como los planes de transición, con el objetivo de crear valor para los accionistas a largo plazo), sincronizados con multinacionales de alto consumo y diversas ramas como: Disney, Nike, Apple, National Offshore Oil Corp, Bud Light, Target, China Mobile, Coca-Cola, Pepsi, Starbucks, Gillette, Microsoft, Toyota, etc. etc. conforman el cártel más poderoso de la historia de la humanidad. Los tres fondos mencionados, son los mayores accionistas de casi todas las empresas importantes del mundo. En comandita con las otras transnacionales woke, generan lucrativos mercados financieros como los “global bond market” y “Green Bonds” que manejan billones de dólares, al tiempo que a través de las empresas “verdes” como Iberdrola, Sacyr y el resto de la pléyade que se autoetiquetan comprometidas con el entorno y abusan de los PALABROS clave para los navegadores de internet, clientes despistados y creyentes de lo verde, esa Neolengua verdi-woke, ese repugnante GREENWASHING (lavado de imagen verde) que repite cansinamente la letanía sostenibilidad, finanzas sostenibles, bonos verdes, neutralidad de carbono, ecosistema, inversión sostenible, sustentabilidad, certificación LEED, economía circular, huella de carbono, senderos de la transición energética, etc. además de para embaucar, les sirve para obtener inmensos recursos, tanto a través de contratos obtenidos por concursos ad hoc, como obteniendo subvenciones gubernamentales y paragubernamentales, donde la UE encabeza el ranking mundial. Al mismo tiempo y con iguales fines, los FMI, BM, G-7, G-20 y ONU han expandido numerosos tentáculos que conforman superestructuras potentes. En realidad, usan nuestro dinero obtenido en buena lid, para engatusarnos con un futuro “mundo feliz” siempre que nos conduzcamos sumisamente; paguemos los altos impuestos porque son ecosostenibles y muy verdes, consumamos poca energía pagándola como articulo de lujo, comamos lo que ellos consideran adecuado, olvidemos la propiedad privada del automóvil y la vivienda, en fin, nos achantemos ante la implantación de un sistema de crédito social como el vigente en China, ese siniestro carnet por puntos que los ciudadanos convertidos en siervos ganan o pierden en función de si cumplen las rígidas normas establecidas por el Estado Leviatán chino.

Ya no es la mano invisible del libre mercado, sino el puño invisible del nuevo orden mundial pintado con los colores del arco iris woke. No es otra cosa que corporativismo global, donde el climatismo se impone por ser un camino de servidumbre muy lucrativo. Estamos ante una superestructura mundial que emplea a millones de personas a tiempo completo, para decirnos lo que tenemos que hacer si queremos salvar el planeta, esos meteorólogos metidos a estrellas mediáticas, esas ONGs, fundaciones, agencias, instituciones de investigación, funcionarios, gobiernos, iglesias, medios de comunicación y empresas públicas y privadas haciendo de la manipulación del clima su modus vivendi.

LA LARGA MARCHA DE LA SUPERESTRUCTURA DEL CORPORATIVISMO GLOBAL DEL CAMBIO CLIMÁTICO

– El Club de Roma fue fundado en 1970.
– El Foro Económico Mundial (Foro de Davos) se fundó en 1971.
– El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) fue fundado en 1972.
– Primera Conferencia Mundial sobre el Clima de 1979 que funda el Programa Mundial de Investigación del Clima, bajo la responsabilidad de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el PNUMA junto con el Consejo Internacional de Uniones Científicas (ICSU).
– La Conferencia Internacional sobre la Evaluación del Papel del Anhídrido Carbónico y otros Gases de Efecto Invernadero en las Variaciones Climáticas e Impactos Conexos se celebró en Austria en 1985.
– El Protocolo de Montreal para proteger la capa de ozono se celebró en 1987.
– El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de Naciones Unidas (ONU) fue fundado en 1988 por dos organizaciones de Naciones Unidas; la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
– El Primer informe del IPCC, presentado en la primera Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro fue presentado en 1992. En dicho informe se reconoció oficialmente la existencia del calentamiento global del clima y la responsabilidad humana (antropogénica) por este fenómeno.
– La erupción volcánica del Monte Pinatubo en 1991, fue considerada por el informe del IPCC de 1992 como probable provocadora de un calentamiento transitorio de la estratosfera.
– La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) fue adoptada en Nueva York el 9 de mayo de 1992 y abierta a la firma el 4 de junio de 1992 en Río de Janeiro. Entró en vigor el 21 de marzo de 1994.
– En marzo de 1994 se firmó el Convenio Marco por 195 países, llamados «Partes» (COP), además de la Unión Europea, con el objetivo de estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero a un nivel que evite cualquier perturbación humana peligrosa del sistema climático.
– COP1 – Berlín, 1995: en esta conferencia, los países presentes acuerdan reunirse una vez al año para mantener bajo control el calentamiento global y hablan de la necesidad de reducir los GEIs.
– COP3 – Kioto, 1997: se adopta el Protocolo de Kioto con el compromiso de reducir las emisiones de GEIs en los países industrializados. Este sienta las bases para el mercado de carbono.
– La Directiva 2003/87/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 13 de octubre de 2003, establece un régimen para el comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero en la UE.
– El régimen de comercio de emisiones de gases de efecto invernadero (CEGEI) fue creado sobre la base del principio “QUIEN CONTAMINA PAGA”. Se basa en el teorema de Coase que consiste en asignar derechos de propiedad sobre el bien dañado por la contaminación (o por la externalidad). De este modo, al existir un propietario, que pueda cobrar por el perjuicio sufrido, los costes de la contaminación se vuelven explícitos y serán tenidos en cuenta por los productores contaminantes. Así, un regulador (Estado, UE, etc.) define un límite superior (techo) de emisiones de GEI que pueden ser emitidas por el total de los participantes en el sistema. Los permisos de emisión son asignados por los gobiernos de forma gratuita a las empresas emisoras más importantes, si éstas emiten menos de lo que les han asignado, pueden vender los permisos sobrantes, y al contrario, si emiten más, los deben comprar. Al régimen CEGEI están sujetas las industrias y servicios englobados en producción de energía, industrial, eléctrico, cementero, siderúrgico, refinero del petróleo, uso de productos, gestión de residuos, ganadería, agricultura, silvicultura, pesca, alimentación, transporte, moda, etc. Los permisos se compran a través de subastas y el precio sigue la regla de la oferta y la demanda que puede traficarse variando el techo de emisiones. En realidad, está demostrado que con este sistema QUIEN CONTAMINA COBRA gracias a recibir permisos de emisión superiores a sus emisiones, mientras que quien paga la factura del sistema es el consumidor final de bienes y servicios.
– El ex vicepresidente de EE UU Al Gore y el ingeniero hindú Rajendra Pachauri como presidente del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU, recibieron el premio Nobel de la Paz 2007.
– COP15 – Copenhague, 2009: se acuerda mantener el calentamiento global por debajo de 2ºC y los países más desarrollados se comprometen a financiar a largo plazo a los países en desarrollo.
– COP16 – Cancún, 2010: se redactan los acuerdos de Cancún donde se formaliza lo negociado en Copenhague y se crea el Fondo Verde para el Clima.
– COP20 – Lima, 2014: por primera vez, todos los países acuerdan elaborar y compartir su compromiso de reducción de emisiones de GEIs.
– COP21 – Paris, 2015: después de 20 años de negociaciones se adopta unánimemente el Acuerdo de París para mantener el calentamiento global por debajo de 2ºC respecto a la era preindustrial y seguir con los esfuerzos para limitarlo a 1,5ºC. Además, se establece la Agenda 2030 con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
– Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, fue aprobada por la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2015. Sus 17 objetivos son:
1. Fin de la Pobreza.
2. Hambre Cero.
3. Salud y Bienestar.
4. Educación y Calidad.
5. Igualdad de Género.
6. Agua Limpia y Saneamiento.
7. Energía asequible y no Contaminante.
8. Trabajo Decente y Crecimiento Económico.
9. Industria, innovación e infraestructura.
10. Reducción de las desigualdades.
11. Ciudades y comunidades sostenibles.
12. Producción y consumo responsables.
13. Acción por el clima.
14. Vida submarina.
15. Vida y ecosistemas terrestres.
16. Paz, justicia e instituciones sólidas.
17. Alianzas para lograr los objetivos. Es el más importante porque describe las fuentes de financiación para lograr los 16 anteriores, destacando la recaudación fiscal, la movilización de recursos financieros adicionales y la restructuración de la deuda pública.
– COP23 – Bonn, 2017: Creación de los diálogos de Talanoa donde los países puedan compartir experiencias y buenas prácticas, además del plan de acción de género para asegurar la participación de mujeres en la toma de decisiones. La doctrina woke y el lenguaje inclusivos son oficializados.
– COP24 – Katowice, 2018: esta cumbre fue condicionada por la publicación del informe 1,5ºC del IPCC y concluye el diálogo de Talanoa.
– COP25 Madrid, 2019: Sienta nuevas bases para impulsar compromisos de reducción de emisiones más ambiciosos en 2020 para responder a la emergencia climática.
– COP 26 Glasgow, 2021: Insiste en la necesidad de no superar el 1.5ºC de media en la temperatura global de la tierra.
– COP27 Sharm el Sheikh (Egipto), 2022: Se crea un fondo de compensación por pérdidas y daños, conocido como Plan de Implementación de Sharm El Sheikh, para ayudar a «los países en desarrollo que son particularmente vulnerables a los efectos adversos del cambio climático». No se estable la financiación de dicho fondo.
– COP 28 Dubái, 2023. Se firma el Pacto de Dubái que reconoce la necesidad de reducir de forma profunda, rápida y sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero en consonancia con las trayectorias de 1,5ºC.

Para comprender la formidable superestructura desarrollada por el cambio radical de paradigma del ecologismo convertido en agente político desde los años 60, es necesario recordar el renacimiento de la estrategia de hegemonía cultural y política desarrollada por Antonio Gramsci. Solo desde esta estrategia se comprende la imposición de un relato dominante que puede sintetizarse en una tétrica proclama apoyada en cuatro aseveraciones soportadas por el siguiente preámbulo dogmáticamente aseverativo: El mundo atraviesa por una etapa en la que se conjugan varias situaciones críticas:
I. El agotamiento de los combustibles fósiles, que posibilitaron durante los últimos 150 años el surgimiento de grandes potencias económicas, tecnológicas y militares.
II. Las inestabilidades económicas que desequilibran las estructuras y el orden económico mundial.
III. Las grandes pandemias que podrán aniquilar a la humanidad.
IV. La contaminación ambiental y el calentamiento global, que amenazan la calidad de vida y la integridad territorial de muchos países.
De los cuatro asertos, el que mayor importancia y financiación ha tenido y tiene es el IV, un relato convertido en ECOAPOCALÍPSIS que augura convertirá el planeta en un erial si no renunciamos a nuestra prosperidad y nuestras libertades.

¿QUÉ DIOSES CONTROLAN EL PLANETA TIERRA?

En febrero de 2006, apareció “The Revenge of Gaia” (La venganza de Gaia) el último libro del padre de la hipótesis Gaia, James Lovelock. Sorprendentemente, Lovelock se apunta a profeta del neomathusianismo para advertirnos de las calamidades apocalípticas que nos esperan por haber desdeñado a Gaia y no haber sido diligentes combatiendo su calentamiento. “Antes de que termine el siglo, miles de millones (de personas) habremos muerto”. Obviamente, si cada año mueren unos 70 millones de humanos, con la misma tasa entre 2006 y 2100 habrán fallecido 6.580 millones conmigo incluido.

¿Por qué motivos Lovelock se expresó entonces en términos tan dramáticos sobre las consecuencias del cambio climático? Lo cierto es que gracias al detector de captura de electrones que inventó en 1957 luego utilizado en la cromatografía de gases, se descubrió los daños ambientales del DDT y años más tarde la presencia global de los CFCs y sus teóricos efectos en la capa de ozono. Sin embargo, en vez de confiar, como gran científico que era, en que los avances científicos y tecnológicos podrían contrarrestar las pifias humanas, o incluso en su propia Hipótesis Gaia (1969) que defiende que la biosfera resulta ser un sistema único, en el que la vida mantiene y fomenta las dinámicas biogeosféricas que la ayudan a sobrevivir, mediante procesos que inducen a que este planeta azul sea habitable para la vida, resulta que los humanos hemos herido mortalmente a Gaia y se encuentra moribunda POR NUESTRA CULPA, POR NUESTRA GRANDÍSIMA CULPA.

Poco antes de la publicación de “La venganza de Gaia” el físico Paul Davies, partiendo de la premisa: «La ciencia no trata de certezas; trata de encontrar la forma más fiable de pensar en el nivel actual de conocimiento», estimó que «los estromatolitos de cerca de 3,500 millones de años hallados en Australia, demuestran que han existido «otras vidas» en nuestro planeta y que desaparecieron exterminadas debido al intenso bombardeo meteorítico del periodo Hadeense. Hasta podría darse el caso de que alguna de esas biogénesis subsistiera aún en las entrañas de la Tierra». Ahí es nada, resulta que además del calentamiento global y de los peligros de extinción causados por meteoritos, supervolcanes, megatsunamis, llamaradas solares, supernovas, agujeros negros, etc. la forma de vida actual del planeta Tierra, nuestra vida, depende de variables que aún desconocemos.

Pero por si faltaba alguna catástrofe que predecir, la hipótesis Gaia fue contestada por el paleontólogo y astrobiólogo Peter Ward con la Hipótesis Medea. Así, según Ward, la vida es la principal amenaza de la vida, y lo que ocurrió en el pasado volverá a ocurrir. No hay una buena madre que cuide de la vida, ni armonía, sino destrucción ávida como la Medea mitológica que asesina a sus hijos, por cuanto la habitabilidad de la Tierra ha sido afectada por la presencia de la vida, pero el efecto global de la vida ha sido y será el de reducir la longevidad de la Tierra como planeta habitable.

Partiendo de la tesis de autodestrucción de la Tierra Medea, «intentos de suicidio» dice Ward, para volver al estado biológico microbiano de comienzos del planeta, resulta que, como establece con ingenio el biólogo en ecología acuática Alberto Perán, resulta que el Planeta puede suicidarse en un mero descuido. Es lo que Perán llama LOS CUANDO CASI que casi sucedieron.

Resulta que CASI NOS ENVENENAMOS a causa del Metano hace 3.500 millones de años.
Resulta que CASI NOS ASFIXIAMOS a principios del Proterozoico (2400-2700 m.a.), debido a que el metano causó por reacción química la Gran Oxidación que se cargó a millones de seres anaerobios hasta casi extinguirlos.
Resulta que CASI NOS HELAMOS debido a que el exceso de oxigeno se comió al ozono y la tierra se convirtió en una bola de hielo dos veces, hace 2.300 millones de años y entre 790 y 630 millones de años.
Resulta que CASI NOS AHOGAMOS durante el episodio del Permo-Triásico de hace 251,4 m.a. durante el cual desaparecieron el 95% de las especies marinas y aproximadamente el 70% de las terrestres. El impacto sobre la vida fue tan brutal que tardó cuatro millones de años en recuperarse. Otra vez el exceso de oxígeno en la atmosfera se pasó de rosca.

A estos sucesos, Alberto Perán añade un CUANDO CASI NOS DESTROZAMOS: «hace sólo cuatro millones de años, GAIA ve surgir un nuevo tipo de organismo que exhibe otra vez una propiedad original con potencial suficiente para cambiar de nuevo el equilibrio de toda la biosfera». Se refiere, claro está, al Homo.

Si no fuera por nuestra necesidad de esperanza, sería sorprendente que a pesar de las innumerables críticas y evidencias contra la Hipótesis Gaia, hoy haya más CREYENTES que nunca en ella. Porque la metáfora Gaia o Medea no parecen otra cosa que sofisticadas formas de creer en Dios. De creer que hay algo por encima, más poderoso, que vela por todo, y que debemos regirnos por un código de conducta que no encolerice su carácter.

REPASO RESUMIDO DE AUGURIOS CATASTROFISTAS

En 1971, la NASA y la Universidad de Columbia, predijeron la inminente llegada de una nueva Edad de Hielo. Este vaticinio, que afortunadamente no llegó a confirmarse, estaba basado en los descensos de temperatura observados entre los años 50 y 70 del pasado siglo, a pesar del importante incremento de emisiones de CO2 que se produjo en esa misma época.
En 1982, el director del Programa Medioambiental de la ONU, vaticinó que para el año 2000, si no se tomaban las medidas oportunas, el mundo debería hacer frente a una catástrofe climática que implicaría una devastación completa e irreversible, similar a la de un holocausto nuclear.

En 1989, Noel Brown, oficial medioambiental senior de la ONU, anunció que, si no se conseguía detener el aumento del nivel del mar, a principios del tercer milenio, habría naciones enteras que serían borradas del mapa.
En el año 2000, en el Reino Unido, Charles Onians afirmó en el periódico The Independent, que el calentamiento global había terminado con la nieve para siempre, y que las nevadas ya eran cosas del pasado.
En 2004, un informe del Pentágono vaticinó que el cambio climático sería la causa desencadenante de una guerra nuclear y que hacia 2020, algunas grandes ciudades europeas se hundirían en el océano.
En 2006, Al Gore (Premio Nobel de la Paz 2007 compartido con Rajendra Pachauri) profetizó que, si no se tomaban medidas drásticas para reducir las emisiones atmosféricas relacionadas con el efecto invernadero, el cambio climático causaría millones de muertos y en diez años el mundo llegaría a un “punto de no retorno”.
En 2007, Rajendra Pachauri (Premio Nobel de la Paz 2007 compartido con Al Gore) entonces director del IPCC (el grupo internacional de expertos sobre cambio climático promovido y patrocinado por la ONU), afirmó que había llegado el momento definitivo en la lucha contra el cambio climático, y que si no se desarrollaban las acciones requeridas antes de 2012, ya sería demasiado tarde.
Ese mismo año de 2007, la NASA vaticinó que en la siguiente década, poniendo como límite el año 2015, el Océano Ártico se quedaría sin hielo. Cuatro años más tarde, en 2011, Carlos Duarte Quesada, oceanógrafo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España (CSIC), fue un poco más conservador y pronosticó que el fin del hielo ártico tendría lugar durante el verano de 2018. Una nueva profecía, esta vez de los científicos de Harvard, estableció que el hielo se fundiría completamente en 2022.
En 2018, Greta Thumberg, con la autoridad que le otorga su dilatada experiencia y sus sólidos conocimientos científicos (gracias a las enseñanzas recibidas en el colegio al que dejó de asistircon 14 años), afirmó que la humanidad se extinguirá si el cambio climático no se estabiliza en 2023 y se dejan de utilizar combustibles fósiles.

LA CRIOSFERA A PUNTO DE AHOGARNOS

Una de las falacias más extendidas por el relato de la hecatombe climática, derivada del deshielo acelerado de icebergs y banquisas junto con las masas de hielo y glaciares ubicados en Groenlandia, el Ártico, la Antártida y las altas montañas. El relato catastrofista oficial dice así: «El cambio climático está aumentado la temperatura del aire y del mar. Si se fundieran todos los glaciares, el nivel del mar ascendería aproximadamente 70 metros. Ya en el último siglo, la fusión de los glaciares provocó un aumento del nivel del mar de un par de centímetros. Pero esto se ha acelerado en años recientes: desde 1993 el ascenso ha sido de 0.3 cm, lo que equivale a una tasa de 3 cm por siglo”. No pocos acentúan el catastrofismo incluyendo a icebergs y banquisas en el relato a pesar de que el Principio de Arquímedes, formulado en el siglo III a.C. establece que: “Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido experimenta una fuerza de empuje vertical hacia arriba igual al peso del fluido desalojado por el cuerpo”.

Mucho más complicado es conocer que sucede con el hielo que se derrite en el mar en la Antártida y Groenlandia. Por ejemplo, el interior de Groenlandia presenta una enorme capa de hielo que cubre aproximadamente el 80% de esa gran isla. Con un espesor de hasta tres kilómetros, la capa contiene la friolera de 2,9 millones de kilómetros cúbicos de hielo, es decir, 2,9 millones de gigatoneladas (Gt) de hielo. Los predicadores de la catástrofe climática aseguran que pierde 1 millón de toneladas de hielo cada 2 minutos, lo que equivale a 262,8 mil millones de toneladas por año. Esto parece mucho hasta que calculas que, al ritmo actual, la capa de hielo de Groenlandia tardará un poco más de 11.035 años en derretirse por completo, y eso probablemente no sucederá.

Teóricamente, si todo ese hielo se derritiera, el nivel global del mar podría aumentar hasta siete metros y medio. Por otro lado, en la Antártida la cantidad de hielo que la rodea está actualmente en su nivel más alto desde que los satélites comenzaron a monitorizarlo hace 30 años. «Simplemente hace demasiado frío para que llueva en la Antártida y permanecerá así por mucho tiempo. En resumidas cuentas, hay más hielo que nunca rodeando la Antártida» (Patrick Michaels climatólogo agrícola estadounidense. Michaels fue investigador principal de estudios ambientales en el Instituto Cato).

Los glaciólogos y cualquiera que tenga algunos conocimientos de física, saben que el desprendimiento de hielo hacia el mar de los icebergs de Groenlandia y la Antártida es una BUENA señal. Denota que la parte central de los glaciares está recibiendo mucha nieve y, por consiguiente, se están comprimiendo y desviando “desaguando” el exceso hacia el océano. Si no ocurriera así, si fuera por exceso de temperatura, se estarían derritiendo en el continente.

Lo cierto es que el conocimiento de la dinámica de creación y pérdida de hielo, tanto en la Antártida como en Groenlandia, es aún muy básico y se precisan estudios profundos para comprender los estadios de composición de hielo, deslizamiento, la recuperación del agua que pierden los glaciares y banquisas por sublimación (de solido a gaseoso sin pasar por líquido, etc. etc. Por consiguiente, la realidad, como indica la evidencia cotidiana y confirman recientes hallazgos que comentaré más adelante, demuestra que no hay subidas alarmantes del nivel de agua en el mar y que filmar los derrumbes del glaciar Perito Moreno no demuestra las alarmantes noticias de publicaciones como Nature, quien en 2018 aseguraba que en cinco años el Perito Moreno sería un lago, cuando la realidad es que el Perito Moreno hoy es más grande que hace cinco años.

En marzo de 2024, mientras iniciaba este artículo, fue publicado un exhaustivo informe por el International Journal of Digital Earth con el título “Evolutionary dynamics of island shoreline in the context of climate change: insights from extensive empirical evidence” (Dinámica evolutiva de la costa insular en el contexto del cambio climático: ideas de una extensa evidencia empírica) firmado por los reputados científicos chinos, Yuxin Zhang, Hao Li, Dong Li, Xiyong Hou, Peng Guo y Jiawei Guo.

Este informe se inicia con la suposición, más bien afirmación categórica, que el aumento del nivel del mar experimentado en las últimas décadas provocaría una reducción de las costas y costas inundadas. Y, por tanto, los investigadores remarcan que, en cambio, las observaciones satelitales revelan que las costas insulares del mundo se expandieron hacia el mar (neto) en 402 km² (155 mi²) desde 2000.

Además, se evaluan los cambios costeros de más de 13.000 islas durante las últimas tres décadas (1990-2020).
Sólo el 12% de estas islas experimentaron cambios significativos en su costa durante este período. Por lo tanto, aproximadamente el 88% de las islas tenían costas estables, sin erosión ni acreción sustanciales.
Alrededor del 6% de estas más de 13.000 islas experimentaron expansión costera (acreción), mientras que el 7,5% perdió superficie terrestre costera (erosión).

Los científicos firmantes demuestran que para las islas que sufrieron erosión costera en las últimas décadas, el aumento del nivel del mar no fue un factor causal primario o predominante. Esto es «contrario a las suposiciones iniciales«. Además, «los resultados de los datos sugieren que el aumento del nivel del mar no ha sido una causa generalizada de erosión en las costas de las islas en la región estudiada. Actualmente, se considera uno de los factores que contribuyen a la erosión costera, pero no el predominante».

«Contrariamente a las suposiciones iniciales, nuestros datos empíricos no vinculan de manera concluyente la erosión generalizada de las costas de las islas principalmente con el aumento histórico del nivel del mar, lo que sugiere que las actividades humanas podrían enmascarar los efectos del aumento del nivel del mar».

Al mismo tiempo, señalan que se produjo una pérdida neta (-259,33 km²) de superficie terrestre costera para las más de 13.000 islas estudiadas en la década que abarca de 1990 a 2000. Sin embargo, «en las décadas siguientes, la tendencia se invirtió, con aumentos netos de 369,67 km² de 2000 a 2010 y de 32,67 km² de 2010 a 2020».

En conjunto, en las últimas dos décadas las costas insulares del mundo crecieron hacia el mar en 402,33 km² netos entre 2000 y 2020, y las costas crecieron en 157,21 km² netos durante todo el período de 30 años (1990-2020).

«Durante las últimas tres décadas, toda la región experimentó un aumento acumulativo de la superficie terrestre de 157,21 km² en más de 13.000 islas». «…en los últimos 30 años, menos islas experimentaron erosión hacia la tierra en comparación con aquellas que sufrieron acreción hacia el mar».

Si durante las últimas décadas los innumerables informes producidos por la burocracia que sustenta la tesis del calentamiento global antropogénico, nos aseguraban que el nivel del mar estaba subiendo debido al aumento de la temperatura del aire y el mar, resulta que este estudio demuestra que ese factor no puede considerarse una causa primaria o predominante que contribuya a la erosión costera, entonces, la narrativa alarmista del aumento del nivel del mar necesariamente se desintegra bajo el peso de la evidencia.

HOGUERA MEDIÁTICA Y ECONÓMICA PARA QUIEN DUDE DEL CONSENSO CIENTÍFICO

El 2 de febrero de 2007, se publicó el IV Informe de Evaluación del Panel Internacional sobre Cambio Climático que aseguraba, sin documentarlo, haber integrado los resultados plenamente concordantes de miles de científicos. La conclusión de esa unificación, la resumió con gran elocuencia el director del Programa de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) Achim Steiner: «El 2 de febrero de 2007 pasará a la historia como el día en que desaparecieron las dudas acerca de si la actividad humana está provocando el cambio climático; y cualquiera que, con este informe en la mano, no haga algo al respecto, pasará a la historia como un irresponsable». Es decir, quien dude de lo que decimos y se atreva a decirlo, correrá la suerte de Miguel Servet, quemado junto a su obra en la hoguera mediática y expulsado de la Academia. Y desde entonces, los potentes medios del “Gran Reset” hacia el capitalismo corporativo global, han impuesto el oxímoron consenso científico como valladar, que no argumento, contra toda duda o crítica contra las tesis, programas y agendas justificados con el cataclismo climático que se avecina por culpa de las emisiones de CO2 que expelen los humanos y sus animales domesticados, sobre todo vacas y cerdos.

Consenso científico: implica que la mayoría de los científicos que investigan sobre el clima establecen, como si fuera una mayoría política en un parlamento, la verdad. Sin embargo, la ciencia es la búsqueda de la verdad, no del consenso. Si es consenso, no es ciencia; si es ciencia, no es consenso.
Ciencia establecida: implica que el estudio científico está completo. Si el concepto ciencia establecida es reduccionista de suyo, respecto a la ciencia del clima es tan falso como ridículo por cuanto se desconoce mucho más de lo que se conoce, desde la sensibilidad del clima a los cambios en las concentraciones de CO2 atmosférico, hasta la magnitud de las retroalimentaciones, incluso si son positivas o negativas.
Modelo climático: implica que existe un modelo matemático capaz de simular con precisión la función del clima y también de proyectar la respuesta futura del clima a las perturbaciones. Sin embargo, siguen existiendo numerosos “modelos climáticos”, ninguno de los cuales simula de forma precisa y completa la función del clima en comparación con mediciones y observaciones.
Atribución instantánea: la afirmación de que los modelos computarizados de atribución climática pueden estimar en qué medida los cambios climáticos identificados, como el calentamiento atmosférico o de los océanos, contribuyen a los cambios en los fenómenos meteorológicos actuales, como la frecuencia, la intensidad, la velocidad del movimiento y la intensidad y el volumen de las precipitaciones. asociados con ciclones tropicales específicos. Algunos también afirman tener capacidad de atribución de tornados, sequías, inundaciones e incluso incendios forestales.
Crisis climática: la afirmación de que un aumento de la temperatura promedio global cerca de la superficie de 1 (+/- 0,2) °C durante un período de 150 años, o el aumento potencial de 1 °C adicional durante los próximos 80 años, representa una “crisis”. ”, o una “emergencia” o una “amenaza existencial”. Esto a pesar de que la temperatura cerca de la superficie aumenta y disminuye ~10°C cada día, o aproximadamente 0,8°C por hora; y que la temperatura cerca de la superficie aumenta y disminuye ~25°C estacionalmente.
Contaminación por carbono: implica que el CO2 es lo mismo que el carbono y es un contaminante más que un factor esencial en la salud y el crecimiento de todo tipo de plantas, incluidos los cereales que constituyen un componente importante de las dietas humanas y animales. Este oxímoron ignora el impacto del aumento del CO2 atmosférico en la ecologización global.
Ley de Reducción de la Inflación: fantasía progre que establece que inyectar dinero adicional a una economía, que ya está inflada y que también sufre interrupciones en la cadena de suministro, para subsidiar la venta de productos antieconómicos y la instalación de instalaciones redundantes, reducirá, por arte de birlibirloque, la inflación.

LA GÉLIDA REALIDAD: NO HAY EMERGENCIA CLIMÁTICA

Como epilogo de este artículo, refiero al manifiesto publicado en septiembre de 2023 con el título «No hay emergencia climática» promovido por la fundación Climate Intelligence (CLINTEL) firmado por cerca de 2.000 científicos, entre los que destacan Ivar Giaever y John F. Clauser, ganadores de un Premio Nobel en 1973 y 2022 respectivamente, y al concienzudo documental “Climate: The Movie (The Cold Truth) Clima: La película (la gélida verdad)”.
En resumen del mencionado manifiesto dice:
La ciencia del clima debería ser menos política, mientras que las políticas climáticas deberían ser más científicas. Los científicos deberían abordar abiertamente las incertidumbres y exageraciones en sus predicciones sobre el calentamiento global, mientras que los políticos deberían contar desapasionadamente los costos reales, así como los beneficios imaginarios de sus medidas políticas.
Factores naturales y antropogénicos causan el calentamiento de la Tierra.
El archivo geológico revela que el clima de la Tierra ha variado desde que existe el planeta, con fases naturales frías y cálidas. La Pequeña Edad del Hielo terminó en 1850. Por lo tanto, no sorprende que ahora estemos experimentando un período de calentamiento.
El mundo se ha calentado significativamente menos de lo previsto por el IPCC sobre la base del forzamiento antropogénico modelado. La brecha entre el mundo real y el mundo modelado nos dice que estamos lejos de comprender el cambio climático.
La política climática se basa en modelos inadecuados.
Los modelos climáticos tienen muchas deficiencias y no son ni remotamente plausibles como herramientas de política global. Aumentan el efecto de los gases de efecto invernadero como el CO2. Además, ignoran que enriquecer la atmósfera con CO2 es beneficioso.
El CO2 es alimento vegetal, la base de toda la vida en la Tierra.
El CO2 no es un contaminante. Es esencial para toda la vida en la Tierra. La fotosíntesis es una bendición. Más CO2 es beneficioso para la naturaleza y hace más verde la Tierra: más CO2 en el aire ha promovido el crecimiento de la biomasa vegetal mundial. También es bueno para la agricultura, ya que aumenta el rendimiento de los cultivos en todo el mundo.
El calentamiento global no ha aumentado los desastres naturales.
No hay evidencia estadística de que el calentamiento global esté intensificando los huracanes, inundaciones, sequías y desastres naturales similares, o haciéndolos más frecuentes. Sin embargo, existe amplia evidencia de que las medidas de mitigación de CO2 son tan dañinas como costosas.
La política climática debe respetar las realidades científicas y económicas.
No hay ninguna emergencia climática. Por tanto, no hay motivo de pánico ni alarma. Nos oponemos firmemente a la dañina y poco realista política neta de cero emisiones de CO2 propuesta para 2050. Si surgen mejores enfoques, y ciertamente surgirán, tenemos tiempo suficiente para reflexionar y readaptarnos. El objetivo de la política global debería ser la “prosperidad para todos” proporcionando energía confiable y asequible en todo momento. En una sociedad próspera, los hombres y las mujeres tienen una buena educación, las tasas de natalidad son bajas y la gente se preocupa por su medio ambiente.
La Declaración Mundial sobre el Clima (WCD) ha reunido a una gran variedad de científicos competentes de todo el mundo*. El considerable conocimiento y experiencia de este grupo es indispensable para alcanzar una visión equilibrada, desapasionada y competente del cambio climático. A partir de ahora el grupo funcionará como “Grupo Global de Inteligencia Climática”. El Grupo CLINTEL brindará asesoramiento solicitado y no solicitado sobre cambio climático y transición energética a gobiernos y empresas de todo el mundo.

En cuanto al elocuente reportaje: “Climate: The Movie (The Cold Truth) – El Clima: La Película (la cruda verdad)” estrenado en marzo de 2024, dirigido por Martin Durkin, con guión de Martin O’Toole, en donde participan eminentes científicos, economistas y activistas como Steven Koonin, Dick Lindzen, Will Happer, John Clauser, Nir Shaviv, Ross McKitrick, Willie Soon y Patrick Moore, cuenta la historia de cómo un lóbrego y excéntrico relato, se convirtió en un gigantesco negocio industrial global de billones de dólares sufragado por los asustados contribuyentes.

Extraordinaria es la exploración del film sobre la naturaleza del consenso en torno al cambio climático. Describe los orígenes del carro de la financiación climática y el auge de la industria climática, describe los cientos de miles de puestos de trabajo que dependen de la crisis climática y explica la enorme presión que se ejerce sobre los científicos y otras personas para que no cuestionen la alarma climática: retirada de fondos, rechazo de las revistas científicas, ostracismo social.

La película se emitió en YouTube (también se puede encontrar en otros canales de internet) la misma semana en que la Agencia de Protección Ambiental norteamericana emitió regulaciones finales que exigen que el 70% de los automóviles nuevos vendidos sean híbridos o eléctricos de batería para 2032. Una dictatorial añagaza que solo aumenta los costos y genera inconvenientes para los hogares sin ningún beneficio, porque la prohibición de los combustibles fósiles en Estados Unidos no afectaría las temperaturas globales. Así, si Estados Unidos dejara de emitir carbono de la noche a la mañana, las temperaturas globales disminuirían menos de 0,2 grados Celsius para el año 2100, según los modelos gubernamentales.

El físico John Clauser es categórico: «el CO2 no tiene ninguna importancia para controlar el clima de la Tierra».

No hay medias tintas ni recovecos de los participantes de este reportaje.

El calentamiento global antropogénico derivado de las emisiones de gases de invernadero les merece estas glosas:
«Es la historia de la corrupción de la ciencia con fines espurios».
«Es la historia del acoso y la intimidación de todo aquel que cuestione la emergencia climática».
«No existe eso que llaman emergencia climática en el planeta. No existe ninguna evidencia».
«Es la historia del asalto a la libertad individual».
«Es una fórmula extraordinaria de aumentar el poder de los gobiernos».
«Toda una serie de medidas autoritarias bajo la excusa de salvar el planeta».
«El CO2 como factor climático está muerto y la tesis del calentamiento global provocado por el hombre está muerta. A pesar de más de 30 años y billones desperdiciados y decenas de miles de carreras y reputaciones destruidas, el clima continúa como siempre».

REFERENCIAS DE AUTORES CONSULTADOS

Javier Vinós: doctor en Bioquímica y Biología Molecular. Autor de “Climate of the Past, Present and Future”.
Jose Gefaell: Analista de datos. Ciencia y Economía (y Política cuando está en juego la libertad). Capitalista de riesgo y banquero de inversiones. MBA. Licenciatura en Bioquímica.
Sallie Baliunas: astrofísica – trabajó en el Centro de astrofísica Harvard-Smithsonian y fue subdirectora del Observatorio del Monte Wilson.
Pascal Richet: investigador del Institut de Physique du Globe de Paris desde hace 35 años, además de profesor visitante en la Universidad de Stanford y el Instituto Tecnológico de Tokio autor de “Clima y CO2 : la evidencia frente al dogma”.
John Francis Clauser: físico teórico y experimental ganador del Premio Wolf de Física en el año 2022 junto con Alain Aspect y Anton Zeilinger por sus contribuciones a la mecánica cuántica, en particular a la desigualdad de Clauser-Horne-Shimony-Holt.
Patrick Michaels: climatólogo agrícola estadounidense. Michaels fue investigador principal de estudios ambientales en el Instituto Cato.
Stephen Davies: Director de estudios del Institute of Economic Affairs de Londres.
Antonino Zichichi: profesor de Universidad de Bolonia, presidente de la Sociedad Europea de Física y de la Federación Mundial de Científicos conocido por su declaración «El calentamiento global depende del motor meteorológico dominado por la potencia del Sol, que controla el 95 % del proceso del cambio climático. Atribuir a las actividades humanas el calentamiento global, carece de fundamento científico».
Claire Regina Fox: Baronesa de Fox of Buckley, escritora y periodista.
Steve Goddard: Geologist, Los Alamos National Laboratory.
William Happer: Catedrático emérito de física por la Universidad de Princeton. Director de la Coalición CO2,3 y consejero de la Global Warming Policy Foundation (GWPF)5 y miembro de Climate Exit (Clexit).
Steve Koonin: físico teórico ex director del Centro para la Ciencia y el Progreso Urbano de la Universidad de Nueva York y profesor en el Departamento de Ingeniería Civil y Urbana de la Escuela de Ingeniería Tandon de la Universidad de Nueva York. Autor de «El clima: no toda la culpa es nuestra», antiguo rector y vicepresidente de Caltech.
Richard Lindzen: físico y meteorólogo estudioso de la dinámica de la atmósfera intermedia, las mareas atmosféricas y la fotoquímica del ozono.
Ivar Giaever: doble premio Nobel en Física; en 1973 por investigaciones en el campo de la física del estado sólido y en 2022 por su trabajo en el campo de la física cuántica. Ex integrante del IPCC.
Ross McKitrick: Profesor de Economía en la Universidad de Guelph especializado en medio ambiente, energía y política climática.
Patrick Moore: Cofundador de Greenpeace y consultor industrial.
Tom Nelson: Ingeniero especializado en el clima.
Benny Peiser: Antropólogo y director del Global Warming Policy Foundation.
Nir Shaviv: Físico y profesor del Racah Institute of Physics de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
Willie Soon: Astrofísico e ingeniero aeroespacial. Investigador principal en el Center for Environmental Research and Earth Sciences (CERES).
Roy Spencer: doctor en física y líder del equipo científico Aqua Satellite de la NASA, encargado de las mediciones de temperatura por satélite.
Henrik Svensmark: físico profesor en el National Space Institute de Copenhague estudia el efecto de los rayos cósmicos sobre el clima de la Tierra. En sus trabajos, el científico defiende que la cantidad de rayos cósmicos que bombardean la Tierra influye notablemente en la formación de nubes, que a su vez son las principales moduladoras del calentamiento global.
Matthew Wielicki: Doctor en física exiliado por dudar de la teoría del cambio climático antropogénico, ex profesor asistente en el Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad de Alabama y científico investigador postdoctoral en el Departamento de Ciencias de la Tierra, Planetarias y Espaciales y el Instituto de Planetas y Exoplanetas de la Universidad de California, Los Ángeles. «El vapor de agua desempeña un papel crucial en el sistema climático de la Tierra, actuando como gas natural de efecto invernadero (GEI) y como participante en el ciclo hidrológico. Es el GEI más abundante en la atmósfera, superando al dióxido de carbono (CO2) en su contribución al efecto invernadero. Este importante papel se debe principalmente a que el vapor de agua absorbe la radiación infrarroja emitida desde la superficie de la Tierra, atrapando el calor en la atmósfera y calentando el planeta».