GUERRA EN LA UE POR EL DINERO VERDE

O EL REVÉS DE LOS CLIMÁTICOS ASTUTOS

Día de Reyes de 2022.

Para comprender mejor este trance, provocado por la propuesta de la Comisión Europea de considerar como “energía verde” la nuclear y el gas natural, parece imprescindible presentar, aunque sea sintéticamente, el campo de batalla y los motivos que estimulan el inesperado enfrentamiento entre los 27 países que componen la Unión Europea.

Con la firma del Protocolo de Kioto y siguientes, la UE se comprometió a limitar el aumento global de la temperatura del planeta, en función de los pronósticos realizados por los “Informes de evaluación y especiales” que, desde 1990 hasta hoy, ejecuta el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo creado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Desde sus inicios, los informes del IPCC están conformados sobre la teoría, por demostrar, del origen antropogénico del cambio climático (calentamiento global derivado del aumento observado de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana). Aunque basta repasar los pronósticos del IPCC desde 1990, para dudar del cumplimiento de los “principios de predicción” establecidos en los protocolos científicos, algunos científicos se atreven. Entre los más rigurosos figuran Kesten C. Green y J. Scott quienes en: ”Forecasting global climate change: A scientific approach” (2014) ponen negro sobre blanco la falta de rigor que explica tantos pronósticos fallidos del IPCC y sus consecuencias que resumen así: «Veintitrés de las alarmas derivaron en acciones gubernamentales. Las medidas gubernamentales fueron perjudiciales en 20 casos y no fueron benéficas en ningún caso».

Utilizando la lógica y la experiencia derivada del tiempo trascurrido, parece absurdo que la mayoría de los gobiernos del mundo asuman sin rechistar (otra cosa es que unos cuantos importantes como China, Rusia o India hagan de su capa un sayo) los informes del IPCC. Esta paradoja se aclara cuando se observa la dinámica iniciada con las catastróficas profecías de Thomas Malthus a finales del siglo XVIII, las del Club de Roma en los setenta del siglo pasado y las del IPCC. Esta deriva, más la moralina que nos inunda, han convertido al cambio climático antropogénico en causa ideológica y moral. ¡Ay de quien ponga en duda uno solo de sus mandamientos! Inmediatamente, los guardianes de la causa y los exhibicionistas morales le acusarán de negacionista, verdugo de la Madre Tierra y de mil pecados más. En consecuencia, le aplicarán la pena de cancelación social y profesional a través de los medios adictos a la causa y las redes sociales. Por otro lado, esta causa, como todas, tiene una parte netamente utilitaria pues gobiernos, burocracias estatales y plutócratas en general, la han abrazado con fruición, notablemente los de la UE, esparciendo ingentes cantidades de nuestro dinero en forma de subvenciones y prerrogativas, con el fin de aumentar su poder intervencionista y, de rebote, quien sabe si lucrativo.

Sobre estos pilares ideológicos, la causa del clima remacha su tesis con la pátina que le otorga el “consenso científico”, un consenso que recuerda el de aquellos astrónomos que aseguraron a Einstein que el universo era estable. Por lo tanto, todo esfuerzo es poco con tal de que la temperatura media del clima del planeta no supere 1,5°C con respecto a los niveles preindustriales. Y para evitar la anunciada hecatombe, la UE se propone a “orientar” los flujos financieros para lograr un “desarrollo resiliente del clima”. Aunque determinar en qué consiste el desarrollo resiliente del clima parece tan arduo como determinar el misterio del reino de los cielos, las medidas para intentarlo son muy terrenales.

«CRISIS CLIMÁTICA» LA EXCUSA AUTORITARIA Y NECIA QUE PERPETRA LA DIVISIÓN ENTRE ACTIVIDADES E INVERSIONES SOSTENIBLES O INSOSTENIBLES

Tras establecer en 2005 el régimen de comercio de derechos de emisión (CO2), que ha demostrado la falsedad del cacareado principio del que contamina paga, pues quien está pagando la costosa cuenta es el consumidor, el 11 de diciembre de 2019 la Comisión Europea presentó un plan integral para frenar el avance del cambio climático, con el objetivo de lograr que Europa sea “climáticamente neutra” en el año 2050. Con el denominado Pacto Verde de la UE, implantaron la llamada Taxonomía Europea Verde de la UE que acaba de entrar en vigor en enero de 2022. Se trata de un plan basado en la implantación de un modelo de financiación dopado para las inversiones consideradas favorables para la transición hacia una Europa resiliente al clima. Con esta maquinada formula, se han clasificado sectores económicos e industrias como “sostenibles”, resultando que el resto, por ejemplo: fabricantes de cemento, fabricantes de acero, ganaderos, carniceros, etc. etc. son insostenibles, incluso malditos. En consecuencia, solo las inversiones catalogadas como sostenibles, pueden recibir subvenciones y ayudas financieras de la UE y de cada país miembro.

Entre 2019 y 2021 la UE ha elaborado dispendiosos presupuestos inspirados en el “verde que te quiero verde”, destacando el Marco Financiero Plurianual 2021-2027 (MFP) de 2.018 billones de euros a precios de 2018, en el que se ha integrado el Fondo Europeo de Desarrollo. Además, la UE aprobó el instrumento de recuperación Next Generation EU con 750.000 millones de euros. Esta enormidad que ya estamos pagando los ciudadanos de la UE-27 (emisiones de bonos a largo plazo que se complementan con decenas de miles de millones de títulos de deuda a corto plazo) se reparte en varios programas para estimular la “energía verde”, destacando los siguientes:

Protección de recursos naturales y medio ambiente: MFP 401.000 millones de euros + NextGenerationEU clima: 18.900 millones de euros. Total: 419.900 millones de euros.

Los Fondos de Transición Justa energética del NextGenerationEU cuyo objetivo es lograr la neutralidad climática de aquí a 2050, tiene previsto conceder subvenciones por 10.900 millones de euros.

El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia destinado a 7 áreas estratégicas de inversión y reformas (Flagships). De los 69.528 millones de euros que cuenta este programa, un 40,29% se destinan a la promoción de la transición verde y ecológica.

El programa de inversión en investigación e innovación Horizonte Europa 2021-2027 – Objetivos de Desarrollo Sostenible con 95.500 millones de euros a precios de 2018. El apartado de lucha contra el cambio climático cuenta con el 35 %.

Termino el resumido capítulo de bombeo de dinero verde (ya saben, inversión sostenible) con los bonos verdes (financiación o refinanciación de inversión en activos sostenibles y socialmente responsables). Se trata de deuda emitida por instituciones públicas o privadas iniciada por el Banco Mundial en 2007. A esta institución le siguieron otras muchas, incluido el gobierno español que en 2021, emitió la primera emisión de bonos verdes soberanos del Reino de España por importe de 5.000 millones de euros. Esta partida se deriva del “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia”, que afirma, sin sonrojo alguno que: «la recuperación económica española será decididamente verde y azul» Se les olvidó el rojo. Además, el gobierno español ha patrocinado el Plan Nacional de Finanzas Sostenibles para facilitar la emisión de bonos verdes en el sector privado auxiliado por los bonos verdes estatales. De esta suerte, Iberdrola es el mayor grupo emisor de bonos verdes del mundo. Solo a principios de 2021 realizó la emisión del mayor bono verde híbrido de la historia, por valor de 2.000 millones de euros. Un 90 % del plan de inversión 2020-2025 de Iberdrola, dotado con 75.000 millones de euros hasta 2025 y 150.000 millones hasta 2030, se alinea con la taxonomía verde de la Unión Europea para la mitigación del cambio climático.

El caso de Iberdrola es genérico pues como empresa privada de alcance multinacional productora y distribuidora de electricidad, equipos de energía, ingeniería y hasta propietaria de una inmobiliaria, está obligada a subordinar su estrategia a los incentivos de la UE y de los países donde opera, por lo que no le queda otra que asumir el lenguaje emocional de «la crisis climática» y presentarse como adalid de su superación. Pero adaptarse a las circunstancias o incluso aprovecharse a fondo de ellas, puede convertirse en una trampa cuando surgen los conflictos de interés que los incentivos y subvenciones de la UE irremediablemente generan. De hecho, cada país de la UE tiene, desde hace décadas, diferentes estrategias energéticas condicionadas por sus recursos.

FRANCIA TAMBIÉN QUIERE SU PARTE SIN RENUNCIAR A SU ESTRATEGIA NUCLEAR

Coherente con la exitosa estrategia de máxima independencia energética, iniciada en la década de los setenta y un poco más tarde que España, el Presidente de Francia Emanuel Macron, en noviembre de 2021 declaró solemnemente: «Para garantizar la independencia energética de Francia y asegurar el suministro eléctrico en nuestro país, y para lograr nuestros objetivos, en particular la neutralidad de carbono en 2050, por primera vez en décadas relanzaremos la construcción de reactores nucleares en nuestro país y continuaremos desarrollando energías renovables». Esta inesperada declaración puso las orejas de punta a los gobiernos vecinos, sobre todo al alemán y al español.

Y como la realidad tiene la mala costumbre de contradecir a las ideologías, la Comisión Europea (no sean mal pensados y no vean intervenciones de franceses y alemanes), acaba de proponer que las inversiones en energía nuclear y gas natural se consideren verdes, es decir, sostenibles en la transición ecológica y, por consiguiente; calificadas para obtener fondos de Transición Justa energética y el resto de bicocas financieras descritas.

EL GOBIERNO ESPAÑOL SE RELAMÍA COCINANDO EL SABLAZO DE LA REFORMA FISCAL VERDE

No pocas empresas y gobiernos europeos ya tenían hecha la cuenta de la vieja respecto al monto de pasta gansa que obtendrían de las canonjías de la UE. Fue el caso del gobierno español quien cree tenerlo todo atado y bien atado, gracias a la Ley de Cambio Climático y Transición Energética de España, aprobada en mayo de 2021. Se trata de la ejecución de una tabla rasa verdiroja y de un pretexto leguleyo para propinar otro hachazo a la faltriquera del contribuyente, a través del viciado nombre de reforma fiscal verde. Hablamos de un pastiche ideológico lleno de moralina que justifica disparates y atropellos en nombre del sacrosanto cambio climático antropogénico. Sin reparar en gastos, esta ley arrasa con todo lo que suena a nuclear y hace rememorar con cierta nostalgia, el medido programa nuclear dirigido por el eminente físico José María Otero Navascués. Además de doctrinaria, esta ley se distingue por colocar sogas en el cuello al progreso científico y tecnológico, al eliminar la exploración e investigación de recursos aún insustituibles como los hidrocarburos y minerales radioactivos.

La protesta del gobierno español ante la propuesta de recibir la etiqueta verde al gas natural y a las inversiones en centrales nucleares, solo es una reacción de quien, de la noche a la mañana, se encuentra con el culo al aire. Obvio es que Alemania, en su objetivo de etiquetar como verde el gas natural proporcionado por Rusia, tiene como aliados a Dinamarca, Austria y Luxemburgo. Pero todo indica que para lograrlo, ha tenido que tragar con la aspiración francesa y digerir su equivocada decisión de finiquitar sus centrales nucleares. Por el otro lado, con Francia están Bulgaria, Chequia, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Hungría, Polonia y Rumanía. Incluso en el último Consejo de ministros de Energía, este grupo recibió el apoyo de los Países Bajos y Suecia. Al mismo tiempo, el Ministro italiano de la Transición Ecológica en el Gobierno Draghi, Roberto Cingolani, exponía la cuestión con notable realismo: «Están surgiendo tecnologías de cuarta generación, sin uranio enriquecido y sin agua pesada. Hay países que están invirtiendo en esta tecnología, no está madura, pero está cerca de estar madura. Si en un momento determinado ocurre que los residuos radiactivos son muy pocos, la seguridad se ha mejorado y el coste es más bajo, es una locura no considerar esta tecnología. En el interés de nuestros hijos está prohibido ideologizar cualquier tipo de tecnología. Sigamos haciendo números y después tomamos las decisiones».

La reacción airada de ministros españoles y organizaciones ambientalistas ante el triunfo de la realidad, apelando a su superioridad moral como gobierno comprometido en salvar a la Tierra de la próxima hecatombe, algunos incluso se atreven a invocar a la ciencia, tendría gracia si no fuera un guion repetitivo y catequista. Sobre todo porque ahora, desfachatadamente, solo enfocan su crítica a la generación nuclear, esquivando que el gas natural emite gases de efecto invernadero y las nucleares 0 patatero. Así, su diatriba contra las centrales nucleares, se resume a los muchos años que se tarda en construir las centrales, que son muy costosas y difíciles de amortizar y que sus residuos no son reciclables y suponen una losa de miles de años. Estos argumentos y datos hoy son inexactos. Como indica el ministro italiano citado, las recientes tecnologías para las centrales nucleares, junto con los reactores modulares (SMR), que ya cuentan con 72 prototipos en diferentes etapas de desarrollo en el mundo, donde destacan los de Francia y Reino Unido en periodo de prueba, son ya los antecesores del reactor de fusión que más pronto que tarde será la fuente de energía que la humanidad necesita.

WOKISMO

28/11/2021

El Wokismo o Justicia Social Crítica, es la enfermedad senil del posmarxismo. Una doctrina que renuncia abiertamente a los principios de la ilustración como el universalismo y la objetividad, para zambullirse en un fundamentalismo identitario que se ha coronado en poder fáctico intimidatorio en los países anglosajones, primero en las academias elitistas y luego en la cultura y la política. Con el colapso de la cosmovisión judeocristiana y el surgimiento del secularismo banal, esta doctrina se ha extendido a toda velocidad en el occidente aún democrático. En el caso de España, sus prosélitos están gobernando la nación y legislando según el catecismo woke.

Quien se atreve a discrepar de los mandamientos woke, se expone a ser sacrificado en la hoguera de los infames heteropatriarcales y desprestigiado hasta el ostracismo, sin otro juicio que la opinión de cualquier militante wokista.

Rebelarse contra esta nueva religión reaccionaria e inquisitorial, es luchar por la libertad, el libre albedrío personal y el determinismo temerario.

Sobre la violencia moralista de la manada, la de aquellos que se consideran moralmente superiores por pertenecer a ella, nos avisaba Alexander Solzhenitsyn: «Para hacer el mal, el ser humano debe, en primer lugar, creer que lo que está haciendo es bueno

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VÍCTIMAS PROPICIATORIAS DEL CLIMATISMO

Un repasito conveniente para no llamarse a engaño

01/11/2021

Uno de los rasgos que mejor expone la situación que vivimos en plena resaca de la pandemia de nunca acabar, es la sorpresa con que la mayoría de los ciudadanos españoles perciben la exponencial subida del precio de la energía eléctrica. Nada extraño por cuanto llevamos cuatro décadas digiriendo todo tipo de tentempiés energéticos y medioambientales despachados por lobbies político-económicos, cuyos contrapuestos intereses logran sublimarse en el estado gaseoso de un larvado ideologismo. Me refiero al climatismo, una doctrina transversal, sostenible, ecológica, verde, aclimatable, comunitaria, algorítmica, reciclable, anisotrópica, bucólica, antropogénica, integradora, bromatológica, paisajística, biodegradable, holoeconómica, agorera, catastrofista, cabildera, bioclimatológica, global y, en fin, suma y sigue con los estupendos sustantivos y calificativos que han configurado la ideología más rentable en términos económicos y políticos del siglo XXI.

Si bien desde la pulsión acaparadora anglosajona se suele señalar a Rachel Carson como la iniciadora de la conciencia ambientalista tras la publicación de “Primavera silenciosa” en 1962, lo cierto es que el valor supremo de la naturaleza surge con el romanticismo. Aunque bien documentado, apenas se ha divulgado que el misticismo naturalista alemán del siglo XIX, expresado en la consigna “Blut und Boden”: «Sangre y tierra» fue abrazado con frenesí por el nacionalsocialismo a través de los ideólogos del völkisch que predicaron el regreso a la tierra y a la simplicidad. Así, el Tercer Reich convirtió la agricultura orgánica, el vegetarianismo y el culto a la naturaleza en parte sustancial de su política. Por ejemplo, el Führer insistía sobre «la impotencia de la humanidad frente a las leyes eternas de la naturaleza».

En el caso concreto de España, es la Institución Libre de Enseñanza como bien muestra Santos Casado de Otaola en “Naturaleza patria: ciencia y sentimiento de la naturaleza en la España del regeneracionismo” quien impulsa el contacto de los discípulos con la naturaleza como pedagogía impulsora de una España bucólica y “sana”. Y como se consideraban regeneracionistas patriotas, esta visión fue asumida a principios del siglo XX por falangistas, carlistas, regionalistas y nacionalistas varios.

El empeño protector de la naturaleza, empieza a derivar en ideología con la aparición en pleno 1968 de un lobby peculiar llamado Club de Roma. Pronto se hace famoso por su primer informe publicado en 1972, titulado “Los límites del crecimiento”. Pero la sospecha de que este lobby se establecía para implantar una tesis neo-malthusiana que estrangulaba el desarrollo de los países en vías de desarrollo, algunos de estos países organizaron una conferencia en la localidad suiza de Founex, para elaborar un informe sobre desarrollo y medio ambiente objetivo. El Informe Founex de 1971 intentó armonizar la protección del medio ambiente con el objetivo de alcanzar un desarrollo sustancial para todos los países del mundo. Sin embargo, las visiones deterministas configuradas por un apetitoso revuelto de catástrofe malthusiana y parusías neomarxistas y rescoldos nacionalsocialistas sazonado con el relativismo posmoderno, con la primera crisis del petróleo se fue consolidando en los países occidentales más desarrollados como movimiento alternativo al capitalismo controlado por el Estado socialdemócrata.

Fue en Alemania donde apareció el primer partido verde “Die Grünen” en 1980 con el fin de cambiar el paradigma social y económico alemán. La mayoría de sus dirigentes procedían de otros partidos, por ejemplo: Petra Kelly del SPD mientras que Gerald Häfner pertenecía a la Sociedad Antroposófica Universal. También había militantes procedentes de la extrema izquierda sesentayochista, incluidos unos cuantos maoístas, algunas feministas y sujetos procedentes de la agricultura biodinámica y del Bioland, más unos cuantos ideólogos que escondían su pasado. La imagen juvenil que proyectaron con sus verdes praderas y bucólicas montañas nevadas y banderas al viento, no terminaba de borrar cierto aire supremacista apegado a la antroposofía de Rudolf Steiner, por cuanto al enfatizar la supremacía del “Planeta” conlleva un biocentrismo radical, en el que el ser humano comparte el mismo valor con los demás seres vivos y, por tanto, no tiene derecho a erigirse en un ser superior que somete a los otros seres y a los ecosistemas para sus necesidades vitales.

Por supuesto, el chivo expiatorio del ecologismo militante es el depredador capitalismo por cuanto uno de los representantes más conspicuos del movimiento ecologista; Murray Bookchin, lo resume de esta guisa: «La biosfera está sufriendo daños profundos de diferentes maneras y en vastas zonas del planeta, algunas de ellas ya convertidas en lugares inhabitables debido a los desechos tóxicos y los desastres provocados por las plantas nucleares. Mientras, la polución sistémica, los agujeros de ozono, el calentamiento global y desastres de todo tipo continúan haciendo pedazos el tejido del que depende la vida entera. Que este daño lo provocan principal y abrumadoramente las corporaciones de la competitiva economía de mercado internacional nunca había estado tan claro como hasta ahora, del mismo modo que nunca había sido tan perentoria como en la actualidad la necesidad de reemplazar la sociedad existente por otra como la que promueve la ecología social». Pero un chivo expiatorio tan vaporoso exige el sacrificio simbólico de culpables a la diosa Tierra. Y quien mejor expresa el rito apaciguador de la ira de la Pachamama o Gaia, es la famosa frase de James Lovelock: «El hombre es una plaga: la tierra está enferma de humanidad, es un cáncer de la biosfera».

Claro que hay humanos culpables y humanos inocentes comprometidos en salvar el planeta. En un reciente artículo en ABC titulado: “Los verdes nos lo han puesto negro” Juan Carlos Girauta, además de aclarar que no se siente concernido por los mensajes milenaristas de Al Gore y Greta Thunberg, señala las raíces podridas de los verdes alemanes mencionando a Baldur Springmann y Werner Vogel. Que ambos personajes pertenecieran en su juventud al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, no es anecdótico pues, los ideólogos de pasado inconfesable no eran una excepción. Rudolf Bahro, Otto Schily y Herbert Gruhl apenas barnizaron su ideología primigenia con brochazos etéreos. Famoso fue entonces Gruhl como autor del superventas: “El planeta es saqueado: las consecuencias del terror de nuestras políticas”, donde explícita un darwinismo social ecológico y patrocina la separación cultural de los pueblos como «ley natural»: «…una ley de entropía que encontramos particularmente en la ecología, y que se aplica también a las culturas humanas». De ahí al supremacismo racial o al indigenismo y otros particularismos de los buenos pueblos solo hay un pasito.

Y si los verdes alemanes como precursores del ecologismo posmoderno tuvieron las raíces comentadas, en España su raigambre regeneracionista decimonónica apenas tuvo repercusión. De hecho, tanto en los Verdes como en la Federación Progresista que se fundaron en 1984, abundaban los escaldados procedentes de los partidos comunistas; carrillistas, marxistas-leninistas y trotskistas. Al fundarse Izquierda Unida en 1986, la mayoría se integró en la coalición no sin desgarros, escisiones, y vueltas a empezar con diferentes nombres que continúan alrededor de IU-Podemos y demás partidos adyacentes.

El movimiento ecologista organizado en España no logró consolidarse como en Alemania debido a diversos factores, entre los que destacan la ley electoral y la incapacidad de desprenderse de su querencia roja o rojinegra. Sin embargo, como ideología simpática y buenista, fue asumida como añadido electoral imprescindible, tanto por el PSOE como por el PP. Desde este beneplácito estratégico, se entienden las decisiones de los diferentes gobiernos respecto a las políticas energéticas y medioambientales. Asimismo, para entender mejor estas políticas infectadas de ideología, es preciso recordar que la Junta de Energía Nuclear (JEN), fue fundada en 1951, es decir, en los inicios del régimen franquista, con el objetivo de liderar la investigación de los procesos de producción y el control institucional de la energía nuclear de fisión en España, incluyendo la investigación sistemática de minerales radiactivos. En 1968 Franco inauguró la Central nuclear José Cabrera (más conocida como Zorita). En 1969 fue aprobado el Plan Eléctrico Nacional que estableció un programa estratégico para lograr un alto grado de autonomía eléctrica, mediante las centrales hidroeléctricas y las nucleares de fusión. En 1971 se inauguraron dos centrales nucleares; Santa María de Garoña y Vandellós I. En 1972 se aprobó el Plan Energético Nacional (PEN), en el que se establecía la construcción de siete nuevos reactores que tendrían que entrar en servicio entre 1980 y 1983 y aportar una potencia, junto a las centrales ya en funcionamiento, de 15.000 MWe. Dentro de este plan se encontraba la construcción de la central nuclear de Lemóniz I y II (Vizcaya), cuyas obras de construcción comenzaron igualmente en 1972.

Con lo que no contaban los impulsores del PEN era con la oposición radical de la banda terrorista ETA, junto con no pocos compañeros de viaje de la banda. El caso es que ETA perpetró cerca de 20 atentados con bomba en instalaciones de Iberduero y en las obras de la central nuclear de Lemóniz, al tiempo que extorsionaba al gobierno exigiendo la demolición de la central, a cambio de no ejecutar al ingeniero del proyecto nuclear de Lemóniz, José María Ryan Estrada, quien fue secuestrado y posteriormente asesinado en 1981. En 1982, ETA asesinó con premeditación y alevosía al ingeniero Ángel Pascual Múgica cuando se dirigía con su hijo a su trabajo en las obras de Lemóniz.

En 1984 el gobierno del PSOE presidido por Felipe González, reviso el PEN para reducir 5.000 MWe de los contemplados inicialmente en el PEN. La potencia eléctrica instalada del sector nuclear en España quedó reducida a 7500 MWe, un 40% menos de la expectativa inicial planificada en el PEN. En 1984 el PSOE gobernante decretó la moratoria nuclear, paralizando la construcción de cinco centrales nucleares: Lemóniz I y II (Vizcaya) con una potencia de 930 MWe cada una, Valdecaballeros I y II (Badajoz) con una potencia de 975 MWe cada una, y Trillo II (Guadalajara) con 1041 MWe.

Otros proyectos que ya habían completado el proceso administrativo para su construcción fueron paralizados: Santillán (Cantabria), Sayago (Zamora), Vandellós III (Tarragona) y Regodela (Lugo). El principal argumento del gobierno del PSOE fue la necesidad de adecuación de la capacidad de generación de energía eléctrica en España, en un periodo de caída de la demanda de energía eléctrica como consecuencia de la crisis del petróleo de los años 70. Recordemos que el accidente de Chernóbil ocurrió el 27 de abril de 1986, es decir, 2 años más tarde que la moratoria nuclear. A finales de 1994 el gobierno de Felipe González aprobó la paralización definitiva de los proyectos de construcción de las centrales nucleares de Lemóniz I y II, Valdecaballeros I y II (Badajoz) y Trillo II (Guadalajara). Mientras tanto, Francia construía un parque de centrales nucleares que le aseguraba el 70% de su consumo de energía.

El babel ideológico del PSOE sistemáticamente conlleva la incomprensión de la realidad sobre las necesidades presentes y futuras en economía y energía, por consiguiente, el dislate al respecto fue y es marca de la casa. Uno de los desatinos más memorables de la época, que indica la burbuja marxista teñida de malthusianismo en que habita este partido, lo protagonizó el arquitecto Eduardo Mangada. Miembro de la Federación Socialista Madrileña tras su expulsión del PCE en 1982, llegó a concejal de urbanismo con Tierno Galván para, posteriormente, ocupar la Consejería de Ordenación del Territorio, Medio Ambiente y Vivienda durante la presidencia de Joaquín Leguina. De su cosecha fue el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1985, en el que basándose en la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia marxista, concluyó que la crisis económica mundial de fines de los setenta y primeros ochenta era la definitiva del capitalismo y que, por tanto, Madrid no iba a crecer más. En consecuencia, declaró no urbanizable todo el suelo que separaba la ciudad del resto de municipios de la corona metropolitana. “Madrid no crece ni crecerá”, decía textualmente la Memoria del Plan, y denominó a este foso como Cinturón Verde. Y como Madrid no iba a crecer más, ¿para qué mejorar el transporte y las comunicaciones? Mangada afirmaba que no iba a aumentar el número de vehículos privados, que los ciudadanos harían en ferrocarril y autobús el 80% de sus desplazamientos. Despreció la M-40, que tildó de faraónica, y propuso como eje de transportes la llamada “J”, es decir, la M-30 inacabada y el distribuidor sur. La realidad desmintió todos sus pronósticos. El capitalismo continuó mientras que se hundía la URSS y Madrid siguió creciendo aunque el Plan Mangada encareció la vivienda, mientras muchas calles se colapsaron debido al aumento de vehículos. Menos mal que en 1997 se aprobó un nuevo Plan que derrocó aquel despropósito.

A pesar de que el PP de Aznar se escandalizó y declaró su apuesta por recuperar el plan eléctrico nacional, cuando llegó al poder apenas balbuceo el propósito de prolongar la vida de las centrales nucleares. Así, en sus programas electorales apenas se hablaba de un «mix energético equilibrado que tome en consideración todas las fuentes de energía existentes y las capacidades disponibles». Y cuando han gobernado, tanto en la época de Aznar como en la de Rajoy, una vez metidos en Moncloa; nada de lo prometido.

Por otra parte, quiero resaltar que la hemeroteca es mala compañera de viaje del climatismo. Pues resulta que si el Observatorio oficial en el volcán Mauna Loa de la NOAA que mide el CO2 de referencia atmosférica, informa que alcanzó su punto máximo para 2021 en mayo, con un promedio mensual de 419 partes por millón (ppm), resulta que hace nada menos que 26 años estábamos en 350 ppm con el «agujero de ozono» al máximo y, según el diario El País, hundidos en acontecimientos meteorológicos extremos. Si el aumento de un 20% conlleva la catástrofe anunciada desde hace décadas, debería ser un asunto discutido y discutible. Pero no lo es bajo pena de cancelación.

El ínclito Zapatero llenó los bolsillos de los espabilados que eran capaces de generar electricidad por la noche con paneles solares, para cobrar las sustanciosas subvenciones. Pero estas naderías son peccata minuta comparadas con las medidas del gobierno de coalición PSOE-Podemos. Como primera medida el gobierno aceleró el cierre de las centrales eléctricas de carbón. Y aunque la Covid-19 retraso algunas medidas, a pesar de que los precios del gas natural y el petróleo iniciaban un tenebroso incremento, el gobierno de coalición PSOE-Podemos encabezado por el doctor Sánchez, apoyado parlamentariamente por los separatistas catalanes; ERC y PDeCAT, por los separatistas vascos; PNV y Bildu, por los particularistas-nacionalistas; Compromís, Nueva Canarias, Teruel Existe y Partido Regionalista de Cantabria, en fin, por los escindidos populistas de Más País, en julio de 2021 aprobaron la Ley 7/2021, de cambio climático y transición energética.

La ley de marras se compromete a participar fieramente en frenar el cambio climático, a sabiendas de su incapacidad y nimiedad. Pero no repara en gastos para subvencionar una transición energética hacia el verde que te quiero verde. Nada menos que 200.000 millones de euros de inversión a lo largo de la década 2021-2030. Semejante cantidad se justifica con un despropósito: «Las emisiones del conjunto de la economía española en el año 2030 deberán reducirse en, al menos, un 23 % respecto al año 1990 y se deberá alcanzar la neutralidad climática a más tardar en el año 2050». Y los es porque establecer para dentro de 29 años la llamada neutralidad climática, es decir, la extinción del consumo de los combustibles fósiles, cuando el transporte naval y aeronáutico no tiene aún una alternativa a la vista, corona un alarde de estulticia y demagogia.

Si la demagogia resplandece desde el preámbulo de la ley, el climatismo en que se basa resulta espeluznante porque desdeña la realidad, toma por indiscutibles las proyecciones del calentamiento global antropogénico perpetradas por la burocracia de la ONU y los lobbies adyacentes, mientras que basa los objetivos estratégicos en el etéreo Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Colocando la carreta delante de los bueyes, las medidas de la ley se condicionan al Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2021-2030 y al Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, ambos aún en el limbo. Pero lo fundamental de la ley es prohibir sin importar las consecuencias. En primer lugar, la exploración, investigación y explotación de hidrocarburos en España: «A partir de la entrada en vigor de esta ley no se otorgarán en el territorio nacional, incluido el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, nuevas autorizaciones de exploración, permisos de investigación de hidrocarburos o concesiones de explotación para los mismos, regulados al amparo de la Ley 34/1998, de 7 de octubre, del sector de hidrocarburos, y del Real Decreto-ley 16/2017, de 17 de noviembre, por el que se establecen disposiciones de seguridad en la investigación y explotación de hidrocarburos en el medio marino. A partir de la entrada en vigor de esta ley, no se otorgarán nuevas autorizaciones para realizar en el territorio nacional, incluido el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental, cualquier actividad para la explotación de hidrocarburos en la que esté prevista la utilización de la fracturación hidráulica de alto volumen». Pero el afán prohibitivo se dispara hasta la memez cuando a partir de la entrada en vigor de la ley, se aniquila la investigación y aprovechamiento de yacimientos de minerales radiactivos, «no se admitirán nuevas solicitudes para el otorgamiento de permisos de exploración, permisos de investigación o concesiones directas de explotación, ni sus prórrogas».

Pero ahí no queda la cosa. De un plumazo la ley se carga la investigación y aprovechamiento de yacimientos de minerales radiactivos. «A partir de la entrada en vigor de esta ley no se admitirán nuevas solicitudes para el otorgamiento de permisos de exploración, permisos de investigación o concesiones directas de explotación, ni sus prórrogas, regulados al amparo de la Ley 22/1973, de 21 de julio, de minas, de minerales radiactivos, tal y como se definen en la Ley 25/1964, de 29 de abril, sobre energía nuclear, cuando tales recursos sean extraídos por sus propiedades radiactivas, fisionables o fértiles. 2. A partir de la entrada en vigor de esta ley no se admitirán nuevas solicitudes de autorización de instalaciones radiactivas del ciclo del combustible nuclear para el procesamiento de dichos minerales radiactivos, entendiendo como tales instalaciones las así definidas en el Reglamento sobre instalaciones nucleares y radiactivas».

Recapitulemos. El gobierno de coalición PSOE-Podemos encabezado por el doctor Sánchez y sus aliados, ha limitado la vida de los siete reactores nucleares que proporcionan el 23% de la producción eléctrica consumida que irán cerrando entre 2025 y 2035. Ha extinguido la producción de carbón nacional y cerrado las correspondientes centrales eléctricas. Ha prohibido la investigación y aprovechamiento de yacimientos de minerales radiactivos. Ha prohibido la fracturación hidráulica o fracking que en España se estimaba en 90 años de cobertura del consumo nacional de hidrocarburos. Por supuesto, estas medidas tan verdes del gobierno son aplaudidas por el portugués que ejerce de Secretario de la ONU y toda la dispendiosa y extensa cohorte burocrática del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, apoyados incondicionalmente por innumerables lobbies y ONGs climáticos.

Como resultado de estas medidas contra el Cambio Climático, los españoles somos los más roji-verdes, los más limpios, aunque paguemos multas a la UE por no depurar las aguas residuales, los que pronto pasaremos en el ranking de mejor país que lucha contra el cambio climático a la Noruega gran extractora de hidrocarburos, los que pagamos precios desorbitados por la electricidad, el gas y los derivados del petróleo, los que pagamos como lujo el transporte, los que devenimos totalmente dependientes de países terceros y, por lo tanto, muy vulnerables teniendo en cuenta que quedamos a merced de los países que especulan con los hidrocarburos, los que, en fin, pagamos caro y pagaremos carísimo el delirio climatista de nuestros gobernantes.

Mientras tanto, China está construyendo 200 centrales eléctricas accionadas por carbón y aumentará el uso de tecnología nuclear de nueva generación, incluidos los reactores marinos a pequeña escala. Francia invertirá 1.000 millones de euros en la construcción de nuevas centrales nucleares. Similares medidas son aprobadas en Bulgaria, Croacia, República Checa, Finlandia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia y Rumanía. Polonia se mantiene firme en el aprovechamiento de su carbón. El Reino Unido amplifica la construcción de centrales nucleares y promociona el desarrollo rápido de los pequeños reactores modulares SMR conocidos como minicentrales nucleares. Jennifer Granholm, secretaria de Energía del Gobierno de Biden, acaba de declarar que; «el despliegue continuado de la energía nuclear es esencial para afrontar el cambio climático», mientras que Bill Gates inicia la fabricación de minicentrales nucleares. Rusia se relame con el precio del gas, se carcajea de la fecha 2050 como límite de la total descarbonización y se delita con la dependencia de Alemania de su gas, país cuya dirigente Ángela Merkel tomó la cobardona decisión de limitar la energía nuclear tras el accidente de Fukushima, y ahora trata de capear el temporal aumentando, sin publicidad, las centrales de carbón. India y el resto de Asia van a su aire y no digamos el continente Africano.

Mientras un tiranosaurio se convierte en la mascota de la ONU que con voz meliflua nos alerta que los humanos estamos en peligro de extinción por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa, la predicadora de la mala nueva Greta Thunberg, que parece tener hilo directo con la tierra cuando, con motivo de la costosísima conferencia climática Glasgow COP26, nos vocifera: «La humanidad no está consiguiendo detener la crisis climática. Ahora ya es más que urgente — el planeta está pidiendo ayuda a gritos». Quienes somos incapaces de oír los gritos de la madre Tierra, de Gaia o Pachamama, comprobamos que la subida de precios de los bienes y servicios está impactando de lleno en el bolsillo de las familias españolas. Familias que a final de 2021 habrán sufrido una merma de poder adquisitivo de unos 8.600 millones de euros. Mientras el clima se recalienta, nosotros nos estamos congelando y endeudando hasta el punto de dejar una losa fatal a nuestros descendientes.

ESPAÑA, la primera globalización

Quien conoce la historia, construye el futuro

Un documental de José Luis López-Linares producido por López-Li Films

17/10/2021

Resulta singular que un film, aunque sea un documental de 90 minutos, se estrene en Madrid un sábado a las 12,30 de la mañana del vermut. Imagino que será una estrategia requetepensada por los directivos del Cine Yelmo Ideal. El caso es que la sala 2 se llenó de un público variopinto que incluía muchos jóvenes con enormes cajas de palomitas. Con semejante ambiente, José Luis López-Linares hizo una breve pero emotiva presentación del documental, con la que agradeció a los colaboradores y a los participantes del micromecenazgo su contribución a la producción del film.

Es el actor Antonio Valero el narrador principal del documental al que se añaden las intervenciones de 39 historiadores, académicos, filósofos y peritos en diversas materias, entre otros: Carmen Iglesias, Luis Ribot, Elvira Roca Barea, Enriqueta Vila Villar, Fernando García de Cortázar, Jaime Contreras, Miguel Ángel Ladero, Nigel Townson, Marcelo Gullo, Stanley Payne, Manuel Lucena, Luo Huiling, Ramón Tamames, Pedro Insua, Patricio Llons, Fray Carlos Enrique Díaz Urbina, etcétera.

Enseguida se explica el motivo del título del documental, revelando la historia poco conocida por los españoles, originada por la crisis de confianza y una notable inflación en China durante el siglo XVI, cuya consecuencia forzó a la dinastía Ming a tomar la arriesgada decisión, al finalizar el siglo, de establecer el uso obligatorio de monedas de plata para el comercio oficial, sin apenas contar con minas de plata en su territorio. Esta decisión, coincidió con la consolidación de la ruta del Galeón de Manila iniciada en 1566 que sumaba unas 15.000 millas náuticas, conectando Sevilla con Veracruz en su tramo Atlántico, Veracruz y Acapulco a través de la Ciudad de México por tierra y finalmente Acapulco y Manila atravesando la totalidad del Pacífico. Esta formidable ruta comercial y cultural que duró hasta 1821, se basó en la exportación de la plata americana y otros metales a China y la importación de sedas, marfil y porcelana. Este substancial comercio ultramarino, supuso el control monetario de España sobre China y buena parte del mundo, al tiempo que trascendió en aspectos culturales en oriente y occidente que se evidencia en el arte religioso y decorativo.

Tras la introducción, el documental entra de lleno en los temas peliagudos de nuestra historia y en la Leyenda Negra. Se describe someramente el basamento del estado español fundado por los Reyes Católicos, donde el catolicismo fue la argamasa de su unidad al ser la condición indispensable para ser español y tener los derechos civiles derivados del humanismo renacentista. Con el derecho de gentes, plasmado por Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, se establece el orden jurídico y social del Imperio español que abarcó a todos los españoles, peninsulares e indígenas sin distinción. Desde aquí, el documental entra en el examen de la inquisición, la expulsión-conversión de los judíos, la conquista de América, la política de mestizaje, el formidable sistema político administrativo con instituciones que procuraron la fundación de universidades, hospitales, escuelas e industrias que procuraron un grado de prosperidad notable para la época y una paz que duró cerca de tres siglos en los Virreinatos del Imperio. Son estos datos incontrovertibles, los que ponen en solfa la inferida trapacería de los incultos españoles, la supuesta incompetencia económica del Imperio español y el sambenito de la crueldad genocida contra los nativos.

Con el trascurrir del documental van quedando claros los motivos que han impulsado a José Luis López-Linares a emprender esta arriesgada empresa; responder a la embestida de nacionalistas, populistas de diferente jaez revueltos dentro de la olla podrida posmoderna donde se aglutinan las derivadas reaccionarias del indigenismo marxistoide y su complementaria supremacista. Unos derriban estatuas de Colon en Colombia y otros la de fray Junípero Serra en un lugar tan simbólico como la Universidad de Stanford fundada por el supremacista blanco Leland Stanford. Los de más acá, se apuntan a la ceremonia de la confusión achacando al franquismo el monopolio del patriotismo, para justificar la implantación de una historia oficial que convenga a sus intereses sectarios.

El empeño de José Luis López-Linares de llamar a rebato a los españoles denunciando la propaganda, las mentiras y las medias verdades sobre nuestra historia que intereses espurios han implantado por todo el mundo hasta acomplejarnos, esquiva un tanto la responsabilidad de muchos españoles en lo sucedido. Por cuanto, desde hace siglo y medio, los españoles hemos sido criados y maleducados sobre la vergüenza de pertenecer a una nación decadente y de malvado pasado. Los intentos de desfacer este entuerto, como el protagonizado por el polígrafo regeneracionista liberal y notorio políglota, Julián Juderías en “La leyenda negra y la verdad histórica” (1914), fueron eclipsados por planteamientos derivados de un eugenismo mal digerido que impele a la decadencia de la raza. De ser bajitos, morenos y algo holgazanes derivan los males de la patria para Lucas Mallada, mientras que para Ortega y Gasset el enano Gregorio el botero, pintado por Zuloaga, es un ser deforme, grotesco, símbolo de feria y de España. Incluso el católico conservador Menéndez Pelayo no ayudo mucho en mejorar nuestra autoestima cuando amonestaba, no exento de perspectiva: «España evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, cuna de San Ignacio […]; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reinos de taifas». Y aunque fuera el loable deseo de una pronta regeneración, es la generación del 98 la que siente a España como dolor, desventura y anomalía. Son los Unamuno, Menéndez Pidal, Azorín, Machado, Sánchez Albornoz, Marañón y Ortega y Gasset quienes ahondan en la herida cometida por la Leyenda Negra sosteniendo, como en el famoso texto de Ortega que: «el patriotismo en nuestra España de hoy debe partir de una crítica acerba y un valeroso reconocimiento del enorme fracaso español». Hubo que esperar hasta 1985 a que uno de los discípulos más destacados de Ortega y Gasset; Julián Marías Aguilera, pusiera cordura al asunto en “España inteligible. Razón histórica de las Españas”, descartando la decadencia racial, para sostener que España es coherente e inteligible desde el enfoque de la razón histórica.

Opino que el documental “ESPAÑA, la primera globalización” además de defender y divulgar hechos irrefutables de nuestra compleja y emocionante historia, con el noble fin de denunciar imposturas e impostores, nos pone a los españoles en el brete de determinar si nuestra vida en común, en un mundo globalizado que se desquicia con particularismos inventados e imposturas manipuladoras, puede fundamentarse también en la defensa y enriquecimiento de la hispanidad, entendida como tesoro cultural y útil de los pueblos que la conforman.

Enlace al tráiler de España, la primera globalización

MASCOTAS Y ANIMALISMO

Continuación de: “Haciendo amigos. Sobre mascotas y cambio climático”

11/10/2021

Trascurridas varias semanas desde la publicación de «Haciendo amigos. Sobre mascotas y cambio climático» y teniendo en cuenta las críticas recibidas, algunas muy airadas como conjeturé, asumo el error de base cometido cuando, dejándome llevar por el ánimo provocador y evitar extenderme demasiado, desdeñé una parte sustancial del asunto; que el amor recientísimo por los animales de compañía, que hasta no hace tanto era patrimonio de la aristocracia con sus peluches, ahora se plasma en convivencia hogareña estrechísima, prácticamente familiar en los pequeños apartamentos de las ciudades occidentales, no tiene otra explicación que la adopción por parte de la mayoría de la población occidental, de manera más o menos consciente, de una de las ramas del darwinismo ideológico apoyado en la pangénesis. Me refiero al animalismo, ideología derivada del llamado darwinismo social o eugenesia. Trataré de explicar esta aserción con brevedad.

La eugenesia, como pseudociencia desarrollada por Francis Galton, ha sido impugnada radicalmente a partir del final de la Segunda Guerra Mundial al considerarse, con razón, una de las causas que conllevaron al horror del holocausto. No obstante, conviene recordar que los ensayos eugenésicos no solo supusieron la consecución del crimen sistemático de Estado perpetrado por el nacionalsocialismo, también fueron ensayadas unas cuantas atrocidades como las esterilizaciones forzadas en EEUU, los países escandinavos regidos por la socialdemocracia y, no por ocultado menos cierto, en la URSS donde, la pretensión bolchevique de crear el “hombre nuevo soviético” permitió a Trofim Lysenko y al biólogo Nikolai Koltsov, realizar experimentos genéticos hasta llegar a la locura del hombre-mono como soldado sumiso que Stalin permitió ensayar al biólogo Ilya Ivanov. En España, no podemos olvidar el matricidio de Hildegart Rodríguez Carballeira en 1933, como consecuencia del desvarío ideológico eugenésico libertario de su madre, luego defendido por el doctor Félix Martí Ibáñez.

La fuente de la que mana la eugenesia y del darwinismo social, es la extrapolación zoológica que el propio Darwin realiza al subsumir al hombre en una noche zoológica, donde toda diferencia que nos pueda dignificar, es suprimida para hacer del hombre un mono venido a más. Esta animalización como ser, cuya única virtud es haber desarrollado un cerebro más grande que le permite “dominar” a otros o incluso a la naturaleza, conlleva a la humanización de los animales, sobre todo, de los animales domesticados por el hombre o cercanos a su vida.

De los estudios que conozco al respecto, es el filósofo Carlos Javier Alonso Gutiérrez en “La agonía del cientificismo. Una aproximación a la filosofía de la ciencia” (1999) quien mejor expresa el dilema, cuando explica que el hombre es a la vez un animal biológico y biográfico. «En cuanto es biológico, tiene una naturaleza animal. En cuanto es biográfico tiene historia». Por consiguiente, el desamparado homo sapiens ha supervivido, no por ser el más apto, sino porque sus escasos recursos adaptativos han sido mejorados con creces por su inteligencia, inteligencia que le permite obtener estímulos de la realidad cambiante y tomar conciencia de esa realidad y de sus actos. Es la inteligencia humana, generadora de la racionalidad, la autonomía, el lenguaje y la conciencia de la vida y de la muerte de cada individuo, el grandioso atril que nos diferencia del resto de los animales.

Con la crítica del capitalismo como depredador de los recursos naturales del planeta, se activaron las ideologías vegetarianas y animalistas. Desde esa óptica, se desarrolla el “antiespecismo” militante como reacción al llamado “especismo” vigente que, según sus detractores antiespecistas, discrimina a los animales al colocar a la humanidad en la cúspide de la naturaleza. Así, el antiespecismo considera que todos los seres vivos, y no solo los humanos, son sujetos de derecho y su vida tiene el mismo valor. En consecuencia, los animales tienen los mismos derechos que los humanos. De los deberes no comentan nada o dan por supuesto que es la humanidad quien tiene el deber de cuidar del resto de las especies.

Una de las líderes animalistas antiespecista es la francesa Corine Pelluchon, autora del “Manifiesto animalista. Politizar la causa animal” (2018), cuyo perturbador contenido conduce al veganismo radical y al anticapitalismo posmarxista. Claro que hay animalistas antiespecistas que no son veganos ni posmarxistas, pero en buena lógica deberían serlo. Pues si el animalismo antiespecista veda la crianza de animales para ser sacrificados por los humanos para alimentarse, también debería prohibir que los mismos humanos sacrifiquen animales para que perros, gatos y otras mascotas puedan comer lo que precisan. Por supuesto, siguiendo la misma lógica, se deben cerrar los muladares que alimentan las aves rapaces y convertir a leones y tigres al veganismo.

Por otro lado, es evidente que el concepto básico del animalismo que estipula que todos los animales son seres “sintientes” es una hipótesis improbable. No solo porque no todos los animales tienen un sistema nervioso centralizado, también porque las reacciones ante los estímulos en no pocos casos son iguales o inferiores a los de las plantas quienes, como seres vivos mayormente fotosintéticos podrían sentir, ser “sintientes” (algunos estudios parecen confirmarlo) pues no pocas responden a estímulos. Entonces ¿De qué se alimentarán los veganos si las plantas son también “sintientes”?

Con el anteproyecto de ley de Protección y Derechos de los Animales que ha presentado el Ministerio de Derechos Sociales, el Estado español pretende intervenir estableciendo unas normas de obligado cumplimiento, no tanto para proteger a los animales de malos tratos puesto que ya existe legislación al respecto, sino para imponer conductas antiespecistas para urbanitas y propietarios de chalets, al tiempo que se beneficia a la floreciente industria alrededor de las mascotas.

En el totum revolotum de los “wokes” de la penúltima ola, el animalismo antiespecista rezuma por todos los sitios nihilismo y contrición mística. Incluso se evidencia claramente su rechazo hacia una naturaleza donde la depredación es sustancial a la vida, esa vida que se alimenta de vida y constituye las dinámicas de la biodiversidad. Por otro lado, el imperio de la corrección política ha implantado en el lenguaje cotidiano las muletillas animalistas cuando hablan de educar a los perros y gatos como si fueran alumnos de enseñanza general básica. A los perros, gatos, caballos, burros y demás animales domésticos se les doméstica, doma o entrena, además de alimentarlos y cuidarlos.

SECUELAS DE LA INDUSTRIA POLÍTICA

DE LA PARTIDOCRACIA A LA INEPTOCRACIA

07/10/2021

Desde mediados de septiembre las gasolineras del Reino Unido de la Gran Bretaña no pueden atender la demanda normal de combustible. Al mismo tiempo, los anaqueles de los supermercados están casi vacíos de hortalizas, pollo y otras viandas mientras que los precios de los alimentos y la energía se han disparado. Además, faltan productos farmacéuticos y, a pesar de no producirse un aumento de la demanda apreciable, los precios de alquileres y compra de vivienda siguen subiendo. Ante el panorama, el gobierno dirigido por el despeinado campeón del Brexit llamado Boris, aquel que prometió “all-singing, all-dancing” tras la salida de la UE ya que, gracias al formidable montante de dinero que se ahorrarían cubrirían el déficit del Estado y el de la seguridad social, además de controlar la inmigración procedente de países europeos, ahora se dedica a reírse del ingenuo ciudadano declarando quimeras de esta guisa: «Después de décadas de desconcertante negativa, hemos persuadido a los estadounidenses para que importen carne de res británica de primera calidad, un mercado que ya vale 66 millones de libras».

Los británicos están verificando en sus carnes que fuera de la UE también hace frío, sobre todo cuando se juntan el hambre con las ganas de comer de la demagogia y la ineficacia institucional. Pues resulta que, solo en Inglaterra faltan 100.000 camioneros, miles de recogedores de aves vivas en las granjas, operarios especialistas para mataderos y salas de despiece, sexadores de pollitos, cuidadores de ancianos, enfermos y discapacitados, tripulantes de pesca, marineros, etcétera. Tampoco los británicos tienen suficientes veterinarios, fontaneros, electricistas, matriceros, fresadores y torneros. La pregunta del millón para ellos y nosotros es: ¿La migración procedente de países subdesarrollados puede ejercer estos oficios y profesiones?

Al mismo tiempo, la inflación es alimentada por el incremento sideral del gasto público en forma de ayudas a cierto tipo de corporaciones de los amigos plutócratas, calcando el Next Generation de la UE. Esta tormenta de descoordinación y mamoneo se produce como efecto del rebote, que no de la recuperación, económica puesto que más de la mitad de la fuerza laboral del transporte aéreo, de las industrias del arte, el ocio y hostelería se encuentran en “furlough” (sistema similar al ERTE). De hecho, en septiembre, en el Reino Unido había 700.000 personas menos trabajando que antes de la Covid, mientras que cerca de un millón de empleados perderán el furlough (ERTE) a finales de octubre. Por si faltaba alguna incertidumbre, para tapar los agujeros el gobierno británico aumentará los impuestos al trabajo y a los ahorros privados.

¿La alarmante situación del Reino Unido solo es consecuencia del Brexit y su mal gobierno? Solo en parte pues, Polonia, Francia, Grecia, Italia y también España, padecen similares situaciones. Todos sufren carencia de camioneros especializados en conducir vehículos que transportan materias peligrosas y de larga distancia. También escasea la mano de obra para trabajos duros en granjas, mataderos, salas de despiece, cuidado de ancianos, enfermos y discapacitados. Asimismo faltan miles de oficiales y peritos para ramas industriales y de mantenimiento. En el caso concreto de España, con una tasa de desempleo de menores de 25 años superior al 33%, es llamativa la falta de trabajadores para empleos no excesivamente especializados que, sin embargo, son duros por sus condiciones o demandan privaciones considerables para la vida familiar y social.

Porque a pesar de la publicidad pintoresca, la actividad del sector privado en España abarca mucho más que esos «big data, business intelligence, data analyst y machine learning» de una Revolución Digital que arrancó en la década de los setenta del pasado siglo. Precisamente, ha sido durante el confinamiento decretado por el estado de alarma derivado de la COVID-19, cuando comprobamos que junto a los médicos, sanitarios, policías e informáticos, trabajaron con equivalente riesgo y sacrificio millones de trabajadores que nos procuraron los alimentos y servicios imprescindibles. Y es el esfuerzo diario de empresarios y trabajadores lo que oculta la escasez de obreros cualificados en España. De esos oficiales de primera que se formaban en aquellas universidades laborales y se empoderaban profesionalmente con la experiencia del taller y la obra. Pues es evidente que son las abrumadoras cifras de paro las que ocultan la angustiosa escasez de los ahora renombrados expertos en electromecánica: soldadores, matriceros, fresadores, torneros, electricistas, ferrallistas, caravisteros, etcétera, etcétera.

Es innegable que, excepto en Alemania y algún país escandinavo, la prioridad de la enseñanza oficial en Europa y por supuesto en España, no ha sido formar en las profesiones realmente demandadas por las necesidades económicas y sociales. Esta generalizada falta de personal cualificado imprescindible para la buena marcha de la economía, ha llevado a empresas como Dyson a formar su propia escuela de ingenieros basada en la combinación de la práctica de trabajo en la fábrica y la teoría. El resultado ha sido excelente por cuanto los estudiantes reciben un pequeño salario mientras trabajan y adquieren experiencia. Algunas escuelas y universidades del Reino Unido y Alemania han adoptado el syllabus Dyson.

Recordar que fue el PSOE durante el Felipato quien aniquiló en 1989 la excelencia de la formación profesional española, resulta desgarrador por sus consecuencias. Pero esta funesta medida solo anticipó el desastre llamado Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) aprobada en 1990. Claro que antes el gobierno del PSOE implantó la Ley de Reforma Universitaria (LRU) para “flexibilizar” los planes de estudio. Desde entonces, la exuberancia de oferta de cursos de postgrado ha superado las imaginaciones más desquiciadas. La tómbola de títulos contiene todas las especializaciones imaginables, abundan los másteres lugareños y patrioteros para todos los gustos y con el mínimo esfuerzo, al oscilar entre 20 y 500 horas lectivas.

Los vergonzosos resultados de los informes PISA solo señalan la punta del iceberg de la ineficiencia de un sistema educativo costoso e inoperante. Aunque pocos, algunos profesores y observadores se atreven a denunciar que la sociedad está anestesiada ante la magnitud del problema; la destrucción paulatina del mérito y el esfuerzo que genera la plasmación de, en palabras de Marcos Taracido: «ciudadanos sin recursos, irresponsables, inmaduros intelectualmente y sin destrezas para afrontar la crudeza de la vida socio-laboral; una Educación asentada en lo insustancial, la banalidad y la laxitud de la exigencia, y que sigue creciendo en unos despachos empapados, en el mejor de los casos, de buenismo social y utopías tan alejadas de la realidad que no parecen existir amortiguadores para la caída».

Según el Observatorio del Sistema Universitario, en noviembre de 2017 en España existían en el Registro de Universidades, Centros y Títulos (RUCT) un total de 2.713 grados con 560 nombres distintos. En el curso 2017-2018, los centros adscritos a universidades públicas impartieron 222 grados y los adscritos a universidades privadas 44. Las universidades públicas ofrecían el 57,9% de titulaciones en Artes y Humanidades, un 56,2% en Ciencias, un 7,1% en Ciencias de la Salud (7,1 %), un 11,7 % en Ciencias Sociales y Jurídicas y un 28,1 % en Ingeniería, Arquitectura y Física. La oferta de las universidades privadas se concentra en las ramas de Ciencias de la Salud (el 35,7 % de los grados de esta rama se ofrece en la privada) y de Ciencias Sociales y Jurídicas (33,1 %). En cambio, manifiestan menor preferencia por Ingeniería y Arquitectura, Arte y Humanidades y Ciencias, con proporciones del 19,1 %, 18,5 % y 7,9 %, respectivamente.

Para cualquier observador es sencillo dilucidar que la profesión de clase política española es la de político. La aparente perogrullada puede confundir por cuanto, en principio, sus profesiones y oficios se concentran en los ámbitos leguleyos, ecónomos y sociológicos. La inmensa mayoría inicia su profesión en las juventudes del partido, los pocos plurilingües compaginan el español con los castrapos de sus respectivas autonomías y, en general, carecen de experiencia profesional relevante anterior a la dedicación política. Se trata de una casta que, con notoria sagacidad, el economista José María Gay de Liébana y Saludas señaló denominándola industria política y que pocos días antes de su fallecimiento denunciaba de esta guisa: «Hemos de eliminar la gigantesca industria política que se ha generado y que consume cerca de 25.000 millones de euros al año». Sin embargo, Gay de Liébana no añadió las ayudas y subvenciones a partidos políticos, fundaciones afines y sindicatos que multiplican por cuatro su cifra.

Fue el filósofo francés Jean D’Ormesson quien acuño el término ineptocracia para definir la degradación de las democracias occidentales. «La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que se sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas».

La inepcia de los mandarines que rigen y configuran la industria política en cada Estado-nación, desde hace tiempo estimula su instinto de supervivencia hasta niveles paranoicos. Entonces, la demagogia no es suficiente y desarrollan estratagemas y alianzas con las plutocracias nacionales y globales hasta el punto de retroalimentarse mutuamente mediante mordidas que llaman “consensos”. Los consensos elaborados por las plutocracias globales, se basan en la consigna del Nuevo Orden Mundial. Así, se ha consensuado la corrección política, el neo-maltusianismo, el cambio climático antropogénico, el océano de liquidez que pagarán nuestros descendientes, la ideología de género, la seudocultura de la cancelación, los derechos a la carta del chef de turno, el indigenismo presentista, la legislación ideológica y el relativismo ético ante la vida. Para lograr la implantación del nuevo orden, es imprescindible contar con instrumentos contundentes, el primero de todos, como experimentaron el comunismo, el fascismo y el nacionalsocialismo, es implantar el miedo, siempre antesala del terror.

Los desmanes que soportamos y la incertidumbre respecto al futuro, parecen consecuencias evidentes de la desincronización de intereses entre plutócratas y mandarines políticos, pues los síndromes ideológicos en que sustentan su estrategia ordenancista son antagónicos de suyo. Quizá el ejemplo más claro de las consecuencias de choques entre síndromes ideológicos cretinoides y relativistas, es la derrota de occidente causada por la vergonzosa, aunque aplaudida y presentada como heroica, huida de los yanquis y nosotros, sus aliados, de Afganistán.

LOS FRACASOS DE BIDEN

29/08/2021.

Por entender que el artículo escrito por Victor Davis Hanson, publicado el 22 de agosto de 2021 en la página del The Independent Institute (Oakland, California) y en AG American Greatness, resume con notable agudeza los primeros meses de la Presidencia de Joe Biden, he considerado interesante traducirlo al español y compartirlo.

OCHO MESES DESPUÉS, LA CASCADA DE FRACASOS DE BIDEN.

Enlace al artículo original en inglés.

Un Biden con problemas cognitivos es empujado en todas direcciones, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio a todo lo relacionado con Trump.

Casi todo lo que Joe Biden ha tocado desde que asumió el cargo, se ha convertido en basura. Ninguno de sus juegos de culpas, ninguna de sus distorsiones, ninguna de sus fantasías e irrealidad pueden enmascarar esa verdad.

LA CATÁSTROFE AFGANA

Hace siete meses, Afganistán estaba relativamente tranquilo, con alrededor de 10,000 soldados vestigiales de la OTAN, incluidos 2,500 estadounidenses, anclados en el aeródromo de Bagram. Pudieron proporcionar superioridad aérea a la coalición y al ejército nacional afgano. Con el poder aéreo, las fuerzas de la OTAN, si así lo hubieran deseado, podrían haber retirado muy lenta y gradualmente todas sus tropas remanentes, pero solo después de una partida previa de todos los civiles estadounidenses y europeos, los contratistas de la coalición y los afganos aliados.

La calma transitoria implosionó abruptamente tan pronto como Joe Biden retiró imprudentemente a todas las tropas estadounidenses en cuestión de días. Muchos se fueron en la oscuridad de la noche, sin dejar a nadie para proteger a los contratistas, dependientes, diplomáticos y aliados afganos. En el mundo de Biden, los civiles protegen el último enclave occidental mientras los soldados huyen.

Hace tres semanas, Joe Biden y un Pentágono despistado y politizado nos aseguraban que Afganistán era «estable». Ahora el país está volviendo a su acostumbrado caos premoderno, teocrático y medieval. Es probable que pronto vuelva a abrir como el refugio terrorista del mundo al estilo anterior al 11 de septiembre: un mercado de armas de más de $ 50 mil millones en equipo militar estadounidense abandonado. Gracias al presidente de los Estados Unidos, los terroristas y los enemigos del Estado-nación ahora pueden comprar armas y entrenar allí sin obstáculos.

El “arquitecto” de la coalición de la OTAN, Biden, también se burló de sus aliados europeos, cuyos soldados superaban en número a los nuestros. El humanitario «buenazo Joe de Scranton» despreció a los miles de militares afganos muertos que habían ayudado a los estadounidenses. Biden les dijo a las familias de los estadounidenses caídos y heridos durante dos décadas, que la catástrofe en Kabul era inevitable, sin otra salida que el caos y el deshonor. ¿Por qué no nos dijo eso antes, cuando era vicepresidente, con tantos muertos y heridos previos?

«Supéralo», era el subtexto del mensaje de Biden. Si los estadounidenses quieren escuchar el juego de la culpa, nos dijo que convirtiéramos en chivo expiatorio a Barack Obama, o a todos los presidentes anteriores, o especialmente a Donald Trump, o a los servicios de inteligencia y al ejército, o al ejército afgano, o nosotros los ingenuos que de alguna manera pensamos que las cosas son un desastre ahora en Kabul- o cualquier cosa y todos cada uno menos Joe Biden.

¿Fue idea de Biden simplemente sacar a Estados Unidos «oficialmente» de Afganistán y dejar que los más de 10.000 estadounidenses abandonados se las arreglaran como pudieran?

¿Estaba Biden irritado por nuestra presencia de 20 años y pensando que los afganos merecerían lo que siguió? ¿Estaba tan delirante que realmente creía que las fuerzas de la OTAN podrían disuadir fácilmente a los talibanes con sermones santurrones del Asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan, el Secretario de Estado Antony Blinken y la Subsecretaria de Estado Wendy R. Sherman? Esta última es una ex directora de la Lista de EMILY y una arquitecta del Acuerdo con Irán, entonces, ¿ella y otros fueron especialmente aterrorizantes para los teócratas traviesos cuando advirtieron que podrían perder su lugar en el «orden mundial basado en reglas»? ¿O creía Biden que los talibanes se verían disuadidos por las exclamaciones de Sherman, como su ominosa advertencia: «¡Esto es personal para mí!»

EL FIASCO INFLACIONARIO

En enero, Biden heredó una economía en recuperación impulsada por mil millones de dólares en tinta roja federal estimulante. Dada la demanda reprimida natural de los consumidores, ¿por qué Biden necesitaba imprimir otros mil millones de dólares más, buscar dar luz verde a otros dos mil millones de dólares más para «infraestructura» y aumentar aún más la compensación por desempleo hasta el punto de disuadir a los empleados de regresar al trabajo?

Al mismo tiempo, ha sobresaltado a los empresarios con amenazas fanfarronas, señalando que aumentaría los impuestos en las ganancias de capital, beneficios, nóminas altas e impuestos sobre la herencia. Al mismo tiempo, el aumento de trabas erosionó aún más a las pequeñas empresas. El resultado fue la inflación de precios de todas las cosas de la vida: casas, madera, gasolina, alimentos, electrodomésticos, así como una escasez histórica de todo, desde automóviles y casas hasta el trabajo de contratistas y electricistas. Cualquier aumento en los salarios debido a la escasez de mano de obra, pronto fue borrado por las espirales en el índice de precios al consumo.

Entonces, ¿qué estaba pensando Biden o, mejor dicho, qué no estaba pensando? ¿Pagando a los trabajadores para que no trabajen, estaría saldando viejas cuentas con los empresarios? ¿Necesitaban los trabajadores unas vacaciones tras la cuarentena? Imprimir dinero era una forma de distribuir la riqueza y disminuir lo que poseían los ricos. ¿Fue un déficit de dos mil millones de dólares y de treinta mil millones en deuda agregada una forma de presumir ante Trump al duplicar la tinta roja de Trump en menos de un año? ¿Acumulará más deuda pública que Barack Obama y George W. Bush en la mitad de tiempo?

EL DESASTRE FRONTERIZO

Biden tomó una frontera segura, junto con una inmigración cada vez más legal y, enseguida, destruyó ambas. Detuvo la construcción del muro fronterizo, alentó la entrada de 2 millones de ilegales durante el año fiscal en curso, prometió amnistías y reanudó la «captura y liberación». Hizo todo eso en un momento de pandemia, eximiendo a los extranjeros ilegales de todos los requisitos de las pruebas COVID y las vacunas masivas que había alentado inyectarse a sus propios ciudadanos. Con amnistías masivas planificadas y millones más invitados a cruzar ilegalmente en los próximos tres años, ¿estaba Biden buscando fundar una nueva nación dentro de la ahora pasada de moda nación estadounidense?

¿Creía que los estadounidenses no merecían su ciudadanía y que los recién llegados del sur de la frontera eran de alguna manera más dignos? ¿Vio a los 2 millones de nuevos residentes como votantes instantáneos bajo nuevas reglas relajadas de votación? ¿Pensaba que en una economía privada de mano de obra proporcionarían niñeras, jardineros y cocineros a las élites de la costa? Nos esforzamos por imaginar alguna explicación porque no hay lógica en ninguna.

INSUFICIENCIA ENERGÉTICA

Biden hizo todo lo posible en solo siete meses para hacer explotar la idea de la autosuficiencia estadounidense en gas natural y petróleo. Canceló el oleoducto Keystone, congeló nuevos arrendamientos de energía federal, puso el campo petrolero de Anwar fuera de los límites y advirtió a los frackers que sus días finales estaban cerca.

Entonces, ¿qué impulsó a Biden a tomar semejantes medidas? ¿Acaso objetó que los automovilistas estaban ahorrando demasiados miles de millones de dólares al año en menores costos de transporte? ¿O fue el problema que habíamos recortado demasiadas importaciones de petróleo del volátil Medio Oriente y ya no lanzaríamos guerras preventivas? ¿O quizás la transición al gas natural limpio en lugar del carbón como combustible para la generación de energía había reducido de manera demasiado radical las emisiones de carbono? ¿Sintió Biden que los productores de Oriente Medio, los rusos o los venezolanos podrían proteger mejor el planeta mientras extraían más petróleo y gas que los perforadores estadounidenses?

LA CALAMIDAD RACIAL

Biden hizo estallar las relaciones raciales al dar luz verde a la nueva caza del mítico monstruo de la «blancura». ¿Fueron unos pocos alborotadores blancos bufones que asaltaron el Capitolio la punta de la lanza de un movimiento masivo de supremacía blanca previamente desconocido, el más peligroso, juró, desde la Guerra Civil?

Biden tomó la acción afirmativa y las ideas de “impacto dispar” y “representación proporcional” de la era de los derechos civiles y las convirtió en representación desproporcionada y reparaciones a bajo precio. Biden hizo aceptable condenar la «blancura», como si los 230 millones de estadounidenses blancos fueran culpables de una cosa u otra de una manera que los otros 100 millones «no blancos» no lo son.

Entonces, ¿por qué Biden pateó al perro dormido de la polarización racial? ¿Para agitar su base de izquierdas? Para aliviar su propia culpa por la larga historia de insultos racistas de la familia Biden, desde el «limpio» Barack Obama hasta «encadenarlos todos», las sagas «Corn Pop», «no eres negro» y «adicto» a ¿La palabra N de Hunter (cazador) y el racismo asiático? ¿Biden entrevió a países como Irak, Líbano, Ruanda y la ex Yugoslavia como modelos positivos para la emulación de la diversidad?

LA EXPLOSIÓN DEL CRIMEN

Después de que Biden asumió el cargo, los crímenes violentos se encendieron desde las brasas de los 120 días de saqueos, incendios provocados y violencia organizada, en su mayoría impunes, en las calles de las principales ciudades de Estados Unidos durante el verano de 2021. Bajo Biden, las cárceles se vaciaron. Los abogados federales y los fiscales locales emuladores eximieron a los infractores. La policía fue difamada y desfinanciada. Castigar el crimen se consideraba una construcción racista.

El resultado es que los estadounidenses ahora evitan los centros de Dodge City de la mayoría de las ciudades azules (gobernadas por los demócratas) azotadas por el crimen en Estados Unidos. Aceptan que cualquier peatón urbano, cualquier conductor fuera del horario de atención, cualquier pasajero en un autobús o metro puede ser asaltado, robado, golpeado, violado o baleado, sin ninguna garantía de que los medios informarán justamente el crimen o que el sistema de justicia penal castigará a los perpetradores. En la América de Biden, los saqueadores entran en las farmacias y salen con bolsas de la compra repleta, bajo la mirada aterrorizada de los guardias de seguridad que estiman que al menos no robaron más de 950 doláres de botín.

¿El plan de Biden era permitir que la gente redistribuyera las ganancias mal habidas? ¿O estaba convencido de que la actividad criminal desproporcionada era una retribución kármica o una penitencia por la muerte de George Floyd? ¿De verdad creía que éramos demasiado vigilantes? ¿Creía que el público en general debería experimentar, por fin, el crimen del centro de la ciudad para garantizar la equidad y la inclusión?

Entonces, ¿por qué Biden ejerce tan deliberadamente este empujón destructivo que hace explotar todo lo que toca?

HAY VARIAS TEORÍAS POSIBLES

1) Biden es non compos mentis. No tiene idea de lo que está haciendo. Pero en la medida en que está alerta, Biden escucha, en cierto modo, solo a la última persona con la que habla. Y luego se toma una siesta. Cuando Afganistán explota o la inflación ruge o la frontera se convierte en una puerta de entrada, sus ojos se abren y se vuelve desconcertado y gruñón, como un Bruce Dern irritable y enérgico que se despierta en «Once Upon a Time in Hollywood».

Biden no tiene ni idea de la implementación destructiva real de sus políticas tóxicas, y no le preocupa sobre quién recaen estas agendas destructivas. Vagamente asume que un perrito faldero de los medios de comunicación de izquierda volverá a empaquetar cada incoherencia de Biden como Periclean (gran estrategia de Pericles), y cada «tapadera» diaria como el escape de Biden para la investigación presidencial, la lectura profunda y la deliberación intensiva. Biden parece estar cerca de donde estaba Woodrow Wilson en noviembre de 1919.

2) ¿O es Biden un oportunista de rango y piensa que cabalgará el izquierdismo despertado como la nueva trayectoria del país? Él se resiente por su subordinación previa a Obama, y ahora siente que puede vencer a las administraciones izquierdistas del pasado como el único y verdadero socialista evolucionista. No es tanto el manipulado como el manipulador.

Biden se imagina a sí mismo como un líder dinámico práctico que muerde a los reporteros, sale del podio y emite sus habituales interjecciones. Por lo tanto, está «al mando» durante cuatro o cinco horas al día. Le gusta actuar de manera más radical que Elizabeth Warren, Kamala Harris, Bernie Sanders o «el escuadrón», y especialmente ser mucho más izquierdista que su antiguo y ahora pasado jefe Barack Obama. Joe tiene el control y eso explica el toque de escoria. Por primera vez en su vida, un incompetente tiene total libertad para ser poderosamente incompetente. Entonces, Biden no está tan demente sino que delira manejando asuntos.

3) Biden es, desafortunadamente, lo que siempre fue: un plagiario, mentiroso y nihilista bastante mezquino, desde su infamia por el asesinato del personaje de Clarence Thomas y Tara Reade tanteando, hasta su sucio discurso racista y su monumental burla habitual. Sus desastres son los mismos viejos, la misma vieja marca registrada de Biden, las meteduras de pata del arte escénico.

A Biden le gusta la idea de la indignación conservadora, del caos, de ladrar a todo el mundo todo el tiempo. Biden acepta que no se pueden hacer tortillas sin huevos rotos, y disfruta arruinando las cosas, como advirtieron Robert Gates y Barack Obama. «Despertar» al Estado Mayor Conjunto, alentar a cientos de miles a cruzar la frontera y abandonar a nuestros aliados de la OTAN en Afganistán, ¿a quién le importa cuando el tipo duro, el descarado Joe en movimiento, revuelve las cosas? ¿Los desastres en la economía, la política exterior, el crimen, la energía y las relaciones raciales? Biden simplemente está sacudiendo las cosas, revolviendo la olla, provocando que la gente vea al Sr. «Vamos, hombre» en acción, mientras fanfarronea y se pavonea y deja un rastro de destrucción a su paso.

4) Biden no es nada en absoluto. Él es solo un recorte de cartón, un truco del Partido Demócrata, que está en contra de cualquier cosa por la que estén los conservadores. Asume que deshará todo lo que hizo Trump, según la teoría, es simple y fácil para él en sus momentos perezosos y de alto nivel. Y de todos modos está cansado de pensar mucho más allá de ese rechazo pavloviano. Una frontera cerrada es mala; presto, las fronteras abiertas son buenas. Mejorar las relaciones raciales es malo; el deterioro de las relaciones debe ser bueno. Mala independencia energética; buena dependencia. Biden trabaja en piloto automático en su trabajo diario minimalista: simplemente cancele todo lo que hizo Trump y no se preocupe por los efectos en el pueblo estadounidense.

5) Biden es un rehén tanto de la Izquierda como de Hunter Biden. Su tarea es apresurar una agenda de izquierda dura, en la forma de un torpedo que explota cuando golpea el objetivo. La izquierda se aseguró de que la base no saliera disparada en 2020. Entonces, les debe. Biden, más o menos, entregó su presidencia al equipo, Nancy Pelosi, Bernie Sanders y los remanentes de Obama. Le entregan un guión; intenta leerlo; y dan seguimiento a los detalles. Es el viejo y tambaleante John Gill de Star Trek.

La izquierda puede esperar que su propia agenda nihilista funcione. Cuando inevitablemente no es así, se culpa a Joe, el repartidor: mucho más rápido, entonces, será la salida necesaria de Biden. Mantuvieron su parte del trato al hacer que eligieran al habitante del sótano. Ahora mantiene el trato al entregar la presidencia. La utilidad de Biden tenía una vida útil de aproximadamente seis meses.

Ahora, muy lentamente, las filtraciones, las puñaladas por la espalda del ala oeste, las cejas fruncidas y las fuentes anónimas lo aliviarán suavemente con las preocupaciones de la 25a Enmienda (por ejemplo, «Quizás el presidente Biden podría encontrar que tomar la Evaluación Cognitiva de Montreal de algún valor después de todo, para su propio beneficio, por supuesto. ”) Kamala Harris no es tan inerte como se nos hace creer.

Hunter Biden, manchado y arruinado por escándalos de toda sordidez imaginable, ahora se embarca en su obra maestra: vender su arte de jardín de infantes a medio millón de dólares por pintura a estafadores extranjeros ricos en quid pro quo “anónimos”. ¿Por qué Hunter representa un peligro tan descarado e innecesario para su padre, el presidente? ¿Porque el ex adicto puede, y sólo por el gusto de joder?

El comportamiento malicioso de Hunter es una amenaza implícita de que si el personal de Joe golpea la mano de Hunter, él amenaza con derramar los «frijoles» sobre «Big Guy» y «Mr. 10 por ciento”, dado que interpreta al cervatillo herido como el chico malo subestimado. Hunter era el hombre del dinero de la familia mala, semilla sin cuya aflicción ninguno de ellos hubiera vivido jamás en el mórbido esplendor de la mordida.

Un Biden cognitivamente desafiado luego es empujado en todas direcciones, por su propia senilidad, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio neandertal por todo lo que Trump fue e hizo.

El problema para Estados Unidos es que las teorías de la una a las cinco no siempre son mutuamente excluyentes, sino que es más probable que sean multiplicadores de fuerza de la locura actual. En algún momento, algún valiente representante del Congreso o del Senado finalmente tendrá que decirle a Biden, en el espíritu de Oliver Cromwell y Leo Amery: “Te has sentado demasiado tiempo aquí por cualquier bien que hayas estado haciendo. Vete, te digo, y acabemos contigo. ¡En el nombre de Dios, vete!».

VICTOR DAVIS HANSON es miembro sénior de Martin and Illie Anderson en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford y miembro de la Junta de Asesores tanto del Instituto Independiente como de su revista trimestral, The Independent Review: A Journal of Political Economy.

LOS CUENTOS DE ECHENIQUE Y RIBERA

Resumen sobre los motivos del desorbitante incremento de la energía eléctrica.

14/08/2021.

ANTECEDENTES:

En noviembre de 2019, en plena campaña electoral, Unidas Podemos afirmó: «Bajaremos la factura de la luz y pondremos firmes a las grandes eléctricas». El PSOE por su parte, prometía con orgullo un plan Superecologicoespialidoso por parte del orwelliano Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dirigido por la jurista, profesora universitaria y alta funcionaria Teresa Ribera Rodríguez, afirmando que se trataba de una revolución energética y ambiental, producida por una extensión vertiginosa de las energías renovables y la consiguiente eliminación de centrales nucleares y de ciclo combinado. Esta salvadora descarbonización de España, afirmaba el PSOE, permitiría rebajar inmediatamente el precio de la factura de la energía eléctrica de, al menos, un 12% entre 2019 a 2030. Ni que decir tiene que esta reducción no se justificaba mediante cálculo objetivo alguno.

El gobierno de coalición PSOE-Podemos estableció el 1 de junio de 2021 un nuevo modelo de facturación general basado en tres tramos horarios, con el fin de que «los usuarios puedan ahorrar en función de su eficiencia y a que ajusten mejor la potencia contratada a sus horarios de consumo». De esta suerte, según el gobierno, la nueva factura eléctrica «fomentará el ahorro energético, el autoconsumo y el despliegue del vehículo eléctrico». En román paladino; el gobierno estableció con el desparpajo que le caracteriza que, por el bien del planeta y de unos cuantos de sus habitantes, españolito que vienes al mundo te guarde Dios porque te aumentamos el precio de la energía eléctrica.

RESULTADO:

En el último año y a pesar de una reducción del IVA del 21% al 10% desde el 26 de junio de 2021 al 31 de diciembre de 2021, el precio de la energía eléctrica se ha incrementado en España un 180%.

DEL SUSTO A LA DEMAGOGIA:

Ante semejante inflación que aflige a la mayoría de los ciudadanos, la protesta y la indignación se han generalizado. El recibo de la luz de julio para hogares, comercios e industrias ha sido escalofriante y la subida continua imparable en agosto, por ejemplo, ayer 13 de agosto subió hasta 117,29 euros megavatio hora (MWh) de media, otro récord histórico.

A pesar de la acostumbrada pose arrogante respecto a las indignadas protestas por semejante quebranto, la coalición gubernamental no le ha quedado otro remedio que darse por enterada, No tanto como para que el Presidente del gobierno cancele por un rato sus vacaciones, pero lo suficiente para que los cientos de asesores y expertos asentados en La Moncloa y aledaños, se lancen a la tormenta de ideas geniales.

Raudos, los expertos gubernamentales nos han ofrecido los habituales brochazos y ocurrencias para solventar «DE UNA VEZ POR TODAS» problemas complejos. Fue Pablo Echenique, quien llevaba unos meses un tanto mustio por la fuga de su protector Pablo Iglesias, el primero en blandir la espada flamígera desfacedora de entuertos, declarando la enésima solución, de una vez por todas, que todo marxista-peronista presenta cada día: «tener al menos una gran empresa pública de energía que pueda competir con el oligopolio que nos sube la luz». Como de costumbre, la camarilla del PSOE en el gobierno pegó un respingo y envió a la jefa del ramo ecológico y reto demográfico, Teresa Ribera, a desmentir, con la contundencia que solo es capaz de superar María Jesús Montero Cuadrado, que el gobierno tuviera en mente crear una empresa pública de energía eléctrica. Aprovechando el ratito, se dedicó a echar la culpa de las subidas de la luz a Aznar y a Rajoy, olvidando los 7 años de Zapatero y sus desorbitadas subvenciones a las renovables. Pero como la andanada a morito muerto no coló, al día siguiente culpó a la Unión Europea y al presidente de Rusia, Vladímir Putin por la subida del precio del gas natural. Como nadie se tragó estos cuentos y sus socios podemitas seguían con la tabarra nacionalizadora para tratar de salvarse de la quema, Doña Teresa anunció el 12 de agosto de 2021 la fundación de una empresa pública de generación de electricidad, a través de la absorción de las concesiones hidroeléctricas, una vez expire su plazo de concesión.

¡EXPRÓPIENSE LOS PANTANOS DE FRANCO!

Como el cuento de la buena pipa, la llamada recuperación de las concesiones de las centrales hidroeléctricas, gira como el asno de Buridán en la noria de un pozo sin agua. En realidad, se trata de un ensueño ideológico de redención contra una obra franquista exitosa. De hecho, excepto algunas concesiones de antes de la guerra civil, la mayor parte de las concesiones se renovaron a finales del siglo pasado y algunas otras se prorrogaron, con lo que las principales centrales podrían llegar al final de su concesión hacia 2070. Por otro lado, entre los cientos de centrales y minicentrales que funcionan en España, suman una capacidad instalada de 17.792 MW, apenas el 20% del mix eléctrico español. Además, el panal de rica miel que se adivina con el retorno de las concesiones al Estado, ha sido rodeado por un enjambre de municipios, sindicatos, asociaciones ecologetas y comunidades autónomas.

Por supuesto ni una palabra, ni un resquicio de crítica a uno de los principales factores que han disparado los precios energéticos. Esos derechos de emisión de CO2 que la política ambientalista de la UE dirigida por Alemania ha encarecido hasta superar en este arranque de agosto los 54 euros por tonelada, cuando a principios de año cotizaban en torno a los 33 euros.

LA SUBASTA DEL PRECIO DE GENERACIÓN ELÉCTRICA

España, con José María Aznar de presidente del gobierno y con el apoyo de CiU y el PNV, se incorporó al sistema eléctrico europeo en 1997.

La UE ha establecido un marco regulatorio para el sector eléctrico europeo hasta 2030, basado en mercados transfronterizos de energía. Cada mercado establece un precio diario marginal para el día anterior a aquel en el que la energía es producida y consumida. Es el llamado electric pool o piscina eléctrica. El volumen económico de las compras mayoristas en 2020 en España sumó 3.307 millones de euros, un 30% menos que 2019 debido a la pandemia de la COVID-19. El mercado eléctrico español está interconectado con Portugal, Francia y Marruecos. Francia y Marruecos exportan mucho más que importan del mercado ibérico.

El sistema actual de pool eléctrico o piscina eléctrica establecido en 2013, fue pensado para lograr equilibrar un precio final cada día, determinado por el costo de producir la «última» unidad de potencia más cara (el costo marginal). El volumen medio negociado al contado en España durante el primer semestre de 2021 es de unos 480 GWh (80% de demanda). En principio esta fórmula de subasta asegura que se utilicen los recursos energéticos más baratos, de modo que la demanda de electricidad se satisfaga al menor costo posible para la sociedad. Esta es la teoría, pero la práctica no es tan evidente, puesto que la información sobre los costes de producción no es tan exacta como debiera, lo que implica distorsiones agravadas por el mercado de derechos de emisión de CO2.

Cada día, las empresas generadoras indican a qué precio están dispuestas a vender electricidad para cada una de las horas del día siguiente, mientras que las comercializadoras señalan a qué precio están dispuestas a comprar, según la demanda que estiman que sus clientes harán, en cada una de esas horas. A continuación, se procede a ordenar, para cada hora, todas las propuestas de venta de electricidad de menor a mayor precio y todas las propuestas de compra en sentido contrario, lo que configura, respectivamente, las curvas de oferta y de demanda. Así, van entrando a la piscina de la oferta cada central de generación eléctrica.

Las primeras en zambullirse en la piscina son las centrales nucleares (con una media del 22% del total) por constituir el costo más barato ya que no pueden dejar de funcionar salvo mantenimiento o avería, lo que significa que muchas veces ofrecen sus megavatios a coste cero. No obstante, las compañías propietarias de estas centrales se resarcen con el llamado dividendo del carbono, un porcentaje de la tasa por emisiones de CO2 destinado a incentivar el uso de las energías que no emiten carbono también es conocido por el peyorativo nombre: “windfall profits” (beneficios caídos del cielo), beneficios que el gobierno PSOE-PODEMOS arrebatará en unas semanas cuando se apruebe una Ley que establece una fórmula de minoración de los ingresos caídos del cielo (nunca mejor dicho respecto a las hidroeléctricas) que «puede oscilar entre los 199 millones de euros anuales con la tonelada de CO2 a 30 euros y los 1.691 millones con la tonelada a 100 euros. Con los actuales precios del ETS, el importe de la minoración sería de unos 625 millones, alrededor del 16% de la facturación media de las instalaciones». Consecuencia previsible: remoloneo en la entrada en la subasta de las centrales limpias de CO2 para incrementar su precio.

Volviendo a la secuencia de la subasta, tras las nucleares se van incorporando a la piscina las generadoras más económicas en orden ascendente: la “hulla blanca” de las centrales hidroeléctricas que, debido a sus particularidades suponen una media del 10,5% del total, aunque su producción en verano puede reducirse hasta el 3% y convertirse en energía cara y sobrepasar en algún tramo horario el precio de las centrales de ciclo combinado. Seguidamente las renovables, cuya rentabilidad está regulada por ley a través de sustanciosas subvenciones que paga el consumidor, empezando por los generadores eólicos con el 24,8% que tienen el gran inconveniente de su irregularidad, sobre todo en verano. Otras renovables que, sin embargo emiten CO2, por tanto caras, son las centrales de biomasa, biogás, bioetanol y biodiesel estimadas en un 17% del total. La muy subvencionada solar fotovoltaica y térmica solo genera durante el día un 8% del total. Las últimas en entrar a la piscina son las centrales de ciclo combinado de gas o carbón (de carbón en 2021 solo funcionan seis, tres cerrarán a finales de este año y otras dos el próximo) que suponen una media del 16,3% del mix. El precio del costo de la última central de ciclo combinado que entra en la piscina suele establecer el precio marginal del día.

Las subastas diarias e intradiarias son organizadas por OMIE-OMIP, empresa privada que ejerce de operador de mercado eléctrico designado NEMO (según la terminología europea), para la gestión del mercado de electricidad en la Península Ibérica, es decir: de España y Portugal. Así, OMIE/P participa en el acoplamiento de los mercados mayoristas de electricidad en la UE, conjuntamente con todos los NEMOs designados en cada Estado miembro. La península Ibérica tiene un grado de interconexión con el sistema europeo muy inferior al del resto de países de la Unión, por debajo del 5 %, lo que le impide acceder en igualdad de condiciones a los beneficios de las interconexiones eléctricas.

PAGAR IMPUESTOS COMO SI FUERA ENERGÍA

El régimen de comercio de derechos de emisión (RCDE UE) que limita el volumen de los gases de efecto invernadero (ETS) CO2, que pueden emitir las industrias con gran consumo de energía, los productores de energía y las compañías aéreas, fue establecido por la UE en 2005. En España es el Plan Nacional de asignación quien establece el volumen de CO2 que las empresas están obligadas a entregar a las arcas del Estado. Se trata de comprar los derechos suficientes para cubrir todas sus emisiones si no quieren que se les impongan fuertes multas. Con este sistema se penaliza la energía generada con combustibles fósiles y se pretende impulsar las energías renovables. Se trata de un mercado que funciona según el principio de limitación y comercio. Es decir, se pone un límite máximo a la cantidad total de emisiones que pueden hacer las centrales obligadas a comprar los derechos en subastas semanales o en el mercado secundario. Al final de cada año, las centrales eléctricas deben entregar suficientes derechos para cubrir sus emisiones. En caso contrario, son sancionadas con la morrocotuda cifra de 95 euros por cada g/km de CO2 excedido.

Pero, como el precio del CO₂ estaba muy bajo y no producía el efecto disuasorio que se buscaba y el recaudatorio que se suele omitir en el discurso ecologeta, la UE decidió reducir derechos de emisión creando un mecanismo de reserva para que subiera el precio. Y ya lo creo que lo subió, al subir los precios del CO₂ el coste final de la electricidad se ha incrementado exponencialmente. Fue el gobierno español presidido por Sánchez quien redujo de 60 millones de toneladas asignadas a 10 millones. Con ello perseguía dos objetivos; forzar la producción eléctrica con renovables y aumentar la recaudación en, al menos, 1.000 millones de euros. Pero como la fiabilidad de las energías renovables a través del tiempo es incierta, las inversiones se paralizaron, sobre todo con la pandemia, por lo que quedaron a expensas del futuro maná de la UE. Como al gobierno los ingresos aún le parecían poco, redujo un 14% los derechos de emisión de CO2 asignados gratuitamente. En consecuencia, se produjo la especulación y el consiguiente aumento del precio desde los 6 euros por tonelada en 2013 hasta sobrepasar los 52,8 euros por tonelada cuando la generación por ciclo combinado de gas ha tenido que incrementarse al iniciarse el verano. Al mismo tiempo, las empresas de generación intentan cargar al precio de su oferta el impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica, que grava con un 7% el valor de la generación de todas las centrales.

Es innegable que el encarecimiento del gas natural ha sido un factor determinante del aumento del costo de generación de la energía eléctrica de las centrales de ciclo combinado cuyo costo fue 28,7 €/MWh en junio de 2021. Si a este aumento se suma la especulación de los derechos de emisión impulsada con denuedo por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dirigido por la jurista Teresa Ribera, más el aumento real de los impuestos basados en el porcentaje sobre los costos, el resultado no puede ser otro que el calculado por el Banco de España en el informe emitido hace tres días: “EL PAPEL DEL COSTE DE LOS DERECHOS DE EMISIÓN DE CO2 Y DEL ENCARECIMIENTO DEL GAS EN LA EVOLUCIÓN RECIENTE DE LOS PRECIOS MINORISTAS DE LA ELECTRICIDAD EN ESPAÑA: Un 20% de la subida se debe al mayor coste de los permisos de emisión de Co2. Un 50% del alza es consecuencia del encarecimiento del gas en el mercado. El resto se debe a la mayor base imponible de impuestos y el traspaso a minoristas.

LOS PROGRAMAS ELECTORALES

Entendidos como contratos vinculantes con el ciudadano

08/08/2021.

Leyendo el riguroso ensayo histórico “1917 EL ESTADO CATALÁN Y EL SOVIET ESPAÑOL” de Roberto Villa García, estoy descubriendo que sobre estos acontecimientos históricos me informaron poco y mal. Todos aquellos venerables historiadores que estudié o leí, tanto los claramente marxistas y su deriva de Annales, como los menos doctrinarios positivistas, se ciñen a los tópicos de corrupción, fraude electoral y decadencia del régimen de la Restauración. Una pena porque el intento insurgente de 1917 condicionó nuestra historia durante el siglo XX, por cuanto aquellos “revolucionarios” encuadrados en PSOE, UGT, CNT, FAI, con sus aliados republicanos y en comandita oportunista con la Liga Regionalista encabezada por el simulador separatista Francisco Cambó, ese turbio mercader multimillonario que acabó recaudando dinero de la burguesía catalana para Franco, más las corporativistas Juntas de Defensa del sedicioso Benito Márquez, formaron un frente común para acabar con el régimen constitucional e implantar cada uno su sueño; unos el comunismo libertario, otros la dictadura del proletariado, aquellos la república confederal de los pueblos ibéricos dirigida desde Barcelona. Todos, revolucionarios y nacionalistas, despreciaban la democracia liberal y pretendieron derrocarla con todos los medios de que disponían. Pero la meticulosa contextualización que Villa García elabora, permite comprender que, aunque básica y necesitada de profundas reformas, aquella monarquía parlamentaria era, en aquel tiempo, tan democráticamente avanzada o más que las democracias escandinavas y mucho más que los convulsos regímenes de Francia, Italia y Portugal.

Como ha sido pintada con brochazos romanticoides debido a su rotundo fracaso, conviene aclarar que, aquella intentona golpista del verano de 1917, no se anduvo por las ramas. Sus principales impulsores; CNT Y UGT-PSOE, utilizaron la violencia y la coacción que costó decenas de víctimas. Y fue esta insurrección, con el único paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera, la que inició un periodo de violencia político-sindical que perduró hasta 1939.

La relación de unos sucesos poco divulgados o simplemente escondidos que expone Roberto Villa García en su magnífico ensayo, abunda en los aspectos sociológicos que permitieron la manipulación de la sociedad española, por parte de unas minorías organizadas en partidos y sindicatos. Aquella España en proceso de escolarización general que aún tenía tasas alfabetización que apenas superaba el 50% de la población, solo recibía información sobre los asuntos públicos a través de la prensa y de los partidos políticos y sindicatos. La obviedad del sesgo ideológico está en las hemerotecas, pero lo reseñable es que en España por entonces, el anarcosindicalismo y el socialismo iniciaron la agitación y propaganda masiva, esa “Agitprop” inventada por Plejánov y Lenin como estrategia política para influir en la opinión pública a través de la prensa, el arte, la cultura y cualquier otro medio.

Salvando todas las distancias, no hace falta mucha agudeza para verificar que el Agitprop de principios del siglo XXI ha cambiado de maquillaje, pero no de piel ni de sustancia. En la era regida por la posverdad, revistas como El Jueves, Mongolia o incluso Charlie Hebdo, apenas son antiguallas decimonónicas reminiscentes de La Traca y No veas. En realidad, aunque la prensa (grupos de comunicación) mantiene formalmente tendencias ideológicas, el retroceso del formato de papel y la competencia digital con sus redes tecnológicas controladas desde el Silicón Valley o Pekín, han supuesto caídas importantes en sus ventas de ejemplares y de publicidad privada, lo que ha aumentado su dependencia de la publicidad y las subvenciones públicas.

Por el lado digital, las características de su público y formato determinan la apabullante preponderancia de infografías y vídeos sobre el texto. Más que lectura rápida, el teléfono móvil y la tableta inducen el repaso del trending topic. Lo sustancial, empero, es que Google colecciona noticias, fideliza a sus usuarios con ellas, controla sus gustos y preferencias en cualquier lugar del mundo y se lleva la mayor parte del pastel publicitario que tenían los medios tradicionales. Y a Google le siguen las redes sociales, Facebook, Twitter, YouTube …, que basan su negocio en seguir nuestras cuitas y guardarlas a buen recaudo, para luego ofrecernos aquello que anhelamos y vender a otros, incluidos partidos, empresas privadas y lobbies, información sobre nuestras necesidades, ideologías y flaquezas. En paralelo, el duopolio formado por Mediaset y Atresmedia, gracias a las leyes y torpezas cometidas al respecto por el gobierno presidido por Mariano Rajoy, impide el pluralismo audiovisual socavando la democracia, al limitar la información proveniente de fuentes plurales, al tiempo que restringe el derecho de acceso de los grupos sociales con características, preferencias o intereses que no resultan rentables, ideológica, política o comercialmente al duopolio. La banalización y el amarillismo de la programación de ambos grupos mediáticos, rubrican su estrategia para sustentar una cuota de pantalla superior al 50% que les permite acaparar el 88% de la tarta publicitaria.

La extraordinaria innovación tecnológica de las autopistas de la comunicación, como antes sucedió con las revoluciones industriales, conlleva contradicciones, victimarios y víctimas. Por un lado, las nuevas herramientas tecnológicas favorecen la interactividad, lo que algunos exageradamente llaman “periodismo ciudadano”, donde el antiguo receptor se convierte ahora en emisor. Pero este aparentemente democrático avance, significa que cualquiera, sin competencia alguna, puede expresar su opinión o, peor aún, lanzar una noticia falsa. Ello ha supuesto un notable descalabro de la profesión periodística, se ha precarizado y, con la mengua recursos, se ha producido el descenso de la deontológica profesional y la credibilidad del periodista. Semejante tótum revolútum ha facilitado que la posverdad (mentira) se expanda e institucionalice y que la opinión infundada y la manipulación a través del bulo sea el pan nuestro de cada día. Que la acusación victimista se convierta automáticamente en juicio mediático y condena del telediario. Que el organizado laberinto conformado por acusaciones, censuras, agitaciones y propagandas, soportado por leyes ideológicas, dificulte la búsqueda de la verdad científica e histórica.

Han trascurrido unos cuantos años desde la incorporación a las redes sociales y demás herramientas de internet de ciudadanos españoles identificados con la libertad sin adjetivos, la igualdad de oportunidades, la propiedad privada, la seguridad jurídica y la separación de poderes. Su denominador común es la inquietud por las consecuencias del retorno del PSOE a su querencia histórica, consistente en imponer por la puerta trasera de la añagaza, un régimen confederal estatalista y despótico, en comandita con sus hermanos comunistas y los nacionalistas supremacistas dedicados a atentar contra la soberanía nacional y la igualdad de todos los españoles. Fruto de la oposición a esta deriva, hoy podemos constatar un vuelco impensable hace un lustro. Así, no solo han proliferado diarios online y blogs de análisis y opinión críticos con las practicas del Sanchismo y el proyecto de hegemonía cultural sintetizado en la corrección política, también se ha producido un crecimiento exponencial de participación individual en blogs y redes sociales, de ciudadanos españoles que defienden con entusiasmo los principios de libertad, democracia y ciudadanía, a pesar de los riesgos derivados de las denuncias y condenas sin juicio del Gran Hermano del siglo XXI.

De esta suerte, desde hace alrededor de un lustro, la agenda del debate político en internet ha cambiado paulatinamente desde el monopolio de las izquierdas y el separatismo, a la preponderancia de la crítica liberal desinhibida, tanto frente a trapacerías y robos impositivos, como contra el denodado intento de imponer el catecismo gramsciano. Este indudable avance está empujando a los partidos que se definen, cuando les conviene, como liberales, a enfrentarse al feudalismo mental derivado de los fragmentos ideológicos de la posmodernidad, sin tantos complejos como antaño. A la sazón, hoy podemos apreciar críticas contundentes y bien argumentadas en torno al escepticismo científico, la rapiña estatalista, el seudofeminismo queer con su solipsismo sexual del somos lo que nos apetece, el esencialismo identitario, el aval “progresista” condicionado a la utilización de la Neolengua inclusiva colmada de palabras–trampa, el integrismo ecologeta y sus derivadas animalistas, alimentarias y climáticas recalentadas, además del sumun esencialista que significa la connivencia con el nacionalismo supremacista. Estupendo, sin embargo, no somos pocos los que observamos el peligro de autocomplacencia y los primeros signos de frustración ante el cúmulo de promesas incumplidas por los gobernantes autoetiquetados liberales que, a pesar ser denunciadas en mensajes y artículos, pronto se diluyen en la vorágine de instantaneidad internáutica, mentiras flagrantes, noticias falsas, bulos, campañas de desinformación orquestadas por intereses espurios, etcétera. ¿Cómo contrarrestar este hándicap democrático e impulsar el crédito de las medidas liberalizadoras que España necesita?

Que la ley electoral vigente imponga en las elecciones generales, autonómicas y municipales la votación por lista cerrada y bloqueada de cada partido político, ha significado un alejamiento abismal, una total incomunicación entre el elector y su representante elegido. De hecho, excepto algunos concejales de poblaciones pequeñas, ningún representante político en España rinde cuentas a los electores de la circunscripción que lo eligió. Así, una vez emitido su voto, al ciudadano español no afiliado a un partido político (las declaraciones tributarias de 2020 señalan que el número de beneficiarios de la deducción por cuotas y aportaciones a partidos políticos fueron 251.480 ciudadanos, es decir, el 0,78% de la población adulta) solo le queda el recurso al pataleo, pues al tiempo que se le trata como súbdito imponiéndole una memoria histórica con retrovisor acotado entre 1936 y 1975, tiene que soportar impotente como las promesas electorales se las lleva el viento, ese olvido como inmejorable aliado del incumplimiento y de la manipulación. En algún momento de claro incumplimiento del programa electoral, como sucedió cuando en julio de 2012 el gobierno de Rajoy subió el IVA del 18% al 21%, desde algunos medios se instó a que cada partido protocolizara notarialmente su programa electoral a través de un acta de manifestaciones. Con ello, argumentaron, se incrementaría el compromiso formal. El problema es que, al final, la trascendencia mediática por incumplimiento, dependería, como ahora, de la atención de los medios y particulares que, naturalmente, suele responder a circunstancias y hechos puntuales.

Por si a alguien se le ocurre recurrir a la justicia, les recuerdo que la Audiencia Provincial de Madrid, confirmando la decisión adoptada anteriormente por el Juzgado de Primera Instancia nº 77 de Madrid, acordó no admitir a trámite la demanda de la plataforma: “Leyes Animales Ya”, al entender que por el incumplimiento de las promesas electorales de un partido no cabe exigir responsabilidad civil alguna pues: «No estando en consecuencia, sujetos ni al Derecho civil, ni al Derecho administrativo, los actos consistentes en promesas electorales. Dichas promesas electorales y su cumplimiento, forman parte esencial de la acción política, enmarcada en principios de libertad de hacer o no hacer (y también de responsabilidad aunque de naturaleza igualmente política) que escapan al control jurisdiccional, de manera que, del acierto o desacierto en la llevanza y ejecución de las mismas, no cabe derivar responsabilidad civil concreta en términos jurídicos».

Si tenemos en cuenta el desdén al elector por parte del elegido, la imposibilidad legal de hacer cumplir los contratos sociales derivados de los programas electorales, junto con la dispersión de la vigilancia de las promesas que, para el caso, creo imprescindible circunscribir para partidos e individuos que pregonan su compromiso con la libertad, la democracia y los principios y valores contenidos en la Constitución Española, entiendo que la necesaria y constante vigilancia con respuesta inmediata, podría organizarse a través de una notaría civil y mediática, sobre la fórmula asociativa independiente. En la asociación, se depositarían como actas de manifestaciones, cada programa electoral o promesa fehaciente de cada partido político que se postule como defensor de los principios y valores mencionados. La labor principal de la, por ejemplo: ASOCIACIÓN ESPAÑOLA PARA LA VIGILANCIA DEMOCRÁTICA sería vigilar el cumplimiento estricto de lo prometido y, en caso de incumplimiento, denunciarlo con todos los medios legales y mediáticos a su alcance. ¿Voluntarista? Seguramente, tanto como necesaria.

HACIENDO AMIGOS. SOBRE MASCOTAS Y CAMBIO CLIMÁTICO

26/07/2021.

Sé bien que con este suelto me ganaré antipatías y hasta enemigos, pero también sé que algún alma caritativa se comparecerá y atenderá y entenderá mis cuitas.

Abunda la buena gente que está preocupada por el desastroso estado del planeta Tierra, otros dicen Gaia y Pachamama. Máxime ante los lúgubres augurios sobre las consecuencias del calentamiento global que, al parecer, su solución no solo requiere grandes esfuerzos financieros y tecnológicos por parte de la humanidad culpable del problema, también precisa de héroes adolescentes, Herculitos y Herculitas que en «nombre de la justicia climática» nos acongojen gritándonos: «No quiero que tengas esperanza, quiero que entres en pánico». Y en esas estamos, pues cada gran causa precisa de grandes villanos y en el caso de esta; somos Usted y yo.

De entre los animales domesticados por los crueles humanos (no me digan que no me pongo correctísimo), los rumiantes, a pesar de ser radicalmente vegetarianos, que digo, veganos de suyo, de darnos sin rechistar leche, lana, cuero y carne, no son muy simpáticos ni mucho menos zalameros. Y entre los menos zalameros destaca el ganado vacuno que, para más inri, parece que sus pedos de metano producen hasta el 14% de todas las emisiones de efecto invernadero. Por consiguiente, siguiendo las indicaciones del Ministro Garzón, hay que reducir el número de vacas al mínimo para evitar semejante daño y el no menos peligroso que genera su sabrosa carne y su leche generadora de mantequilla, quesos y yogures malignos.

Mucho más simpáticos, zalameros y obedientes son los cánidos y algo menos los gatos, aunque adorables, suaves al tacto, eróticos sus dulces ronroneos y hasta juegan al escondite. Por estos méritos ambos han pasado en unos decenios de ser ayudantes de caza y severos guardianes de ganado y haciendas, a animales de compañía o mascotas obedientes. Solo tienen un par de pequeños defectos, no terminan de adaptarse a los retretes humanos ni a la alimentación vegana. Es más, siguen comiendo carne como posesos.

En España, la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), calcula que en 2019 había unas 13 millones de mascotas registradas, aunque admiten que puede haber otros 10 millones sin registrar, en concreto se calculan 15 millones de perros y 2,5 millones de gatos que viven en el 36% de los domicilios particulares. Respecto al gasto medio de cada animal de compañía, calculan que supera los 1.200 euros al año, mientras que deducen que los españoles invierten tres horas diarias en sus mascotas. Poco me parece cuando veo como los cuidan mis amigos, siempre atentos a sus necesidades y alimentados a placer, con pienso envasado en paquetes y latas más relucientes que los de cereales infantiles y las de caviar Beluga Caspian Pearl. ¿Y qué ingredientes contienen esos magníficos alimentos para nuestras obedientes mascotas? Pues principalmente salmón, pollo, cordero, buey, vaca y pavo. Eso si, de alta calidad y super ecológicos, sin soja, trigo ni maíz añadidos, sin colorantes, aromatizantes ni conservantes artificiales.

Teniendo en cuenta que un perro medio adulto puede ingerir 1 kg de pienso al día y un gato 70 gramos. Que en Europa, según la FEDIAF (European pet food industry), en 2019 había 90 millones de perros y 110 millones de gatos. Que estos animalitos consumieron 8,5 millones de toneladas de salmón, pollo, cordero, buey, vaca y pavo ecológicos. Que sus amos gastaron 21.800 millones de euros ese año en alimentarlos. Que si son cívicos, como se supone, los amos europeos para sus mascotas consumen, al menos, 73.000 millones de bolsas de plástico más los correspondientes accesorios de recogida y otros cachivaches cada año (algunas bolsas se anuncian biodegradables y perfumadas), con un costo aproximado de 8.000 millones de euros, para recoger las boñigas que sueltan sus animalitos cada día en las calles y jardines de Europa. Que el incremento anual de piensos para mascotas es del 2.8%. Teniendo estos datos en cuenta, ahora, si les apetece, deduzcan el metano, la energía, los envases y la logística que precisan sus mascotas y luego hablamos del efecto invernadero, la regresión demográfica y el hambre en el mundo.