EL MINISTERIO DE LA VERDAD WOKE

Esta semana ha surgido en EEUU un escándalo en las redes sociales, derivado del nombramiento de Katherine Maher como directora ejecutiva de la National Public Radio (NPR), -el servicio de radiodifusión pública de Estados Unidos que produce programas para una red nacional de más de mil estaciones de radio en los cincuenta estados y el Distrito de Columbia-, cuya trayectoria como Ex directora ejecutiva de Fundación Wikimedia, ha sido denunciada documentalmente por el periodista, Christopher F. Rufo quien, además de publicar decenas de tuits y vídeos en los que Maher muestra su baja catadura moral y su sectarismo izquierdista woke, la describe así: «K. Maher pertenece a una creciente cohorte de directivas adineradas de izquierda que dominan RR.HH. y DEI (Recursos Humanos integrados en Diversidad, Equidad e Inclusión). Es el arquetipo de las matriarcas del American Longhouse woke del Partido Demócrata que valoran su seguridad y estatus por encima de la libertad, la censura por encima del debate y relativismo sobre la verdad». Y continua Rufo: «K. Maher no sólo quiere «eliminar la mala información» en los medios e Internet. Quiere reemplazarla con «buena información» (es decir, narrativas de izquierda) y obligar al público a «sentarse dentro de esa buena información» como «un colectivo»».

La evidencia sectaria de la censura en la Wikipedia ha sido reconocida por su cofundador Larry Sanger, quien asegura que Wikipedia ha sido corrompida ideológicamente, hasta el punto de plantear la posibilidad de que Katherine Maher colaborara con la inteligencia estadounidense para luego apostillar que, si la NPR estuviera comprometida con la verdad, la despediría «de inmediato«.

Hace unas semanas, publiqué un artículo sobre organizaciones privadas “sin ánimo de lucro” cuya actividad, finalidad, financiación y estructura organizativa no tienen, en términos de legitimidad e incluso legalidad, derecho de arrogarse la lucha contra la “desinformación”, horrible neologismo para describir la censura. Estamos ante una red tentacular agrupada en el llamado “Fact-Checking” que es financiada directa o indirectamente por gobiernos, en concreto la UE, EEUU, Canadá, Australia, etc. y por los conglomerados de tecnología y redes sociales que conocemos, a los que sirven en la labor de censurar toda publicación que no sea respetuosa con el mainstream ideológico también llamado políticamente correcto. Esta vigilancia pone en el borde de la navaja a particulares, medios de comunicación y empresas hasta el punto de que, para ponerse a salvo de las reacciones de cancelación del sacerdocio woke, muchas marcas se han organizado en plataformas preventiva como el Global Alliance for Responsible Media.

No descubro nada nuevo para quienes participamos en alguna red social buscando la verdad, pues tenemos que hacer equilibrios semánticos y autocensura para soslayar la censura que nos vigila como Gran Hermano. De hecho, padecemos el prejuicio de unas empresas sostenidas con el dinero de los contribuyentes para establecer que es cierto y que no, que borran todo aquello que no se ajuste a su “verdad” oficial sobre salud, sexualidad, alimentación, razas, cambio climático, etc. Su verificación de datos son sentencias utilizadas por los VLOP y VLOS que sirven para identificar y suprimir “desinformación”. Meta, por ejemplo, informa que utilizó más de 190.000 artículos distintos de verificación de datos para etiquetar y reducir la amplificación de más de 40 millones de contenidos en Facebook en la primera mitad de 2023.

De hecho, se trata del COMPLEJO INDUSTRIAL DE LA CENSURA que combina métodos establecidos de manipulación psicológica, herramientas altamente sofisticadas de informática, incluida la inteligencia artificial, expertos en doctrinas wokes, feminismo, movimientos queer, neolengua, identitarismo y culto al agravio, personalidades, puntos de vista marginales, junto con funcionarios, contratistas y hasta robots rusos.

A las empresas del complejo industrial de la censura autodenominadas como verificadoras de datos, los estados les han concedido unas mantas de cobertura legal tales como la Red Europea de Normas de Verificación de Datos (EFCN) signataria del Código Disinfo que dice deben cumplir el Código Europeo de Estándares para Organizaciones Independientes de Verificación de Datos, y están sujetos a un procedimiento de queja de EFCN. Es decir, un conglomerado burocrático al margen de los tribunales de justicia.

Famosa por sus desmanes es la Counter Disinformation Unit (CDU – Unidad de Lucha contra la Desinformación) establecida en marzo de 2020 para «Tomar medidas enérgicas contra la “información falsa sobre el coronavirus en línea”».

Pero quien seguramente más se parece al vigilante Ministerio de la Verdad orweliano es la norteamericana NewsGuard, una organización con fines de lucro que califica la credibilidad de las fuentes de noticias, ofreciendo servicios de suscripción que se pueden comprar e incluso aparece en las aulas donde se enseña alfabetización mediática. Entre los socios de NewsGuard se encuentran el Departamento de Estado de Estados Unidos, el Departamento de Defensa y la Organización Mundial de la Salud, cuya institución considera que respalda dogmáticamente como un hecho indiscutible. Quizás lo peor de todo es que NewsGuard se ha asociado con la Federación Estadounidense de Maestros para difundir el uso de NewsGuard en todas las escuelas. Se trata del sindicato de docentes encabezado por Randy Weingarten, quien defendió el cierre prolongado de escuelas debido al Covid y ahora afirma deshonestamente lo contrario. «Hemos podido llevar nuestra herramienta de calificación de confiabilidad de noticias a más de 800 bibliotecas públicas, donde 7 millones de usuarios de bibliotecas públicas usan NewsGuard cuando van a la biblioteca para obtener acceso de banda ancha», se jactó NewsGuard en su anuncio de la AFT. Y ya estamos siendo utilizados en docenas de escuelas y universidades públicas, así como en escuelas independientes».

Pero la arrogancia y agresividad de estas organizaciones que se atribuyen la posesión de la verdad ha llegado a tal punto de prepotencia, que el valiente periodista británico, Freddie Sayers ha publicado un exhaustivo informe en vídeo sobre el misterioso Global Disinformation Index (GDI – “Índice de Desinformación Global”) censor del discurso político en Europa y Estados Unidos.

Así, el blog de Freddie Sayers https://unherd.com/ recibe correos electrónicos de GDI de este estilo: “Nuestro equipo volvió a revisar el dominio, la calificación no cambiará ya que continúa teniendo narrativas anti-LGBTQI+… Los autores del sitio han sido criticados por ser anti-trans. Kathleen Stock es reconocida como una feminista “prominente y crítica con el género”. Una justificación transmitida después de una serie de solicitudes, para incluir a UnHerd en la llamada “lista de exclusión dinámica” de publicaciones que supuestamente promueven la “desinformación” y, por lo tanto, deberían ser boicoteadas por todos los anunciantes.

Se trata de mucho más que censura, estos de Global Disinformation Index y otros semejantes, hacen listas negras para arruinar y desprestigiar a quienes no obedezcan los mandamientos de la doctrina woke, discrepen de la ruta de las agendas climáticas, mantengan que existen diferencias biológicas entre los sexos o critiquen cualquier otro tabú de la izquierda reaccionaria o del capitalismo corporativista global quienes se han aliado en el objetivo de establecer un mundo feliz orweliano.

Enlace al vídeo en que Freddie Sayers denuncia (en inglés) a Global Disinformation Index.

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EL MINISTERIO DE LA VERDAD WOKE

Por Pablo Rojo Pablo time to read: 5 min
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