ENSEÑANZAS DE UNA NEVADA «HISTÓRICA»

15/01/2021.

La categorización por medios y políticos de “nevada histórica”, causada por la borrasca Filomena, a los vejetes del lugar con memoria aún aceptable, nos parece algo pomposa y tramposilla. En realidad, ha sido un temporal que, con mayor o menor intensidad, se produce todos los inviernos en la península ibérica cuando convergen los vientos fríos del norte (conocidos como olas de frio) con los ábregos del sudoeste atlántico. Y sucedió que la borrasca Filomena, confluyó con una masa de aire fría procedente del ártico en la meseta sur, la Carpetovetónica y la franja aragonesa del Sistema Ibérico entre el 7 y el 11 de enero pasado, produciendo una intensa nevada en dichas regiones, con espesores medios de 50 centímetros. Mientras que en los pueblos los paisanos se las arreglaban bravamente con sus palas y tractores, los inermes urbanitas de Albacete, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Soria, Teruel, Toledo y Zaragoza sufrimos, primero, el colapso y, luego, una paralización que, en el caso de Madrid y Toledo, perdura una semana y «alguna más» según el alcalde José Luis Martínez Almeida en declaraciones del jueves 14 de enero. El caso es que en la noche del viernes 8 de enero, en las regiones y ciudades indicadas, se suspendieron los servicios de ferrocarril, de los autobuses de línea, de los municipales y el aéreo al clausurar el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

Las autoridades de aquí, de allá y de acullá, han justificado la prolongación de los bloqueos por hielo persistentes en demasía, aduciendo la excepcionalidad de la nevada y la permanencia de temperaturas nocturnas bajo cero, junto con la falta de medios debido a dicha excepcionalidad. Pero cuando se les evidencia la patente descoordinación e ineficacia en la conclusión del bloqueo, salen por peteneras y echan la culpa al adversario político. El culmen de la incompetencia es la redacción de la nota vigente hoy viernes 15 de enero en la página web del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas: «… se está recuperando gradualmente las operaciones en las terminales T1, T4 y T4 debido a las heladas y temperaturas mínimas». Pero cuando se pregunta acerca de las causas de la penosa perturbación del aeropuerto más importante de España y el ralentí del ferrocarril al ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana …, José Luis Ábalos Meco, en vez de dilucidarlos, responde irritado señalando la lamentable situación de las calles de Madrid. Bien es cierto que en la ciudad de Madrid, una semana después de la nevada, los autobuses siguen sin funcionar porque la mayoría de sus carriles siguen colmados de hielo. Además, las aceras son parcialmente transitables gracias a que porteros, comerciantes y vecinos las han ido limpiando, mientras la falta de dispersión de disgregadores de hielo como sal con arena, sal con cloruro potásico, salmuera con cloruro cálcico o mejor, acetato de calcio-magnesio, brillan por su ausencia. Así, a día de hoy solo funcionan unas pocas líneas de autobuses urbanos y en buena parte de la capital tampoco funciona el servicio de recogida de basura, mientras que la limpieza de las calles es un desiderátum.

Esta chusca realidad contrasta con los datos oficiales, tanto los del Ministerio de Fomento, del Ayuntamiento de Madrid y demás comunidades, ayuntamientos y diputaciones concernidas. De esta suerte, el Consistorio madrileño dice que puso en funcionamiento 135 máquinas quitanieves el domingo 10 de enero, 758 el martes 12 y 1.001 el miércoles 13. Esta flota invencible parece que es conducida por 6.034 operarios, suplementados por 1.200 más durante la semana «ante la lentitud en el avance de los trabajos». Además, la Unidad Militar de Emergencias (UME) colabora desde el sábado pasado en la limpieza de las grandes vías y accesos a hospitales y otros edificios estratégicos en Madrid, Toledo, etcétera. Con todo, el Ayuntamiento madrileño admite que el viernes 15 solo están despejadas el 25% de las calles.

 

El descuadre entre datos y resultados sería desconcertante si analizáramos con baremos productivistas privados o incluso públicos de otros países donde la función pública ha evolucionado desde el siglo XIX. Pero con la administración pública española dirigida por la miríada de políticos profesionales hemos topado. Falta de medios aducen, cuando, por ejemplo, el ayuntamiento de Madrid a través de los contratos actuales de limpieza viaria, dispone de «medios mecánicos sostenibles e inteligentes» que incluyen 200 camiones cisterna para mal baldear calles, cerca de 2000 operarios, además del “Plan de Nevada de la Ciudad de Madrid” y un “Plan de Emergencias Invernales del Ayuntamiento de Madrid (PEIAM) 2020-2021”. Pero la realidad terca de los hechos indica que baldear las 9.139 calles madrileñas (992 kilómetros) con salmuera y esparcir sal durante las 24 horas del día como es necesario, con los cientos de camiones cisternas de que dispone el ayuntamiento y los miles de operarios de limpieza vial, constituye una acción ciclópea que precisa semanas. Y aunque algo más laborioso es retirar las ramas rotas y algunos árboles caídos, el que semejante tarea apenas se haya iniciado transcurridos seis días, es un índice de tortuguismo parejo al de la administración de justicia.

Mañana en la Puerta del Sol de Madrid durante la nevada de 1963.

Podría ejercer de abuelo Cebolleta y contar los recuerdos de algunas nevadas en Madrid, pero me parece más apropiado acudir al comentario del conocido veterano meteorólogo José Antonio Maldonado, quien esta mañana en la COPE ha explicado que, a pesar del cambio climático y demás relatos, las olas de frío en España son recurrentes. Claro que si la memoria histórica es frágil y subordinada, la memoria meteorológica es cortoplacista y caprichosa, por consiguiente, hay que acudir a los archivos para recordar alguna gran nevada en Madrid. Así comprobamos que algunas no son tan lejanas, por ejemplo la del 7 de enero de 2018, la ola de frío entre el 8 al 15 de febrero de 2012, o la nevada del 4 de marzo de 2011. Más comprensible es olvidarse de la catastrófica nevada de enero de 1985 con 45 provincias afectadas, las de enero y marzo de 1971 cuando 38 personas murieron por congelación, las tres seguidas de febrero de 1963, la entonces celebrada del 24 diciembre 1962 y la más duradera de «el año del frío» de Febrero de 1956. Seguramente la selectiva memoria me rebobina mis jubilosas vivencias con la nieve en 1962 y 1963, con los barrenderos madrileños empujando la nieve y los soldados apaleándola a los camiones del ejército. Es cierto que, por entonces, los soldados eran de reemplazo, muchos y poco dispendiosos, mientras que los barrenderos municipales trabajaban duro hasta que, como los serenos, en 1986 pasaron a engrosar las oficinas del Ayuntamiento por la gracia de Enrique Tierno Galván. El caso es que aquel duro trabajo permitió que los tranvías y autobuses no pararan y que los chavales acudiéramos al cole contentos y deseando salir al patio para jugar con la nieve acumulada.

Esta nevada ha caído en mal momento y sus efectos, catastróficos en muchos casos, se suman a los de la COVID-19, al rompecabezas de restricciones y medidas descoordinadas e irreflexivas, al incremento desbocado del precio de la energía y los alimentos y a la incapacidad de distribuir y aplicar con urgencia las vacunas. Estas aciagas coincidencias no pueden ser casuales ni accidentales, tienen que tener causas concretas que, aunque evidentes, los intereses espurios procuran ocultar. No hace falta ser Sherlock Holmes para advertir que la administración pública española está vetusta y sustentada sobre una organización burocrática, donde prima el corporativismo jerárquico capador de la innovación y la iniciativa, al tiempo que mantiene una dualidad estatutaria con privilegios para unas elites concretas y migajas para las bases de las innumerables pirámides y piramiditas corporales. Y todo ello sustentado en un desbarajuste retributivo caciquil e injusto, claramente desincentivador y discrecional, mejor dicho, arbitrario. De esta guisa, pululan los chollos sin merito ni capacidad que valga, pero muy bien gratificados, exponentes del atroz clientelismo. Así, la lógica del sistema no es satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos sobre la pauta del bien común y la lealtad institucional, sino sustentar lealtades a los jefes políticos y sus partidos como palancas impulsoras de las carreras profesionales de cada enchufado. En este campo abonado de maquinación y desaliento germina el recelo, las zancadillas, los codazos, los boicots y los escaqueos. Es, por tanto, una administración publica ineficaz y, por ende, muy cara, carísima.

2 comentarios en «ENSEÑANZAS DE UNA NEVADA «HISTÓRICA»»

  1. Hiela sobre nevado …
    La lectura del artículo es todo un tratado declara inoperancia ,que pagamos bien caro . Pero las urnas no dan para más …votar cada cuatro años y decidir por el
    Menos malo de los posibles … es tan difícil , cómo pedirles que nuestro voto , sea para su responsabilidad , no sòlo para hundir al votante engañándole , ni, para deshacer lo del anterior. ¡¡… que nieve , que ya llegará el deshielo y lo resolverá . Y el plan ése …. de temporales y emergencias 20-21 . Se heló ,era para pagar amiguetes ….
    Chus G . Ojosnegros

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  2. Buen trabajo. La sociedad española -de arriba a abajo- tiene un déficit de eficacia disimulado con ocurrencias sobre la marcha. Los viejos defectos de la chapuza y el enchufe- que debíamos haber solucionado, han vuelto con más fuerza. No es que no haya gente responsable de arriba a abajo, es que los sepulta una masa acomodaticia y torcida de quizás la mitad de la población, así no se puede seguir.

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ENSEÑANZAS DE UNA NEVADA «HISTÓRICA»

Por Pablo Rojo Pablo time to read: 6 min
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