GUERRA EN LA UE POR EL DINERO VERDE

O EL REVÉS DE LOS CLIMÁTICOS ASTUTOS

Día de Reyes de 2022.

Para comprender mejor este trance, provocado por la propuesta de la Comisión Europea de considerar como “energía verde” la nuclear y el gas natural, parece imprescindible presentar, aunque sea sintéticamente, el campo de batalla y los motivos que estimulan el inesperado enfrentamiento entre los 27 países que componen la Unión Europea.

Con la firma del Protocolo de Kioto y siguientes, la UE se comprometió a limitar el aumento global de la temperatura del planeta, en función de los pronósticos realizados por los “Informes de evaluación y especiales” que, desde 1990 hasta hoy, ejecuta el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo creado en 1988 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Desde sus inicios, los informes del IPCC están conformados sobre la teoría, por demostrar, del origen antropogénico del cambio climático (calentamiento global derivado del aumento observado de gases de efecto invernadero producidos por la actividad humana). Aunque basta repasar los pronósticos del IPCC desde 1990, para dudar del cumplimiento de los “principios de predicción” establecidos en los protocolos científicos, algunos científicos se atreven. Entre los más rigurosos figuran Kesten C. Green y J. Scott quienes en: ”Forecasting global climate change: A scientific approach” (2014) ponen negro sobre blanco la falta de rigor que explica tantos pronósticos fallidos del IPCC y sus consecuencias que resumen así: «Veintitrés de las alarmas derivaron en acciones gubernamentales. Las medidas gubernamentales fueron perjudiciales en 20 casos y no fueron benéficas en ningún caso».

Utilizando la lógica y la experiencia derivada del tiempo trascurrido, parece absurdo que la mayoría de los gobiernos del mundo asuman sin rechistar (otra cosa es que unos cuantos importantes como China, Rusia o India hagan de su capa un sayo) los informes del IPCC. Esta paradoja se aclara cuando se observa la dinámica iniciada con las catastróficas profecías de Thomas Malthus a finales del siglo XVIII, las del Club de Roma en los setenta del siglo pasado y las del IPCC. Esta deriva, más la moralina que nos inunda, han convertido al cambio climático antropogénico en causa ideológica y moral. ¡Ay de quien ponga en duda uno solo de sus mandamientos! Inmediatamente, los guardianes de la causa y los exhibicionistas morales le acusarán de negacionista, verdugo de la Madre Tierra y de mil pecados más. En consecuencia, le aplicarán la pena de cancelación social y profesional a través de los medios adictos a la causa y las redes sociales. Por otro lado, esta causa, como todas, tiene una parte netamente utilitaria pues gobiernos, burocracias estatales y plutócratas en general, la han abrazado con fruición, notablemente los de la UE, esparciendo ingentes cantidades de nuestro dinero en forma de subvenciones y prerrogativas, con el fin de aumentar su poder intervencionista y, de rebote, quien sabe si lucrativo.

Sobre estos pilares ideológicos, la causa del clima remacha su tesis con la pátina que le otorga el “consenso científico”, un consenso que recuerda el de aquellos astrónomos que aseguraron a Einstein que el universo era estable. Por lo tanto, todo esfuerzo es poco con tal de que la temperatura media del clima del planeta no supere 1,5°C con respecto a los niveles preindustriales. Y para evitar la anunciada hecatombe, la UE se propone a “orientar” los flujos financieros para lograr un “desarrollo resiliente del clima”. Aunque determinar en qué consiste el desarrollo resiliente del clima parece tan arduo como determinar el misterio del reino de los cielos, las medidas para intentarlo son muy terrenales.

«CRISIS CLIMÁTICA» LA EXCUSA AUTORITARIA Y NECIA QUE PERPETRA LA DIVISIÓN ENTRE ACTIVIDADES E INVERSIONES SOSTENIBLES O INSOSTENIBLES

Tras establecer en 2005 el régimen de comercio de derechos de emisión (CO2), que ha demostrado la falsedad del cacareado principio del que contamina paga, pues quien está pagando la costosa cuenta es el consumidor, el 11 de diciembre de 2019 la Comisión Europea presentó un plan integral para frenar el avance del cambio climático, con el objetivo de lograr que Europa sea “climáticamente neutra” en el año 2050. Con el denominado Pacto Verde de la UE, implantaron la llamada Taxonomía Europea Verde de la UE que acaba de entrar en vigor en enero de 2022. Se trata de un plan basado en la implantación de un modelo de financiación dopado para las inversiones consideradas favorables para la transición hacia una Europa resiliente al clima. Con esta maquinada formula, se han clasificado sectores económicos e industrias como “sostenibles”, resultando que el resto, por ejemplo: fabricantes de cemento, fabricantes de acero, ganaderos, carniceros, etc. etc. son insostenibles, incluso malditos. En consecuencia, solo las inversiones catalogadas como sostenibles, pueden recibir subvenciones y ayudas financieras de la UE y de cada país miembro.

Entre 2019 y 2021 la UE ha elaborado dispendiosos presupuestos inspirados en el “verde que te quiero verde”, destacando el Marco Financiero Plurianual 2021-2027 (MFP) de 2.018 billones de euros a precios de 2018, en el que se ha integrado el Fondo Europeo de Desarrollo. Además, la UE aprobó el instrumento de recuperación Next Generation EU con 750.000 millones de euros. Esta enormidad que ya estamos pagando los ciudadanos de la UE-27 (emisiones de bonos a largo plazo que se complementan con decenas de miles de millones de títulos de deuda a corto plazo) se reparte en varios programas para estimular la “energía verde”, destacando los siguientes:

Protección de recursos naturales y medio ambiente: MFP 401.000 millones de euros + NextGenerationEU clima: 18.900 millones de euros. Total: 419.900 millones de euros.

Los Fondos de Transición Justa energética del NextGenerationEU cuyo objetivo es lograr la neutralidad climática de aquí a 2050, tiene previsto conceder subvenciones por 10.900 millones de euros.

El Mecanismo de Recuperación y Resiliencia destinado a 7 áreas estratégicas de inversión y reformas (Flagships). De los 69.528 millones de euros que cuenta este programa, un 40,29% se destinan a la promoción de la transición verde y ecológica.

El programa de inversión en investigación e innovación Horizonte Europa 2021-2027 – Objetivos de Desarrollo Sostenible con 95.500 millones de euros a precios de 2018. El apartado de lucha contra el cambio climático cuenta con el 35 %.

Termino el resumido capítulo de bombeo de dinero verde (ya saben, inversión sostenible) con los bonos verdes (financiación o refinanciación de inversión en activos sostenibles y socialmente responsables). Se trata de deuda emitida por instituciones públicas o privadas iniciada por el Banco Mundial en 2007. A esta institución le siguieron otras muchas, incluido el gobierno español que en 2021, emitió la primera emisión de bonos verdes soberanos del Reino de España por importe de 5.000 millones de euros. Esta partida se deriva del “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia”, que afirma, sin sonrojo alguno que: «la recuperación económica española será decididamente verde y azul» Se les olvidó el rojo. Además, el gobierno español ha patrocinado el Plan Nacional de Finanzas Sostenibles para facilitar la emisión de bonos verdes en el sector privado auxiliado por los bonos verdes estatales. De esta suerte, Iberdrola es el mayor grupo emisor de bonos verdes del mundo. Solo a principios de 2021 realizó la emisión del mayor bono verde híbrido de la historia, por valor de 2.000 millones de euros. Un 90 % del plan de inversión 2020-2025 de Iberdrola, dotado con 75.000 millones de euros hasta 2025 y 150.000 millones hasta 2030, se alinea con la taxonomía verde de la Unión Europea para la mitigación del cambio climático.

El caso de Iberdrola es genérico pues como empresa privada de alcance multinacional productora y distribuidora de electricidad, equipos de energía, ingeniería y hasta propietaria de una inmobiliaria, está obligada a subordinar su estrategia a los incentivos de la UE y de los países donde opera, por lo que no le queda otra que asumir el lenguaje emocional de «la crisis climática» y presentarse como adalid de su superación. Pero adaptarse a las circunstancias o incluso aprovecharse a fondo de ellas, puede convertirse en una trampa cuando surgen los conflictos de interés que los incentivos y subvenciones de la UE irremediablemente generan. De hecho, cada país de la UE tiene, desde hace décadas, diferentes estrategias energéticas condicionadas por sus recursos.

FRANCIA TAMBIÉN QUIERE SU PARTE SIN RENUNCIAR A SU ESTRATEGIA NUCLEAR

Coherente con la exitosa estrategia de máxima independencia energética, iniciada en la década de los setenta y un poco más tarde que España, el Presidente de Francia Emanuel Macron, en noviembre de 2021 declaró solemnemente: «Para garantizar la independencia energética de Francia y asegurar el suministro eléctrico en nuestro país, y para lograr nuestros objetivos, en particular la neutralidad de carbono en 2050, por primera vez en décadas relanzaremos la construcción de reactores nucleares en nuestro país y continuaremos desarrollando energías renovables». Esta inesperada declaración puso las orejas de punta a los gobiernos vecinos, sobre todo al alemán y al español.

Y como la realidad tiene la mala costumbre de contradecir a las ideologías, la Comisión Europea (no sean mal pensados y no vean intervenciones de franceses y alemanes), acaba de proponer que las inversiones en energía nuclear y gas natural se consideren verdes, es decir, sostenibles en la transición ecológica y, por consiguiente; calificadas para obtener fondos de Transición Justa energética y el resto de bicocas financieras descritas.

EL GOBIERNO ESPAÑOL SE RELAMÍA COCINANDO EL SABLAZO DE LA REFORMA FISCAL VERDE

No pocas empresas y gobiernos europeos ya tenían hecha la cuenta de la vieja respecto al monto de pasta gansa que obtendrían de las canonjías de la UE. Fue el caso del gobierno español quien cree tenerlo todo atado y bien atado, gracias a la Ley de Cambio Climático y Transición Energética de España, aprobada en mayo de 2021. Se trata de la ejecución de una tabla rasa verdiroja y de un pretexto leguleyo para propinar otro hachazo a la faltriquera del contribuyente, a través del viciado nombre de reforma fiscal verde. Hablamos de un pastiche ideológico lleno de moralina que justifica disparates y atropellos en nombre del sacrosanto cambio climático antropogénico. Sin reparar en gastos, esta ley arrasa con todo lo que suena a nuclear y hace rememorar con cierta nostalgia, el medido programa nuclear dirigido por el eminente físico José María Otero Navascués. Además de doctrinaria, esta ley se distingue por colocar sogas en el cuello al progreso científico y tecnológico, al eliminar la exploración e investigación de recursos aún insustituibles como los hidrocarburos y minerales radioactivos.

La protesta del gobierno español ante la propuesta de recibir la etiqueta verde al gas natural y a las inversiones en centrales nucleares, solo es una reacción de quien, de la noche a la mañana, se encuentra con el culo al aire. Obvio es que Alemania, en su objetivo de etiquetar como verde el gas natural proporcionado por Rusia, tiene como aliados a Dinamarca, Austria y Luxemburgo. Pero todo indica que para lograrlo, ha tenido que tragar con la aspiración francesa y digerir su equivocada decisión de finiquitar sus centrales nucleares. Por el otro lado, con Francia están Bulgaria, Chequia, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Finlandia, Hungría, Polonia y Rumanía. Incluso en el último Consejo de ministros de Energía, este grupo recibió el apoyo de los Países Bajos y Suecia. Al mismo tiempo, el Ministro italiano de la Transición Ecológica en el Gobierno Draghi, Roberto Cingolani, exponía la cuestión con notable realismo: «Están surgiendo tecnologías de cuarta generación, sin uranio enriquecido y sin agua pesada. Hay países que están invirtiendo en esta tecnología, no está madura, pero está cerca de estar madura. Si en un momento determinado ocurre que los residuos radiactivos son muy pocos, la seguridad se ha mejorado y el coste es más bajo, es una locura no considerar esta tecnología. En el interés de nuestros hijos está prohibido ideologizar cualquier tipo de tecnología. Sigamos haciendo números y después tomamos las decisiones».

La reacción airada de ministros españoles y organizaciones ambientalistas ante el triunfo de la realidad, apelando a su superioridad moral como gobierno comprometido en salvar a la Tierra de la próxima hecatombe, algunos incluso se atreven a invocar a la ciencia, tendría gracia si no fuera un guion repetitivo y catequista. Sobre todo porque ahora, desfachatadamente, solo enfocan su crítica a la generación nuclear, esquivando que el gas natural emite gases de efecto invernadero y las nucleares 0 patatero. Así, su diatriba contra las centrales nucleares, se resume a los muchos años que se tarda en construir las centrales, que son muy costosas y difíciles de amortizar y que sus residuos no son reciclables y suponen una losa de miles de años. Estos argumentos y datos hoy son inexactos. Como indica el ministro italiano citado, las recientes tecnologías para las centrales nucleares, junto con los reactores modulares (SMR), que ya cuentan con 72 prototipos en diferentes etapas de desarrollo en el mundo, donde destacan los de Francia y Reino Unido en periodo de prueba, son ya los antecesores del reactor de fusión que más pronto que tarde será la fuente de energía que la humanidad necesita.

Deja un comentario

GUERRA EN LA UE POR EL DINERO VERDE

Por Pablo Rojo Pablo time to read: 9 min
0