EL VODEVIL DE LOS “EXPERTOS”

En toque de queda y esperando el toque de fajina.

24/10/2020.

Pablo Rojo Barreno.

Cuando el experto oficial del gobierno de la nación en pandemias varias, declara con la simpleza habitual que a tantos encandila: «Hay comunidades autónomas que están en riesgo extremo y una que está al límite, pero no le puedo decir más porque no lo hemos estudiado en profundidad» uno se queda patidifuso y consternado. Sobre todo tras ya casi siete meses de soportar constantes apelaciones a «expertos» para justificar todo tipo de órdenes y medidas mayoritariamente despóticas por parte de nuestros gobernantes. Que semejante función se perpetre con desparpajo insolente solo es explicable por la implantación en occidente del relativismo cognitivo y axiológico desde hace, al menos, tres décadas. La expertitis aguda que padecemos en España arraigada en los ámbitos políticos, administrativos y judiciales, es un artificio derivado de la sociología posmoderna que reina en las aulas de las llamadas ciencias sociales, donde se proclama que en el conocimiento científico no existen conclusiones propiamente científicas. Por lo tanto, para los estrategas de la agitación y propaganda instalados en el elefantiásico Palacio de la Moncloa madrileño y sus imitadores en el resto de las administraciones del orondo Estado español, el experto de turno es un guiñol dirigido por un largo guante movido por personajes como Iván Redondo y sus secretarías generales, gabinetes, direcciones y altos comisionados de trolas y embelecos.

Los expertos dicen, los expertos aseguran, los expertos recomiendan, junto con las cotidianas advertencias pavorosas, son los conjuros favoritos del poder para endilgarnos todo tipo de trágalas. Poco importa si el experto evocado lo es en lunas o en traviesas de ferrocarril, lo esencial para que funcione el bebedizo virtual, no es el que aparezca un tipo o tipa en carne y hueso, todo lo contrario, funciona mucho mejor cuando son fantasmales personajes o comités secretos que imposibilite contrastar su inapelable incompetencia. Esta estrategia no funcionaría tan bien como lo hace si no fuera porque, salvo contadísimas honrosas excepciones, los profesionales españoles que ejercen una labor científica no se han prodigado en los medios para explicar a la población, con el rigor que se les supone, las medidas profilácticas contra la infección por SARS-CoV-2.

No me refiero, claro está, al papelón del conspicuo Fernando Simón como director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, ni por supuesto al del ministro filósofo Illa, sino a tantos que han visto como se utilizaba su nombre en vano y a quienes deberían haber aparecido hace tiempo divulgando los datos científicos disponibles sobre la pandemia y su tratamiento, evitando adoctrinamientos y opiniones ideológicas. Así, ni no fuera por sus nefastos resultados, en este estado de arrestados sería un pasatiempo divertido adivinar del pie ideológico que cojea el experto de turno que aparece en los medios, desde el instante que iniciara su discurso. Incluso los pocos suspicaces podríamos adivinarlo tras un par de frases, mientras los listos de verdad a la tercera o cuarta palabra acertarían.

A estas alturas es lacerante comprobar que la confusión y el enredo sobre la epidemia que nos asola, reinan como si hubiera retornado la peste bubónica y las teorías de los miasmas. A los intereses creados se suman indignos lucros de todo tipo disfrazados con excelsas palabras como solidaridad y bien común. Por ello, al discurso del miedo se suma la ausencia de campañas públicas en televisión, radio y grandes medios de difusión públicos y privados, sobre asuntos tan sencillos como los tipos homologados de mascarillas según las Directivas 93/42/EEC y (CE o UNE EN 14683) 2017/745 que, para el uso cotidiano del ciudadano solo deberían ser tres: las llamadas quirúrgicas NF EN 14683 (tipos I, II y IIR filtran entre el 95% al 98% de bacterias), la NF EN 149 FFP2 (filtra el 94% de aerosoles) y la NF EN 149 FFP3 (filtra el 99% de aerosoles). Eso sí, nos avisan que las quirúrgicas son desechables y apenas duran cuatro horas, mientras que las FFP 2 y 3 solo 12 horas. Cuando uno indaga un poco sobre los materiales con que se fabrican o se deben fabricar estas mascarillas, resulta que son filamentos de polipropileno cuyos nombres comerciales son Spunbond, Meltblown, Nonwoven, etc. Y si curiosea un poco más, resulta que estos fabricados son resistentes a la luz, antimicrobianos, tienen gran resistencia a productos químicos, gran resistencia al desgarre y excelente elongación, son antiestáticos, repelen el agua y el alcohol y la temperatura de inicio de deformación es 80ºC. Entonces, ¿Cómo es que solo duran unas horas? Según las investigaciones de la Universidad de Aix-Marseille Université de Francia, el coronavirus SARS-CoV-2 sometido a 60ºC durante una hora las cepas del patógeno no se eliminan por completo, pero casi. Por otro lado, en el listado de la EPA (United States Environmental Protection Agency a la que referencia oficialmente las páginas oficiales del Estado español) uno de los desinfectantes homologados para superficies blandas (porosas) es el alcohol etílico entre 70° y 96°. Entonces ¿Por qué no se pueden desinfectar las mascarillas homologadas horneando las cepas del SARS-CoV-2, si por desventura las tuvieran pegaditas en la superficie externa, a 70ºC durante una horita o pulverizándolas con una ración de 90% de alcohol de 96º y 10% de agua destilada y, con ello, reutilizarlas durante un tiempo razonable en función de sus propiedades físicas y químicas? Ante estas simples preguntas los «expertos» balbucean sin aportar datos ni estudios concluyentes. ¿Dónde están, no se ven las subvencionadas asociaciones de consumidores? Solo FACUA, siempre solicita al poder vigente, puso en duda la calidad de las mascarillas FFP2 repartidas gratuitamente a los ciudadanos por la Comunidad de Madrid. Simultáneamente, los medios de la corrección política y el cambio climático aporrean nuestra conciencia acerca del desastre causado por los plásticos y las mascarillas que acaban en los mares. Entre tanto, el Rapid Exchange of Information System (RAPEX) de la UE, lleva meses denunciando decenas de marcas de mascarillas que no cumplen las normas de filtrado debidas pero si con la moda del momento.

Resulta que los españoles pagamos la existencia de un ministerio de consumo, cuyo titular se colocó una medallita al mérito de la igualdá, cuando impuso por decreto el pasado 21 de abril el precio máximo de las mascarillas quirúrgicas en 0.96 euros la unidad. Este veleidoso ministro amante de la dictadura castrista, no tuvo a bien explicarnos como había llegado a esa cifra, cuando ya entonces era archisabido que; fabricantes ubicados en India vendían estas mascarillas a 0,042$ la unidad para pedidos superiores al millón. Claro que por la misma época el Ministerio de Illa compró 460 millones de mascarillas quirúrgicas a 0,75€ la unidad IVA excluido, mientras que en algunas plataformas de venta online se podían encontrar paquetes de 500 unidades a 0,22$ la unidad. Y cuando se pregunta a la desenvuelta ministra del ramo impositivo los motivos por los que los apaleados ciudadanos tenemos que acoquinar el 21% de IVA cuando compramos mascarillas, con el desparpajo que le caracteriza asegura que la UE no permite reducirlo, cuando es archisabido que la mayoría de los países han suprimido o reducido esa carga impositiva.

Mientras los fantasmales comités de expertos bullían por los despachos oficiales, a mediados de septiembre el I Congreso Nacional COVID-19, publicó un manifiesto a favor de una respuesta coordinada, equitativa y basada en la evidencia científica y el interés general, firmado por 55 sociedades científicas españolas y dirigido a la clase política por la gestión de la COVID-19 con el eslogan siguiente: «En salud, ustedes mandan pero no saben» Enlace. Cuando me enteré de la noticia suspiré con un por fin, pero su lectura me recordó las amonestaciones de mi maestro Don Vitaliano sobre vicios tan nefandos como el truismo.

La avispada diputada de Coalición Canaria, Ana Oramas, hace unos días llamaba a la sensatez, a proceder «con cabeza» contra la pandemia, mientras relataba su último viaje de ida y vuelta en Iberia entre Madrid y su natal Santa Cruz de Tenerife con los dos aviones repletos, mientras los viajeros portaban mascarillas a ratos pues se las quitaban cuando comían y bebían. Al mismo tiempo, se publicó la Declaración de Great Barrington: Enlace una propuesta rubricada en el Instituto Americano de Investigación Económica en Great Barrington, Massachusetts. Firmada por más de 9.000 científicos y más de 23.000 médicos, propone adoptar medidas para proteger a los vulnerables mientras que quienes no lo son, deberían reanudar inmediatamente su vida con normalidad. Por supuesto, los medios antiliberales que en España son casi todos, en vez de analizar la propuesta y criticar sus probables defectos, se han dedicado a poner en duda a tantos firmantes y a hablar de profesores Bacterio –seguramente derivado del inconsciente que recordaba a un tal Simón- mientras apelaban a «lo que se sabe que funciona para controlar al coronavirus». ¿Qué funciona? Menos mal. Algo más seria es la crítica del Memorando Snow Enlace que pone en duda el objetivo de la inmunidad colectiva si no es a través de la vacunación. Bueno está que los científicos debatan pues, junto con la investigación que es el primer mandamiento para lograr el avance del conocimiento, puede mejorar el entendimiento. Aunque sería aún mejor si en este debate la ideología fura desterrara en favor de la lógica.

Mientras España sufre la mayor recesión desde la Guerra Civil, acumula el mayor déficit y deuda pública desde la recesión tras el desastre de 1898, el mayor paro real de la historia contemporánea y con los españoles confinados y atemorizados por una desordenada y oportunista gestión de la pandemia, el gobierno de la Nación confecciona los Presupuestos Generales del Estado basándose en el cuento de la lechera. Simultáneamente, lleva adelante su propósito hegemónico totalitario sobre el poder judicial con todo tipo de fullerías y correteas, la educación con la ley “Celaá” para el fomento de la ignorancia y la vagancia, de la historia con la ley de memoria democrática inspirada en la distopía orwelliana “1984” más la ley de regulación de la eutanasia inspirada en la misma obra.

Malos tiempos para la lírica … y para la ciencia.

LA VENGANZA COMO MOTOR DE LA HISTORIA

Madrid, 06/08/2020

«Que no se ha marchao, que lo hemos echao»

Alguna vez mi padre me contó, con notable exactitud, su participación, con apenas 14 años, en la jubilosa manifestación de masas acaecida en la tarde del 14 de abril de 1931 entre la fuente de Cibeles y la Puerta del Sol madrileñas, festejando la caída de Alfonso XIII y la proclamación de la II República. Según contaba, al anochecer, los manifestantes madrileños se enteraron de la salida, a toda prisa, del Monarca y su familia del Palacio Real rumbo al exilio. Entonces, los gritos pidiendo la cabeza del “Africano” (Alfonso XIII) se transformaron en un salmo revelador: «Que no se ha marchao, que lo hemos echao». Esta sentencia espontánea rebelaba algo más que satisfacción por el acontecimiento y la proclamación de un orden nuevo, era el indisimulado placer que producía a las masas la humillación al gran ofensor, la venganza final de los parias de la tierra, la placentera sensación de la vuelta de la tortilla de una vez por todas.

La reciente decisión del rey Juan Carlos I de abandonar España, seguramente se deberá a varios motivos, sin descartar el hartazgo, aunque la lectura más generalizada es la del sacrificio personal en defensa de la institución que encabeza su hijo Felipe VI. Otra versión, no menos oficial por cuanto se publica desde el Consejo de Ministros y en el Congreso de los diputados por la coalición y grupos que sustentan al actual gobierno, juzga que es una huida del culpable de no se sabe aún bien que crímenes. Y entre medias, se propaga la versión del chivo expiatorio para tapar los muchos errores del gobierno tocante a la COVID-19. Sobre estas dos últimas hipótesis, se vierten todo tipo de relaciones con algunos acontecimientos históricos a través de la mención de nombres señeros; Carlos I de Inglaterra, Luis XVI de Francia o Nicolás II de Rusia, naturalmente asociados a cabezas, hachas, guillotinas y sótanos de Ekaterimburgo. No obstante, no abundan quienes superan intenciones y nostalgias y se atreven a continuar la referencia histórica hasta enlazarla con la suerte de Danton y Robespierre y, para más inri o recochineo, describir el mismo gozo sentido por las ciudadanas tejedoras francesas con la caída de la cabeza en el cesto del ciudadano Capeto, del Incorruptible Robespierre y del Buen dictador Danton. Muchas pistas dan la evocación histórica sobre el placer de las ciudadanas tejedoras viendo cortar cabezas de los poderosos, de cualquiera de ellos pues todos, desde el Rey hasta los revolucionarios ahora traidores, eran culpables de las humillaciones y ofensas ancestrales a la plebe que, de pronto, se había convertido en masa de ciudadanos con derecho al espectáculo de hacer del pasado tabla rasa y dar vueltas a las tortillas.

Antes que Rodríguez Zapatero, Jean Paul Marat recetó «mantener constantemente al pueblo en un estado de excitación hasta el momento en que “leyes justas” lograran cimentar definitivamente al régimen revolucionario». Dicha excitación, entonces y ahora, se inculca con inyecciones diarias de odio y resentimiento, eso que algunos llaman la politización del dolor con la precaución de reservarse la exclusividad de determinar los dolores politizables y los que no lo son. Desde esta formidable presunción maniquea, las corruptelas e iniquidades de la derechona y la monarquía borbónica, ciertas o sospechadas, son las causantes exclusivas de que las clases populares sufran los estragos de la crisis sanitaria y social. De nadie más y mucho menos de quienes señalan culpables enseñoreando coleta y barba hirsuta y desgreñada, imitando a sus amados descamisados agraviados o encorbatados resentidos que les votan. Y del alago interesado al amado pueblo se pasa a la irresponsabilidad del explotado, humillado y ofendido. Por ejemplo, del que tiene que okupar la vivienda del vecino debido a que la derechona y la monarquía borbónica y nadie más, son los responsables de la especulación inmobiliaria y la falta de vivienda asequible para los jóvenes. Incluso que la ocupación se haya convertido en un magnífico negocio para mafiosos, la culpa es de los propietarios abusadores, de los bancos especuladores y, por supuesto, de la derechona y la monarquía borbónica.

Juan Carlos I es responsable de toda su trayectoria como monarca, de indudables aciertos y de algunas acciones reprobables durante su senectud, pero creo que el balance histórico riguroso le será favorable. Que los gurús del palacio de la Moncloa utilicen la dialéctica del bueno y el malo, para humillar al Rey, utilizando la vieja estrategia de hacer leña del árbol caído para prender la hoguera purificadora que iguala a todos, empieza a ser arriesgado. El peligro de prender la llama de la agitación contra el chivo expiatorio, cuando objetivamente pintan bastos y el ferragosto pandémico ha secado la pradera de las sinecuras tapabocas, el que las llamas de la humillación se propaguen, como en su día comprobaron Danton, Robespierre y Trotski, no es improbable, pues sabemos que se puede prever cómo empieza la algarada pero no como termina. A propósito, hace solo unos días, el 10 de Termidor del año II, se cumplió el 226 aniversario del guillotinamiento de Robespierre.

EL HIJO DEL SIGLO. UNA NOVELA HISTÓRICA

Madrid, 01/07/2020

No fueron las críticas leídas en algunos suplementos culturales acerca de una llamada ficción documental sobre el ascenso al poder de Benito Mussolini escrita por Antonio Scurati con el título: “El hijo del siglo”, lo que me ha inducido a leerla, sino un comentario de Nicolás Redondo Terreros en el programa radiofónico Herrera en COPE en el que atestiguó el placer y asombro que le estaba produciendo su lectura y la recomendación de leerla a todo aquel que quisiera entender el fenómeno del fascismo. Semejante invitación por parte de una persona que mamó el socialismo como hijo del dirigente del PSOE y UGT Nicolás Redondo Urbieta, que de adulto llegó a secretario general del Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra (PSE-EE) y abandonó con honor la política profesional, creo que merece la debida atención de quienes, como es mi caso, aún tenemos curiosidad y ganas de entender los procesos históricos recientes que, nos guste o disguste, aún influyen en nuestra vida. A este contundente motivo se suma el hecho de que haber vivido en la Lombarda y laboriosa Brescia durante los dos últimos años del siglo XX, reanimó mi interés por la historia de Italia. Por otro lado, tampoco parece casual que fascista siga siendo el improperio prominente en España, aunque se emplee con estruendosa venalidad. Así que hace unos días adquirí “El hijo del siglo”, un vademécum tamaño A5 ampliado (17×24 cm) de 819 páginas con letra normal y por ello algo incómodo para quienes, como es mi caso, les guste leer en la cama para mejor conciliar el sueño.

Buen narrador de sensaciones, sentimientos y ambientes, Antonio Scurati nos sitúa en la Italia vencedora pero arruinada tras acabar la Primera Guerra Mundial. Relegada por sus aliados, entonces Italia solo consiguió afianzar las pequeñas comarcas de Trieste, Trentino, Alto Adigio, Istia y Zara, mientras apenas recibía indemnizaciones que pudieran amortiguar la recesión industrial en las regiones trasalpinas del valle del Po, al tiempo que persistía en la tierra más fecunda de Italia el latifundismo. A la par, la Revolución Bolchevique de 1917 animaba la lucha de clases revolucionaria emprendida por el Partido Socialista Italiano, mientras que los centenares de miles de excombatientes voluntarios que se habían batido contra el Imperio austrohúngaro y Alemania en las sangrientas batallas del Isonzo y en la cruenta humillación de Caporetto, comprobaban que sus proezas bélicas eran desestimadas por los gobernantes y buena parte de la sociedad. El repudio más notorio hacia los veteranos soldados provenía de los líderes socialistas que, consecuentes con el internacionalismo proletario, se habían opuesto a la entrada de Italia en la guerra. Para los conservadores y liberales eran un incordio más que se sumaba al conflicto revolucionario liderado por socialistas y anarquistas que ponía en peligro la continuidad del régimen caciquil basado en una monarquía constitucional personificada en Vittorio Emanuele III de Saboya, Duce supremo de Italia y aquiescente con el “trasformismo” que había envilecido los principios liberales tras el Risorgimento.

Este resumen de situación histórica Scurati lo va desplegando sobre anécdotas y cavilaciones de los personajes, sobre todo de los “Camice Nere” que se van adhiriendo a los fascios (Liga de Acción Revolucionaria del Fascio, fundada en 1914 por Mussolini y De Ambris que toma el nombre fascio de los luchadores de la Roma Imperial), la mayoría voluntarios de las fuerzas de asalto de élite Arditi (Osados) quienes, como la mayoría de obreros y campesinos se encuentran en paro y hambrientos, pero dispuestos a enrolarse en las bandas de la porra del fascio “Ligas y Escuadras de Combate” que les aporten un sustento y justifique su pasado y quizá su futuro.

A las duras condiciones económicas de una posguerra desastrosamente administrada, se suman las ideologías redentoristas con los consabidos resentimientos generadores de venganzas revanchistas. La lucha de clases se vuelve despiadada y la toma del poder proletario parece estar en la punta del fusil. Así se inician las ocupaciones de fábricas y tierras que desencadena el “Biennio Rosso” entre 1919 y 1920 que Antonio Scurati disgrega en lances particulares. Pero lo cierto es que el bienio rojo fue un formidable intento revolucionario armado con su “Guardie Rosse” modelo bolchevique que defendía las ocupaciones de las fábricas y se preparaba para asaltar el poder del Estado. La condescendencia con que Scurati escribe sobre el proceso revolucionario es demasiado evidente. Apenas nombra de pasada a Antonio Gramsci, no registra su notorio liderazgo en los consejos obreros de Turín y tampoco señala la actividad revolucionaria de los anarquistas de la Unione Sindicale Italiana y de su líder Errico Malatesta, ni mucho menos menciona los escuadrones armados “Arditi del Popolo” del anarcosindicalista Argo Secondari. Y así, entre las descripciones detalladas de Scurati de decenas de episodios sangrientos y despiadados protagonizados por los fascios de Mussolini que dirigieron personajes pendencieros como Italo Balbo, surge el terrible atentado conocido como Strage del Diana ocurrido el 23 de marzo de 1921 en el teatro Kursaal Diana de Milán, donde una bomba arrancó la vida a 22 personas inocentes y causo más de 80 heridos graves. La evidencia de un atentado anarquista dirige las pesquisas hacia Antonio Pietropaolo quien, junto con otros estudiantes anarquistas, antes había incendiado la sede del periódico socialista Avanti y la central eléctrica de via Gadio. La masacre del Kursaal Diana reforzó el discurso de la utilización de la violencia política de Mussolini. Ellos, los fascistas, eran guerreros que iban a pecho descubierto a la caza de rojos y anarquistas, mientras que estos usaban la violencia traicionera e indiscriminada. Mejor que los argumentos es la intimidación puesto que la seguridad de poseer la causa justa concede la buena conciencia y permite la barbarie. Con esta fórmula, los Roberto Farinacci, Italo Balbo y demás jefes de las escuadras fascistas, seguros de la utilidad de su ideología y apoyados por intelectuales y artistas futuristas, siguieron organizando razias criminales contra militantes y dirigentes socialistas, anarquistas y comunistas sin sentimiento de culpa alguno. ¡Qué otra cosa fue la Marcha sobre Roma!

Mientras que Antonio Scurati opaca un tanto los acontecimientos históricos con anécdotas, estas le sirven para desplegar un extenso y denso relato sobre las personalidades de los líderes fascistas. Por supuesto se explaya con la de Benito Mussolini pero también describe ampliamente las de Gabriele d’Annunzio, Filippo Tommaso Marinetti, Alceste De Ambris y otros muchos. Asimismo se permite contrastar estas personalidades con las de algunos de sus adversarios, sobre todo con la del socialista Giacomo Matteotti asesinado por los esbirros de Mussolini. El problema es que ese contraste cae en un manifiesto maniqueísmo. La insistencia machacona de Scurati describiendo al machista misógino, follador obsesivo compulsivo y eyaculador precoz que, a pesar de su mediocridad intelectual, manipula masas y líderes con desenvoltura y casi siempre logra sus fines, seguramente es eficaz para presentar a un Mussolini arquetipo del líder populista y a los demás fascistas que le acompañaron como ineptos sicópatas, pero resulta grotesca como explicación histórica.

La deriva del maestro de escuela, luego periodista y director del órgano oficial del Partido Socialista Italiano Avanti, desde el socialismo marxista al intervencionismo y luego al nacionalismo corporativista, no se aborda en esta densa novela y, sin embargo, el triunfo de Mussolini en el estado caótico de una Italia colapsada y carente de perspectivas comerciales internacionales francas, no solo se puede explicar por la actividad amedrentadora de los camisas negras, también existió un discurso y un programa muy inspirado en la encíclica Rerum Novarum, de mayo de 1892 cuando dice: «Los capitalistas y los propios obreros pueden contribuir en gran medida a resolver el problema obrero mediante instituciones que ofrecerían el oportuno socorro a las necesidades y a aproximar a las dos clases entre sí. Tales son, por ejemplo, las sociedades de ayuda mutua, los múltiples seguros privados: pero ocupan, sin embargo, el primer puesto las corporaciones de artes y oficios. Muy patentes fueron en tiempos de nuestros antepasados las ventajas de dichas corporaciones. Vemos con placer cómo se constituyen por doquier asociaciones de este tipo y es deseable que crezca su número y actividad». Y sobre el programa corporativo previamente acordado, tan pronto como el 19 de diciembre de 1923 Mussolini preside la firma del acuerdo entre Confindustria y la Confederación de las corporaciones fascistas que se unificaron en un solo sindicato de patronos y obreros. Y no por casualidad en las mismas fechas en España, tras el llamado Trienio Bolchevique (1918-20) que justifica el pronunciamiento de Primo de Rivera, el ilerdense Eduardo Aunós Pérez apoyado por Juan Flórez Posada, inician el Estado Corporativo en España donde participaron el PSOE y sobre todo la UGT de Francisco Largo Caballero.

Claro que el libro que nos ocupa no es un ensayo histórico sino una novela que, sin disimulo, en vez de avisarnos de las condiciones objetivas en que se pueden producir fenómenos totalitarios como el fascismo, prefiere contarnos la miseria humana de quienes protagonizaron aquel régimen, por si de rebote al lector le aparece la figura de Matteo Salvini.

Por un eficaz Instituto Nacional de Epidemiología de España

Madrid, 05/04/2020

La guerra de las mascarillas y los respiradores expone la infausta falta de estrategia sanitaria de los Estado-Nación europeos que, como organización política, tienen el mandato preferente de proteger la salud de su población. El Estado español legisló en 1855 la primera Ley de Sanidad donde se estipulaba algún recurso contra las epidemias, pero no fue hasta noviembre de 1944, apenas cinco años después de la Guerra Civil, cuando se aprobó la Ley de Bases de Sanidad Nacional sobre la: «Base única. Incumbe al Estado el ejercicio de la función pública de Sanidad». Entre los seis servicios sanitarios exclusivos del Estado previsto por esta ley, en tercer lugar, se incluía las “Luchas sanitarias”: «Comprenderán los servicios de enseñanza, estadísticas y epidemiología general, los dirigidos contra el cáncer, lepra, tracoma, enfermedades sexuales, paludismo y reumatismo y enfermedades del corazón. La campaña contra la tuberculosis se realizará en estrecha relación con el Patronato Nacional Antituberculoso. Comprenderá también éste grupo cuantos servicios se destinen a combatir la mortalidad infantil, o sea los de Puericultura, Maternología e Higiene escolar. La intervención de la Dirección General de Sanidad en materia de sanidad colonial se ofrecerá a través de estos grupos de servicios». Valorar a estas alturas la eficacia de esta ley no es sencillo porque requiere de muchas contextualizaciones, pero lo cierto es que estructuraba, con los escasos medios de la época, la batalla contra las epidemias.

La Ley de Bases de Sanidad Nacional de 1944 fue sustituida por la Ley 14/1986 General de Sanidad aprobada por mayoría absoluta por el PSOE. Con esta ley se produce un claro retroceso respecto a la salud colectiva, al priorizar la estructuración del vigente Sistema Nacional de Salud en su dimensión asistencial; asistencia a los enfermos sobre prioridad de la salud individual, esparcidos territorialmente ya que «los servicios sanitarios se concentran, pues, bajo la responsabilidad de las Comunidades Autónomas y bajo los poderes de dirección, en lo básico, y la coordinación del Estado». Mientras que la ley rebaja al Estado a mero coordinador, la salud colectiva ante epidemias no tiene carácter preferente. Las grandes lagunas de esta ley se han intentado tapar con un trampantojo de leyes y reglamentos dispersos como la Ley Orgánica de Medidas Especiales en materia de Salud Pública, Ley de Derechos del Paciente, Ley de Sanidad Animal, el Reglamento Orgánico de Sanidad Exterior, etcétera, etcétera, además de las respectivas leyes autonómicas.

El Sistema Nacional de Salud derivado de la mencionada Ley General de Sanidad, luego parcialmente reformado por la Ley 16/2003 de cohesión y calidad del Sistema Nacional de Salud, institucionalizó el Sistema de Coordinación de Alertas y Emergencias de Sanidad y Consumo (SICAS) con el fin de coordinar la detección, información y el apoyo logístico al Sistema Nacional de Salud en situaciones de alerta sanitaria. El SICAS estaba bajo el mando de quien fuera el titular del Ministerio de Sanidad y contaba con un grupo asesor ad hoc y un órgano colegiado para gestionar situaciones de crisis que fue bautizado Comité Director en Situaciones de Crisis y Emergencias (CODISCE). En 2004 se cambió de nombre al SICAS por Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) cuya función es el seguimiento y evaluación de la situación y al apoyo de las distintas unidades del Ministerio de Sanidad, en coordinación con la vigía desarrollada por la Red Nacional de Vigilancia Epidemiológica (RENAVE) fundada en 1999, para gestionar los Centros Nacionales de Epidemiología y las entidades gemelas de las comunidades autónomas. En 2013 se creó un nuevo Sistema Nacional de Alerta Precoz y Respuesta Rápida (SIAPR) que asumió desde entonces las funciones de coordinación, notificación, evaluación e inteligencia epidemiológica, sin desmontar el CCAES ni el RENAVE, aunque parece que el CCAES es el de rango superior

Cualquier examen somero de este mogollón legislativo registra contradicciones y burocracias indeseables que dificultan las medidas ablatorias para combatir epidemias. Pero ha sido ante la realidad de una epidemia cuando este sistema ha mostrado sus vergüenzas, al desnudar el sometimiento de directivos de instituciones de carácter científico-técnico, a las conveniencias de las tácticas y estrategias de quienes ostentan el poder político.

El 23 de febrero de 2020, el filósofo y veterano dirigente del Partido Socialista de Cataluña (PSC) y a la sazón Ministro de Sanidad, Salvador Illa Roca, junto con el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), Fernando Simón Soria, dieron una rueda de prensa en la que Simón Soria declaró: «España está preparada para cualquier escenario posible» al tiempo que ambos descartaban la necesidad de tomar medidas restrictivas como suspender actos masivos o proponer el teletrabajo, como ocurría ya en el norte de Italia, mientras Simón Soria incidía en que: «al Ministerio de Sanidad le preocupaba más el brote de Covid-19 en Corea del Sur que en Irán». Por consiguiente, en España continuaron las concentraciones y manifestaciones de masas a primeros de marzo de 2020, a pesar que desde mediados de febrero, la Unión Europea había recomendado a los gobiernos impedir la celebración de actos multitudinarios y mantener medidas de distanciamiento social individual. Asimismo, la Dirección General de Salud Pública de la Comunidad Autónoma de Madrid informó a Delegación del Gobierno el 6 de marzo sobre el «riesgo inminente de contagio del coronavirus» si se producían concentraciones multitudinarias». El mencionado director del CCAES, Fernando Simón, como portavoz del Ministerio de Sanidad contra la pandemia del SARS-CoV-2, declaró el 6 de marzo de 2020, tras ser preguntado en rueda de prensa sobre si era peligroso acudir a las manifestaciones previstas dos días después con motivo del día internacional de la mujer trabajadora, después de divagar sobre la libertad de cada persona de acudir, afirmó: «Si mi hijo me pregunta si puede ir le diré que haga lo que quiera». Fue la respuesta que esperaba el gobierno, nada menos que el primer responsable de alertas y emergencias Sanitarias de España avalaba la posición del gobierno Sánchez de no restringir la aglomeración de personas que estropeaba sus proyectadas manifestaciones.

El 13 de marzo de 2020 había 5.232 personas padeciendo la COVID-19 y 153 habían fallecido en España, mientras que varias ministras y exministras del Gobierno que habían encabezado la masiva manifestación feminista del 8 de marzo en Madrid portando guantes de látex, estaban contagiadas. Desbordado por los alarmantes datos procedentes de las urgencias hospitalarias que se empezaron a colapsar, el 14 de marzo el gobierno español ideo un “plan de choque“. Con el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, se declara el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por la COVID-19. Sin embargo, la ley no permite imponer la hospitalización y el aislamiento de un enfermo o de una persona sospechosa de estarlo. Tampoco permite imponer un reconocimiento médico o la aplicación de un concreto tratamiento clínico sin su consentimiento. En realidad, la reclusión de la población española justificada por el gobierno por causa de la pandemia de la COVID-19, al constreñir las libertades públicas y los derechos personales pueden ser anticonstitucionales. No son pocos los juristas que exponen sus dudas respecto a que el paraguas del estado de alarma permita recluir y prohibir la libre circulación de las personas contra su voluntad, ni siquiera tienen claro que lo permita el estado de excepción puesto que, el último párrafo del Artículo 116 de la Ley Orgánica 4/1981 establece: «La declaración de los estados de alarma, de excepción y de sitio no modificarán el principio de responsabilidad del Gobierno y de sus agentes reconocidos en la Constitución y en las leyes».

Cierto es que estábamos, estaban, avisados. Pandemias como la crisis de las «vacas locas» (1996), la «neumonía asiática» (2002), la «gripe del pollo» (2003), el «Ebola» (2014-2016), fueron lo suficientemente serias como para haber suscitado un análisis minucioso sobre la falta de estrategia, medios legales y materiales que esa “Medicina Pública de las mejores del mundo” tenía. Por si nos faltaran problemas, resurgieron las peores prácticas egoístas de los estados nacionales que incluyen aliados y supuestamente amigos como Turquía y Francia capaces de robarnos nuestros pedidos de mascarillas y respiradores.

A pocos se les escapa que los vaivenes de los políticos y técnicos del gobierno respecto a la estrategia y tácticas de la lucha contra la COVID-19, en buena medida se deben al estrangulamiento de aprovisionamientos de artículos sanitarios de importación, en concreto: test de diagnóstico rápido, respiradores, equipos de protección individual que incluyen mascarillas homologadas, guantes y productos desinfectantes derivados del Alcohol Etílico. La escasez de estos productos es consecuencia de la dependencia y del exceso de demanda. Podemos echarle la culpa a la globalización pero nos estaremos engañando al desdeñar la realidad que en la salud es aún más evidente: sin la soberanía productiva de bienes no existe soberanía nacional. No se trata de abanderar la autarquía sino de establecer estrategias e instituciones (por cierto las normativas de la UE tampoco las contemplan) de salud colectiva que significa prepararse con todo el arsenal jurídico y material para la vigilancia y lucha epidemiológica. Para ello, parece evidente que hay que reorganizar e integrar las diversas instituciones existentes, a través de una legislación concreta, que establezca un eficaz Instituto Nacional de Epidemiologia de España, con un estatuto propio de Autonomía similar al del Banco de España, es decir, el futuro Instituto Nacional de Epidemiologia de España que considero urgentemente necesario. Sería una entidad de Derecho público con personalidad jurídica propia y plena capacidad pública y privada que, en el desarrollo de su actividad y para el cumplimiento de sus fines, actuaría con autonomía respecto a la Administración General del Estado, desempeñando sus funciones con arreglo al ordenamiento jurídico y con poderes de evaluación y concreción de líneas estratégicas para la prevención y tratamiento de pandemias y enfermedades infecciosas que incluirían las líneas de investigación científica, producción nacional de productos sanitarios y su almacenamiento, y la previsión de compras de productos sanitarios y medicamentos en el exterior.

EL ESTADO EXHIBE EL OGRO QUE LLEVA DENTRO

20/03/2020

Desgraciadamente, la situación que vivimos me ha reavivado algunos ya brumosos recuerdos de mis primeros años, cuando oía a mis padres y tíos hablar con temor de las tropelías que cometían los inspectores de la Fiscalía de Tasas, de los agricultores acaparadores, de tenderos bandidos y funcionarios malhechores bien agazapados en las zahúrdas del régimen que administraban concesiones y licencias de importación, mientras los periódicos y radios divulgaban que el Consejo de Ministros había multado con millones de pesetas al gerente y otros miembros del Consorcio de la Panadería de Madrid, por tráfico ilícito de harinas procedentes del trigo argentino.

Hoy, 20 de febrero de 2020, los medios nos cuentan que aquí y allá la policía ha confiscado unos cuantos miles de mascarillas, guantes de nitrilo, botellas de soluciones hidroalcohólicas, gafas protectoras, botellas de alcohol y desechables imprescindibles para combatir el COVID-19. Verduras de la eras para camuflar la incapacidad de una máquina burocrática que a pesar de chorrear grasa por doquier, está gripada por falta de uso y energía. Como en la década de la autarquía del corporativismo franquista, la sociedad civil se ha puesto en marcha casi clandestinamente. Aquí y allá hay gentes que han empezado a fabricarse mascarillas, guantes y batas. No obstante, que en estos momentos en las farmacias no haya alcohol sanitario y muchos otros accesorios higiénicos que las autoridades dicen indispensables para contener la pandemia, demuestra algo más que incapacidad, sobre todo cuando aparece el Vicepresidente II de lo Social con nombre eclesial quien, dando ejemplo de insolidaridad saltándose la obligatoria cuarentena, se dedica a decir naderías para cubrir su ignorancia sobre el grave problema, mientras justifica sus traiciones disfrazándose por la mañana de ministro y por la tarde de Lenin agitador de caceroladas en los balcones.

Sobran las arengas demagógicas ahora más que nunca y sobre todo politizar el dolor, máxime por aquellos que se llaman progresistas y que hace solo un mes twitteaban: “que el dolor se convierta en propuestas para cambiar la realidad” al tiempo que plasmaron el contubernio con los separatistas supremacistas.

Gobiernito pinturero, pónganse de una vez a trabajar, deje de sermonearnos sobre las maravillas de lo público y permitan a la sociedad trabajar como sabe que es, mil veces mejor que lo que ustedes imaginan. No se escuden con los recortes de Rajoy ni en la corrupción del PP, ni nos cuenten milongas como la de que el virus ha venido y nadie sabe cómo ha sido, cuando hace solo 12 días nos aseguraron que era otra gripe más y animaron a las gentes a manifestarse en manada.

¿Quiénes han sacrificado a la gallinita Mobile World Congress?

Pablo Rojo Barreno

14/02/2020

El motivo oficial para la cancelación del certamen de Barcelona ha sido la fuerza mayor debido a la deserción de empresas importantes del sector por miedo al coronavirus de marras. Todos los medios han aceptado esta explicación aunque algunos empiezan a apuntar si el desmesurado stand de Huawei de 6.393 metros cuadrados, con un costo solo por la instalación de 15 millones de euros, junto con los reiterados problemas generados por huelgas, manifestaciones y precios abusivos de la hostelería, han desbordado el vaso de la paciencia de unos expositores que hace, al menos tres años, empezaban a preguntarse quien de verdad hacia negocio con el #MobileWorldCongress.

Y es que esto de las ferias temáticas tienen su tiempo y su lugar. De hecho, el Mobile World Congress no es más que la puesta al día en 2011 de ferias anteriores como: INFORMAT, SONIMAG, la competencia al viejo SIMO madrileño, etcétera. Pero al igual que las ferias mencionadas, el Mobile tuvo su momento (en realidad nació algo retrasado) como exhibición comercial pues, la formidable dinámica expansiva del sector ha disminuido su eficacia. De esta manera, el incremento de la información y el constante nacimiento de equipos que solo ofertan pequeñas mejoras con respecto a los anteriores, han reducido los beneficios de los fabricantes y las expectativas del consumidor. Entonces, el ratio costo-beneficio, desde hace dos o tres años es negativo para la mayoría de los expositores pues esta feria es cara, muy cara.

Para quienes desde los años setenta del siglo pasado teníamos que ir a Barcelona cada año primero y luego cada dos, con nuestras pesadas máquinas (recuerdo 1977 con un digestor de 12.700 kilos) a Expo Avícola luego cambiada a Expoàviga, sabemos cómo según el sector se va concentrando hasta devenir maduro, las expectativas de los clientes respecto a las novedades de las ferias disminuye, mientras que el costo de la participación de los expositores aumenta cada año.

Desde mi punto de vista, la gallina de los huevos de oro del Mobile World Congress ha sido degollada por tres móviles: la guerra comercial sinoamericana representada por Huawei versus Trump; la estulticia de políticos, sindicalistas y nacionalistas supremacistas locales y regionales representados por gentes como el presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona; Joan Canadell que empieza, junto a sus secuaces, a recoger los frutos de sus baladronadas supremacistas. Por último y como guinda está el cambio de paradigma del sector que ya no precisa este tipo de grandes y costosos certámenes para comercializar sus productos e imagen.

La gallinita ha sido decapitada y desplumada y apenas servirá para una pepitoria, mientras los matarifes lloriquean como si estuvieran en el entierro de la sardina.

EL PROCÉS CONTINUA Y SUS EJECUTANTES YA VEN LA META

Y PRONTO LA ALCANZARÁN SI SEGUIMOS UNCIDOS A LA MISMA NORIA

Pablo Rojo Barreno

24/10/2012

Las coacciones, actos vandálicos y agresiones terroristas perpetradas en Barcelona y otras ciudades de Cataluña por las bandas de los CDR y demás tsunamis de fanáticos escamots que emulan a los borrokas de Arnaldo Otegi, abrigadas por el gobierno de la Generalidad de Cataluña y los partidos políticos separatistas que lo integran o apoyan, tras la sentencia de la sala penal del Tribunal Supremo el pasado 14 de octubre, han evidenciado, una vez más, una verdad de Perogrullo: Que para destruir un Estado es imprescindible recurrir a la violencia. Siempre. También es una constante que los golpistas, por raciones obvias, esconden o disimulan sus arteras estrategias y tácticas de uso de la violencia, del terror como arma ideológica e instrumento para imponer su credo, que va desde el “escrache” al disidente a la guillotina jacobina, en función de las necesidades del golpe de Estado y su consolidación.

A los guardianes de las historias oficiales “de los pueblos de España” ayer y hoy de la “nación de naciones” no les gusta que se recuerden algunos detalles de nuestra reciente historia, pero a veces conviene hacerlo. Así, después de la experiencia de tres intentos de disgregar España por la brava por parte de los secesionistas catalanes (1873, 1931 y 1934) y el colaboracionismo de tantos patriotas catalanes con la dictadura franquista, el poco honorable Jordi Pujol Soley ideó una estrategia pseudo-gandhiana diciendo paz donde quería decir guerra. Me refiero, claro está, al plan diseñado con premeditación y alevosía titulado Programa 2000. Dicho programa fue planeado en 1989 sobre la iniciativa de Pujol y redactado por el maestro de escuela Ramon Juncosa Ferret, a la sazón director general de Evaluación y Estudios del departamento de Presidencia de la Generalidad y luego Director general de Ordenación e Innovación Educativa de la Generalidad de Cataluña. Concebido como plan estratégico secreto, una parte sustancial de este programa fue publicado por el Periódico de Cataluña y El País el 28 de octubre de 1990, y años más tarde su contenido completo por El Triangle en internet.

Como pueden comprobar, el Programa 2000 es un detallado proyecto para someter a la población de Cataluña a un proceso de adoctrinamiento, con el fin de conseguir una identidad catalana inequívoca, acorde con el plan de construir una nación y seguidamente un Estado. Su calendario establece la secuencia ascendente de inmersión de toda la población a la lengua catalana, imponer un relato histórico y antropológico que justifique “Un sol poble, una sola nació: ¡Catalunya!” hasta la consecución del Estado Catalán. La fabricación de relatos, superestructuras y estructuras que faciliten el objetivo final, precisa el uso de un poder considerable en todos los ámbitos de la sociedad, pero especialmente en aquellos que pueden configurar el planificado “bloque histórico” teorizado por Antonio Gramsci, compuesto fundamentalmente por los intelectuales orgánicos, las cofradías integradas en una función pública en constante expansión, sobre todo en la educación, dirigentes y beneficiarios de los organismos e instituciones culturales, de los oligopolios mediáticos que incluyen los dispendiosos medios públicos, los dueños de los sindicatos, en fin todos los restantes chiringuitos dependientes del clientelismo institucionalizado. El bloque histórico hegemónico ideado por los nacionalistas supremacistas catalanes, es dirigido y controlado por la burguesía oligárquica catalana (inequívocas son las patronales Foment, la Cambra, Cecot y Pimec) a través de sus elites políticas constituidas en punta de lanza del Procés.

La monopolización del uso de la lengua catalana en la administración y la enseñanza es la herramienta principal del Programa 2000, pues permite trasmitir dichos mensajes y blindar a la oligarquía de catalanes puros, al tiempo que van integrando, generación tras generación, a la mesocracia y a una clase trabajadora un tanto reticente y contaminada de españolismo. También se recupera, adaptado a las circunstancias y disimulando un poco el inequívoco supremacismo, pero acentuando mucho el victimismo, el discurso catalanista basado en la alianza entre alta burguesía, clero y élites culturales que establecieron los: Valentín Almirall Llozer, Mossèn Jaume Collell Bancells, Pompeyo Gener Babot y Doméne Martí Juliá, que establece el principio indiscutible de que Cataluña es una nación y España un Estado fallido poblado de gentes inferiores que roban al industrioso e inteligente pueblo catalán. Las frases contundentes de los líderes supremacistas lo corroboran: «La nación catalana, su lengua y su cultura tienen mil años de historia» suele combinarse con el “Espanya ens roba”. Pero lo que pienso que debemos de tener claro ya a estas alturas, es que el Programa 2000 ha sido exitoso, gracias a los formidables poderes de la Generalidad de Cataluña cosechados año a año del pródigo sembrado de oportunismo cortoplacista de todos los gobiernos de España desde 1982.

Repasar el Estatuto vigente que instituye la Generalidad de Cataluña es un acto rayano con lo heroico pues enseguida percibes que estás ante un texto parecido a un artefacto explosivo con detonador temporizado. Sin embargo, creo que junto con el mencionado Programa 2000, el ojearlo es instructivo para entender mejor la situación que vivimos.

La Generalidad catalana es un entramado institucional pantagruélico con potestades legislativas, reglamentarias y ejecutivas exclusivas dignas de un Estado intervencionista modelo francés. Sin pretender ser exhaustivo, quiero reseñar que son de potestad exclusiva de la Generalidad de Cataluña el catalán como lengua oficial de Cataluña con uso preferente (realmente exclusivo) en las Administraciones públicas y de los medios de comunicación públicos de Cataluña, además de lengua vehicular en la enseñanza. Le siguen como potestades exclusivas: educación, cultura, sanidad, salud pública, ordenación farmacéutica y productos farmacéuticos, vivienda, turismo, deporte, juventud y tiempo libre, derecho civil, organización de la prestación del servicio público de comunicación audiovisual de la Generalitat y de los servicios públicos de comunicación audiovisual de ámbito local, radio-televisión pública de la Generalidad y medios de comunicación dependientes, transportes terrestres de viajeros y mercancías por carretera, ferrocarril y cable que transcurran íntegramente dentro del territorio de Cataluña con independencia de la titularidad de la infraestructura, cuerpos de policía formado por Mozos de Escuadra y Agentes Rurales, organización territorial, distribución de subvenciones propias, estatales y comunitarias europeas, servicios sociales, agricultura, ganadería y aprovechamientos forestales, agua y obras hidráulicas, caza, pesca, actividades marítimas y ordenación del sector pesquero, régimen jurídico de asociaciones, fundaciones y ONGs, cajas de ahorros, planificación, ordenación y promoción de la actividad económica, comercio, ferias, consumo, regulación de la actividad publicitaria, cooperativas y economía social, promoción y defensa de la competencia, corporaciones de derecho público y profesiones tituladas, colegios profesionales, academias, cámaras agrarias, cámaras de comercio, de industria, de navegación, protección civil, notariado y registros públicos, obras públicas que se ejecutan en el territorio de Cataluña, competencia ejecutiva en materia de propiedad intelectual, protección de datos, juego, apuestas y casinos, ordenación del territorio y del paisaje, del litoral, urbanismo espacios naturales, servicio meteorológico propio, consultas populares, acogida de las personas inmigradas, puertos, aeropuertos, helipuertos y demás infraestructuras de transporte en el territorio de Cataluña que no tengan la calificación legal de interés general o estatal. Además, ejerce innumerables competencias compartidas con el Estado destacando, entre otras, la competencia ejecutiva de la legislación del Estado en materia penitenciaria que incluye la totalidad de la gestión de la actividad penitenciaria, especialmente la dirección, la organización, el régimen, el funcionamiento, la planificación y la inspección de las instituciones penitenciarias de cualquier tipo situadas en Cataluña, acciones con proyección exterior de carácter internacional, políticas de género, energía, minas, mercados de valores y centros de contratación situados en Cataluña, seguridad social, competencia ejecutiva en materia de trabajo y relaciones laborales, etcétera, etcétera.

Un Estado dentro del Estado con extraordinaria capacidad lisonjera y coercitiva. Con un programa estructurado para convertirse en Estado soberano, los gobernantes de la Generalidad de Cataluña y sus aliados han construido el mencionado bloque hegemónico, donde la elite burguesa dominante catalana cuenta con aliados subordinados para ejercer su hegemonía, imponer su ideología nacionalista supremacista y sus intereses. Así, los intelectuales orgánicos, partidos y sindicatos han establecido como dogma que primero es la nación y luego todo lo demás. La punta del iceberg del bloque que controla y dirige la sociedad catalana son la Asamblea Nacional Catalana, Ómnium Cultural y medios dependientes de las subvenciones, artistas, deportistas, patronales y sobre todo la enseñanza. «En Enseñanza no necesitamos construir estructuras de Estado. Las tenemos listas” declaró la ex consejera de enseñanza del Gobierno de la Generalidad de Cataluña entre 2016 y 2017, Clara Ponsatí Obiols, huida a Bruselas con el ex presidente Puigdemont y ahora refugiada en Escocia.

Con semejantes mimbres, el proceso soberanista de Cataluña productor de la declaración unilateral de independencia solo era una cuestión de oportunidad, es decir, esperar un momento de debilidad y crisis en España como antes hicieron en marzo de 1873 proclamado el Estado Catalán el anarquista malagueño José García Viñas y el médico socialista francés Paul Brousse, en abril de 1931 el teniente coronel del ejército español de temprana ideología carlista Francesc Macià Llussà proclamado unilateralmente la República Catalana al tiempo que proclamaba; «de aquí no nos sacarán sino muertos», en fin, ya con el primer estatuto de autonomía en plena vigencia el 6 de octubre de 1934 el presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys Jover, aprovechando la huelga general revolucionaria organizada por PSOE-UGT y PCE, a la que en Cataluña se sumó Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), proclamó el Estado Catalán dentro de una inexistente República Federal Española, proclamación derrotada manu militari por el gobierno legítimo de la Republica que costó unas cuantas vidas.

Algunos pensamos ingenuamente que la aplicación del artículo 155 de la Constitución española vigente, más las condenas a los sediciosos, llevarían a los separatistas a la reflexión sobre si su ideología y sus estrategias políticas eran adecuadas para estos tiempos y circunstancias. Nos equivocamos. Sus propósitos secesionistas son firmes porque su ideología así lo impone. La amenaza de Joaquín «Quim» Torra Pla y sus adláteres: «ho tornarem a fer» es mucho más que el desahogo altanero de un Presidente imbuido de mesianismo. Es, ni más ni menos, una disimulada manera de decir, lo seguimos haciendo pues sabed que Cataluña es una unidad de destino en lo universal. Porque mientras que la Generalidad de Cataluña sea un Estado dentro del Estado y esté controlada por el bloque separatista, gobiernen coaliciones de partidos claramente secesionistas o coaliciones con el PSC, Comú-Podem y demás entreverados, el golpe continuará.

Constatar la realidad es muchas veces desagradable, incluso espantoso. Quizá por ello persisten las llamadas al dialogo hasta nuestra extinción nacional, las propuestas extravagantes de dividir Cataluña en Tabarnias varias o las propuestas más rotundas que piden la aplicación en Cataluña del artículo 155 de la Constitución, la Ley de Seguridad, el estado de excepción y tipificar como delito la convocatoria ilegal de referendos. Pero aun estas medidas más contundentes, en el fondo no son otra cosa que analgésicos de urgencia ante un proceso metastásico, cuyo tratamiento no puede continuar siendo las cataplasmas en forma de más madera para los incendiarios. Quizás un 155 para todos y para siempre nos pueda desatar de la noria suicida en que nos encontramos.

DE LOS NIÑOS ROBADOS POR EL FRANQUISMO

DE EVOCACIONES Y CRÓNICAS INCORRECTAS

25 de julio de 2019.

Pablo Rojo Barreno.

Después de todo lo vivido, después de todo lo visto y escuchado, de haber tenido el privilegio de conocer a muchas gentes de diferentes estratos sociales, de haber nacido en el seno de una familia republicana damnificada por la Guerra Civil y la posguerra, de haber militado en partidos izquierdistas durante la dictadura y en los primeros años de la democracia donde abundaban personas que habían sido represaliadas inmediatamente después de la Guerra o de muchas más que lo fueron durante el franquismo, de haber conocido a unos cuantos “niños de la guerra” desperdigados por toda Europa y por la URSS, de convivir en la escuela y en el vecindario con niños y adultos que pasaron en la posguerra por establecimientos de Auxilio Social, de pronto, en el otoño de 2008 una serie de artículos publicados principalmente por los medios del Grupo Prisa, y sobre todo el diario El País, me sorprendió. Rebelaban con total seguridad que miles de niños habían sido robados por la dictadura franquista a presas políticas y familias republicanas.

El caso es que años antes había leído alguna denuncia similar poco elaborada. Recordaba la publicación de unos reportajes en la revista sensacionalista Interviú escrito por la periodista y también jefa de informativos de la TVE del PSOE en los tiempos del GAL; María Antonia Iglesias González, entre enero y febrero de 1982, donde con el título “La monja que trafica con niños” revelaba una trama dedicada a robar niños y darlos en adopción a personas afines, dirigida presuntamente por sor María y el doctor Vela en el Hogar-cuna de La Almudena de Madrid durante los últimos veinte años. Pero el estilo, la foto del cadáver de una niña en la nevera de la clínica y la poca precisión de los datos, junto con las muchas opiniones escatológicas, enmarcaban estos artículos dentro del amarillismo de la revista.

Sin llegar a verlo, también me llegaron noticias de un documental emitido por TV3 en 2002 con el título “Els nens perduts del franquisme”, dirigido por Montse Armengou y Ricard Belis, basado en el libro del “comprometido” Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Barcelona Ricard Vinyes Ribas “Irredentas. Las presas políticas y sus hijos en las cárceles franquistas” publicado poco antes. Pero el turbión de artículos que me sorprendió fue motivado por el auto del Juzgado Central de Instrucción Nº 5 de la Audiencia Nacional del dieciocho de noviembre de dos mil ocho, firmado por el famoso ahora ex-juez Baltasar Garzón Real donde diseminaba en 62 juzgados provinciales la investigación de los crímenes del franquismo considerados como crímenes contra la humanidad. En su Auto, el justiciero juez dedica gran atención al tema de los niños de esta guisa: «Los “niños perdidos” son también parte de las víctimas del franquismo: se trata de hijos de presos cuyos apellidos fueron modificados para permitir su adopción por familias adictas al régimen. Varios miles de hijos de obreros fueron también enviados a instituciones del Estado porque el régimen consideraba su familia republicana como “inadecuada” para su formación. Niños refugiados fueron también secuestrados en Francia por el servicio exterior de “repatriación” del régimen y situados posteriormente en instituciones franquistas del Estado. El régimen franquista invocaba la “protección de menores” pero la idea que aplicaba de esta protección no se distinguía de un régimen punitivo. Los niños debían expiar activamente “los pecados de su padre” y se les repetía que ellos también eran irrecuperables. Frecuentemente eran separados de las demás categorías de niños internados en las Instituciones del Estado y sometidos a malos tratos físicos y psicológicos». Estas acusaciones, al socaire de la Ley de Memoria Histórica, enseguida aventadas por los medios del Grupo Prisa, disparó todo tipo de artículos de opinión, reportajes y tesis doctorales pues, se trataban de delitos gravísimos que el Auto de Garzón referenciaba al mencionado libro de Vinyes.

Como se puede apreciar en el Auto de 2008 accesible por internet, Garzón vincula algo forzadamente al Instituto para la Investigación y Estudio de la Herencia creado por Himmler en Mecklenburg, con el Gabinete de Investigaciones psicológicas encabezado por el psiquiatra Antonio Vallejo Nájera (al que llama psiquiatra en jefe de Franco) dedicado a estudiar “las raíces psicofísicas del marxismo”. Así, Garzón, sin decirlo expresamente, coloca el sambenito a Vallejo Nájera como “el Mengele español” y relaciona a los “niños perdidos” con los robados durante las dictaduras de Vileda y Pinochet en Argentina y Chile. Naturalmente, estas relaciones sirvieron para muchas iniciativas posteriores, por ejemplo para que su amigo el abogado argentino Carlos Alberto Slepoy Prada en 2010 pusiera en marcha la “Causa 4591/10 por los delitos de genocidio y/o crímenes de lesa humanidad cometidos en España por la dictadura franquista entre el 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977” instruida por la juez María Servini de Cubría en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº1 de la República Argentina.

A pesar del artificio jurídico del Auto, Garzón no aporta, como tampoco antes lo hiciera Vinyes, indicios claros de que existió un plan para robar miles de niños a presas y madres republicanas para ser criados en los principios franquistas. Solo apunta con dedo acusador y pide que se investigue lo ocurrido con los niños perdidos que sus acusaciones convierten en robados por el régimen franquista. Lógicamente tamaña acusación generó una inquietud generalizada de la que surgieron varios organismos para facilitar las investigaciones. El caso de los niños robados por el franquismo se convirtió, desde entonces, en leitmotiv de la memoria histórica. La pléyade de periodistas e intelectuales “comprometidos con la causa” más los políticos y asociaciones del ramo produjeron innumerables artículos y libros con tétricas historias de niños robados, incluidas dos telenovelas en Tele5 y Antena3, alguna película de escasa trascendencia y, por supuesto, la consabida novela de Almudena Grandes Hernández. En seguida, la avalancha mediática de supuestos relatos de robos de bebés durante el franquismo fue establecida como un suceso incontestable en la opinión pública española. Cualquiera ponía en duda que hubo una trama criminal de robo de niños en la dictadura franquista, formada por monjas, curas y médicos perversos, que se apropió de, nada menos que entre 30.000 a 300.000 recién nacidos (la imprecisión sobre el número y el espacio temporal es morrocotuda pues este último abarca desde 1939 hasta 1995) de madres republicanas primero y pobres después, para dárselos a familias franquistas opulentas. Incluso los católicos progresistas reprocharon el prudente silencio del cardenal Antonio María Rouco Varela sobre el asunto.

Al socaire de subvenciones y escandaleras mediáticas surgieron decenas de asociaciones, plataformas, observatorios y asesores legales para rescatar a tantos miles de niños robados. A pesar del formidable ruido y las espantosas cifras, entre 2009 y 2018 solo se produjeron poco más de 2.000 denuncias, suficientes, sin embargo, para organizar muchas visitas de europarlamentarios, de burócratas de la ONU, instituir una oficina de Atención a las Víctimas dependiente del Ministerio de Justicia con 27 sucursales provinciales que brindan asistencia jurídica y psicológica, una fiscalía, una unidad de policía especializada y una Comisión Estatal.

El caso más conocido por publicitado fue el de Inés Elena Madrigal Pérez, una señora que nació en junio de 1969 en la clínica San Ramón de Madrid, (nada menos que tres décadas después de terminada la guerra civil) quien, tras saber que había sido adoptada por sus padres, concluyó que era un bebé robado y fundó con otras personas la asociación SOS Bebés Robados donde fue elegida presidenta. Con el soporte de su subvencionada asociación, Inés E Madrigal denunció en 2010 en los tribunales de justicia de Madrid a su madre adoptiva por comprarla y acusó al ginecólogo de 85 años Eduardo Vela Vela y a la monja María Gómez Valbuena, más conocida como Sor María, de haberla sustraído a su madre biológica nada más nacer, para venderla a sus padres adoptivos. Tras la denuncia, Madrigal saltó a la fama acudiendo a muchos programas de radio y televisión tales como: “Al rojo vivo” y “El intermedio” de la Sexta, o los supuestamente serios como el de la BBC News Mundo británica. Madrigal, ya famosa o afamada, fue invitada por el grupo parlamentario Unidos Podemos a declarar en la Comisión de Derechos de la Infancia y Adolescencia del Congreso de los Diputados del Reino de España. Y a pesar de que ya había comenzado el juicio oral del caso en el Juzgado de Instrucción número 46 de Madrid, Inés Madrigal declaró en la sala Ernest Lluch el 16 de noviembre de 2017, sobre el: “mayor escándalo ocurrido en este país a lo largo del siglo XX”. Como hiciera antes en los platós de televisión, Inés Madrigal afirmó en el Congreso con contundencia que «…el doctor Vela me regaló a mis padres adoptivos. … Los ladrones de niños se servían de instituciones públicas y privadas, manipulaban documentos públicos. Se denunciaron hechos a través de medios, pero nadie hizo caso, nadie presto atención. Me vendieron a mi madre en una cámara oculta. Hablamos de un mínimo de 60 años de tráfico de seres humanos en este país». Aquella narración espeluznante seguramente ayudó a que las tres ilustrísimas magistradas emitieran la sentencia Nº: 640/2018 del 27 de septiembre, condenando por hechos probados al acusado Eduardo Vela Vela a un total de 13 años de prisión por los delitos de sustracción de menores, de suposición de parto, de falsedad de documento oficial y de detención ilegal siendo la víctima menor de edad. Asimismo, el doctor Vela fue condenado a indemnizar a Inés Madrigal con 350.000,00 euros por daños morales. Con todo, el párrafo que fija la responsabilidad del doctor es llamativo: «Que en 1969 entregó a Inés Pérez y Pablo Madrigal una niña de pocos días de edad y que tal entrega se produjo fuera de los cauces legales sin que conste que los padres biológicos hubieran tenido ni tan siquiera conocimiento de ello y sin que hubiera mediado consentimiento». Y la falta de constancia llevó a las tres juezas a condenar al acusado aunque no les quedó más remedio que absolver al doctor Vela, al entender que los delitos estaban prescritos desde el momento en el que la denunciante alcanzó la mayoría de edad.

La sentencia significó una victoria agridulce para la causa de los niños robados por el franquismo, por cuanto el único culpable que vivía había sido absuelto y era, tras una década, la única sentencia condenatoria tras 2000 denuncias de las que 552 fueron admitidas a trámite con 81 análisis de ADN y ni un solo caso de robo de niños probado. Y mientras la orgía mediática continuaba, en julio de 2019 Inés Madrigal desveló en una escueta rueda de prensa que gracias a las pruebas logradas en un banco de ADN de Estados Unidos, encontró a su familia biológica y que tiene cuatro hermanos. Sin embargo, la rueda de prensa de Madrigal era forzada por un comunicado anterior sin trascendencia mediática de la Fiscalía que negaba radicalmente que Madrigal fuera un bebé robado, y donde explicaba que la propia Madrigal comunicó al Ministerio Público de forma oral y escrita que había contactado con sus verdaderos hermanos por parte de madre y con una tía carnal, quienes le habían confirmado que fue dada en adopción de forma voluntaria. Además, informaba que su madre biológica había fallecido el 22 de enero de 2013 en Madrid. Sucedió que cuando Madrigal confesó a la Fiscalía que su tía la había entregado voluntaria y conscientemente en adopción, la Fiscalía acordó requerir muestras genéticas a los cuatro familiares y procedió a interrogarles. Durante los interrogatorios en calidad de testigos, todos los familiares reconocieron la entrega en adopción del bebé sin saber si era niña o niño. Para ratificar estos hechos, el Ministerio Público pidió un estudio genético de los involucrados al Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses que dictaminó que los perfiles genéticos de Inés Madrigal con los de su tía y sus tres hermanos hallados son:« 78.802 más probables de la compatibilidad genética observada si consideramos que Inés Elena Madrigal Pérez es hija de la supuesta madre (cuyo patrimonio genético ha sido deducido a partir de los perfiles genéticos de aquellos) frente a que lo sea una persona tomada al azar de la población y no relacionada genéticamente con ella». Tras estos resultados y con las declaraciones de los testigos, la Fiscalía consideró que debiera quedar excluido como hecho probado el robo de la niña legamente llamada Inés Elena Madrigal Pérez “y con ello el delito de detención ilegal”. Entonces la mencionada sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid que asegura probado que Eduardo Vela Vela tuvo conocimiento de que la entrega de la niña se efectuaba sin consentimiento de la madre biológica y consideró probado que Inés Madrigal era un bebé robado, se demostraba falsa.

Inés Elena Madrigal Pérez ya no quiere ir a los platós de televisión ni a las emisoras de radio. Se excusa en su derecho a la intimidad pero no ha tenido la decencia de pedir disculpas públicas al anciano Eduardo Vela Vela al que hizo la vida miserable y destrozó su dignidad, solo por quizá haber sido, junto con los administradores de la clínica San Ramón, negligentes con el papeleo legal de adopciones. Y si Madrigal no ha pedido perdón a nadie, tampoco lo ha hecho la bandada de periodistas y literatos activistas que la jalearon. Al contrario, la inmensa mayoría persiste en el relato de los niños robados digan lo que digan los hechos, pues si lo hicieran, se acabarían las subvenciones y se estropearía el relato victimista perpetrado por Garzón y sus aliados.

Pero todavía hay gentes decentes en España, por ejemplo la periodista Maite Rico en un artículo titulado: “La estafa de los bebés robados. La trama de los niños sustraídos durante el franquismo es un relato tan irresistible como falso. La aportación española a las fake news” publicado en Vozpópuli el 17 de julio de 2019, donde denuncia la impostura y aclara que forenses prestigiosos como Antonio Alonso o Rafael Bañón no han encontrado indicios de una trama de robo de bebés, como tampoco los halló la comisión de investigación creada en el Parlamento navarro ni la fiscalía del País Vasco. A la denuncia de Maite Rico se unió cuatro días después Arcadi Espada en El Mundo con un contundente artículo titulado “Garzón and me” donde Espada describe la trama urdida por el juez Garzón y la colaboración de tantos en ella que representa «…esta secuencia de titulares sobre bebés robados, de la misma prensa socialdemócrata: “Dos gemelas se reencuentran 50 años después de su nacimiento” (11 de mayo de 2011). “Vicky conoce a su gemela con 51 años” (12 de mayo de 2011). “Que el ADN diga lo que quiera, pero María José y yo somos gemelas” (9 de junio de 2011). Nuestra prensa no es ya el hazmerreír de la verdad, sino de la mentira». Por su parte, José Carlos Rodríguez en Disidentia un día después realza el pundonor de Maite Rico y Arcadi Espada con el claro título “Niños robados: la venganza de la realidad”. Nada más, incluso prosiguen como la pertinaz sequía las acusaciones pintorescas de negacionismo de quienes los hechos y datos estorban a sus proyectos lucrativos barnizados de redentorismo.

Mientras tanto, como señalaba Espada, sigo expectante por saber cómo los jueces españoles restituirán el honor del doctor Vela ahora que, prescripción al margen, consta que hubo conocimiento y consentimiento.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE EL MITO DE LAS HURDES

Las Hurdes. Tierra sin pan, historia de una impostura

DE EVOCACIONES Y CRÓNICAS INCORRECTAS

6 de junio de 2019.

Pablo Rojo Barreno.

Durante la II República y al socaire de la gran agitación social y polarización política que existía, se produjo una obra cinematográfica que, si bien no tuvo repercusión cuando se preestrenó por no pasar la censura previa, años más tarde se convirtió en cortometraje de culto internacional como propagador del mito de la exótica y bárbara España. Salvo las más recientes mitologías para inventar naciones que utilizan a España como chivo expiatorio perpetradas por historiadores orgánicos para Vascongadas y Cataluña, la cinta que aludo contacta bien con las leyendas negras folclóricas construidas por los románticos decimonónicos franceses y británicos tal que: Mérimée, Gautier, Borrow y Ford. Me refiero al falso reportaje de treinta minutos dirigido por el cineasta español Luis Buñuel Portolés, rodado en la primavera de 1932 y titulado: “Las Hurdes. Tierra sin pan”.

Como admirador de Buñuel por ser autor de “Viridiana” (1961) una película que consideraba y considero una obra maestra, conocer de la existencia de Las Hurdes. Tierra sin Pan como un verídico reportaje sobre la situación de la comarca del norte de Extremadura en 1932, me produjo gran expectación. La vi por primera vez en Montreal en 1970, en la versión comentada en francés de 1965 y me conmocionó profundamente. Sin el espíritu crítico debido y condicionado por el prestigio de Buñuel y el sesgo izquierdista de quienes divulgaban la cinta por aquellos lares, no solo creí a pies juntillas lo que por entonces y ahora era publicitado como el descarnado documental científico-antropológico (el documental se autodenomina, desde su mismo prólogo, “ensayo cinematográfico de geografía humana”), del gran Buñuel sobre las verdaderas condiciones en que malvivían los hurdanos en el verano de 1932, también contribuí a su distribución en varios foros y clubs de estudiantes de la universidad McGill de Montreal y en círculos izquierdista de emigrantes españoles, portugueses e iraníes de la ciudad canadiense.

En el año 2000 varios diarios extremeños y alguno de tirada nacional, publicaron que varios alcaldes de Las Hurdes se oponían rotundamente a que en su comarca se rindiera un homenaje a Buñuel, por entender que su reportaje era una farsa que calificaba arbitrariamente a los hurdanos como: “seres extraños, sin moral, sin sentimientos y sin dignidad, llamándonos enanos y cretinos”. La denuncia de los alcaldes me sorprendió pero, como ya no era el crédulo joven de 24 años, semejante declaración me incitó a ampliar mis escasos saberes sobre este asunto. Así empecé a conocer algunos datos que apuntalaban la acusación de los alcaldes hurdanos. Incluso las justificaciones y matices que aportaba el, a la sazón, director de la Biblioteca, Archivo Gráfico y Fototeca de la Filmoteca Española, Javier Herrera Navarro en 1997 no mejoraron el fondo de la denuncia: el cortometraje de Buñuel no era ecuánime. Pero las denuncias más rotundas de impostura contra Buñuel son demasiado recientes. Por ejemplo; hubo que esperar hasta 2016 para que el escritor y periodista; Sergio del Molino Molina, analizara en: “La España vacía. Viaje por un país que nunca fue” cómo y por qué Buñuel con sus camaradas y amigos fraguaron las puesta en escena tremendistas del referido cortometraje.

La capacidad de ceguera que tiene los prejuicios ideológicos es increíble pues ni siquiera se me ocurrió pensar en 1970, cómo era posible que un burro fuera matado por unas cuantas abejas. La verdad de cómo se montaron y rodaron las escenas del film apenas fueron sonsacados con sacacorchos a sus autores y no tuvieron repercusión mediática. Sin embargo, el operador del film Eli Lotar durante la presentación de la película en la Columbia University de Nueva York en 1940 lo dejó claro: «Todo está reconstruido, elaborado, interpretado. Los campesinos hurdanos interpretan como actores sus propios papeles».

Muerte, negrura, enfermedad, degeneración racial y otra vez muerte y muerte, mucha muerte, son las constantes de cada secuencia, de cada plano, de cada fotograma de Las Hurdes. Tierra sin pan. Claro que podemos asumir el relativismo a discreción vigente y considerar que el cine documental no es exactamente aquello que «podríamos ver con nuestros propios ojos si asistiéramos al acontecimiento narrado». Pelillos a la mar sobre todo si se acepta que las buenas intenciones y el sacrosanto buen fin permite representar una ficción como su fuera la realidad pura y dura.

Las Hurdes, desde hace unas cuantas décadas, es una región muy transitada por el turismo rural por su gran atractivo paisajístico y cultural, además de contar con notables productos alimenticios y gatronómicos como la miel, las cerezas, los embutidos de cerdo y el cabrito asado. Territorio montañoso situado al norte de la provincia de Cáceres, encerrado por la Sierra de Francia, (Salamanca) por el Norte, los meandros del Alagón por el Sur, la Sierra de Gata y la Canchera por el Oeste y la Sierra del Cordón, río Batuecas y Alagón por el Este. Tiene una superficie de 499 km2 con cinco municipios: al sur Caminomorisco, y Pinofranqueado son los más grandes y forman Las Hurdes Bajas. Nuñomoral está situado en el centro; al norte Casares de Las Hurdes y Ladrillar conforman Las Hurdes Altas. Dichos municipios tienen numerosas alquerías que más que conjunto de casas de labranza, a principios del siglo XX eran pequeñas aldeas construidas entre flancos de montaña. Sus características orográficas al situarse en el extremo occidental del Sistema Central, conformado por cordales de montaña media-alta escarpada con agrestes valles rodeados de sierras, dificultaron la comunicación interna y externa de la región. El clima se encuentra influenciado por la orografía y la latitud con una temperatura media anual de 14ºC mientras que las precipitaciones medias anuales de agua y nieve se sitúan entre 800-1000mm aunque con notable estiaje durante los meses de julio y agosto. Estas condiciones pluviométricas y el terreno pizarroso-granítico con otras rocas de naturaleza ácida, originan innumerables fuentes de agua poco mineralizada y fina al paladar, de donde parten muchos arroyos que forman gargantas hasta conformar los cinco principales ríos que bañan la comarca: Hurdano, Ladrillar, Malvellido, Esparabán y Los Ángeles, todos ellos afluentes del río Alagón, uno de los principales afluentes del Tajo. Excepto en pequeñas praderas a la orilla de los ríos, las Hurdes no tienen suelo vegetal que facilite la labranza o los pastos. A principios del siglo XX, la región tenía alrededor de 8.000 habitantes. Con la repoblación forestal y otras intervenciones estatales, la población hurdana fue aumentando hasta los 9.366 censados en 1960. Pero a pesar de las intervenciones estatales para desarrollar la comarca siguieron, la emigración y el descenso de la natalidad han producido el retroceso demográfico palpable en el censo de 2017 que establece su población en 6.338 habitantes, la mayoría mayores de 50 años.

A pesar de mitos y leyendas negras sobre la barbarie de sus gentes, las Hurdes son ejemplo de fecunda cultura oral, impares valores antropológicos y etnográficos, de importantísimos vestigios prehistóricos, donde sobresale una tradición folclórica notable con instrumentos musicales como el tamboril, la chirimía y la gaita, junto con las castañuelas que acompañan las danzas de los ramos, el sindo, el picau jurdanu, la espiga, valdobino, jota jurdana, la mona, la jaba, la charra, baile de las morcillas, zancos o chancos o la botella. Asimismo, desde los años ochenta del pasado siglo, es una de las comarcas más subsidiadas de España.

Al ser Las Hurdes. Tierra sin pan accesible en varios sitios web como Youtube, comento seguidamente unos cuantos detalles del film que me parecen sustanciales, basándome en el criterio deducido del estudio tanto personal como de otros muchos que ido recogiendo. Para comenzar es obvio que la elección de Buñuel y sus ayudantes de rodar en las más apartadas y retrasadas alquerías de las Hurdes Altas; Aceitunilla, El Gasco y Martilandrán, fue congruente con el guión previsto. De hecho, la flamante escuela de Aceitunilla solo merece un comentario malicioso sobre la moral impartida en la educación, cuando un niño robusto escribe en la pizarra con una caligrafía envidiable: “respetad los bienes ajenos”. El relator nos advierte que los riachuelos serranos surgidos de manantiales cristalinos tienen fondos apestosos mientras los huertanos beben, se lavan y los niños mojan un supuesto pan duro que, sorprendentemente, antes el relator nos informó que los niños reciben cada día en la escuela. Por otro lado, la visión de esta cinta describiendo hambruna en estos tiempos en que estamos acostumbrados a ver en televisión e internet, gracias a la eficaz labor de propaganda de ONGs, a niños famélicos en puros huesos y con el vientre abombado, genera dudas porque la figura y aspecto de esos supuestos niños famélicos hurdanos que describe la tétrica voz del narrador, no se corresponden con las imágenes que conocemos. Eso sí, se puede apreciar que a la mayoría de niños y adultos les han quitado los zapatos pues no tienen los callos en los pies de quienes de verdad andan descalzos, mientras que en Martilandrán, la niña que pasea con su madre portando una muñeca en la mano, ambas descalzas, tiene mofletes rollizos. Tampoco tiene pinta de morirse ni de hambre ni de enfermedad grave la guapa niña, por mucho que se acurruque, o la manden acurrucarse, contra la piedra granítica y el relator diga que gime y que pocos días después se enteraron que había muerto. Y la apariencia no engaña puesto que la niña aparentemente grave fue localizada como abuela de excelente salud en 1996.

Las Hurdes. Tierra sin pan. Niña enferma de gravedad

Las puestas en escena lastimeras del inicio del film son superadas con creces por las atroces posteriores. Y son los estudios rigurosos de estas escenas las que nos informan que la cabra no se despeña sola sino gracias a un tiro de pistola de Buñuel (siendo visible en el lateral derecho de la imagen la humareda del disparo) cansado de los numerosos intentos de atosigamiento infructuoso a la cabra hacia el barranco para filmar su caída “accidental”. Por otro lado, creer que los hurdanos solo comían carne de cabra cuando una se despeñaba, es jugar con la ignorancia o la credulidad de los urbanos y los creyentes en la causa justa. La muerte del pobre burro que acarrea panales de abejas (nunca se hacía de día) y, tras caerse uno, fue atacado por enjambres de enfurecidas abejas que lo mataron a aguijonazos, es una cruel puesta en escena que se preparó embadurnando previamente la cabeza del asno con miel, bien atado y, como realmente no murió por las picaduras, en un estudio realizado sobre una copia digital que dura 20 frames se aprecia el instante en el que una bala perfora el vientre del pobre borrico, para poder rodar debidamente como era devorado por perros y buitres.
El culmen melodramático del cortometraje es el entierro del niño muerto con fondo musical de Brahms, filmado con uno vivo que se hizo adulto y vivió muchos años más. El semblante apacible del niño muerto y el rostro bello de la madre seria que no llorosa, inicia la secuencia del transporte del difunto al lejanísimo cementerio que, increíblemente, no puede llegarse por camino alguno, por lo que el supuesto cadáver insepulto, es depositado en una artesa que nos asegura recorre kilómetros rio abajo. La escena de depositar la artesa con el niño muerto rio abajo es un tanto bucólica y parece inspirada en la bíblica historia de Moisés salvado de las aguas del Nilo, aunque por la anchura, caudal y vegetación, es en el Alagón de meandros ya entonces repleto de veredas en sus orillas, donde colocan la artesa con el muertito vivo navegando tranquilamente y según sea el plano del film, unas veces amortajado con paño blanco y otras con paño floreado. Fallos de vestuario.

La parte dedicada a “Enfermedades y muerte” se inicia con una panorámica del cauce seco de un riachuelo en verano, cuna de la larva del mosquito anopheles que extendía el paludismo por aquellos valles: «Todos los hurdanos son palúdicos», asegura el narrador. Es cierto que Marañón y los médicos que formaron la comisión sanitaria para Las Hurdes en abril de 1922, registraron la existencia del paludismo en la región, pero afirmar que todos los hurdanos la sufrían es una exagerada lectura del informe firmado once años antes. Por otro lado, hay que señalar que a principios del siglo XX, el bocio era endémico en España con núcleos importantes en Galicia, Asturias, regiones pirenaicas, la Alpujarra y Las Hurdes, pero también en comarcas montañosas de los Alpes, Macizo Central francés y prácticamente todo los Balcanes por solo hablar de Europa. No por casualidad, la primera comisión sanitaria oficial que viajó a las Hurdes en abril de 1922 fue encabezada por los médicos; José Goyanes Capdevila y Gregorio Marañón y Posadillo cuyas tesis doctorales se centraban en el estudio de la glándula tiroides. Dicha comisión, solo detectó un anormal número de enanos y algún cretino en las recónditas alquerías donde filmó la mayoría de las escenas Buñuel. En su libro de apuntes de 1922 Marañón escribe sobre lo que ve en las alquerías más pobres de las Hurdes Altas: «El problema es muy grave, comparable con el descrito en los Alpes suizos, bocio endémico, cretinismo, enanismo de origen hipotiroideo». Los estudios científicos de campo inmediatamente posteriores hechos por Marañón en Las Hurdes, fueron fundamentales para su celebrado libro “El bocio y el cretinismo; estudio sobre la epidemiología española y la patogenia de esta enfermedad” (1927). Ya entonces se sabía que la deficiencia de yodo era el principal causante de la enfermedad, sin embargo, Marañón prefirió enfocar la labor en la mejorara de la alimentación, seguramente por las dificultades que entonces tendría organizar una campaña de suministro de sal yodada, a toda la población. Respecto al comentario del narrador sobre que por comer cerezas aún verdes los hurdanos sufrían de disentería, solo muestra cierto desparpajo o ignorancia del guionista de que la fuente de transmisión de esta enfermedad es fecal-oral por alimentos y agua.

En fin, los enanos y cretinos que ocupan el final del corto, «Un espécimen de cretino… otro cretino… un cretino casi salvaje» no se producen esencialmente, como dice el narrador, por causa de la mala higiene, el hambre y el incesto, sino por el bocio y solo en parte por la endogamia social propia de las comarcas aisladas, endogamia que no tiene por qué ser incestuosa.

Es peripatética la forma en que Buñuel describe la formidable tenacidad de los hurdanos quienes, con gran esfuerzo y laboriosidad crearon terrazas de labrantía en las laderas de las montañas trasladando la tierra y sujetándola con muros de piedra para sembrar minúsculos huertos en predios, mientras que el cineasta silencia el formidable esfuerzo de los abuelos de aquellos hombres que aunaron todos sus dineros para comprar los terrenos de aprovechamiento común que venían explotando entre todos desde tiempo inmemorial, en las subastas de la desamortización de Madoz. La titánica tarea colectiva de hacer de piedras pan de los hurdanos fue elogiada por Miguel de Unamuno en un artículo publicado en El Liberal refiriéndose a su viaje a las Hurdes en 1913: «Si en todas partes del mundo el hombre es hijo de la tierra, en las Hurdes la tierra es hija de los hombres».

El historiador Luciano Fernández Gómez y el documentalista y oriundo de la alquería hurdana de El Cabezo José Pedro Domínguez, a la sazón director e impulsor del Centro de Documentación de Las Hurdes inaugurado en 1996, han realizado un meritorio trabajo de recopilación histórica que aclara muchos entuertos sobre esta región. Así, nos enseñan que «Los inicios del siglo XX están marcados por la acción paternalista y los discursos moralistas de las denominadas “élites culturales, sociales y políticas” que intentan imponer su doctrina desde el exterior en una zona que según ellos carecían de los recursos “morales y materiales” necesarios para el desarrollo del pueblo». Entonces, describen el nacimiento en 1903 de la “Sociedad Esperanza de Las Hurdes”, con el apoyo de los eclesiásticos y significados representantes de la élite provincial desde postulados que reflejan la mentalidad regeneracionista moral burguesa propia de los comienzos de este siglo. Los objetivos de la Sociedad comprendían tanto la mejora material como espiritual de la región y utilizó los medios de comunicación de masas para difundir las carencias económicas y morales de la región. En 1908 se celebra un Primer Congreso de Hurdanófilos. La difusión de estas noticias animó al Rector de la Universidad de Salamanca Miguel de Unamuno, como delegado del gobierno en educación de las provincias de Salamanca, Cáceres, Ávila y Zamora, a visitar Las Hurdes en 1911 y 1914, acompañado por los franceses Jacques Chevalier y el geógrafo también galo Maurice Legendre guiados por “tío Ignacio” (Ignacio Pérez) natural de La Alberca quien fue acompañante de Legendre en sus doce viajes por la comarca. Sus dos viajes a Las Hurdes Unamuno los glosó en varios artículos en El Imparcial y El Liberal y posteriormente los resumió en: “Andanzas y visiones españolas” publicado en 1922. Por otro lado, el hispanista Legendre había comenzado a visitar las Hurdes en el verano de 1909 y, desde entonces, la visitó cada verano hasta abril de 1922 que acompañó a la Comisión Sanitaria sobre Las Hurdes presidida por el doctor Gregorio Marañón, preparatoria de la visita de Alfonso XIII en junio del mismo año. La publicación del libro de Legendre: “Las Jurdes: étude de géographie humaine” en 1927 por L’Ecole des Hautes Etudes Hispaniques en Francia como tesis para doctorado en la facultad de letras de Burdeos, tuvo poca repercusión en Francia y algo más en España. Sin minusvalorar algunas notables observaciones y fotos, el empeño rescatador del ultracatólico Legendre, su celo por salvar almas y cuerpos de hurdanos, le llevó a la exageración y la caricatura romántica. Pocos leyeron el libro de Legendre pero de los pocos, uno fue Luis Buñuel quien, prendado por la imágenes que contenía, procuró hacer una secuencia fílmica de las fotos del libro de Legendre en su cortometraje. Sin pretenderlo, Legendre fue promotor de la leyenda negra sobre Las Hurdes.

El diputado monárquico por el distrito de Hoyos-Hervás; Juan Alcalá-Galiano y Osma Romilla, en 1922 protestó enérgicamente en el Congreso y envió cartas al gobierno y al Rey denunciando el abandono sanitario y de todo tipo en que se encontraba su distrito. Estas protestas determinaron que el ministro de Gracia y Justicia y Gobernación Vicente de Piniés Bayona, encargase la formación de una comisión médica para estudiar y diagnosticar los problemas denunciados por el diputado Alcalá-Galiano. La comisión estaba formada por los médicos más respetados de la época; Ángel Pulido Fernández, Gregorio Marañón y Posadillo, Enrique Bardají López, José Goyanes Capdevila y Ricardo Varela y Varela. La comisión sintetizó su dictamen con la frase: «El problema de Las Hurdes es puramente sanitario» estableciendo su origen en la pobreza generalizada.

Tras el dictamen, en junio de 1922 el Rey Alfonso XIII recorrió a caballo las Hurdes durante cuatro días, habló con sus gentes y visitó muchos hogares. Como resultado de la visita se fundó bajo su patrocinio el Real Patronato de las Hurdes (1922-1931), una institución de Beneficencia destinada a remediar la situación material, social y moral en que se encontraba la región. Entre otras funciones, el Patronato inició obras de infraestructura, construcción de escuelas, caminos, puentes y carreteras, casas para médicos y maestros, estafetas de correos, cuarteles para la Guardia Civil, servicio de agua potable, repoblación forestal y planes de actuación contra las enfermedades endémicas.

Alfonso XIII volvió a las Hurdes el 30 marzo del año 1930 para comprobar el resultado de las medidas llevadas a cabo por el Real Patronato de Las Hurdes. Esta vez llegó en su auto Hispano-Suiza pues se había construido el puente sobre sobre el río Ladrillar (ahora reliquia conocida como Puente Viejo) que permitía un viaje sinuoso por carretera asfaltada entre Bejar y la alquería hurdana de Riomalo de Abajo. Aunque recortada la visita por la noticia de la repentina muerte de Miguel Primo de Rivera, el Rey pudo verificar la construcción de escuelas; instauración de un servicio sanitario completo con la incorporación de médicos; carreteras y caminos; puentes; etcétera.

Como referido, Buñuel se inspiró en el mencionado libro de Maurice Legendre sin tener en cuenta, pues estropeaba su proyecto denunciador, lo escrito por Miguel de Unamuno en su vivificante libro “Andanzas y visiones españolas” (1922) donde, con el rigor acostumbrado del bilbaíno, bebe agua fresca de la sierra; «del cántaro de una buena samaritana» en El Casar de Palomero en donde hay dos generadores de luz eléctrica y viven dos médicos. Luego describe la llegada a Pinofranqueado; «Un buen pueblo, sin nada de la ridícula leyenda del salvajismo hurdano». Pronto nos cuenta Unamuno el titánico esfuerzo de los hurdanos para mantener el raquítico huerto de patatas del que subsisten, del amor a su tierra madrastra, de la riqueza que supone la posesión de un asno. Para luego aclarar: «Mas yo las cuatro noches que dormí en las Hurdes dormí en cuatro diferentes camas y buenas, mullidas y limpias. En limpia y buena cama dormí en Las Erias, en casa del maestro de la alquería, de uno de esos maestros habilitados que la Diputación de Cáceres ha puesto por las Hurdes, de uno de esos heroicos ciudadanos que por un pobre estipendio van a luchar en una lucha no menos trágica y menos recia que la de los pobres hurdanos con su madrastra tierra». Las cabras que ve Unamuno veinte años antes que Buñuel y sus amigos, no se despeñan sino que regresan de triscar por el monte por la tarde para dormir en la cuadra situada en el bajo de la casucha de piedra. Cuando remontan a una de las miserables alquerías altas, Unamuno relata: «colgada en las abruptas cuestas de un sombrío repliegue de la montaña, allí apenas si hay sol. Sus misérrimos moradores son, en su mayoría, enanos, cretinos y con bocio. Nuestros informantes atribuíanlo a la falta de luz del sol. Otros lo han atribuido, al buen tuntún, a lo corrompido de las aguas. Y parece ser que es todo lo contrario: que ello se debe a la pureza casi pluscuamperfecta de las aguas, a que las beben purísimas, casi destiladas, sin sales, sin iodo sobre todo, que es el elemento que, por el tiroides, regula el crecimiento del cuerpo y la depuración del cerebro… ¡Pobres hurdános! Pero… ¿salvajes? Todo menos salvajes. No, no, no es una paradoja lo de mi amigo Legendre, el inteligente amador de España; son, sí, uno de los honores de nuestra patria».

Y es notorio que, tras verificar con ojo crítico Las Hurdes. Tierra sin pan, el dictamen de Unamuno sobre los niños hurdanos de 1913 me parezcan mucho más creíbles que el del cortometraje: «Una de las cosas que más han llamado mi atención en las Hurdes es la gran cantidad de niños preciosos, sonrosados, de ojillos vivarachos, que he visto. Luego se estropean en aquella terrible lucha por el miserable sustento». ¿Niños vivarachos y sonrosados hambrientos? «Y siempre las quejas. “Por aquí debía venir el rey a comer lo que comemos”—decía una mujer que, si no era vieja, lo parecía. Y decíalo en muy claro y muy neto castellano. Porque eso de que ladren o poco menos, es otra patraña. Hablan castellano, y lo hablan muy bien. Y no huyen de los visitantes. Al contrario, acércanse a ellos a pedirles cigarrillos y por si cae alguna perrilla que les remedie». También Unamuno narra su sorprendente encuentro de restos de periódicos, libros en las casas y niños bastante normales y bien escolarizados, es decir, describe una sociedad pastoril pobre, quizá algo más pobre que otras de la España montañosa casi incomunicada de la época.
Mientras tantos prefirieron y prefieren la brocha gorda demagógica, Unamuno que despreciaba la sociología y a los sociólogos, descubre la verdad de los motivos de los hurdanos apegados a su pobre tierra: «Y prefieren mal vivir, penar, arrastrar una miserable existencia en lo que es suyo, antes que bandearse más a sus anchas teniendo que depender de un amo y pagar una renta. Y luego es suya la tierra porque la han hecho ellos, es su tierra hija, una tierra de cultivo que han arrancado, entre sudores heroicos, a las garras de la madrastra naturaleza, Ellos la han hecho, cada uno la suya, apoyando un olivo, construyendo un bancal para una cepa, rehaciendo la cerca que destrozó la avenida de aguas o el jabalí». Esta observación se acerca mucho a la cosmovisión cercana al paradigma constado por el mencionado antropólogo George Foster titulado: “La imagen del bien limitado”, en que el campesino pobre interioriza la escasez de recursos y oportunidades. Todo se percibe como finito: riqueza, honor, status, poder, influencia, seguridad, etcétera.

Si en la Hurdes de 1933 no había caciques, ni terratenientes, ni explotación del hombre por el hombre. Si la tierra, la pobre y escasa tierra, era propiedad de quienes la trabajaban, si no existían estructuras ni mecanismos de apropiación del producto del trabajo por aristócratas, curas o capitalistas ¿Hacia quien o quienes lanzaron sus envenenadas flechas Buñuel y sus recientes camaradas del PCE: Rafael Alberti, María Teresa León, Rafael Sánchez Ventura, Gustavo Durán, Miguel González, César Falcón, los franceses miembros del PCF Pierre Unik y Eli Lotar, todos apoyándose en la flamante prosoviética Unión de Escritores y Artistas Proletarios Revolucionarios dirigida por Rafael Alberti? Obviamente, trataron de buscar una respuesta emocional en las masas indignadas que derivara a la conclusión de que un Estado que permite semejante situación no merece respeto ni fidelidad. Se trataba de producir una obra de agitación y propaganda incentivadora de la revolución social, siguiendo la senda de Serguéi Eisenstein y Grigori Aleksándrov, entonces perfeccionadas por Willi Münzenberg, el genio de la propaganda de la Comintern y amigo berlinés de Julio Álvarez del Vayo desde 1918 hasta que Stalin lo señaló como traidor en 1937 y, a pesar de intentar escapar, en 1940 sicarios del dictador soviético lo ahorcaron de un árbol en Francia. Contra el Estado sí, pero no contra cualquier forma de Estado como pretendía con su cándido mecenazgo el anarquista escultor, humorista gráfico, Ramón Arsenio Acín Aquilué que financió el cortometraje de Buñuel con 20.000 pesetas que logró de un premio de lotería, los dardos eran contra el Estado burgués que aunque republicano, no era el de la soñada dictadura del proletariado que en aquel tiempo dirigía con puño de hierro Iósif Stalin.

La primera proyección pública de Las Hurdes (tierra sin pan fue añadido posteriormente) se produjo en diciembre de 1933 en el madrileño Palacio de la Prensa. Al ser una película muda, fue glosada por el mismo Buñuel sobre el fondo musical de la cuarta sinfonía de Brahms. Asistieron a la proyección los mencionados amigos y camaradas del director, junto con personalidades y escritores reconocidos, es decir, la flor y la nata del Madrid de la época. Las escasas crónicas de aquel evento se contradicen pues algunas aseguran que estuvieron Marañón y Unamuno y otras lo desmienten. El caso es que acababan de ganar las elecciones generales la derecha y en octubre se había formado un gobierno de coalición Radical-Cedista poco propenso a las exaltaciones propagandistas de izquierdas, mientras que la censura previa se ejercía a través de la Ley de Defensa de la República de 1931, por lo que la comercialización del cortometraje requería el visto bueno del gobierno. El indudable prestigio de Marañón inclinaba a pensar que su visto bueno sería esencial para la proyección del corto en las salas comerciales, pero al médico no solo no le gustó sino que le malhumoró mucho. En su autobiografía titulada: “Mi último suspiro” publicada en 1982, Buñuel da una versión un poco diferente sobre el asunto insinuando que se entrevistó con Marañón poco después de la presentación y pone en su boca el siguiente reproche: «¿Por qué enseñar siempre el lado feo y desagradable? Yo he visto en Las Hurdes carros cargados de trigo. ¿Por qué no mostrar las danzas folklóricas de La Alberca, que son las más bonitas del mundo?». Lo indiscutible es que Marañón, como científico riguroso que estudió sobre el terreno los problemas sanitarios y sociales de la región y luego, como miembro de la Junta de Consiliarios Real Patronato de Las Hurdes desde 1922, impulsor de las Factorías, instituciones benéficas en cuyos edificios se albergaban a médicos, maestros, estafetas de correos y Guardia Civil en todos los municipios antes de 1932, no estaba dispuesto a permitir embauques promovidos por intereses políticos. Desde el principio lo dejó claro en su informe redactado tras la inspección de la comisión médica de las Hurdes en 1922 donde subrayó: «Nosotros por el contrario hemos confesado que no hallamos en Las Hurdes ninguno de los elementos legendarios que sirvieron de tema a los cronistas, ni razas distintas, ni seres salvajes y de costumbres extrañas, ni pueblos de liliputienses, sino solo alquerías habitadas por pobres gentes, inteligentes y dulces pero asoladas, ignorantes y, sobre todo, temiblemente hambrientas y enfermas de gravedad».

El gobierno del Frente Popular en 1936 subvenciono un nuevo montaje de Las Hurdes. Tierra sin pan y promovió su proyección pública. La Junta de Extremadura ha logrado suavizar el enfado de los hurdanos y otros extremeños mediante grandes dosis de contextualización. Desde la guerra civil hasta los inicios de la década de los 70, es decir, durante la dictadura franquista, se escriben diversos libros de viaje que alimentan esta leyenda negra, entre otros: “Caminando por Las Hurdes” de Antonio Ferres y Armando López Salinas en 1960; “Las Hurdes. Tierra sin tierra” de Victor Chamorro en 1968; “Las Hurdes Clamor de Piedras” de Juan Antonio Pérez Mateos en 1972.

Con la película de animación titulada: “Buñuel en el laberinto de las tortugas” dirigida por Salvador Simó Busson, basada en la novela gráfica del mismo título escrita por Fermín Solís en 2009, al conseguir el Premio Feroz Puerta Oscura al mejor largometraje de la sección oficial en el vigésimo segundo Festival de Cine en Español de Málaga (2019) el mito se prolonga pues lejos de aclarar algo, el cúmulo de anécdotas enredan y ocultan los cómos y porqués del guión y producción del film mímico melodramático divulgado como documental antropológico. Pero contextualizando personajes y épocas, para comprender mejor este asunto quizá solo sea necesario recordar que Buñuel expresó en varias ocasiones que priorizaba la justicia a la verdad, refiriéndose a lo que él entendía por justicia claro.

En mayo de 1931 el gobierno provisional de la República retiró el término Real dejando el nombre de la institución como “Patronato Nacional de Las Hurdes” al tiempo que cambiaba su dirección y estructuras de financiación. Poco se sabe sobre su labor durante la II República. Sí que priorizó la Misión Pedagógica que dirigió Fausto Maldonado Otero y, al parecer, llegaron unos cuantos maestros seguidores de la Pedagogía Freinet (metodología basada en los principios: activa, popular, natural, abierta, paidológica, cooperativista, metodológica y anticapitalista) cuyos informes son tajantes respecto a la necesidad de mejorar las cantinas escolares, ampliar la clases escolares para adultos, mejorar la calefacción que era mayoritariamente con braseros, fundar bibliotecas escolares, petición de Misiones Pedagógicas, necesidad de aparatos de radio, de proyecciones y cinematógrafos en las escuelas. Los pocos informes conservados de la época constatan la alta asistencia de los niños, la obligación de ir bien aseados y la repetición de los castellanísimos apellidos: Gómez Martín, Iglesias, Sánchez y Pérez.

En 1941 se inauguró en Las Hurdes el Hogar Escolar “Francisco Franco”. En 1952 se fundó la institución humanitaria: Cottolengo del Padre Alegre, como ente privado de caridad, acogiendo y asistiendo solamente a personas desamparadas. Durante muchos años, esta institución se convirtió en centro de maternidad. Imitando a Alfonso XIII, Francisco Franco visitó Las Hurdes el 10 de mayo de 1954 y declaró a los hurdanos como ahijados suyos prometiéndoles “preocuparse” por los desvalidos y desprotegidos. En 1955 el gobierno aprobó un plan de desarrollo para mejorar las condiciones de vida de Las Hurdes, a través de medidas incentivadoras de desarrollo rural, fomento de la artesanía, las cooperativas y mejora de la sanidad y radicalización del analfabetismo.

Pero la labor de planificación más transcendente del franquismo en las Hurdes fue la repoblación forestal iniciada en 1940 como parte del Plan Nacional de Repoblación Forestal (PNRF) aprobado en 1939. El organismo que lo planificó y puso en marcha fue el Patrimonio Forestal del Estado (PFE) en colaboración con la diputación provincial y los respectivos ayuntamientos de la región. Esta forestación se planteó como aprovechamiento racional del territorio, ya que la orografía y escasez de suelo fértil de la comarca determinaba que su utilización más lógica fuera la forestal. También, como en otras regiones montañosas, la reforestación conllevaba paliar el alto paro rural. Como he señalado, los hurdanos tenían la tradición del uso del monte vecinal en mano común que la desamortización de Madoz anuló y que ellos lograron sobreponer con la adquisición de los lotes desamortizados. Para conseguir el interés de los propietarios privados de colaborar en la consecución de los objetivos de la repoblación, se utilizaron los consorcios entre el propietario y el Patrimonio Forestal del Estado. El propietario cedía el uso del monte al PFE a cambio de pasado el tiempo en que el bosque repoblado comenzara a ser aprovechado el propietario pudiera resarcirse con la mitad de los beneficios de la explotación. En 1971 el PFE fue suprimido y sustituido por el Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ICONA). Sin embargo, estas instituciones en buena lógica fueron dirigidas por ingenieros de montes con criterios e intereses diferentes al de los campesinos y sobre todo los ganaderos. En concreto, para Las Hurdes con el doble objetivo de evitar la progresiva degradación del suelo y generar un bosque rápidamente, se determinó repoblar con pinos autóctonos en las zonas donde reinaban los jarales pringosos que: «eran hijos del incendio, debiéndose atribuir la extensión actual de sus dominios a las rozas abusivas con el fin de ganar terrenos de pastos». Esta imposición redujo la apicultura y, como impedía el pastoreo en los terrenos recién repoblados, generó el rechazo de los vecinos que explotaban en régimen extensivo ganado caprino.

Sin embargo, poco a poco Las Hurdes se fueron integrando al tiempo de la nación. Con la democracia se aprobó el Plan Especial de las Hurdes 1976-1983 de Desarrollo Integrado al que sucedieron otros menos generales. En 2019 las cifras de paro en los municipios de la comarca era inferior a la media de la provincia de Cáceres.

LA VICTORIA LÚGUBRE DE LA IZQUIERDA REACCIONARIA

Pablo Rojo Barreno.

29/04/2019

Las lecturas y opiniones sobre el resultado electoral de ayer son tan variopintas como sociólogos, psicólogos y politólogos existen en cada familia española, sea cual sea su modelo. Sin embargo, los datos de los resultados electorales demuestran que; una vez más, la estrategia del miedo perpetrada por el PSOE ha funcionado. Si bien se trata de una constante histórica del viejo partido que lleva condicionando la vida de los españoles durante el último siglo, exceptuando el periodo de la dictadura franquista entre 1939 y 1975, creo que no hace falta remontarse demasiado en la historia para sostener que el PSOE es maestro en estremecer a la sociedad española en su provecho.

No hace tanto tiempo desde los sangrientos atentados del 11 de marzo de 2004 cuando, mientras los 60 forenses madrileños apenas habían comenzado a identificar a los 192 asesinados por los terroristas, numerosos españoles convocados el 12 y el 13 de marzo de 2004 por el PSOE y la “Plataforma Cultura Contra la Guerra”, promovida por la Unión de Actores cuyos miembros integraron luego los “Artistas de la Ceja”, se manifestaron frente a las sedes del Partido Popular gritando consignas acusatorias tremebundas como: “las bombas de Irak estallan en Madrid”, “Aznar, culpable, es el responsable”. Estas manifestaciones y sus consignas fueron propagadas hasta la saciedad por el potente grupo PRISA y otros grupos mediáticos, organizaciones pantalla del PSOE y sus sindicatos. Para rematar la función, el químico estratega del PSOE de entonces y amigo de José Félix Tezanos Tortajada; Alfredo Pérez Rubalcaba declaraba: «Los ciudadanos españoles se merecen un Gobierno que no les mienta, que les diga siempre la verdad». La mayoría acongojada llevó al entonces desconocido y sonriente José Luis Rodríguez Zapatero al Palacio de la Moncloa.

Sin desdeñar los errores y la notoria pusilanimidad ideológica con que Rajoy el Parsimonioso impregnó al Partido Popular, hasta el punto de contribuir en buena parte al surgimiento de Ciudadanos y Vox, lo evidente es que el PSOE dirigido por Pedro Sánchez Pérez-Castejón ha sabido, con la inestimable ayuda de los medios afines y de titularidad pública que controla, convencer a muchos españoles de las bondades de su talante negociador con los separatistas supremacistas y, sobre todo, del peligro que suponía para su tranquilidad la irrupción de Vox.

La estrategia del caracol consistente en pregonar con pavor que viene el lobo de la derecha, junto con el no menos calculado dontancredismo del Doctor Sánchez y sus adláteres, consistente en esconder los grandes retos que los españoles tenemos por delante, han funcionado perfectamente y logrado sus objetivos con creces. Así, esa izquierda reaccionaria que describe contundentemente el profesor de Filosofía Política de la Universidad de Barcelona; Félix Ovejero Lucas, la desnortada izquierda posmoderna que, sin embargo asegura tener la varita mágica que resuelve todos los problemas a través del erario de obligado cumplimiento, la inventora y promotora de la corrección política y veneradora del Estado patrón, retorna al poder que, en realidad, en España lleva disfrutando desde 1982.