LOS FRACASOS DE BIDEN

29/08/2021.

Por entender que el artículo escrito por Victor Davis Hanson, publicado el 22 de agosto de 2021 en la página del The Independent Institute (Oakland, California) y en AG American Greatness, resume con notable agudeza los primeros meses de la Presidencia de Joe Biden, he considerado interesante traducirlo al español y compartirlo.

OCHO MESES DESPUÉS, LA CASCADA DE FRACASOS DE BIDEN.

Enlace al artículo original en inglés.

Un Biden con problemas cognitivos es empujado en todas direcciones, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio a todo lo relacionado con Trump.

Casi todo lo que Joe Biden ha tocado desde que asumió el cargo, se ha convertido en basura. Ninguno de sus juegos de culpas, ninguna de sus distorsiones, ninguna de sus fantasías e irrealidad pueden enmascarar esa verdad.

LA CATÁSTROFE AFGANA

Hace siete meses, Afganistán estaba relativamente tranquilo, con alrededor de 10,000 soldados vestigiales de la OTAN, incluidos 2,500 estadounidenses, anclados en el aeródromo de Bagram. Pudieron proporcionar superioridad aérea a la coalición y al ejército nacional afgano. Con el poder aéreo, las fuerzas de la OTAN, si así lo hubieran deseado, podrían haber retirado muy lenta y gradualmente todas sus tropas remanentes, pero solo después de una partida previa de todos los civiles estadounidenses y europeos, los contratistas de la coalición y los afganos aliados.

La calma transitoria implosionó abruptamente tan pronto como Joe Biden retiró imprudentemente a todas las tropas estadounidenses en cuestión de días. Muchos se fueron en la oscuridad de la noche, sin dejar a nadie para proteger a los contratistas, dependientes, diplomáticos y aliados afganos. En el mundo de Biden, los civiles protegen el último enclave occidental mientras los soldados huyen.

Hace tres semanas, Joe Biden y un Pentágono despistado y politizado nos aseguraban que Afganistán era «estable». Ahora el país está volviendo a su acostumbrado caos premoderno, teocrático y medieval. Es probable que pronto vuelva a abrir como el refugio terrorista del mundo al estilo anterior al 11 de septiembre: un mercado de armas de más de $ 50 mil millones en equipo militar estadounidense abandonado. Gracias al presidente de los Estados Unidos, los terroristas y los enemigos del Estado-nación ahora pueden comprar armas y entrenar allí sin obstáculos.

El “arquitecto” de la coalición de la OTAN, Biden, también se burló de sus aliados europeos, cuyos soldados superaban en número a los nuestros. El humanitario «buenazo Joe de Scranton» despreció a los miles de militares afganos muertos que habían ayudado a los estadounidenses. Biden les dijo a las familias de los estadounidenses caídos y heridos durante dos décadas, que la catástrofe en Kabul era inevitable, sin otra salida que el caos y el deshonor. ¿Por qué no nos dijo eso antes, cuando era vicepresidente, con tantos muertos y heridos previos?

«Supéralo», era el subtexto del mensaje de Biden. Si los estadounidenses quieren escuchar el juego de la culpa, nos dijo que convirtiéramos en chivo expiatorio a Barack Obama, o a todos los presidentes anteriores, o especialmente a Donald Trump, o a los servicios de inteligencia y al ejército, o al ejército afgano, o nosotros los ingenuos que de alguna manera pensamos que las cosas son un desastre ahora en Kabul- o cualquier cosa y todos cada uno menos Joe Biden.

¿Fue idea de Biden simplemente sacar a Estados Unidos «oficialmente» de Afganistán y dejar que los más de 10.000 estadounidenses abandonados se las arreglaran como pudieran?

¿Estaba Biden irritado por nuestra presencia de 20 años y pensando que los afganos merecerían lo que siguió? ¿Estaba tan delirante que realmente creía que las fuerzas de la OTAN podrían disuadir fácilmente a los talibanes con sermones santurrones del Asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan, el Secretario de Estado Antony Blinken y la Subsecretaria de Estado Wendy R. Sherman? Esta última es una ex directora de la Lista de EMILY y una arquitecta del Acuerdo con Irán, entonces, ¿ella y otros fueron especialmente aterrorizantes para los teócratas traviesos cuando advirtieron que podrían perder su lugar en el «orden mundial basado en reglas»? ¿O creía Biden que los talibanes se verían disuadidos por las exclamaciones de Sherman, como su ominosa advertencia: «¡Esto es personal para mí!»

EL FIASCO INFLACIONARIO

En enero, Biden heredó una economía en recuperación impulsada por mil millones de dólares en tinta roja federal estimulante. Dada la demanda reprimida natural de los consumidores, ¿por qué Biden necesitaba imprimir otros mil millones de dólares más, buscar dar luz verde a otros dos mil millones de dólares más para «infraestructura» y aumentar aún más la compensación por desempleo hasta el punto de disuadir a los empleados de regresar al trabajo?

Al mismo tiempo, ha sobresaltado a los empresarios con amenazas fanfarronas, señalando que aumentaría los impuestos en las ganancias de capital, beneficios, nóminas altas e impuestos sobre la herencia. Al mismo tiempo, el aumento de trabas erosionó aún más a las pequeñas empresas. El resultado fue la inflación de precios de todas las cosas de la vida: casas, madera, gasolina, alimentos, electrodomésticos, así como una escasez histórica de todo, desde automóviles y casas hasta el trabajo de contratistas y electricistas. Cualquier aumento en los salarios debido a la escasez de mano de obra, pronto fue borrado por las espirales en el índice de precios al consumo.

Entonces, ¿qué estaba pensando Biden o, mejor dicho, qué no estaba pensando? ¿Pagando a los trabajadores para que no trabajen, estaría saldando viejas cuentas con los empresarios? ¿Necesitaban los trabajadores unas vacaciones tras la cuarentena? Imprimir dinero era una forma de distribuir la riqueza y disminuir lo que poseían los ricos. ¿Fue un déficit de dos mil millones de dólares y de treinta mil millones en deuda agregada una forma de presumir ante Trump al duplicar la tinta roja de Trump en menos de un año? ¿Acumulará más deuda pública que Barack Obama y George W. Bush en la mitad de tiempo?

EL DESASTRE FRONTERIZO

Biden tomó una frontera segura, junto con una inmigración cada vez más legal y, enseguida, destruyó ambas. Detuvo la construcción del muro fronterizo, alentó la entrada de 2 millones de ilegales durante el año fiscal en curso, prometió amnistías y reanudó la «captura y liberación». Hizo todo eso en un momento de pandemia, eximiendo a los extranjeros ilegales de todos los requisitos de las pruebas COVID y las vacunas masivas que había alentado inyectarse a sus propios ciudadanos. Con amnistías masivas planificadas y millones más invitados a cruzar ilegalmente en los próximos tres años, ¿estaba Biden buscando fundar una nueva nación dentro de la ahora pasada de moda nación estadounidense?

¿Creía que los estadounidenses no merecían su ciudadanía y que los recién llegados del sur de la frontera eran de alguna manera más dignos? ¿Vio a los 2 millones de nuevos residentes como votantes instantáneos bajo nuevas reglas relajadas de votación? ¿Pensaba que en una economía privada de mano de obra proporcionarían niñeras, jardineros y cocineros a las élites de la costa? Nos esforzamos por imaginar alguna explicación porque no hay lógica en ninguna.

INSUFICIENCIA ENERGÉTICA

Biden hizo todo lo posible en solo siete meses para hacer explotar la idea de la autosuficiencia estadounidense en gas natural y petróleo. Canceló el oleoducto Keystone, congeló nuevos arrendamientos de energía federal, puso el campo petrolero de Anwar fuera de los límites y advirtió a los frackers que sus días finales estaban cerca.

Entonces, ¿qué impulsó a Biden a tomar semejantes medidas? ¿Acaso objetó que los automovilistas estaban ahorrando demasiados miles de millones de dólares al año en menores costos de transporte? ¿O fue el problema que habíamos recortado demasiadas importaciones de petróleo del volátil Medio Oriente y ya no lanzaríamos guerras preventivas? ¿O quizás la transición al gas natural limpio en lugar del carbón como combustible para la generación de energía había reducido de manera demasiado radical las emisiones de carbono? ¿Sintió Biden que los productores de Oriente Medio, los rusos o los venezolanos podrían proteger mejor el planeta mientras extraían más petróleo y gas que los perforadores estadounidenses?

LA CALAMIDAD RACIAL

Biden hizo estallar las relaciones raciales al dar luz verde a la nueva caza del mítico monstruo de la «blancura». ¿Fueron unos pocos alborotadores blancos bufones que asaltaron el Capitolio la punta de la lanza de un movimiento masivo de supremacía blanca previamente desconocido, el más peligroso, juró, desde la Guerra Civil?

Biden tomó la acción afirmativa y las ideas de “impacto dispar” y “representación proporcional” de la era de los derechos civiles y las convirtió en representación desproporcionada y reparaciones a bajo precio. Biden hizo aceptable condenar la «blancura», como si los 230 millones de estadounidenses blancos fueran culpables de una cosa u otra de una manera que los otros 100 millones «no blancos» no lo son.

Entonces, ¿por qué Biden pateó al perro dormido de la polarización racial? ¿Para agitar su base de izquierdas? Para aliviar su propia culpa por la larga historia de insultos racistas de la familia Biden, desde el «limpio» Barack Obama hasta «encadenarlos todos», las sagas «Corn Pop», «no eres negro» y «adicto» a ¿La palabra N de Hunter (cazador) y el racismo asiático? ¿Biden entrevió a países como Irak, Líbano, Ruanda y la ex Yugoslavia como modelos positivos para la emulación de la diversidad?

LA EXPLOSIÓN DEL CRIMEN

Después de que Biden asumió el cargo, los crímenes violentos se encendieron desde las brasas de los 120 días de saqueos, incendios provocados y violencia organizada, en su mayoría impunes, en las calles de las principales ciudades de Estados Unidos durante el verano de 2021. Bajo Biden, las cárceles se vaciaron. Los abogados federales y los fiscales locales emuladores eximieron a los infractores. La policía fue difamada y desfinanciada. Castigar el crimen se consideraba una construcción racista.

El resultado es que los estadounidenses ahora evitan los centros de Dodge City de la mayoría de las ciudades azules (gobernadas por los demócratas) azotadas por el crimen en Estados Unidos. Aceptan que cualquier peatón urbano, cualquier conductor fuera del horario de atención, cualquier pasajero en un autobús o metro puede ser asaltado, robado, golpeado, violado o baleado, sin ninguna garantía de que los medios informarán justamente el crimen o que el sistema de justicia penal castigará a los perpetradores. En la América de Biden, los saqueadores entran en las farmacias y salen con bolsas de la compra repleta, bajo la mirada aterrorizada de los guardias de seguridad que estiman que al menos no robaron más de 950 doláres de botín.

¿El plan de Biden era permitir que la gente redistribuyera las ganancias mal habidas? ¿O estaba convencido de que la actividad criminal desproporcionada era una retribución kármica o una penitencia por la muerte de George Floyd? ¿De verdad creía que éramos demasiado vigilantes? ¿Creía que el público en general debería experimentar, por fin, el crimen del centro de la ciudad para garantizar la equidad y la inclusión?

Entonces, ¿por qué Biden ejerce tan deliberadamente este empujón destructivo que hace explotar todo lo que toca?

HAY VARIAS TEORÍAS POSIBLES

1) Biden es non compos mentis. No tiene idea de lo que está haciendo. Pero en la medida en que está alerta, Biden escucha, en cierto modo, solo a la última persona con la que habla. Y luego se toma una siesta. Cuando Afganistán explota o la inflación ruge o la frontera se convierte en una puerta de entrada, sus ojos se abren y se vuelve desconcertado y gruñón, como un Bruce Dern irritable y enérgico que se despierta en «Once Upon a Time in Hollywood».

Biden no tiene ni idea de la implementación destructiva real de sus políticas tóxicas, y no le preocupa sobre quién recaen estas agendas destructivas. Vagamente asume que un perrito faldero de los medios de comunicación de izquierda volverá a empaquetar cada incoherencia de Biden como Periclean (gran estrategia de Pericles), y cada «tapadera» diaria como el escape de Biden para la investigación presidencial, la lectura profunda y la deliberación intensiva. Biden parece estar cerca de donde estaba Woodrow Wilson en noviembre de 1919.

2) ¿O es Biden un oportunista de rango y piensa que cabalgará el izquierdismo despertado como la nueva trayectoria del país? Él se resiente por su subordinación previa a Obama, y ahora siente que puede vencer a las administraciones izquierdistas del pasado como el único y verdadero socialista evolucionista. No es tanto el manipulado como el manipulador.

Biden se imagina a sí mismo como un líder dinámico práctico que muerde a los reporteros, sale del podio y emite sus habituales interjecciones. Por lo tanto, está «al mando» durante cuatro o cinco horas al día. Le gusta actuar de manera más radical que Elizabeth Warren, Kamala Harris, Bernie Sanders o «el escuadrón», y especialmente ser mucho más izquierdista que su antiguo y ahora pasado jefe Barack Obama. Joe tiene el control y eso explica el toque de escoria. Por primera vez en su vida, un incompetente tiene total libertad para ser poderosamente incompetente. Entonces, Biden no está tan demente sino que delira manejando asuntos.

3) Biden es, desafortunadamente, lo que siempre fue: un plagiario, mentiroso y nihilista bastante mezquino, desde su infamia por el asesinato del personaje de Clarence Thomas y Tara Reade tanteando, hasta su sucio discurso racista y su monumental burla habitual. Sus desastres son los mismos viejos, la misma vieja marca registrada de Biden, las meteduras de pata del arte escénico.

A Biden le gusta la idea de la indignación conservadora, del caos, de ladrar a todo el mundo todo el tiempo. Biden acepta que no se pueden hacer tortillas sin huevos rotos, y disfruta arruinando las cosas, como advirtieron Robert Gates y Barack Obama. «Despertar» al Estado Mayor Conjunto, alentar a cientos de miles a cruzar la frontera y abandonar a nuestros aliados de la OTAN en Afganistán, ¿a quién le importa cuando el tipo duro, el descarado Joe en movimiento, revuelve las cosas? ¿Los desastres en la economía, la política exterior, el crimen, la energía y las relaciones raciales? Biden simplemente está sacudiendo las cosas, revolviendo la olla, provocando que la gente vea al Sr. «Vamos, hombre» en acción, mientras fanfarronea y se pavonea y deja un rastro de destrucción a su paso.

4) Biden no es nada en absoluto. Él es solo un recorte de cartón, un truco del Partido Demócrata, que está en contra de cualquier cosa por la que estén los conservadores. Asume que deshará todo lo que hizo Trump, según la teoría, es simple y fácil para él en sus momentos perezosos y de alto nivel. Y de todos modos está cansado de pensar mucho más allá de ese rechazo pavloviano. Una frontera cerrada es mala; presto, las fronteras abiertas son buenas. Mejorar las relaciones raciales es malo; el deterioro de las relaciones debe ser bueno. Mala independencia energética; buena dependencia. Biden trabaja en piloto automático en su trabajo diario minimalista: simplemente cancele todo lo que hizo Trump y no se preocupe por los efectos en el pueblo estadounidense.

5) Biden es un rehén tanto de la Izquierda como de Hunter Biden. Su tarea es apresurar una agenda de izquierda dura, en la forma de un torpedo que explota cuando golpea el objetivo. La izquierda se aseguró de que la base no saliera disparada en 2020. Entonces, les debe. Biden, más o menos, entregó su presidencia al equipo, Nancy Pelosi, Bernie Sanders y los remanentes de Obama. Le entregan un guión; intenta leerlo; y dan seguimiento a los detalles. Es el viejo y tambaleante John Gill de Star Trek.

La izquierda puede esperar que su propia agenda nihilista funcione. Cuando inevitablemente no es así, se culpa a Joe, el repartidor: mucho más rápido, entonces, será la salida necesaria de Biden. Mantuvieron su parte del trato al hacer que eligieran al habitante del sótano. Ahora mantiene el trato al entregar la presidencia. La utilidad de Biden tenía una vida útil de aproximadamente seis meses.

Ahora, muy lentamente, las filtraciones, las puñaladas por la espalda del ala oeste, las cejas fruncidas y las fuentes anónimas lo aliviarán suavemente con las preocupaciones de la 25a Enmienda (por ejemplo, «Quizás el presidente Biden podría encontrar que tomar la Evaluación Cognitiva de Montreal de algún valor después de todo, para su propio beneficio, por supuesto. ”) Kamala Harris no es tan inerte como se nos hace creer.

Hunter Biden, manchado y arruinado por escándalos de toda sordidez imaginable, ahora se embarca en su obra maestra: vender su arte de jardín de infantes a medio millón de dólares por pintura a estafadores extranjeros ricos en quid pro quo “anónimos”. ¿Por qué Hunter representa un peligro tan descarado e innecesario para su padre, el presidente? ¿Porque el ex adicto puede, y sólo por el gusto de joder?

El comportamiento malicioso de Hunter es una amenaza implícita de que si el personal de Joe golpea la mano de Hunter, él amenaza con derramar los «frijoles» sobre «Big Guy» y «Mr. 10 por ciento”, dado que interpreta al cervatillo herido como el chico malo subestimado. Hunter era el hombre del dinero de la familia mala, semilla sin cuya aflicción ninguno de ellos hubiera vivido jamás en el mórbido esplendor de la mordida.

Un Biden cognitivamente desafiado luego es empujado en todas direcciones, por su propia senilidad, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio neandertal por todo lo que Trump fue e hizo.

El problema para Estados Unidos es que las teorías de la una a las cinco no siempre son mutuamente excluyentes, sino que es más probable que sean multiplicadores de fuerza de la locura actual. En algún momento, algún valiente representante del Congreso o del Senado finalmente tendrá que decirle a Biden, en el espíritu de Oliver Cromwell y Leo Amery: “Te has sentado demasiado tiempo aquí por cualquier bien que hayas estado haciendo. Vete, te digo, y acabemos contigo. ¡En el nombre de Dios, vete!».

VICTOR DAVIS HANSON es miembro sénior de Martin and Illie Anderson en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford y miembro de la Junta de Asesores tanto del Instituto Independiente como de su revista trimestral, The Independent Review: A Journal of Political Economy.

ENSEÑANZAS DE UNA NEVADA «HISTÓRICA»

15/01/2021.

La categorización por medios y políticos de “nevada histórica”, causada por la borrasca Filomena, a los vejetes del lugar con memoria aún aceptable, nos parece algo pomposa y tramposilla. En realidad, ha sido un temporal que, con mayor o menor intensidad, se produce todos los inviernos en la península ibérica cuando convergen los vientos fríos del norte (conocidos como olas de frio) con los ábregos del sudoeste atlántico. Y sucedió que la borrasca Filomena, confluyó con una masa de aire fría procedente del ártico en la meseta sur, la Carpetovetónica y la franja aragonesa del Sistema Ibérico entre el 7 y el 11 de enero pasado, produciendo una intensa nevada en dichas regiones, con espesores medios de 50 centímetros. Mientras que en los pueblos los paisanos se las arreglaban bravamente con sus palas y tractores, los inermes urbanitas de Albacete, Cuenca, Guadalajara, Madrid, Soria, Teruel, Toledo y Zaragoza sufrimos, primero, el colapso y, luego, una paralización que, en el caso de Madrid y Toledo, perdura una semana y «alguna más» según el alcalde José Luis Martínez Almeida en declaraciones del jueves 14 de enero. El caso es que en la noche del viernes 8 de enero, en las regiones y ciudades indicadas, se suspendieron los servicios de ferrocarril, de los autobuses de línea, de los municipales y el aéreo al clausurar el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

Las autoridades de aquí, de allá y de acullá, han justificado la prolongación de los bloqueos por hielo persistentes en demasía, aduciendo la excepcionalidad de la nevada y la permanencia de temperaturas nocturnas bajo cero, junto con la falta de medios debido a dicha excepcionalidad. Pero cuando se les evidencia la patente descoordinación e ineficacia en la conclusión del bloqueo, salen por peteneras y echan la culpa al adversario político. El culmen de la incompetencia es la redacción de la nota vigente hoy viernes 15 de enero en la página web del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas: «… se está recuperando gradualmente las operaciones en las terminales T1, T4 y T4 debido a las heladas y temperaturas mínimas». Pero cuando se pregunta acerca de las causas de la penosa perturbación del aeropuerto más importante de España y el ralentí del ferrocarril al ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana …, José Luis Ábalos Meco, en vez de dilucidarlos, responde irritado señalando la lamentable situación de las calles de Madrid. Bien es cierto que en la ciudad de Madrid, una semana después de la nevada, los autobuses siguen sin funcionar porque la mayoría de sus carriles siguen colmados de hielo. Además, las aceras son parcialmente transitables gracias a que porteros, comerciantes y vecinos las han ido limpiando, mientras la falta de dispersión de disgregadores de hielo como sal con arena, sal con cloruro potásico, salmuera con cloruro cálcico o mejor, acetato de calcio-magnesio, brillan por su ausencia. Así, a día de hoy solo funcionan unas pocas líneas de autobuses urbanos y en buena parte de la capital tampoco funciona el servicio de recogida de basura, mientras que la limpieza de las calles es un desiderátum.

Esta chusca realidad contrasta con los datos oficiales, tanto los del Ministerio de Fomento, del Ayuntamiento de Madrid y demás comunidades, ayuntamientos y diputaciones concernidas. De esta suerte, el Consistorio madrileño dice que puso en funcionamiento 135 máquinas quitanieves el domingo 10 de enero, 758 el martes 12 y 1.001 el miércoles 13. Esta flota invencible parece que es conducida por 6.034 operarios, suplementados por 1.200 más durante la semana «ante la lentitud en el avance de los trabajos». Además, la Unidad Militar de Emergencias (UME) colabora desde el sábado pasado en la limpieza de las grandes vías y accesos a hospitales y otros edificios estratégicos en Madrid, Toledo, etcétera. Con todo, el Ayuntamiento madrileño admite que el viernes 15 solo están despejadas el 25% de las calles.

 

El descuadre entre datos y resultados sería desconcertante si analizáramos con baremos productivistas privados o incluso públicos de otros países donde la función pública ha evolucionado desde el siglo XIX. Pero con la administración pública española dirigida por la miríada de políticos profesionales hemos topado. Falta de medios aducen, cuando, por ejemplo, el ayuntamiento de Madrid a través de los contratos actuales de limpieza viaria, dispone de «medios mecánicos sostenibles e inteligentes» que incluyen 200 camiones cisterna para mal baldear calles, cerca de 2000 operarios, además del “Plan de Nevada de la Ciudad de Madrid” y un “Plan de Emergencias Invernales del Ayuntamiento de Madrid (PEIAM) 2020-2021”. Pero la realidad terca de los hechos indica que baldear las 9.139 calles madrileñas (992 kilómetros) con salmuera y esparcir sal durante las 24 horas del día como es necesario, con los cientos de camiones cisternas de que dispone el ayuntamiento y los miles de operarios de limpieza vial, constituye una acción ciclópea que precisa semanas. Y aunque algo más laborioso es retirar las ramas rotas y algunos árboles caídos, el que semejante tarea apenas se haya iniciado transcurridos seis días, es un índice de tortuguismo parejo al de la administración de justicia.

Mañana en la Puerta del Sol de Madrid durante la nevada de 1963.

Podría ejercer de abuelo Cebolleta y contar los recuerdos de algunas nevadas en Madrid, pero me parece más apropiado acudir al comentario del conocido veterano meteorólogo José Antonio Maldonado, quien esta mañana en la COPE ha explicado que, a pesar del cambio climático y demás relatos, las olas de frío en España son recurrentes. Claro que si la memoria histórica es frágil y subordinada, la memoria meteorológica es cortoplacista y caprichosa, por consiguiente, hay que acudir a los archivos para recordar alguna gran nevada en Madrid. Así comprobamos que algunas no son tan lejanas, por ejemplo la del 7 de enero de 2018, la ola de frío entre el 8 al 15 de febrero de 2012, o la nevada del 4 de marzo de 2011. Más comprensible es olvidarse de la catastrófica nevada de enero de 1985 con 45 provincias afectadas, las de enero y marzo de 1971 cuando 38 personas murieron por congelación, las tres seguidas de febrero de 1963, la entonces celebrada del 24 diciembre 1962 y la más duradera de «el año del frío» de Febrero de 1956. Seguramente la selectiva memoria me rebobina mis jubilosas vivencias con la nieve en 1962 y 1963, con los barrenderos madrileños empujando la nieve y los soldados apaleándola a los camiones del ejército. Es cierto que, por entonces, los soldados eran de reemplazo, muchos y poco dispendiosos, mientras que los barrenderos municipales trabajaban duro hasta que, como los serenos, en 1986 pasaron a engrosar las oficinas del Ayuntamiento por la gracia de Enrique Tierno Galván. El caso es que aquel duro trabajo permitió que los tranvías y autobuses no pararan y que los chavales acudiéramos al cole contentos y deseando salir al patio para jugar con la nieve acumulada.

Esta nevada ha caído en mal momento y sus efectos, catastróficos en muchos casos, se suman a los de la COVID-19, al rompecabezas de restricciones y medidas descoordinadas e irreflexivas, al incremento desbocado del precio de la energía y los alimentos y a la incapacidad de distribuir y aplicar con urgencia las vacunas. Estas aciagas coincidencias no pueden ser casuales ni accidentales, tienen que tener causas concretas que, aunque evidentes, los intereses espurios procuran ocultar. No hace falta ser Sherlock Holmes para advertir que la administración pública española está vetusta y sustentada sobre una organización burocrática, donde prima el corporativismo jerárquico capador de la innovación y la iniciativa, al tiempo que mantiene una dualidad estatutaria con privilegios para unas elites concretas y migajas para las bases de las innumerables pirámides y piramiditas corporales. Y todo ello sustentado en un desbarajuste retributivo caciquil e injusto, claramente desincentivador y discrecional, mejor dicho, arbitrario. De esta guisa, pululan los chollos sin merito ni capacidad que valga, pero muy bien gratificados, exponentes del atroz clientelismo. Así, la lógica del sistema no es satisfacer las necesidades básicas de los ciudadanos sobre la pauta del bien común y la lealtad institucional, sino sustentar lealtades a los jefes políticos y sus partidos como palancas impulsoras de las carreras profesionales de cada enchufado. En este campo abonado de maquinación y desaliento germina el recelo, las zancadillas, los codazos, los boicots y los escaqueos. Es, por tanto, una administración publica ineficaz y, por ende, muy cara, carísima.