MADRID EN LA ENCRUCIJADA

Contra la oligarquía burocrática sanchista de una España sin lozanía y en quiebra

Pablo Rojo. 27/04/2021

Sin la agitación y propaganda generadora de la polarización enturbiada, esa tensión que el ínclito Zapatero susurraba al hermano agitador de Gabilondo, las elecciones de la Comunidad de Madrid podrían ser un ejercicio democrático y no el lodazal demagógico del todo vale en que la han convertido quienes pretenden repetir el vuelco electoral obtenido en la tétrica campaña de 2004. Obvio es que quienes procuran convertir la pugna política en una ciénaga, es una fauna bien entrenada y adaptada al lodazal insano y asfixiante. Son reptiles de la provocación, poríferos del erario, sapos rhinella de glándulas venenosas y serpientes de cascabel de ponzoñosa retórica. Huestes profesionales de la provocación que han dejado las redes de manipulación de opinión del Komintern de Willi Münzenberg, en un juego de niños.

El sectarismo primario o la estulticia andante son insuficientes fundamentos para explicar la marea de montajes provocadores o la recuperación de arrebatadas arengas guerracivilistas como la de Dolores Ibárruri “Pasionaria” de julio de 1936, por Lastras, Marlascas y Gámeces; «¡Los fascistas no pasarán! ¡No pasarán!» gritan con inusitada cólera. Entonces ¿Qué motivos pueden generar estos frenesís con la crisis sanitaria y económica que padecemos?

Por mucho que el vocerío enardecido de esta inusitada campaña ensordezca los sentidos y despiste las entendederas, no pocos depauperados por los impuestos, los que ganan su pan con el sudor de su frente y no con el sudor del de enfrente, están comprendiendo que esta enrabietada agitprop postsoviética desplegada por los enchufados al beneficio del erario, solo puede explicarse como un intento de perpetuación de una oligarquía burocrática (bloque dominante), a imagen y semejanza del chavismo venezolano. Así como en la Venezuela hundida en el chavismo, el maná petrolero no evitó el hundimiento económico, arrasando con ello las fuentes de ingresos del Estado, la oligarquía burocrática implantada por el chavismo “boliburguesía” sobrevive y engorda gracias al diabólico sistema de dólares subsidiados para traficar con mercancías y alimentos a costa del hambre de la población. Pero ¿Quiénes han sido los ideólogos, promotores y mantenedores del chavismo boliburgues? Casi todos son archí conocidos, desde Rodríguez Zapatero, Raúl Morodo y Miguel Ángel Moratinos, los CUPEROS Josep Manel Busqueta y Anna Gabriel, pasando por el etarra Iñaki de Juana Chaos, hasta culminar en los dirigentes podemitas con su Fundación CEPS; los Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Pablo Iglesias, junto con Carlos Fernández Liria y, sobre todo como asesores de Maduro: Alfredo Serrano Mancilla y Manuel Cerezal Callizo. Es decir, los mismos que armadores y sostenedores de la neo-oligarquía sanchista. Todos están empeñados en implantar un régimen a imagen y semejanza del chavismo en España. Sin petrodólares pero contando con el maná de la UE.

Los biempensantes arguyen que España no es Venezuela. Que la UE no lo consentirá. Sin embargo, el supuesto freno democrático de la UE dista mucho de ser seguro, visto lo visto en otros lares y viendo su pusilanimidad ante las derivas despóticas y el acaparamiento nepotista de las instituciones por parte de la coalición encabezada por Sánchez Pérez-Castejón. Un exceso de confianza puede desdeñar el cúmulo de componendas e intereses primarios, geoestratégicos, económicos y nacionales que pueden conducir a la tolerancia de un régimen seudodemocrático en el seno de la UE. Sobre todo si ese régimen está subordinado por clara dependencia económica. Poco les importa la subordinación derivada de la insuficiencia de ingresos del Estado de una economía achatarrada mientras el maná europeo les mantenga como oligarquía burocrática hegemónica.

Porque, como demuestran los datos estamos ya en quiebra. El primero, por descorazonador, lo expone el estudio del Banco de España sobre la situación y falta de esperanza para los jóvenes. Ahora más que nunca existe una juventud sin futuro, una España sin lozanía, impotente ante el futuro sojuzgado.

En 2020 la Seguridad Social española ya tuvo 30.000 millones de déficit y un rescate de 22.000 millones más. Al mismo tiempo, el déficit de la Administración Central del Estado superó el 7,5% del PIB, que sumado al de la Seguridad Social y la desviación de las comunidades autónomas, arrojó un déficit del 10,09% PIB. Además, hay que sumar la deuda de la Sareb. Se trata de una desviación del 10,97%, es decir, más de 123.000 millones de euros en un solo año, cuando el total del maná europeo hasta 2023, si se cumplen todas las condiciones será de 142.400 millones de euros.

Pero incluso antes del severo estrago económico causado por la pandemia, la deuda pública del Estado, reconocida oficialmente, en 2019 era de 1.188.893 millones de euros, según el Banco de España el 95,5 % del PIB. Esta enorme cifra oficial, ahora superando el 110% del PIB no es, ni mucho menos, la deuda real del Estado español. Como expongo en: “Caminos sobre la mar”, recuperando los informes del economista y profesor del IESE Business School de la Universidad de Navarra, José Ramón Pin Arboledas, una parte sustancial de la hipoteca del Estado español está camuflada en la partida llamada «gastos plurianuales». En esta partida se apilan vencimientos de deuda, intereses y otros pagos aplazados a medio plazo en inversiones, subvenciones o, incluso, gasto corriente en bienes y servicios. Por tanto, en la cuenta del Estado español llamada «gastos plurianuales», en mayo de 2020 se acumulaba una deuda de 1,25 billones de euros, cuyos pagos se han programado para los próximos cien años, según costa en la documentación del Ministerio de Hacienda.

Por si esta gigantesca deuda no fuera suficiente, el gobierno central y los 17 autonómicos siguen aumentando el gasto corriente como si no pasara nada. Así, las cifras de ejecución presupuestaria no contemplan debidamente las enormes caídas de la recaudación tributaria en el impuesto de Sociedades, el IVA, y los impuestos especiales. De esta manera, mientras el crédito del Banco Central Europeo aguante, aumentará el número de ciudadanos dependientes del Estado, de esos escudos sociales en forma de ingresos mínimos vitales y demás subsidios que, en vez de empoderar, someten.

Porque con el aumento previsto de impuestos y el mantenimiento de la innombrable pirámide laboral de España, la recuperación económica que podría emancipar a los ciudadanos y a la nación es imposible. Imposible generar empleo con unos impuestos “invisibles” al trabajo donde el empresario paga 1,69 euros por cada euro que se lleva el empleado, mientras que ese empleado con sueldo medio tiene que trabajar más de seis meses para el Estado depredador. Imposible generar empleo y riqueza con una legislación laboral discriminatoria y desquiciada que consolida el aumento del precariado y del mercado negro.

Solo con la dependencia y el sometimiento de la mayoría de los españoles se consolidará la oligarquía burocrática sanchista. Oligarquía que envidia a la de la República Popular China y su «sistema de crédito social» que otorga créditos y dádivas a los vasallos chinos, en función de su fidelidad a la dictadura del Partido Comunista Chino. Un régimen que ha dejado en mantillas al Gran Hermano orwelliano.