RETORNO AL NIHILISMO DE IZQUIERDAS

El detonador de esta reseña, ha sido la intervención de la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, en la sesión plenaria del Congreso de los diputados de España el 17 de diciembre de 2024. Como podrán comprobar en el vídeo que adjunto abajo, el argumento de la señora Belarra es aterrador porque tras un circunloquio falsamente condenatorio, justifica de hecho el asesinato del director de la empresa de seguros de salud estadounidense UnitedHealthcare, Brian Thompson, perpetrado por Luigi Mangione el pasado 4 de diciembre en Nueva York. Además, en ese afán estalinista de estatalizar todo para controlar todo, Belarra mata dos pájaros de un tiro, sanidad y vivienda, para insistir que «El crimen de Luigi Mangione ha abierto un debate social sobre la violencia muy profundo. Acabemos con un sistema de vivienda profundamente violento que permite que haya gente sin casa en un país lleno de viviendas vacías». Es decir, que según la diputada Belarra, el asesinato con premeditación y alevosía perpetrado por el terrorista Mangione (el fiscal acaba de acusarle de terrorista) justifica asesinar tanto a directores de seguros médicos y hospitales privados como a propietarios de viviendas vacías.

No estoy solamente perplejo ante el discurso de Belarra, estoy francamente estremecido. Nunca imaginé que en el Congreso de los Diputados de España se volviera a justificar un asesinato con premeditación y alevosía, tras una aviesa condena retórica. Fue el 1 de julio de 1936 cuando el diputado del PSOE, Ángel Galarza dijo al diputado de derechas, Calvo Sotelo: «Pensando en su Señoría encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida«. Diez días más tarde, tras pronunciar un elocuente discurso denunciando el caos ciudadano, la diputada del PCE, Dolores Ibarruri, “La Pasionaria”, señaló a Calvo Sotelo y le dijo: «has hablado por última vez». Y aunque esa amenaza, como la anterior, fue borrada del diario de sesiones, testimonios como el de Josep Tarradellas, Salvador de Madariaga y muchos más atestiguaron que Pasionaria si dijo esa frase. Solo dos días después, un grupo de guardias de asalto y militantes socialistas afines al diputado socialista y guardia personal de Indalecio Prieto asesinaron a Calvo Sotelo.

Tras escuchar las terroríficas declaraciones de la diputada Belarra, recordé que apenas dos días antes leí un artículo escrito por el activista e investigador principal del Instituto Manhattan, Christopher F. Rufo con el título: “Luigi Mangione and Left-Wing Nihilism” (Luigi Mangione y el nihilismo de la izquierda), en donde sin desdeñar la parafernalia mediática y pseudopsicológica desplegada por los medios y redes sobre el acusado del asesinato del CEO de la aseguradora UnitedHealthcare, Brian Thompson, se centra más en la deriva ideológica que condujo Luigi Mangione a esperar a Thompson y descerrajarle tres tiros por la espalda.

Inicia Rufo su artículo centrándose en los aspectos sociológicos antes que psicológicos de Mangioni. Se trata de un individuo que proviene de una familia acaudalada de la zona de Baltimore. Además, tiene buena apariencia y no poca perspicacia como indica el rastro de sus publicaciones en las redes sociales, tener dos licenciaturas en ingeniería de la Universidad de Pensilvania, ser miembro de la Ivy League y de la sociedad de honor Eta Kappa Nu, conque le reconoce su excelencia como ingeniero eléctrico y computacional.

Y sin embargo, considero que para mejorar la comprensión de lo sucedido, a esta escueta descripción sociológica de Rufo, hay que añadir el contexto sociológico que ha llevado convertir a Mangione en un héroe vengador de las malas prácticas de las corporaciones aseguradoras médicas de EE.UU. Tal es así que una parte considerable de la sociedad estadunidense, sobre todo la que se enmarca en el espectro progresista de izquierdas, considera el asesinato perpetrado por Mangione como un acto de justicia social, hasta el punto de divulgar imágenes reivindicativas del presunto asesino, mientras políticos como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders y Elizabeth Warren “comprenden”, aunque luego, como Belarra, dicen que condenan el asesinato, al tiempo que se organizan manifestaciones de apoyo y hasta un fondo de defensa para Mangione a través del crowdfunding GiveSendGo.

Lógicamente lo primero que hace Rufo es interpelar sobre los motivos ¿Por qué alguien que en teoría lo tenía todo en la vida sucumbió hasta el atroz asesinato con premeditación y alevosía? ¿Por qué lo orquestó con cuidado e intentó escapar, y luego fue atrapado en una posición muy marginal, acurrucado en un McDonald’s en medio de la nada, en Pensilvania?

En lo mucho que se ha escrito sobre el crimen estos días, hay no poca confusión sobre si fue una supuesta y todavía no aclarada enfermedad incapacitante mal atendida por su seguro, o una “evolución” ideológica que pasa por la filosofía zen con un viaje iniciático a Japón lo que condujo a Mangione a perpetrar el crimen. La mejor pista se encuentra en las publicaciones y declaraciones de Mangione en la red X, en la plataforma Substack y en la aplicación para compartir lectores Goodreads durante los últimos años.

En las tres redes, Mangione comentaba y compartía lecturas del gurú del Foro Económico Mundial, Yuval Noah Harari quien presupone que los seres humanos son ratas que tienen que ser guiadas a través del laberinto del mundo moderno, y que algún día podemos superar nuestra propia naturaleza. También compartió contenidos del psicólogo social Jonathan Haidt, quien ha capturado de manera sustancial algunas de las ansiedades de la clase profesional sobre la tecnología, el comportamiento de los jóvenes y, junto con otros colegas, sobre demografía y tasas de natalidad. Asimismo Mangione compartió contenido y debatió sobre las sentencias del gurú de la salud Andrew Huberman.

Hasta ahí, nada sorprendente para alguien de su estatus y preparación. De hecho, Mangione siguió la pauta del buen burgués woke que sigue a los gurús de moda en los círculos de la élite progre occidental. Como manifiesta Rufo, se puede seguir a Harari, a Haidt o a Huberman siempre dentro de los límites de las ideologías de élite que se pueden reducir (y esto es importante) a una base científica cuantificable. Se trata de una ideología casi al estilo de «La Firma» de McKinsey, que se vincula mucho con el mundo de las universidades de élite de la Ivy League. Pero a partir de poco más de un año, Mangione cambió su discurso. Pasó de las ideologías banales de la élite burguesa a escribir una reseña del manifiesto de Unabomber muy positiva.

Recordemos que el terrorista Ted Kaczynski murió en prisión el 10 de junio de 2023, en un aparente suicidio. Brillante estudiante de Harvard y profesor de matemáticas en la Universidad de California en Berkeley, abandonó su puesto en 1969 para vivir en una remota cabaña construida por él mismo en Lincoln (Montana), donde vivió con muy poco dinero, sin electricidad ni agua corriente, alimentándose de la caza y la recolección de frutos silvestres. Su nombre de guerra fue «Unabomber» y se hizo famoso enviando bombas por correo a personas, universidades y aerolíneas que consideraba cómplices del avance de nuestra moderna «sociedad tecnológica», provocando con ello la muerte de 3 personas y heridas graves a otras 23. Justificaba Kaczynski semejantes asesinatos porque consideraba que la sociedad tecnificada actual destruye la libertad y el humanismo. Mezclando anarco-primitivismo con maltusianismo, formula la total destrucción de la sociedad tecnológica (toda labor que requiera un conocimiento especializado y una división del trabajo) para volver a la sociedad preindustrial, donde los seres humanos pueden pasar por el «proceso de poder» para alcanzar sus objetivos naturales y así sentirse más realizados.

En 1995 Kaczynski, a través de amenazas, logró que varios medios publicaran su Manifiesto: “La sociedad industrial y su futuro”. Y aunque perturbó por su crudeza, no contenía nada novedoso pues se trata de la enésima versión procedente el anarquismo nihilista del siglo XIX, consistente en la transformación de la idea en acto …terrorista. Pero si a finales del siglo XIX y principios del XX, las consecuencias sociales de la industrialización no eran halagüeñas, a finales del siglo XX la sociedad tecnológica había prácticamente erradicado la pobreza extrema y el hambre en todo el mundo, mientras que la salud y la vida de la mayoría habían mejorado exponencialmente. Sin embargo, el anarco-individualista Kaczynski recurre en el apartado de su manifiesto “La psicología del izquierdismo moderno” a los mismos argumentos con que Lenin criticó al izquierdismo pequeñoburgués, mientras pretende emular a la revolución francesa y rusa en ese y otros aspectos. En realidad, Kaczynski “Unabomber” es un seis en uno: rousseauniano, malthusiano, bakuniano, nietzscheniano, leninista y darwinista social. Así, considera que el progreso-técnico es una realidad objetiva pero que no conlleva progreso moral sino un aumento descontrolado de la población, la supervivencia de los naturalmente menos aptos y la esclavitud, al impedir cada vez más la autonomía y la libertad del individuo primitivo fuerte y poderoso. El sueño de la sinrazón produce monstruos como “el hombre nuevo” soñado por, entre otros, Malatesta, Trotski, Bykhovsky, Mella Cea, “Che” Guevara y hoy los impulsores del Gran reinicio; Soros y Gates.

Hace solo unos meses, Mangione dio cuatro estrellas en Goodreads al manifiesto de Kaczynski. También se adhirió a una narrativa de izquierdas sobre la codicia corporativa. Una narrativa típica, tópica y demagógica que enarbola la izquierda, especialmente en tiempos de incertidumbre económica. Así, toda la miseria, la desgracia y la mala salud en el mundo, se deben a la codicia corporativa, la corrupción empresarial y a la explotación y malversación capitalista. Se trata del manoseado viejo discurso que acusa al tiempo que se desentiende de las responsabilidades y de las propias miserias.

Al mismo tiempo, parece que Mangione asumía la cultureta que del hipismo ha pasado a los despachos de los gurús tecnológicos de Silicon Valley, Nueva York o Seattle. No se trata ya de contracultura modelo años 60, sino de una psicodelia para, dicen, liberar la creatividad, la intuición y la productividad: la tipificación de Steve Jobs de los psicodélicos que no solo se consideran aceptables en estos entornos profesionales, sino que se consideran un sustituto de una vida religiosa arraigada. Puedes ir a un chamán en Sudamérica, beber una taza de ayahuasca y desbloquear tu cerebro, que luego puede usarse para desmitificar el mundo. Puedes encontrar tu yo auténtico y luego puedes salir de las trampas o las monotonías de la sociedad capitalista moderna.

Aunque su detención en un McDonalds de un pueblo de Pensilvania está lejos de la épica, no parece casual que Mangione llevara unas cuantas hojas escritas a mano cuan manifiesto de un Kaczynski redivivo. Al parecer, dichas hojas contienen evidencias de su crimen y visiones izquierdistas estereotipadas: «EE.UU. tiene la atención médica más cara del mundo y, sin embargo, tiene la 42ª esperanza de vida. En otras palabras, los ciudadanos norteamericanos no obtienen el valor correspondiente con su inversión». Entonces, ¿por qué sucede semejante asimetría? Mangione responde denunciando «la corrupción y la codicia en la industria, su búsqueda de ganancias sin deontología alguna». Y son estos motivos los que según Mangione justifican su asesinato porque «todos los directivos de los seguros sanitarios, además de codiciosos, son “parásitos”».

Calificar de parásito al enemigo “de clase, raza, género, etc,”, es el tropo más manido por las izquierdas. Desde Marx, quien jamás trabajó por cuenta ajena, los parásitos capitalistas son los que extraen la plusvalía generada por los trabajadores sin hacer nada a cambio. En este caso, Mangione señala como parásitos a directivos, contables e intermediarios comerciales de las compañías de seguros médicos, porque extraen beneficios del dolor de los estadounidenses. «Porque no se puede poner un precio a la salud, a los seres humanos, a la bondad, pero como eso es exactamente lo que hacen estos parásitos capitalistas de las aseguradoras, merecen ser eliminados porque no aprecian la vida. Simplemente la monetizan y la convierten en muerte».

La obnubilación ideológica de Mangione se manifiesta con claridad en su manifiesto cuando escribe: «No pretendo ser la persona más acreditada para exponer todos los argumentos sobre la corrupción del sistema de salud de Estados Unidos», y sin embargo, se sintió lo suficientemente cualificado como para planear y ejecutar el asesinato del director ejecutivo de UnitedHealthcare.

Llegado aquí, vuelvo al artículo de Christopher F. Rufo donde indica que el emblema más característico de la izquierda es presentarse como progresista. «Vamos a mejorar el mundo. Vamos a ofrecer más atención médica. Vamos a ofrecer una opción pública. Vamos a tener la Ley de Atención Médica Asequible. Vamos a tener un sistema de pagador único que proporcionará atención y valorará a cada ser humano». El problema es que lograrlo no es tan sencillo como lo pintan las izquierdas. Porque el Obamacare ha fracasado por ineficiente y costoso. Porque en todos los países occidentales el mantenimiento de sistemas de salud públicos están siendo sobrepasados por los costos y las ineficiencias y si se mantienen es gracias a enormes aportaciones de los trabajadores y a las colaboraciones con la medicina privada. Pero ante estas dificultades, solo abordables desde la lógica, la justicia y la libertad, las izquierdas solo ofrecen dos respuestas, más estado y más impuestos o una nueva forma de nihilismo. “Si no podemos construir un sistema de atención médica como el que prometemos, destruyamos el sistema de atención médica existente” y tal vez de esta destrucción catastrófica surja algo mejor».

Ante este panorama, Rufo se pregunta, más allá de la dinámica individual, ¿Qué representa este caso en su conjunto? Se responde asegurando que encarna una transición histórica única en nuestro tiempo desde el izquierdismo idealista al izquierdismo nihilista histórico. «Hemos visto, especialmente en los últimos meses, lo que considero el agotamiento del movimiento de masas Black Lives Matter. Black Lives Matter como movimiento de masas en particular está acabado. Lo vimos con el veredicto de Daniel Penny en Nueva York esta semana. Pero lo que sucede después de la fragmentación, la autodevoración y la autodestrucción de los movimientos de masas de izquierda, es que se fragmentan en una multiplicidad de movimientos marginales, y movimientos marginales incluso a nivel de un solo individuo…»

AL DESVÁN DE LA HISTORIA

    Marzo de 2016.

Enlace a la nota redactada tras la candidatura a las primarias por la secretaría general del PSOE de Pedro Sánchez Pérez-Castejón.

Para actualizar la cuestión y verificar los argumentos que escribí hace unos cuantos meses, les proporciono el enlace al vídeo del Debate entre los candidatos a la Secretaría General del PSOE.

   Una de las frases, luego muy utilizada como metáfora por la izquierda acodada en la doctrina marxista, es la escrita por Karl Marx al principio de “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” (1852) al completar la aseveración de Hegel sobre la repetición de los grandes hechos y personajes en la historia universal, indicando que el filósofo: «se olvidó de agregar: la primera, como tragedia, y la segunda, como farsa». Sin embargo, pese a las apariencias de repetición de algunos hechos históricos, la historia realmente no se repite aunque constatemos a diario que sus lecciones, apenas son consideradas por quienes; por su vocación o posición política, deberían prestar mayor atención.

   La refriega acaecida en el seno del Comité Federal del PSOE el pasado primero de octubre de 2016, si la amnesia selectiva de tantos fuera menos descarada, podría rememorarnos la división acaecida durante el tercer Congreso Extraordinario del PSOE celebrado en 1921, entre los “segundistas” (a favor de seguir en la segunda internacional) y los “terceristas” (los que estaban a favor del ingreso en la tercera internacional comunista KOMINTERN fundada en 1919 por Lenin). Ganaron los “segundistas” pero el PSOE sufrió su primera gran escisión de quienes fundaron el Partido Comunista Obrero Español. Y las tensiones siguieron entre quienes defendían el modelo democrático burgués, que tras la segunda guerra mundial se definió como socialdemocracia, frente a los “revolucionarios” tentados por la dictadura más o menos proletaria. El PSOE se fracturó pero resistió el envite hasta la siguiente encrucijada entre lealtad democrática o asalto revolucionario al poder.

   El dilema surgió cuando el PSOE perdió el poder tras las primeras elecciones democráticas del 19 de noviembre de 1933, en las que votaron las mujeres en España por primera vez. Ante la evidencia del retorno al poder de la derecha, los dirigentes del PSOE UGT y las Juventudes Socialistas se lanzaron a la insurrección contra la República que habían patrocinado. El editorial de «El Socialista» del 27 de septiembre de 1934, indicaba el itinerario de la inmediata insurrección: «Las nubes van cargadas camino de octubre. El mes próximo puede ser nuestro octubre. Nos aguardan días de pruebas, jornadas duras…Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado…». El 3 de octubre, El Socialista arengó a sus lectores de esta manera: «Camaradas en guardia. En guardia… Nuestra apelación a los trabajadores de España es concreta e imperiosa: en guardia». PSOE, UGT y las Juventudes Socialistas encabezadas por Largo Caballero, Indalecio Prieto, Ramón González Peña y Santiago Carrillo, prepararon con apoyo del Komintern y tras sellar la alianza con la anarquista CNT y el Partido Comunista de España que incluía el aprovisionamiento de armas, la convocatoria de una huelga general revolucionaria el 5 de octubre de 1934. La huelga revolucionaria solo triunfó en la cuenca minera asturiano-leonesa donde se declaró una República Socialista con capital en Mieres, con el conocido trágico final coronado con la proclamación oportunista por Lluys Companys del Estat Catalá de la República Federal Espanyola.

   Con la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, tras viajar a la URSS, el delfín de Largo Caballero; Santiago Carrillo Solares, integró a la profusa organización juvenil del PSOE que encabezaba como secretario general en la exigua del PCE, en una maniobra que recuerda a la reciente de Pablo Iglesias con Izquierda Unida. Solo cuatro meses después de la unificación de las dos organizaciones juveniles, en noviembre de 1936 mientras que Franco rodeaba la Ciudad Universitaria madrileña, Carrillo y sus Juventudes Unificadas se pasaron al Partido Comunista en bloque.

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   Desmantelado de jóvenes y en plena guerra civil, las grandes grescas en el PSOE siguieron la misma dinámica. Y así continuaron durante el exilio, siempre identificadas con el nombre de sus caudillos: “caballeristas”, “prietistas”, “negrinistas” y “besteiristas”. En octubre de 1974 los “llopistas” fueron sobrepasados en Suresnes por los “renovadores” luego “felipistas” y el PSOE se partió en dos una vez más. Enseguida apareció la consigna recurrente e inocua; “Por el cambio” y el joven Felipe Gonzalez Márquez con su escudero Alfonso Guerra, apoyados por la por entonces potentísima y opulenta Internacional Socialista de los Willy Brandt, Helmut Schmidt, Pietro Nenni, Michael Foot, Androsch Hans, François Mitterrand y Olof Palme, se hicieron con los mandos del desvencijado PSOE, haciéndolo resurgir de las cenizas cuan Ave Fénix tras cuarenta años de ausencia, gracias a los suculentos fondos aportados por la fundación alemana Friedrich Ebert. Todo parecía estar atado y bien atado tras el Congreso Extraordinario de septiembre de 1979 por Felipe, pero tras los terribles atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, el por entonces flamante secretario general del PSOE; José Luis Rodríguez Zapatero, logró la presidencia del gobierno español.

   El filósofo Gustavo Bueno calificó como “pensamiento Alicia” la ensoñación ideológica del PSOE encabezado por José Luis Rodríguez Zapatero y sus rasputines menores; Alfredo Pérez Rubalcaba y María Teresa Fernández de la Vega. El pensamiento Alicia es resumido por Bueno como: «capaz de llamar personas humanas a los simios; progenitores A y B a los miembros de las parejas homosexuales a los que se les ha concedido un niño en adopción; o fascistas a quienes vencieron en la Guerra Civil española; de equivocar el alcance del término solidaridad –que puede aplicarse también al comportamiento de una banda de ladrones o terroristas–; y de plantear una Alianza de Civilizaciones sin delimitar antes lo que son éstas, encubriendo así los problemas reales de la gente bajo una nebulosa fantasiosa y carente de contenido».

   Lógicamente, el pensamiento Alicia fue degenerando en maniqueísmo simple con la oficialización de la memoria histórica, al tiempo que asumía la desmemoria reciente que incluía la tabla rasa a las referencias éticas históricas respecto a la deontología del político profesional y los límites en la obtención y el ejercicio del poder. El “spoil system” quedaba consagrado durante las vacas gordas de la especulación inmobiliaria, mediante el reclutamiento de diletantes plutocráticos en el partido y el reparto de canonjías a través de la redes clientelares.

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Con el reventón de la negada crisis y la caída estrepitosa de los palos del sombrajo del bienestar impostado, llegó la desastrosa gestión del zapaterismo o zapaterazo y los cantos de sirena de Hessel con coros de Sampedro. Resultó entonces que la indignación ciudadana fue desviada hacia los males provenientes de una transición sin ruptura catártica con el franquismo, principio y fin de todos los males habidos y por haber. Así, ZP y su Alicia quedaron desbordados por los antifranquistas sobrevenidos cuatro décadas después de enterrado Franco en Cuelgamuros. Eran los jóvenes campeadores anticasta abducidos por la pareja Ernesto Laclau – Chantal Mouffe, dúo mucho más «posh» que post, pues la mercadotecnia ha demostrado que rebelarse vende y si la bicha es el neoliberalismo y su medicina el NO LOGO, las superventas están garantizadas.

   Al verse señalados como casta, la nomenclatura del PSOE procuró disimular su primer desconcierto hasta que, al llegar la derechona al poder central, resucitó el Pacto del Tinell para abrazarse al poder autonómico y local con los nuevos del cambio y el gobierno de progreso y demás consignas celestiales. Total, no suena tan mal, incluso parece hasta heroica la confrontación de una lucha de clases invertebrada; “Nosotros frente a un Ellos” o “casta contra gente” donde el sujeto histórico ya no es el proletariado sino “la gente”; un trampantojo del populismo de izquierda neoperonista marca: Laclau-Mouffe, donde los descamisados son ahora todos los desheredados por la globalización, cuya cuantía es incontable por inabarcablemente etérea. Llegados a este punto, Alicia parecía encontrar su país maravilloso con esta atrayente doctrina, donde solo la globalización capitalista es el impedimento para la proliferación de los estados paternales y naturalmente hegemónicos que representa el socialismo del siglo XXI. Así, sin solución de continuidad y gracias al inconsciente lacaniano del posh-post se encuentran en el significante viaje a la ultratumba; Antonio Gramsci, Benito Mussolini, Juan Domingo Perón y Hugo Chávez, pasando por la reciente de Fidel de los Castro de toda la vida.

   Si la competencia posh-post populista lograba tal éxito mediático y electoral, el adanismo ideológico del PSOE post-Alicia se lanzó a apropiarse de los nuevos discursos y sobre todo de la estética de la nueva política. No quedaba más remedio que sustituir al viejo conspirador Pérez Rubalcaba por un joven lindo que despertara emociones amorosas en la “gente”, camisa blanca de mi esperanza sin corbata, soñada encarnación del carisma del líder mediático atonal posmoderno. Bella figura para representar los arco iris y unicornios que trascendieran la mala leche de los millones frustrados por la inclemencia de la crisis, con objeto de convertir esa emoción producida por el discurso embaucador del joven y apuesto líder en votos y poder. Sin embargo, los platós ya estaban ocupados por vendedores de emociones mucho más duchos y efébicos.

   ¿Que hemos hecho para merecer tanta desestima de la gente a pesar de lo mucho que la consentimos? Al fin y al cabo el PSOE puede ser rojo aquí, verde acá y amarillo allá. Jacobino en el Bernabéu, nacionalista en el Camp Nou y confederal en el Mestalla.

   En realidad, el travestismo muestra la desnudez ideológica y estratégica de un oportunismo sin principios, balbuceante cuando señala los paradigmas escandinavos, al ocultar que fue el innombrable Gerhard Schröder quien hizo las reformas neoliberales en Alemania que inspiraron las reformas idem en Suecia y Dinamarca. Por tanto, la historia no se repite en el PSOE puesto que no hay encrucijada reforma o revolución entre el susanismo y el pedrismo, tan solo regates tácticos para intentar sobrevivir en un mundo interdependiente que destroza los mecanismos de un poder basado en la expansión insostenible de la funcionariocracia.

   Tras años de demonización de la derecha y la globalización y conchabeo con las tesis nacionalistas y populistas, al PSOE no le queda un ápice de socialdemocracia. El desesperado intento de salvar los viejos muebles apolillados, repintado sus blasones y hablando de las tradiciones de la casa, ciertamente provocan conmiseración hasta que se comprueba la complicidad con que acogieron y acogen como aliados a los asesores de Chávez y Maduro. Retozar con el transversalismo, la autogestión, la contracultura, el colectivismo de birras y canutos, comprender la “okupación” de la casa del vecino y la crianza en tribu es querer abarcar demasiado, rebuscar con contumacia las zahúrdas antisistema. Cuando la vieja guardia del PSOE ha tocado a rebato ante la deriva, los antisistema ya son sistema. Su referente griego Syriza con su amado líder Alexis Tsipras, tras cargarse el PASOK, ha iniciado los escarceos para entrar en el redil de la Internacional Socialista y los pensionistas y parados griegos que van atrás, que arreen.

  A los propensos a rasgarse las vestiduras por un quítame allá esos partidos políticos históricos, según ellos imprescindibles para la democracia española, partidos a los que tanto debemos por habernos arruinado y endeudado, habrá que recordarles que un partido trocado en lastre «acabe arrumbado en el desván de los trastos viejos, junto al hacha de piedra y al telar de pedal», puede ser un proceso natural y benéfico para la vida en general y la de los españoles en particular.

     Nota posterior 21/12/2016.

   En uno de los actos de escaqueo típicos de Rajoy, en la anterior legislatura el Partido Popular perpetró una reforma exprés ampliando las competencias del Tribunal Constitucional para que pudiese suspender en sus funciones, a las autoridades o funcionarios, que incumplan sus resoluciones. Así, colocaba al tribunal como colchón que le evitara tomar las decisiones políticas desagradables como, por ejemplo, la aplicación del artículo 155 de la constitución española. Pero el desnortado PSOE ha entrado en pánico ante el intento del duunvirato Rajoy-Santamaría de mantenerle a flote, sin entender que más que una táctica perversa, es un acto reflejo de supervivencia de régimen poco meditado, dignos de los añejos tecnócratas demócrata-cristianos que son. En un intento de diferenciarse en algo, la dirección colegiada y sus adláteres se colocan en el bando del PNV para derogar las competencias sancionadoras del Tribunal Constitucional. Ya son incapaces de conjeturar un mañana donde ellos se verían en el brete de aplicar el 155.

   Es duro ir al basurero de la historia, pero el agotamiento del régimen (de los regímenes democráticos aparentemente consolidados tras la II guerra mundial) son consecuencia de la elefantiasis estatal hoy insostenible sin dieta de adelgazamiento, dieta que los burócratas y sus aspirantes no están dispuestos a asumir. Si aguantamos todavía es gracias a los malos ejemplos de Grecia y ahora Italia. ¿Por cuánto tiempo?

Nota del 31/01/2017.

   El pasado 28 de enero de 2016, D. Pedro Sánchez Pérez-Castejón anunció en un mitin en Dos Hermanas (Sevilla, 120.000 habitantes) su candidatura a las primarias para la secretaría general del PSOE. Aunque anunciada, la mayoría de los medios y generadores de opinión profesionales, que en algún caso son periodistas, han vuelto al lamento sobre el peligro de escisión en el PSOE y la consiguiente hecatombe, ante las intrépidas frases pronunciadas por el exsecretario y ahora candidato: «La nuestra (se refiere a su candidatura pero pluraliza para que la arrobada militancia que le escucha la haga suya) representa un partido autónomo y de izquierda donde la militancia decide, frente a la que se abstuvo ante Rajoy y dejó al PSOE en tierra de nadie. Lo que hoy emprendemos es unir al PSOE para después unir a la izquierda y derrotar al PP». Más claro; agua. No es no, manque pierda. La dicotomía es presentada por Sánchez como enfrentamiento ideológico que deberán resolver los militantes del PSOE. Sin embargo, es un planteamiento que esconde unas cuantas imposturas.

   La principal impostura de Sánchez es presentarse como campeador del desiderátum «unidad de la izquierda» encabezado por un PSOE dinástico y sistema hasta el tuétano, pero cuyo líder no solo sería capaz de unir a las banderías internas sino que embelesaría a los ya antiguos antisistema con su carisma. Nada más, ni una gota de reflexión o compromiso sobre los graves y urgentes problemas políticos y sociales de los españoles. En cualquier caso, conviene recordar que la gestora del PSOE no ha cambiado un ápice las alianzas con populistas y separatistas (perdón por el pleonasmo) en ayuntamientos y autonomías en puro toma y daca de poder.

   No menor superchería es exhibirse como paladín de un socialismo «de izquierda». Sobre todo porque primero tendría que explicar esa demasía a través de una elaboración teórica e ideológica. Pero ni quiere ni puede.

   En realidad, la confrontación y el guirigay actual se concentra en nombres propios: Susana Díaz, Pedro Sánchez, Francisco Javier López Álvarez alias; Patxi López, Pablo Iglesias, Íñigo Errejón, etcétera. Nada de bolcheviques frente a mencheviques ni de segundistas contra terceristas. Es el queso, el cómo llegar al poder y luego veremos para qué. Los históricos enfrentamientos entre caballeristas, prietistas, negrinistas, besteiristas, llopistas y felipistas son tristes por inútiles y cruentos. Empero, hay una diferencia notable entre la trayectoria vital de Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto Tuero, Julián Besteiro Fernández, Rodolfo Llopis Ferrándiz e incluso Felipe González Márquez pues; todos sin excepción, antes de llegar a políticos profesionales, ejercieron por cuenta ajena o propia los honorables oficios de albañil, taquígrafo, profesores de instituto por oposición, periodista y abogado laboralista. Por el contrario, ninguno de los «amados líderes» actuales resucitadores del guerracivilismo lo han hecho. Todos estos jóvenes y «jóvenas», sin excepción, han crecido amantados en la guardería apparatchik del PSOE o en la endogámica mediterraneidad universitaria, donde el reclutamiento funcionarial se inspira en La Cosa Nostra. Así se entiende mejor su vade retro a la competitividad y la meritocracia, pues son valores incompatibles con el redentorismo populista y con sus experiencias vitales. Por tanto, las actuales trifulcas entre “susanistas”, “sanchistas”, “pablistas”, “errejonistas” “patxistas”, etcétera, serían risibles, una de galgos o podencos, si no percibiéramos los inquietantes seísmos previos a la erupción vulcaniana en el nordeste de España.