¡NO CREAS EN CUENTOS, COMPADRE!

Del antifascismo y anticomunismo de Walt Disney al posmarxismo woke (el penúltimo meneo ideológico del izquierdismo) de los Estudios Disney, de los que ha empezado a renegar ante el rechazo popular, merece un repaso como lección histórica y situación crítica actual.

El cortometraje de Disney de 1943 titulado: «Chicken Little» (El pequeño pollito) fue dirigido por Clyde Geronimi, quien también dirigió clásicos animados como Cenicienta y La bella durmiente. Este cortometraje se comprende mejor si se contextualiza con la agitada huelga en los Estudios Disney de 1941, la enorme y novedosa potencia de la AGITPROP entonces desplegada por Joseph Goebbels y Leni Riefenstahl por parte del nazismo y de «Willi» Münzenberg del Komintern estalinista.

El zorro manipulador Foxy Loxy utiliza un libro de “psicología de masas” que instruye sobre cómo controlar y engañar a los animales de la granja mediante el miedo y la desinformación; «la propaganda debe dirigirse a los menos inteligentes», por lo que escoge al pollito vulnerable e inocente para generar el pánico colectivo. «Si dices mentira, hazlo bien» y con la mentira y la manipulación, «el cielo se cae – destruye la fe de las masas… Moriremos todas… El señor Gayo anda borracho (hoy sería el señor Gayo es terraplanista facha)…

«Y por medio de la adulación se les puede hacer creer a los más insignificantes que son líderes… «¡A la cueva, a la cueva!» Foxy Loxy (o Pedro Sánchez, Al Gore, Anne Hidalgo, Bill Gates, Michael Bloomberg, Leonardo DiCaprio, etc., etc.) infunde el terror y la consiguiente paranoia que debilita el raciocinio, genera pánico, desbandada y conversión de las masas en pitanza para que, obedientes al sentirse culpables del cambio climático antropogénico, paguen la gran bacanal de los Foxy Loxy de la emergencia climática.

Y tras la metáfora del zorro manipulador les invito a profundizar sobre cómo hemos llegado a ¡EL CIELO SE CAÉ! actual enlazando al artículo DEL APOCALIPSIS CLIMÁTICO

¡NO CREAS EN CUENTOS, COMPADRE!

LAS GRANDES ESTAFAS DEL SIGLO XXI: CLIMATISMO, WOQUEISMO Y FELICIDAD

Serie XII del negocio del cambio climático antropogénico.

Con el término del año y la llegada del siguiente, los medios sistémicos nos bombardean con anécdotas y algunas estadísticas del año concluido, destacando, como de costumbre, algún record de calor en alguna provincia o en algún país, al tiempo que aseguran que la pertinaz sequía en la Península Ibérica, es una novedad consecuencia del cambio climático antropogénico.

Y mientras las élites de la plutocracia gobernante nos hace pagar escandalosas cifras por cada kilovatio que consumimos, nos acusan de asesinar el planeta por el achicharramiento que provoca nuestro consumo insaciable, también nos conminan a alquilar que no poseer automóviles eléctricos carísimos, mientras ocultan o disimulan todo suceso que contradiga su discurso.

Pues resulta que desde que ha comenzado 2024, las temperaturas en el norte de Europa son las mínimas desde el siglo XIX. En Kvikkjokk, un municipio del norte de Suecia, la temperatura bajó a -43,6ºC durante la noche del 2 al 3 de enero, la temperatura más baja registrada en este lugar desde que comenzaron las mediciones en 1888.

Este récord sucede tras varias olas de frío que han azotado el norte de Europa desde principios de diciembre. Según el instituto de meteorología sueco, las altas presiones con temperaturas extremadamente frías permanecen sobre el noreste de Suecia y el norte de Finlandia y Rusia. También Noruega se encuentra paralizada por el frío y la nieve. Así, en Oslo, las temperaturas de la última semana han descendido hasta -27°C, mientras que intensas nevadas han provocado el caos en el sur del país, donde cerraron escuelas y se cancelaron muchos vuelos.

El caso de Oslo es paradigmático porque el caos del transporte de este invierno concierne a los flamantes automóviles eléctricos y, sobre todo, a los autobuses eléctricos del transporte público. Resulta que el invierno paraliza la nueva flota de autobuses eléctricos estrenados el pasado abril, nada menos que 183 autobuses articulados de Solaris (Grupo CAF), equipados con una batería High Energy con una capacidad total de 700 kWh, que concede una supuesta autonomía de más de 250 kilómetros que ni en verano lograron, pero que las autoridades municipales elogiaron presentándolos como el futuro de la movilidad sostenible. No se podía saber que el rendimiento de sus baterías descenderían estrepitosamente a medida que baja de 0ºC la temperatura. Así, a -6ºC apenas tienen un 25% de rendimiento. Toda la noche cargando las baterías para que apenas duren 30 minutos a marcha lenta.

Por supuesto las autoridades municipales de Oslo están quitando hierro al asunto y dicen que solo hay que calentar algo (¿Con gasóleo?) a los autobuses para mejorar su rendimiento.

La empresa de transporte EMT Madrid ha realizado un pedido a Solaris de 50 autobuses eléctricos el pasado mes de diciembre. Otras ciudades españoles tienen estos “sostenibles” vehículos fabricados en Polonia.