ESPAÑA, la primera globalización

Quien conoce la historia, construye el futuro

Un documental de José Luis López-Linares producido por López-Li Films

17/10/2021

Resulta singular que un film, aunque sea un documental de 90 minutos, se estrene en Madrid un sábado a las 12,30 de la mañana del vermut. Imagino que será una estrategia requetepensada por los directivos del Cine Yelmo Ideal. El caso es que la sala 2 se llenó de un público variopinto que incluía muchos jóvenes con enormes cajas de palomitas. Con semejante ambiente, José Luis López-Linares hizo una breve pero emotiva presentación del documental, con la que agradeció a los colaboradores y a los participantes del micromecenazgo su contribución a la producción del film.

Es el actor Antonio Valero el narrador principal del documental al que se añaden las intervenciones de 39 historiadores, académicos, filósofos y peritos en diversas materias, entre otros: Carmen Iglesias, Luis Ribot, Elvira Roca Barea, Enriqueta Vila Villar, Fernando García de Cortázar, Jaime Contreras, Miguel Ángel Ladero, Nigel Townson, Marcelo Gullo, Stanley Payne, Manuel Lucena, Luo Huiling, Ramón Tamames, Pedro Insua, Patricio Llons, Fray Carlos Enrique Díaz Urbina, etcétera.

Enseguida se explica el motivo del título del documental, revelando la historia poco conocida por los españoles, originada por la crisis de confianza y una notable inflación en China durante el siglo XVI, cuya consecuencia forzó a la dinastía Ming a tomar la arriesgada decisión, al finalizar el siglo, de establecer el uso obligatorio de monedas de plata para el comercio oficial, sin apenas contar con minas de plata en su territorio. Esta decisión, coincidió con la consolidación de la ruta del Galeón de Manila iniciada en 1566 que sumaba unas 15.000 millas náuticas, conectando Sevilla con Veracruz en su tramo Atlántico, Veracruz y Acapulco a través de la Ciudad de México por tierra y finalmente Acapulco y Manila atravesando la totalidad del Pacífico. Esta formidable ruta comercial y cultural que duró hasta 1821, se basó en la exportación de la plata americana y otros metales a China y la importación de sedas, marfil y porcelana. Este substancial comercio ultramarino, supuso el control monetario de España sobre China y buena parte del mundo, al tiempo que trascendió en aspectos culturales en oriente y occidente que se evidencia en el arte religioso y decorativo.

Tras la introducción, el documental entra de lleno en los temas peliagudos de nuestra historia y en la Leyenda Negra. Se describe someramente el basamento del estado español fundado por los Reyes Católicos, donde el catolicismo fue la argamasa de su unidad al ser la condición indispensable para ser español y tener los derechos civiles derivados del humanismo renacentista. Con el derecho de gentes, plasmado por Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca, se establece el orden jurídico y social del Imperio español que abarcó a todos los españoles, peninsulares e indígenas sin distinción. Desde aquí, el documental entra en el examen de la inquisición, la expulsión-conversión de los judíos, la conquista de América, la política de mestizaje, el formidable sistema político administrativo con instituciones que procuraron la fundación de universidades, hospitales, escuelas e industrias que procuraron un grado de prosperidad notable para la época y una paz que duró cerca de tres siglos en los Virreinatos del Imperio. Son estos datos incontrovertibles, los que ponen en solfa la inferida trapacería de los incultos españoles, la supuesta incompetencia económica del Imperio español y el sambenito de la crueldad genocida contra los nativos.

Con el trascurrir del documental van quedando claros los motivos que han impulsado a José Luis López-Linares a emprender esta arriesgada empresa; responder a la embestida de nacionalistas, populistas de diferente jaez revueltos dentro de la olla podrida posmoderna donde se aglutinan las derivadas reaccionarias del indigenismo marxistoide y su complementaria supremacista. Unos derriban estatuas de Colon en Colombia y otros la de fray Junípero Serra en un lugar tan simbólico como la Universidad de Stanford fundada por el supremacista blanco Leland Stanford. Los de más acá, se apuntan a la ceremonia de la confusión achacando al franquismo el monopolio del patriotismo, para justificar la implantación de una historia oficial que convenga a sus intereses sectarios.

El empeño de José Luis López-Linares de llamar a rebato a los españoles denunciando la propaganda, las mentiras y las medias verdades sobre nuestra historia que intereses espurios han implantado por todo el mundo hasta acomplejarnos, esquiva un tanto la responsabilidad de muchos españoles en lo sucedido. Por cuanto, desde hace siglo y medio, los españoles hemos sido criados y maleducados sobre la vergüenza de pertenecer a una nación decadente y de malvado pasado. Los intentos de desfacer este entuerto, como el protagonizado por el polígrafo regeneracionista liberal y notorio políglota, Julián Juderías en “La leyenda negra y la verdad histórica” (1914), fueron eclipsados por planteamientos derivados de un eugenismo mal digerido que impele a la decadencia de la raza. De ser bajitos, morenos y algo holgazanes derivan los males de la patria para Lucas Mallada, mientras que para Ortega y Gasset el enano Gregorio el botero, pintado por Zuloaga, es un ser deforme, grotesco, símbolo de feria y de España. Incluso el católico conservador Menéndez Pelayo no ayudo mucho en mejorar nuestra autoestima cuando amonestaba, no exento de perspectiva: «España evangelizadora de la mitad del orbe; España martillo de herejes, luz de Trento, cuna de San Ignacio […]; ésa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arévacos y de los vectores o de los reinos de taifas». Y aunque fuera el loable deseo de una pronta regeneración, es la generación del 98 la que siente a España como dolor, desventura y anomalía. Son los Unamuno, Menéndez Pidal, Azorín, Machado, Sánchez Albornoz, Marañón y Ortega y Gasset quienes ahondan en la herida cometida por la Leyenda Negra sosteniendo, como en el famoso texto de Ortega que: «el patriotismo en nuestra España de hoy debe partir de una crítica acerba y un valeroso reconocimiento del enorme fracaso español». Hubo que esperar hasta 1985 a que uno de los discípulos más destacados de Ortega y Gasset; Julián Marías Aguilera, pusiera cordura al asunto en “España inteligible. Razón histórica de las Españas”, descartando la decadencia racial, para sostener que España es coherente e inteligible desde el enfoque de la razón histórica.

Opino que el documental “ESPAÑA, la primera globalización” además de defender y divulgar hechos irrefutables de nuestra compleja y emocionante historia, con el noble fin de denunciar imposturas e impostores, nos pone a los españoles en el brete de determinar si nuestra vida en común, en un mundo globalizado que se desquicia con particularismos inventados e imposturas manipuladoras, puede fundamentarse también en la defensa y enriquecimiento de la hispanidad, entendida como tesoro cultural y útil de los pueblos que la conforman.

Enlace al tráiler de España, la primera globalización

MASCOTAS Y ANIMALISMO

Continuación de: “Haciendo amigos. Sobre mascotas y cambio climático”

11/10/2021

Trascurridas varias semanas desde la publicación de «Haciendo amigos. Sobre mascotas y cambio climático» y teniendo en cuenta las críticas recibidas, algunas muy airadas como conjeturé, asumo el error de base cometido cuando, dejándome llevar por el ánimo provocador y evitar extenderme demasiado, desdeñé una parte sustancial del asunto; que el amor recientísimo por los animales de compañía, que hasta no hace tanto era patrimonio de la aristocracia con sus peluches, ahora se plasma en convivencia hogareña estrechísima, prácticamente familiar en los pequeños apartamentos de las ciudades occidentales, no tiene otra explicación que la adopción por parte de la mayoría de la población occidental, de manera más o menos consciente, de una de las ramas del darwinismo ideológico apoyado en la pangénesis. Me refiero al animalismo, ideología derivada del llamado darwinismo social o eugenesia. Trataré de explicar esta aserción con brevedad.

La eugenesia, como pseudociencia desarrollada por Francis Galton, ha sido impugnada radicalmente a partir del final de la Segunda Guerra Mundial al considerarse, con razón, una de las causas que conllevaron al horror del holocausto. No obstante, conviene recordar que los ensayos eugenésicos no solo supusieron la consecución del crimen sistemático de Estado perpetrado por el nacionalsocialismo, también fueron ensayadas unas cuantas atrocidades como las esterilizaciones forzadas en EEUU, los países escandinavos regidos por la socialdemocracia y, no por ocultado menos cierto, en la URSS donde, la pretensión bolchevique de crear el “hombre nuevo soviético” permitió a Trofim Lysenko y al biólogo Nikolai Koltsov, realizar experimentos genéticos hasta llegar a la locura del hombre-mono como soldado sumiso que Stalin permitió ensayar al biólogo Ilya Ivanov. En España, no podemos olvidar el matricidio de Hildegart Rodríguez Carballeira en 1933, como consecuencia del desvarío ideológico eugenésico libertario de su madre, luego defendido por el doctor Félix Martí Ibáñez.

La fuente de la que mana la eugenesia y del darwinismo social, es la extrapolación zoológica que el propio Darwin realiza al subsumir al hombre en una noche zoológica, donde toda diferencia que nos pueda dignificar, es suprimida para hacer del hombre un mono venido a más. Esta animalización como ser, cuya única virtud es haber desarrollado un cerebro más grande que le permite “dominar” a otros o incluso a la naturaleza, conlleva a la humanización de los animales, sobre todo, de los animales domesticados por el hombre o cercanos a su vida.

De los estudios que conozco al respecto, es el filósofo Carlos Javier Alonso Gutiérrez en “La agonía del cientificismo. Una aproximación a la filosofía de la ciencia” (1999) quien mejor expresa el dilema, cuando explica que el hombre es a la vez un animal biológico y biográfico. «En cuanto es biológico, tiene una naturaleza animal. En cuanto es biográfico tiene historia». Por consiguiente, el desamparado homo sapiens ha supervivido, no por ser el más apto, sino porque sus escasos recursos adaptativos han sido mejorados con creces por su inteligencia, inteligencia que le permite obtener estímulos de la realidad cambiante y tomar conciencia de esa realidad y de sus actos. Es la inteligencia humana, generadora de la racionalidad, la autonomía, el lenguaje y la conciencia de la vida y de la muerte de cada individuo, el grandioso atril que nos diferencia del resto de los animales.

Con la crítica del capitalismo como depredador de los recursos naturales del planeta, se activaron las ideologías vegetarianas y animalistas. Desde esa óptica, se desarrolla el “antiespecismo” militante como reacción al llamado “especismo” vigente que, según sus detractores antiespecistas, discrimina a los animales al colocar a la humanidad en la cúspide de la naturaleza. Así, el antiespecismo considera que todos los seres vivos, y no solo los humanos, son sujetos de derecho y su vida tiene el mismo valor. En consecuencia, los animales tienen los mismos derechos que los humanos. De los deberes no comentan nada o dan por supuesto que es la humanidad quien tiene el deber de cuidar del resto de las especies.

Una de las líderes animalistas antiespecista es la francesa Corine Pelluchon, autora del “Manifiesto animalista. Politizar la causa animal” (2018), cuyo perturbador contenido conduce al veganismo radical y al anticapitalismo posmarxista. Claro que hay animalistas antiespecistas que no son veganos ni posmarxistas, pero en buena lógica deberían serlo. Pues si el animalismo antiespecista veda la crianza de animales para ser sacrificados por los humanos para alimentarse, también debería prohibir que los mismos humanos sacrifiquen animales para que perros, gatos y otras mascotas puedan comer lo que precisan. Por supuesto, siguiendo la misma lógica, se deben cerrar los muladares que alimentan las aves rapaces y convertir a leones y tigres al veganismo.

Por otro lado, es evidente que el concepto básico del animalismo que estipula que todos los animales son seres “sintientes” es una hipótesis improbable. No solo porque no todos los animales tienen un sistema nervioso centralizado, también porque las reacciones ante los estímulos en no pocos casos son iguales o inferiores a los de las plantas quienes, como seres vivos mayormente fotosintéticos podrían sentir, ser “sintientes” (algunos estudios parecen confirmarlo) pues no pocas responden a estímulos. Entonces ¿De qué se alimentarán los veganos si las plantas son también “sintientes”?

Con el anteproyecto de ley de Protección y Derechos de los Animales que ha presentado el Ministerio de Derechos Sociales, el Estado español pretende intervenir estableciendo unas normas de obligado cumplimiento, no tanto para proteger a los animales de malos tratos puesto que ya existe legislación al respecto, sino para imponer conductas antiespecistas para urbanitas y propietarios de chalets, al tiempo que se beneficia a la floreciente industria alrededor de las mascotas.

En el totum revolotum de los “wokes” de la penúltima ola, el animalismo antiespecista rezuma por todos los sitios nihilismo y contrición mística. Incluso se evidencia claramente su rechazo hacia una naturaleza donde la depredación es sustancial a la vida, esa vida que se alimenta de vida y constituye las dinámicas de la biodiversidad. Por otro lado, el imperio de la corrección política ha implantado en el lenguaje cotidiano las muletillas animalistas cuando hablan de educar a los perros y gatos como si fueran alumnos de enseñanza general básica. A los perros, gatos, caballos, burros y demás animales domésticos se les doméstica, doma o entrena, además de alimentarlos y cuidarlos.

SECUELAS DE LA INDUSTRIA POLÍTICA

DE LA PARTIDOCRACIA A LA INEPTOCRACIA

07/10/2021

Desde mediados de septiembre las gasolineras del Reino Unido de la Gran Bretaña no pueden atender la demanda normal de combustible. Al mismo tiempo, los anaqueles de los supermercados están casi vacíos de hortalizas, pollo y otras viandas mientras que los precios de los alimentos y la energía se han disparado. Además, faltan productos farmacéuticos y, a pesar de no producirse un aumento de la demanda apreciable, los precios de alquileres y compra de vivienda siguen subiendo. Ante el panorama, el gobierno dirigido por el despeinado campeón del Brexit llamado Boris, aquel que prometió “all-singing, all-dancing” tras la salida de la UE ya que, gracias al formidable montante de dinero que se ahorrarían cubrirían el déficit del Estado y el de la seguridad social, además de controlar la inmigración procedente de países europeos, ahora se dedica a reírse del ingenuo ciudadano declarando quimeras de esta guisa: «Después de décadas de desconcertante negativa, hemos persuadido a los estadounidenses para que importen carne de res británica de primera calidad, un mercado que ya vale 66 millones de libras».

Los británicos están verificando en sus carnes que fuera de la UE también hace frío, sobre todo cuando se juntan el hambre con las ganas de comer de la demagogia y la ineficacia institucional. Pues resulta que, solo en Inglaterra faltan 100.000 camioneros, miles de recogedores de aves vivas en las granjas, operarios especialistas para mataderos y salas de despiece, sexadores de pollitos, cuidadores de ancianos, enfermos y discapacitados, tripulantes de pesca, marineros, etcétera. Tampoco los británicos tienen suficientes veterinarios, fontaneros, electricistas, matriceros, fresadores y torneros. La pregunta del millón para ellos y nosotros es: ¿La migración procedente de países subdesarrollados puede ejercer estos oficios y profesiones?

Al mismo tiempo, la inflación es alimentada por el incremento sideral del gasto público en forma de ayudas a cierto tipo de corporaciones de los amigos plutócratas, calcando el Next Generation de la UE. Esta tormenta de descoordinación y mamoneo se produce como efecto del rebote, que no de la recuperación, económica puesto que más de la mitad de la fuerza laboral del transporte aéreo, de las industrias del arte, el ocio y hostelería se encuentran en “furlough” (sistema similar al ERTE). De hecho, en septiembre, en el Reino Unido había 700.000 personas menos trabajando que antes de la Covid, mientras que cerca de un millón de empleados perderán el furlough (ERTE) a finales de octubre. Por si faltaba alguna incertidumbre, para tapar los agujeros el gobierno británico aumentará los impuestos al trabajo y a los ahorros privados.

¿La alarmante situación del Reino Unido solo es consecuencia del Brexit y su mal gobierno? Solo en parte pues, Polonia, Francia, Grecia, Italia y también España, padecen similares situaciones. Todos sufren carencia de camioneros especializados en conducir vehículos que transportan materias peligrosas y de larga distancia. También escasea la mano de obra para trabajos duros en granjas, mataderos, salas de despiece, cuidado de ancianos, enfermos y discapacitados. Asimismo faltan miles de oficiales y peritos para ramas industriales y de mantenimiento. En el caso concreto de España, con una tasa de desempleo de menores de 25 años superior al 33%, es llamativa la falta de trabajadores para empleos no excesivamente especializados que, sin embargo, son duros por sus condiciones o demandan privaciones considerables para la vida familiar y social.

Porque a pesar de la publicidad pintoresca, la actividad del sector privado en España abarca mucho más que esos «big data, business intelligence, data analyst y machine learning» de una Revolución Digital que arrancó en la década de los setenta del pasado siglo. Precisamente, ha sido durante el confinamiento decretado por el estado de alarma derivado de la COVID-19, cuando comprobamos que junto a los médicos, sanitarios, policías e informáticos, trabajaron con equivalente riesgo y sacrificio millones de trabajadores que nos procuraron los alimentos y servicios imprescindibles. Y es el esfuerzo diario de empresarios y trabajadores lo que oculta la escasez de obreros cualificados en España. De esos oficiales de primera que se formaban en aquellas universidades laborales y se empoderaban profesionalmente con la experiencia del taller y la obra. Pues es evidente que son las abrumadoras cifras de paro las que ocultan la angustiosa escasez de los ahora renombrados expertos en electromecánica: soldadores, matriceros, fresadores, torneros, electricistas, ferrallistas, caravisteros, etcétera, etcétera.

Es innegable que, excepto en Alemania y algún país escandinavo, la prioridad de la enseñanza oficial en Europa y por supuesto en España, no ha sido formar en las profesiones realmente demandadas por las necesidades económicas y sociales. Esta generalizada falta de personal cualificado imprescindible para la buena marcha de la economía, ha llevado a empresas como Dyson a formar su propia escuela de ingenieros basada en la combinación de la práctica de trabajo en la fábrica y la teoría. El resultado ha sido excelente por cuanto los estudiantes reciben un pequeño salario mientras trabajan y adquieren experiencia. Algunas escuelas y universidades del Reino Unido y Alemania han adoptado el syllabus Dyson.

Recordar que fue el PSOE durante el Felipato quien aniquiló en 1989 la excelencia de la formación profesional española, resulta desgarrador por sus consecuencias. Pero esta funesta medida solo anticipó el desastre llamado Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) aprobada en 1990. Claro que antes el gobierno del PSOE implantó la Ley de Reforma Universitaria (LRU) para “flexibilizar” los planes de estudio. Desde entonces, la exuberancia de oferta de cursos de postgrado ha superado las imaginaciones más desquiciadas. La tómbola de títulos contiene todas las especializaciones imaginables, abundan los másteres lugareños y patrioteros para todos los gustos y con el mínimo esfuerzo, al oscilar entre 20 y 500 horas lectivas.

Los vergonzosos resultados de los informes PISA solo señalan la punta del iceberg de la ineficiencia de un sistema educativo costoso e inoperante. Aunque pocos, algunos profesores y observadores se atreven a denunciar que la sociedad está anestesiada ante la magnitud del problema; la destrucción paulatina del mérito y el esfuerzo que genera la plasmación de, en palabras de Marcos Taracido: «ciudadanos sin recursos, irresponsables, inmaduros intelectualmente y sin destrezas para afrontar la crudeza de la vida socio-laboral; una Educación asentada en lo insustancial, la banalidad y la laxitud de la exigencia, y que sigue creciendo en unos despachos empapados, en el mejor de los casos, de buenismo social y utopías tan alejadas de la realidad que no parecen existir amortiguadores para la caída».

Según el Observatorio del Sistema Universitario, en noviembre de 2017 en España existían en el Registro de Universidades, Centros y Títulos (RUCT) un total de 2.713 grados con 560 nombres distintos. En el curso 2017-2018, los centros adscritos a universidades públicas impartieron 222 grados y los adscritos a universidades privadas 44. Las universidades públicas ofrecían el 57,9% de titulaciones en Artes y Humanidades, un 56,2% en Ciencias, un 7,1% en Ciencias de la Salud (7,1 %), un 11,7 % en Ciencias Sociales y Jurídicas y un 28,1 % en Ingeniería, Arquitectura y Física. La oferta de las universidades privadas se concentra en las ramas de Ciencias de la Salud (el 35,7 % de los grados de esta rama se ofrece en la privada) y de Ciencias Sociales y Jurídicas (33,1 %). En cambio, manifiestan menor preferencia por Ingeniería y Arquitectura, Arte y Humanidades y Ciencias, con proporciones del 19,1 %, 18,5 % y 7,9 %, respectivamente.

Para cualquier observador es sencillo dilucidar que la profesión de clase política española es la de político. La aparente perogrullada puede confundir por cuanto, en principio, sus profesiones y oficios se concentran en los ámbitos leguleyos, ecónomos y sociológicos. La inmensa mayoría inicia su profesión en las juventudes del partido, los pocos plurilingües compaginan el español con los castrapos de sus respectivas autonomías y, en general, carecen de experiencia profesional relevante anterior a la dedicación política. Se trata de una casta que, con notoria sagacidad, el economista José María Gay de Liébana y Saludas señaló denominándola industria política y que pocos días antes de su fallecimiento denunciaba de esta guisa: «Hemos de eliminar la gigantesca industria política que se ha generado y que consume cerca de 25.000 millones de euros al año». Sin embargo, Gay de Liébana no añadió las ayudas y subvenciones a partidos políticos, fundaciones afines y sindicatos que multiplican por cuatro su cifra.

Fue el filósofo francés Jean D’Ormesson quien acuño el término ineptocracia para definir la degradación de las democracias occidentales. «La ineptocracia es el sistema de gobierno en el que los menos preparados para gobernar son elegidos por los menos preparados para producir, y los menos preparados para procurarse su sustento son regalados con bienes y servicios pagados con los impuestos confiscatorios sobre el trabajo y riqueza de unos productores en número descendente, y todo ello promovido por una izquierda populista y demagoga que predica teorías, que se sabe que han fracasado allí donde se han aplicado, a unas personas que sabe que son idiotas».

La inepcia de los mandarines que rigen y configuran la industria política en cada Estado-nación, desde hace tiempo estimula su instinto de supervivencia hasta niveles paranoicos. Entonces, la demagogia no es suficiente y desarrollan estratagemas y alianzas con las plutocracias nacionales y globales hasta el punto de retroalimentarse mutuamente mediante mordidas que llaman “consensos”. Los consensos elaborados por las plutocracias globales, se basan en la consigna del Nuevo Orden Mundial. Así, se ha consensuado la corrección política, el neo-maltusianismo, el cambio climático antropogénico, el océano de liquidez que pagarán nuestros descendientes, la ideología de género, la seudocultura de la cancelación, los derechos a la carta del chef de turno, el indigenismo presentista, la legislación ideológica y el relativismo ético ante la vida. Para lograr la implantación del nuevo orden, es imprescindible contar con instrumentos contundentes, el primero de todos, como experimentaron el comunismo, el fascismo y el nacionalsocialismo, es implantar el miedo, siempre antesala del terror.

Los desmanes que soportamos y la incertidumbre respecto al futuro, parecen consecuencias evidentes de la desincronización de intereses entre plutócratas y mandarines políticos, pues los síndromes ideológicos en que sustentan su estrategia ordenancista son antagónicos de suyo. Quizá el ejemplo más claro de las consecuencias de choques entre síndromes ideológicos cretinoides y relativistas, es la derrota de occidente causada por la vergonzosa, aunque aplaudida y presentada como heroica, huida de los yanquis y nosotros, sus aliados, de Afganistán.

LOS FRACASOS DE BIDEN

29/08/2021.

Por entender que el artículo escrito por Victor Davis Hanson, publicado el 22 de agosto de 2021 en la página del The Independent Institute (Oakland, California) y en AG American Greatness, resume con notable agudeza los primeros meses de la Presidencia de Joe Biden, he considerado interesante traducirlo al español y compartirlo.

OCHO MESES DESPUÉS, LA CASCADA DE FRACASOS DE BIDEN.

Enlace al artículo original en inglés.

Un Biden con problemas cognitivos es empujado en todas direcciones, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio a todo lo relacionado con Trump.

Casi todo lo que Joe Biden ha tocado desde que asumió el cargo, se ha convertido en basura. Ninguno de sus juegos de culpas, ninguna de sus distorsiones, ninguna de sus fantasías e irrealidad pueden enmascarar esa verdad.

LA CATÁSTROFE AFGANA

Hace siete meses, Afganistán estaba relativamente tranquilo, con alrededor de 10,000 soldados vestigiales de la OTAN, incluidos 2,500 estadounidenses, anclados en el aeródromo de Bagram. Pudieron proporcionar superioridad aérea a la coalición y al ejército nacional afgano. Con el poder aéreo, las fuerzas de la OTAN, si así lo hubieran deseado, podrían haber retirado muy lenta y gradualmente todas sus tropas remanentes, pero solo después de una partida previa de todos los civiles estadounidenses y europeos, los contratistas de la coalición y los afganos aliados.

La calma transitoria implosionó abruptamente tan pronto como Joe Biden retiró imprudentemente a todas las tropas estadounidenses en cuestión de días. Muchos se fueron en la oscuridad de la noche, sin dejar a nadie para proteger a los contratistas, dependientes, diplomáticos y aliados afganos. En el mundo de Biden, los civiles protegen el último enclave occidental mientras los soldados huyen.

Hace tres semanas, Joe Biden y un Pentágono despistado y politizado nos aseguraban que Afganistán era «estable». Ahora el país está volviendo a su acostumbrado caos premoderno, teocrático y medieval. Es probable que pronto vuelva a abrir como el refugio terrorista del mundo al estilo anterior al 11 de septiembre: un mercado de armas de más de $ 50 mil millones en equipo militar estadounidense abandonado. Gracias al presidente de los Estados Unidos, los terroristas y los enemigos del Estado-nación ahora pueden comprar armas y entrenar allí sin obstáculos.

El “arquitecto” de la coalición de la OTAN, Biden, también se burló de sus aliados europeos, cuyos soldados superaban en número a los nuestros. El humanitario «buenazo Joe de Scranton» despreció a los miles de militares afganos muertos que habían ayudado a los estadounidenses. Biden les dijo a las familias de los estadounidenses caídos y heridos durante dos décadas, que la catástrofe en Kabul era inevitable, sin otra salida que el caos y el deshonor. ¿Por qué no nos dijo eso antes, cuando era vicepresidente, con tantos muertos y heridos previos?

«Supéralo», era el subtexto del mensaje de Biden. Si los estadounidenses quieren escuchar el juego de la culpa, nos dijo que convirtiéramos en chivo expiatorio a Barack Obama, o a todos los presidentes anteriores, o especialmente a Donald Trump, o a los servicios de inteligencia y al ejército, o al ejército afgano, o nosotros los ingenuos que de alguna manera pensamos que las cosas son un desastre ahora en Kabul- o cualquier cosa y todos cada uno menos Joe Biden.

¿Fue idea de Biden simplemente sacar a Estados Unidos «oficialmente» de Afganistán y dejar que los más de 10.000 estadounidenses abandonados se las arreglaran como pudieran?

¿Estaba Biden irritado por nuestra presencia de 20 años y pensando que los afganos merecerían lo que siguió? ¿Estaba tan delirante que realmente creía que las fuerzas de la OTAN podrían disuadir fácilmente a los talibanes con sermones santurrones del Asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan, el Secretario de Estado Antony Blinken y la Subsecretaria de Estado Wendy R. Sherman? Esta última es una ex directora de la Lista de EMILY y una arquitecta del Acuerdo con Irán, entonces, ¿ella y otros fueron especialmente aterrorizantes para los teócratas traviesos cuando advirtieron que podrían perder su lugar en el «orden mundial basado en reglas»? ¿O creía Biden que los talibanes se verían disuadidos por las exclamaciones de Sherman, como su ominosa advertencia: «¡Esto es personal para mí!»

EL FIASCO INFLACIONARIO

En enero, Biden heredó una economía en recuperación impulsada por mil millones de dólares en tinta roja federal estimulante. Dada la demanda reprimida natural de los consumidores, ¿por qué Biden necesitaba imprimir otros mil millones de dólares más, buscar dar luz verde a otros dos mil millones de dólares más para «infraestructura» y aumentar aún más la compensación por desempleo hasta el punto de disuadir a los empleados de regresar al trabajo?

Al mismo tiempo, ha sobresaltado a los empresarios con amenazas fanfarronas, señalando que aumentaría los impuestos en las ganancias de capital, beneficios, nóminas altas e impuestos sobre la herencia. Al mismo tiempo, el aumento de trabas erosionó aún más a las pequeñas empresas. El resultado fue la inflación de precios de todas las cosas de la vida: casas, madera, gasolina, alimentos, electrodomésticos, así como una escasez histórica de todo, desde automóviles y casas hasta el trabajo de contratistas y electricistas. Cualquier aumento en los salarios debido a la escasez de mano de obra, pronto fue borrado por las espirales en el índice de precios al consumo.

Entonces, ¿qué estaba pensando Biden o, mejor dicho, qué no estaba pensando? ¿Pagando a los trabajadores para que no trabajen, estaría saldando viejas cuentas con los empresarios? ¿Necesitaban los trabajadores unas vacaciones tras la cuarentena? Imprimir dinero era una forma de distribuir la riqueza y disminuir lo que poseían los ricos. ¿Fue un déficit de dos mil millones de dólares y de treinta mil millones en deuda agregada una forma de presumir ante Trump al duplicar la tinta roja de Trump en menos de un año? ¿Acumulará más deuda pública que Barack Obama y George W. Bush en la mitad de tiempo?

EL DESASTRE FRONTERIZO

Biden tomó una frontera segura, junto con una inmigración cada vez más legal y, enseguida, destruyó ambas. Detuvo la construcción del muro fronterizo, alentó la entrada de 2 millones de ilegales durante el año fiscal en curso, prometió amnistías y reanudó la «captura y liberación». Hizo todo eso en un momento de pandemia, eximiendo a los extranjeros ilegales de todos los requisitos de las pruebas COVID y las vacunas masivas que había alentado inyectarse a sus propios ciudadanos. Con amnistías masivas planificadas y millones más invitados a cruzar ilegalmente en los próximos tres años, ¿estaba Biden buscando fundar una nueva nación dentro de la ahora pasada de moda nación estadounidense?

¿Creía que los estadounidenses no merecían su ciudadanía y que los recién llegados del sur de la frontera eran de alguna manera más dignos? ¿Vio a los 2 millones de nuevos residentes como votantes instantáneos bajo nuevas reglas relajadas de votación? ¿Pensaba que en una economía privada de mano de obra proporcionarían niñeras, jardineros y cocineros a las élites de la costa? Nos esforzamos por imaginar alguna explicación porque no hay lógica en ninguna.

INSUFICIENCIA ENERGÉTICA

Biden hizo todo lo posible en solo siete meses para hacer explotar la idea de la autosuficiencia estadounidense en gas natural y petróleo. Canceló el oleoducto Keystone, congeló nuevos arrendamientos de energía federal, puso el campo petrolero de Anwar fuera de los límites y advirtió a los frackers que sus días finales estaban cerca.

Entonces, ¿qué impulsó a Biden a tomar semejantes medidas? ¿Acaso objetó que los automovilistas estaban ahorrando demasiados miles de millones de dólares al año en menores costos de transporte? ¿O fue el problema que habíamos recortado demasiadas importaciones de petróleo del volátil Medio Oriente y ya no lanzaríamos guerras preventivas? ¿O quizás la transición al gas natural limpio en lugar del carbón como combustible para la generación de energía había reducido de manera demasiado radical las emisiones de carbono? ¿Sintió Biden que los productores de Oriente Medio, los rusos o los venezolanos podrían proteger mejor el planeta mientras extraían más petróleo y gas que los perforadores estadounidenses?

LA CALAMIDAD RACIAL

Biden hizo estallar las relaciones raciales al dar luz verde a la nueva caza del mítico monstruo de la «blancura». ¿Fueron unos pocos alborotadores blancos bufones que asaltaron el Capitolio la punta de la lanza de un movimiento masivo de supremacía blanca previamente desconocido, el más peligroso, juró, desde la Guerra Civil?

Biden tomó la acción afirmativa y las ideas de “impacto dispar” y “representación proporcional” de la era de los derechos civiles y las convirtió en representación desproporcionada y reparaciones a bajo precio. Biden hizo aceptable condenar la «blancura», como si los 230 millones de estadounidenses blancos fueran culpables de una cosa u otra de una manera que los otros 100 millones «no blancos» no lo son.

Entonces, ¿por qué Biden pateó al perro dormido de la polarización racial? ¿Para agitar su base de izquierdas? Para aliviar su propia culpa por la larga historia de insultos racistas de la familia Biden, desde el «limpio» Barack Obama hasta «encadenarlos todos», las sagas «Corn Pop», «no eres negro» y «adicto» a ¿La palabra N de Hunter (cazador) y el racismo asiático? ¿Biden entrevió a países como Irak, Líbano, Ruanda y la ex Yugoslavia como modelos positivos para la emulación de la diversidad?

LA EXPLOSIÓN DEL CRIMEN

Después de que Biden asumió el cargo, los crímenes violentos se encendieron desde las brasas de los 120 días de saqueos, incendios provocados y violencia organizada, en su mayoría impunes, en las calles de las principales ciudades de Estados Unidos durante el verano de 2021. Bajo Biden, las cárceles se vaciaron. Los abogados federales y los fiscales locales emuladores eximieron a los infractores. La policía fue difamada y desfinanciada. Castigar el crimen se consideraba una construcción racista.

El resultado es que los estadounidenses ahora evitan los centros de Dodge City de la mayoría de las ciudades azules (gobernadas por los demócratas) azotadas por el crimen en Estados Unidos. Aceptan que cualquier peatón urbano, cualquier conductor fuera del horario de atención, cualquier pasajero en un autobús o metro puede ser asaltado, robado, golpeado, violado o baleado, sin ninguna garantía de que los medios informarán justamente el crimen o que el sistema de justicia penal castigará a los perpetradores. En la América de Biden, los saqueadores entran en las farmacias y salen con bolsas de la compra repleta, bajo la mirada aterrorizada de los guardias de seguridad que estiman que al menos no robaron más de 950 doláres de botín.

¿El plan de Biden era permitir que la gente redistribuyera las ganancias mal habidas? ¿O estaba convencido de que la actividad criminal desproporcionada era una retribución kármica o una penitencia por la muerte de George Floyd? ¿De verdad creía que éramos demasiado vigilantes? ¿Creía que el público en general debería experimentar, por fin, el crimen del centro de la ciudad para garantizar la equidad y la inclusión?

Entonces, ¿por qué Biden ejerce tan deliberadamente este empujón destructivo que hace explotar todo lo que toca?

HAY VARIAS TEORÍAS POSIBLES

1) Biden es non compos mentis. No tiene idea de lo que está haciendo. Pero en la medida en que está alerta, Biden escucha, en cierto modo, solo a la última persona con la que habla. Y luego se toma una siesta. Cuando Afganistán explota o la inflación ruge o la frontera se convierte en una puerta de entrada, sus ojos se abren y se vuelve desconcertado y gruñón, como un Bruce Dern irritable y enérgico que se despierta en «Once Upon a Time in Hollywood».

Biden no tiene ni idea de la implementación destructiva real de sus políticas tóxicas, y no le preocupa sobre quién recaen estas agendas destructivas. Vagamente asume que un perrito faldero de los medios de comunicación de izquierda volverá a empaquetar cada incoherencia de Biden como Periclean (gran estrategia de Pericles), y cada «tapadera» diaria como el escape de Biden para la investigación presidencial, la lectura profunda y la deliberación intensiva. Biden parece estar cerca de donde estaba Woodrow Wilson en noviembre de 1919.

2) ¿O es Biden un oportunista de rango y piensa que cabalgará el izquierdismo despertado como la nueva trayectoria del país? Él se resiente por su subordinación previa a Obama, y ahora siente que puede vencer a las administraciones izquierdistas del pasado como el único y verdadero socialista evolucionista. No es tanto el manipulado como el manipulador.

Biden se imagina a sí mismo como un líder dinámico práctico que muerde a los reporteros, sale del podio y emite sus habituales interjecciones. Por lo tanto, está «al mando» durante cuatro o cinco horas al día. Le gusta actuar de manera más radical que Elizabeth Warren, Kamala Harris, Bernie Sanders o «el escuadrón», y especialmente ser mucho más izquierdista que su antiguo y ahora pasado jefe Barack Obama. Joe tiene el control y eso explica el toque de escoria. Por primera vez en su vida, un incompetente tiene total libertad para ser poderosamente incompetente. Entonces, Biden no está tan demente sino que delira manejando asuntos.

3) Biden es, desafortunadamente, lo que siempre fue: un plagiario, mentiroso y nihilista bastante mezquino, desde su infamia por el asesinato del personaje de Clarence Thomas y Tara Reade tanteando, hasta su sucio discurso racista y su monumental burla habitual. Sus desastres son los mismos viejos, la misma vieja marca registrada de Biden, las meteduras de pata del arte escénico.

A Biden le gusta la idea de la indignación conservadora, del caos, de ladrar a todo el mundo todo el tiempo. Biden acepta que no se pueden hacer tortillas sin huevos rotos, y disfruta arruinando las cosas, como advirtieron Robert Gates y Barack Obama. «Despertar» al Estado Mayor Conjunto, alentar a cientos de miles a cruzar la frontera y abandonar a nuestros aliados de la OTAN en Afganistán, ¿a quién le importa cuando el tipo duro, el descarado Joe en movimiento, revuelve las cosas? ¿Los desastres en la economía, la política exterior, el crimen, la energía y las relaciones raciales? Biden simplemente está sacudiendo las cosas, revolviendo la olla, provocando que la gente vea al Sr. «Vamos, hombre» en acción, mientras fanfarronea y se pavonea y deja un rastro de destrucción a su paso.

4) Biden no es nada en absoluto. Él es solo un recorte de cartón, un truco del Partido Demócrata, que está en contra de cualquier cosa por la que estén los conservadores. Asume que deshará todo lo que hizo Trump, según la teoría, es simple y fácil para él en sus momentos perezosos y de alto nivel. Y de todos modos está cansado de pensar mucho más allá de ese rechazo pavloviano. Una frontera cerrada es mala; presto, las fronteras abiertas son buenas. Mejorar las relaciones raciales es malo; el deterioro de las relaciones debe ser bueno. Mala independencia energética; buena dependencia. Biden trabaja en piloto automático en su trabajo diario minimalista: simplemente cancele todo lo que hizo Trump y no se preocupe por los efectos en el pueblo estadounidense.

5) Biden es un rehén tanto de la Izquierda como de Hunter Biden. Su tarea es apresurar una agenda de izquierda dura, en la forma de un torpedo que explota cuando golpea el objetivo. La izquierda se aseguró de que la base no saliera disparada en 2020. Entonces, les debe. Biden, más o menos, entregó su presidencia al equipo, Nancy Pelosi, Bernie Sanders y los remanentes de Obama. Le entregan un guión; intenta leerlo; y dan seguimiento a los detalles. Es el viejo y tambaleante John Gill de Star Trek.

La izquierda puede esperar que su propia agenda nihilista funcione. Cuando inevitablemente no es así, se culpa a Joe, el repartidor: mucho más rápido, entonces, será la salida necesaria de Biden. Mantuvieron su parte del trato al hacer que eligieran al habitante del sótano. Ahora mantiene el trato al entregar la presidencia. La utilidad de Biden tenía una vida útil de aproximadamente seis meses.

Ahora, muy lentamente, las filtraciones, las puñaladas por la espalda del ala oeste, las cejas fruncidas y las fuentes anónimas lo aliviarán suavemente con las preocupaciones de la 25a Enmienda (por ejemplo, «Quizás el presidente Biden podría encontrar que tomar la Evaluación Cognitiva de Montreal de algún valor después de todo, para su propio beneficio, por supuesto. ”) Kamala Harris no es tan inerte como se nos hace creer.

Hunter Biden, manchado y arruinado por escándalos de toda sordidez imaginable, ahora se embarca en su obra maestra: vender su arte de jardín de infantes a medio millón de dólares por pintura a estafadores extranjeros ricos en quid pro quo “anónimos”. ¿Por qué Hunter representa un peligro tan descarado e innecesario para su padre, el presidente? ¿Porque el ex adicto puede, y sólo por el gusto de joder?

El comportamiento malicioso de Hunter es una amenaza implícita de que si el personal de Joe golpea la mano de Hunter, él amenaza con derramar los «frijoles» sobre «Big Guy» y «Mr. 10 por ciento”, dado que interpreta al cervatillo herido como el chico malo subestimado. Hunter era el hombre del dinero de la familia mala, semilla sin cuya aflicción ninguno de ellos hubiera vivido jamás en el mórbido esplendor de la mordida.

Un Biden cognitivamente desafiado luego es empujado en todas direcciones, por su propia senilidad, por políticos de izquierda que cobran sus deudas, por su propio despecho, por su narcisismo característico y por su odio neandertal por todo lo que Trump fue e hizo.

El problema para Estados Unidos es que las teorías de la una a las cinco no siempre son mutuamente excluyentes, sino que es más probable que sean multiplicadores de fuerza de la locura actual. En algún momento, algún valiente representante del Congreso o del Senado finalmente tendrá que decirle a Biden, en el espíritu de Oliver Cromwell y Leo Amery: “Te has sentado demasiado tiempo aquí por cualquier bien que hayas estado haciendo. Vete, te digo, y acabemos contigo. ¡En el nombre de Dios, vete!».

VICTOR DAVIS HANSON es miembro sénior de Martin and Illie Anderson en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford y miembro de la Junta de Asesores tanto del Instituto Independiente como de su revista trimestral, The Independent Review: A Journal of Political Economy.

LOS CUENTOS DE ECHENIQUE Y RIBERA

Resumen sobre los motivos del desorbitante incremento de la energía eléctrica.

14/08/2021.

ANTECEDENTES:

En noviembre de 2019, en plena campaña electoral, Unidas Podemos afirmó: «Bajaremos la factura de la luz y pondremos firmes a las grandes eléctricas». El PSOE por su parte, prometía con orgullo un plan Superecologicoespialidoso por parte del orwelliano Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dirigido por la jurista, profesora universitaria y alta funcionaria Teresa Ribera Rodríguez, afirmando que se trataba de una revolución energética y ambiental, producida por una extensión vertiginosa de las energías renovables y la consiguiente eliminación de centrales nucleares y de ciclo combinado. Esta salvadora descarbonización de España, afirmaba el PSOE, permitiría rebajar inmediatamente el precio de la factura de la energía eléctrica de, al menos, un 12% entre 2019 a 2030. Ni que decir tiene que esta reducción no se justificaba mediante cálculo objetivo alguno.

El gobierno de coalición PSOE-Podemos estableció el 1 de junio de 2021 un nuevo modelo de facturación general basado en tres tramos horarios, con el fin de que «los usuarios puedan ahorrar en función de su eficiencia y a que ajusten mejor la potencia contratada a sus horarios de consumo». De esta suerte, según el gobierno, la nueva factura eléctrica «fomentará el ahorro energético, el autoconsumo y el despliegue del vehículo eléctrico». En román paladino; el gobierno estableció con el desparpajo que le caracteriza que, por el bien del planeta y de unos cuantos de sus habitantes, españolito que vienes al mundo te guarde Dios porque te aumentamos el precio de la energía eléctrica.

RESULTADO:

En el último año y a pesar de una reducción del IVA del 21% al 10% desde el 26 de junio de 2021 al 31 de diciembre de 2021, el precio de la energía eléctrica se ha incrementado en España un 180%.

DEL SUSTO A LA DEMAGOGIA:

Ante semejante inflación que aflige a la mayoría de los ciudadanos, la protesta y la indignación se han generalizado. El recibo de la luz de julio para hogares, comercios e industrias ha sido escalofriante y la subida continua imparable en agosto, por ejemplo, ayer 13 de agosto subió hasta 117,29 euros megavatio hora (MWh) de media, otro récord histórico.

A pesar de la acostumbrada pose arrogante respecto a las indignadas protestas por semejante quebranto, la coalición gubernamental no le ha quedado otro remedio que darse por enterada, No tanto como para que el Presidente del gobierno cancele por un rato sus vacaciones, pero lo suficiente para que los cientos de asesores y expertos asentados en La Moncloa y aledaños, se lancen a la tormenta de ideas geniales.

Raudos, los expertos gubernamentales nos han ofrecido los habituales brochazos y ocurrencias para solventar «DE UNA VEZ POR TODAS» problemas complejos. Fue Pablo Echenique, quien llevaba unos meses un tanto mustio por la fuga de su protector Pablo Iglesias, el primero en blandir la espada flamígera desfacedora de entuertos, declarando la enésima solución, de una vez por todas, que todo marxista-peronista presenta cada día: «tener al menos una gran empresa pública de energía que pueda competir con el oligopolio que nos sube la luz». Como de costumbre, la camarilla del PSOE en el gobierno pegó un respingo y envió a la jefa del ramo ecológico y reto demográfico, Teresa Ribera, a desmentir, con la contundencia que solo es capaz de superar María Jesús Montero Cuadrado, que el gobierno tuviera en mente crear una empresa pública de energía eléctrica. Aprovechando el ratito, se dedicó a echar la culpa de las subidas de la luz a Aznar y a Rajoy, olvidando los 7 años de Zapatero y sus desorbitadas subvenciones a las renovables. Pero como la andanada a morito muerto no coló, al día siguiente culpó a la Unión Europea y al presidente de Rusia, Vladímir Putin por la subida del precio del gas natural. Como nadie se tragó estos cuentos y sus socios podemitas seguían con la tabarra nacionalizadora para tratar de salvarse de la quema, Doña Teresa anunció el 12 de agosto de 2021 la fundación de una empresa pública de generación de electricidad, a través de la absorción de las concesiones hidroeléctricas, una vez expire su plazo de concesión.

¡EXPRÓPIENSE LOS PANTANOS DE FRANCO!

Como el cuento de la buena pipa, la llamada recuperación de las concesiones de las centrales hidroeléctricas, gira como el asno de Buridán en la noria de un pozo sin agua. En realidad, se trata de un ensueño ideológico de redención contra una obra franquista exitosa. De hecho, excepto algunas concesiones de antes de la guerra civil, la mayor parte de las concesiones se renovaron a finales del siglo pasado y algunas otras se prorrogaron, con lo que las principales centrales podrían llegar al final de su concesión hacia 2070. Por otro lado, entre los cientos de centrales y minicentrales que funcionan en España, suman una capacidad instalada de 17.792 MW, apenas el 20% del mix eléctrico español. Además, el panal de rica miel que se adivina con el retorno de las concesiones al Estado, ha sido rodeado por un enjambre de municipios, sindicatos, asociaciones ecologetas y comunidades autónomas.

Por supuesto ni una palabra, ni un resquicio de crítica a uno de los principales factores que han disparado los precios energéticos. Esos derechos de emisión de CO2 que la política ambientalista de la UE dirigida por Alemania ha encarecido hasta superar en este arranque de agosto los 54 euros por tonelada, cuando a principios de año cotizaban en torno a los 33 euros.

LA SUBASTA DEL PRECIO DE GENERACIÓN ELÉCTRICA

España, con José María Aznar de presidente del gobierno y con el apoyo de CiU y el PNV, se incorporó al sistema eléctrico europeo en 1997.

La UE ha establecido un marco regulatorio para el sector eléctrico europeo hasta 2030, basado en mercados transfronterizos de energía. Cada mercado establece un precio diario marginal para el día anterior a aquel en el que la energía es producida y consumida. Es el llamado electric pool o piscina eléctrica. El volumen económico de las compras mayoristas en 2020 en España sumó 3.307 millones de euros, un 30% menos que 2019 debido a la pandemia de la COVID-19. El mercado eléctrico español está interconectado con Portugal, Francia y Marruecos. Francia y Marruecos exportan mucho más que importan del mercado ibérico.

El sistema actual de pool eléctrico o piscina eléctrica establecido en 2013, fue pensado para lograr equilibrar un precio final cada día, determinado por el costo de producir la «última» unidad de potencia más cara (el costo marginal). El volumen medio negociado al contado en España durante el primer semestre de 2021 es de unos 480 GWh (80% de demanda). En principio esta fórmula de subasta asegura que se utilicen los recursos energéticos más baratos, de modo que la demanda de electricidad se satisfaga al menor costo posible para la sociedad. Esta es la teoría, pero la práctica no es tan evidente, puesto que la información sobre los costes de producción no es tan exacta como debiera, lo que implica distorsiones agravadas por el mercado de derechos de emisión de CO2.

Cada día, las empresas generadoras indican a qué precio están dispuestas a vender electricidad para cada una de las horas del día siguiente, mientras que las comercializadoras señalan a qué precio están dispuestas a comprar, según la demanda que estiman que sus clientes harán, en cada una de esas horas. A continuación, se procede a ordenar, para cada hora, todas las propuestas de venta de electricidad de menor a mayor precio y todas las propuestas de compra en sentido contrario, lo que configura, respectivamente, las curvas de oferta y de demanda. Así, van entrando a la piscina de la oferta cada central de generación eléctrica.

Las primeras en zambullirse en la piscina son las centrales nucleares (con una media del 22% del total) por constituir el costo más barato ya que no pueden dejar de funcionar salvo mantenimiento o avería, lo que significa que muchas veces ofrecen sus megavatios a coste cero. No obstante, las compañías propietarias de estas centrales se resarcen con el llamado dividendo del carbono, un porcentaje de la tasa por emisiones de CO2 destinado a incentivar el uso de las energías que no emiten carbono también es conocido por el peyorativo nombre: “windfall profits” (beneficios caídos del cielo), beneficios que el gobierno PSOE-PODEMOS arrebatará en unas semanas cuando se apruebe una Ley que establece una fórmula de minoración de los ingresos caídos del cielo (nunca mejor dicho respecto a las hidroeléctricas) que «puede oscilar entre los 199 millones de euros anuales con la tonelada de CO2 a 30 euros y los 1.691 millones con la tonelada a 100 euros. Con los actuales precios del ETS, el importe de la minoración sería de unos 625 millones, alrededor del 16% de la facturación media de las instalaciones». Consecuencia previsible: remoloneo en la entrada en la subasta de las centrales limpias de CO2 para incrementar su precio.

Volviendo a la secuencia de la subasta, tras las nucleares se van incorporando a la piscina las generadoras más económicas en orden ascendente: la “hulla blanca” de las centrales hidroeléctricas que, debido a sus particularidades suponen una media del 10,5% del total, aunque su producción en verano puede reducirse hasta el 3% y convertirse en energía cara y sobrepasar en algún tramo horario el precio de las centrales de ciclo combinado. Seguidamente las renovables, cuya rentabilidad está regulada por ley a través de sustanciosas subvenciones que paga el consumidor, empezando por los generadores eólicos con el 24,8% que tienen el gran inconveniente de su irregularidad, sobre todo en verano. Otras renovables que, sin embargo emiten CO2, por tanto caras, son las centrales de biomasa, biogás, bioetanol y biodiesel estimadas en un 17% del total. La muy subvencionada solar fotovoltaica y térmica solo genera durante el día un 8% del total. Las últimas en entrar a la piscina son las centrales de ciclo combinado de gas o carbón (de carbón en 2021 solo funcionan seis, tres cerrarán a finales de este año y otras dos el próximo) que suponen una media del 16,3% del mix. El precio del costo de la última central de ciclo combinado que entra en la piscina suele establecer el precio marginal del día.

Las subastas diarias e intradiarias son organizadas por OMIE-OMIP, empresa privada que ejerce de operador de mercado eléctrico designado NEMO (según la terminología europea), para la gestión del mercado de electricidad en la Península Ibérica, es decir: de España y Portugal. Así, OMIE/P participa en el acoplamiento de los mercados mayoristas de electricidad en la UE, conjuntamente con todos los NEMOs designados en cada Estado miembro. La península Ibérica tiene un grado de interconexión con el sistema europeo muy inferior al del resto de países de la Unión, por debajo del 5 %, lo que le impide acceder en igualdad de condiciones a los beneficios de las interconexiones eléctricas.

PAGAR IMPUESTOS COMO SI FUERA ENERGÍA

El régimen de comercio de derechos de emisión (RCDE UE) que limita el volumen de los gases de efecto invernadero (ETS) CO2, que pueden emitir las industrias con gran consumo de energía, los productores de energía y las compañías aéreas, fue establecido por la UE en 2005. En España es el Plan Nacional de asignación quien establece el volumen de CO2 que las empresas están obligadas a entregar a las arcas del Estado. Se trata de comprar los derechos suficientes para cubrir todas sus emisiones si no quieren que se les impongan fuertes multas. Con este sistema se penaliza la energía generada con combustibles fósiles y se pretende impulsar las energías renovables. Se trata de un mercado que funciona según el principio de limitación y comercio. Es decir, se pone un límite máximo a la cantidad total de emisiones que pueden hacer las centrales obligadas a comprar los derechos en subastas semanales o en el mercado secundario. Al final de cada año, las centrales eléctricas deben entregar suficientes derechos para cubrir sus emisiones. En caso contrario, son sancionadas con la morrocotuda cifra de 95 euros por cada g/km de CO2 excedido.

Pero, como el precio del CO₂ estaba muy bajo y no producía el efecto disuasorio que se buscaba y el recaudatorio que se suele omitir en el discurso ecologeta, la UE decidió reducir derechos de emisión creando un mecanismo de reserva para que subiera el precio. Y ya lo creo que lo subió, al subir los precios del CO₂ el coste final de la electricidad se ha incrementado exponencialmente. Fue el gobierno español presidido por Sánchez quien redujo de 60 millones de toneladas asignadas a 10 millones. Con ello perseguía dos objetivos; forzar la producción eléctrica con renovables y aumentar la recaudación en, al menos, 1.000 millones de euros. Pero como la fiabilidad de las energías renovables a través del tiempo es incierta, las inversiones se paralizaron, sobre todo con la pandemia, por lo que quedaron a expensas del futuro maná de la UE. Como al gobierno los ingresos aún le parecían poco, redujo un 14% los derechos de emisión de CO2 asignados gratuitamente. En consecuencia, se produjo la especulación y el consiguiente aumento del precio desde los 6 euros por tonelada en 2013 hasta sobrepasar los 52,8 euros por tonelada cuando la generación por ciclo combinado de gas ha tenido que incrementarse al iniciarse el verano. Al mismo tiempo, las empresas de generación intentan cargar al precio de su oferta el impuesto sobre el valor de la producción de la energía eléctrica, que grava con un 7% el valor de la generación de todas las centrales.

Es innegable que el encarecimiento del gas natural ha sido un factor determinante del aumento del costo de generación de la energía eléctrica de las centrales de ciclo combinado cuyo costo fue 28,7 €/MWh en junio de 2021. Si a este aumento se suma la especulación de los derechos de emisión impulsada con denuedo por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, dirigido por la jurista Teresa Ribera, más el aumento real de los impuestos basados en el porcentaje sobre los costos, el resultado no puede ser otro que el calculado por el Banco de España en el informe emitido hace tres días: “EL PAPEL DEL COSTE DE LOS DERECHOS DE EMISIÓN DE CO2 Y DEL ENCARECIMIENTO DEL GAS EN LA EVOLUCIÓN RECIENTE DE LOS PRECIOS MINORISTAS DE LA ELECTRICIDAD EN ESPAÑA: Un 20% de la subida se debe al mayor coste de los permisos de emisión de Co2. Un 50% del alza es consecuencia del encarecimiento del gas en el mercado. El resto se debe a la mayor base imponible de impuestos y el traspaso a minoristas.

LOS PROGRAMAS ELECTORALES

Entendidos como contratos vinculantes con el ciudadano

08/08/2021.

Leyendo el riguroso ensayo histórico “1917 EL ESTADO CATALÁN Y EL SOVIET ESPAÑOL” de Roberto Villa García, estoy descubriendo que sobre estos acontecimientos históricos me informaron poco y mal. Todos aquellos venerables historiadores que estudié o leí, tanto los claramente marxistas y su deriva de Annales, como los menos doctrinarios positivistas, se ciñen a los tópicos de corrupción, fraude electoral y decadencia del régimen de la Restauración. Una pena porque el intento insurgente de 1917 condicionó nuestra historia durante el siglo XX, por cuanto aquellos “revolucionarios” encuadrados en PSOE, UGT, CNT, FAI, con sus aliados republicanos y en comandita oportunista con la Liga Regionalista encabezada por el simulador separatista Francisco Cambó, ese turbio mercader multimillonario que acabó recaudando dinero de la burguesía catalana para Franco, más las corporativistas Juntas de Defensa del sedicioso Benito Márquez, formaron un frente común para acabar con el régimen constitucional e implantar cada uno su sueño; unos el comunismo libertario, otros la dictadura del proletariado, aquellos la república confederal de los pueblos ibéricos dirigida desde Barcelona. Todos, revolucionarios y nacionalistas, despreciaban la democracia liberal y pretendieron derrocarla con todos los medios de que disponían. Pero la meticulosa contextualización que Villa García elabora, permite comprender que, aunque básica y necesitada de profundas reformas, aquella monarquía parlamentaria era, en aquel tiempo, tan democráticamente avanzada o más que las democracias escandinavas y mucho más que los convulsos regímenes de Francia, Italia y Portugal.

Como ha sido pintada con brochazos romanticoides debido a su rotundo fracaso, conviene aclarar que, aquella intentona golpista del verano de 1917, no se anduvo por las ramas. Sus principales impulsores; CNT Y UGT-PSOE, utilizaron la violencia y la coacción que costó decenas de víctimas. Y fue esta insurrección, con el único paréntesis de la dictadura de Primo de Rivera, la que inició un periodo de violencia político-sindical que perduró hasta 1939.

La relación de unos sucesos poco divulgados o simplemente escondidos que expone Roberto Villa García en su magnífico ensayo, abunda en los aspectos sociológicos que permitieron la manipulación de la sociedad española, por parte de unas minorías organizadas en partidos y sindicatos. Aquella España en proceso de escolarización general que aún tenía tasas alfabetización que apenas superaba el 50% de la población, solo recibía información sobre los asuntos públicos a través de la prensa y de los partidos políticos y sindicatos. La obviedad del sesgo ideológico está en las hemerotecas, pero lo reseñable es que en España por entonces, el anarcosindicalismo y el socialismo iniciaron la agitación y propaganda masiva, esa “Agitprop” inventada por Plejánov y Lenin como estrategia política para influir en la opinión pública a través de la prensa, el arte, la cultura y cualquier otro medio.

Salvando todas las distancias, no hace falta mucha agudeza para verificar que el Agitprop de principios del siglo XXI ha cambiado de maquillaje, pero no de piel ni de sustancia. En la era regida por la posverdad, revistas como El Jueves, Mongolia o incluso Charlie Hebdo, apenas son antiguallas decimonónicas reminiscentes de La Traca y No veas. En realidad, aunque la prensa (grupos de comunicación) mantiene formalmente tendencias ideológicas, el retroceso del formato de papel y la competencia digital con sus redes tecnológicas controladas desde el Silicón Valley o Pekín, han supuesto caídas importantes en sus ventas de ejemplares y de publicidad privada, lo que ha aumentado su dependencia de la publicidad y las subvenciones públicas.

Por el lado digital, las características de su público y formato determinan la apabullante preponderancia de infografías y vídeos sobre el texto. Más que lectura rápida, el teléfono móvil y la tableta inducen el repaso del trending topic. Lo sustancial, empero, es que Google colecciona noticias, fideliza a sus usuarios con ellas, controla sus gustos y preferencias en cualquier lugar del mundo y se lleva la mayor parte del pastel publicitario que tenían los medios tradicionales. Y a Google le siguen las redes sociales, Facebook, Twitter, YouTube …, que basan su negocio en seguir nuestras cuitas y guardarlas a buen recaudo, para luego ofrecernos aquello que anhelamos y vender a otros, incluidos partidos, empresas privadas y lobbies, información sobre nuestras necesidades, ideologías y flaquezas. En paralelo, el duopolio formado por Mediaset y Atresmedia, gracias a las leyes y torpezas cometidas al respecto por el gobierno presidido por Mariano Rajoy, impide el pluralismo audiovisual socavando la democracia, al limitar la información proveniente de fuentes plurales, al tiempo que restringe el derecho de acceso de los grupos sociales con características, preferencias o intereses que no resultan rentables, ideológica, política o comercialmente al duopolio. La banalización y el amarillismo de la programación de ambos grupos mediáticos, rubrican su estrategia para sustentar una cuota de pantalla superior al 50% que les permite acaparar el 88% de la tarta publicitaria.

La extraordinaria innovación tecnológica de las autopistas de la comunicación, como antes sucedió con las revoluciones industriales, conlleva contradicciones, victimarios y víctimas. Por un lado, las nuevas herramientas tecnológicas favorecen la interactividad, lo que algunos exageradamente llaman “periodismo ciudadano”, donde el antiguo receptor se convierte ahora en emisor. Pero este aparentemente democrático avance, significa que cualquiera, sin competencia alguna, puede expresar su opinión o, peor aún, lanzar una noticia falsa. Ello ha supuesto un notable descalabro de la profesión periodística, se ha precarizado y, con la mengua recursos, se ha producido el descenso de la deontológica profesional y la credibilidad del periodista. Semejante tótum revolútum ha facilitado que la posverdad (mentira) se expanda e institucionalice y que la opinión infundada y la manipulación a través del bulo sea el pan nuestro de cada día. Que la acusación victimista se convierta automáticamente en juicio mediático y condena del telediario. Que el organizado laberinto conformado por acusaciones, censuras, agitaciones y propagandas, soportado por leyes ideológicas, dificulte la búsqueda de la verdad científica e histórica.

Han trascurrido unos cuantos años desde la incorporación a las redes sociales y demás herramientas de internet de ciudadanos españoles identificados con la libertad sin adjetivos, la igualdad de oportunidades, la propiedad privada, la seguridad jurídica y la separación de poderes. Su denominador común es la inquietud por las consecuencias del retorno del PSOE a su querencia histórica, consistente en imponer por la puerta trasera de la añagaza, un régimen confederal estatalista y despótico, en comandita con sus hermanos comunistas y los nacionalistas supremacistas dedicados a atentar contra la soberanía nacional y la igualdad de todos los españoles. Fruto de la oposición a esta deriva, hoy podemos constatar un vuelco impensable hace un lustro. Así, no solo han proliferado diarios online y blogs de análisis y opinión críticos con las practicas del Sanchismo y el proyecto de hegemonía cultural sintetizado en la corrección política, también se ha producido un crecimiento exponencial de participación individual en blogs y redes sociales, de ciudadanos españoles que defienden con entusiasmo los principios de libertad, democracia y ciudadanía, a pesar de los riesgos derivados de las denuncias y condenas sin juicio del Gran Hermano del siglo XXI.

De esta suerte, desde hace alrededor de un lustro, la agenda del debate político en internet ha cambiado paulatinamente desde el monopolio de las izquierdas y el separatismo, a la preponderancia de la crítica liberal desinhibida, tanto frente a trapacerías y robos impositivos, como contra el denodado intento de imponer el catecismo gramsciano. Este indudable avance está empujando a los partidos que se definen, cuando les conviene, como liberales, a enfrentarse al feudalismo mental derivado de los fragmentos ideológicos de la posmodernidad, sin tantos complejos como antaño. A la sazón, hoy podemos apreciar críticas contundentes y bien argumentadas en torno al escepticismo científico, la rapiña estatalista, el seudofeminismo queer con su solipsismo sexual del somos lo que nos apetece, el esencialismo identitario, el aval “progresista” condicionado a la utilización de la Neolengua inclusiva colmada de palabras–trampa, el integrismo ecologeta y sus derivadas animalistas, alimentarias y climáticas recalentadas, además del sumun esencialista que significa la connivencia con el nacionalismo supremacista. Estupendo, sin embargo, no somos pocos los que observamos el peligro de autocomplacencia y los primeros signos de frustración ante el cúmulo de promesas incumplidas por los gobernantes autoetiquetados liberales que, a pesar ser denunciadas en mensajes y artículos, pronto se diluyen en la vorágine de instantaneidad internáutica, mentiras flagrantes, noticias falsas, bulos, campañas de desinformación orquestadas por intereses espurios, etcétera. ¿Cómo contrarrestar este hándicap democrático e impulsar el crédito de las medidas liberalizadoras que España necesita?

Que la ley electoral vigente imponga en las elecciones generales, autonómicas y municipales la votación por lista cerrada y bloqueada de cada partido político, ha significado un alejamiento abismal, una total incomunicación entre el elector y su representante elegido. De hecho, excepto algunos concejales de poblaciones pequeñas, ningún representante político en España rinde cuentas a los electores de la circunscripción que lo eligió. Así, una vez emitido su voto, al ciudadano español no afiliado a un partido político (las declaraciones tributarias de 2020 señalan que el número de beneficiarios de la deducción por cuotas y aportaciones a partidos políticos fueron 251.480 ciudadanos, es decir, el 0,78% de la población adulta) solo le queda el recurso al pataleo, pues al tiempo que se le trata como súbdito imponiéndole una memoria histórica con retrovisor acotado entre 1936 y 1975, tiene que soportar impotente como las promesas electorales se las lleva el viento, ese olvido como inmejorable aliado del incumplimiento y de la manipulación. En algún momento de claro incumplimiento del programa electoral, como sucedió cuando en julio de 2012 el gobierno de Rajoy subió el IVA del 18% al 21%, desde algunos medios se instó a que cada partido protocolizara notarialmente su programa electoral a través de un acta de manifestaciones. Con ello, argumentaron, se incrementaría el compromiso formal. El problema es que, al final, la trascendencia mediática por incumplimiento, dependería, como ahora, de la atención de los medios y particulares que, naturalmente, suele responder a circunstancias y hechos puntuales.

Por si a alguien se le ocurre recurrir a la justicia, les recuerdo que la Audiencia Provincial de Madrid, confirmando la decisión adoptada anteriormente por el Juzgado de Primera Instancia nº 77 de Madrid, acordó no admitir a trámite la demanda de la plataforma: “Leyes Animales Ya”, al entender que por el incumplimiento de las promesas electorales de un partido no cabe exigir responsabilidad civil alguna pues: «No estando en consecuencia, sujetos ni al Derecho civil, ni al Derecho administrativo, los actos consistentes en promesas electorales. Dichas promesas electorales y su cumplimiento, forman parte esencial de la acción política, enmarcada en principios de libertad de hacer o no hacer (y también de responsabilidad aunque de naturaleza igualmente política) que escapan al control jurisdiccional, de manera que, del acierto o desacierto en la llevanza y ejecución de las mismas, no cabe derivar responsabilidad civil concreta en términos jurídicos».

Si tenemos en cuenta el desdén al elector por parte del elegido, la imposibilidad legal de hacer cumplir los contratos sociales derivados de los programas electorales, junto con la dispersión de la vigilancia de las promesas que, para el caso, creo imprescindible circunscribir para partidos e individuos que pregonan su compromiso con la libertad, la democracia y los principios y valores contenidos en la Constitución Española, entiendo que la necesaria y constante vigilancia con respuesta inmediata, podría organizarse a través de una notaría civil y mediática, sobre la fórmula asociativa independiente. En la asociación, se depositarían como actas de manifestaciones, cada programa electoral o promesa fehaciente de cada partido político que se postule como defensor de los principios y valores mencionados. La labor principal de la, por ejemplo: ASOCIACIÓN ESPAÑOLA PARA LA VIGILANCIA DEMOCRÁTICA sería vigilar el cumplimiento estricto de lo prometido y, en caso de incumplimiento, denunciarlo con todos los medios legales y mediáticos a su alcance. ¿Voluntarista? Seguramente, tanto como necesaria.

HACIENDO AMIGOS. SOBRE MASCOTAS Y CAMBIO CLIMÁTICO

26/07/2021.

Sé bien que con este suelto me ganaré antipatías y hasta enemigos, pero también sé que algún alma caritativa se comparecerá y atenderá y entenderá mis cuitas.

Abunda la buena gente que está preocupada por el desastroso estado del planeta Tierra, otros dicen Gaia y Pachamama. Máxime ante los lúgubres augurios sobre las consecuencias del calentamiento global que, al parecer, su solución no solo requiere grandes esfuerzos financieros y tecnológicos por parte de la humanidad culpable del problema, también precisa de héroes adolescentes, Herculitos y Herculitas que en «nombre de la justicia climática» nos acongojen gritándonos: «No quiero que tengas esperanza, quiero que entres en pánico». Y en esas estamos, pues cada gran causa precisa de grandes villanos y en el caso de esta; somos Usted y yo.

De entre los animales domesticados por los crueles humanos (no me digan que no me pongo correctísimo), los rumiantes, a pesar de ser radicalmente vegetarianos, que digo, veganos de suyo, de darnos sin rechistar leche, lana, cuero y carne, no son muy simpáticos ni mucho menos zalameros. Y entre los menos zalameros destaca el ganado vacuno que, para más inri, parece que sus pedos de metano producen hasta el 14% de todas las emisiones de efecto invernadero. Por consiguiente, siguiendo las indicaciones del Ministro Garzón, hay que reducir el número de vacas al mínimo para evitar semejante daño y el no menos peligroso que genera su sabrosa carne y su leche generadora de mantequilla, quesos y yogures malignos.

Mucho más simpáticos, zalameros y obedientes son los cánidos y algo menos los gatos, aunque adorables, suaves al tacto, eróticos sus dulces ronroneos y hasta juegan al escondite. Por estos méritos ambos han pasado en unos decenios de ser ayudantes de caza y severos guardianes de ganado y haciendas, a animales de compañía o mascotas obedientes. Solo tienen un par de pequeños defectos, no terminan de adaptarse a los retretes humanos ni a la alimentación vegana. Es más, siguen comiendo carne como posesos.

En España, la Red Española de Identificación de Animales de Compañía (REIAC), calcula que en 2019 había unas 13 millones de mascotas registradas, aunque admiten que puede haber otros 10 millones sin registrar, en concreto se calculan 15 millones de perros y 2,5 millones de gatos que viven en el 36% de los domicilios particulares. Respecto al gasto medio de cada animal de compañía, calculan que supera los 1.200 euros al año, mientras que deducen que los españoles invierten tres horas diarias en sus mascotas. Poco me parece cuando veo como los cuidan mis amigos, siempre atentos a sus necesidades y alimentados a placer, con pienso envasado en paquetes y latas más relucientes que los de cereales infantiles y las de caviar Beluga Caspian Pearl. ¿Y qué ingredientes contienen esos magníficos alimentos para nuestras obedientes mascotas? Pues principalmente salmón, pollo, cordero, buey, vaca y pavo. Eso si, de alta calidad y super ecológicos, sin soja, trigo ni maíz añadidos, sin colorantes, aromatizantes ni conservantes artificiales.

Teniendo en cuenta que un perro medio adulto puede ingerir 1 kg de pienso al día y un gato 70 gramos. Que en Europa, según la FEDIAF (European pet food industry), en 2019 había 90 millones de perros y 110 millones de gatos. Que estos animalitos consumieron 8,5 millones de toneladas de salmón, pollo, cordero, buey, vaca y pavo ecológicos. Que sus amos gastaron 21.800 millones de euros ese año en alimentarlos. Que si son cívicos, como se supone, los amos europeos para sus mascotas consumen, al menos, 73.000 millones de bolsas de plástico más los correspondientes accesorios de recogida y otros cachivaches cada año (algunas bolsas se anuncian biodegradables y perfumadas), con un costo aproximado de 8.000 millones de euros, para recoger las boñigas que sueltan sus animalitos cada día en las calles y jardines de Europa. Que el incremento anual de piensos para mascotas es del 2.8%. Teniendo estos datos en cuenta, ahora, si les apetece, deduzcan el metano, la energía, los envases y la logística que precisan sus mascotas y luego hablamos del efecto invernadero, la regresión demográfica y el hambre en el mundo.

¿Cambio climático o urbanismo salvaje?

Las riadas en Alemania, Bélgica y Holanda

 

17/07/2021

Los “expertos” en cambios climáticos y otras hecatombes por llegar, aseguran que la catastrófica riada consecuencia de las copiosas lluvias entre el 14 y el 16 de julio en varias regiones de Alemania, Bélgica y Holanda, tienen su principal causa en el calentamiento climático. Al mismo tiempo, los medios de comunicación titulan gregariamente y sin aportar datos: “Alemania registra las peores inundaciones en lo que va de siglo”.

Ciertamente en la zona desbastada ha llovido mucho, nada menos que 148 litros por metro cuadrado en 48 horas, pero es innegable que la historia registra terribles riadas con miles de víctimas en esas regiones de Europa: 1170, 1287, 1304, 1342, 1362, 1634 … La trágica más reciente en la que perecieron 340 personas, se registra en 1962 un poco más al norte de la actual. Así, las riadas en Renania-Palatinado, Renania del Norte-Westfalia, la Valonia belga y el Limburgo de los Países Bajos, son recurrentes cuando el Rin y sus afluentes Mosela, Vesdre, Ourthe, Düssel, etc, incluyendo al casi riachuelo Erft (me recuerda la terrible inundación de Sevilla en 1961 por la inusitada crecida del arroyo Tamarguillo) que está vez ha sido el más destructor, aumentan exponencialmente su caudal cuando acontecen copiosas precipitaciones tormentosas en su cuenca.

Pero hoy los datos contundentes son enemigos del discurso políticamente correcto con que nos inunda cada día, las nomenclaturas archiverdes de la UE. Solo de pasada, algunos medios han dejado caer la posibilidad de que una urbanización masiva y descontrolada en zonas inundables de los cauces de los ríos, pudieran haber aumentado los efectos de las tormentas causadas por el cambio climático que nos quebranta. Porque es archisabido que las tormentas e inundaciones no son nada nuevo en Rhein-Erft-Kreis, un área salpicada de minas a cielo abierto que históricamente se utilizaron para extraer carbón, grava o arena. Y ocurrió que al mismo tiempo que se construían chalets a orillas del bucólico río, los propietarios de la cantera de grava Blessem solicitaron una expansión en 2015, solicitud que fue concedida por las autoridades locales bajo la condición de construir un muro de contención de 1,2 km, con el fin de evitar que la sima de la mina se convirtiera en un embalse incontrolable en caso de riada. Pero el muro protector entre la excavación de grava y el cauce del Erft resultó ineficaz ahora porque el río se desbordó aguas arriba de la mina, desencadenando ríos de agua por las calles de los pueblos, corrimientos de tierra y acumulaciones de agua en las zonas más bajas.

El reputado geógrafo, Matthias Habel ha puesto las cosas en su sitio: «Cuando el Erft rebasa Erftstadt ya no es un río que fluye naturalmente sino una especie de canal enderezado artificialmente. Entonces, fluye mucho más rápido desde aquí y carece de las llanuras de inundación naturales que podrían hacer frente al desbordamiento».En román paladino, minas y urbanizaciones a orillas del río han cubierto las llanuras de inundación naturales creadas por el río.

LA AGENDA DEL PSOE CAMINO DE SERVIDUMBRE

El PSOE dirigido por Pedro Sánchez Pérez-Castejón, tras ganar la moción de censura contra Rajoy gracias a su alianza con Podemos, Izquierda Unida, Esquerra Republicana de Cataluña, Partido Demócrata Europeo Catalán, Compromís, Partido Nacionalista Vasco y Nueva Canarias el 1 de junio de 2018, logró aumentar su representación parlamentaria convocando dos elecciones generales en pocos meses. La ultima intentona fue el 10 de noviembre de 2019 donde el PSOE logró el 28% de los votos y 120 escaños (tres menos que en la anterior legislatura). Ante el fracaso, Sánchez se desdijo de sus promesas electorales y se abrazó con Pablo Iglesias Turrión después de acordar un gobierno de coalición con Unidas Podemos. Así, Sánchez Pérez-Castejón fue investido presidente del consejo de ministros del gobierno de España el 8 de enero de 2020, gracias a los votos de PSOE, Unidas Podemos, Partido Nacionalista Vasco, Más País-Compromís, Nueva Canarias, Bloque Nacionalista Gallego y Teruel Existe, junto con las abstenciones de Esquerra Republicana de Cataluña y Euskal Herria Bildu. Un día después Sánchez formó el llamado «gobierno Frankenstein», denominación articulada por el predecesor de Sánchez, Alfredo Pérez Rubalcaba porque: «los socialistas “no pueden” ir a la investidura de la mano de partidos independentistas que quieren romper aquello que ellos quieren gobernar».

Los hechos evidencian el regocijo de Sánchez al frente de su gobierno Frankenstein. Un gobierno que cuenta nada menos que con 22 carteras ministeriales, incluyendo dos ministros comunistas como aquellos gobiernos de Largo Caballero y Juan Negrín López en plena guerra civil, 30 secretarías de estado, 40 direcciones y subdirecciones generales y 740 altos cargos nombrados a dedo. No solo es un gobierno elefantiásico y gravoso, también tenaz, incluso pertinaz.

Desde la gestión de la COVID-19, llena de subterfugios propagandísticos, improvisaciones, grandes negligencias, aberrantes dictámenes, exigua ciencia y falsos o clandestinos expertos, hasta la amnistía camuflada como indultos individuales a los dirigentes separatistas condenados por sedición y malversación por el Tribunal Supremo, el gobierno sanchista ha presentado oblicuamente su agenda autocrática afanándose en someter fieramente a su conveniencia los poderes del Estado, mediante el control de la abogacía del Estado, la Fiscalía, la limitación del Tribunal Constitucional, la crítica grosera al Tribunal de Cuentas por no plegarse a sus designios y la deslegitimación del Tribunal Supremo al revocar de facto la sentencia del procés con la concesión de los indultos de los condenados.

Además de la ocupación y manipulación de órganos e instituciones del Estado y las coacciones descaradas al poder judicial cuando trata de defender su independencia, el gobierno Frankenstein presidido por Sánchez Pérez-Castejón recurre contumaz a los decretazos (van cerca de 100 decretos leyes en esta legislatura) para esquivar a las Cortes. Los decretazos, las leyes aprobadas sin apenas debate parlamentario y los proyectos de ley, tienen el denominador común de ser un reservorio ideológico que comprende un trasnochado antifranquismo sobrevenido, un quimérico republicanismo, un revoltijo de feminismo queer con constructos teóricos tribales y la asunción del neomarxismo posmoderno. Esta amalgama populista al estilo del socialismo del siglo XXI, incluye la fraternidad con el separatismo supremacista al compartir la intención de degradar o enmendar soterradamente la Constitución. Son leyes y proyectos de contenido y redacción glotopolítica netamente orwelliana, donde al lenguaje inclusivo se suman los conocidos constructos lingüísticos posmodernos de manipulación. Paradigmáticas como tratados ideológicos y de seudo-ingeniería social son: la ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE) o ley Celaá de educación y la ley de eutanasia. Estas leyes parecen moderadas si las comparamos con proyectos de ley como el de la garantía integral de la libertad sexual (si es sí) la Trans, LGTBI, la de Memoria Democrática, la reforma de la Ley de Seguridad Nacional, etcétera.

El varapalo sufrido por el PSOE con la apabullante victoria de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, no ha cambiado su hoja de ruta un ápice. Tampoco parece que ha servido de aviso a los merodeadores de Moncloa, por lo que no pocos ciudadanos se han visto sorprendidos por el apoyo explícito de sindicatos, empresarios, banqueros y banqueras hereditarias, obispos fariseos y saduceos, tertulianos y medios dependientes del erario, al discurso sanchista que dice perdonar a los secesionistas catalanes para lograr la concordia porque, en el fondo, todos somos un poco culpables. Por supuesto se daba por descontado el apoyo más o menos entusiasta al gobierno de Sánchez de los lobbies empresariales catalanes: Foment del Treball, Cambra de Barcelona y Cercle d´Economia y gentes por el estilo, pero el implícito apoyo del presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE) Antonio Garamendi y otros notables empresarios y banqueros, pone en evidencia el oportunismo sin principios de la élite empresarial.

Porque la elite empresarial española no puede llamarse a engaño tras 4 años de promesas incumplidas y leyes sectarias. Solo la ceguera codiciosa puede obviar que la palabra de Pedro Sánchez Pérez-Castejón es siempre provisional, que la inseguridad jurídica y política es marca de la casa, que su gobierno está incentivando la inflación del precio de la energía a través de los derechos del CO2, que la contrareforma de la reforma laboral que prepara la ministra comunista costará dinero, sangre, sudor, lágrimas y paro, que el déficit de las pensiones aumentará aún más el impuesto al trabajo, en fin, que las subidas de impuestos es bandera y paradigma del PSOE y sus aliados.

Ante los datos, es obvio que para la flor y la nata empresarial que representa al capitalismo clientelar cortoplacista que desde hace tiempo impera en España, la pela es la pela. Es ese cortoplacismo derivado de la caza de subvenciones, ese olor a sardinas que resucita a los gatos, ahora es el Fondo Europeo de Reconstrucción y el Next Generation EU. Una empanada rellena de más de 140.000 millones de euros que repartirá el gobierno entre 2021 y 2026. El postre lo compone las promesas implícitas de la Ley 7/2021 de cambio climático y transición energética. Así, para la CEOE esta ley «crea un marco para cumplir los objetivos de España en la lucha contra el cambio climático en el horizonte 2030-2050. La norma marca la senda de descarbonización de nuestra economía». ¡Olé el desarrollo sostenible, la resiliencia, la condena a la hoguera de huella de carbono y hasta la igualdad entre hombres y mujeres (fallo garrafal por no incluir toda la retahíla de géneros no gramaticales) promete esta ley!

Mientras tanto, la agitación y propaganda desplegada por el posmoderno sucesor de Willi Münzenberg apellidado Redondo, contiene grandes promesas para dentro de 30 años. Un mundo feliz diseñado con la perversión del lenguaje, el abuso de la ventana de Overton y la ocultación de la agenda estratégica del PSOE. Sin embargo, cuando se observa con algo de atención se pueden distinguir algunas pistas. Por ejemplo cuando dicen: «debemos de cambiar el modelo de Estado, dirigirnos hacia una nueva transición». Por supuesto, sus coaligados comunistas de Unidas Podemos no la ocultan y mucho menos los separatistas. Puede ser duro admitirlo, pero mucho más duro será rendirse a la evidencia cuando sea demasiado tarde. Todos ellos son hispanófobos, todos asumen las tesis identitarias más reaccionarias, todos odian a España como los bolcheviques odiaban a Rusia en 1917. Por consiguiente, maquinan para implantar la Unión de Repúblicas Socialistas de los Pueblos Ibéricos. Si lo logran nos meterán en el camino de servidumbre que hoy transitan los venezolanos, argentinos, cubanos, nicaragüenses, coreanos del norte, vietnamitas y chinos.

Plan España 2050

O un camino de servidumbre

22/05/2021.

El “Plan España 2050” tiene un subtítulo revelador: “Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo”. Una estrategia que, por diluida y camuflada, precisa 676 páginas que incluye un prólogo triunfalista firmado por el presidente del consejo de ministros del gobierno de España Pedro Sánchez Pérez-Castejón, con el retorcido título “España: un país con hambre de futuro” donde, por ensalmo, se han borrado los pesares del presente.

Es probable que las circunstancias del momento en que se ha presentado este Plan y la puesta en escena exagerada, haya malogrado el aplauso esperado por sus autores hasta el punto de haberse convertido en tema de chirigota. Pero la farsa derivada de su presentación como “performance” del Presi y la exageración de proyectar unas “estrategias” que conducirán a unos relucientes resultados dentro de tres décadas, me parecen que están despistando bastante al personal respecto a la intencionalidad de este Plan. Por supuesto, su credibilidad es muy endeble por cuanto el gobierno que lo lanza a bombo y platillo, ha demostrado, con creces, su impericia en el manejo de la crisis sanitaria y la consiguiente crisis económica, mientras que tiene serios problemas para calcular el PIB, el déficit y la deuda pública de este año.

Con la gesticulación y el tono vanidoso habitual, Sánchez Pérez Castejón presentó «un ejercicio de prospectiva estratégica» de futuro para «los españoles y españolas», sobre el escenario del Auditorio 400 del Museo Reina Sofía y ante un público conformado por los empresarios que han pedido las subvenciones procedentes del maná europeo. En este acogedor ambiente, apeló Sánchez a la concienciación medioambiental de los españoles, para justificar buena parte del Plan que establece las buenas conductas ciudadanas, las subidas de tasas, los modelos de transporte, consumo y alimentación que nos conviene, hasta el punto de prohibir los vuelos nacionales y subir impuestos a los billetes de avión para salvar el planeta. Y lo dijo un fulano que usa el avión oficial Falcon o el helicóptero hasta para ir a por el pan.

Acepto de antemano el reproche de abusar de lo anecdótico al señalar contradicciones entre el dicho y el hecho del presentador. Si lo hago es para manifestar que estamos ante un documento oficial que ha contado con la colaboración de 104 expertos coordinados por 8 aún más expertos, que han concretado unos objetivos para el Plan (retos los llaman) que son asumidos por el gobierno de la nación. Por lo tanto, me parece evidente que este Plan expresa la vocación del gobierno y los partidos que le apoyan, de intervenir y planificar la vida de los españoles a largo plazo, con el inequívoco fin de meternos en un molde configurado por sus ideologías. Veamos.

Lo de menos de este Plan es la retórica impostada de corrección política, lo sustancial es la utilización de un supuesto prestigio histórico del concepto planificación para el desarrollo. Claro que ese prestigio solo es factible si se borra del mapa histórico a los primeros planes, aquellos planes quinquenales totalitarios y totalizantes implantados manu militari en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) por Stalin, cuyos lacerantes resultados deberían ser enseñados en las escuelas secundarias de todos los países democráticos. También parecen obviados los planes derivados de la gran depresión de 1929 anteriores al New Deal norteamericano. Por ejemplo, los que implantaron al estado como amo y señor, (“La nostra formula è questa: tutto nello Stato, niente al di fuori dello Stato, nulla contro lo Stato”) de Benito Mussolini. Adolfo Hitler siguió la senda de Mussolini y de Stalin cuando implantó, de la mano de Hermann Göring, un plan cuatrienal donde la empresa privada estaba obligada a cumplir con los objetivos redactados por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Todavía se discute si el New Deal plasmado por Franklin Roosevelt entre 1933 y 1939 fue totalmente keynesiano o si el poderoso Harold L. Ickes fue quien escogió en que gastar y las reformas a realizar. No obstante, hoy pocos discuten que la entrada de EEUU en la II Guerra Mundial fue el detonador del paradigma económico norteamericano de posguerra, configurado con la amalgama de un cuarto de Keynes con tres cuartos de liberalismo de Harry D. White. Un sistema que se mantiene hasta el “Nixon Shock” de 1971, cuando Richard Nixon cancela los acuerdos de Bretton Woods y suspende la convertibilidad directa del dólar estadounidense al oro.

Es el célebre Plan Marshall iniciado en 1947 el dador de pátina y esplendor a los planes económicos. Con sus más de 100.000 millones de dólares de 2020, sigue siendo el oráculo de Delfos de la burocracia estatalista occidental. Poco importa que los datos pongan en duda sus éxitos. Así, se suele desdeñar que, mientras Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania Occidental, su crecimiento económico fue mucho menor. De hecho, el milagro económico alemán “Wirtschaftswunder” poco tuvo que ver con el Plan Marshall (Las ayudas a Alemania en julio de 1951 sumaban 270 millones de dólares, de los cuales los alemanes devolvieron más de un tercio) y todo a las reformas liberales impulsadas por el ministro Ludwig Erhard a partir de 1949, consistentes en un programa radical de privatización y desregulación que eliminó todos los controles regulatorios y el complejo sistema fiscal impuesto por los nacionalsocialistas. También se puede verificar que Francia e Italia empezaron sus recuperaciones económicas antes de recibir la ayuda del Plan Marshall, mientras que Austria y Grecia recibieron mucha ayuda, pero su recuperación económica se inició mucho más tarde. Pero el «coge buena fama y échate a dormir», junto con el retorno paulatino del estado orondo e intervencionista, ha determinado que la UE sobrepasara su fin y haya abrazado la política de planes de distribución de fondos públicos entre países miembros. Poco a poco, la UE ha implementado planes cada vez más gruesos. De los primeros planes redistributivos hasta el penúltimo y ya olvidado Plan Juncker, con la gran crisis derivada de la pandemia, la UE ha plasmado su Plan Marshall, multiplicándolo por 20. Un “Plan de recuperación para Europa” por un total de 1,8 billones de euros que, junto con la expansión cuantitativa del Banco Central Europeo, alimentan dinero a espuertas que fortalece el capitalismo de amiguetes donde, cada Estado reparte dádivas a unas cuantas empresas y organizaciones amigas, al socaire de las transiciones climáticas y digitales más otros negocios verdes resilientes por subvencionados.

Llegado aquí parece conveniente preguntarse si el Plan España 2050 es un plan y, en el caso de serlo, de que tipo. Obviamente, no es reformista como el Plan Nacional de Estabilización Económica de 1959 o los tres planes de desarrollo del franquismo (1964-1975), basados en reformas estructurales para la liberación de la economía, al eliminar los últimos resortes intervencionistas del Estado derivados del período autárquico. Asimismo, los Pactos de la Moncloa de 1977 fueron forjados en reformas estructurales y de liberalización política. Tampoco contiene medidas de estímulo keynesiano o monetarista, sino que se sustenta en un «análisis diacrónico y prospectivo … realizado desde una perspectiva apartidista que antepone el rigor metodológico y la evidencia empírica a cualquier posición política». Entonces, ¿Cuál es su fin? Pues obviamente lograr que el modelo de régimen político y social explícito en el documento devenga hegemónico: «Creemos que España tiene que mirar más al futuro y que tiene que hacerlo de una forma distinta de la que suele mirar el presente: con menos crispación, más rigor científico, y un mayor optimismo». Entonces, estamos ante un Plan que quiere cambiar la mentalidad de los españoles, una versión posmoderna de los planes de Ernesto Guevara de construir “el Hombre Nuevo” en Cuba: «La Revolución no es únicamente una transformación de las estructuras sociales, de las instituciones del régimen; es además una profunda y radical transformación de los hombres, de su conciencia, costumbres, valores y hábitos, de sus relaciones sociales».

En 1944 se publicó “Camino de Servidumbre” donde Friedrich A. Hayek advierte que la planificación estatal lleva a un Estado omnipotente dirigido por una minoría que dice querer la igualdad, pero que inexorablemente conduce a la tiranía y la consiguiente pérdida de libertad individual. La historia confirmo esta tesis sobradamente.

Que el Plan España 2050 es un ensayo de planificación ideológica tan extenso como poco repasado, se evidencia en el cúmulo de contradicciones que contiene y en las sibilinas imposiciones. Por ejemplo; anuncia que se logrará la bonanza pero prescribe más gasto social y más impuestos verdes y menos consumo, luego la mejora de la educación no parece mejorar la conciencia medioambiental. Pero lo sustancial es preguntarse si queremos que nuestros descendientes vivan coaccionados por impuestos confiscatorios, sean obligados a alimentarse de un surtido salteado de tofu y kale con sésamo, seguido de gusanos ecológicos al dente y hamburguesa de levadura modificada genéticamente con sabor a carne de vaca. Si serán más felices utilizando teléfonos móviles encurtidos, viajando como sus bisabuelos en transportes colectivos, sufriendo la tiránica e inane pirámide laboral perpetuadora del desempleo masivo, pagando en silencio la infame y descomunal deuda del Estado, soportando sin rechistar la inmigración ilegal, la decadencia demográfica, la incertidumbre sobre la seguridad jurídica, la aniquilación de las pensiones públicas, mientras añoran los tiempos pretéritos en que la inquisición de la política de la cancelación y la vorágine identitaria, todavía no habían aniquilado el arte y la libertad.