En medio de la grave crisis provocada por las guerras en medio oriente entre EE.UU. e Irán, Hezbolá y los hutíes aliados de los ayatolás contra Israel, Arabia Saudita y Yemen, además de la guerra de Rusia contra Ucrania y las consiguientes vicisitudes de la OTAN, al tiempo que España sufría una invasión de supuestos inmigrantes ilegales con Ceuta y sus pobladores como rehénes, los directores ejecutivos de Anthropic y OpenAI; Dario Amodei y Sam Altman, surgieron cuan augures de la destrucción para decirnos compungidos que existe la posibilidad de un apocalipsis provocado por la rebelión de las Inteligencias Artificiales (IA) que ellos producen y comercializan.
Para sostener sus tenebrosos asertos, OpenAI publicó el llamado «Incidente Hugging Face» donde, por primera vez, se han documentado de forma oficial múltiples incidentes de seguridad que, al parecer, fueron provocados por agentes de inteligencia artificial “autónomos” que evadieron sus entornos de prueba, hackearon servidores externos y coordinaron acciones de engaño para ocultar su rastro a los humanos. De esta suerte, los mencionados directores ejecutivos aseguran que sus potentes IAs «pueden superar el control humano y causar daños graves a la humanidad si la carrera tecnológica no frena los peligros reales», por lo que pidieron urgentemente que gobiernos y el Consejo de Seguridad de la ONU) coordinen la seguridad y regulación global de la IA. En otras palabras, estos poderosos ejecutivos confiesan que los algoritmos que han diseñado se han revelado siguiendo la senda de la criatura de Frankenstein, por lo que suplican a los poderes estatales que pongan freno a la tecnología que ellos desarrollan, producen y venden mediante regulaciones severas. Al mismo tiempo, las acciones de SoftBank, principal inversor del ChatGPT, se desplomaron más de 10% en solo un día.
Poco antes, el 12 de septiembre de 2026, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó un alarmante ensayo “We Must Pace the Frontier” («Debemos moderar el ritmo hacia la frontera») llamando a la industria de la IA a ralentizar el ritmo de desarrollo de las capacidades de los modelos avanzados. Además, propuso que laboratorios e industrias de IA den acceso continuo a evaluadores externos, en concreto a Model Evaluation and Threat Research (METR), una organización “sin fines de lucro” especializada en riesgos de sistemas avanzados. Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk (xAI -Grok) sorprendieron al sector y a no pocos observadores al respaldar públicamente la propuesta de Amodei en redes sociales.
Que unos empresarios tiren piedras sobre su tejado es ciertamente original por inverosímil. No obstante, puede que algunas pistas nos lleven hacia el quid de la cuestión. Comienzo apuntando que, según la Escuela Austríaca de Economía, la tendencia del capitalista hacia el monopolio no es una consecuencia natural del libre mercado, sino el resultado directo de la intervención del Estado.
Si seguimos la pista austríaca podemos verificar que el férreo control del Partido Comunista de China (PCC) sobre SU Inteligencia Artificial no opera solo como un monopolio comercial tradicional, es además un sistema de control ideológico y estratégico estatal unificado bajo el concepto de «soberanía en internet«. Y en la cúspide de este aparato se encuentra Zhuang Rongwen, director de la Administración del Ciberespacio de China (CAC) y mandamás del PCC.
De hecho Zhuang Rongwen es casi tan poderoso como el mismísimo Xi Jinping puesto que acumula un enorme poder político al desempeñarse simultáneamente como jefe del CAC, viceministro del Departamento de Publicidad del PCC y miembro del Comité Central del Partido. Su misión no es frenar la innovación, sino «domesticar» el algoritmo: permitir el avance técnico para competir globalmente, pero impidiendo estrictamente que la IA genere respuestas imprevistas que desafíen las directrices de Pekín. Así, impone un filtro de licencias obligatorias (Registro de Algoritmos) para que, si una empresa china pretende lanzar un modelo de IA generativa, debe pasar por un riguroso proceso de registro y aprobación previa ante la CAC antes de que el producto sea accesible al público. Bajo la gestión de Zhuang, el regulador evalúa minuciosamente los modelos para asegurar que reflejen los «valores socialistas fundamentales» y respeten la estricta censura oficial.
Obvio es que el control sobre la IA en China es profundamente ideológico. El temor principal del régimen no radica en los riesgos existenciales globales de la tecnología, sino en que esta se convierta en una herramienta de propaganda externa o en una vía de escape fuera de la supervisión estatal. El propio Ministerio de Seguridad del Estado resalta de manera continua la necesidad de mantener un dominio férreo para evitar que el PPC pierda influencia ideológica sobre la población. Para blindar este ecosistema cerrado, el PCC prohíbe operar a los gigantes tecnológicos y laboratorios occidentales (como OpenAI, Anthropic (Claude), Google (Gemini), Meta (Llama), xAI (Grok), etc.) dentro del territorio nacional. Paralelamente, el gobierno regido por la aristocracia organizada en el PCC veta y bloquea los movimientos financieros o adquisiciones extranjeras de startups locales clave. Con este férreo control estatal, el mercado de la IA en China es un patio de Monipodio (o de Xi Jinping) donde el botín se reparte entre unos pocos gigantes tecnológicos protegidos y respaldados por el gobierno (la aristocracia roja del PCC es la principal accionista), lo que constituye un oligopolio o «monopolio de facto» que se reparten amigablemente Tencent, Alibaba, Baidu y Huawei.
Es con la vigilancia algorítmica y tecnologías como el reconocimiento facial con IA para monitorear conductas cotidianas y aplicar listas de sancionados o incentivos, con los que el dictatorial régimen del PCC aplica el Sistema de Crédito Social, sistema que anula la dignidad humana y las libertades fundamentales de los siervos que no ciudadanos chinos.
Que los mencionados directores ejecutivos de Anthropic, OpenAI y sus acólitos envidien a sus homólogos chinos que se reparten el cotarro opíparamente, instalados en ese seudocapitalismo que se disfraza de libre mercado pero que está completamente adulterado por la intervención del Estado Chino, no es insólito.
Resulta que las mencionadas empresas de IA instaladas en Silicon Valley y la Bahía de San Francisco están experimentando un cambio estructural y serias advertencias en su modelo de financiación, motivado directamente por la brecha entre sus gigantescos costes y sus magros beneficios directos. El mercado de capitales ya no entrega «dinero gratis» de forma ciega y ha comenzado a exigir rentabilidad real. Ante el aprieto, han activado la emergencia cruzando el magnífico puente para llegar a Berkeley donde tiene su sede Model Evaluation and Threat Research (METR) para, dicen, establecer límites y auditorías estrictas antes del lanzamiento de nuevas capacidades de la IA, o lo que es lo mismo, representar seriedad y rigor para pedir más financiación.
METR fue fundada en 2022 por Beth Barnes (ex-investigadora de OpenAI y DeepMind) como una derivada del Alignment Research Center (ARC Evals), antes de independizarse como “organización sin fines de lucro” en diciembre de 2023. Su actual presidente es Chris Painter. Su plantilla incluye a ex-empleados de Anthropic, OpenAI y Google DeepMind, etc. mientras que sus principales donantes y figuras fundacionales están estrechamente vinculados a Effective Altruism (Altruismo Eficaz), un movimiento ideológico muy influyente entre profesionales y directivos de la IA.
El filósofo e historiador Émile P. Torres, junto con científica de la computación (informática) e ingeniera, experta en el campo de la inteligencia artificial, Timnit Gebru acuñaron el acrónimo TESCREAL para describir el paquete ideológico completo que se esconde tras Effective Altruism:
• Transhumanismo (mejorar al ser humano biológicamente), es decir, reducir al ser humano a simple información genética o neuronal susceptible de ser optimizada.
• Extropianismo (crecimiento y expansión infinitos). Desdeñan el dato de que la naturaleza humana es un equilibrio complejo y evolutivo. Intentar modificarla radicalmente basándose en nuestro conocimiento científico actual, es un acto de soberbia intelectual que puede desestabilizar el orden social, los derechos individuales y los límites éticos que impiden la tiranía.
• Singularitarismo (la llegada de la superinteligencia). Se trata de una tecnoreligión que promete la inmortalidad cibernética (mediante el mind uploading) y la erradicación del sufrimiento a través de la tecnología. Así, postula que los humanos pasaremos a ser mascotas o seres irrelevantes gobernados por algoritmos paternalistas, anulando el libre albedrío político y económico. Y, por supuesto, ni alma ni espíritu humano.
• Cosmismo y Largoplacismo. Dicen que para prevenir la extinción humana se precisa optimizar el futuro de billones de vidas posthumanas en el cosmos. Por paragógico que parezca, resucitan el marxismo mediante una visión hipertecnológica y utilitaria del destino humano que tratan de planificar como los marxistas-leninistas intentaron planificar la economía. Como el marxismo, el largoplacismo contiene una severa arrogancia fatal. Pretender planificar o predecir las necesidades, tecnologías y riesgos de la humanidad a miles de millones de años vista es quimérico. Las sociedades libres progresan mediante el orden espontáneo y la resolución de problemas descentralizada, no mediante planes maestros diseñados por sofistas de Silicon Valley.
Este conjunto ideológico doctrinario, asume una visión donde el destino de la humanidad es expandirse por el cosmos y simular billones de conciencias digitales, considerando cualquier otra causa social del presente como algo secundario.
Llegado aquí, considero que no hace falta ser un experto en IA ni un gran filósofo para deslindar contradicciones y sesgos entre los mensajes catastrofistas y las faenas de los directivos ejecutivos de Anthropic, OpenAI y sus acólitos. Porque, tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas con las intervenciones estatales y de la desprestigiada ONU, tantos amigos doctrinarios que presentan como neutrales y que remuneran por la puerta de atrás camuflándolos de filántropos generan muchas sospechas.
Porque amedrentar al personal asegurando que sus IAs contienen «un riesgo de extinción para la humanidad«, mientras nos recetan remedios de su propia cosecha se parece mucho a pretender lograr un oligopolio parecido al del camarada Zhuang Rongwen. ¿No será que pedir frenar el desarrollo de las IA por decretos y todo tipo de requerimientos leguleyos gubernamentales es una estrategia corporativa para frenar el avance del software de código abierto y mantener el control del mercado?
Donald Trump y líderes del chip como Jensen Huang (Nvidia) han mirado las propuestas con lógico recelo. Mientras la administración estadounidense teme perder la ventaja tecnológica competitiva frente a China, estamos ante una estrategia de las grandes empresas tecnológicas de IA norteamericanas para consolidar su poder de mercado y asfixiar alternativas de código abierto a través de regulaciones inaccesibles para rivales más pequeños. Ante esta evidencia, el 18 de septiembre de 2026 varios usuarios de IA presentaron una acción legal titulada: “Buist et al. v. Anthropic PBC et al” ante el Tribunal de Distrito Norte de California acusando directamente a Anthropic, OpenAI, Google (DeepMind) y SpaceXAI (vinculada a xAI/Grok) de colusión ilegal para frenar el mercado.
Porque obvio es que estas grandes corporaciones tienen el dinero y el equipo legal más que suficiente para cumplir con las regulaciones y legislaciones burocráticas extremas, mientras que los pujantes startups y a los proyectos de código abierto no pueden pagar esos costos regulatorios.
Y no menos tenebroso es verificar que el discurso de un futuro donde los robots destruyen la humanidad es una cortina de humo para desviar la atención de los problemas reales y actuales que sus tecnologías ya están causando hoy, entre otros:
El robo masivo de propiedad intelectual y derechos de autor para entrenar sus modelos.
El sesgo algorítmico y la discriminación automatizada.
El impacto ambiental (el consumo masivo de agua y energía de sus centros de datos).
La precarización laboral de los moderadores de contenido en países en desarrollo.
Asimismo, el alarmante y malévolo discurso de los Amodei y Altman supone un exceso publicitario rayano en el fraude puesto que contiene el mensaje implícito: «Nuestra tecnología es casi divina y tan potente que da miedo».
LA FIEBRE DEL ORO IA
Finalizo apuntando que la fiebre actual por la construcción de grandes centros de datos contiene componentes especulativos significativos en la compra de suelo y la reserva de energía. Si bien es cierto que los Microsoft, Google, Amazon y Meta han invertido miles de millones en infraestructura de IA en los últimos años, duplicando el tamaño del sector previsto hacia 2030, también lo es que dichas inversiones han generado especulación inmobiliaria y energética acaparando terrenos estratégicos y solicitando capacidad eléctrica masiva a las redes locales antes de tener contratos firmados con clientes finales. Y parece que nadie sopesa el riesgo de sobrecapacidad, de saturación de mercados específicos donde los centros se proyectan a futuro esperando una adopción tecnológica que podría desacelerarse o concentrarse.
Tampoco parece que los especuladores sobre el potencial expansivo de la IA que incluyen grandes bancos, fondos de riesgo y financieras tengan en cuenta la evidente obsolescencia acelerada derivada de la necesidad constante de actualizar chips y sistemas de enfriamiento líquido que pueden dejar obsoletas instalaciones recién construidas.
¿Y si resulta que la implementación de la IA hoy prolífica de «envoltorios», esos millones de aplicaciones y startups que desarrolladas sobre los mismos modelos de fondo (como GPT de OpenAI o Claude de Anthropic) están a punto de saturar el mercado?
¿Y si la cantinela de un mercado casi infinito para los Modelos de Lenguaje de Gran Tamaño (LLMs, por sus siglas en inglés) -eliminar la gigantesca burocracia mundial no será ni rápido ni sencillo- la IA robótica y la computación espacial no lo es tanto y se llega a la madurez del producto mucho antes de lo previsto?
