LA INVENTADA REBELIÓN DE LA IA

En medio de la grave crisis provocada por las guerras en medio oriente entre EE.UU. e Irán, Hezbolá y los hutíes aliados de los ayatolás contra Israel, Arabia Saudita y Yemen, además de la guerra de Rusia contra Ucrania y las consiguientes vicisitudes de la OTAN, al tiempo que España sufría una invasión de supuestos inmigrantes ilegales con Ceuta y sus pobladores como rehénes, los directores ejecutivos de Anthropic y OpenAI; Dario Amodei y Sam Altman, surgieron cuan augures de la destrucción para decirnos compungidos que existe la posibilidad de un apocalipsis provocado por la rebelión de las Inteligencias Artificiales (IA) que ellos producen y comercializan.

Para sostener sus tenebrosos asertos, OpenAI publicó el llamado «Incidente Hugging Face» donde, por primera vez, se han documentado de forma oficial múltiples incidentes de seguridad que, al parecer, fueron provocados por agentes de inteligencia artificial “autónomos” que evadieron sus entornos de prueba, hackearon servidores externos y coordinaron acciones de engaño para ocultar su rastro a los humanos. De esta suerte, los mencionados directores ejecutivos aseguran que sus potentes IAs «pueden superar el control humano y causar daños graves a la humanidad si la carrera tecnológica no frena los peligros reales», por lo que pidieron urgentemente que gobiernos y el Consejo de Seguridad de la ONU) coordinen la seguridad y regulación global de la IA. En otras palabras, estos poderosos ejecutivos confiesan que los algoritmos que han diseñado se han revelado siguiendo la senda de la criatura de Frankenstein, por lo que suplican a los poderes estatales que pongan freno a la tecnología que ellos desarrollan, producen y venden mediante regulaciones severas. Al mismo tiempo, las acciones de SoftBank, principal inversor del ChatGPT, se desplomaron más de 10% en solo un día.

Poco antes, el 12 de septiembre de 2026, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó un alarmante ensayo “We Must Pace the Frontier” («Debemos moderar el ritmo hacia la frontera») llamando a la industria de la IA a ralentizar el ritmo de desarrollo de las capacidades de los modelos avanzados. Además, propuso que laboratorios e industrias de IA den acceso continuo a evaluadores externos, en concreto a Model Evaluation and Threat Research (METR), una organización “sin fines de lucro” especializada en riesgos de sistemas avanzados. Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk (xAI -Grok) sorprendieron al sector y a no pocos observadores al respaldar públicamente la propuesta de Amodei en redes sociales.

Que unos empresarios tiren piedras sobre su tejado es ciertamente original por inverosímil. No obstante, puede que algunas pistas nos lleven hacia el quid de la cuestión. Comienzo apuntando que, según la Escuela Austríaca de Economía, la tendencia del capitalista hacia el monopolio no es una consecuencia natural del libre mercado, sino el resultado directo de la intervención del Estado.

Si seguimos la pista austríaca podemos verificar que el férreo control del Partido Comunista de China (PCC) sobre SU Inteligencia Artificial no opera solo como un monopolio comercial tradicional, es además un sistema de control ideológico y estratégico estatal unificado bajo el concepto de «soberanía en internet«. Y en la cúspide de este aparato se encuentra Zhuang Rongwen, director de la Administración del Ciberespacio de China (CAC) y mandamás del PCC.

De hecho Zhuang Rongwen es casi tan poderoso como el mismísimo Xi Jinping puesto que acumula un enorme poder político al desempeñarse simultáneamente como jefe del CAC, viceministro del Departamento de Publicidad del PCC y miembro del Comité Central del Partido. Su misión no es frenar la innovación, sino «domesticar» el algoritmo: permitir el avance técnico para competir globalmente, pero impidiendo estrictamente que la IA genere respuestas imprevistas que desafíen las directrices de Pekín. Así, impone un filtro de licencias obligatorias (Registro de Algoritmos) para que, si una empresa china pretende lanzar un modelo de IA generativa, debe pasar por un riguroso proceso de registro y aprobación previa ante la CAC antes de que el producto sea accesible al público. Bajo la gestión de Zhuang, el regulador evalúa minuciosamente los modelos para asegurar que reflejen los «valores socialistas fundamentales» y respeten la estricta censura oficial.

Obvio es que el control sobre la IA en China es profundamente ideológico. El temor principal del régimen no radica en los riesgos existenciales globales de la tecnología, sino en que esta se convierta en una herramienta de propaganda externa o en una vía de escape fuera de la supervisión estatal. El propio Ministerio de Seguridad del Estado resalta de manera continua la necesidad de mantener un dominio férreo para evitar que el PPC pierda influencia ideológica sobre la población. Para blindar este ecosistema cerrado, el PCC prohíbe operar a los gigantes tecnológicos y laboratorios occidentales (como OpenAI, Anthropic (Claude), Google (Gemini), Meta (Llama), xAI (Grok), etc.) dentro del territorio nacional. Paralelamente, el gobierno regido por la aristocracia organizada en el PCC veta y bloquea los movimientos financieros o adquisiciones extranjeras de startups locales clave. Con este férreo control estatal, el mercado de la IA en China es un patio de Monipodio (o de Xi Jinping) donde el botín se reparte entre unos pocos gigantes tecnológicos protegidos y respaldados por el gobierno (la aristocracia roja del PCC es la principal accionista), lo que constituye un oligopolio o «monopolio de facto» que se reparten amigablemente Tencent, Alibaba, Baidu y Huawei.

Es con la vigilancia algorítmica y tecnologías como el reconocimiento facial con IA para monitorear conductas cotidianas y aplicar listas de sancionados o incentivos, con los que el dictatorial régimen del PCC aplica el Sistema de Crédito Social, sistema que anula la dignidad humana y las libertades fundamentales de los siervos que no ciudadanos chinos.

Que los mencionados directores ejecutivos de Anthropic, OpenAI y sus acólitos envidien a sus homólogos chinos que se reparten el cotarro opíparamente, instalados en ese seudocapitalismo que se disfraza de libre mercado pero que está completamente adulterado por la intervención del Estado Chino, no es insólito.

Resulta que las mencionadas empresas de IA instaladas en Silicon Valley y la Bahía de San Francisco están experimentando un cambio estructural y serias advertencias en su modelo de financiación, motivado directamente por la brecha entre sus gigantescos costes y sus magros beneficios directos. El mercado de capitales ya no entrega «dinero gratis» de forma ciega y ha comenzado a exigir rentabilidad real. Ante el aprieto, han activado la emergencia cruzando el magnífico puente para llegar a Berkeley donde tiene su sede Model Evaluation and Threat Research (METR) para, dicen, establecer límites y auditorías estrictas antes del lanzamiento de nuevas capacidades de la IA, o lo que es lo mismo, representar seriedad y rigor para pedir más financiación.

METR fue fundada en 2022 por Beth Barnes (ex-investigadora de OpenAI y DeepMind) como una derivada del Alignment Research Center (ARC Evals), antes de independizarse como “organización sin fines de lucro” en diciembre de 2023. Su actual presidente es Chris Painter. Su plantilla incluye a ex-empleados de Anthropic, OpenAI y Google DeepMind, etc. mientras que sus principales donantes y figuras fundacionales están estrechamente vinculados a Effective Altruism (Altruismo Eficaz), un movimiento ideológico muy influyente entre profesionales y directivos de la IA.

El filósofo e historiador Émile P. Torres, junto con científica de la computación (informática) e ingeniera, experta en el campo de la inteligencia artificial, Timnit Gebru acuñaron el acrónimo TESCREAL para describir el paquete ideológico completo que se esconde tras Effective Altruism:

• Transhumanismo (mejorar al ser humano biológicamente), es decir, reducir al ser humano a simple información genética o neuronal susceptible de ser optimizada.

• Extropianismo (crecimiento y expansión infinitos). Desdeñan el dato de que la naturaleza humana es un equilibrio complejo y evolutivo. Intentar modificarla radicalmente basándose en nuestro conocimiento científico actual, es un acto de soberbia intelectual que puede desestabilizar el orden social, los derechos individuales y los límites éticos que impiden la tiranía.

• Singularitarismo (la llegada de la superinteligencia). Se trata de una tecnoreligión que promete la inmortalidad cibernética (mediante el mind uploading) y la erradicación del sufrimiento a través de la tecnología. Así, postula que los humanos pasaremos a ser mascotas o seres irrelevantes gobernados por algoritmos paternalistas, anulando el libre albedrío político y económico. Y, por supuesto, ni alma ni espíritu humano.

• Cosmismo y Largoplacismo. Dicen que para prevenir la extinción humana se precisa optimizar el futuro de billones de vidas posthumanas en el cosmos. Por paragógico que parezca, resucitan el marxismo mediante una visión hipertecnológica y utilitaria del destino humano que tratan de planificar como los marxistas-leninistas intentaron planificar la economía. Como el marxismo, el largoplacismo contiene una severa arrogancia fatal. Pretender planificar o predecir las necesidades, tecnologías y riesgos de la humanidad a miles de millones de años vista es quimérico. Las sociedades libres progresan mediante el orden espontáneo y la resolución de problemas descentralizada, no mediante planes maestros diseñados por sofistas de Silicon Valley.

Este conjunto ideológico doctrinario, asume una visión donde el destino de la humanidad es expandirse por el cosmos y simular billones de conciencias digitales, considerando cualquier otra causa social del presente como algo secundario.

Llegado aquí, considero que no hace falta ser un experto en IA ni un gran filósofo para deslindar contradicciones y sesgos entre los mensajes catastrofistas y las faenas de los directivos ejecutivos de Anthropic, OpenAI y sus acólitos. Porque, tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas con las intervenciones estatales y de la desprestigiada ONU, tantos amigos doctrinarios que presentan como neutrales y que remuneran por la puerta de atrás camuflándolos de filántropos generan muchas sospechas.

Porque amedrentar al personal asegurando que sus IAs contienen «un riesgo de extinción para la humanidad«, mientras nos recetan remedios de su propia cosecha se parece mucho a pretender lograr un oligopolio parecido al del camarada Zhuang Rongwen. ¿No será que pedir frenar el desarrollo de las IA por decretos y todo tipo de requerimientos leguleyos gubernamentales es una estrategia corporativa para frenar el avance del software de código abierto y mantener el control del mercado?

Donald Trump y líderes del chip como Jensen Huang (Nvidia) han mirado las propuestas con lógico recelo. Mientras la administración estadounidense teme perder la ventaja tecnológica competitiva frente a China, estamos ante una estrategia de las grandes empresas tecnológicas de IA norteamericanas para consolidar su poder de mercado y asfixiar alternativas de código abierto a través de regulaciones inaccesibles para rivales más pequeños. Ante esta evidencia, el 18 de septiembre de 2026 varios usuarios de IA presentaron una acción legal titulada: “Buist et al. v. Anthropic PBC et al” ante el Tribunal de Distrito Norte de California acusando directamente a Anthropic, OpenAI, Google (DeepMind) y SpaceXAI (vinculada a xAI/Grok) de colusión ilegal para frenar el mercado.

Porque obvio es que estas grandes corporaciones tienen el dinero y el equipo legal más que suficiente para cumplir con las regulaciones y legislaciones burocráticas extremas, mientras que los pujantes startups y a los proyectos de código abierto no pueden pagar esos costos regulatorios.

Y no menos tenebroso es verificar que el discurso de un futuro donde los robots destruyen la humanidad es una cortina de humo para desviar la atención de los problemas reales y actuales que sus tecnologías ya están causando hoy, entre otros:

El robo masivo de propiedad intelectual y derechos de autor para entrenar sus modelos.

El sesgo algorítmico y la discriminación automatizada.

El impacto ambiental (el consumo masivo de agua y energía de sus centros de datos).

La precarización laboral de los moderadores de contenido en países en desarrollo.

Asimismo, el alarmante y malévolo discurso de los Amodei y Altman supone un exceso publicitario rayano en el fraude puesto que contiene el mensaje implícito: «Nuestra tecnología es casi divina y tan potente que da miedo».

LA FIEBRE DEL ORO IA

Finalizo apuntando que la fiebre actual por la construcción de grandes centros de datos contiene componentes especulativos significativos en la compra de suelo y la reserva de energía. Si bien es cierto que los Microsoft, Google, Amazon y Meta han invertido miles de millones en infraestructura de IA en los últimos años, duplicando el tamaño del sector previsto hacia 2030, también lo es que dichas inversiones han generado especulación inmobiliaria y energética acaparando terrenos estratégicos y solicitando capacidad eléctrica masiva a las redes locales antes de tener contratos firmados con clientes finales. Y parece que nadie sopesa el riesgo de sobrecapacidad, de saturación de mercados específicos donde los centros se proyectan a futuro esperando una adopción tecnológica que podría desacelerarse o concentrarse.

Tampoco parece que los especuladores sobre el potencial expansivo de la IA que incluyen grandes bancos, fondos de riesgo y financieras tengan en cuenta la evidente obsolescencia acelerada derivada de la necesidad constante de actualizar chips y sistemas de enfriamiento líquido que pueden dejar obsoletas instalaciones recién construidas.

¿Y si resulta que la implementación de la IA hoy prolífica de «envoltorios», esos millones de aplicaciones y startups que desarrolladas sobre los mismos modelos de fondo (como GPT de OpenAI o Claude de Anthropic) están a punto de saturar el mercado?

¿Y si la cantinela de un mercado casi infinito para los Modelos de Lenguaje de Gran Tamaño (LLMs, por sus siglas en inglés) -eliminar la gigantesca burocracia mundial no será ni rápido ni sencillo- la IA robótica y la computación espacial no lo es tanto y se llega a la madurez del producto mucho antes de lo previsto?

CHINA: EL SOCIO DEPREDADOR

Ampliación de: CHINA COLONIZA ESPAÑA

EL MAYOR LASTRE PARA LA DEMOCRACIA ES LA PARTITOCRACIA

En España, la partitocracia se ha transformado en un régimen clientelista plagado de corrupción. Su progresiva implantación ha sido facilitada por el sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas, que concentra el poder en las élites de los partidos políticos, distanciando al diputado del ciudadano. Por lo tanto, una medida correctiva esencial, si se busca aliviar los serios deterioros de la partitocracia, es modificar el actual sistema electoral para implementar un modelo mayoritario simple de una sola vuelta, donde los ciudadanos elijan a un solo representante para su circunscripción electoral.

Tras la publicación de «CÓMO CHINA COLONIZA ESPAÑA» algunos lectores me han reprochado poner el carro delante de los bueyes, o lo que es lo mismo, llegar a conclusiones sin las debidas referencias y contextualizaciones. Como la extensión del mencionado artículo sobrepasa lo habitual, he decidido publicar una segunda parte para complementar la información precedente.

ÍNDICE

ZHONGGUO (中国) EL REINO DEL MEDIO

DE LA PLUTOCRACIA GLOBALISTA CHINA

NO ES AMISTAD LA QUE SIEMPRE PIDE Y NUNCA DA

ESPAÑA EN LA FÓRMULA XI DE GLOBALIZACIÓN

DEL 996 AL CRÉDITO SOCIAL

NB: En el momento en que publico este artículo, 9 de noviembre de 2025, Felipe VI y Letizia han puesto rumbo a China a rendir pleitesía a los “camaradas”, Xi Jinping, Li Qiang, y Zhao Leji. El ministerio de exteriores la justifica en la necesidad de fortalecer ¿aún más?, las relaciones “bilaterales” con China. Sin embargo, esta visita, junto con el previsible discurso que el gobierno de Sánchez habrá impuesto a Felipe, será otra justificación, ahora elevada a Estado, de la subordinación del gobierno español y sus adláteres al régimen de la República Popular de China, subordinación cuyas consecuencias económicas y geopolíticas suponen un lastre y un riesgo para los españoles.

ZHONGGUO (中国) EL REINO DEL MEDIO

Al parecer, fueron los exploradores y comerciantes árabes y europeos quienes trasladaron la pronunciación del nombre de la dinastía la Xia del río Amarillo, para llamar al extensísimo “reino del medio” Zhongguó como China. Aún hoy, la mayoría de los chinos no sabe que su país tiene otro nombre en el resto del mundo porque, no sin motivo, perciben que son el centro del mundo.

Sin esta apreciación previa es fácil caer en la trampa de considerar que la disputa actual entre Estados Unidos y China es solo comercial cuando, en realidad, es fundamentalmente geopolítica pues se trata de un antagonismo derivado de los, no por disimulados, evidenciados objetivos del que el Partido Comunista de China 中国共产党Zhōngguó Gòngchǎndǎng (PCCh) de arrebatar la hegemonía mundial a EE.UU. Dichos objetivos se manifiestan en múltiples frentes, destacando la porfía por el control de mercados, el sobrepaso tecnológico, la consecución de alianzas estratégicas y la influencia en regiones clave como el Indo-Pacífico, África, Iberoamérica y Europa.

La manera conque China en el primer cuarto del siglo XXI ha logrado volver a ser el Reino del Centro y, con ello, el principal factor impulsor de los dilemas de la globalización actual, se inicia, bajo el lema de «cruzar el río sintiendo las piedras», con las «reformas y apertura» impulsadas por Deng Xiaoping a partir de 1978. Aquel programa estableció una transición gradual desde una economía centralizada y controlada por el estado, hacia un capitalismo de Estado sin una privatización masiva de las empresas estatales, junto con una política de puertas abiertas al capital extranjero occidental.

Con la creación de Zonas Económicas Especiales (ZEE) en 1980, el gobierno chino estableció grandes incentivos financieros y sobre todo laborales derivados de una mano de obra barata y disciplinada, que atrajeron billones de dólares procedentes de multinacionales y grandes empresas de EE.UU. y Europa. Con el ingreso a la Organización Mundial del Comercio (OMC) 11 de diciembre de 2001, China consolidó su estatus como primer exportador mundial de bienes, bajo la égida de un «capitalismo de estado o una economía de mercado socialista», sustentado bajo un régimen autoritario cuyo poder es monopolizado por el PCCh.

DE LA PLUTOCRACIA GLOBALISTA CHINA

Aunque el peculiar capitalismo implantado en China, luego imitado por Vietnam, tiene buena prensa en occidente debido a la suma de agitprop y cabildeos potentes, las consecuencias de su modelo no son inherentes al capitalismo en sí, sino a la singularidad de su expansión derivada de la explotación de cientos de millones de trabajadores conformados por la masiva inmigración del campo a las ciudades de los “hukous” rurales. Me refiero al tiránico sistema de control de cada individuo por parte del estado que comentaré más adelante, además de una estrategia en detrimento de los intereses de las naciones democráticas desarrolladas.

Enfatizo, por considerarlo fundamental, que la masa de campesinos hukous (solo entre 2014 y 2020 se estima que fueron unos 66 millones los que migraron del campo a la ciudad) que desde las reformas de Deng Xiaoping hasta hoy se calcula en más de 500 millones de personas catalogadas como “hukous” las que migraron del campo a la ciudad o a nuevas zonas industriales “clandestinamente”, es decir, desprovistas de seguridad social, educación pública y derecho de huelga, son esenciales para comprender lo sucedido en China. Porque, además de las ingentes masas de hukous, sostengo que sin los uigures de Xinjiang encerrados en campos de concentración de trabajos forzados (Centros de Educación y Capacitación Vocacionales los llama la dictadura de Xi que dice los cerró en 2020), sin los desplazamientos forzosos a fabricas-prisión de esta etnia y otras como la tibetana, zhuang, hui, manchúes y mongoles, sin los esclavos adquiridos a Corea del Norte, etc. la industrialización capitalista de China hubiera sido mucho más lenta y conflictiva.

Y por los mencionados motivos y otros no menos importantes pero que extenderían en exceso este suelto, el capitalismo de estado chino ha generado una enorme concentración de riqueza en manos de la clase dominante china, una verdadera aristocracia roja tramada alrededor del PCCh. Así, China cuenta con el segundo mayor número de milmillonarios, por detrás de EE UU, y su coeficiente de Gini, que mide la desigualdad de rentas, es igual al de EE UU. Por consiguiente, si el poder absoluto es ejercido por el PCCh y su élite, sus líderes y sus familias concentran una vasta riqueza ya internacionalizada con enormes inversiones globales, estamos ante un régimen dictatorial dominado por una plutocracia internacionalizada.

La plutocracia China asentada sobre la aristocracia roja de la élite del PCCh tiene una esmerada agenda globalista en contubernio con el capitalismo globalista llamado stakeholder capitalism (ver DEL MARXISMO AL CAPITALISMO WOKE), representado en Davos, ONU, etc. con sus agendas, con el objetivo de imponer sus planes neoimperialistas que necesariamente pasan por erosionar las bases de la prosperidad occidental y someter a la población mundial a los mismos designios que han implantado para sus súbditos. En este contexto, me parece relevante señalar el testimonio de Desmond Shum en “Red Roulette: An Insider’s Story of Wealth, Power, Corruption and Vengeance in Today’s China”. Asimismo, conviene tener en cuenta que el PCCh contaba a finales de 2024 con cien millones de afiliados, de los que solo el 30,4% son mujeres. 7,5 millones trabajan para el partido-estado en los 3.199 comités locales, 31 comités de provinciales y municipales y 397 comités de ciudad (prefectura), mientras que la élite la conforman unos cien mil individuos incrustados en la dirección de empresas públicas y privadas, Ejército Popular de Liberación (EPL), Asamblea Popular Nacional de China, Comité Central y el Comité Permanente como máxima cúpula de poder del PCCh).

Fue en el XIV Plan Quinquenal del PCCh dirigido por Xi Jinping en 2013 cuando se engendró la herramienta de expansión política y económica global llamada: “Franja y la Ruta” (BRI u OBOR: One Belt One Road) luego denominada Franja Económica de la Ruta de la Seda (FERS). El cebo de la Franja y la Ruta consiste en la financiación por parte de China de infraestructuras logísticas y la promoción de inversiones, cooperación económica y tecnológica mediante acuerdos bilaterales con cada país. De esta manera, al día de hoy más de 150 países y 30 organizaciones internacionales han firmado el tratado FERS con China. Prácticamente todos los países africanos e Iberoamericanos. Con esta fórmula China financia y desarrolla «la diplomacia de trampa de deuda«, dejando a muchas naciones, sobre todo de África, cargadas con préstamos que no pueden pagar. Ante la falta de pago de la deuda contraída por estos países, China les obliga a ceder activos estratégicos a través de canjes de deuda por capital. Con ello, China se asegura el acceso a las materias primas necesarias para alimentar su expansión.

También con la mayoría de los países de la UE tiene China acuerdos específicos basados en el FERS, sobre todo con Alemania, Países Bajos, Italia y España. De esta manera, China ya ha logrado el control de la mayoría de los puertos y redes de Europa (ya controla una red de 310 puertos del mundo) mientras la inunda con productos subvencionados made in China como vehículos eléctricos, colmado en telecomunicaciones, paneles solares y turbinas eólicas, etc. Así, el déficit comercial de la UE con China en 2024 fue de 304.500 millones de euros. Asimismo, con el fin de destronar al dólar y el orden monetario predominante que incluye el euro, en los últimos años China ha comprado ingentes cantidades de oro al tiempo que ha azuzado a sus “aliados” a hacer lo mismo, con lo que ha logrado establecer el “corredor del oro” de China, una red que abarca a los llamados BRICS: Brasil, Rusia, India, Turquía, Sudáfrica, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y, a ratos, Suiza.

Y a pesar de toda esta capacidad invasiva-extractora, China apenas crece y sus problemas estructurales son cada vez mayores: la burbuja inmobiliaria está experimentando una fuerte corrección, los gobiernos locales acumulan unos niveles de deuda descomunales, el consumo apenas ha repuntado tras la pandemia, el desempleo entre los jóvenes roza máximos históricos y el envejecimiento de la población está generando un aumento del gasto público y un freno del consumo interno.

Además de estos desequilibrios estructurales, hay un problema social del que se habla poco. Se trata de la desigualdad por sexos resultante de la política de un solo hijo que Deng decretó en 1979. Resultó que, durante los más de 30 años de política de hijo único en China, al menos 20 millones de niñas “desaparecieron” debido a abortos selectivos por sexo o infanticidio, según Li Shuzhuo, director del Centro de Investigación de Población y Política Social de la Universidad Xi’an Jiaotong de China. Debido a esta práctica derivada de la cultura campesina de priorizar la sucesión del patrimonio a través del varón, hoy en China hay unos 40 millones de hombres solteros, denominados “shengnan” (hombres sobrantes) que generan problemas sociales que se expresan en extravagancias como los mercados de matrimonio al aire libre en las grades urbes como Shanghái.

NO ES AMISTAD LA QUE SIEMPRE PIDE Y NUNCA DA

La Oficina de Información Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del gobierno de España, tiene una ficha pública de República Popular (de) China (Enlace a la ficha de China) en cuyo contenido se exponen datos macro de China de 2024. Entre tantos datos destaca el superávit comercial de China: $815.210 millones USD. Conjuntamente, la ficha incluye una amable biografía de Xi Jinping y fotografías de Pedro Sánchez y Albares con el dictador chino y su ministro de exteriores respectivamente. Pero es el punto 3. RELACIONES BILATERALES CON ESPAÑA donde se exhiben los principales hitos de la relación bilateral donde destacan el Foro España-China, la constitución de una “Asociación Estratégica Integral” en noviembre de 2005; la visita de Mariano Rajoy al Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional en Pekín en mayo de 2017, la ampliación de la “Asociación Estratégica Integral” mediante el Plan de Acción (2025-2028) firmado este año por Pedro Sánchez, etc. Y mientras tanto, las importaciones españolas desde China sumaron, en 2024, €45.174 millones, mientras que las exportaciones españolas a China sumaron, en el mismo periodo, €7.467 millones, es decir un déficit de más de €37.707 millones de euros que no cesa de aumentar cada año.

La pregunta obvia que surge tras la lectura de la ficha de marras y la constatación de desbalance comercial que soportamos con China es: ¿Cuáles son las ventajas para el pueblo español de la “¿Asociación Estratégica Integral” y el “Plan de Acción” rubricados por Zapatero y Sánchez en nombre del Reino de España con la dictadura del Partido Comunista de China (PCCh), dirigida con mano estalinista por el mandamás de República Popular (de) China, ¿Xi Jinping?

Fueron los contratos destapados por THE OBJECTIVE correspondientes a la adjudicación a Huawei Technologies Co., Ltd. (华为 Huáwéi) de contratos por valor de unos 12,3 millones de euros entre 2021 y 2025 por parte del Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para la gestión del sistema de almacenamiento de escuchas judiciales (SITEL) a través del sistema OceanStor 6800 V5, que incluye la custodia digital del resultado de las interceptaciones ordenadas por jueces y fiscales, los que encendieron las alarmas en la UE, la OTAN y EE.UU. De hecho, a la pregunta ¿Las escuchas telefónicas judiciales de España pueden acabar en manos del Gobierno chino? la respuesta es un si rotundo.

Y aunque tras la polémica y las advertencias de la UE, la OTAN y EE.UU. el gobierno de Sánchez canceló en agosto de 2025 un contrato de 12,6 millones de euros con Huawei para la renovación de la red de fibra óptica académica (RedIRIS), el entreguismo del gobierno sanchista y sus secuaces a las empresas e intereses de la plutocracia oligárquica de la dictadura regida por el PCCh que tutela la República Popular (de) China, se enmarca dentro de la «cultura del lobo» concebida por el fundador de Huawei, el militar y dirigente del PCCh, Ren Zhengfei representada por el agresivo espíritu corporativo que impuso en Huawei para convertirla en la poderosa multinacional y campeona de las «estrategias de desarrollo tecno-nacionalista» controlada por el gobierno del PCCh.

ESPAÑA EN LA FÓRMULA XI DE GLOBALIZACIÓN

La «diplomacia del lobo guerrero» desplegada por Xi Jinping, además de agresiva cuenta con innumerables recursos de propaganda y cabildeo, en buena parte encubierto, que incluye un gran despliegue de medios y compra de voluntades. Su estrategia comunicativa se concentra en blanquear el universo de la dictadura China mediante discursos laudatorios sobre el buen hacer de sus empresas multinacionales y del gobierno del Partido Comunista de China (PCCh) que, aseguran, con desparpajo digno de mejor causa, se basa en la meritocracia.

Uno de los instrumentos financieros del gobierno chino para el BRI, es el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras (AIIB) del que España se convirtió en miembro fundador en 2015 con el 1,76% cuando, el objetivo de este banco es financiar proyectos de infraestructuras en Asia. Y a pesar de la parafernalia resulta complicado encontrar una sola inversión del AIIB en España mientras que China dispone de derecho de veto en las decisiones importantes del AIIB.

Respecto a las inversiones de las empresas chinas en España se centran en la expansión del mercado y en puntos estratégicos para aumentar sus exportaciones, sin olvidar las futuras minas de tierras raras que se pretenden abrir a corto plazo. Así, el fabricante de automóviles chino Chery pretende instalarse en la factoría abandonada por Nissan de Barcelona. Mucho más significativas son las inversiones en plantas fotovoltaicas directa o indirectamente a través de empresas españolas, destacando la planta fotovoltaica de 494 MW en Mula (Murcia) por parte de la empresa Three Gorges y la de Contemporary Amperex Technology (CATL), junto a la compañía con sede en Países Bajos Stellantis, proyectan construir la mayor planta de baterías de España en Zaragoza.

Que las mencionadas inversiones tienen como objetivo ampliar las exportaciones y la influencia de China en España y la UE parece obvio, aunque se camufle con alharacas de hermandad que se sustentan en la compra de voluntades de políticos y sus aliados plutocráticos. No es solo cabildeo, son lucrativos negocios entre mercaderes.

La lista de españoles propagandistas, lobistas y comisionistas al servicio de Zhongnanhai, representada por el “camarada Xi Jinping es extensísima, pero con apuntar a J.L. Rodríguez Zapatero, Miguel Ángel Moratinos, José (Pepiño) Blanco, José Montilla, Miguel Sebastián, Maurici Lucena, Xulio Ríos Paredes, Trinidad Jiménez, Valeriano Gómez Sánchez, Elena Valenciano Martínez-Orozco y Javier de Paz, por el PSOE y Alfonso Alonso Aranegui, José María Lassalle Ruiz, Elena Pisonero Ruiz y Esteban González Pons por el PP, más las triquiñuelas en Telefónica, Indra, Navantia y Repsol, el panorama es el de una noche oscura donde el lobo Xi caza en España.

Especial mención merece Teresa Ribera Rodríguez, una abogada y funcionaria quien, gracias a su militancia fiel en el PSOE, se convirtió, sin formación técnica en ingeniería ambiental, ni en geología física, ni en termodinámica, ni en mecánica de fluidos y transferencia de radiación, en perejil de todas las salsas de las agendas climáticas y medioambientales que le elevaron a las más altas responsabilidades gubernativas.

Recordemos que era ministra “Para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico” cuando sucedió la tragedia causada por el desbordamiento del barranco del Pollo en las inundaciones de Valencia de 2024 y, por consiguiente, quien no realizó las obras de prevención programadas en dicho barranco y en la cuenca del Júcar, al tiempo que era la responsable directa de la desastrosa actuación entonces de la AEMET y la Confederación Hidrográfica del Júcar. Pero su carrerón político empezó mucho antes, fue en 2005 cuando José Luis Rodríguez Zapatero la nombró directora de la Oficina Española del Cambio Climático y tres años más tarde secretaria de Estado de Cambio Climático (2008-2011).

Pero su gran salto a las cumbres del negocio del cambio climático aconteció en septiembre de 2013 cuando doña Teresa empezó a colaborar como asesora en Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) y, de pronto, fue nombrada su directora, cargo que desempeñó desde junio de 2014 hasta junio de 2018. Resulta que el IDDRI es un think tank basado en Paris dedicado al cabildeo de intereses de la República Popular de China, con la que tiene acuerdos de cooperación con entidades gubernamentales como el Centro Chino para Intercambios Económicos Internacionales (CCIEE), la Academia China de Planificación Ambiental (CAEP), el centro de estudios oficial del Ministerio de Protección Ambiental de la RPC, etc. etc. Además, el IDDRI tiene convenios de Investigación conjunta con el gobierno de China que incluyen la realización de investigaciones y publicación de artículos sobre temas como la inversión china en el extranjero, las finanzas verdes, la descarbonización del sistema energético y las políticas climáticas de China respecto al Acuerdo de París que no cumple sistemáticamente.

Al mismo tiempo, en 2015 Ribera se incorporó al equipo de “expertos en clima y medio ambiente” de Pedro Sánchez para elaborar el programa electoral del PSOE. Tras obtener enorme experiencia en cabildeo de intereses de la República Popular de China, Teresa Ribera fue nombrada por Pedro Sánchez ministra “Para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico” en enero de 2020 hasta que, en 17 de septiembre de 2024, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, la acogió como vicepresidenta ejecutiva para una Transición Limpia, Justa y Competitiva de la Comisión Europea.

Este sombrío panorama lo denuncié en CHINA COLONIZA ESPAÑA.

DEL 996 AL CRÉDITO SOCIAL

Los mencionados sistemas de clasificación de ciudadanos hukou para los de estirpe campesina y danwei de urbanitas dedicados a la economía planificada, han tenido profundas consecuencias sociales y económicas en China, al institucionalizar la desigualdad entre áreas rurales y urbanas.

Con los hukou inmigrantes “alegales” a las ciudades se conformaron unos proletarios que no tienen acceso a servicios básicos como educación y salud, y cuyos miserables sueldos recuerda la famosa frase: «Los proletarios no tienen nada que perder excepto sus cadenas. Tienen un mundo que ganar» del Manifiesto Comunista de Karl Marx y Friedrich Engels, frase que hoy resulta un abominable sarcasmo en la China del PCCh. No mucho mejor están los danwei controlados en el empleo y limitados en su movilidad. Esta aberrante estructura social y económica, condujo al sistema 996, una práctica de trabajo que implica jornadas de 12 horas seis días a la semana, bendecido por Jack Ma, el multimillonario cofundador del sitio de compras por internet Alibaba.

Ha sido tras la pandemia del Covid y los consiguientes frenazos en el comercio mundial, cuando el PCCh ha decidido restringir el 996 y retocar el hukou para disimularlo, con el fin de priorizar la transición desde el énfasis en la productividad económica extrema hacia un modelo de control social y gobernanza conductual integral denominado Crédito Social. El propósito declarado hasta con solemnidad por Xi Jinping, respecto al Crédito Social es «reconstruir moralmente la sociedad china”. El método consiste en sistematizar el control de cada individuo mediante la recopilación de sus datos a través de drones, teledetección, localización por GPS, aplicación de la IA para el análisis de macrodatos, reconocimiento facial y voz, incluyendo sus registros financieros, hábitos de consumo, comportamiento en redes sociales, etc. Así, mediante un sistema orwelliano que ni el mismo Orwell pudo imaginar, se evalúa el comportamiento de cada paisano.

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Con el Crédito Social el gobierno del PCCh elabora «listas rojas» de buenos y obedientes siervos a los que premia otorgándoles beneficios como depósitos reducidos para alquileres, préstamos favorables, acceso a servicios y ayudas, etc. mientras que los incluidos en las «listas negras«, aquellos que no obedecen las órdenes del Partido, son castigados sin créditos bancarios, sin poder viajar, sin poder abrir empresas y, si se pasan un pelín, conducidos directamente a chirona.

La demostración de que la plutocracia globalista sigue la senda trazada por el “camarada” Xi Jinping, es su empeño indisimulado en implantar por bemoles sus agendas. De hecho, la 2030 y el sistema de crédito social fueron idealizados por la política y ministra de Medio Ambiente de Dinamarca entre 2011 a 2014, Ida Auken. Para Auken, deberíamos lograr una economía colaborativa que haría que la gente no poseyera bienes individuales (como coches o electrodomésticos), sino que los utilizara como servicios bajo alquiler y mejor en uso compartido, a través de una economía circular de consumo “colaborativo”. Esta tesis fue plasmada sintéticamente en un vídeo de 2016 del Foro Económico Mundial (WEF) con el “no tendrás nada y serás feliz”. Un año después, en Davos Xi Jinping aplaudió la idea y ratificó que su política global concordaba con las del Foro Económico Mundial (FEM).

EL GRAN HERMANO REINA EN CHINA

25/09/2022

Ayer, varios medios informaban de la purga perpetrada por el autócrata Xi Jinping sobre varios gerifaltes del Partido Comunista de China (PCC) como el exministro de Justicia, Fu Zhenghua y exviceministro de Seguridad, Sun Lijun. A nadie se le escapa que se trata de un aviso a navegantes para que su reelección como Secretario General esté expedita en el XX Congreso del PCC que se celebrará el próximo octubre. De hecho, la noticia no me ha sorprendido en absoluto pues desde la observación in situ hace 8 años, hasta la constatación posterior muy cercana de cómo el régimen espía y castiga cualquier opinión por inocua que sea, incluso a los extranjeros, además de los innumerables datos históricos y recientes testimonios lóbregos, demuestran que la purga actual es solo el pan nuestro de cada día del régimen chino.

Es innegable que hubo momentos donde pareció que el régimen parecía democratizarse, que el Partido Comunista de China aflojaba la cincha un poco, por ejemplo antes de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008. Sin embargo, hechos y datos indican que el régimen chino persiste en la autocracia e incluso la refuerza. En realidad, unos años antes ya se había consolidado la corrupta oligarquía multimillonaria, la aristocracia roja que maneja el PCC cuan martillo pilón e instrumento de su enriquecimiento. Así, la cleptocracia sistémica fue generando conflictos de intereses, guerras internas entre bandas que, ante la falta total de justicia independiente vinculada estrictamente al bien general, son zanjadas mediante purgas al mejor estilo estalinista. Las purgas son el constante desenlace de la lucha de clanes en el seno del PCC desde su creación, si bien se materializan con mayor desgarro desde la fundación de la República Popular China en 1949.

El suma y sigue de muerte y calamidades en China desde 1949 es aterrador, aunque los constantes lavados de cara y los éxitos económicos los ocultan sistemáticamente. El Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, fueron desastres humanitarios provocados por aquel Mao Gran Timonel, dueño y señor tan despiadado o más que el padercito sanguinario de la URSS; su camarada Stalin. Entre 1949 y 1975 calamidades y desastres produjeron millones de muertos, purgados, desaparecidos y encarcelados. Con la muerte de Mao y la purga del grupo de desalmados a la sombra de Mao compuesto por su viuda, Jiang Qing junto con Zhang Chunqiao, Yao Wenyuan y Wang Hongwen, conocido como la “Banda de los Cuatro” y la consiguiente resolución del XI Comité Central del PCC en diciembre de 1978 que repudió con contundencia la práctica política y el legado económico de Mao, se inició un periodo de reformas económicas que incluyeron la legalización de la propiedad privada de los medios de producción y el final de la autarquía. En definitiva, el camino hacia un capitalismo de corte corporativo, según la fórmula del nuevo jefe Deng Xiaoping “gato negro o gato blanco, lo importante es que cace ratones”. Pero de esta reforma económica no surgió, como algunos supusimos ingenuamente entonces, una reforma política similar a la ocurrida durante el tardofranquismo, que democratizara China.

Los motivos por los que ningún régimen controlado por un partido comunista de corte leninista progresa hacia la democracia merecen estudiarse. Lo indudable es que solo China y Vietnam han avanzado hacia un capitalismo vigilado por una aristocracia organizada en el partido que se ha convertido en oligarquía financiera. En China, cualquier intento de progreso hacia una democracia liberal ha sido aplastado a sangre y fuego. El ejemplo más doloroso sucedió en 1989, cuando el primer ministro Li Peng (luego purgado por corrupción), ordenó al Ejército Popular de Liberación disparar a discreción sobre los estudiantes que protestaban en la plaza de Tiananmen.

Trabajando como chinos en fábricas de corporaciones multinacionales o en fábricas propiedad de la aristocracia roja del PCC, los obreros y campesinos de la República Popular China lograron una gran hazaña económica entre 1980 y 2010. Fueron las multinacionales occidentales obnubiladas por la productividad, los bajos salarios y el potencial de consumo de los miles de millones de chinos, quienes invirtieron ingentes capitales acompañados de descomunales mordidas a los altos funcionarios miembros del PCC. No les importó ni la corrupción sistémica ni la inseguridad jurídica. Solo los beneficios cortoplacistas contaron. Así, la enorme riqueza generada derivada de la multiplicación por diez del Producto Interior Bruto (PIB) entre 1997 y 2016, no se ha repartido como teóricamente debía hacerse en un país “socialista” dirigido por un partido comunista. Todo lo contrario, el índice Gini fue subiendo desde el 16 del reparto de la miseria de finales de los 70 hasta el 49 en 2008 (España 32,4).

La diferencia de salarios y condiciones de trabajo y vida se fueron agrandando entre los trabajadores de Shanghái o Pekín y los de las zonas rurales donde reside aún el 60% de la población china.

El famoso bloguero Pan Caifu establece siete clases sociales en la RPC. Sin contradecirle en absoluto, recojo su clasificación agregando algunos matices captados desde diferentes fuentes y datos.

EN LA REPUBLICA POPULAR CHINA HAY CLASES

I.        La clase de los poderosos funcionarios (权贵阶层) o aristocracia roja. Esta oligarquía está formada por los dirigentes del PCC y sus familias. Además de los miembros del Comité Central y el Politburó, pertenecen a esta estirpe los prominentes miembros del Congreso Nacional del Pueblo y el Consejo de Estado. Sus vástagos pertenecen al Cuerpo de Jóvenes Pioneros de China y a la Liga de la Juventud Comunista de China. Según varias fuentes, esta oligarquía la conforman alrededor de 50.000 individuos, cuya riqueza individual suele sobrepasar los miles de millones de dólares. Esta opulencia es adquirida a través del tráfico de influencias que los chinos llaman “guanzi”. Según una encuesta de Net Ease, sólo el 3% de los chinos cree posible hacer negocios sin guanxi.

II.      Los altos funcionarios o cuadros del PCC (官僚阶层) que ocupan altos puestos en las estructuras del Estado: jueces, fiscales, presidentes de asociaciones, rectores de universidad y directores de empresas estatales. La mayoría son miembros del PCC. Además de sus altos salarios, son premiados con esplendidos gajes como automóviles con chofer, amplia vivienda en barrios residenciales específicamente construidos para ellos, pagos por favores conocidos como “sobres rojos” (hongbao). Además, como derivada de su poder en las concesiones de licencias y otros muchos permisos, practican el mencionado tráfico de influencias guanzi remunerado con mordidas que pueden ser en metálico o mediante acciones de empresas cotizadas en bolsa a nombres de sus familiares. Estas prácticas corruptas son descritas con crudeza y precisión por Desmond Shum en: “Red Roulette: An Insider’s Story of Wealth, Power, Corruption, and Vengeance in Today’s China” 2021 (Ruleta Roja: Una historia privilegiada de riqueza, poder, corrupción y venganza en la China de hoy). Con ingresos y patrimonios millonarios, se estima que esta clase la conforman alrededor de 4 millones.

III.       Las elites (精英阶层) constituidas por directores de empresas privadas, personajes famosos de la cultura y el espectáculo, abogados de prestigio o líderes de opinión constituyen un estamento social parcialmente dependiente de los dos estamentos anteriores que controlan el Estado. Aunque algunos gozan de influencia social y tienen abundantes recursos económicos, son constantemente supervisados por las dos clases superiores y se ven en la obligación de cooperar con ellas hasta el punto de afiliarse al PCC. Esta ambivalente situación provoca inseguridad social y financiera. Se estima que a esta clase pertenecen unos 8 millones de individuos.

IV.       Funcionarios y trabajadores contratados por el Estado (国有中产阶层). Tienen el privilegio de tener trabajo fijo con buenos sueldos y sinecuras considerables como vivienda, seguro médico, vacaciones y buenas condiciones laborales. Todos son miembros del PCC y suman alrededor de 15 millones.

V.       Clase media (中产阶层). Compuesta por trabajadores de empresas privadas, pequeños empresarios, autónomos, abogados, profesores universitarios, escritores, artistas, trabajadores para empresas extranjeras, periodistas en los medios comerciales, etc. Según Pan Caifu es “la clase de la esperanza” (希望阶层), al tiempo que confirma que en los últimos años su crecimiento se ha estancando, sus riquezas han disminuido y su espacio social se ha reducido. Es obvio que esta clase no es homogénea ni en recursos ni estatus. Como he mencionado, hay enormes diferencias salariales y condiciones de vida entre los habitantes de Shanghái, Pekín y otras ciudades industriales frente a los residentes de ciudades y pueblos del interior. En todos los casos, no disfrutan de un seguro médico al modelo occidental pues los pacientes están obligados a pagar, de media, más del 30% de los gastos médicos. Para ellos la escuela primaria suele ser gratuita pero la secundaria, la profesional y la universitaria corren a cargo de los parientes exclusivamente. Estamos hablando de unos 50 millones de personas.

VI.       El campesinado (农民阶层) puede vivir en el campo o en la ciudad. En general están sometidos al hukou de su nacimiento (registro censal que opera como un pasaporte interno o permiso de residencia al que se ligan tanto el lugar de residencia como la provisión de servicios sociales). Muchos de ellos han perdido sus tierras, algunos todavía viven de la agricultura o tienen pequeños negocios. Otra de las características de esta clase social es que los políticos no les prestan atención al no contar con representación política real. Son los grandes perjudicados del proceso de urbanización y de la destrucción del medio ambiente. Pan Caifu piensa que son la clase social más numerosa de China: unos 800 millones, sin embargo, teniendo en cuenta que la población activa de la RPC en 2021 era 793 millones, el 35% de campesinos suponen unos 500 millones de personas. Sin embargo, se calcula en unos 200 millones los emigrados a las ciudades de forma clandestina. La gran tragedia del campesinado chino es que carece de derechos laborales, sus condiciones de trabajo son precarias o inexistentes, mientras que el salario es de mera supervivencia. De hecho es el ejército de reserva barato para la industria.

VII.       El proletariado (无产阶层) según Pan Caifu es la clase social más baja, pobre y desprotegida. Aquí entrarían los campesinos más pobres emigrados clandestinamente a las ciudades, los trabajadores que se han quedado en el paro después de trabajar en empresas privadas, las personas sin hogar, los peticionarios o las familias aquejadas de una grave enfermedad, etc. Un grupo extenso que conformaría el lumpen de la sociedad china. Desdeñados por el sistema, no tienen protección social alguna, sobre todo los clandestinos victimas del hukou. De tal manera que si tienen la desgracia de caer enfermos, tienen que pagar de su exiguo bolsillo al médico. Una operación quirúrgica de urgencia es para ellos una tragedia en todos los aspectos. De los 500 millones de campesinos se calcula que hay más de 200 millones de inmigrantes internos que circulan por las ciudades chinas sin derechos de ningún tipo. El proletariado o lumpen del proletariado suma alrededor de 250 millones de personas.

Si el “socialismo con peculiaridades chinas” establecido por el denguismo (Deng Xiaoping) entre 1978 y 2012 supuso un extraordinario avance económico para China, parece obvio que sus mayores beneficiarios no fueron las masas obreras y campesinas sino los integrantes del partido que dice ser la vanguardia del proletariado. Esta obviedad fue aprovechada por Xi Jinping para escalar hasta la cumbre del PCC como Secretario general del Comité Central del Partido Comunista de China en noviembre de 2012, enarbolando una supuesta reforma igualitaria. Sin embargo, trascurrida prácticamente una década de xiísmo, lejos de mejorar la distribución de la riqueza, se ha seguido concentrando en las manos de la oligarquía roja. Así, el índice Gini sigue rozando el 5 que significa una desigualdad social tercermundista. Entre tanto, el camarada Xi se ha desembarazado de las escasas restricciones de acaparamiento de poder establecidas por Deng como la dirección colegiada, la limitación de mandatos, la concentración del poder o el propio culto a la personalidad.

Antes del coronavirus, la economía China dejó de crecer realmente por diversos motivos. Seguramente el más importante, junto con la crisis inmobiliaria, fue el retorno a una planificación y centralización más firme ordenada por Xi Jinping, que pronto desincentivó a los inversores internacionales. Hong Kong era una ventana amplia que demostraba que el capitalismo funciona mejor con libertad. El principio de “un país, dos sistemas” chocaba con el proyecto recentralizador de Xi. Solución estilo Mao y Stalin; Sometimiento por la fuerza aunque signifique la destrucción de una democracia con una economía boyante. Tras esta demostración de fuerza parece obvio que el próximo bocado de Xi es Taiwan.

Como un Mao redivivo, Xi Jinping se afianza en el poder absoluto justificando sus arbitrariedades y purgas por la lucha contra la corrupción. La realidad es que el guanxi sigue funcionando a toda máquina, al tiempo que el Gran Hermano llamado Partido Comunista de China vigila a cada súbdito chino que no pertenece a la oligarquía del PCC a través de su móvil, de una gran red tecnológica de monitorización, policías con gafas con reconocimiento facial, obligación de llevar chips RFID en todos los coches, más millones de videocámaras por calles y portales. Quien no obedece escrupulosamente las órdenes y reglas del Gran Hermano Partido Comunista de China, se le quitan puntos de crédito social hasta, si persiste, borrarle.

Si la dictadura de Xi constituye una tribulación para la humanidad, el apoyo indisimulado de los Klaus Schwab, Al Gore, Larry Fink, Tim Cook, Reed Hastings, Satya Nadella, Bill Gates y demás CEOs wokes como impulsores del «Gran Reset» o control social para un Nuevo Orden Mundial, estremece a cualquiera que considere la libertad como uno de los bienes más preciados de la humanidad.