RETORNO AL NIHILISMO DE IZQUIERDAS

El detonador de esta reseña, ha sido la intervención de la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, en la sesión plenaria del Congreso de los diputados de España el 17 de diciembre de 2024. Como podrán comprobar en el vídeo que adjunto abajo, el argumento de la señora Belarra es aterrador porque tras un circunloquio falsamente condenatorio, justifica de hecho el asesinato del director de la empresa de seguros de salud estadounidense UnitedHealthcare, Brian Thompson, perpetrado por Luigi Mangione el pasado 4 de diciembre en Nueva York. Además, en ese afán estalinista de estatalizar todo para controlar todo, Belarra mata dos pájaros de un tiro, sanidad y vivienda, para insistir que «El crimen de Luigi Mangione ha abierto un debate social sobre la violencia muy profundo. Acabemos con un sistema de vivienda profundamente violento que permite que haya gente sin casa en un país lleno de viviendas vacías». Es decir, que según la diputada Belarra, el asesinato con premeditación y alevosía perpetrado por el terrorista Mangione (el fiscal acaba de acusarle de terrorista) justifica asesinar tanto a directores de seguros médicos y hospitales privados como a propietarios de viviendas vacías.

No estoy solamente perplejo ante el discurso de Belarra, estoy francamente estremecido. Nunca imaginé que en el Congreso de los Diputados de España se volviera a justificar un asesinato con premeditación y alevosía, tras una aviesa condena retórica. Fue el 1 de julio de 1936 cuando el diputado del PSOE, Ángel Galarza dijo al diputado de derechas, Calvo Sotelo: «Pensando en su Señoría encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida«. Diez días más tarde, tras pronunciar un elocuente discurso denunciando el caos ciudadano, la diputada del PCE, Dolores Ibarruri, “La Pasionaria”, señaló a Calvo Sotelo y le dijo: «has hablado por última vez». Y aunque esa amenaza, como la anterior, fue borrada del diario de sesiones, testimonios como el de Josep Tarradellas, Salvador de Madariaga y muchos más atestiguaron que Pasionaria si dijo esa frase. Solo dos días después, un grupo de guardias de asalto y militantes socialistas afines al diputado socialista y guardia personal de Indalecio Prieto asesinaron a Calvo Sotelo.

Tras escuchar las terroríficas declaraciones de la diputada Belarra, recordé que apenas dos días antes leí un artículo escrito por el activista e investigador principal del Instituto Manhattan, Christopher F. Rufo con el título: “Luigi Mangione and Left-Wing Nihilism” (Luigi Mangione y el nihilismo de la izquierda), en donde sin desdeñar la parafernalia mediática y pseudopsicológica desplegada por los medios y redes sobre el acusado del asesinato del CEO de la aseguradora UnitedHealthcare, Brian Thompson, se centra más en la deriva ideológica que condujo Luigi Mangione a esperar a Thompson y descerrajarle tres tiros por la espalda.

Inicia Rufo su artículo centrándose en los aspectos sociológicos antes que psicológicos de Mangioni. Se trata de un individuo que proviene de una familia acaudalada de la zona de Baltimore. Además, tiene buena apariencia y no poca perspicacia como indica el rastro de sus publicaciones en las redes sociales, tener dos licenciaturas en ingeniería de la Universidad de Pensilvania, ser miembro de la Ivy League y de la sociedad de honor Eta Kappa Nu, conque le reconoce su excelencia como ingeniero eléctrico y computacional.

Y sin embargo, considero que para mejorar la comprensión de lo sucedido, a esta escueta descripción sociológica de Rufo, hay que añadir el contexto sociológico que ha llevado convertir a Mangione en un héroe vengador de las malas prácticas de las corporaciones aseguradoras médicas de EE.UU. Tal es así que una parte considerable de la sociedad estadunidense, sobre todo la que se enmarca en el espectro progresista de izquierdas, considera el asesinato perpetrado por Mangione como un acto de justicia social, hasta el punto de divulgar imágenes reivindicativas del presunto asesino, mientras políticos como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders y Elizabeth Warren “comprenden”, aunque luego, como Belarra, dicen que condenan el asesinato, al tiempo que se organizan manifestaciones de apoyo y hasta un fondo de defensa para Mangione a través del crowdfunding GiveSendGo.

Lógicamente lo primero que hace Rufo es interpelar sobre los motivos ¿Por qué alguien que en teoría lo tenía todo en la vida sucumbió hasta el atroz asesinato con premeditación y alevosía? ¿Por qué lo orquestó con cuidado e intentó escapar, y luego fue atrapado en una posición muy marginal, acurrucado en un McDonald’s en medio de la nada, en Pensilvania?

En lo mucho que se ha escrito sobre el crimen estos días, hay no poca confusión sobre si fue una supuesta y todavía no aclarada enfermedad incapacitante mal atendida por su seguro, o una “evolución” ideológica que pasa por la filosofía zen con un viaje iniciático a Japón lo que condujo a Mangione a perpetrar el crimen. La mejor pista se encuentra en las publicaciones y declaraciones de Mangione en la red X, en la plataforma Substack y en la aplicación para compartir lectores Goodreads durante los últimos años.

En las tres redes, Mangione comentaba y compartía lecturas del gurú del Foro Económico Mundial, Yuval Noah Harari quien presupone que los seres humanos son ratas que tienen que ser guiadas a través del laberinto del mundo moderno, y que algún día podemos superar nuestra propia naturaleza. También compartió contenidos del psicólogo social Jonathan Haidt, quien ha capturado de manera sustancial algunas de las ansiedades de la clase profesional sobre la tecnología, el comportamiento de los jóvenes y, junto con otros colegas, sobre demografía y tasas de natalidad. Asimismo Mangione compartió contenido y debatió sobre las sentencias del gurú de la salud Andrew Huberman.

Hasta ahí, nada sorprendente para alguien de su estatus y preparación. De hecho, Mangione siguió la pauta del buen burgués woke que sigue a los gurús de moda en los círculos de la élite progre occidental. Como manifiesta Rufo, se puede seguir a Harari, a Haidt o a Huberman siempre dentro de los límites de las ideologías de élite que se pueden reducir (y esto es importante) a una base científica cuantificable. Se trata de una ideología casi al estilo de «La Firma» de McKinsey, que se vincula mucho con el mundo de las universidades de élite de la Ivy League. Pero a partir de poco más de un año, Mangione cambió su discurso. Pasó de las ideologías banales de la élite burguesa a escribir una reseña del manifiesto de Unabomber muy positiva.

Recordemos que el terrorista Ted Kaczynski murió en prisión el 10 de junio de 2023, en un aparente suicidio. Brillante estudiante de Harvard y profesor de matemáticas en la Universidad de California en Berkeley, abandonó su puesto en 1969 para vivir en una remota cabaña construida por él mismo en Lincoln (Montana), donde vivió con muy poco dinero, sin electricidad ni agua corriente, alimentándose de la caza y la recolección de frutos silvestres. Su nombre de guerra fue «Unabomber» y se hizo famoso enviando bombas por correo a personas, universidades y aerolíneas que consideraba cómplices del avance de nuestra moderna «sociedad tecnológica», provocando con ello la muerte de 3 personas y heridas graves a otras 23. Justificaba Kaczynski semejantes asesinatos porque consideraba que la sociedad tecnificada actual destruye la libertad y el humanismo. Mezclando anarco-primitivismo con maltusianismo, formula la total destrucción de la sociedad tecnológica (toda labor que requiera un conocimiento especializado y una división del trabajo) para volver a la sociedad preindustrial, donde los seres humanos pueden pasar por el «proceso de poder» para alcanzar sus objetivos naturales y así sentirse más realizados.

En 1995 Kaczynski, a través de amenazas, logró que varios medios publicaran su Manifiesto: “La sociedad industrial y su futuro”. Y aunque perturbó por su crudeza, no contenía nada novedoso pues se trata de la enésima versión procedente el anarquismo nihilista del siglo XIX, consistente en la transformación de la idea en acto …terrorista. Pero si a finales del siglo XIX y principios del XX, las consecuencias sociales de la industrialización no eran halagüeñas, a finales del siglo XX la sociedad tecnológica había prácticamente erradicado la pobreza extrema y el hambre en todo el mundo, mientras que la salud y la vida de la mayoría habían mejorado exponencialmente. Sin embargo, el anarco-individualista Kaczynski recurre en el apartado de su manifiesto “La psicología del izquierdismo moderno” a los mismos argumentos con que Lenin criticó al izquierdismo pequeñoburgués, mientras pretende emular a la revolución francesa y rusa en ese y otros aspectos. En realidad, Kaczynski “Unabomber” es un seis en uno: rousseauniano, malthusiano, bakuniano, nietzscheniano, leninista y darwinista social. Así, considera que el progreso-técnico es una realidad objetiva pero que no conlleva progreso moral sino un aumento descontrolado de la población, la supervivencia de los naturalmente menos aptos y la esclavitud, al impedir cada vez más la autonomía y la libertad del individuo primitivo fuerte y poderoso. El sueño de la sinrazón produce monstruos como “el hombre nuevo” soñado por, entre otros, Malatesta, Trotski, Bykhovsky, Mella Cea, “Che” Guevara y hoy los impulsores del Gran reinicio; Soros y Gates.

Hace solo unos meses, Mangione dio cuatro estrellas en Goodreads al manifiesto de Kaczynski. También se adhirió a una narrativa de izquierdas sobre la codicia corporativa. Una narrativa típica, tópica y demagógica que enarbola la izquierda, especialmente en tiempos de incertidumbre económica. Así, toda la miseria, la desgracia y la mala salud en el mundo, se deben a la codicia corporativa, la corrupción empresarial y a la explotación y malversación capitalista. Se trata del manoseado viejo discurso que acusa al tiempo que se desentiende de las responsabilidades y de las propias miserias.

Al mismo tiempo, parece que Mangione asumía la cultureta que del hipismo ha pasado a los despachos de los gurús tecnológicos de Silicon Valley, Nueva York o Seattle. No se trata ya de contracultura modelo años 60, sino de una psicodelia para, dicen, liberar la creatividad, la intuición y la productividad: la tipificación de Steve Jobs de los psicodélicos que no solo se consideran aceptables en estos entornos profesionales, sino que se consideran un sustituto de una vida religiosa arraigada. Puedes ir a un chamán en Sudamérica, beber una taza de ayahuasca y desbloquear tu cerebro, que luego puede usarse para desmitificar el mundo. Puedes encontrar tu yo auténtico y luego puedes salir de las trampas o las monotonías de la sociedad capitalista moderna.

Aunque su detención en un McDonalds de un pueblo de Pensilvania está lejos de la épica, no parece casual que Mangione llevara unas cuantas hojas escritas a mano cuan manifiesto de un Kaczynski redivivo. Al parecer, dichas hojas contienen evidencias de su crimen y visiones izquierdistas estereotipadas: «EE.UU. tiene la atención médica más cara del mundo y, sin embargo, tiene la 42ª esperanza de vida. En otras palabras, los ciudadanos norteamericanos no obtienen el valor correspondiente con su inversión». Entonces, ¿por qué sucede semejante asimetría? Mangione responde denunciando «la corrupción y la codicia en la industria, su búsqueda de ganancias sin deontología alguna». Y son estos motivos los que según Mangione justifican su asesinato porque «todos los directivos de los seguros sanitarios, además de codiciosos, son “parásitos”».

Calificar de parásito al enemigo “de clase, raza, género, etc,”, es el tropo más manido por las izquierdas. Desde Marx, quien jamás trabajó por cuenta ajena, los parásitos capitalistas son los que extraen la plusvalía generada por los trabajadores sin hacer nada a cambio. En este caso, Mangione señala como parásitos a directivos, contables e intermediarios comerciales de las compañías de seguros médicos, porque extraen beneficios del dolor de los estadounidenses. «Porque no se puede poner un precio a la salud, a los seres humanos, a la bondad, pero como eso es exactamente lo que hacen estos parásitos capitalistas de las aseguradoras, merecen ser eliminados porque no aprecian la vida. Simplemente la monetizan y la convierten en muerte».

La obnubilación ideológica de Mangione se manifiesta con claridad en su manifiesto cuando escribe: «No pretendo ser la persona más acreditada para exponer todos los argumentos sobre la corrupción del sistema de salud de Estados Unidos», y sin embargo, se sintió lo suficientemente cualificado como para planear y ejecutar el asesinato del director ejecutivo de UnitedHealthcare.

Llegado aquí, vuelvo al artículo de Christopher F. Rufo donde indica que el emblema más característico de la izquierda es presentarse como progresista. «Vamos a mejorar el mundo. Vamos a ofrecer más atención médica. Vamos a ofrecer una opción pública. Vamos a tener la Ley de Atención Médica Asequible. Vamos a tener un sistema de pagador único que proporcionará atención y valorará a cada ser humano». El problema es que lograrlo no es tan sencillo como lo pintan las izquierdas. Porque el Obamacare ha fracasado por ineficiente y costoso. Porque en todos los países occidentales el mantenimiento de sistemas de salud públicos están siendo sobrepasados por los costos y las ineficiencias y si se mantienen es gracias a enormes aportaciones de los trabajadores y a las colaboraciones con la medicina privada. Pero ante estas dificultades, solo abordables desde la lógica, la justicia y la libertad, las izquierdas solo ofrecen dos respuestas, más estado y más impuestos o una nueva forma de nihilismo. “Si no podemos construir un sistema de atención médica como el que prometemos, destruyamos el sistema de atención médica existente” y tal vez de esta destrucción catastrófica surja algo mejor».

Ante este panorama, Rufo se pregunta, más allá de la dinámica individual, ¿Qué representa este caso en su conjunto? Se responde asegurando que encarna una transición histórica única en nuestro tiempo desde el izquierdismo idealista al izquierdismo nihilista histórico. «Hemos visto, especialmente en los últimos meses, lo que considero el agotamiento del movimiento de masas Black Lives Matter. Black Lives Matter como movimiento de masas en particular está acabado. Lo vimos con el veredicto de Daniel Penny en Nueva York esta semana. Pero lo que sucede después de la fragmentación, la autodevoración y la autodestrucción de los movimientos de masas de izquierda, es que se fragmentan en una multiplicidad de movimientos marginales, y movimientos marginales incluso a nivel de un solo individuo…»

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RETORNO AL NIHILISMO DE IZQUIERDAS

Por Pablo Rojo Pablo time to read: 10 min
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