«Torrente presidente», una falacia intencional

¿Qué importan las intenciones del progre Santiago Segura en «Torrente presidente»?

El pasado sábado 11 de abril, ABC publicó un artículo firmado por J.M. de Prada con el revelador título «Derecha y torrentismo» donde el famoso novelista y columnista, admirador y divulgador de la obra de G.K. Chesterton y, por ende, belicoso contra el nihilismo cultural como se evidencia en los 60 artículos publicados en la revista ‘Magnificat’ recopilados en un libro titulado «Una biblioteca en el oasis«, hace una crítica del film de Santiago Segura «Torrente presidente«.

Sobre el mencionado basamento ideológico, de Prada se asombra de que: «Mientras, en el negociado de izquierdas, ‘Torrente, presidente’ ha levantado urticarias; en el de la derecha ha provocado universal regocijo». Su conmoción deriva de que el personaje Torrente inventado por el progre Santiago Segura, es el arquetipo del «facha cutre» para satirizar a un sector social de nuestra población machista, racista, corrupto y nostálgico del franquismo. Así, de Prada concluye: «En realidad, ‘Torrente, presidente’ es un garrafal ‘acto fallido’ –en el sentido freudiano, claro está– de quien solo puede pronunciar la verdad poniéndole un disfraz incongruente, en lugar de proclamarla sin tapujos.»

Obvio es que a de Prada no le gustan una serie de películas paródicas basadas en un personaje representado por un policía inhabilitado, corrupto, putero, drogadicto y vago que utiliza la picaresca para sobrevivir, mientras propaga su patriotismo y nostalgia del franquismo como caricatura del fascismo de baja estofa. Sin embargo, con «Torrente presidente» al público no le queda otra alternativa que asociar al cutre Torrente con Koldo/Ábalos, con «Tito Berni» (Caso Mediador) de prostitutas, cocaína y viagra al por mayor, con los ladrones puteros y drogatas de los ERE y la FAFFE, con las correrías de «la banda del Peugeot«, con los prostíbulos y saunas gais Sauna Princesa y Castellana 180 del suegro de Pedro Sánchez, Sabiniano Gómez, con el tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida, intrusismo profesional y malversación cometidos presuntamente por la esposa de Pedro Sánchez, Begoña Gómez en comandita con Juan Carlos Barrabés, con el enchufado y defraudador al fisco mi hermano David Azagra, con el acaudalado en un pispás y exsecretario de organización federal del PSOE, Santos Cerdán, copropietario de Servinabar 2000 S.L. que construía sin ser constructora y que logró 86 millones en adjudicaciones, con las mordidas administradas por la SEPI de Antxón Alonso, con los tejemanejes de la descarada «fontanera» Leire Díez, etc. etc.

¿Qué importan, pues, las intenciones del progre Santiago Segura en «Torrente presidente«? En todo caso, debemos recordar que, a lo largo de la historia, diversas obras han sufrido el fenómeno de la «falacia intencional», donde la recepción del público o la crítica difiere drásticamente, o incluso se opone, a la intención original del autor. En el caso concreto de la cinematografía, «El lobo de Wall Street» de Martin Scorsese, «Starship Troopers» de Paul Verhoeven y «El club de la lucha» de David Fincher representan la falacia intencional plena.