
Segunda parte de “del marxismo al capitalismo woke”
SINOPSIS DE LA TEORÍA DE LA JUSTICIA SOCIAL CRÍTICA
ANTICULTURA DE LA CANCELACIÓN Y PRESENTISMO HISTÓRICO
LA TOMA DE UNIVERSIDADES, ESCUELAS E INSTITUCIONES CON LAS ARMAS WOKE
SINOPSIS DE LA TEORÍA DE LA JUSTICIA SOCIAL CRÍTICA
Para quienes con 11 años nos obligaban en segundo de bachillerato a estudiar latín y traducir párrafos incomprensibles de la Guerra de las Galias con Caesar siempre presente, al tiempo que debíamos memorizar las cinco declinaciones, sin que el profesor nos aclarara debidamente que la sustancial diferencia de la estructura gramatical entre el español y el latín, es que en español se añade una proposición delante del sustantivo mientras que en latín se cambia el final del sustantivo, la asignatura era una tortura. Quizá es debido a esta vivencia y el nombre de la institución de la Iglesia Católica “Opus Dei” a la que pertenecieron los ocho famosos ministros de Franco que los despechados falangistas llamaban “tecnócratas” y que entre 1957 a 1975, junto con notables funcionarios favorecieron la plena industrialización de España, por lo que asocio un poco inconscientemente el popularizado acrónimo DEI (diversidad, equidad e inclusión) que representa el tótem de la doctrina woke, con una “obra” cuya misión no es precisamente salvar almas sino implantar la doctrinaria «justicia social crítica» popularizada como “woke” o “wokeness”.
Confieso que esta rebuscada entradilla se me ha ido un poco de las manos debido a la premeditada pretensión de introducir las reminiscencias bíblicas que influyen en la doctrina que integra la llamada “cultura woke”. El bien pensado puede resumirla como ideología que aboga por la igualdad racial y social, el feminismo de género, el movimiento LGTBIQA++, etc. El más puntilloso añadirá que su núcleo doctrinal se establece en el engendro de una neolengua orwelliana de género neutro, mejor dicho en los “giros lingüísticos” con sus “construcciones performativas”, según las identidades derivadas de las construcciones socio-culturales que Judith Butler copió de la teoría del lenguaje del pragmatista norteamericano Richard Rorty. Se trata de una teología del lenguaje derivada de un pragmatismo no lejano al de los teólogos de la Compañía de Jesús, puesto que «si no existe una verdad que esté ahí afuera, independiente de nuestros estados mentales, independiente de nuestro lenguaje y de nuestras prácticas sociales, la verdad sólo es atribuible a nuestras proposiciones sobre el mundo». De este constructo Butler concluye que las palabras, lejos de representar o reflejar una realidad externa, «hacen cosas».
Pero para que las palabras hagan cosas, nada menos que una teoría revolucionaria, además de hacer actos «performativos», es decir, representaciones teatrales no convencionales, no bastan referencias impactantes como la frasecita de Simone de Beauvoir «no se nace mujer: llega una a serlo», por cuanto para una estructurar la “Justicia Social Crítica” basada en que la sociedad occidental ha sido construida sobre una estructura opresiva que discrimina por identidades grupales de raza, clase, género, sexualidad, capacidades, etc. hasta configurar las impugnaciones en el feminismo interseccional, los derechos de los transexuales, las historias críticas del colonialismo (del imperialismo británico, de la conquista española y otras), se necesita algo más que inventar un léxico, se necesitan referencias teleológicas e históricas, aunque luego siempre sean distorsionadas. Y esas referencias no solo se remontan al marxismo, también y en ocasiones es mucho más evidente, a la encíclica del papa León XIII llamada “Rerum Novarum” inspirada en “El Sermón de la Montaña” y la famosa frase que el Evangelio de San Mateo pone en boca de Jesucristo: «Así que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros».
La implantación de la Teoría de la Justicia Social Crítica ((TJSC) o doctrina woke primero en las universidades y luego en instituciones públicas y privadas de EEUU y Canadá, constituyó un éxito de la estrategia de la hegemonía cultural, económica y social inspirada por el marxista-leninista Antonio Gramsci. Ese «Great Awokening» (Gran Despertar) sustituyó al proletariado marxista como sujeto revolucionario, por las minorías raciales, culturales y “sexuales”. La consigna «Proletarios del mundo, uníos» fue sustituida por: «Stay angry, stay woke» (Permanece enfadado, permanece despierto).
En “The Origins of Woke: Civil Rights Law, Corporate America, and the Triumph of Identity Politics” (2023), el investigador estadunidense, Richard Hanania, ahonda en la base de la teoría de género, el movimiento trans y el nuevo racismo basado en medir el tono de piel o las costumbres sexuales para distinguir entre explotadores y explotados. Pero sobre su origen discrepa de la versión oficial que se remonta al posmarxismo de Herbert Marcuse con su “El hombre unidimensional”, la “New Left”, la hipótesis Sapir‑Whorf de la relatividad lingüística mezclado con el relativismo posmoderno de la French Theory (ver DEL MARXISMO AL CAPITALISMO WOKE). Por el contrario, Hanania sostiene que la explosión de la doctrina woke en Estados Unidos (y, desde allí, en todo el mundo) ha estado lejos de ser un fenómeno meramente orgánico. De hecho, señala como una paulatina imposición orquestada desde la élite política norteamericana quien, a través del gobierno federal, ha implantado leyes y regulaciones laborales en comandita con burócratas, administradores de recursos humanos y poder judicial.
Según Hanania, la doctrina woke se ha implantado sobre tres pilares categóricos. El primero en el dogma de que todas las disparidades son evidencia ipso facto de discriminación. El segundo el que afirma que «para superar estas disparidades problemáticas, es necesario restringir la expresión». Finalmente, dogmatizan que «con el fin de superar las disparidades y regular el discurso, se necesita una burocracia de tiempo completo (comités DEI: diversidad, equidad e inclusión y normativas-criterios ESG: Medio Ambiente (Environmental), Social (Social) y Gobernanza (Governance)) para imponer el pensamiento y la acción correctos»”. Por consiguiente estos pilares han conformado la hipersensibilidad hacia la raza, el género y la sexualidad de los grupos de víctimas del “sistema capitalista del hombre blanco heterosexual occidental”. Nada, por tanto, de fenómeno surgido desde la base ni provocado por los discursos de ensueño de Martin Luther King, ni acontecimientos que derivaron en los movimientos Me Too, Black Lives Matter, etc, sino de un sumergido proceso de más de medio siglo de legislación por parte de la burocracia federal estadounidense izquierdista, formada por las universidades más elitistas que se remonta hasta la Ley de Derechos Civiles (CRA) de 1964.
Por otro lado, Heather Mac Donald planteó en su libro “When Race Trumps Merit: How the Pursuit of Equity Sacrifices Excellence, Destroys Beauty, and Threatens Lives” (2023 – Cuando la raza triunfa sobre el mérito: cómo la búsqueda de la equidad sacrifica la excelencia, destruye la belleza y amenaza vidas) como la administración Obama «hizo todo lo posible para acosar a las escuelas por las diferencias en el castigo entre estudiantes blancos y negros» con el argumento explícito de que las políticas racialmente neutrales que crean un impacto dispar podrían ser ilegales. De manera similar, «las localidades que contratan policías, bomberos y funcionarios penitenciarios ahora se ven obligadas a reducir los estándares físicos para poder contratar a más mujeres» … «Incluso las pruebas de alfabetización para profesores han sido objeto de demandas por derechos civiles»” lo que a menudo ha dado lugar a enormes indemnizaciones.
El caso de la ley contra el acoso en el trabajo “Harassment at work” (en España esta ley se llama “ley de garantía integral de la libertad sexual”) basada en la idea, sin duda bien intencionada, de que las mujeres o las minorías no deberían sentirse “incómodas” en el trabajo. Sin embargo, Hanania señala que «se ha desarrollado para garantizar que los empresarios tengan que restringir su propia expresión y también vigilar a sus empleados según la ley federal». La definición de “acoso sexual”, por ejemplo, fue ampliada drásticamente por los tribunales: pasó de prohibir, con razón, a los jefes exigir favores sexuales a sus subordinados, a cualquier cosa que pudiera contribuir a un “ambiente de trabajo hostil”. Este estándar vago está muy abierto a la interpretación. El resultado es un entorno laboral en el que los empleados están predispuestos a ofenderse y a ser extremadamente litigiosos, una actitud que inevitablemente se propaga a la cultura en general.
La práctica de la Teoría de la Justicia Social Crítica Woke se basa en lo que Althusser llamaba «ideología práctica» y, por consiguiente, envuelve ilación y unidad. Su ilación se establece sobre el único de sus principios: la imposibilidad del conocimiento objetivo de la realidad. Con ello, reniega de la búsqueda de la verdad porque, aseguran sus líderes, solo existen opiniones impuestas por los más poderosos. Y como los últimos (las víctimas del sistema) se convierten en primeros, lógicamente imponen SU VERDAD hasta convertirla en hegemónica. Y como lograr la unidad de acción de tantas víctimas distintas es tarea que supera lo complejo, no queda otra que enmarañar deseos, sentimientos, sensaciones e ideas, y armarse con toneladas de cicuta para ser administradas a todo aquel que por activa o por pasiva cuestione los mandamientos woke. Así, las huestes woke transfiguran cualquier debate plural y tolerante en una dialéctica unidimensional y totalitaria, destruyen la hermandad compasiva de la “Rerum Novarum” y devienen opresores.
ANTICULTURA DE LA CANCELACIÓN Y PRESENTISMO HISTÓRICO
En la cultura y las artes, la evidencia del carácter estrictamente punitivo de la «cultura de la cancelación» y la falta de garantías mínimas (básicamente, la ausencia de la presunción de inocencia y del principio de contradicción), generó alarma en notables círculos académicos y artísticos que se explicitó en una carta suscrita por más de un centenar de intelectuales publicada en Harper’s Magazine el 7 de julio de 2020 (entre otros, Fernando Savater, César Antonio Molina, Óscar Tusquets, Carmen Posadas, Sergi Pàmies, Zoe Valdés, Mark Illa, Francis Fukuyama, Noam Chomsky, Gloria Steinem, Margaret Atwood, Martin Amis, etc), denunciando que esta seudocultura suponía un quebranto para la libertad de expresión en general y específicamente, para la libertad propia del ámbito académico en unas universidades que están dejando de ser espacios de argumentación, discrepancia informada y discusión racional, para convertirse en castillos medievales atravesados de un peligroso y nuevo dogmatismo. Un dogmatismo que se ha convertido en revisionismo basado en el presentismo histórico donde personajes tan distintos como Colón, Shakespeare, Voltaire, Nabokov o Picasso son estigmatizados junto a sus obras, porque esta esquizofrenia presentista es incapaz de separar autor y obra e imaginar otro contexto de vida que el que sus meninges guardan.
En España, el presentismo histórico del gobierno presidido por Pedro Sánchez conformado por una coalición entre PSOE y el consorcio de extrema izquierda Sumar, sobrepasa con creces cualquier rigor histórico en la persona del ministro de cultura, Ernest Urtasun, quien asume sin reparo alguno la leyenda negra contra España escrita por sus enemigos; Inglaterra y Francia, y se suma con denuedo digno de mejor causa al discurso victimista anticolonialista woke trufado de presentismo histórico. Así, Urtasum reniega de sus antepasados y se dedica a “descolonizar” los museos porque «perpetúan los discursos coloniales». Por si esta arenga no fuera suficiente para demostrar su adhesión a la causa woke, este ministro ultraizquierdista asegura que «la descolonización de los museos y otras instituciones y documentos suponen la desactivación de las relaciones de poder colonial en el día a día, la comprensión de cómo se construye nuestro racismo y poder crear herramientas de reparación, tanto dentro como fuera de estas instituciones». Con estas declaraciones y acciones Urtasum demuestra su categoría moral y sus conocimientos culturales e históricos.
Esta pulsión retrógrada y astigmática de la doctrina woke, como reacción anti-ilustrada y pulsión regresiva contraria a la parcelación y autonomía de ámbitos como el derecho, el arte y la política, es incapaz de comprender que Caravaggio era un asesino que pintó cuadros maravillosos, que el “Viaje al final de la noche” de Céline es de un primor literario antológico aunque su autor comulgara con el nazismo, que Baudelaire escribió poesía excelsa a pesar de ser un hedonista drogadicto. Y esta pulsión regresiva e inquisitorial de la doctrina woke preñada de presentismo histórico, ha supuesto que obras maestras del arte, la literatura, el teatro y la danza estén siendo “canceladas”. La película “Lo que el viento se llevó” o el ballet “La Bayadera” no pueden representarse por políticamente incorrectos, mientras que el antaño conservador Disney ahora es alabado por perpetrar obras propagandísticas LGTBIQA++ mientras la pornografía es uno de los negocios más boyantes del planeta.
LA TOMA DE UNIVERSIDADES, ESCUELAS E INSTITUCIONES CON LAS ARMAS WOKE
Con la victoria de Joe Biden en enero de 2021, parecía que la estrategia de los cabecillas wokes de obtención de la hegemonía cultural, económica y social gramsciana, marchaba viento en popa a toda vela en todo occidente. Por supuesto, en EEUU y Canadá las órdenes emanadas en los campus universitarios y las élites político-burocráticas para la implantación doctrinal woke eran obedecidas sin crítica alguna por los ámbitos culturales, artísticos y empresariales. Así, los “Comités DEI” para la implantación y vigilancia de la diversidad, equidad e Inclusión no solo se impusieron en las universidades e instituciones estatales, sino que como se puede comprobar en un artículo fechado el 6 de enero de 2022 en la página del World Economic Forum ((WEF) – Foro Económico Mundial, también llamado Foro de Davos), titulado: “Why the road to stakeholder capitalism begins with diverse boards” (Por qué el camino hacia el capitalismo de partes interesadas (woke) comienza con comité de diversidad) las élites financieras, en un oportunismo diabólico asumieron la doctrina woke como herramienta de subyugación de la población mundial embozándose en criterios de apariencia redentorista llamados factores «ESG» (Environmental, Social, Governance – ambientales, sociales y de gobierno corporativo) que conforman supuestas políticas de responsabilidad ambiental, social y de gobernanza corporativa.
Las iniciativas de cambio climático y la eliminación de los combustibles fósiles son los programas más visibles relacionados con ESG. Algunos de los marcos de desarrollo y planeamiento ESG más populares además del Foro Económico Mundial (WEF), destacan Global Reporting Initiative (GRI), Sustainability Accounting Standards Board (SASB), International Integrated Reporting Council (IIRC), Carbon Disclosure Project (CDP) y Task Force on Climate Related Disclosures (TCFD).
ESG y DEI son los acrónimos que integran las armas de la doctrina woke. Se materializan con la implantación de comités burocráticos DEI en todas las corporaciones privadas del mundo. Por otra parte, la estrategia prevista por la élite mundial representada en Davos, derivada del discurso de la catástrofe climática producida por la humanidad, daba excelentes resultados porque los ciudadanos contribuyentes, al sentirse culpables del desastre, no protestaban por los nuevos abusivos impuestos para salvar el planeta ni los sacrificios derivados por la Agenda 2030 y similares.
Con estas armas, en las universidades norteamericanas se generó y expandió la doctrina woke rompiendo el pacto entre el ciudadano y la república. Un pacto consistente en que el ciudadano financia la universidad para formar a los jóvenes más sobresalientes y voluntariosos de cada generación, para impulsar un futuro basado en el interés público y el bien común. Dicha ruptura se consolidó con la implantación en todas las facultades y también en cada escuela y jardín de infancia, comités y burocracias ejecutadoras y vigilantes de la diversidad, equidad e inclusión (DEI). Al principio y gracias a la hábil propaganda, estos comités concertaban simpatías generalizadas por su aparente loable fin de facilitar la igualdad de oportunidades, sin embargo, enseguida los comités DEI se comportaron como comisarías políticas y tribunales del Santo Oficio de la doctrina woke.
De la «diversidad» sugerente de pluralidad de personas, pensamientos, experiencias y conocimientos, los comités y burócratas del DEI la utilizan para justificar una política de discriminación racial a veces explícita, a veces implícita: una inversión total de los principios de igualdad daltónica y el mérito individual.
La «inclusión» es utilizada por los comités DEI, como justificación para excluir a personas e ideas que se consideran una amenaza para su doctrina y situar a sus acólitos en puestos de responsabilidad sin tener la preparación y experiencia adecuada.
Finalmente, para los comités DEI la «equidad» nada tiene que ver con el principio de que cada hombre o mujer debe ser juzgado como individuo, no castigado ni recompensado en función de su ascendencia. Al contrario, la equidad woke exige categorizar a los individuos en identidades grupales y asignar un trato desigual a los miembros de esos grupos, buscando “igualar” lo que de otro modo se consideraría resultados injustos.
En su labor de comisarios políticos e inquisidores, los comités DEI imponen sus criterios y discursos mientras vigilan el comportamiento de los profesores, estudiantes y personal. Todo ello esquivando la búsqueda de la verdad, que debería ser el mayor compromiso de una universidad, a los dogmas de su doctrina.
Relevante de las prácticas de los comités DEI ha sido la profusión en las redes y algunos medios de los materiales de capacitación del programa DEI de la Universidad de Colorado Boulder.
El predicado básico del programa DEI de CU Boulder es que los estudiantes “negros, indígenas y de color” (BIPOC) están fracasando debido a la “cultura de supremacía blanca” ¿Y Qué es la cultura de la supremacía blanca? Según la documentación DEI de CU Boulder, incluye “individualismo”, “perfeccionismo”, “sentido de urgencia”, “adoración de la palabra escrita” y “objetividad”. Estos rasgos son supuestamente vestigios de “blancura” y no están disponibles para las minorías raciales.
Si tiene la desgracia de ser hombre blanco y además heterosexual, los comisarios del DEI CU Boulder le exigirán que participe en un “Desafío de creación de hábitos de equidad racial” de 21 días. Un desafío que incluye una guía sobre «Cómo ser una mejor persona blanca«. Así, se estipula un protocolo de diferentes etapas. Paso uno: «Date cuenta de que eres blanco«. Paso dos: «Reconoce tu privilegio«. Paso tres: «Saber cosas«. Finalmente, de un recurso relacionado, instrucciones sobre cómo ser un “aliado” de las minorías raciales: “Transfiere los beneficios de tu privilegio a quienes carecen de él”; “amplifica la voz de los oprimidos antes que la tuya propia”; “Reconoce que, aunque sientas dolor, la conversación no se trata de ti”.
Bien es cierto que en la historia de la humanidad abundan más las brutalidades que las compasiones y las injusticias que las ecuanimidades. Pero convertir a un grupo de población, los blancos europeos, en el chivo expiatorio como la esencia del mal no es más que fruto de una doctrina sostenida por la asimilación de que la idea contenida tanto en el milenarismo de la biblia como en el marxismo. Así, para llegar al paraíso antes hay que pasar por el apocalipsis, por la batalla final entre el bien y el mal, entre Cristo y el Anticristo. El marxismo es aún más concreto, por cuanto Marx y Engels, en el Manifiesto de Partido Comunista escriben: «Los comunistas no tienen por qué ocultar sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios no tienen en ella nada que perder, salvo sus cadenas. Tienen, en cambio, todo un mundo que ganar».
Pero mientras que se llega al paraíso DEI-WOKE, el poder obtenido en las universidades, escuelas y empresas, sirve para algo más que proclamar la buena nueva, por ejemplo como justificación para contratar académicos, personal y ejecutivos adictos a la causa. Cuotas raciales, de género, de minorías sexuales tanto explícitas como implícitas han llenado claustros y despachos por todo el mundo occidental, al tiempo que se limpiaba de “opresores” por competentes que fueran.
LA REBELIÓN DE LOS GENTILES
Empero, a pesar de la radical censura en los medios sistémicos y redes sociales, desde mediados de 2023 empezaron a detectarse no pocos signos de hartura y desengaño entre los sectores sociales que estaban pagando las facturas y sufriendo las viles discriminaciones derivadas de la doctrina woke. A esta rebeldía se sumó la percepción de que la inmigración masiva proveniente de África y países musulmanes, (en EEUU la masiva inmigración procedente de Hispanoamérica no genera tantos problemas como los persistentes originados por la esclavitud de los que hoy se conocen como afroamericanos) era parte de la ingeniería social que abocaba a la servidumbre y la aniquilación de su cultura. Entonces, sectores de las clases medias y trabajadoras que hasta entonces habían colaborado algo forzados o se mantenían neutrales, empezaron a comprender que esas caritativas burocracias surgidas de las políticas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) y Ambiental, Social y de Gobernanza (ESG) estaban reduciendo sus derechos y perjudicando su cartera. A esta lógica percepción y el consiguiente rechazo a la corrección política se la bautizó como polarización socio-política.
La utilización del término polarización es engañoso porque sugiere un enfrentamiento radical entre iguales, cuando en realidad estamos ante una rebelión de los paganos del banquete que quieren recuperar lo que se les ha robado: su dignidad y su peculio. Sus reivindicaciones, tildadas de populistas y de extrema derecha por los activistas y medios wokes, son sencillas: priorizar el mérito sobre la ascendencia y gobernar según el principio de igualdad daltónica, en lugar del racialismo de izquierda. Ser juzgados como individuos, y no como avatares del “opresor” y del “oprimido”. Asimismo, respetar la búsqueda de la verdad, del conocimiento sin prejuicios, fomentar una diversidad genuina (una variedad de opiniones, de una variedad de personas). Abolir los DEI y restaurar el mérito.
El manifiesto de un español liberal cualquiera, es una propuesta para la reflexión y la acción política, ante el crítico momento que atraviesan los españoles y la nación.