
Tras el aterrizaje de Pedro Sánchez en Pekín el viernes 11 de abril de 2025, escribió en las redes sociales el siguiente mensaje: «España y China celebran este año el 20 aniversario de su asociación estratégica integral. Con el presidente Xi Jinping, he abordado el nuevo impulso que hoy damos a esa asociación, con la mirada puesta en el desarrollo de unas relaciones equilibradas y mutuamente beneficiosas y en el acercamiento entre nuestras sociedades».
Resulta sorprendente que este mensaje de Sánchez apenas haya transcendido en los medios ni en las redes, mientras que las críticas al viaje se concentran en la inconveniencia de esta visita a China en los tiempos revueltos de la guerra de aranceles. De esta suerte, se deduce que la asociación estratégica integral con China firmado por J.L. Rodríguez Zapatero y Hu Jintao en 2005, es conveniente para los españoles. Intrigado por este consenso inicié una “encuesta” entre los amigos con la siguiente pregunta: ¿Puedes decirme que sabes respecto a la asociación estratégica integral entre España y China? La respuesta de la mayoría fue que no tenía idea. En realidad, yo tampoco sabía gran cosa al respecto, pero el mensaje de Sánchez despertó a mi gato curioso que se puso a indagar sobre lo que se cuece en esa asociación estratégica.
La asociación estratégica integral entre España y China fue ratificada en 2005. Y aunque no se divulgó, su primer objetivo fue finiquitar el embargo europeo de armas a China. Su principal impulsor fue Moratinos quien meses antes concedió a China créditos por millones de dólares para, por ejemplo, financiar equipamiento médico hospitalario. Como lo leen y pueden consultar en el BOE.
Al mismo tiempo, se puso en marcha un lobby prochino encabezado por el abogado pontevedrés, Xulio Ríos Paredes, con la imprescindible colaboración de la embajada de China. Dicho lobby fue justificado mediante los típicos tópicos de colaboración en materia «comercial, cultural y hasta «humana«», humana con la dictadura comunista más implacable y sanguinaria de la historia. Así, desde 2005 hasta hoy, este lobby se ha ampliado y consolidado como un pulpo de potentes tentáculos como el Observatorio de la Política China, ChinaLink (Chinalink ESG, es un fondo del PCC y Hygreen Energy), Casa Asia, Centro Cultural Chino en España, Red Navarra de Estudios Chinos y, sobre todo, el Gate Center que Zapatero fundó junto al empresario Du Fangyong en 2022.
Ciertamente, la intensa actividad lobbistica y propagandística del amigo de Zapatero, Xulio Ríos durante los últimos 20 años es abrumadora, aunque poco reseñada por los medios. Sin embargo, las claves de los intereses que defienden estos instrumentos lobbísticos impulsados y patrocinados por el Partido Comunista de China, está plasmada en el reciente ensayo de Xulio Ríos “China y España: ¿un futuro compartido?. Enfoques sobre la Asociación Estratégica Integral (2005-2025)” compendio que, naturalmente, está prologado por José Luís Rodríguez Zapatero.
La cuestión de cajón ante este formidable entramado lobístico a favor de China es verificar las contrapartidas que los españoles hemos logrado durante estos dos decenios asociación estratégica con la China comunista, por ejemplo, sobre el número de empresas privadas españolas establecidas en China (solo pueden constituirse con más del 50% de participación del gobierno chino) y su influencia económica. Con apenas 50 empresas es obvio que la influencia es nula. La pública Indra hace de monosabio y Telefónica Tech de peón de brega, el resto son sucursales comerciales con alguna disfrazada de tecnológica.
Por otro lado, las exportaciones de España a China se concentran en el sector agroalimentario y llevan descendiendo desde 2020. La descompensación comercial a favor de China es abrumadora. Así, en 2024 las importaciones desde el gigante asiático sumaron 45.174 millones de euros, mientras que las exportaciones españolas apenas alcanzaron los 7.465 millones, lo que equivale a una tasa de cobertura del 16,5%. Este desequilibrio se traduce en un déficit de 37.709 millones de euros, el más alto en la historia reciente y que representa casi el 94% del déficit comercial total de España.
Ante los mencionados datos, resulta grosero, si no conociéramos el percal, que en el resumen de los resultados del viaje, Sánchez afirme que su objetivo es «equilibrar la relación económica y comercial entre España y China» a través de un «nuevo plan de acción» que se resume en el deseo de aminorar los impedimentos a la exportación de productos sanitarios y cosméticos, nebulosos acuerdos de cooperación en ciencia, innovación, tecnología, educación y cinematografía, más dos nuevos protocolos de exportación en el ámbito agrícola y ganadero que abarcan el sector del porcino y las cerezas. Como lo leen, las cerezas cuyo precio en el mercado nacional es notablemente alto y cuya factible exportación en 2024 significaron 5.004.938 toneladas, por un valor de 7.379.203 euros. Menos mal que esas supuestas exportaciones a China serán humo por cuanto las chilenas son imbatibles en precio, de lo contrario adquirirlas en España será un lujo.
Podría concluir resumiendo la obviedad de que los beneficiarios de la “asociación estratégica integral” con China durante estos 20 años es China y sus obedientes lobbies que coordina lucrosamente J.L. Rodríguez Zapatero. Sin embargo, el “Something is rotten in the state of Denmark” me lleva a sospechar que algo más se está cociendo en este contubernio. Me refiero a las barreras administrativas que frenan las concesiones de explotación de las tierras raras de España. Y es que la sombra de China Rare Earth es alargada.
