La Visita de Estado de León XIV

«Magnifica Humanitas» ¿Luddismus saeculi XXI?

EL MAYOR LASTRE PARA LA DEMOCRACIA ES LA PARTITOCRACIA

En España, la partitocracia se ha transformado en un régimen clientelista plagado de corrupción. Su progresiva implantación ha sido facilitada por el sistema electoral de listas cerradas y bloqueadas, que concentra el poder en las élites de los partidos políticos, distanciando al diputado del ciudadano. Por lo tanto, una medida correctiva esencial, si se busca aliviar los serios deterioros de la partitocracia, es modificar el actual sistema electoral para implementar un modelo mayoritario simple de una sola vuelta, donde los ciudadanos elijan a un solo representante para su circunscripción electoral.

La visita de Estado de León XIV a España ha sido planificada en comandita entre el Gobierno presidido por Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el Estado Vaticano y la Conferencia Episcopal Española, presidida por monseñor Luis Argüello.

Los objetivos se centran en exhibir la sintonía que les embarga respecto a la consecución de la justicia y la dignidad para los migrantes, la defensa de la paz, el multilateralismo y la visión humanista de la inteligencia artificial consagrada en la recientemente publicada encíclica «Magnifica Humanitas».

El itinerario ha sido diseñado para realzar dichos mensajes. Nada de visitas a Santiago de Compostela, a la Basílica de Nuestra Señora del Pilar (Zaragoza), al Santuario de Covadonga, al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial ni mucho menos a la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Por el contrario, el Papa saludará a los anfitriones, los Reyes; se entrevistará en privado una vez más con Pedro Sánchez en la Nunciatura Apostólica, visitará el Congreso de los Diputados y el Monasterio de Montserrat como símbolo del nacionalismo catalán; inaugurará la torre de Jesucristo de la Basílica de la Sagrada Familia y se encontrará con las «realidades» de la acogida de inmigrantes ilegales (no aparece encuentro con las mafias del petaqueo y la documentación falsificada de altísima calidad) en el puerto de Arguineguín, en Gran Canaria, para finalizar su estancia el 12 de junio con la ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna.

Durante la visita del Santo Padre a España viviremos el MILAGRO DEL CONSENSO cuando se produzca la hipersincronización entre el Equipo de Opinión Sincronizada, dirigido desde La Moncloa, que opina en RTVE, Prisa, Atresmedia, digitales «progresistas», etc., y los equipos de Cadena COPE, Cadena 100, Rock FM, MegaStar FM, Trece TV, Grupo Ecclesia, Vocento, Religión en Libertad, InfoCatólica, ACI Prensa, etc.

EL TRABAJO NI SE CREA NI SE DESTRUYE, UNICAMENTE SE TRANSFORMA

ÍNDICE

UNA VISITA DE ESTADO

ASPECTOS IDEOLÓGICOS EXPLÍCITOS EN «MAGNIFICA HUMANITAS»

UNA DOCTRINA ILIBERAL Y ACIENTÍFICA

«MAGNIFICA HUMANITAS» CAE EN EL CIENTIFICISMO QUE CRITICA

UNA PREGUNTA INSOLENTE

UNA VISITA DE ESTADO

Para no pocos laicos, cristianos e incluso católicos, la pompa oficial fabricada con motivo de la visita del jefe del Estado Vaticano, León XIV a España del 6 al 12 de junio de 2026 no tiene parangón. Exhibida como “apostólica” es el corolario de la invitación de Felipe VI y la Conferencia Episcopal Española (CEE). Con su lema: «Alzad la mirada» −resonancia de la cita del Evangelio donde Cristo revela su identidad como Mesías−, que incluye logo e himno oficial, se realzan los mensajes recogidos en la primera y reciente encíclica, «Magnifica Humanitas» firmada por León XIV, cuya síntesis es un llamamiento a la sociedad «a no dejarse deshumanizar por el individualismo y el avance descontrolado de la tecnología».

Por si la publicidad masiva de la visita del Pontífice no fuera suficiente, Pedro Sánchez fue recibido por el Pontífice el pasado 27 de mayo en el Vaticano, con el explícito fin de acordar los discursos sobre la gestión migratoria, coordinar y dar visibilidad internacional a un mensaje conjunto a favor de la paz, etc. Antes, el gobierno presidido por Sánchez concedió un generoso apoyo económico a esta visita al declararla «Acontecimiento de Excepcional Interés Público» mediante el Real Decreto-ley 12/2026, que articula un programa de apoyo con beneficios fiscales directos para empresas y patrocinadores que, junto al apoyo financiero y de medios del Estado, sufragará con creces el considerable coste del evento. Por otra parte y para no ser menos, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso (PP), se reunió en audiencia privada con León XIV el 1 de junio en el Palacio Apostólico del Vaticano como preámbulo oficial al viaje.

Como los organizadores de la visita papal; Estado Vaticano, Conferencia Episcopal Española, Corona Española y Gobierno de España, con la colaboración de CCAA, ayuntamientos, diputaciones, etc. han establecido que el motivo de esta visita es la difusión de la encíclica «Magnifica Humanitas» (Enlace a la descarga del documento en PDF), considero que para comprender a qué viene el jefe del Estado Vaticano; León XIV a España, es imprescindible exponer, aunque sea de forma escueta, el compendio ideológico de su contenido.

ASPECTOS IDEOLÓGICOS EXPLÍCITOS EN «MAGNIFICA HUMANITAS»

Primacía de la dignidad humana: Los algoritmos y la IA deben estar siempre al servicio de la persona y subordinados al bien común. No pueden convertirse en el criterio último de la verdad ni de la organización social.

La vulnerabilidad como valor, no como defecto: Advierte contra la ideología que busca superar o eliminar la fragilidad humana para asemejarnos a máquinas perfectas, eficientes y optimizables.

Destinación universal de los bienes digitales: Critica la concentración del poder tecnológico y del conocimiento en manos de unos pocos, exigiendo un acceso equitativo.

Ética y regulación: Pide marcos transparentes y un control humano efectivo, especialmente en áreas críticas como el uso de la IA en conflictos armados.

Aspectos Ideológicos Ocultos o Subyacentes (Filosóficos y Críticos):

Resistencia al «Paradigma Tecnocrático«: Denuncia de forma implícita una forma de control invisible a través de la economía de la atención y el diseño de plataformas. Critica cómo el sistema explota la dependencia psicológica y clasifica/discrimina a los individuos bajo lógicas puramente de rentabilidad y datos.

Advertencia de la «Torre de Babel«: Utiliza el relato bíblico de la torre de Babel para denunciar, a nivel cultural y espiritual, el peligro del «transhumanismo» implícito. Es decir, el intento del hombre de sustituir su condición mortal y elevarse al nivel de dios o superhombre apoyado únicamente en la técnica. Y al mismo tiempo, esa Torre de Babel determinada por la IA, sería conformada por una humanidad sometida a una única lengua algorítmica.

Sustitución de lo humano: alerta sobre el riesgo de que el ser humano se valore exclusivamente por su capacidad de rendimiento, lo que lleva a la marginación de los frágiles, improductivos y vulnerables (una extensión del concepto de «cultura del descarte«).

La pérdida de la libertad interior: Plantea la duda de si la renuncia a «preguntas lentas» a cambio del confort inconfesable de la inmediatez y la automatización, llevará a las personas a abdicar de su propia libertad espiritual.

UNA DOCTRINA ILIBERAL Y ACIENTÍFICA

Aunque pretende continuar la doctrina social de la Iglesia católica inaugurada por la Encíclica Rerum Novarum firmada en 1891 por León XIII), en realidad «Magnifica Humanitas» prosigue la senda iniciada por «Gaudium et Spes» (Gozo y Esperanza) del Concilio Vaticano II que, al partir de una visión antropológica y social (el «bien común» y el «destino universal de los bienes«), se enfrenta a las bases morales del individualismo y el liberalismo clásico sustentadas en la soberanía, dignidad y autonomía del individuo. De hecho, dicha visión igualitarista de clara raíz marxista, contradice los ejes centrales de la teología católica que sostiene que cada individuo es personalmente responsable de sus propios pecados, al tener libre albedrío, puesto que el pecado es una falta contra la razón, la verdad y la conciencia recta, lo que implica una responsabilidad directa del individuo en su comportamiento.

De esta manera, «Magnifica Humanitas» nos mete de hoz y coz ante la falsa tesitura entre libertad individual frente a la libertad solidaria, al poner en solfa la libertad individual, el libre mercado y la autonomía personal cuando critica la «lógica del beneficio» con gruesas palabras dignas del Marx más hiriente: «feudalismo tecnológico o capitalismo sin límites» luego, al guano la libertad de mercado. Y sobre admoniciones y propuestas intervencionistas, pretende evitar monopolios de datos o de empresas tecnológicas mediante la intervención del Estado, cuando la experiencia ha demostrado hasta la saciedad que sólo la libre competencia, la desregulación y la garantía de los derechos de propiedad, evitando la colusión entre el Estado y las grandes corporaciones, son las armas eficaces contra la proliferación de los monopolios.

Con notable paternalismo al referirse a las «nuevas esclavitudes«, «Magnifica Humanitas» aboga por amplias regulaciones, intervención de organismos supranacionales y marcos jurídicos estrictos para controlar la IA. Estamos ante el sempiterno discurso a favor de la regulación burocrática, regulación que siempre concluye ahogando la innovación, limitando la libertad de los usuarios e impidiendo el progreso orgánico de la sociedad.

De esta manera, «Magnifica Humanitas» aboga por la subordinación de la innovación al «bien común«, al exigir que todo avance tecnológico esté supeditado a ese divinizado bien común dictado por las instituciones, desdeñando o ignorando el dato que ese Bien Común Institucionalizado, ha sido y sigue siendo la coartada del colectivismo, esa antítesis del bien que en todos los casos y desde la Revolución Francesa, nunca se ha implementado como la unión de muchos por el bien común de todos sino la unión de muchos por el bien de unos pocos a costa de esos muchos colectivizados. Y siempre y en todos los casos, se ha vulnerado la propiedad y la libertad del individuo, incluida la de investigación, mientras una minoría conformada por las élites políticas y burocráticas decide qué ciencia y tecnología son «moralmente aceptables» hasta acabar en el criminal despropósito sucedido durante el estalinismo cuando el agrónomo Trofim Lysenko rechazó la genética mendeliana por considerarla «burguesa» y, apoyado por Stalin promovió teorías pseudocientíficas que provocaron graves hambrunas en la Unión Soviética, al tiempo que la teoría de la relatividad, la mecánica cuántica y la cibernética fueron inicialmente denunciadas como «idealistas» o «burguesas«.

«MAGNIFICA HUMANITAS» CAE EN EL CIENTIFICISMO QUE CRITICA

Al tener una perspectiva desmedidamente antropocéntrica e imprecisa sobre el funcionamiento y la naturaleza de las tecnologías emergentes, esta Encíclica cae en la falacia del «agente moral» algorítmico cuando sostiene que la Inteligencia Artificial no es moralmente neutra y critica que las máquinas tomen decisiones críticas. Científicamente, los algoritmos de aprendizaje automático son meras herramientas matemáticas y estadísticas que operan sobre conjuntos de datos. La responsabilidad moral no recae en la tecnología, sino en los programadores, las corporaciones y los usuarios que emplean dichos modelos.

Además, al advertir sobre la brecha entre el «poder técnico y la sabiduría moral”, «Magnifica Humanitas» cae en la tecnofobia y asimetría de poder, al no comprender que el desarrollo tecnológico no es un monstruo que escapa al control, sino una evolución de herramientas científicas que siempre han demostrado mejorar la calidad de vida para la mayoría de la humanidad. Condenar el avance por falta de «sabiduría moral» de la sociedad frena el desarrollo de soluciones a problemas globales en, por ejemplo, medicina, agricultura ganadería y alimentación, energía, industria, construcción, etc.

EL TRABAJO NI SE CREA NI SE DESTRUYE, UNICAMENTE SE TRANSFORMA

La historia nos demuestra que la innovación tecnológica en el capitalismo es un ciclo continuo de destrucción, innovación y reinvención. Así como la mecanización industrial destruyó oficios ancestrales como el de tejedor, también fue eliminando el trabajo infantil; las jornadas de trabajo agotadoras se pudieron reducir sin pérdida de productividad, es decir, de salario, mientras que muchos trabajos penosos se convirtieron en oficios talentosos bien remunerados, esos oficios técnicos que el marxismo, encolerizado por no ver cumplidos sus agoreros augurios, llama de la aristocracia obrera. Y como antaño, el salto tecnológico que supone la llegada de una tecnología extraordinaria llamada Inteligencia Artificial (IA) está provocando la destrucción y puesta en cuestión de muchas profesiones hasta hace apenas un lustro consideradas intelectuales intocables. Sin embargo, como antaño, el trabajo evolucionará; ya lo está haciendo, en función de la nueva realidad. Así, ya está redefiniendo el mercado laboral actual y surgiendo nuevas profesiones y adaptaciones como ingenieros de prompts, mientras que los oficios y profesiones que exigen destreza física y capacidad de adaptación a entornos físicos únicos y cambiantes apenas le incumbe, mientras que, para la toma de decisiones médicas, sanitarias, corporativas, la negociación y la mediación basadas en la persuasión y la ética, etc., la IA es una herramienta más.

Solo el intervencionismo, la burocracia y la monopolización de la tecnología terminarán asfixiando el desarrollo de la IA. No es un augurio, sino enseñanza del pasado reciente, cuando la Escuela Austriaca de Economía criticó la planificación e intervencionismo del socialismo soviético y pronosticó su inevitable hundimiento. La razón y la experiencia determinan que el progreso económico, social y tecnológico depende del mercado libre, del descubrimiento emprendedor y de la descentralización del conocimiento.

UNA PREGUNTA INSOLENTE

Al afirmar que la IA carece de «conciencia moral, corazón y capacidad de amor«, «Magnifica Humanitas» recurre a argumentos filosóficos precientíficos. La ciencia y la neurociencia cognitiva entienden el saber humano de manera computacional y biológica, y evitan atribuir esencias inmateriales («alma» o «corazón») a la inteligencia. La singularidad de la mente humana reside en su neurobiología y evolución, aspectos que no compiten con el procesamiento algorítmico.

Llegado aquí, sostengo que «Magnifica Humanitas» incurre en un ludismo del siglo XXI. Y lo sostengo a sabiendas que la mayoría de los medios y las IAs (al ser unas enciclopedias recogelotodo) mantienen lo contrario. Y al ser políticamente incorrecto, me apetece provocar con la siguiente pregunta insolente: ¿Qué dirían las izquierdas, sanchistas, marxistas-wokes, nacional-socialistas y demás supremacistas, si en vez de invitar a León XIV para que infunda su doctrina en España, un gobierno inimaginable hoy por hoy en España invitara a Donald Trump para que nos adoctrinara sobre el movimiento MAGA que busca desmantelar el «Estado profundo», centralizar el poder ejecutivo, restaurar los valores tradicionales y priorizar los intereses económicos y de seguridad de Estados Unidos frente al globalismo?

Y aunque la respuesta sea obvia, conviene escribirla: Todos en tromba denunciarían que semejante visita es una injerencia imperialista, populista y una clara vulneración de la aconfesionalidad del Estado. Por consiguiente, movilizarían a sus secuaces en protestas masivas en defensa de los derechos civiles, el feminismo y las libertades públicas frente a semejante intervencionismo político descarado.

Y Todo el «equipo de opinión sincronizada» y medios afines asegurarían que mientras que la doctrina del Papa León XIV está enfocada en la justicia social, la dignidad humana y el mensaje eclesiástico enmarcados dentro del debate religioso y la influencia histórica de la Iglesia católica en la sociedad española, el MAGA de Donald Trump conlleva una carga ideológico-política, geopolítica y cultural muy distinta. ¿Muy distinta? ¿Acaso la doctrina social de la Iglesia Católica y en concreto la Encíclica Magnifica Humanitas no contiene carga ideológica tan explícita como controvertible?

Enlaces a contenidos adyacentes a León XIV y la Conferencia Episcopal Española:

León XIV versus Trump

Prioridad nacional vs Conferencia Episcopal Española

EL ESTADO Y LA PRODUCTIVIDAD

De cómo la adiposis del Estado intervencionista, frena el incremento de la productividad generadora de empleo y riqueza.

14/04/2022.

Cuando España empieza a hundirse en la estanflación (estancamiento económico y elevada inflación), la inapelable subida de los tipos de interés aumenta el coste financiero del Estado empresas y familias, al progresista sistémico le pereceara insolente e inoportuno aludir a la productividad del trabajo, en vez de culpar de los estragos que sufrimos a la guerra de Ucrania o a la pertinaz sequía.

En verdad, para los sindicatos clasistas y la izquierda en general, mentar la productividad del trabajo equivale a la bicha, pues supone la constatación del error de Marx respecto a sus cálculos sobre “la fuerza productiva del trabajo” y sus “leyes”; derivadas de la crítica a la tasa del plusvalor y la tasa de la ganancia de David Ricardo. Así, Marx dedujo una «Ley de la Pobreza Creciente» que establece que en el sistema capitalista, los asalariados por cuenta ajena sólo reciben el salario suficiente para cubrir las más básicas necesidades de supervivencia. De este corolario cientificista, Marx conjeturó la Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia que descubría el virus intrínseco que aniquilaría el sistema capitalista.

Teniendo en cuenta que Marx no pisó una fábrica en su vida y que su correligionario Engels, solo visitaba la de su padre en Manchester para recoger un notable peculio, aunque desde 1850 no tuvo más remedio que ejercer de comerciante de la bolsa londinense, si bien tuvo el tiempo libre suficiente para cazar zorros, hacer crítica literaria y, sobre todo, teorizar con su amigo Marx la revolución proletaria, sin impedirle ejercer de distinguido caballero victoriano que practicaba esgrima y equitación, resulta lógica la ignorancia de los padres del socialismo-comunismo sobre el progreso de la productividad como núcleo del sistema productivo, en las sociedades donde los medios de producción son de propiedad privada y existe libertad comercial. Así, en vez de confirmarse el augurio marxista descrito en la mencionada Ley de la Tendencia Decreciente de la Tasa de Ganancia, las sociedades sustentadas en la propiedad privada y el comercio libre fueron incrementando la productividad desde finales del siglo XIX y, con ello, la riqueza que condujo a su reparto a través de los salarios. Donde sí se cumplió con creces la Ley de la Pobreza Creciente fue en la URSS, y se sigue cumpliendo en Cuba, Venezuela y Corea del Norte.

Pero ¿a santo de qué evoco en este momento la productividad del trabajo y la relaciono con el Estado? Quienes hemos tenido que dirigir una industria fabricante de equipos, sabemos que la productividad del trabajo es, junto con la innovación y la optimización de recursos, los ejes fundamentales para la sostenibilidad y el progreso de la empresa y sus trabajadores. Así, la productividad laboral es la relación entre el trabajo desempeñado o los bienes producidos por una persona en su trabajo, así como los recursos que este ha utilizado para obtener dicha producción.

Entre los factores que determinan la productividad laboral destacan los siguientes:

A. Salario (ver salario mínimo y otras intervenciones estatales) ¤¤.

B. Capacidad del trabajador (derivada de la formación) ¤¤.

C. Legislación laboral ¤¤¤.

D. Impuestos al trabajo ¤¤¤.

E. Impuestos de Sociedades (IS) y Actividades Económicas (IAE) ¤¤¤.

F. Seguridad jurídica ¤¤¤.

G. Precio de la energía ¤¤.

H. Precio de las materias primas ¤¤.

I. Bajas laborales por enfermedad o accidentes ¤¤.

J. Organización de métodos productivos.

K. Maquinaria y métodos de producción eficientes.

L. Motivación laboral.

M. Equipamiento y recursos.

N. Entorno.

O. Liderazgo.

P. Diseño de los productos o servicios.

Q. Calidad y estado de la maquinaria.

De estos factores se evidencia que C, D, E y F dependen directamente del Estado, mientras que A, B, G, H e I lo son parcialmente. Por lo tanto, la productividad del trabajo en España está condicionada por legislaciones muy variables e impredecibles en el tiempo y unos impuestos que rozan lo confiscatorio.

Por otro lado, las estadísticas oficiales apenas distinguen la productividad aparente del factor trabajo (PAT) del sector público y el privado. Un indicador fehaciente luce cuando se comprueba que en España, durante los últimos 35 años, el sector público ha mantenido un gasto promedio entre el 42% del PIB de la época de Felipe González y un 50% del PIB actual con ligeras vaguadas del 38,2% con Aznar y el 41% con Rajoy. Actualmente, sobrepasando el 50% del PIB de gasto, el Estado español aporta el 16% del PIB, mientras emplea a más de tres millones de asalariados (en torno al 20% del total según la Encuesta de Población Activa, EPA). Es decir, el Estado español maneja la mitad de la riqueza nacional pero apenas aporta el 16% a dicha riqueza con los servicios que presta: administración pública, justicia, defensa, seguridad social obligatoria, educación, sanidad y servicios sociales. Y, sin embargo, las estadísticas oficiales estiman que el incremento de la productividad del sector público español es superior al privado, a pesar de que, según el INE, en 2018 el sector privado aportó el 84.2% por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) con 16,7 millones de empleados, en tanto que el sector público el 15.8% con 3,4 millones de empleados.

Entonces ¿Por qué la productividad del trabajo en España (PTF) lleva empantanada desde 1985?. ¿Acaso este hecho tiene una relación directa con ser el país que, junto con Grecia, que desde entonces encabeza el ranking mundial de paro de los países desarrollados, con una tasa media del 12,6%, más del doble que la media de los países de la OCDE y el triple del G7 (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), donde la media es del 4,2%? ¿Por desventura existe una relación directa entre el aumento del gasto del Estado, la baja productividad, el delirante sistema educativo y el enorme desempleo sistémico?

Del gráfico siguiente se pueden deducir algunas conclusiones importantes.

Por ejemplo, que ni el alto desempleo ni la baja productividad en España, son una maldición de los dioses ni una predestinación por tara racial, puesto que entre 1954 y 1975 se produjo una impresionante aceleración del crecimiento del PIB, atribuible casi exclusivamente a la productividad laboral (5,8% de crecimiento del PIB del 6,2%).

Entre los innumerables estudios sobre el estancamiento de la productividad en España durante los últimos 37 años, se puede distinguir algunas explicaciones parciales, entre otras destacan la reducción de la industria con la entrada a la Comunidad Económica Europea, el bajo gasto de las empresas en investigación y desarrollo, la escasa inversión en capital intangible debido a, entre otros, a la regulación del comercio minorista, los costos de creación de empresas, la falta de flexibilidad del mercado laboral, los altos impuestos al trabajo, la ineficaz legislación sobre quiebras, los lentos procedimientos judiciales, los subsidios y el “amiguismo” que han conducido a extravagantes asignaciones de capital, bajas inversiones en intangibles, mientras que los sectores que crearon más empleos (construcción y servicios), tuvieron una menor productividad laboral que la industria con un crecimiento mucho más lento del producto por hora trabajada, lo que explica inversiones especulativas puntuales y escasa innovación tecnológica. Sin duda, estas explicaciones responden a la realidad aunque apenas sugieren el dato fundamental; la relación entre el estancamiento de la productividad y el aumento del tamaño del Estado español, incluida la enorme deuda contraída.

Mucho antes que la pandemia vírica y la guerra de Ucrania, en 2019, la productividad de España cayó un 10,45% frente a un crecimiento del 4,5% en el resto de la UE. Pero el gasto del Estado siguió incrementándose como si la competitividad de la economía fuera viento en popa a toda vela.

Pues resulta que el año pasado, la masa salarial de las administraciones públicas españolas superó todas las marcas de la serie histórica. De acuerdo con las cifras oficiales de Contabilidad Nacional del INE, en 2021 la suma de los sueldos de los asalariados del sector público (funcionarios junto al personal de otras categorías que integran la plantilla del sector público) más sus pagos por cotizaciones sociales ascendió a 147.363 millones anuales, es decir, el 27% del total del presupuesto de 550.484 millones de euros (un incremento del 19,4% respecto a las cuentas de 2020) que se comió la mitad de la riqueza producida. No piensen mal de la coalición Frankenstein que aprobó semejante cifra, ni apelen al clientelismo al constatar que los empleados públicos ganan un 50% más de media que los trabajadores del sector privado. Trabajar en el sector público supone ganar 10.500 euros más al año de media.

Mientras tanto, se incrementa la morosidad las pequeñas y medianas compañías, hasta un nivel de deudas comerciales de 279.808 millones de euros sin cobrar a cierre de 2021, un 17,3% más en términos interanuales.

Si la adiposis y el intervencionismo del Estado frena el incremento de la productividad y, si el aumento de la capacidad adquisitiva de los ciudadanos de un país solo se logra con el crecimiento sostenido de la competitividad, es decir, cuando la mejora de la productividad del trabajo permite a las empresas generar valor añadido y con ello empleo bien remunerado, el diagnóstico de la situación actual de España parece obvio.